Una semana después de verla y disfrutarla hay que comentar que con el estreno de Dune de Denis Villeneuve se ha dado un paso que durante mucho tiempo nadie se atrevió, o se le permitió, dar: realizar una nueva adaptación de la seminal obra de Frank Herbert tras la archifamosa, vapuleada, e icónica versión de David Lynch… calzón verde / torso desnudo de Sting incluido.

Paul Atreides, preparado para practicar con el escudo personal
Paul Atreides, preparado para practicar con el escudo personal

Venga, obviemos innecesarias comparaciones y situémonos de lleno en este 2021 (pretendido 2020). Este es el nuevo Dune, sin dudarlo, la propuesta cinematográfica más arriesgada, con permiso de La llegada (Arrival), de la gloriosa y superlativa carrera del canadiense Villeneuve, y no me quedo corto si somos conscientes que el guión escrito a seis manos por Jon Spaihts (Prometheus), Eric Roth (El curioso caso de Benjamin Button) y el ínclito director, cuenta esta vez parcamente la mitad de la historia prometida. Ahí es nada, nos adentramos en el traidor e inmenso universo de Dune a medio gas (en cuanto a historia claro), pero con un resultado superior y a la altura de quien lleva el mando. El riesgo está servido y, pese a todo lo que pueda pasar, bien merece la pena disfrutarlo.

La gargantuesca propuesta de Villeneuve es en su mayor prioridad una abrumadora sorpresa visual, una fuerza de espectáculo donde uno no tiene mayor opción que quedarse boquiabierto ante la grandiosidad de Arrakis, disfrutando durante unas nada largas dos horas y media de un viaje donde las sensaciones juegan un papel fundamental para acabar siendo, el espectador, parte de esta nueva aventura. Dune es un producto inmersivo, saca provecho de las actuales excelencias técnicas para enriquecerse del rico y sofisticado material original del autor literario, acomodando su narración (mesiánica, profética y manipuladora), a un mundo de grandeza donde todo es basto… se mire por donde se mire. Por ahí tenemos los omnipresentes sueños de Paul Atreides (encarnado por ese muy escuchimizado y ultra pálido Timothée Chalamet, pero que mola), sueños que además de presentarle a su futura compañera Chani (Zendaya también mola), le hacen entrever el destino que le espera como elegido de un pueblo dominado… los Fremen. Las sensaciones son contradictorias, está el malestar de las Bene Gesserit, comandadas por una para nada extravagante Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam (Charlotte Rampling), y los constantes intentos del Duque Leto (Oscar Isaac) por ver en su hijo el heredero de su sello de lacre y del legado de la familia Atreides, pese a la artificialidad manipulada de la gestación de su heredero. En medio del fregado una muy sobresaliente Rebecca Ferguson, nueva y decisiva Lady Jessica, o el propio barón Vladimir Harkonnen, un Stellan Skarsgård que viene para mutar en coronel Kurtz pero adornado como si de un zeppelín humano se tratara.

De visita por Dune con Lady Jessica, Chani, Stilgar y Paul
De visita por Dune con Lady Jessica, Chani, Stilgar y Paul

Y hay más: los rituales Sardaukar, la bestia Rabban (Dave Bautista), el uso de la Voz, Gurney Hallek (Josh Brolin), Duncan Idaho (Jason Momoa), los gusanos… etc., etc., etc. Todo cabe en esta primera parte que pese a su inmensidad se nota tocada, cortada por momentos, con secuencias extrañas y ciertamente inconexas como por ejemplo la presentación de Stilgar (Javier Bardem), o la prueba con la Reverenda Madre (algo no encaja…). El film en si no sufre, pero la narración hay momentos que resulta abrupta. Pero bueno, Villeneuve te sigue ganando con su trabajo, con la dimensión de su Dune y con una banda sonora obra de Hans Zimmer donde hay espacio para lo tribal, la ciencia ficción y sus habituales habilidades. En definitiva, Dune es de ver una vez, dos, si cabe tres… y desear que llegue el ansiado resto.

Cartel de Dune, de Denis Villeneuve
Cartel de Dune, de Denis Villeneuve

 

El director mexicano Guillermo del Toro regresa a la gran pantalla tras un largo descanso, La forma del agua (The Shape of Water) es de 2017, y comparte el primer avance de Nightmare Alley, remake del clásico de 1947 protagonizado por Tyrone Power, El callejón de las almas perdidas.

Estamos ante una de cine negro de la mano de Del Toro y, todo sea dicho, apunta muy alto como era de esperar. En Nightmare Alley un ambicioso feriante (Bradley Cooper), con talento para manipular a la gente con pocas y bien elegidas palabras, se junta con una psiquiatra (Cate Blanchett) aún más peligrosa que él… El reparto es muy potente, además de Cooper y Blanchett, por ahí andan Toni Collette, Willem Dafoe, Richard Jenkins, Rooney Mara, o el obligado Ron Perlman. Llegará en diciembre, el mes que estrenarán todo este año… menuda locura.


Primer cartel de Nigthmare Alley

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Cine, GdT .
 

Si bien tengo en la recámara lo nuevo de Marvel Studios me apetece hablar, mucho, de Maligno (Malignant), la nueva incursión en el terror más inesperado del maestro James Wan, y de la que no puedo más que decir que… delicia estrambótica, pizpireta, perversa, revolucionaria y, sobre todo, paranoica e inclasificable. Así la coloqué como una de las esperadas de este 2021. Ojo, Maligno es una película para ver, no para hablar y destripar los secretos que oculta, ya que debe conocerse en la sala de cine donde sea exhibida de la manera más inocente posible (no ha habido pases de prensa y, por encima, la campaña de marketing que la rodea invita a guardar silencio). De esta forma uno la podrá disfrutar y sacarle todo el potencial que en ella se oculta.

Rojo neón para decorar uno de los crímenes que se ven en Maligno
Rojo neón para decorar uno de los crímenes que se ven en Maligno

Dicho esto, el juego que el señor Wan ha hecho con Maligno es muy pero que muy turbador. Tras varios años paladeando sagas de esas que amasan pasta ya por pura inercia, Fast & Furious 7 y Aquaman, y adentrarse a sobreexplotar el universo The Conjuring que con delicadeza ha construido – si bien su última aportación como director ha sido Expediente Warren: El caso Enfield (The Conjuring 2), como productor Wan está siempre ahí dando a conocer a sus criaturas (La monja, La llorona o Annabelle) -, la película esta parece nacida hace tres lustros, en un momento en el que un novato Wan nos ofrecía sorpresas con giros y engaños inconcebibles bajo títulos como Saw o Silencio desde el mal (Dead Silence). Es Maligno un regreso a este tipo de cine, uno que no necesita florituras, y que basa la sencillez de su historia en lo puramente disparatado de la misma.

Maligno nos presenta a Madison (Annabelle Wallis), una mujer torturada primero por su violento marido maltratador, segundo por su tercer intento de embarazo (dos abortos previos la tienen totalmente machacada), y tercero por las repentinas visiones de aparentes violentos crímenes perpetrados por un enigmático asesino. Cuando estas visiones se tornan en realidad, el pasado de Madison reaparece y… aquí es cuando se te queda el culo torcido y no puedes más que rendirte ante este divertido y terrorífico esperpento gestado por un James Wan con mayúsculas, Ingrid Bisu y Akela Cooper (la guionista).

Annabelle Wallis, cara de susto así todo el rato... una jefa
Annabelle Wallis, cara de susto así todo el rato… una jefa

Maligno innova, no cabe duda, pero también se apoya en rocambolescas propuestas destacadas de fuentes tan dispares como por ejemplo el argumento de Los ojos de Laura Mars (Eyes of Laura Mars), en los crueles acontecimientos acontecidos en House on Haunted Hill, o incluso en la interminable locura asesina de Terminator. Sí, hay espacio para todo, y también para que a cada minuto un nuevo camino se abra y que toda la expectativa previa se disipe en pos de un nuevo delirante final. Maligno bebe también del mejor giallo, no sólo por su enigmática fotografía con tonos recargados y vibrantes que recuerdan al mismísimo Luciano Tovoli, si no por el despiporre sangriento a manos de un asesino "enmascarado" y armado con un arma única y característica. Maligno nos imbuye también alma ochentera con una potente banda sonora de Joseph Bishara y que hace que todo el impacto sea mayor si cabe. Maligno es también diferente, se aleja de precuelas, secuelas y remakes, tratando de ofrecer algo nuevo que, por estrambótico que parezca, resulta en realidad maquiavélico, desenfadado y disparatado.

Ah, ni que decir tiene… escena en una celda. La brutalidad llevada al mayor de los extremos. Lo dicho Maligno es un film del 2021 que sin embargo abarca un espectro inmenso dentro del terror pretérito y contemporáneo. De esas que o te enamoran o te desagradan. Fantástica.

Un precioso cartel de Maligno de James Wan
Un precioso cartel de Maligno de James Wan

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Le tenía muchas ganas a Candyman de Nia DaCosta, y reconozco que no me esperaba una secuela directa tan certera, apropiada, innovadora y terrorífica, del clásico cinematográfico gestado por Bernard Rose y protagonizado por la perfecta Virginia Madsen y, sobre todo, el aterrador Tony Todd. El peso esta vez cae en manos de Yahya Abdul-Mateen II, encarnando a un artista que vive en el ya famoso barrio de Cabrini, mutado este en lujosa zona de rascacielos y viviendas no al alcance de la clase obrera.

Yahya Abdul-Mateen II es perfecto para sufrir en sus carnes el misterio Candyman
Yahya Abdul-Mateen II es perfecto para sufrir en sus carnes el misterio Candyman

Este Candyman se separa de la versión original yendo por otros derroteros que pese a lo arriesgado funcionan, y vaya que si funcionan. Queda claro desde ya que el enfoque Jordan Peele es omnipresente en SU cine, y, siendo esta una de sus producciones, Nia DaCosta comulga con la siempre interesante causa pariendo una clara extensión más dentro del cine de su benefactor que de la propia identidad del ser nacido en el ghetto. Candyman por lo tanto es muy fiel a su pasado, explorando el porqué de este enigmático ser que, en forma de Daniel Robitaille, comenzó a desollar a todo aquel que se atreviera a citar su nombre cinco veces frente a un espejo. Pero con el pecho hinchado va un paso más allá y moldea con violenta crudeza esta historia de marginación social, supremacía, opresión y, directamente, odio. Vamos, llega con recordar Déjame salir y Nosotros para comprender el aporte que Peele le ha dado al relato de Clive Barker. Un aporte que viste esta secuela para que deslumbre.

Las elaboradas secuencias de Candyman, obra de Nia DaCosta
Las elaboradas secuencias de Candyman, obra de Nia DaCosta

Además de lo anteriormente comentado, Nia DaCosta, su directora, se encumbra como una artífice sobresaliente, capaz de concebir secuencias potentes con un muy preciso trabajo de cámara y unos ingeniosos y sutiles planos donde el espejo, arma necesaria en el universo Candyman, adopta un protagonismo decisivo. Valga nombrar la secuencia inicial, brutal homenaje a la rodada por el maestro Bernard Rose pero, innovando, de manera invertida. Igualmente, notables las secuencias en modo teatro de sombras chinas, y todos los momentos gore, que los hay. Sí, podrían ser más explícitos estos instantes de horror no contenido, pero no obstante dado el cine de hoy en día es encomiable el esfuerzo realizado. Para rematar destacar el papel de Yahya Abdul-Mateen II, creciente estrella que aquí sufre en carnes, y nunca mejor dicho, un mal que va más allá de lo que hasta ahora pensábamos.

Y más secuencias gloriosas, no exentas de sangre pero pasadas por el filtro del plano inconcebible
Y más secuencias gloriosas, no exentas de sangre, pero pasadas por el filtro del plano inconcebible

Para rematar comentar que el responsable de la banda sonora, Robert Aiki Aubrey Lowe, recupera y altera algunos de los extractos de la magistral pieza musical compuesta Phillip Glass para el ya clásico de los años 90. En fin, Candyman debe ser vista y disfrutada, entendida en cuanto a lo que pretende contar aprovechando un relato de terror y leyendas urbanas para contar mucho más en tiempos turbios socialmente hablando.

Precioso cartel de Candyman
Precioso cartel de Candyman

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No lo voy a negar, conocí a Shinichi "Sonny" Chiba como muchos otros, en esa ya mítica escena de flechazo y amor platónico en una sala de cine de la fabulosa Amor a quemarropa (True Romance) de Tony Scott.

Sonny Chiba como Takuma Tsurigo en The street fighter
Sonny Chiba como Takuma Tsurigo en The street fighter

Fue Clarence Worley (Christian Slater) quien, como a Alabama (Patricia Arquette), me puso gracias a un guión de Quentin Tarantino sobre la pista de este actor de origen japonés e icono del cine de artes marciales de los años 70 merced a violentos títulos (clasificados X) como The street fighter (Gekitotsu! Satsujin ken), Returns of the Street Fighter (Satsujin ken 2), titulada en estas tierras como Duelo en karate, y La venganza de Street fighter (Gyakushû! Satsujin ken)… todas ellas de Shigehiro Ozawa. Con más de 200 papeles a sus espaldas, Chiba vivió siempre a la sombra de otros iconos de su época y años posteriores, lo que no evitó que despuntara con papeles potentes como los de mercenario Takuma Tsurugi o el del asesino Golgo 13 en la adaptación setentera del famoso manga de Takao Saito, y que fuera actor fetiche de Kinji Fukasaku, director de por ejemplo de la maravillosa y brutal Battle Royale, en Kang samurai (Yagyû ichizoku no inbô), Los invasores del espacio (Uchu kara no messeji), Exterminio (Fukkatsu no hi) o Battle Royale 2: Réquiem (Batoru rowaiaru II: Chinkonka). Seguramente uno pueda buscar y buscar cine de Chiba desde su debut en 1961 con Invasion of the Neptune Men (Uchû Kaisokusen) hasta no hace mucho… 2018 más o menos.

Sonny Chiba como Hattori Hanzō en Kill Bill
Sonny Chiba como Hattori Hanzō en Kill Bill

Chiba incluso recorrió Hollywood con curiosa predilección por al serie B rozando la Z. Águila de acero III (Aces: Iron Eagle III), Immortal Combat junto a Roddy Pipper y Meg Foster, o Codename: Silencer junto a Robert Davi, Steven Bauer y Brigitte Nielsen. Fue Tarantino sin embargo el que tras recordarlo en su guión de 1993 lo fichó para un papel en la obra maestra Kill Bill… el del fabricante de katanas milenarias Hattori Hanzō. Hasta fue el gran villano de uno de los episodios de las saga Fast & Furious… la no cuento con nadie del reparto original A todo gas: Tokyo Race (The Fast and the Furious: Tokyo Drift).

En fin, a sus 82 años complicaciones con el COVID-19 son los que lo han traído de nuevo al recuerdo.

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Al fin, ya iba siendo hora. Tras citarla como posible en 2019, esperarla con muchas ganas en 2020 y de nuevo marcarla como favorita para este 2021, ha llegado el primer trailer de Prisioners Of The Ghostland, la nueva epopeya grotesca y única de Sion Sono, con el inclasificable Nicolas Cage como protagonista absoluto. Sono es conocido por sus rarezas, míticas muchas de ellas, como la impagable y aplaudida oda al cine y a los desfases ¿Por qué no jugamos en el infierno? (Jigoku de naze warui?), la multipremiada y ultramítica (además de más larga que el carallo) Love exposure (Ai no mukidashi) o la reciente Antiporno (Anchiporuno).

Protagonizada por el mentado Cage, la bailonga Sofia Boutella (Climax), el ultramítico Bill Moseley (Los renegados del diablo), Nick Cassavetes (Cara a Cara) y Tak Sakaaguchi (Versus), a finales de septiembre se estrenará en USA esta, definida por otros, perfecta y absoluta experiencia gonzo. Prisioners Of The Ghostland nos trasladará a la traicionera ciudad fronteriza de Samurai Town, donde un despiadado ladrón de bancos (Cage) es sacado de la cárcel por un acaudalado señor de la guerra, El Gobernador (Mosley), cuya nieta adoptiva (Boutella) se ha escapado. Atrapado en un traje de cuero que se autodestruirá en cinco días si no encuentra a la chica desaparecida, nuestro bandido favorito emprende un viaje para encontrar a la joven, y su propio camino hacia la redención.

Nicolas Cage en Prisioners of the Ghostland
Nicolas Cage en Prisioners of the Ghostland

En fin, ¿queremos verla? o ¿queremos verla?

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Este fin de semana ha llegado a salas la última de James Gunn, director de humor grueso y sin concesiones cuya filmografía, más allá de la molona Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy), debería ser estudiada por obras cuasimaestras dentro del gore como es La plaga (Slither), del cine de superhéroes de medio pelo y mentalmente perturbados como es Super, y de los cortos pseudo-porno como son la batería completa de "PG-Porn"… joyas. En fin, este singular director desembarca ahora en el mundo comiquero de DC, merced a unas pasajeras diferencias con Marvel Studios en cierta Comic-Con de San Diego, con El escuadrón suicida (The Suicide Squad), secuela diametralmente opuesta al fiasco parido por David Ayer en 2016.

Mr. Polka-Dot Man, Peacemaker, Bloodsport y Ratcatcher 2
Polka-Dot Man, Peacemaker, Bloodsport y Ratcatcher 2

Gunn no presenta la versión no seria, como debe ser, de este grupo de despojos dentro del interminable universo de villanos de DC Comics. Donde otros no supieron qué hacer, Gunn se afianza como cabeza visible dentro del carro de lo irreverente, lo extremo y excesivo, pergeñando una divertida aventura suicida protagonizada por personajes pirados, de chiste, o lamentables, pero a la vez entrañables y merecedores de un cálido abrazo. El escuadrón suicida en si es una película divertida, que merece ser disfrutada de principio a fin, pero que a la vez nos golpea con inevitables momentos de tedio mayúsculo. Ojo, esto no es nuevo, la secuela de Guardianes de la Galaxia sufrió de este mismo mal… metraje extendido en exceso y un guión no maduro. Por lo tanto, podríamos hacer una analogía sencilla y fácil de entender, estamos ante una película modo pizza con anchoas (siempre y cuando no te gusten las anchoas como a mi). Disfrutarás seguramente la mitad de las porciones, a las otras les meterás mano para quitar la anchoa de rigor e igual alguna de ellas directamente la desecharás por incomible. Esto mismo es lo que ocurre con El escuadrón suicida. Desde luego no es bueno, pero tampoco es para rasgarse las vestiduras ni nada por el estilo, al final todo funciona como un reloj.

Uno de los muchos momentos espectáculo del film... menuda panda
Uno de los muchos momentos espectáculo del film… menuda panda

La verdad es que uno no puede más que levantarse a aplaudir en varias de las secuencias que Gunn ha fraguado él solito. Su guión es una montaña rusa en todos los sentidos y el espectador disfruta como hacía tiempo que no se hacía de gloriosas momentos plagados de humor negro, violencia desmedida, generoso gore y estrambóticos decesos. Es por ello que uno no puede más que otorgar notas a arranque de 10, cierta secuencia body count donde intervienen Bloodsport (Idris Elba) y Peacemaker (John Cena) de 11, otra protagonizada por una superlativa y descontrolada Harley Quinn (Margot Robbie) de 12, y todos los instantes en los que salen Polka-Dot Man (David Dastmalchian) y King Shark, todos de 13 (lo de Polka-Dot Man es brutal todo)… en serio, son segmentos espectáculo paridos en su totalidad por la privilegiada mente del señor Gunn. Estas son las porciones de pizza que se disfrutan, pero todo sea dicho, que nos encontramos en medio de momentos más normales o incluso insulsos y poco relevantes. Como colofón ese gran villano: Starro es amor puro hacia los villanos más bizarros de DC, digno de la locura de Mr. Mxyzptlk, y versionado con amor por "Rick y Morty" en el episodio "Promortyus" de su cuarta temporada.

Ahí al fondo, el gran villano Starro... mejor verlo en toda su magnitud en cines
Ahí al fondo, el gran villano Starro… mejor verlo en toda su magnitud en cines

En definitiva, sea como fuere El escuadrón suicida quedará ahí, como una nueva vuelta de tuerca al cine blockbuster de superhéroes gamberro, compartiendo trono con Deadpool y su secuela. Tiene momentos gloriosos, y aunque otros son olvidables, el conjunto funciona y divierte. Más que suficiente.

Póster de El escuadrón suicida
Póster de El escuadrón suicida

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Esta semana ha llegado a Amazon Prime / Prime Video una de las más molonas películas de este 2021… o del pasado 2020 más bien (de hecho, se filtró por la red allá por noviembre del año pasado). Se estrena por lo tanto Boss Level de Joe Carnahan, película genial del director de esa joya de survival horror que es Infierno blanco (The Grey), Narc o la estrambótica Giro inesperado (Stretch).

Titulada en nuestras tierras absurda e innecesariamente como Muere otra vez, Boss Level nos propone un ya clásico entre los clásicos… vivir en un bucle infinito, padeciendo siempre el mismo día y sin opciones aparentes de cambio. Por lo tanto, el espectador dirá que lo que nos cuenta Carnahan, y los coguionistas Chris & Eddie Borey, ya lo hemos visto, y no se engaña. El film tiene evidentes reflejos del germen de esta serie de películas, la obra maestra Atrapado en el tiempo (Groundhog Day), y de las hijas bastardas que tomando su original idea explotaron este ya casi nuevo subgénero: la genial Al filo del mañana (Edge of Tomorrow), las divertidas Feliz día de tu muerte (Happy Death Day) y su secuela, o la no menos intrigante Código fuente (Source Code).

Es sin embargo Boss Level un nuevo giro de tuerca, uno que nos lleva a un momento avanzado dentro del bucle, uno donde está todo el pescado vendido y nuestro "héroe" se enfrenta a las repeticiones con conocimiento. Por lo tanto, no hay sorpresa, no hay fase de "entrenamiento"… Roy Pulver, muy divertido Frank Grillo en el papel protagonista, es un soldado de las fuerzas especiales abocado a morir una y otra vez… pero siempre a manos de peña que lo único que quiere es matarlo violentamente, asesinos profesionales. Como si de un videojuego Pulver tratará de evitar los ataques de personajes tan variopintos como Mr. Good Morning, los Gemelos Germanos, Gunner, Kaboom o Loudmouth. Como todo buen videojuego todos ellos tienen una característica, o modus operandi, cuando asesinan a Pulver. Y así habrá que ir superando cada fase con idea de llegar al gran boss final, el mismísimo Mel Gibson como el coronel Clive Ventor. Junto a estos Naomi Watts, Annabelle Wallis o Michelle Yeoh, particularmente molona esta como instructora de manejo de katana de Pulver, vamos como cuando Bill Murray aprende piano, pero con una espada samurái.

Carnahan se lo pasa teta poniendo a Grillo, actor de acción de los de la vieja escuela, al frente de frenéticas escenas de acción, vertiginosa violencia y un body count sin límites, aunque sea en bucle. La película no tiene grandes pretensiones y ahí es donde acierta Carnahan sin dudarlo. Acción, familia, violencia, amor y muertes por doquier durante hora y media… así a lo bestia. Funciona, sin dudarlo, y por ello es una de las joyitas recomendadas para este año.

Cartel de Boss Level
Cartel de Boss Level

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De cuando en cuando uno no puede más que agradecer a M. Night Shyamalan un poco de frescura en el cine. El director responsable de joyas del género del "te dejo el culo torcido" como El sexto sentido (The Sixth Sense), El protegido (Unbreakable) o El bosque (The Village), se lanza e cabeza con una adaptación comiquera, y no con una idea propia salida de su intrincada mente.

Esta vez llega a la gran pantalla Tiempo, título menos tétrico que Old (el usado en los mercados internacionales y original), adaptación del magnífico cómic "Castillo de Arena" de Frederick Peeters y Pierre-Oscar Lévy, y editado en España por Astiberri. Shyamalan se muestra respetuoso con la obra de Peeters y Lèvy, pero al tiempo no duda en aportar su personal marca de la casa. Ese detalle, este granito de arena tan acertado para completar el castillo del título original, cuaja perfectamente y da forma a una obra que si bien ha sido trasladada con rectitud y respecto mayúsculo, si fuera totalmente fiel no terminaría de funcionar en el medio cinematográfico, o al menos no para el gran público al que va dirigido.

Shyamalan aborda la producción de Tiempo de forma clásica y mínima, puede que forzada por el momento del rodaje (en plena pandemia), donde predomina su personal mano, una plaga de primeros planos desenfocados, o transiciones que van y vienen para dar significado y sentido a la cambiante situación. Todo funciona. Tiempo es una adaptación complicada, pero Shyamalan hace suyo el film y no desentona en su habitual cinematografía. En Tiempo nos vamos a un caribeño resort donde coinciden familias de diversa condición. Tres de estas familias son invitadas a pasar una jornada de relax en una apartada playa donde los segundos se convierten en horas, y las horas en años. No hay escapatoria. Vamos, que el clásico pensamiento de irte a un lugar apartado donde el tiempo no pase y parezca que este se ha quedado congelado, es triturado por completo y convertido en horror. Las reglas cambian y así lo padecen los protagonistas. Lo idílico de la situación se convierte en agonía humana, angustia, momentos de terror, ansias por ser rescatados del incipiente e ineludible desenlace al que nos enfrentamos viendo el film. No hay freno, cada minuto pasa algo, en cada cambio de plano la tensión crece, todo cambia. El grupo de protagonistas sufre, el espectador también pero pegado a su butaca. Shyamalan va poco a poco ahondando en el misterio, tirando del hilo de la madeja que ha creado, se profundiza en el terror que subyace en el hecho del paso acelerado del tiempo. Todo es perfecto hasta… la llegada de una extensión del final torpe cosa fina. Ahí es donde Shyamalan se equivoca por completo, y donde su magia tropieza. Las cosas hay que dejarlas pasar, cerrarlas cuando ya estamos todos con la congoja a cuestas. Pero no, esta vez la decisión nos enfrenta a una sobre explicación y una exposición aparatosa y tristemente ridícula del por qué y el cómo.

Shyamalan se apoya en un reparto exento de grandes estrellas, pero plagado de rostros conocidos como los de Gael García Bernal, Vicky Krieps (gloriosa en la abrumadora El hilo invisible), Rufus Sewell (protagonista de la mítica Dark City), Alex Wolff (sufridor número uno del terror elevado Hereditary), Thomasin KcKenzie, Abbey Lee (una de las reinas de The Neon Demon) o Ken Leung (de los míticos de "Perdidos"). Uno a uno tiene su momento, sufren, aportan matices, proponen y ven pasar el tiempo. Lo malo, nadie te llega a importar del todo, pero lo mismo ocurre con la obra de Peeters y Lèvy, el foco está puesto en la desesperación, el ansia de vivir, en el inevitable paso del tiempo.

En definitiva, Tiempo está bien. No es el mejor Shyamalan, pero es entretenida, perversa y desesperante. Cruel, terrorífica por momentos y de las que te mantienen pegado hasta su verdadero final. Luego unos minutos de innecesario te voy a explicar el cómo que, aunque un tropiezo, no logran dinamitar una película muy notable.

Cartel de Tiempo, Old en original
Cartel de Tiempo, Old en original

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Pues sí… casi tres minutes y medio de trailer final de Dune. Puro espectáculo. Con cerca de 10 meses de retraso tras su previsto estreno en plena pandemia (ahora dicen que a partir del 17 de septiembre), llegará a los cines la nueva adaptación de la seminal obra de Frank Herbert. El trailer es francamente extenso, la nueva moda, y en él se muestra de todo y por ello mejor verlo con cuidado. Están todos, Timothée Chalamet como Paul Atreides, Rebecca Ferguson como Lady Jessica, Zendaya como Chani, Jason Momoa como Duncan Idaho, Josh Brolin como Gurney Halleck, Dave Bautista como ‘La Bestia’ Rabban, Oscar Isaac como el Duque Leto Atreides, plano Javier Bardem como Stilgar Davidm, Stellan Skarsgård como el Barón Vladimir Harkonnen o Sharon Duncan-Brewster como Liet Kynes. Y más.

La verdad es que este Dune de Villeneuve apunta a visualmente una tormenta, un despiporre visual de otro nivel. En esta era veremos si logramos ver la merecida segunda parte… porque esta no terminará la historia (o al menos eso pensamos todos). Guión adaptado por Jon Spaihts (Prometheus o Doctor Strange), Eric Roth (Forrest Gump, El dilema o Munich) y el propio Villeneuve.

Timothée Chalamet como Paul Atreides y Rebecca Ferguson como Lady Jessica en Arrakis
Timothée Chalamet como Paul Atreides y Rebecca Ferguson como Lady Jessica en Arrakis

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