diciembre 2025


Mes de diciembre y hay dos grandes opciones, o centras el tiro en Avatar: Fuego y ceniza o lo hace sobre Puñales por la espalda: De entre los muertos. Ambas son las grandes propuestas del mes y donde una va sobrada, para la otra no es su juego, la otra estruja mejor el coco, cosa que la de Cameron ni se plantea. Mes de palomitas acompañadas por un par de pseudo-terrores, un par de advertencias (para huir de ellas) y un vistazo atrás en forma de Cronenberg o extremismo francés. Felices fiestas.

Avatar: Fuego y ceniza (Avatar: Fire and Ash) de James Cameron. El señor Cameron se ha pasado unos cuantos años para parir otra más en su saga, y eso es lo que hay. Todos dirán lo mismo y es que los efectos visuales son el no va más, es inimaginable como Lighstorm y Weta logran eso, se come con patatas al resto de producciones mundiales sean de Hollywood o de los mercados más pequeños, etc. pero en su contra te lleva a un momento donde ya no notas la evolución entre esta y las anteriores partes (que por descontado la tiene, pero es tan lejano el recuerdo que…) A nivel historia pues caca de la vaca. Más plana que una tabla de planchar. Rizan el rizo sobre lo mismo de la segunda parte, otra vez el fondo de defensa de la tribu de rigor, le suman un par de valores extra para darle interés a la trama… y ya tienes otra película de indios y vaqueros, de caza de bisontes, la tribu de cara roja (Pawnee)… vamos, una especie de Bailando con lobos redux. Eso sí, el cine hasta la bandera, la gente aplaudiendo, el olor a palomitas y sudor cargando la sala. El efecto Cameron sigue vivo y la saga Avatar está en la cúspide del cine más taquillero, aunque su calidad narrativa sea la misma que film de sobremesa. Vista en cine, sala iSens 3D… notable experiencia.

Póster de Avatar: Fuego y cenizaPóster de Avatar: Fuego y ceniza

Good Boy de Ben Leonberg. Destinos inevitables, maldiciones y casas encantadas, todo pasado por el tamiz de la enfermedad (es un terror que navega por la paranoia del enfermo) y un can, fabuloso, que acompaña a su dueño en este periplo terrorífico y de mal rollo. No está mal, pero tampoco redefinirá el género (ni creo que lo pretenda, aunque apueste por una idea muy original). Es casi más triste que de terror… sobre todo si tienes perro. La tenéis en Filmin.

Puñales por la espalda: De entre los muertos (Wake Up Dead Man) de Rian Johnson. Bienvenidos a lo nuevo de Mr. Johnson, tercer episodio de la vida y obra del detective Benoit Blanc. Puñales por la espalda: De entre los muertos, le falta ya poco para superar a la saga de Los Piratas del Caribe, ahonda, aunque en intensidad inferior, sobre el pizpireto whodunit. Esta vez el puzle tarda en formalizarse, si bien las piezas se ponen de forma un pelín atropellada en esa primera fase narrativa / contemplativa donde prestar atención a los detalles es casi crucial. Se produce el hecho y aparece Blanc, un soso Daniel Craig que, esta vez, prevalece menos en intensidad que su ocasional sidekick, el genial Josh O’Connor. La troupe que rodea a estos dos es de escándalo con mayúsculos Josh Brolin, Glenn Close, Thomas Haden Church o Andrew Scott. Unos cuantos altibajos, pero un misterio divertido y repleto de trucos de esos que mola que te vayan desmenuzando y revelando a poquitos. Estéticamente es sobresaliente, pero esas dos horas y media se hacen un pelín extensas, si bien son meridianamente necesarias si quieres contarlo todo al dedillo y sin dejar un detalle olvidado en un cajón (responsabilidad del director / guionista / productor). Johnson es el rey del mambo y hay que darle gracias de que siga explorando el divertido cine de crimen y misterio. Dios mediante, esperemos a la cuarta… carne de Netflix.

Cosecha sangrienta (Clown in a Cornfield) de Eli Craig. No es cine de terror, pero podría pasar por ello. No es cine con asesino sobrenatural, pero crees que lo es hasta más o menos la mitad de la película. Por lo demás, una cómico-venganza-slasher generacional en manos del director de Tucker & Dale vs Evil y Little Evil. Lo malo es que es floja, funciona de inicio mejor de como acaba funcionando, y la trama y el ritmo se desinflan como un globo pinchado. Lo bueno, el despiporre gore, donde Eli Craig no se corta, ni falta que hace. Anda por ahí Kevin Durand, el rostro más conocido…

Strangers: Capítulo 2 (The Strangers: Chapter 2) de Renny Harlin. Vaya con el señor Harlin. Tras la muy floja Strangers: Capítulo 1, llega esta segunda parte del innecesario reboot y seguimos cuesta abajo y sin frenos (alguien lo dudaba). Ni pies ni cabeza, un simple porque sí. Cuenta con una escena de un jabalí que madre del amor hermoso, se le ocurrió al guionista y nada mejor que meterla. La búsqueda de trasfondo para los asesinos es digno de hacérselo mirar y ese final… ya no sabían que más contar. En fin, otro survival horror de medio pelo que sigue explotando una saga que podríamos ya considerar infinita (mente innecesaria). Podéis sufrirla en Prime Video.

Uno de los carteles de Puñales por la espalda: De entre los muertosUno de los carteles de Puñales por la espalda: De entre los muertos

Tras el repaso a lo poco del 2025 que he podido ver este mes, un recuerdo a otros films de años pretéritos, cercanos y lejanos, que vale la pena recomendar o advertir para que no veáis.

Los sudarios (The Shrouds) de David Cronenberg. El duelo por tus seres queridos llevado al lado más morboso, pútrido y extremo (conspiraciones varias incluidas…), vaya con la mente de Cronenberg. Vincent Cassel transmuta en el propio Cronenberg y Los sudarios podría ser interpretada como un reflejo del mal momento del director canadiense tras el fallecimiento de su segunda esposa (Carolyn Zeifman). De paso recupera las bases de Crash y la reciente Crímenes del futuro, donde los cuerpos mutilados son una extensión de la nueva carne de antaño. Es peculiar y un pelín tediosa, más dejándote en tierra de nadie con ese sorpresivo final. También la tenéis en Filmin.

Madame Web de S.J. Clarkson. Y el horror se hizo cine. Vaya inversión en nadería. Infumable de principio a fin. El periplo de Sony por el universo de Spider-Man es equivalente a caerte en un pozo sin fondo e irte lamentando porque sabes que con cada minuto que pasa el castañazo al llegar abajo de todo va a ser más milenario. Aburrida, pero a lo bestia… ni Venom, ni Morbius, ni Kraven, ni esta Madame Web, Sony no hace una decente. En Netflix la tenéis desde hace no mucho.

Frontera(s) (Frontière (s)) de Xavier Gens. Tenía una deuda con esta obra de Gens y del nuevo extremismo francés. Probablemente el film recoja todas las temáticas asociadas a esta ola sangrienta francesa, aunando en su historia cosas como la violación, el poder de la mujer, lo físico o vinculado al cuerpo y su degradación (la secuencia del horno, lo de desollar peña, el almacén de cuerpos…), la política (aquí con un extremismo nazi azotando a los pobres protagonistas al tiempo que una revuelta atenta por su lado contra el líder del partido de extrema derecha en Francia) y la controversia (al final los protas son gente que en el fondo debería ir a la cárcel… si bien reciben un castigo que hace que te preocupes por ellos). Es bruta, pero en el fondo no tanto como lo son Alta Tensión, El interior, y alguna otra. De alguna forma parece una Matanza de Texas, con su familia de matarifes y despistados turistas, pasada de vueltas. Disfrutad de Frontera(s) en Prime Video.

 

Ya adentrados en un puede que flojete diciembre, echo la vista al potentísimo noviembre. Ha habido mucho estreno en sala grande y se agradece un montón, y un poquito en plataformas. Sea como fuere un mes plagado de tiburones como los de Dangerous Animals, adaptaciones de Richard “King” Bachman como The Running Man o La larga marcha, y cosas únicas como Dracula, Bugonia o Una casa de dinamita. Pasen y vean.

Animales peligrosos (Dangerous Animals) de Sean Byrne. De forma somera el film de Byrne viene a contarnos las tribulaciones y paranoias psychokillers de un capitán de barco. Jai Courtney, mola, es un trasunto del Capitán Quint muy pasado de vueltas que, armado con una cámara de vídeo “a la” El fotógrafo del pánico, se dedica a obtener los mejores planos de los dientes de tiburones que pueblan los mares australianos. Byrne te planta delante a Hassie Harrison, una nueva superviviente que se une con mérito a la lista de mozas Lulu Wilson en Becky, Matilda Lutz en Revenge, Samara Weaving en Ready or Not, o Sharni Vinson en You’re Next. Con un presupuesto ajustado, efecto práctico top y digital pocho, podría encajar en el ozploitation de antaño, no escatimando en gore, alguno más elaborado que otro, y en situaciones suficientemente extremas y bárbaras de o lo doy todo o palmo. Se hace un pelín larga, pero en el fondo… se deja ver con gusto.

The Running Man de Edgar Wright. Curiosamente una de esas adaptaciones fieles a una obra de Stephen King, salvo el final como ya ocurre con La larga marcha, es el film menos personal y de estilo de Edgar Wright. Intoxicados con gusto por la maravilla macarra y totalmente libre protagonizada por Arnold Schwarzenegger, joya de los 80 donde el exceso era sello de calidad, Wright traslada con entusiasmo, pero ausente de estilo, este film donde Glen Powell, actor que quieren que sea pero que no llega a ser, encarna al ya bien conocido y esperado Ben Richards. Debate social, debate moral, el mundo dominado por los medios, la falsedad como marca de la casa… es ideal en los tiempos que corren, pero el excesivo metraje, el anodino devenir de la fuga de Richards, y cierta falta de carisma y ritmo, hacen que The Running Man se quede un poco entre Pinto y Valdemoro. Se deja ver, pero aburre, funciona en ciertos momentos, pero con demasiada paja entre medias. Floja, y claramente sobredimensionada…

Póster de BugoniaPóster de Bugonia

Dracula de Luc Besson. Hoy hemos visto “Drácula: Burundanga” de Besson. Lo que ha parido el mítico director francés es único, una especie de disparate que fusila todo lo fusilable, que tan pronto parece un film de Mortadelo y Filemón, como una historia de amor infinito y tristeza mayúscula. Es capaz de mezclar gárgolas de piedra que vienen a la vida, con cañones, payasos en la Expo de París de 1937, niños calvos perdidos, y un número musical al más puro estilo Bollywood. Destacan Caleb Landry Jones y Christoph Waltz, los únicos conocidos, y toda la parafernalia que rodea el film, cena pantagruélica incluida. A Besson se la trae floja y Drácula duerme de noche. Bravo.

La larga marcha (The Long Walk) de Francis Lawrence. Pues me ha gustado, ya sea por su imparable ritmo y tensión, por el viaje de amistad que se marcan los protagonistas (abrumadores Cooper HoffmanLicorice Pizza – y David JohnsonAlien: Romulus – ) , y por la crudeza de la historia, que pese a quien pese, tiene mérito el empaque que tiene, su sentido del ritmo, y la barbarie que transpira. Creo que el plano final suena como a inacabado, pero no obstante es de lo mejorcito de este año de múltiples adaptaciones de Stephen King o su alter ego Richard Bachman.

Predator: Badlands de Dan Trachtenberg. Tercer giro de Trachtenberg al renovado universo Depredador y … bueno, a lomos de un monigote cuqui y el cambio de papeles. Se ve, entretiene, y no tiene freno, pero también adolece de factor monín que te trastoca lo que has mamado tantos años (la sombra de Disney es alargada), aunque la doble presencia de Elle Fanning (quien no la recuerda de Super 8 o The Neon Demon) haga sentir que funciona todo como un tiro. Tiene momentos potentes, la flora y fauna del planeta, ese reto al que tiene que hacer frente el depredador, el último tercio… pero, a la larga, pierde la esencia del cazador. Prey explotaba lo clásico desde otro punto de vista, Predator: Asesino de Asesinos hacía lo mismo multiplicado por tres, Predator: Badlands invierte papeles y humaniza a la criatura… error. Lo dicho, se deja ver y es entretenida. Y ya.

Un cartel de La larga marchaUn cartel de La larga marcha

Bugonia de Yorgos Lantimos. Que bueno es no leer, no echar la vista atrás, y no saber. Bugonia es mágica, tanto como el aspecto robótico de Emma Stone o el de agonizante despojo de Jesse Plemons. Lanthimos nos hace pulular entre lo salvaje y escalofriante, entre la comedia surreal elevada a la enésima potencia y la violencia emocional y física. Ya de paso se ríe de los pseudocientíficos, los flipados, y otras muchas cosas. Bugonia es un remake de un film coreano de 2003 (Salvar el planeta Tierra), sí, pero el arte, es arte, y Lanthimos no para de pergeñar cosas únicas, diferentes, entrañables, paranoicas y divertidísimas. De lo mejor del año y cumplida esperanza. No leáis, ved.

Together de Michael Shanks. Si en 1989 Brian Yuzna hubiera fusionado Society con los problemas en las relaciones de pareja, su lado manipulador o los complejos de Peter Pan, hubiera fabricado Together. Aquí el debutante Michael Shanks fabrica un producto potente pero decreciente, que transita entre el terror más puro con reminiscencias a los oscuros secretos tras Gueules noires, The Empty Man, Las Ruinas o La Cosa de Carpenter, algunos jump scares de altísimo rango y mejor efecto, y un body horror prometedor, que augura una muy desagradable experiencia pero que, a la larga, no resulta tan grotesco como podría haberse imaginado (o deseado). Probablemente el conjunto apuesta por el decrescendo y se quede un pelín descafeinado, yendo de más a menos, y en el fondo engañando ya que Shanks promete la perplejidad en esos dos primeros tercios de película… pero acaba echando el freno de mano. Dave Franco bien, Alison Brie regulera, Damon Herriman me pone nervioso.

Una casa llena de dinamita (A House of Dynamite) de Kathryn Bigelow. Nunca 19 minutos dieron para tanto. La Bigelow sigue inmersa en una cinematografía arriesgada, laboriosa y que no se corta a la hora de mostrar las impurezas del primer mundo en el que vivimos. Ahora que Trump reclama volver a hacer pruebas nucleares porque otros las hacen sin permiso, esta película viene a enseñarnos que el botón rojo que tanta guasa hace en otros films es probablemente la tecnología más peligrosa que ha parido madre. El título es una maravilla, y la lluvia de responsabilidades que traslucen entre el elenco de personajes te deja con la boca del estómago totalmente cerrada… jode pensar que si esto ocurriera de verdad nos íbamos todos a tomar por culo en cuestión de minutos, y sin comerlo ni beberlo. Tenéis Una casa llena de dinamita en Netflix.

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