Venga, vamos con un nuevo mes que la cosa ha estado muy animada. Recupero un listado peculiar, cosas nuevas, cosas del año pasado, cosas del más pasado si cabe y cosas para olvidar. Entre todo lo visto, pues Clayface, Whalefall, La invitación, Street Fighter, El precio de la red, Animals, Digger o Verity, pero también Luger, Los demonios y La matanza de Texas. A la lectura.

La invitación (The Invite) de Olivia Wilde. Mira tú… Cesc Gay se hace de oro. Olivia Wilde recoge el testigo del guionista / director español y se hace su versión de Sentimental, planteando la no tan idílica vida de un matrimonio encarnado por la propia Wilde y Seth Rogen. Tensiones de todo tipo: sexuales, personales, sociales, laborales, familiares, y frustraciones del mismo calibre: creativas, familiares, etc. De regalo una muy potente Penélope Cruz y un, a la postre, pelele encarnado por Edward Norton. Tiene cierto aire místico que todavía me desconcierta. Ojo. Cesc Gay debe tener el bolsillo con unas cuantas perras si tenemos en cuenta que Die Nachbarn von Oben, V dobrém i zlém, Vicini di casa, 윗집 사람들 y Et plus si affinités llegaron antes que esta La invitación, y sí, Ettepanek y De bovenburen llegarán en 2027 para contarnos la misma historia de matrimonio con problemas y vecinos que propuestas inesperadas. Simpática y francamente entretenida.

Whalefall de Brian Duffield. Curiosa horror movie vestida de drama paterno filial y de trauma gastrointestinal / parturiento. En Alien, el octavo pasajero decían aquello de “En el espacio nadie puede oír tus gritos” en The Descent decían aquello de “En esta cueva nadie puede oír tus gritos” y en Whalefall dirán “En el estómago de una ballena nadie puede oír tus gritos”. Asfixiante un rato largo, con el sufridor Austin Abrams (top en Resident Evil, en esta o en Weapons), y adentrándonos en un viaje por lo más íntimo de un cachalote. Por momentos desesperas…

Clayface de James Watkins. Bienvenidos al mundo de Cara de barro, un giro notable dentro del universo del cine comiquero (al fin). Me ha encantado ver al sello DC apostar de cabeza por el siempre agradecido subgénero del body horror, fusionándolo con un cómic que sería complejo de tratar como tal en gran pantalla. Me ha sorprendido la gozosa visita al gore más explícito y desagradable, con sobresalientes secuencias de esas que invitan a apartar la vista si padeces que toquen ciertas partes del rostro. Me ha parecido fabuloso encontrarme con un Darkman moderno, en su estética, en sus decisiones y padecimiento, y que el espíritu Sam Raimi tenga una presencia genial (amén de recuerdos a Muertos y enterrados, La cosa, La mosca, El fantasma de la ópera…). Me ha gustado descubrir, gracias a terceros, que la frescura del film radica en ocultas referencias al personaje en viñeta y serie de televisión. Pero como siempre hay un pero, no me ha cuajado que esa máquina de vorágine body horror / gore que se pone en marcha desde casi su primer minuto sufra un aplatanamiento cuando la expectativa que ha generado previamente no se vea potenciada en su decisivo final. Ojo, no es malo, pero te deja un poco con dudas o pensando en modo “what if…?” Clayface es notable, el poco conocido Tom Rhys Harries encaja y el resto de reparto, secundarios o poco conocidos, hace que el traslado de Cara de barro a cines funcione perfectamente como un terror moderno a tener en cuenta.

Cartel de la remasterización para Cannes de Los demoniosCartel de la remasterización para Cannes de Los demonios

Street Fighter de Kitao Sakurai. Seamos generosos y que todos esos homenajes, guiños y referencias valgan para salvar un film aburrido. Dos horas largas, mucho, donde hay peleas, pero no hay torneo, donde se respetan de forma gloriosa la identidad visual de todos los personajes, pero que sin embargo quedan desdibujados como son el caso de Blanka, Guile o Dalshim. Pero bueno, tiene momentos divertidos, una animación inesperada pero agradable, música de unos 90 que estaban por llegar y mucho, mucho, pero que mucho homenaje. Veremos si hay futuro… jodido lo tienen.

El precio de la red (The Social Reckoning) de Aaron Sorkin. El cine de investigación y causas legales siempre mola. Molan más cuando ocurren en USA, ese país donde la parafernalia de todo lo que rodea a estos temas tiene lustre y es de dimensión inabarcable. Si por encima pones a Aaron Sorkin a los mandos (guionista muy top y responsable de El juicio de los 7 de Chicago, Molly’s Game, La guerra de Charlie Wilson, La red social o, evidentemente «El ala oeste de la Casa Blanca»), pues el resultado es por lo menos entretenido. Y ojo, no es que sea una maravilla esta El precio de la red, pero disfrutas viendo los entresijos que llevaron a Facebook a migrar a Meta, y que dejaron claro lo que todos sabemos… las redes sociales tienen un peligro inherente en ellas (adición, dependencia, falsedad, orientación…) A nivel actoral pues curiosa, muy de estilo de estas pelis corales donde todos los personajes tienen su momento, donde todos son protagonistas con más o menos tiempo en pantalla, y donde la gran dramatización pasa por que Jeremy Strong trate de ser tan impasible y marciano como el nuevo Mark Zuckerberg (aunque no se le parezca un huevo) … pena que no estuviera ahí sentado Jesse Eisenberg. La otra gran curiosidad es Mikey Madison, que tan pronto te hace una de Scream, despunta con Anora, o es una chica Mason en Érase una vez en… Hollywood.

Animals de Ben Affleck. Menos mal que Netflix tiene todavía contrato con grandes como Ben Affleck o David Fincher (este ya expirado tras la de Las nuevas desventuras de Cliff Booth). En el caso Animals, Affleck protagoniza, escribe y dirige una curiosa mezcla donde asoman Rescate o Los idus de marzo. La historia del film está bien planteada, acumulando acciones desesperadas, coincidencias que hacen que la tensión entre los personajes crezca, y un poco de debate moral que no le quita encanto al resultado final. Hay unos cuantos “me lo creo” cruciales, y la dejan balanceándose entre la debacle y el te lo compro… pero bueno, se deja ver que no es poco si tenemos en cuenta que lo que toca Netflix, en su 90%, es un truño.

Digger de Alejandro González Iñárritu. Atípica, pero enraizada en lo que Iñárritu ya concibió hace unos años (y por ende repetitiva). Juega en una liga especial, una en la que Wes Anderson, Terry Gilliam y otros fantasiosos podrían haber participado o participan. Es cómica y dramática, pero una vez la carta principal queda dada la vuelta, esperas todo el rato esa parte del relato donde los personajes son esencia interpretativa, desde Tom Cruise, pasando por John Goodman (maravilla), Riz Ahmed, etc. La película tiene reflejos más que evidentes de Birdman, pero también de Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú, Brazil, o los mundos de los Monty Python y el ya mencionado Anderson. Para ver y disfrutar.

Verity. La sombra de un engaño (Verity) de Michael Showalter. Póngame un 15,23% de 50 sombras de Grey + 1,32% de Misery + 9,78% de La trampa + 4,86% de La sirvienta… y el resto mierda infecta. Esto es Verity. Horror de adaptación de una historia de chiste donde no se salva nada ni nadie. ¡Corred insensatos!

Un cartel de Street FighterUnUn cartel de Street Fighter

Ahora una del año pasado…

Luger de Bruno Martín. Aplaudida a rabiar en Sitges 2025 no me la esperaba. El debut de Bruno Martín, un completo desconocido al menos para el menda, es lo más macarra, poligonero, frenético, y repleto de inteligencia y originalidad en años en el cine patrio. Las frases ácidas y el humor gamberro encumbran Luger junto a su dura y vívida violencia. La verdad, hacía tiempo que no veía algo tan fresco y donde el aroma a cine de guerrilla anima más si cabe su visionado. No me extraña que triunfara a todo festival donde se ha podido ver.

Y dos de los setenta…

Los demonios (The Devils) de Ken Russell. Madre mía. Pero madre mía, madre mía. Russell narra sin tapujos los hechos ocurridos en torno a lo que se conoce como Los demonios de Loudoun (caso de aparente posesión múltiple entre un grupo de monjas Ursulinas) y, envuelto en el mayor de los desenfrenos, nos planta ante el terror eclesiástico, la extrema creencia, la falsedad y la ignominia. Un viaje hiperbólico, plagado de sexo, herejía, locura y violencia. Vanessa Redgrave como la hermana Jeanne des Agnes es puro horror atávico, odio por deseo, monstruosidad humana, y Oliver Reed es un don Juan que juega tanto con fuego que se acaba quemando… Russell puebla Los demonios de iconografía, de escenografía lisérgica (recuerda a La montaña sagrada de Jodorowsky), y lo dota todo de esa malsana iglesia que anteponía política a pueblo, engañando y envidiando. Hay de todo, sacrilegio, torturas, libertinaje, exorcismos (madre mía), etc. Este cine hoy en día es completamente inconcebible. NO ME ESPERABA ESTO.

La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre) de Tobe Hooper. Vista una nueva vez y seguramente la que más desagradable me ha parecido. La matanza de Texas es malsana, viciosa, grotesca y desconcertante. La scream queen Marilyn Burns protagoniza unos de los instantes cinematográficos más inmanejables del séptimo arte, con expresión de puro terror, inigualable, y Hooper enfatiza más esos desesperantes momentos utilizando de manera soberbia la cámara y el plano, de forma que pese a ser un mero espectador te sientas partícipe de esos violentos, humillantes y eternos minutos. Siempre descubres más cuando recuperas esta obra maestra del género.

 

Pues la verdad, ha sido septiembre un mes entretenido, visitado por la maravilla que es Resident Evil, acompañada por la magistral La bola negra, regada con La constelación del perro y Shelter: el protector, y con tiempo para ver Exit 8 y recuperar viejas cintas como Crimen en la noche, La sombra del asesino y Contaminación: Alien invade la Tierra. Vamos con lo interesante…

Resident Evil de Zach Gregger. Iba a decir que pendiente, pero es que Resident Evil es Jo, ¡qué noche! pasada por el filtro del auténtico Survival Horror. Que amo el Zach Cregger, se saca de la manga a su actor fetiche Austin Abrams y lo convierte en la mejor versión de Griffin Dunne. Sumas una gincana de sensaciones, desde la comedia absurda, pasando por el terror elaborado, apoyándose en jugosas referencias al videojuego, siendo fiel a la pasta en la que se fabricó la famosa saga, agregando personalidad, y una música que la dupla Carpenter / Morricone bien podrían haber firmado. Esto es un tres de tres (Barbarian, Weapons y esta), y Cregger se aúpa a ese digno top que ya han ido ocupando directores molones como Jordan Peele, S. Craig Zhaler, Ari Aster, o James Wan. Lo que toca es oro.

La Bola Negra de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Tres historias que contar, tres grados de emoción, tres dramas personales, tres tristes soluciones. Todo unido por un fino hilo conductor en forma de incompleto relato de Lorca. De esas que te acaban de fundir el ánimo… gran banda sonora de Raül Fernández Miró, y vaya tema “La nieve” de Guitarricadelafuente. Magistral.

Un cartel de Resident EvilUn cartel de Resident Evil

La constelación del perro (The Dog Stars) de Ridley Scott. Y se viene el Scott más naïf, adentrándose en el apocalipsis vírico, ese que ya ha aniquilado a la humanidad en otras tantas aventuras fílmicas. La constelación del perro aborda el subgénero con el manual por delante (desconozco el enfoque de la obra que adapta) y plantea los tópicos que se suelen tratar en este tipo de películas: la soledad, la desesperación, la supervivencia, la amistad, el remordimiento. Para estandarizarla más enfrenta al protagonista a los elementos clásicos: las tribus, los caníbales, otros supervivientes, la búsqueda del paraíso inexistente… vamos, sota, caballo y rey. El rizo no sé de dónde sale, si de Scott o de Peter Heller (autor), pero no se puede ser más simple. La película telegrafía todo lo que va a ocurrir y no llega a sorprender con nada. Nada ocurre, nada que te duela, nada. Para pasarlas putas es mejor ver La carretera, Soy leyenda, Mad Max 1 y 2… eso sí que es agonía y desesperación ante el apocalipsis. Todos ellos muy bien.

Shelter: el protector (Shelter) de Ric Roman Waugh. Bienvenidos la “El complejo de Bourne”, con Jason Statham en el papel de Matt Damon, Bodhi Rae Breathnach como Franka Potente (10 años menos), Naomi Ackie como Joan Allen y Bill Nighy como Brian Cox, y hasta un trampantojo de Karl Urban y ya está. Una mezcolanza curiosa de ideas plasmadas en la mentada saga, pero esta ciertamente aburrida y con Statham haciendo lo que parece que sólo sabe hacer de un tiempo a esta parte (si bien las sigue teniendo fabulosas o magistrales como A Working Man, que me parece genial). Nada más, lenta, insulsa… la siguiente será Mutiny, pero sabe dios.

Exit 8 de Genki Kawamura. El casi debutante director Genki Kawamura, antes fue el drama Cien flores, se lía la manta a la cabeza para aventurarse con una elaborada adaptación de otro videojuego que no conocía. Casi coetánea a la famosa Backrooms, Exit 8 juega en el universo de lo raro, montando un curioso relato en bucle infinito donde lo paranormal y la anomalía definen el asfixiante viaje de un hombre que acaba perdido en una estación de metro. El film juega su propio juego, adoptando el objetivo de su fuente como base para una narrativa donde se añade un decisivo aspecto moral. No obstante, pese a lo bien que construye este viaje por una escenografía repetitiva y desconcertante, no llega a aburrir, pero si acaba siendo un poco bucle empalagoso de más, con inesperados momentos, sustos varios y… eso… mensaje.

Un cartel de La bola negraUn cartel de La bola negra

Entremos en el viaje al pasado…

Crimen en la noche (Dead of Night) de Bob Clark. En 1974, tres años antes de que George A. Romero nos contara otra con paralelismos titulada Martin, el mítico padre del slasher Bob Clark se atrevió con Dead of Night a.k.a. Deathdream, film donde nos enreda en una de vampiro / goul con la imperante y fatídica monstruosidad que generó en esa década la idea del maltrecho regreso de las tropas de Vietnam (los traumas, las adicciones) y que desarrollaron otras de esa era como El regreso, El cazador o Acorralado. Resulta interesante de ver y padecer, desde la ilusión al recuperar al hijo perdido, hasta la debacle familiar por lo que han traído en verdad de vuelta. Cuenta con unos ligeros pero funcionales efectos de Tom Savini, fue su debut no acreditado en este arte antes de aplicarse, curiosa coincidencia, en la mencionada Martin. Desoladora y macabra a partes iguales.

La sombra del asesino (L’assassino è costretto ad uccidere ancora) de Luigi Cozzi. Cozzi navega entre Hitchcock más maquiavélico y el subgénero italiano poliziottesco en esta L’assassino è costretto ad uccidere ancora. Mucho suspense con guiño directo a Crimen perfecto (George Hilton como rey del género maneja la situación) y un momento controvertido en donde Cozzi propone el no va más… una doble secuencia, si hubiera sido split screen apaga y vámonos, en la que una violación comparte momento con una sesión de ardiente sexo casual… vaya WTF. El malo es muy malo, la fisionomía de Antoine Saint-John enfatizada con maquillajes clásicos ayuda a que sea todavía más desagradable todo lo que hace. Potente (Femi Benussi o la española Cristina Galbó) y paciente en su narrativa y estilo. Sale Eduardo Fajardo… otro abonado a Italia y que se pudo ver en Django de Corbucci.

Contaminación: Alien invade la Tierra (Contamination). El bueno de Luigi Cozzi, amiguísimo de Dario Argento y con quien comparte ese museo del horror en Roma llamado Profondo Rosso, nos adentra en el si no lo veo, no lo creo. Contaminación: Alien invade la tierra es una de invasión alienígena nacida unos años después de Alien de Ridley Scott… en la de Cozzi hay huevos, pero huevos que se cultivan en la selva colombiana como el buen café. Contaminación: Alien invade la tierra es la mentada Alien, es La invasión de los ladrones de cuerpos, es Lifeforce: Fuerza vital… es mil cosas nacidas antes y después. Ahí radica su gracia ya que copia y podría ser copiada, junto con el cuidado y entrega que Cozzi ofrece en su dirección. Merece la pena verla, ya sea por las explosiones corporales o por ese final… digno del mismísimo Don Siegel.

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Pues nada, que ya estamos en septiembre y, por lo tanto, agosto queda cerrado con un buen paquete de films entre los que se encuentran la desafiante El ser querido, esa genialidad comiquera que responde al título de Spider-Man: Brand New Day, y otras delicias bajo títulos tan diversos como Insidious: fuera del más allá, El final de Oak Street, The Furious o Buena suerte, pásalo bien, no mueras. Ojo, hay espacio para un par más de esas que NO recomiendo. Un poco más abajo.

El ser querido de Rodrigo Sorogoyen. Nueva maravilla está de El ser querido en la trayectoria de Sorogoyen por sacar lo peor de la personalidad humana (la de sus personajes claro está). Esta vez nos embarcamos en el no saber relacionarse, en el no reconocer los errores, en el no pedir perdón, en el no parar cuanto te has pasado de la raya. Agonía cinematográfica, rodada con estilo, crudeza, y un desagradable tono que te saca de quicio o te causa risa cuando la tensión sobrepasa los límites. El reparto espectacular, con un Barden que borda de nuevo un ser maligno, y una Victoria Luengo que sufre lo indecible. De regalo la música de Olivier Arson que embelesa, pero que a la vez arroja y desconcierta, y una serie de diálogos embebidos en planos cortos que te acorralan. Maravillosa.

Cartel de El ser queridoCartel de El ser querido

Spider-Man: Brand New Day de Destin Daniel Cretton. Pues mira, todo lo que Cretton no me supo dar en Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, me lo ha dado con creces y de forma superlativa en Spider-Man: Brand New Day. Es este nuevo episodio de la saga Tom Holland la versión más adulta y aferrada al suelo que pisa, es emocional y atada a una realidad incómoda para nuestro héroe protagonista. Al fin un Spiderman amigo y vecino, adorado por los que no lo conocen y olvidado por los que podrían conocerle. Atrás quedan las aventuras contadas por John Watts, forzadas y pegadas con superglú a la necesidad narrativa del MCU que, ojo, en esta no se obvia, pero no transciende nada más de lo meramente necesario (y como puerta para el futuro que ha de venir). De regalo, ese team-up con El Castigador, grande Jon Bernthal, y los esperados Zendaya y Jacob Batalon. De regalo un arranque superlativo donde hay hueco para rememorar portadas clásicas y recordar que hay otros villanos de menor enjundia, pero igual respeto, como son Escorpión, Boomerang, Lápida o Tarántula. Lo dicho, con permiso de Sam Raimi, que vino para abrirnos a un nuevo mundo repleto de posibilidades, el mejor film de Spiderman hasta la fecha. Muy notable, por no decir que sobresaliente.

Insidious: fuera del más allá (Insidious: Out of the Further) de Jacob Chase. Y la sexta de la saga sigue en los trece de algunas de sus predecesoras, más lio maligno, más viajes al más allá, más qué me cuentas Romerales. Recuerdo con encanto cuando en 2010, aquel primer Sitges, me flipó el film de James Wan. Que gustazo aquella propuesta donde el terror más clásico enfundado en horror moderno, la estética más «artesanal» exenta de grandes efectismos para representar el viaje por el más allá, y un reparto rumboso, unían fuerzas para dejarte pegado a la butaca. Tres lustros después las ideas están ahí, pero tratando de sacarse de la manga una nueva extensión que explotar en la franquicia. Acabará agotándose (como tantas otras), pero por ahora sirve para conocer a una clon de Naomi Watts, un villano digno de Ozzy Osborn, un mundo astral repleto de viejos conocidos con promesas de asentarse en el más acá, y mucho salto de fe… incluso para una de terror sobrenatural. El film es muy Poltergeist, pero con cabezonería, peña que se empareda y otras lindezas que vaya cruz. En fin, normalita, se ve y fin. A por la siguiente.

El final de Oak Street (The End of Oak Street) de David Robert Mitchell. Si te piden que leas un libro de la saga “Elige tu propia aventura”, te cuentan un episodio de Dimensión desconocida o Cuentos asombrosos, y te mandan al mejor de los Parque Jurásico… obtienes como resultado El final de Oak Street, un perfecto producto J.J. Abrams (¿echamos de menos sus ya famosos lens flares?, ¿podría ser un nuevo episodio del fenecido Cloverfield Universe?) en manos del no menos acertado David Robert Mitchell. Al final, una aventura familiar no exenta de truculentas secuencias, giros WTF, y una muy generosa dosis de misterio y ciencia ficción, amén de la clásica crisis familiar americana a resolver (muy ochentero todo). Inteligente, sorprendente y con su propio estilo… cine veraniego que entra bien con los calores.

The Furious de Kenji Tanigaki. El cine de “tortas como panes” llegado de Hong Kong y China tiene una nueva referencia molona: The Furious, potente e impagable propuesta dentro de ese género cinematográfico que tanto mola ver en eventos destinados a tal disfrute… los festivales y sus multitudinarias sesiones. En esta ocasión, ya como en otras, la epopeya de hostias mola igualmente, aunque no la veas rodeado de energúmenos ansiosos de flipar con patadas imposibles, lecciones de kung fu extremo, martillazos a cascoporro y las participaciones de veteranos del género como Joe Taslim o Yayan Ruhian. El film se disfruta, no cabe duda, pero tampoco se puede negar que es menor en cuanto al nivel de espectacularidad de obras magnas del género como las indonesias The Raid, The Raid: Berendal o The Night Comes for Us. Está claro que su director Kenji Tanigaki ha sabido elevar su film a un muy interesante rango, con gloriosos momentos macabros y repletos de gore, pero todavía le queda tela que cortar para igualar a maestros como Timo Tjahjanto o Gareth Evans. La inclusión de niños no chirría, pero que el personaje de Xie Miao, madre mía que bien reparte, sea mudo… ufff, en ciertos momentos te desconecta.

Un buen cartel de The FuriousUn buen cartel de The Furious

Buena suerte, pásalo bien, no mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die) de Gore Verbinski. Director maldito donde los haya (9 años sin catar la dirección), Verbinski apuesta por la rareza más extrema, una compleja historia sobre el apocalipsis tecnológico, las adicciones, los viajes en el tiempo, las relaciones personales y la paranoia. Un poco a salto de mata, por momentos podría ir de la mano con cosas tan diversas como Doce Monos, “Fortnite” o The Faculty, aquí no hay virus (salvo los informáticos) … hay seres humanos abocados a la extinción. Maldita IA… nos vamos a tomar por culo. Ojo, Verbinski debe ser hermano no confeso de Edgar Wright, en esta aquí hay desde Shaun of the Dead hasta The World’s End. Curiosa. Ah, la tenéis en Prime Video.

La última casa (The Last House) de Louis Leterrier. Parafraseando cierta canción macarra… << el horror más horroroso, el horror más inhumano, es que te metan>> por los ojos un ripoff de «Parada en un pueblo tranquilo» de La dimensión desconocida, «Juego de niños» de Misterio, Un lugar tranquilo y otras tantas. Se ve que el lema de Netflix es «¡la hacemos!», independientemente de lo que te propongan sea un horror infame o un tedio absoluto. Y aquí es donde se mueve Louis Leterrier, lo que hacen los contratos leoninos, junto con Wagner Moura y Greta Lee. El resto puro sopor, inconcebible, imposible y jugando finalmente en una liga que no le corresponde… ¿en serio ese fondo H.P. Lovecraft? Nada, para escapar de ella.

La boca del diablo (The Devil’s Mouth) de Jeff Wadlow. Otra más… quien me mandaría a mí. Jeff Wadlow no levanta cabeza desde Kick-Ass 2, y ya ha llovido. Esta vez se pone a los mandos de la infecta La boca del diablo, un esperpéntico despropósito se mire por donde se mire. Personajes que odias desde el minuto uno y que conforme van palmando pues mejor, menos sufrimiento televisivo. Desde que MGM fue adquirida por Jeff Bezos se ve que todo vale, y cosas como esta en otro tiempo no habrían pasado el corte. Eso sí, lo mejor es el WTF final, brindis al sol como pocos. Asylum debe estar buscando en qué momento su software de FX digitales cayó en manos de Amazon Studios… ¡pardiez! ¡Aquí podéis sufrirla!

 

El mes de julio suele ser, en mi caso, un mes ligero. Ligero porque el acceso a salas de cine queda concentrado en el final de mes y poco más. Este 2026 no defrauda y aunque parco en visitas a las salas, lo visto ha valido mucho la pena… sobre todo La Odisea de Christopher Nolan. Al tema.

La Odisea (The Odyssey) de Christopher Nolan. La suntuosidad cinematográfica de Christopher Nolan no tiene parangón. La Odisea es casi perfecta. Grandiosa, portentosa, inmensa y… osada. Nolan sigue en sus trece, y esto consiste en ofrecer cine a otra escala, no ya por los 70mm IMAX en lo que fue rodada, si no por optar por una sensación de realidad y naturalidad que, hoy en día, sólo él sabe manejar y exponer. Rodeado por un elenco pleno, aborda la obra de Homero desde un enfoque que supera y no se para a pensar en el qué dirán los puristas más cansinos. Nolan moderniza con estilo, interpreta el relato, y adapta una obra maestra escrita para que se pueda ver en ella una obra maestra cinematográfica que perdurará. Visualmente perfecta.

Uno de los carteles de La OdiseaUno de los carteles de La Odisea

Posesión infernal: En llamas (Evil Dead Burn) de Sébastien Vaniček. Me fastidia decirlo, pero Sébastien Vaniček se ha inventado Evil Dead. Digamos que a Posesión infernal: En llamas le pasa justo lo contrario que a La momia de Lee Cronin. Si esa llevó el relato clásico al universo Evil Dead, el film de Vaniček se aleja por completo de aquello que parieron Sam Raimi, Robert Tapert y Bruce Campbell. Ojo, tiene momentos cumbre, la escena en el interior de la casa que se pudo ver en uno de los trailers es uno de ellos, la dosis de gore y barbaridad cumple con lo exigible, y de hecho hay nuevamente un equivalente a la icónica motosierra. Pero el resto, hay Sébastien… vaya interpretación. Valga que los saltos de fe en esta saga son obligatorios al tratarse de terror y demonios kandarianos, pero lo de la baba, el beso, el arañazo o el toque carbonizado, pues NO. No todo vale. Lo mejor, la pasta que ha logrado abre la puerta al futuro… esperemos que este no siga perdiendo esencia.

The Surfer de Lorcan Finnegan. Bienvenidos a El extraño viaje de Nicolas Cage. The Surfer es algo así como un nuevo clásico a la Wake in Fright, esa infernal visita al outback australiano por parte de un profesor durante una Navidad, pero en una playa repleta de olas y recuerdos. Sita en la misma zona, cambia a los catetos cazadores de canguros por un grupo de surfistas que dictan el derecho de otros domingueros a visitar una playa cualquiera de esta húmeda propuesta de malrollero outback. El nivel de paranoia es el habitual en el cine protagonizado por Cage, lo borda, llegando al punto de creer (al menos en mi caso) que lo que ves es una de ciencia ficción con bucle infinito incluido… pero no. The Surfer es una de terror pro deshumanización para superar tus miedos internos. Así de simple y la vez de desconcertante. Ojo, último papel molón de Julian McMahon. La tenéis en Prime Video.

Cartel de hace mil años de ShockCartel de hace mil años de Shock

Shock de Mario Bava. Con la memoria de nuestra protagonista troceada, la gran Daría Nicolodi nos adentra en el paranoico viaje al infierno de una mujer que sin entender la razón se ve perturbada cuando regresa al hogar de su primer matrimonio. Un marido muerto, muchos secretos, un hijo aparentemente poseído, una casa plagada de recuerdos, visiones, terrores nocturnos, la memoria reconstruida a golpes… Mario Bava maneja el espacio, lo retuerce, cambia el tempo de la narración y con un buen crescendo te lanza por una vertiginosa pendiente donde el sentimiento de culpa hace estragos de los buenos. Tiene momentos icónicos del cine… mola. Puedes ver Shock en FlixOlé.

Danza mortal (Murder-Rock: Dancing Death) de Lucio Fulci. Se podría llamar Slashdance o Fame (and die). Un raro giallo de Fulci, onírico, etéreo, repleto de gasa y con un asesino del punzón bastante espeluznante. Tiene esa estética vaporosa y enigmática tan presente en el terror italiano de la época. Es curiosa y rápida. Fulci aprovecha movimiento y cuerpos (potentes) para sacrificar a las damas que deben morir. Con toda probabilidad te deja insatisfecho con su final, ya que es como si Dario Argento se cargara a Jessica Harper o Tony Musante para dar caza al asesino. Y esta está disponible en Filmin.

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Publicado por Uruloki en
 

Mes completito junio. Repleto de cosas sorprendentes que se van a lo más alto como Obsession o The Drama, con sorpresas como Backrooms, cine palomitero como Supergirl, Masters del Universo o El día de la revelación, y con mucho Lucio Fulci. Mucho cine en salas, que es lo importante.

Obsession de Curry Baker. “Te quiero”, “yo te quiero más”, “no, yo te quiero más”, “no, yo te quiero mucho más”, “no, yo te quiero mil veces mucho más”, “no, yo te quiero infinitas veces mucho más”… Curry Barker estuvo un día enamorado y de ahí nació esta Obsession. El director youtuber nos lleva de viaje a la tierra del crushing, de las miradas cómplices, del hormigueo y las mariposas en el estómago, pero a la vez perpetra una entrada a toda velocidad en el horror más carnal, posesivo, enfermizo, asfixiante… una barbaridad. De verdadero miedo. Hacía tiempo que no estaba incómodo por desesperación. Una joya!

The Drama de Kristoffer Borgli. Bienvenida sea esta oda a la hipocresía, al hijoputismo, las amistades peligrosas, el postureo, el cinismo y los terrores de la vida en pareja. Una comedia romántica que es en realidad un drama en toda regla, pero no uno de esos de llorera descontrolada, si no un drama por la cantidad de explosivo que lleva entre las líneas de su guion. Zendaya y Robert Pattinson son una pareja neoyorkina que transiciona por la más perversa desconfianza tras echar un vistazo atrás y exponer ese oscuro secreto que todos tenemos y que en realidad no vale la pena sacar a la luz. Nadie valora el peso de lo contado y es ahí donde el más perverso cinismo sale a la luz… Su director, Kristoffer Borgli, vuelve a contar algo inusual, tras esa fantasía que es Dream Scenario, y vaya su logra un nuevo genial resultado. Es necesario disfrutarla.

Un cartel de ObsessionUn cartel de Obsession

Supergirl de Craig Gillespie. La versión macarra del universo Superman es esta adaptación de la obra «Supergirl: Woman of Tomorrow» de Tom King, hijo predilecto del mundo del cómic por contar historias que se salen de lo habitual. Supergirl es más una road movie / buddy movie que un film de superhéroes al uso, es un nuevo viaje por el páramo, ya sea el espacial o el desértico terrenal donde pululan peña con cuero y pinchos, un periplo interestelar en busca de la venganza (no la de la protagonista) y al tiempo la redención (en este caso sí Kara Zor-El). Es un buscar su lugar entre el inmenso caos mental que se gasta el personaje encarnado con desparpajo y desparrame por Milly Alcock, mira que me moló en la primera temporada de «House of the Dragon». De alguna manera es ese coming of age del personaje, su infancia, su presente y su ¿paso? a ser adulto y con la cabeza sobre los hombros. Ah, y sale Lobo. Divertido.

Backrooms de Kane Parsons. Pues aquí está una de las locuras de la temporada (con permiso de Obsession), un creepy-pasta fusionado con found footage que nace de los fondos sociales de YouTube, y al que A24 le ha encontrado un ya demostrado gran valor ($$$). Parsons saca oro de una mina que innova, y que nos deja caer a la taciturna vida de Chiwetel Eijofor, dueño de una de esas tiendas made in usa que aquí no entendemos. Igual que otras joyas de sus momentos (por poner ejemplos distantes argumentalmente suelto al aire Primer, Moon, Coherence o The Man from Earth), Backrooms nos traslada a algo imposible, un mundo a la gauntlet alternativo, donde sigo sin tener claro que se oculta, mezclando ciencia ficción (lo más), y terror (hay algún que otro jumpscare que acojona). Junto a Ejiofor está Renate Reinsve, psicóloga que adolece de ese desasosiego humano que tan miedo da, o Mark Duplass, otro que tal baila. Psicológicamente extraña.

El día de la revelación (Disclosure Day) de Steven Spielberg. Si es que este tipo de películas siempre molan, adentrarnos de nuevo en el género conspiranoico más clásico, el thriller gubernamental, la paranoia, el «mesianismo»… es un viaje al pasado. Que encima tenga de base el fenómeno OVNI, y que te inviten a volver a recitar eso de que «Creer es la clave», pues ya hace subir enteros. El cine de Spielberg, con sus formas, sus tropos, y su masa crítica, vuelve a inundar este nuevo viaje por su visión sobre la eterna neura extraterrestre y si estamos solos o no en este inmenso universo. El inconfundible estilo del director empapa todo el film, creando momentos icónicos, referencias a su propia filmografía, etc. Es altamente entretenida y me ha dejado dándole vueltas a esas dos semanas previas donde Donald Trump se dedicó a hacer una ¿promoción? del film de Spielberg… vaya WTF más gordo todo. Ya no digo que creer sea la clave, es que ya no sabes que narices creer. Spielberg rules.

Masters del Universo (Masters of the Universe) de Travis Knight. A lomos del más descontrolado fan service, ese que no escatima en visitar el lore más puro, el humor de los memes de internet, y el universo animado de Filmation, surge Masters del Universo, film de Travis Knight, director de ese otro regreso a los 80 que fue Bumblebee. Tras agonizar durante una larga hora donde los más veteranos reconocerán y se regodearán con presencias y otras derivadas, llega el momento del necesario remonte, las dos horas y pico del film lo reclaman. Es ahí donde los chistes por duplicado, los dobles sentidos, memes y referencias, harán las delicias del más pintado, pero que sin embargo no lograrán encontrar su sitio en el no fan del producto. Es ahí donde uno asume que la historia no va a dejar de flojear y que lo mejor es dejarse llevar por bucles chistosos en torno al puño de Fisto, el Adam terráqueo, o los momentos Teela / He-Man y el taparrabos, etc. Todo es muy gratuito, pero te acabas por sentir cómodo porque los memes te los llevas merendando muchos años. Igual es la fórmula correcta, romper la épica con chistes y momentos ridículos, pero Masters del Universo parece un film nacido para hace una década. Mención aparte merece la maravillosa banda sonora de Brian May y Daniel Pemberton, infrautilizada cuando está bastante claro que podrían repetirla en bucle en cada pelea y estarías todo el rato con el corazón en un puño. Es simpática, pero flojea lo suyo. Una pena por el batacazo que se está llevando.

Tom Clancy’s Jack Ryan: Ghost War de Andrew Bernstein. Clásica y novelesca. No sorprende en nada, pero está bien rodada. Para pasar el rato vale.

Un cartel de The DramaUn cartel de The Drama

La silla de Ángel de la Cruz. ¿Qué puede salir mal? TODO. La versión española de «El juego de Gerald» es un sinfín de despropósitos. Vale que hay decisiones que uno puede tomar y que no son nada acertadas, pero que todo lo que hagas sea, de cara al espectador, totalmente desacertado es ya rizar el rizo. De regalo un par de momentos que uno no tiene claro a santo de qué vienen, y un compendio de circunstancias, casualidades, decisiones, etc. que válgame el amor hermoso. Nada funciona y mucha responsabilidad la tiene el gallego Ángel de la Cruz, que se apoya en lo increíble y patillero. Mejor es quedarse sentado en casa.

Chum de Jonathan Zuck. Serie Z de manual donde el mayor atractivo es el sonido crunchi de las víctimas del tiburón… debieron romper muchos palitos de madera de helados mientras la rodaban.

La asistenta (The Housemaid) de Paul Feig. Ostras con Feig… esto no me lo esperaba. No inventan nada, pero si llegas como he llegado, la patada en el estómago, el doble o triple WTF, te deja con el culo torcido. Dura un buen rato, pero lo hace por necesidad para construir de forma paciente el tobogán con cuatro loopings que te tragas sin comerlo ni beberlo. Sidney Sweeney está muy bien, pero es que Amanda Seyfried la supera. A Brandon Sklenar ni lo ubicaba. Thriller sorprendente, pena no verla en cines…

De regalo ha sido un mes dedicado a ver cosas de Lucio Fulci, con visionados sorprendentes…

Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombi 2). Sigo con mi recorrido por el mundo de Fulci revisando, por un lado, y descubriendo, por otro, su filmografía. Nueva York bajo el terror de los zombies, o más bien Esa isla tropical bajo el terror de los zombis, juega en la liga que sólo el propio Fulci controlaba. Desde su violento arranque, hasta ese desparrame sangriento y gore que acontece en una isla donde no desearías pasarte ni de visita. Los que la vendieron pretendieron generar aun secuela donde no lo había, y no sacaron provecho del verdadero potencial que tiene la obra, a su ritmo, con su desesperación, sus premonitorios primeros planos, y con iconos cinematográficos que han traspasado todas las barreras como el zombi vs. tiburón, o más si cabe la asfixiante secuencia del ataque al personaje encarnado por Olga Karlatos, donde sabes lo que va a pasas y Fulci no lo anuncia, directamente lo ejecuta. Una joya que según escribía aquí he aumentado en valoración… ya no se hacen cosas como esta, que cojones. La tenéis en Filmin.

Angustia de silencio (Non si sevizia un paperino). Muy macabra, y hoy en día casi perversa y prohibitiva. Lucio Fulci se saca una giallo atípico, donde los cánones del subgénero no se plasman del todo, y donde la perversión humana roza lo obsceno. Es genial, de principio a fin, repleta de giros, momentos incómodos que hoy serían castigados sin parangón, y salvaje. Bebe algo de Perros de paja, de un año antes, y no se corta un pelo en lo tocante a los infantes, le saca cuatro años a ¿Quién puede matar a un niño? Que bueno era Fulci por dios, que sobrado iba. Esta se debe disfrutar en FlixOle.

Siete notas en negro (Sette note in nero). Lucio Fulci y 1977. Lucio Fulci y una historia inesperada, bien jugada, corazón delator, gato negro y paranoia visionaria. Inteligente y muy entretenida, directa a que le des vueltas desde el minuto uno tratando de encajar las piezas del puzle que propone el director / guionista. Por encima suena la magia de Fabio Frizzi, mago italiano, maestro junto a Fulci y explorado con éxito por RZA usando un sample del tema central de esta Sette note in nero en la pieza Ode to O Ren Ishii. Que bueno es descubrir este cine que nunca me había parado a explorar. También está en Filmin.

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Ya inmersos en junio echo la vista atrás para hablar de mayo y lo mucho que ha ofrecido el mes que nos adentra en la vorágine de estrenos del verano. Ha habido de todo, cosas de streaming como Ruta de escape o Depredador dominante, cosas de cine como Te van a matar, Mortal Kombat II o The Mandalorian and Grogu, y otras vistas daquela maneira. Al tema.

Te van a matar (They Will Kill You) de Kirill Sokolov. De esas películas que, cuanto menos sepas, más la disfrutas. Tristemente estrenada en paralelo con la apisonadora Super Mario, Te van a matar es una inesperada sorpresa y un «esto no lo veía venir» como una casa. Disfrutona, heredera toda ella de la secuencia entre Beatrix Kiddo y el ejército personal de O-Ren Ishii, amiga de las florituras que inventó Yuen Woo-ping, y prima hermana del modo Bloody Palace de Devil May Cry… Todo en una, que no es poco. Eso sí, superado el golpe inicial y algunas secuencias posteriores, pura maestría la demostrada por su director Kirill Sokolov, conforme más se sube menos sorprendente se hace, aunque no cabe duda de que te lo pasas teta con la locura en la que se ve involucrada Zazie Beetz. La idea es totalmente disparatada, y eso es lo que mejor funciona en ella, para guardar en el recuerdo pese a los tropiezos que sufre.

Un cartel de Te van a matar
Un cartel de Te van a matar

Mortal Kombat II de Simon McQuoid. Es una pena ir con la ilusión de la primera parte y encontrarse con un downgrade que afea aspectos delicados de la franquicia. Hay que valorar, y mucho, la presencia del categoría A Karl Urban como Johnny Cage, tiene un carisma que todo lo soporta, es la estrella invitada que potencia el todo y se encarga de apuntalar ese tono cómico / irónico que agrega frescura a la historia (lo de Baraka es de traca), pero punto final. A partir de ahí viene el tránsito por el desierto de su director Simon McQuoid. Pululan los escenarios pobres (y parcos), un vestuario más pobre todavía (falta sustancia), y las decisiones sobre personajes de la primera parte tienen un gran efecto en la segunda (veremos cómo resuelven en la tercera si es que recaudan para hacerla). El equipo técnico de McQuoid agrega unos efectos visuales variantes: los hay decentes, pero como contraste te planchan un Inframundo digno del Spawn de 1997, y golpe en el estómago. Por otro lado, aquí nadie atiende a principios básicos como el tamaño de los personajes, esto es equivalente a cargar maletas como su fueran bolsas de la compra vacía. No se puede negar, pero ese Shao Kahn cambiante en tamaño es para ver… y no creer. En fin, floja, se deja ver y el icónico tema en los créditos finales es gloria, pero es que ni la historia tiene encanto suficiente, y parece sacada de los fondos de la desimaginación.

Keeper de Osgood Perkins. Viendo Keeper de Osgood Perkins me sitúo en los enigmas de Alex Garland tanto con Men como Annihilation, no tanto por la historia que cuenta si no por su base de terror íntimo, que enfrasca la paranoia, lo lisérgico, lo esotérico y lo folklórico. De ahí que me haya sorprendido para bien, tanto por lo mágica que resulta Tatiana Maslany como por ese tétrico tercer acto en el que todo va pillando velocidad. Acongoje total, de ese que incomoda. Película de transición de Perkins entre Longless y The Monkey, y otro gustazo más.

Noche de bodas 2 (Ready or Not 2: Here I Come) de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, conocidos como Radio Silence. Una continuación digna. Toda la gracia y sorpresa que tenía la original primera parte, en esta no te acaba de sorprender (pese al cambio de roles), pero eso no quita que el gore en forma de gente explosiva (y no porque estén para mojar pan), es un auténtico despiporre. Samara Weaving vuelve a ponerse el traje batalla (de novia) para afrontar el nuevo juego de supervivencia, y ahí no falla compartiendo ser la final girl junto a su «hermana» Kathryn Newton. De regalo un nuevo elenco de rostros conocidos donde destacan las presencias de Elijah Wood, Sarah Michelle Gellar, Shawn Hatosy, David Cronenberg o Nestor Carbonell. Funciona y se deja ver.

Star Wars: The Mandalorian and Grogu de John Favreau. No se puede negar… The Mandalorian y Grogu es por un lado café para muy cafeteros, y por otro el episodio más largo de la mejor serie de Star Wars, con permiso de Andor. Mucho entretenimiento, eso es bueno, secuencias frenéticas, unas cuantas referencias molonas a iconos de la saga como el ajedrez del Halcón Milenario o los AT-AT de Hoth, o a otras cosillas dentro del universo George Lucas / Steven Spielberg (el aroma Indiana Jones inunda la sala). Listo. De regalo una historia que rememora al famoso cómic Boba Fett: cuando la gorda cuelga de Cam Kennedy y John Wagner. A los mandos, la palabra es ya un poco coña, John Favreau y Dave Filoni, seres predilectos dentro de este renacimiento con base en el streaming. Ojo, es una película atípica, con dos rostros conocidos, y una retahíla de criaturas que vienen para engrandecer el show business que hay detrás de Star Wars. Ah, y Grogu mola, mucho, y tiene su momento… uno grande con espacio (Justo) para la comedia.

Un cartel de Star Wars: The Mandalorian and Grogu
Un cartel de Star Wars: The Mandalorian and Grogu

Depredador dominante (Apex) de Baltasar Kormáku. Australia es de esos lugares donde no apetece perderse: Rogue, Wolf Creek, y ahora Apex. Charlize Theron vs. Taron Egerton, deportista acostumbrada a superar los retos más desafiantes vs. un pirado testosterónico con un bagaje que mete miedo. Es entretenida, tiene destellos claustrofóbicos a lo 127 horas, y de alguna forma viene a dinamizar con la hipervelocidad de estos años propuestas del estilo de Rio salvaje, aquella de Meryl Streep y Kevin Bacon. Tiene su punto macarra y ya te preavisa… pasa de meterte en la tierra de los canguros, el outback, los mountain men y demás. Tenéis Apex en Netflix.

Ruta de escape (Crime 101) de Bart Layton. Comentar que ahí en Prime Video está Ruta de escape, film competente rato largo y no fotocopia, pero desde luego hermana gemela, de Ladrón de Michael Mann: historia de un ladrón de diamantes deseoso de reencauzar su vida. Este vez es Bart Layton, director del debatido documental / film El impostor, quien que se rodea de un muy interesante elenco donde figura Chris Hemsworth como primer espada, bastante sosainas y poco creíble la verdad, acompañado por los ideales Mark Ruffalo, me encanta su permanente cara de estreñido, Halle Berry, unos 59 reales muy bien llevados, Nick Nolte, siempre hay un gran villano en la sombra, y Barry Keoghan, perturbado perturbador… mola. Si bien el conjunto es al final un sota, caballo y rey de libro, cero sorpresas la verdad, como un todo funciona bien, dejando sobre la mesa buenas ideas como la corrupción, los machismos, la soledad, el egocentrismo, o el tratar de pasar página debido a todo lo anteriormente comentado. Para pasar un rato bien vale,

El diablo viste de Prada 2 (The Devil Wears Prada 2) de David Frankel. Ya sé, no es terror, no tiene gore, ni nada, pero es de esas que cumplen como entretenimiento puro y duro, el mundo de la moda embutida en la vorágine de los medios que todo se lo comen. En esta ocasión influencers, youtubers y tiktokers amenazan el periodismo puro (justo lo que pasó con los blogs, de ahí la empatía). Regresan los de hace 20 años y nosotros somos también los mismos (20 años más viejos).

Remato con dos viajes que me he dado, uno de repetición con The Neon Demon de Nicolas Winding Refn, película que no veía desde Sitges no sé qué año. Llegar para comerte el mundo y que el mundo te fagocite a ti… literalmente. Obra maestra. Y luego me veo Miedo en la ciudad de los muertos vivientes y veo Romero, Argento, Carpenter, Craven… Lucio Fulci nos sumerge en uno de sus relatos más Lovecraftianos (¿no lo son todos los de la trilogía de las puertas del infierno?) no dejando de lado su particular surrealismo gore y narrativa inconexa, esa donde en realidad te la sopla todo porque el conjunto es pegadizo y la desesperación te espera a cada vuelta de esquina. Un gustazo.

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Publicado por Uruloki en
 

Pues nada, ya estamos en mayo, y por lo tanto es hora de recuperar esas cosas que han animado abril, y que no han sido muchas si hablamos de novedades. Este mes lo completan apuestas molonas como la desbocada La momia de Lee Cronin, esa epopeya emotiva titulada Proyecto Salvación, o lo nuevo de Quentin Dupieux, pero donde también he podido sufrir el último atropello de Netflix. Eso sí, he tenido oportunidad de ver en sala de cine Kill Bill: The Whole Bloody Affair, y embarcarme en los clásicos descubriendo (que se dice pronto), La residencia, Operación miedo, Arrebato, Comidos vivos, Violación en las aulas o Emmanuele. Vaaaaamos!

La momia de Lee Cronin (Lee Cronin’s The Mummy) de Lee Cronin. Primero fue The Evil Dead, luego Evil Dead by Dawn, después Army of Darkness, le siguió la reinvención Evil Dead, poco después Evil Dead Rise y en breves Evil Dead Burns… pero en medio de esta magna saga han estrenado en cines Evil Dead: Lee Cronin’s The Mummy. Porque si, Lee Cronin explora el universo de Sam Raimi y lo plagia de forma descarada (lo del grabador de casetes es ya el no va más), sin miramientos, sin cortarse un mísero pelo, sembrando una hora y pico de rollo pimpollo… para desembocar en el despiporre máximo, un gore glorioso, comedia a lo Henrrieta y mil y una ¿referencias? a la mentada saga. Poca imaginación, pero con su encanto. La verdad, el film este tiene de La momia lo que Lawrence de Arabia de sitcom. Es curioso el periplo tomado por Cronin: tiene más cara que espalda y tan pancho. Crack.

Un cartel de La momia de Lee Cronin
La momia de Lee Cronin

Proyecto Salvación (Project Hail Mary) de Phil Lord y Christopher Miller. No sé a vosotros, pero a mi Wilson me rompía el alma, y el sufrimiento de Tom Hanks en Náufrago me daba dolor de corazón. La dupla Phil Lord y Christopher Miller, con guión de Drew Goddard, adaptan otra potente obra de Andy Weir y nos embarca en una nueva epopeya espacial, muy en la línea de «The Martian», pero esta vez con un enfoque evidentemente diferenciador (salvar a la humanidad vs. a uno mismo), pero donde se establecen mismas inquietudes del protagonista, misma soledad o mismo reto personal. Por encima, se suma una segunda narrativa donde ves el germen de lo que te están contando, al tiempo que se introduce el factor Wilson con aire de BB-8… Rocky se llama. Proyecto Salvación mola mucho y sus referencias son incontables, ya sea al Planeta de los simios, a Encuentros en la tercera fase, a Enemigo mío (dada la vuelta), a Naves misteriosas y al ciento y la madre. Ryan Gosling es un artista y la piedra que le acompaña otro tanto. Entrañable y muy bonita (el espacio…)

Embestida (Thrash) de Tommy Wirkola. Madre mía. Descarada explotación de Crawl / Infierno bajo el agua, en manos de un desganado Tommy Wirkola. Aburrida como pocas, con alguna secuencian aceptable, pero totalmente insalvable (se mire por donde se mire). No logra aportar lo más mínimo, y deja entrever que Wirkola ha caído en las garras de Netflix, aceptando realizar un producto digno, pero carente de ideas propias.

El accidente de piano (L’accident de piano) de Quentin Dupieux. No sabría que decir, una sátira sobre la sobreexposición humana que juega en la liga de una de las famosas creaciones de Mark Millar y se mezcla con el universo de los tiktokers, youtubers y demás. Tiene gracia, alguna, y Adèle Exarchopoulos muta nuevamente pero ahora hacia un ser despreciable, impersonal, con aparato dental, algo de acné y un corte de pelo tazón que ni su peor enemigo. De ahí no saca Quentin Dupieux oro, se queda un poco a medio camino con matices de herrumbre decorando el conjunto. Recuerda a otras obras del director francés, pero se aloja seguramente en un nivel medio bajo y no tan excelente como todo lo que ha precedido a esta L’accident de piano (y que he visto).

Kill Bill: The Whole Bloody Affair de Quentin Tarantino. Verla en el cine ha sido la experiencia perfecta. Vaya maravilla de Don Quentin Tarantino.

Póster de La residencia
Póster de La residencia

La residencia de Narciso Ibáñez Serrador. 1969. La deuda… me castigaba año tras año la madre de las deudas. Por lo tanto, solventado lo de ver esta obra maestra de Narciso Ibáñez Serrador. Sensual, erótica, retorcida, grotesca, perversa… espeluznante. Vaya viaje inesperado, nada como llegar virgen a esta maravilla cinematográfica donde se construye un giallo patrio con Lilli Palmer dirigiendo una residencia de chicas que madre mía. La cosa arranca por un camino inocente que poco a poco se va retorciendo hasta niveles «adúlteros». Vaya joya.

Operación miedo (Operazione paura) de Mario Bava. 1966. Vaya maravilla del gran maestro del horror italiano que es Mario Bava. Una historia de terror gótico clásico regada con secuencias salidas del mejor de los universos surrealistas. Casi en modo única secuencia, y durante una única larga noche que llega precedida por ese mortuorio atardecer, los colores, la niebla y el terror atmosférico se dan de la mano para contarnos la macabra historia y maldición de la Villa Graps. Que extraña y seminal es toda ella.

Arrebato de Iván Zulueta. 1979. Tenía pendiente de siempre sumergirme en Arrebato de Iván Zulueta, y me costaba un montón decidirme. Vista ya y tratando de entender su contexto, se me plantea algo muy perturbador, una exposición humana descarnada, donde las drogas y otras adicciones se mezclan con el pesimismo y la autodestrucción. Como hilo que todo lo sujeta el cine, con una obsesión por captar un momento y pausarlo para siempre, pero ya no de forma metafórica, si no que de forma real y angustiosa. La cámara de Will More fagocita la vida de manera eterna, absorbe la esencia humana, te engaña, y la deja atrapada en el celuloide. No lo voy a negar, ha sido una experiencia rara, donde esa voz en off hace pensar en cientos de años de vida dedicados a esa experimentación. Lo que mucho se dice de ella, terror vampírico donde es el cine el que te vampiriza, y gracias a factores que prenden todavía más esa vampirización (drogas, sexo…), la hacen si cabe más extraña. Compleja de asimilar y procesar.

Comidos vivos (Mangiati vivi!) de Umberto Lenzi. 1980. Lenzi se empapa de mucho cine de caníbales, y monta una fiesta de desnudos, violaciones, canibalismo barato, muertes de animales a manos de miembros del reparto, etc. Entre medias una secta oculta en la selva amazónica (como me recordó a The Sacrament de Ti West) y rodeada por antropófagos bárbaros, un aventurero mercenario y una periodista en busca de su hermana. Lenzi saca jugo al gore de aquella era macarra italiana plagando el metraje de amputaciones, depravación, y otras barbaridades. Descarada y descarnada. Esos primeros planos llegan a marear. La tenéis en Prime Video.

Emmanuelle de Just Jaeckin. 1974. Otra de esas del pasado púber que muchas veces escuchaste, leíste, pero nunca viste. Recuperada ahora y dados los inputs que tienes en el día a día se queda en un film erótico soft de otra era, pero si la valoras en su momento… 1974, esto debió revolucionar el mundo ajeno a las producciones X, levantando pasiones merced a esa virginal y joven Sylvia Kristel (22 años tenía). No obstante, es todo muy perturbador, con ese diplomático que se dedica a exponer a su joven esposa a un mundo bastante truculento y sórdido, aunque luego sea ella la que decida experimentar por su lado. En fin, tiene su aquel, pero es floja de narices.

Violación en las aulas (I ragazzi del massacro) de Fernando Di Leo. 1969. Escuchando el podcast “A quemarropa” recomendaban echar un vistazo a la filmografía de Fernando di Leo y sobre todo su aportación al polizziottesco. La única disponible por estos lares es esta Violación en las aulas (Filmin), una especie de Perros callejeros en la escuela y a la italiana, donde la violación y asesinato de una profesora a manos de sus alumnos desemboca en una extraña investigación donde se desatan aspectos como la homosexualidad, el travestismo, la manipulación, la venganza, la corrupción, el sadismo, etc. Controvertida seguro que lo fue en su momento. Ahora tampoco se queda coja. Fine.

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Pues esa es la realidad de marzo, no he encontrado la película que me dejara satisfecho del todo, pero sin embargo si hay un par de serie B rumbosas como son Máquina de guerra o Whistle que entretienen, sagas milenarias en caída libre como Scream 7, producciones de impacto que se han metido una leche de muy señor mío (léase ¡La novia!). Me paro también con Torrente presidente y Amarga Navidad, antítesis cinematográficas españoles, cada una con sus cosas, y recupero una de hace unos años que gustó mucho en Sitges o el Fantasia Film Festiva: Vincent debe morir. Al tema…

Scream 7 de Kevin Williamson. Madre del amor hermoso. El aburrimiento más absoluto abandona Woodsboro y se planta en otro pueblo dando una vuelta más a esa tuerca pasada de rosca donde el todo vale sirve como vía de escape para ofrecer al espectador un producto anodino más. Se salvan tres muertes, la de la jarra de cerveza es una barbaridad, pero no hay quien se la crea, y ya. El resto es un paseo cansino por una trama donde ya no sabes si estamos de coña o Kevin Williamson pretende algo serio. En fin, dicen que habrá octava porque esta ha amasado pasta gansa… o se vuelven a reinventar o esto no hay quien lo aguante más.

¡La novia! (The Bride!) de Maggie Gyllenhaal. En la coctelera de la buena de Maggie se mezclan una especie de perversión del cine de Michael Mann, el gamberrismo de la historia de Bonnie y Clyde, una historia de desamor repleto de soledad, mucha paranoia mental, una ración de #metoo, modernidad discotequera, reflexiones entre los monstruos y sus creadores, reflejos de los clásicos (desde James Whale a Mel Brooks), diálogos pervertidos por prosa de diccionario… vamos, una liada bien gorda. Pero bueno, entretenida, diferente y curiosa.

Un cartel bastante molón de Whistle
Un cartel bastante molón de Whistle

Máquina de guerra (War Machine) de Patrick Hughes. Un rip-off en toda regla de Depredador, curiosamente con aires de La guerra de los mundos, para esa segura segunda parte, y un invasor con forma de mecha mecánico, muy a lo Robot Jox de Stuart Gordon. En conjunto está entretenida, máxime con Alan Ritchson desplegando ese carisma de tipo duro impertérrito que merece ser abrazado con el que ya nos deleita en la serie de «Jack Reacher», unos buenos efectos visuales, y ese generoso body count (numéricamente hablando) no exento de gore en forma de cuerpos explotando, medios torsos, brazos y piernas voladoras, etc. El inicio tiene un tono de patria y honor muy americano, evidentemente, pero conforme avanza hay más y más indicadores de la galopante falta de ideas que la pueblan (tan pronto como se adentra en el rango de la ciencia ficción y la supervivencia).

Torrente presidente de Santiago Segura. La comedia del cameo. Puro desparrame de presencias inesperadas y un saber reírse del ahora político y del todos (no deja títere con cabeza) como nos merecemos. Debe verse como lo que es, una cinta de humor basado en la sorpresa, una obra con aroma clásico estrenado en 2026. Santiago Segura marca el tempo, y salvo por un tercer acto más irregular, queda claro que Segura es un visionario y sabe juntar pasado con presente, farándula con frikis, etc.

Sin piedad (Mercy) de Timur Bekmambetov. «Espera sentado: la película». ¿Por qué la titulas «Sin piedad» cuando resulta que «Mercy» sería «Piedad»?, vamos, todo lo contrario, más para una película que se queda en un caso extendido de Minority Report. La jueza, Rebecca Ferguson, al otro lado de la pantalla, aunque pretenda ser una IA, y el detenido, o trasunto de Tom Cruise, sentado en una especie de silla eléctrica, pero con cara de Chris Pratt. El resto de una flojedad que madre mía. No se salva nada, ni el intento de floritura motera con Kali Reis dando vueltas todo el rato, etc. El cartel un engaño, el tráiler, en este caso gracias, otro engaño aunque la cosa sea para peor. Todo en ella de aburrimiento nada rumboso que encima te hace desesperar con lo mal que está contado, y agasajado con unos efectos visuales de baratillo. Ni pies ni cabeza, para olvidar.

Whistle: El silbido del mal (Whistle) de Corin Hardy. Una de terror teen modo años 80 que se empapa de buenas ideas con mejor o peor resultado. Hay ahí un tufillo It Follows regularmente resuelto, que entronca con la saga Destino final o El club de los cinco (el parecido de Dafne Keen con Ally Sheedy es maravilloso). En conjunto no logra pillar velocidad, siendo aburrida y previsible a cada minuto que pasa. Lo más simpático son los WTF a minuto como el acceso piscinero a libros de folklore maya, el cura del pueblo, o el parque de atracciones que se montan… Amén de otras lindezas que dan para risa. Tiene dos muertes bárbaras, y un final muy cabrón.

Póster de Vincent debe morirPóster de Vincent debe morir

Amarga Navidad de Pedro Almodóvar. Resuena Alberto Iglesias a lo Bernard Herrmann, el color nos invade y te fascina, el drama se multiplica de forma exponencial, pero va todo a galope del mayor de los tedios, las buenas interpretaciones y los esquemas de la vida del propio autor (again and again). Por un lado, bien, por otro no tanto… hay que verla para padecerla, o disfrutarla.

Vincent debe morir (Vincent doit mourir) de Stéphan Castang. Resulta que «Vincent debe morir» es el odio llevado al extremo y al simple hecho de ver a alguien y desear ejecutar ese odio de forma salvaje. Stéphan Castang nos traslada a ese creciente y deprimente caos, y lanza a un muy sufrido Karim Leklou (un tipo con una cara triste y seria, con cierto aire Omar Montes), a formar parte de un club que no para de crecer… el de aquellos a los que le parten la cara por que sí. Teniendo en cuenta la creciente sensación de odio social que puebla el planeta (en muchas vertientes y siendo las redes sociales donde te puedes sentir más), la premisa de «Vincent debe morir» es golosa. La esperanza reside sin embargo en el love interest, que, de alguna forma, y entre tanta violencia, arroja un poco de esperanza. No son zombis, son haters.

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Sí, estás en el lugar correcto. Hoy visitamos febrero y hay que hacer un repaso a un mes goloso, con Sam Raimi retornando con la maravilla Send Help, o la perturbadora visión de Emerald Fennell de “Cumbres borrascosas”, pero con espacio para una de mono asesino rabioso, el drama vital de Sueños de trenes, o el mundo del videojuego de Return the Silent Hill. Ah, y ojo, donde recomiendo también advierto… Tron: Ares y una que no había visto y ahora me arrepiento, Tarot.

Send Help de Sam Raimi. Quiero que esté en el top de año, por los santos cojones del gran Sam Raimi. Send Help es el Arrástrame al infierno sufrido por los protas de La guerra de los Rose. Raimi echa la vista atrás y nos embarca en su medio, un slapstick isleño protagonizado por un dúo que lo clavan. El film explora el frenético devenir del cine de Raimi, donde el humor más cafre se mezcla con los golpes de efecto más escabrosos… vómito, veneno, la caza del jabalí y una relación a muerte entre dos “desafortunados” compañeros de trabajo / náufragos. Rachel McAdam de 10, Dylan O’Brien de 10… y de regalo guiños a la historia del cine de Raimi como la Sam-o-cam, el Oldsmobile, Linda y Bruce Campbell. Más como esta por dios…

“Cumbres borrascosas” (“Wuthering Heights”) de Emerald Fennell. Antes de entrar en la sala pregúntate lo que quieres ver, ¿la enésima adaptación de Cumbres borrascosas o una reconcepción de la obra de Brontë? A caballo entre un videoclip, un anuncio de perfume, la vertiginosa y colorista fotografía del Drácula de Coppola o el La cumbre escarlata / Frankenstein de Guillermo del Toro, el cine de Baz Luhrmann o Sofia Coppola, las novelas de Corín Tellado, y un episodio de «Los Bridgerton», nace esta «Cumbres borrascosas». Cómica macarra, dramática, tormentosa y triste. Válida para pasar un rato de amor más allá de lo inimaginable merced a esta diferente adaptación de la obra de la Brontë. Que a los mandos esté Emerald Fennell (dirección y adaptación del guion) hace el tema más curioso y, más todavía si tenemos en cuenta sus trabajos previos, la entretenida Saltburn y la magistral / obra maestra Una joven prometedora. Importante… LAS COMILLAS.

Uno de los carteles de Send HelpUno de los carteles de Send Help

Primate de Johannes Roberts. ¿Qué es lo mejor que podría hacerse para que Primate funcionase? Pues hacer lo que han hecho… un «man in a suit» como una casa. Gracias a esto, y abandonando la recreación digital del monete, pues puedes sacarte la chorra y elaborar una serie B notable, plagada de gore, muertes retorcidas, y buen ritmo. De regalo Adrian Johnston, con una música maravilla, hermana bastarda de John Carpenter y el giallo. Funciona bien y va a lo que va, se deja de tonterías…

Sueños de trenes (Train Dreams) de Clint Bentley. Ver la vida pasar a lomos de los caballos soledad, tristeza, familia, trabajo y amistad. Un retrato de otro tiempo, pero que bien refleja nuestro periplo por este mundo. Poética, contemplativa y difícil. De esas que te dejan tocados, y más cuando piensas en el paso del tiempo. Esta de Sueños de trenes la tenéis en Netflix.

Anaconda de Tom Gormican. Jack Black, Paul Rudd, Steve Zahn y Thandiwe Newton se van de cinematográfica aventura como si de una versión modernizada de Bowfinger mezclada con Super 8 se tratara. El resultado tiene su gracia, Black, Zahn, Newton y Rudd se ganan a pulso el reconocimiento, y presencias / cameos como el de Ice Cube o la mismísima JLO pues dan para unas risas. Es un permanente viaje al pasado, con semblanzas de cooming of age, que trata de engrandecer una peli terrible como la de 1997, y de la que no sé si tendrá un gran fandom por detrás pero que, en esta ocasión, es perfecta para recordarla con mejores ojos de los que se merece.

El pulcro cartel de Cumbres borrascosasEl pulcro cartel de «Cumbres borrascosas»

Return to Silent Hill de Christophe Gans. Lo reconozco, siempre he sido y seré team Christophe Gans a muerte, aunque el resultado de su trabajo sea caótico y carente de rumbo. Capítulo 1. Sin haber jugado Silent Hill 2, por lo tanto, desconozco la calidad de la adaptación como tal, y en comparación con el anterior film del director francés dentro de la saga (francamente superior a este), el nuevo viaje al laberíntico mundo de Silent Hill es curioso. Están todas las esperadas presencias de las grotescas criaturas que pueblan el no tan divino pueblo, pero de alguna forma el guion de Gans acontece sin rumbo, y los cambios entre las ¿ahora son 3? realidades de Silent Hill desconciertan. ¿Qué es real y qué no lo es? ¿Qué ocurre ahora y qué es hecho pasado? Vaya mejunje de ideas disparatadas las de esta película donde nada queda claro, donde todo se reduce a un pilla pilla sin ton ni son, y donde tampoco es que se tengan que agradecer los efectos especiales… el uso de CGI, mayoritario en comparación con el film de 2006, la lía parda. No sabría decir si me ha gustado o no, ni, ni si quiera, si me ha llegado a entretener. Pero es lo que hay, un fracaso en la taquilla que ha recibido tantos palos que, con tristeza, no dejaran que la saga vuelva a la gran pantalla en otros 20 años. Capítulo 2. Pero claro, luego les sobre el videojuego y peor me lo ponen. Ahora entiendo a los personajes, ahora comprendo sus motivaciones, y, con tristeza, se acrecienta la carencia de espíritu, emociones y la trascendencia de los acontecimientos. Vaya invent más bueno el de Christophe Gans.

Tron: Ares de Joachim Rønning. Muy anodina y prácticamente sin punch. Es evidente que se deja ver, está claro que la música de NIN se deja escuchar, pero vengo a reforzar la idea de que al reparto habría que dejarle pasar (y cerrar la puerta). Tampoco inventa nada respecto a la más entretenida Tron: Legacy, que ya de paso en el aspecto musical atronaba como ninguna gracias a Daft Punk. Si es que últimamente todo lo que toca Jared Letto da para chiste… Os dará algo, pero está en Disney+.

Tarot de Spenser Cohen y Anna Halberg. Por eso me la perdí seguramente en cines… Ni pies ni cabeza, un sin ton ni son que aporta cero. Cero gracia y todos los fuera de plano de las muertes hacen pensar que hay una versión pasada de vueltas oculta en algún lugar. Esta para olvidar. aya tedio. Y encima con dos directores, ¡JA! (En Netlix también).

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Pues ya estamos en febrero y tenía pendiente la entrada con las recomendaciones del mes pasado, primero de este prometedor 2026. La verdad, pensaba que iba a dar para poco, pero ha sido ponerme a revisar y… hay unas cuantas. En esta entrada podréis leer sobre 28 años después: El templo de los huesos, La hermanastra fea o La muerte del unicornio, pero también de Hamnet o Marty Supreme. Vamos al tema.

28 años después: El templo de los huesos (28 Years Later: The Bone Temple) de Nia DaCosta. Ala, otro giro inesperado el de Alex Garland, porque es un máximo responsable, en el loco y creativo enfoque de esta prometida trilogía que avanza con El templo de los huesos. Acompañado por la versátil Nia DaCosta a los mandos, Garland decide diseccionar directamente a la gente, no abandonando a los infectados, que están ahí, pero digamos que de tapadillo. Esta transición dentro de la historia global explora la fragilidad humana, tanto física como mental, donde falsos mesías imbuyen paranoia y fanatismo en crédulos y tontos del culo. Por otro lado, tenemos un rizar el rizo a la altura de los mayores WTF de la historia del cine, y que aporta a la saga probablemente la idea más loca que nadie podría haber imaginado. El film es puro superglú y te mantiene ya no pegado, adherido y expectante ante cada paso que da, ya sea violento, ultraviolento, o tan extremo que ya te da la risa. Me ha flipado… y de una banda sonora ecléctica hemos pasado al uso de la música de estudio como mensaje y vía de escape y de relación social. Maravillosa, y el final… me cago con el final. Para ver en cine.

Hamnet de Chloé Zhao. El duelo en tiempos de William Shakespeare… y sufrido desde el punto de vista de una madre diferente y de un padre singular. Dolorosa, triste, emotiva y encantadora. Hamnet transmite esperanza y cariño, pero también te posiciona en un lugar oscuro, donde cada cual afronta como mejor puede una pérdida que realmente nunca se llegará a superar. Conforme entras en la historia, y asimilas la tristeza, más se apodera el relato de tu propio padecimiento. Recomendadísima. La Zhao donde mejor demuestra su buen hacer, y no con la chufla que fue Eternals. Para pasarlo muy mal en el cine.

Cartel de 28 años después: El templo de los huesosCartel de 28 años después: El templo de los huesos

Marty Supreme de Josh Safdie. De forma solitaria uno de los Safdie nos embarca en la versión cafre y vertiginosa de Atrápame si puedes. Frenética y repleta de egoísmo, Timothée Chalamet lo borda en esta vorágine de engaños y trolas que el apurado Marty va soltando siendo, o no, consciente de la bola de nieve que acabará arrastrándole. Lo curioso, su maldad no es única, Marty Supreme está plagada de seres como el protagonista… toda su familia, su amiga de toda la vida (encantadora Odessa A’zion), su mecenas (desagradable Kevin O’Leary)… divertida a la par que humillante, el papel de Abel Ferrara da verdadero miedo. Otra de cines.

El botín (The Rip) de Joe Carnahan. Cumplidora como pocas. Carnahan es un máquina del cine de guerrilla pese a lo poco que se prodiga (Infierno blanco, Boss Level, Giro inesperado, Smokin’ Aces…). Buen lío lo montado en esta El botín con una resolución de esas que mola. Serie B en manos de Netflix que, de cuando en cuando, logra parir algo potente y bien facturado. Está es una de esas ocasiones. Affleck y Damon siempre top. Como comentaba se puede ver en Netflix.

La hermanastra fea (Den stygge stesøsteren) de Emilie Blichfeldt. El lado más siniestro de los cuentos de hadas, el lado oscuro de las historias imperecederas, lo grotesco que Disney nunca llegó a imaginar contar (o igual si lo hizo, pero nunca lo materializó). El nuevo talento Emilie Kristine Blichfeldt se descubre con una historia repleta de matices y aroma clásico, el sueño de la parte más siniestra de Cenicienta. Un body horror paciente, pausado, digno de la mejor de las paranoias obsesivas, pero sujeto al relato y no llevado al extremo. Hay de todo, Cenicienta es más zorra de lo que nos contaron, las hermanastras sufrieron lo que no está escrito, y los métodos de embellecimiento eran… drásticos. No deja títere con cabeza y la palabra marcada a fuego al final da para echarse unas buenas risas… Cenicienta mis cojones. Curiosa y entretenida, pero tampoco nos flipemos.

Cartel de La hermanastra feaCartel de La hermanastra fea

La muerte del unicornio (Death of a Unicorn) de Alex Scharfman. Macarrónica como pocas. Anthony Carrigan mola mucho, lo mismo que los giros a lo Aliens: el regreso. Una primera hora un poco pesadita que desemboca sin embargo en la revolución de los Unicornios en contra de una familia de ricachones en busca de la fuente de la eterna juventud. Lo mejor es el despiporre de muertes, el non-stop de padre y madre unicornio, y las dosis de estupidez humana (una cuanta). El reparto bien, destacando la ya mencionada presencia de Carrigan lo que más, y con un Paul Rudd ajado, una Jenna Ortega bien, y unos simpáticos miembros familiares Will Poulter, Richard E. Grant y Téa Leoni. Grasiosa.

Rental Family de Hikari. Emotiva y punzante, triste y dolorosa. Brendan Fraser casi se encarna a si mismo hasta que rodó Ballena. Una historia de momentos, que juega con la comedia divertida, las buenas intenciones, y la tristeza más dolorosa. De esas que vale la pena ver para verle lo bueno a la vida, y para darte cuenta de que el tiempo corre y hay que afrontar todo lo que al nacer se te comienza a venir encima. Otra que debe disfrutarse en cines, a oscuras y con tus cosas.

Rondallas de Daniel Sánchez Arévalo. Galicia, su cultura, sus tradiciones, su gente, su vida. Película costera, entre la emoción y el humor, a bordo de la aflicción, pero gobernada por los chascarrillos. Una película donde el sacrificio implica felicidad y gratitud. Muy bonita y más recomendable. Si eres gallego te tocará la patata… y mucho. Yo soy gallego y casi muero.

Cartel de HamnetCartel de Hamnet

Tras el primer pack de arriba llegan los vistazos a films pasados pero recientes que tenía pendientes de ver.

Cazafantasmas: Imperio helado (Ghostbusters: Frozen Empire) de Gil Kenan. Floja no, lo siguiente… Un intento desesperado por seguir expandiendo un universo que pertenece a otro tiempo y otro estilo. El valor nostálgico de Cazafantasmas: Más allá no se ve refrendado en esta nueva película pese a todos los intentos (William Atherton regresa… meu pobre). Da verdadero miedo, pero no por el terror narrativo, si no por el terror fílmico.

Jurassic World: Dominion de Colin Trevorrow. Sacándome la espina que tenía pendiente desde 2022. Tras la de Cazafantasmas tocaba esta de los dinosaurios y fina fina… tan fina que lo mejor es dejarla pasar. Vaya horror de todo. Gracia cero, el retorno de las viejas glorias casi bochornoso, los que venían a sustituirlos terribles, y una historia aburrida, donde a los dinosaurios no les dejan comer. Lo del mogul pirado es para tirarse por un barranco, ni pizca de gracia que tiene si lo comparamos con Irrfan Khan de primer Jurassic World… hasta tenía más gracia el plan de Rafe Spall en Fallen Kingdom. Pero esto, esto es horrible. Una montaña rusa de saltos de fe donde no encaja nada y donde los veteranos pasan sin pena ni gloria por la pantalla. Tras verla me quedo con la parte no familiar de  Jurassic World: El renacer, que al menos tenía el espíritu serie B de Jurassic Park 3.

Kill Boy (Boy Kills World) de Moritz Mohr. Curiosa pero aburrida, repleta de acción, pero aburrida, divertida, pero aburrida, pasada de vueltas, pero aburrida. En definitiva, desaprovechada. No escatima en lo que no debe escatimar, y se agrede mucho, pero entra en una dinámica de abrumador tedio con tanta paranoia del protagonista. El principio no para, a partir de ahí vive entre altibajos hasta el loco final. Lo más alucinante es el tono de Bill Skarsgård, madre mía, y las presencias de Yayan Ruhian (fijo en la saga The Raid de Gareth Evans y films de Timo Tjahjanto), Sharlto Copley o Andrew Koji. No la pude ver en su momento, vista una y hasta siempre.

Fight or Flight de James Madigan. Pues una peli rara… como Serpientes en el avión, pero en lugar de ofidios contra un grupo de viajeros, pues asesinos a sueldo contra una especie de agente especial y alguien llamado Ghost. Se deja ver y es desde luego entretenida, mucho gracias al carisma de Josh Hartnett. Por lo demás un mata-mata simpático, un poco sin pies ni cabeza, donde no sabes quienes son amigos o enemigos. Lo que más jode es lo de final abierto… de chiste.

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