Opinión


Vale, sé que llego tarde y que ahora debería estar hablando de Doctor Strange en el multiverso de la locura… pero no, admito que voy con forzado retraso y hoy me dedico a escribir sobre X de Ti West, la última gran propuesta del cine de terror y, por lo pronto, la primera joya de género de este 2022 (esperada eso si).

Mia Goth, rutilante estrella en X... aquí encarnando a Maxine
Mia Goth, rutilante estrella en X… aquí encarnando a Maxine

Valga decir que Ti West es un director bastante irregular, responsable de obras referentes dentro del terror moderno como pueden ser La casa del diablo (The House of the Devil) o el found footage The Sacrament, pero también padre de cosas más flojeras como Los huéspedes (The Innkeepers), aunque es de esos pocos que decidió abandonar el género y abrirse a otras propuestas diferentes como el notable western El valle de la venganza (In a Valley of Violence), curiosamente su última incursión en cine antes de dedicarse a peregrinar por el mundo de la televisión con episodios en series como "Wayward Pines", "Tales from the Loop" o "Them". Seis años de sequía después West regresa, y lo hace por la puerta grande, la de mayor tamaño que podáis imaginar, con A24 confiando ciegamente en este su periplo, y no… X no es terror elevado, el gloria bendita.

Brittany Snow como Bobby-Lynne, y Kid Cudi como Jackson, pareja con sofocante química
Brittany Snow como Bobby-Lynne, y Kid Cudi como Jackson, pareja de sofocante química

X es un viaje al pasado, merced a un excelso trabajo de adaptación en su estética, un regreso a aquel cine que poblaba pantallas hace muchos años en las salas de cine más de pueblo a lo largo y ancho de los USA (las sesiones grindhouse) con esa estética caduca pero singular, sin prejuicios, regada con generoso gore, mucha mala baba, bastante humor negro y referencias a iconos cinematográficos de aquellos días (el lago de Viernes 13 de Sean S. Cunningham, la mansión de La matanza de Texas de Tobe Hopper, o hasta un guiño a La noche de Halloween de John Carpenter al hacer uso de "Don’t Fear the Reaper" de Blue Öyster Cult). X es una de horror redneck con un equipo de rodaje de cine porno setentero haciendo frente a un matrimonio de ancianos en medio de la nada. Una casa, su granero, un lago cercano… suficiente para construir una historia malsana, por momentos muy enfermiza, pero donde West logra algo sumamente complicado, hacer que el corto reparto que riega su mejor film hasta la fecha sea sencillamente maravilloso, lo que hace que disfrutes si cabe más con cada minuto de metraje.

La espalda de Mia Goth en X... y en ese referencia lago
La espalda de Mia Goth en X… y en ese referencia lago

La historia de X transcurre en un breve plazo de 24 horas. Un día con su noche: un día donde se rueda una porno setentera; y una noche donde pasa lo que todos sabemos que va a pasar… asesinatos. West hace algo muy inteligente y nos adelanta el desenlace final, ocultando eso sí quiénes se encuentras debajo de las sábanas que han posado los marshall de rigor sobre los cadáveres. Tampoco hay mucho secreto en la autoría de los crímenes, tenemos por un lado al personal de la futura peli porno con director, actor principal, un par de actrices, el cámara (Owen Campbell) y la técnica de sonido (Jenna Ortega), y por el otro a un matrimonio de ancianos. Ojito a la jugada maestra de West, otra más, la magnífica Mia Goth es Maxine, actriz no de método, adicta a las drogas y musa de Wayne (Martin Henderson), pero al tiempo es Pearl, la anciana esposa de Howard (Stephen Ure)… y que junto a su marido y el efecto causado por los telepredicadores tienen un particular sentimiento hacia los desviados, pervertidos, y demás cochambre surgida en esas décadas de inicios de gustosa depravación en formato vídeo.

No hace falta mucho para saber que de estos más de uno acabará como el rosario de la aurora
No hace falta mucho para saber que de estos más de uno acabará como el rosario de la aurora

Lo mejor que tiene X es además que Ti West no se oculta, no promete y luego no muestra. A cada minuto sabes qué va a pasar, cuando West posa su cámara sobre ese clavo en esa tabla de granero sabes qué te espera. Por lo tanto, hay sustos muy buen elaborados, pero a la vez no hay secretos, y el body count cae por su propio peso adornando una de terror gore no exenta de comedia y mucho humor negro. X es gloria.

Cartel molón de X
Cartel molón de la igualmente molona X

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¿Cómo reinventas a un héroe eterno y casi omnipresente a lo largo de los últimos 30 años? ¿Como te haces con un hueco por derecho cuando te rodean propuestas paridas por genios a su manera como son Christopher Nolan, Tim Burton o Zack Snyder? Pues sencillo, o no tanto… gestando The Batman, la rutilante nueva magnum opus de un director de clase como Matt Reeves.

Robert Pattinson, protagonista en The Batman
Robert Pattinson, protagonista en The Batman

El ansiado regreso en solitario del cruzado encapuchado a la gran pantalla llevaba ya unos años gestándose. Cerca de siete años desde que Ben Affleck firmó para hacerse cargo del film (director, protagonista y guionista junto a Geoff Johns), al que ya tituló The Batman, y un lustro ni más ni menos desde que él mismo abandonó la silla de director del proyecto al considerarlo imposible de rodar (la presión era mucha y el tiempo poco… amén de otras razones), y dejarlo en manos de Reeves. De aquello que el otrora Bruce Wayne planificó quedan detalles como un mayor enfoque detectivesco, alejado por completo de propuestas previas, y ese aspecto noir clásico que tanto reluce en las mejores historias de Batman. No obstante Reeves, junto a Peter Craig, han creado una historia única que no se esconde al recoger detalles de tiempos pretéritos para acabar siendo única de principio a fin.

Selina Kyle y Batman, tenemos el antes, falta el después
Selina Kyle y Batman, tenemos el antes, falta el después

Es The Batman una obra oscura, violenta y brutal. Catártica en tanto en cuanto recupera la esencia más detectivesca del icónico personaje creado por Bob Kane y Bill Finger, bañada de corrupción en las altas esferas, de obligados mafiosos como los que se ocultan en por ejemplo tras "El largo Halloween" de Jeph Loeb y Tim Sale, y de icónicos villanos reimaginados en una Gotham de perpetua noche, lluvia interminable, seres taciturnos y mucho vicio. Es The Batman perturbadora, escabrosa, espeluznante, y muy pero que muy negativa, acomodada en esa vertiente malsana del serial killer sobre el que profundizaron en la fabulosa Zodiac, y no menos en el terreno de lo espeluznante y grotesco que resultaba ser John Doe en la enfermiza Seven. Si, Matt Reeves sabe muy bien qué aprovechar, y nada mejor que transformar a The Riddler, superlativo "no he roto un plato" Paul Dano, en una disparatada versión extrema de los asesinos comentados anteriormente. Y ojo, que nada tiene que escatimar este del mismísimo Joker de Phoenix o al Bane de Hardy, la anarquía como arma poderosa, el uso de las redes sociales y los medios como nueva voz… The Batman es clásica pero al tiempo moderna.

Paul Dano como The Riddler, perturbador y perturbado
Paul Dano como The Riddler, perturbador y perturbado

Pero The Batman es más. Ronda de lleno el terror más referencial con ese inagotable batmóvil que, como salido del infierno, muta en una especie de Plymouth Fury de 1958 (oda a John Carpenter), y que sin pararse ante nada protagoniza una de las persecuciones más cercanas al infarto que se hayan visto en mucho tiempo. Es también truculenta, en tanto en cuanto su gran villano parece haberse formado con los juegos que conocimos en esos inicios de la saga Saw. Es The Batman devota de los cómics que adapta, y donde cómo ellos ofrece un relato en forma de voz en off que recuerda a todas esa viñetas donde el señor de la noche bombardeaba con sus pensamientos al ávido lector que se encontraba al otro lado. También es una propuesta arriesgada donde surge el lado más podrido y oscuro de la familia Wayne, y donde Bruce, mola un rato largo ese pedazo de actor que es Robert Pattinson, no duda en apoyarse en ese Jim Gordon (Jeffrey Wright) casi tan omnipresente como él… menuda dupla de detectives están hechos.

Un irreconocible Colin Farrel como Oz... futuro Pingüino
Un irreconocible Colin Farrel como Oz… futuro Pingüino

Y todo sigue asentándose en The Batman. La sensualidad de Zoë Kravitz como la ladrona Selina Kyle, rodeada cómo no de gatos, la presencia de Colin Farrel como el muy cínico Oz, o John Turturro como Carmine Falcone, capo. Falla, eso si, estrepitosamente Andy Serkis como un infumable Alfred, desbocado y nada asentado en lo que el personaje necesita. Decora una superlativa banda sonora creada por Michael Giacchino, a mil millas de piezas previas, pero que no duda en suscitar ese "esto me suena a aquellos otros compositores"…

Gordon y Batman, detectives
Gordon y Batman, detectives

En definitiva, un peliculón que agradece sus tres horas, donde entretiene, te mantiene tenso, te atormenta y te sume en la versión más gótica del personaje desde la visión de Tim Burton, pero que al tiempo propone el enfoque más detectivesco del personaje hasta la fecha. Joya que debe tener una prometedora secuela…

The Batman
The Batman

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A ritmo de Bullet Shields uno se pone a escribir sobre Texas Chainsaw Massacre, el retorno de otra de las sagas slasher terror más longevas… ya quedan menos sin su ansiada vuelta a la palestra. Esta secuela directa del ya archiclásico de Tobe Hopper, y que por lo tanto reescribe el pasado de la misma forma que hicieron David Gordon Green y Danny McBride con la carpenteriana La noche de Halloween (Halloween), es una fresca oda al "hago lo que me da la gana y defino un nuevo punto a seguir que si alguien quiere continuar bienvenido sea". Ya de paso se apuntan al efecto regreso al pasado y nos saluda Sally Hardesty (Olwen Fouéré), la nueva y ajada cara de la única verdadera superviviente (la original actriz Marilyn Burns falleció en 2014).

No saben dónde se meten estos influencers
No saben dónde se meten estos influencers

Está claro que La matanza de Texas, como saga, siempre ha ido un pelín por libre, como otras tantas en el sector horror. Tenemos secuelas variopintas y excesivas (ese combate de motosierras con Dennis Hopper en modo loco vengador o el transleatherface de La nueva generación de 1994), precuelas que se pasaron por el forro el supuesto canon (la del dúo francés Bustillo / Maury), y/o reboots que vinieron a contar lo mismo, pero de otra forma (el raro mejunje formado por los films de 2003 y 2006). Estamos ahora en 2022 y los incombustibles Fede Álvarez y Rodo Sayagues (los responsables de esa maravilla del gore más macabro y al alcance de todos que es la Posesión infernal del 2013), ponen en manos del debutante David Blue Garcia una aventura sin igual. ¿Cuál es el común denominador de esta saga de matarifes y motosierras? Pues el villano Leatherface, ¿cómo haces entonces para hacer una secuela al film del maestro Tobe de 1974? Pues te plantas 46 años después y descubres que el loco Caracuero tuvo una vida de recogimiento tras la matanza aquella del asfixiante calor y la chicharra cojonera.

Influencers convertidos en carne picada, despiporre sin control
Influencers convertidos en carne picada, despiporre sin control

Por otro lado, ¿qué puedes hacer para que la historia tenga otra vez sentido y no cuente de nuevo lo mismo de siempre? Pues llega con dar una vuelta de tuerca bastante jocosa y divertida en la que Leatherface (Mark Burnham, un curioso casi fijo en la filmografía de Quentin Dupieux) se libere de su monacal represión y plante violenta venganza contra un grupo de mamelucos influencers. El chef mediático Dante (Jacob Latimore), su prometida Ruth (Nell Hudson), su socia Melody (Sarah Yarkin) y la hermana de esta, Lila (Elsie Fisher), han comprado el pueblo abandonado de Harlow y plantean montar una especie de comuna influencer. Una mala decisión que provoca el desahucio de la señora Mc provocará un nuevo despertar en Leatherface. Instragramers, Twitteros verificados, TikTokers… todos descansarán en piezas tras la hora y media de película. Espero que salga algún día una versión más R que esta estrenada en Netflix, porque hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en cuanto a escenas gore como con las secuencias de la parte de atrás de la furgoneta del sheriff, o la sesión de liposucción a las bravas del autobús de famosetes.

Un viejo conocido dispuesto a vestir su máscara otra vez
Un viejo conocido dispuesto a vestir su máscara otra vez

¿Merece la pena entonces Texas Chainsaw Massacre? Pues si, entretenida es desde luego, se toma a si misma muy poco en serio sobrepasando los límites de obras previas de la saga, y sirve para ampliar el bodycount de la franquicia con modos dignos de aplauso a la originalidad. Es simpática y la corta hora y media que dura bien lo merece. Ojo, hay que quedarse hasta el final de los créditos.

Cartel de Texas Chainsaw Massacre
Cartel de Texas Chainsaw Massacre

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Hacía tiempo que Guillermo del Toro no se prodigaba tras las cámaras en una sala de cine. Desde 2017 con la premiada La forma del agua (Shape of Water), del Toro ha dedicado su tiempo a la producción de films como la olvidable Pacific Rim: Insurrección, la muy correcta Historias de miedo para contar en la oscuridad, esa nueva versión de Las brujas de Roald Dahl o la vapuleada largo tiempo Antlers: Criatura oscura. Al tiempo, su foco ha estado puesto en la animación con episodios en sus creaciones "Trollhunters" y "Los 3 de abajo: Cuentos de Arcadia", o la esperada obra stop motion Pinocchio… pronto la podremos ver.

Pero durante estos años de cambios personales, el director mexicano también ha puesto sus ojos sobre la obra literaria "Nightmare Alley" de William Lindsay Gresham, y la primera adaptación de esta, El callejón de las almas perdidas de Edmund Goulding con Tyrone Power como protagonista.

La doctora Lilith Ritter (Cate Blanchett) vs. el Stanton Carlisle (Bradley Cooper)
La doctora Lilith Ritter (Cate Blanchett) vs. el Stanton Carlisle (Bradley Cooper)

Junto a Kim Morgan, su actual pareja, Guillermo del Toro nos presenta una Nightmare Alley pizpireta, vívida en sus matices y colores, pero a la vez sórdida y francamente violenta. Estamos ante una espiral protagonizada por la decadencia del ser humano, de cómo un hombre aparca sus demonios cuando acaba trabajando en un circo de los horrores, deudor del mejor Todd Browning y que ya de paso se homenajea en algún que otro pasaje muy Freak, y de como este paso por un entorno donde el engaño es el auténtico protagonista, define y decide el destino de esta persona, a la postre convertido en títere de su propia mentira. El callejón de las almas perdidas derrocha esa sensibilidad narrativa del viejo Hollywood, ya presente en La forma del agua, pero lo junta con el inconfundible estilo tras las cámaras del director mexicano. Habituados a los monstruos salidos de la mente de Del Toro, Nightmare Alley se aparta del terror al uso, visita el cine negro, neo-noir en este caso, y nos enfrenta a un monstruo tan perturbador como cualquiera de las criaturas vistas en sus trabajos previos… Stanton Carlisle.

Cartel de El callejón de las almas perdidas
De paseo por el circo de los horrores que dirige Clem Hoatley (Willem Dafoe)

Es El callejón de las almas perdidas una película hipnótica, plagada de personajes atormentados por su pasado, y donde hay espacio para que poco a poco nos cuenten qué ha marcado la vida de Stan, o qué desea escuchar esa alta sociedad, manipulable, podrida por dentro, a la que este atormentando personaje engaña vilmente. Además, ese embaucador no puede contar con mejor actor. Bradley Cooper se gana cada minuto que está delante de la cámara, mostrando un rostro carismático por el que no puedes más que sentir deleite, pero que ya en su superficie deja entrever a ese ser falso y taciturno de pasado incierto y futuro claro.

Dos de los "monstruos" del circo
Dos de los "monstruos" del circo

Junto a Cooper tenemos esa parada de los monstruos donde los secretos más oscuros, y las decisiones más reprobables son mostradas. Stan se cruza en la vida de Zeena la Vidente (Toni Collette), una clarividente que junto a su marido alcohólico Pete (David Strathairn), llenan de falsa esperanza a paletos y pueblerinos. También hay espacio para el gigantón Bruno (Ron Perlman), la deseosa de oportunidades y perla de la casa Molly (Rooney Mara), otra marioneta más en manos de Stan, o Clem Hoatley (Willem Dafoe), el único y verdadero visionario en realidad. Pero no por ello menos monstruoso es lo que uno puede encontrarse fuera del propio circo de los horrores del principio, ese New York de glamour cuenta con una alta sociedad con seres de la talla de Ezra Grindle (Richard Jenkins), no hay bicho bueno, o la mismísima doctora Lilith Ritter (Cate Blanchett)…

En definitiva, pese a sus dos horas y media, y cuando mucha gente la ponía verde (que me lo expliquen), El callejón de las almas perdidas de Guillermo del Toro es otra de esas obras con personalidad, que recuperan un estilo olvidado, una narrativa al alcance de muy pocos, y donde no hace falta una criatura para pasarlo mal… llega con ver de qué es capaz el más vil de los seres humanos (aquí hay unos cuantos). Ah, y música de Nathan Johnson, bien.

Cartel de El callejón de las almas perdidas
Cartel de El callejón de las almas perdidas

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Número raro este 17 para el cierre del 2021, ¿no? Decir que este año he seguido sacando jugo a mi perfil de LetterBoxd como base del seguimiento de las películas que he ido viendo, clasificando y sobre las que he escrito mini reviews (las haya disfrutado o no). Recopilo por lo tanto ese top que no se queda en 10, porque sería injusto, y cansado, decidir qué quitar de las recomendaciones donde más películas se acumulan… es lo que tiene valorar films con estrellitas.

Fabuloso cartel de La autopsia de Jane Doe
Fabuloso cartel de La autopsia de Jane Doe

Annette de Leos Carax, vista en Filmin. La increíble propuesta del director de la inclasificable Holy Motors o Los amantes del Pont-Neuf (Les amants du Pont-Neuf) es sorprendente. Un encanto cinematográfico que no para de sacar jugo a un genial Adam Driver (este tipo está a otro nivel), y que cuenta ya de paso con un asombroso conjunto de piezas musicales salidas de la mente de Sparks, desconocidos para la gran mayoría, pero responsables de temas presentes en bandas sonoras como las de Kick-Ass, "This Town Ain’t Bug Enough for Both of Us", Noche de miedo (Fright Night), "Armies of the Night", o Black Rain, "Singing in the Shower". Se debe ver si o si, luego ya la valoraréis.

Dune de Denis Villeneuve, vista en el cine. La primera parte de una nueva y muy esperada adaptación de la icónica obra. Villeneuve vuelve a dejar claro que maneja el tempo como nadie, creando una propuesta cinematográfica visualmente abrumadora, fantásticas de principio a fin, y con un reparto de escándalo. Los cortes en la trama, algunos de ellos un pelín anticlimáticos, siguen haciendo pensar que habrá algo por ahí oculto. En fin, de las obligadas de este año, aunque estaba prevista para finales del 2020.

Bo Burnham: Inside de Bo Burnham, vista en Netflix. Otro musical más. De esas que te enteras por Twitter que debes verla, la ves, y descubres oro. Comedia musical ideada por Bo Burnham, dirigida por Bo Burnham, protagonizada en solitario por Bo Burnham, canciones originales de Bo Burnham. Otra sorprendente delicia.

Spider-Man: No Way Home de Jon Watts, vista en el cine. Esto del multiverso puede dar para mucho, pero cuando explotas cerca de 20 años de cine del Hombre Araña pues éxito asegurado. Te ganas el corazoncito de los más veteranos, recuperas grandes villanos de ayer y de hoy, aportas emotividad y completas una película de superhéroes casi perfecta. Nada que ver con las anodinas previas propuestas del año en el MCU, ninguna de ellas será muy recordada… pero Spider-Man: No Way Home, ahí queda como cierre y partida de algo que todos esperábamos.

Última noche en el Soho (Last Night in Soho) de Edgar Wright, vista en el cine. Otra de las delicias de este 2021. Entretenidísimo thriller con tintes de terror, fondo social de muy mal rollo, elaborado reflejo del mejor giallo y neo-giallo (Argento, De Palma o Winding Refn), trama molona plagada de giros interminables, un misterio de esos que te dejan con el culo torcido, y un reparto genial encabezado por la siempre flipante Anna Taylor-Joy. Elaborado juego visual donde cabe de todo, múltiples realidades, temas sobrenaturales y mucha luz de neón.

Sin tiempo para morir (No Time to Die) de Cary Joji Fukunaga, vista en el cine. Punto y final al periplo Daniel Craig por el siempre hipersónico universo de James Bond. Cierre de una era y golpe emocional absoluto para todo fan de las andanzas de 007 que se precie. Si en su día sufrió George Lazenby, ahora el que sufre es el espectador. La espera, eterna, valió la pena.

Tigre blanco (The White Tiger) de Ramin Bahrani, vista en Netflix. Algo similar a lo ocurrido con Bo Burnham: Inside, un día lees sobre ella, la ponen y lo disfrutas. Estas siempre me acaban gustando. Cine de la India a lo Scorsese (con muchos matices claro está), paso de la nada al todo de un pelele dedicado al pastoreo que, por avatares de la vida, acaba siendo chófer de un ricachón, y de ahí a la cumbre porque tiene lo que otros no… cabeza, mala baba y poca dignidad.

Zack Snyder’s Justice League de Zack Snyder, vista en HBO (ahora HBO Max). Pues la necesaria corrección al fiasco pergeñado por Joss Whedon. Completa, violenta, atormentada, oscura y conectada, fiel a todos sus personajes, clara y directa. Excesiva como siempre en manos de Snyder, que no se corta a la hora de hacer lo que le viene en gana… y gracias a dios que le dejaron al final. Primer episodio de lo que habría de ser la gran epopeya de DC en cines, pero que se quedará en esta muestra, sobresaliente, de lo grande que se pueden hacer las cosas.

Titane de Julia Ducournau, vista en el cine. El body horror del año, rara como un perro verde, grotesca de principio a fin, cuanto más la piensas más se te queda grabada. Obsesiones sexuales muy grotescas, transformación corporal, asesinos en serie… un mundo raro el construido por la Ducournau, que ya nos dejó medio atónitos hace unos años con Crudo (Raw).

Mad God de Phil Tippet, vista en SitgesOnline. Gloria del stop motion con varias décadas a sus espaldas. Peculiar de principio a fin, historia rara en un mundo repleto de criaturas gargantuescas, mad doctors ansiosos por hacer autopsias, tormenta de ideas sin sentido. Visualmente única, diferente a todo lo que uno pueda haber disfrutado en pantalla grande, un hito de este arte del efecto especial. Un clásico.

Silent Night de Camille Griffin, vista en SitgesOnline. Estrenada en cines recientemente, la directora británica nos presenta una comedia negra navideña que oculta sin embargo el más siniestro y oscuro de los posibles dramas familiares. Un terror diferente, de esos que ves con una sonrisa hasta que te pegan el zarpazo y te quedas con mal cuerpo. En el reparto rostros conocidos de la Gran Bretaña como Keira Knightley o Matthew Goode, y Roman Griffin Davis, el fabuloso chaval de la triste pero divertida Jojo Rabbit.

El caballero verde (The Green Knight) en David Lowery, vista en Amazon Prime. Una mezcla de carácter episódico donde coinciden diversos estilos como la épica medieval, la picaresca, el terror fantasmal gótico o el erotismo. Pausada, diferente, cómica pero terrorífica, onírica y repleta de imaginación. Otra de las curiosidades de este 2021 que pronto llega a su fin.

Maligno (Malignant) de James Wan, vista en el cine. Gloria pura en esta serie B de terror con uno de los giros más locos jamás imaginados. Inconcebible de principio a fin, con varias set pieces gore dignas de aplauso, loquísima toda ella. Wan volviendo a sus orígenes, creando paranoia a cada momento, pariendo una historia macarra que parece sacada de otra era y donde ocurre todo aquello que no tiene sentido que pase. Lo dicho, disfrute sin complejos.

Candyman de Nia DaCosta, vista en el cine. Inteligente extensión del universo llevado a cine por Bernard Rose hace ya unos cuantos lustros. Candyman es más que una leyenda urbana, tiene un fondo social que merced a Jordan Peele crece, pero no dejando de lado lo siniestro, violento y salvaje del personaje. Notable, entretenida y con un juego de encuadres y espejos bastante molón. La DaCosta sabe lo que se trae entre manos y es de suponer que seguirá creciendo… ahora en Marvel.

El Escuadrón Suicida (The Suicide Squad) de James Gunn, vista en el cine. El blockbuster gamberro del año. Gunn despliega todo lo que su predecesora no supo hacer, se ríe de si misma poniendo sobre la mesa antihéroes mediocres, pero los acompaña por algunos de los rostros más valiosos del film de David Ayer. Film irreverente, extremo y excesivo, gestado en torno a una muy divertida aventura suicida donde la locura se mezcla curiosamente con lo entrañable. Sin dudarlo la mejor forma de contar con personajes que no tenían futuro a bote pronto: King Shark, Peacemaker, Polka-Dot Man, etc… y ese Starro como villano, para morirse.

Despierta la furia (Wrath of Man) de Guy Ritchie, vista en el cine. De lo mejorcito de Ritchie en los últimos años. Jason Statham en estado puro y transformado en un personaje que busca venganza con la particularidad de que dispone de los medios para llevarla a buen puerto. Remake de un film francés titulado Le convoyeur. Cine de acción del bueno, o muy bueno.

Boss Level de Joe Carnahan, vista en Amazon Prime. Otra de las gamberradas del año. Carne de Hulu a principios de año, filtrada en 2020 y por lo tanto mucho antes de verse en streaming, relegada a ser carne de plataforma en España… pero con todo esto, otra serie B de alto nivel con un Frank Grillo enredado en un bucle hiperactivo donde muere todo bicho viviente. La idea no sorprende, pero es tal el nivel de perplejidad que supura que mola. Ah, y Mel Gibson como villano.

Otras muchas hay, se quedan ahí pero igualmente recomendables No mires arriba (Don’t Look Up), el documental Fulci Talks, Polizón (Stowaway), No respires 2 (Don’t Breathe 2), Tiempo (Old), etc.

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La magia del multiverso funciona, y bien que lo saben en Marvel Studios. Las posibilidades son infinitas y cuando tienes casi 20 años de historia a tus espaldas puedes hacer lo que te venga en gana. Spider-Man: No Way Home es un nuevo ejemplo (no el primero) y una descarada delicia, sea ya en lo visual como en el emotivo juego que practica, plagada de villanos icónicos, y de buenos y malos momentos. Es ya de paso un film destinado a un público todavía más extenso si cabe del que podría estar siguiendo las aventuras de Tom Holland como tu amigo y vecino Spider-Man, ya que aquellos que en 2002 flipamos con el film de Sam Raimi estamos hoy de enhorabuena.

Spider-Man: No Way Home, un salto al vacío con tintes de éxito asegurado
Spider-Man: No Way Home, un salto al vacío con pilares de éxito asegurado

A estas alturas de la vida creo que uno ya sabrá todo lo que pasa en Spider-Man: No Way Home, o casi (no seré yo el que os lo cuente). Los trailers han sido generosos mostrando a Alfred Molina de nuevo como el mejor villano visto en cines en el universo Spider-Man, el mítico Doctor Octopus de la inmejorable Spider-Man 2, a Willem Dafoe como el pelele Norman Osborn en manos del manipulador Duende Verde de Spider-Man, a Jamie Foxx como un más normal y menos azul Max Dillon / Electro de The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro, y, aunque menos presentes claramente visibles, a Rhys Ifans como el Dr. Curt Connors / Lagarto de The Amazing Spider-Man, o a Thomas Haden Church como Flint Marko / El hombre de Arena de Spider-Man 3. Todos ellos llegan aderezados con ese J.K. Simmons en el impagable papel de J. Jonah Jameson, presente en los films de Sam Raimi, pero no en los de Marc Webb, y del que nos llevamos una sorpresa al verle al final del anterior film de esta saga en el MCU. Vamos, un multiverso de acción real, el no va más… menos mal que nos lo cuelan con magia.

Todos a una Fuente Ovejuna en Spider-Man: No Way Home
Todos a una Fuente Ovejuna en Spider-Man: No Way Home

Una de las cosas más curiosas que ocurren con este nuevo film es que si bien lo habitual es que el pastiche de personajes que pululan por los films del MCU acaben liando al más pintado, Spider-Man: No Way Home es un claro ejemplo de cuanto más mejor, siempre y cuando ocurra como aquí pasa… todos nos conocemos. La saturación bien llevada, sacando provecho de muchos años de pico y pala, eleva a un film donde hay espacio para buenas dosis de acción, comedia clásica modo Marvel, y donde todo queda bien contrastado con no escasos momentos de reflexión sobre las decisiones tomadas (muchas de ellas malas) y el dolor que siempre ha golpeado la vida del solitario y medio pelele Peter Parker. Además, el juego de reconstrucción ideado por las mentes de los guionistas Chris McKenna y Erik Sommers, el equipo de este triple periplo Spider-Man dentro del MCU, sirve para añadir una muy necesaria vuelta de tuerca donde el espíritu original de Steve Dikto y Stan Lee tenga presencia, dejando ahí aparcadas viejas ideas que, sabe dios, puede que algún día regresen, pero que a toda vista son ya innecesarias si tenemos en cuenta los enlaces que se han construido en esta película.

En fin, Spider-Man: No Way Home es una carta muy bien jugada, una perfecta fusión de 20 años de cine moderno, palomitero y al alcance de todos. Entretenida, emotiva, y abierta (o cerrada) a un futuro más acorde con el superhéroe que lo protagoniza.

El único cartel que mola de Spider-Man: No Way Home
El único cartel que mola de Spider-Man: No Way Home

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Edgar Wrigth es diferente, su cine es especial, siempre imbuido por una fuerza particular, una donde transcienden infinitos rasgos de otros grandes cineastas pero una total y absoluta personalidad. Última noche en el Soho (Last Night in Soho) es el último viaje fílmico del director británico y en este thriller con tintes giallo, uno puede extender sus sensaciones esta vez hacia aspectos sociales oscuros y siniestros, donde la primera fila del sufrimiento más absoluto recae sobre la cosificada figura femenina.

Thomasin McKenzie obsesionada de principio a fin
Thomasin McKenzie obsesionada de principio a fin

Última noche en el Soho nos cuenta la historia de una joven aprendiz de modista llamada Eloise (genial Thomasin McKenzie), que en su primer curso de formación se ve oníricamente transportada al Londres de los años 60. Obsesionada con su madre fallecida, por la música de esa época, y con ciertas capacidades místicas, la joven se mimetiza en la rubia Sandy (diosa Anya Taylor-Joy), una joven que en esos años buscó triunfar en los clubs nocturnos del barrio londinense. El tema es que estos viajes de ensueño se tornan en cruel, nauseabunda y cruda realidad, tanto para Eloise como para Sandy. Wright se apoya en el estilismo visual del mejor giallo -colores saturados gracias a luces de neón que todo lo inundan (viva Nicolas Winding Refn), juegos y más juegos con espejos que muestran diferentes realidades (viva Dario Argento), y constantes engaños que seguramente serán interpretados como escusas para el despiste (viva Brian de Palma)-, con lo sobrenatural o lo casi zombiesco. Wright plaga el film de falsa finura. Tan pronto nos presenta a una Anya Taylor-Joy que enamora al más pintado y protagonista de un par de momentos de ensueño: primera esa interpretación del "Downtown" de Petula Clark / Tony Hatch; segundo ese baile a tres compartido con la moneda de dos caras encarnada por Matt Smith y la misma McKenzie, como nos tira a los pies de los desagradables acontecimientos que tienen lugar tras bambalinas en ese universo musical de estrellas recién nacidas.

Todos deberíamos vivir obsesionados por Anya Taylor-Joy
Todos deberíamos vivir obsesionados por Anya Taylor-Joy

Última noche en el Soho viene a modelar un poco más la filmografía de un cineasta sin par, que tras fraguar esa su Trilogía del Cornetto, nos ha ido visitando con ideas a las que ya estábamos habituados pero desde prismas innovadores y únicos… y donde lo musical predomina siempre pervirtiendo otros géneros para incrementarlos en calidad. El mejor cine comiquero con Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World), el cine de atracos con Baby Driver, el documental puro y duro gracias a "The Sparks Brothers", y ahora este thriller de terror con tono sobrenatural que es esta Última noche en el Soho. Al final Edgar Wright lo que se dedica es a parir cine con una gran importancia musical, y donde la música es parte de su narrativa, pero enfatizando de forma contundente otros géneros a los que estamos muy habituados. En fin, sumemos a dos veteranos como Diana Rigg (fallecida en septiembre del año pasado) y Terence Stamp para dar cierre a esta opinión sobre una de las mejores películas del año, que no es poco.

Póster de Última noche en el Soho
Póster de Última noche en el Soho

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Todavía, y hasta el 21 de noviembre, uno puede ver en Filmin Tales of the Uncanny como parte de la serie de películas y documentales del Festival de Cine de Terror de Molins De Rei aka TerrorMolins. David Gregory, el director del también genial documental Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau (Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau), se rodea de un buen puñado de rostros conocidos del mundillo del horror, ya sea realizadores, genios de los FX, críticos, y otros insignes nombres, para hacer un generoso recorrido por la historia del modelo cinematográfico del terror como antología. Desde sus orígenes en los albores del cine alemán con Historias tenebrosas (Unheimliche Geschichten), donde Conrad Veidt daba miedo de verdad, hasta el más cercanos de los ahora, donde productos como V/H/S siguen explotando a mayor gloria los relatos breves que dan canguelo.

Peter Cushing en una de sus apariciones más míticas... como muerto viviente en un relato de Condenados a ultratumba
Peter Cushing en una de sus apariciones más míticas… como muerto viviente en un relato de Condenados a ultratumba

Durante un poco más de hora y media gente como Roger Corman, Kevin Connor, Joe Dante, Luigi Cozzi, Mick Garris, Kevin Kölsch, Greg Nicotero, Eli Roth, Tom Savini, Gary Sherman, Richard Stanley, Peter Strickland, Jovanka Vuckovic, Brian Yuzna, David DeCoteau o el madrileño Adrián Garcia Bogliano, bucean en un buen puñado de películas que, quien más quien menos, habremos visto a lo largo de nuestras vidas. Desde las icónicas y míticas obras casi maestras del terror británico más autóctono pergeñadas en la productora Amicus fundada por Subotsky y Rosenberg, pasando por obras de culto del cine japonés como Kwaidan de Masaki Kobayashi, sin olvidar las franquicias que bebieron directo de los mejores cómics de la EC. El análisis profundiza en interesantes detalles como el valor más personal y de estilo ofrecido por directores como Francis, Ward Baker, Curtis, Bava o Corman, autores de principio a fin de aquellos films de relatos de terror, y de cómo el futuro ha acabado derivando en fichar a diversos directores para que cuenten sus historias para luego ser pegadas estas de la mejor forma posible.

Póster de Tales of the Uncanny
Póster de Tales of the Uncanny

En fin, viva el terror en formato antología. En Tales of the Uncanny el listado de películas recuperadas para el documental es una maravilla y nada mejor que rebuscar y darse uno cuenta que, si se quiere, se puede: Doctor Terror (Dr. Terror’s House of Horrors) de Freddie Francis, Historias de terror (Tales of Terror) de Rorger Corman, Las tres caras del miedo (I tre volti della paura) de Mario Bava, La mansión de los crímenes (The House That Dripped Blood) de Peter Duffel, Refugio macabro (Asylum) de Roy Ward Baker, Condenados a ultratumba (Tales from the Crypt) de Freddie Francis, Cuentos de ultratumba (From Beyond the Grave) de Kevin Connor, El club de los monstruos (The Monster Club) de Roy Ward Baker, Historias extraordinarias (Histoires extraordinaires) de Federico Fellini, Louis Malle y Roger Vadim, Creepshow de George A. Romero, Creepshow 2 de Michael Gornick, Al morir la noche (Dead of Night), Los ojos del gato (Cat’s Eye) de Lewis Teague , Gritos y susurros (From a Whisper to a Scream) de Jeff Burr, Los ojos del diablo (Due occhi diabolici) de George A. Romero y Dario Argento, V/H/S de Adam Wingard, Ti West, Radio Silence, etc., Southbound de Roxanne Benjamin, Matt Bettinelli-Olpin, David Bruckner, Tyler Gillett, etc., o The ABCs of Death. La pena, que otras muchas no estén a alcance directo como En los límites de la realidad (Twilight Zone: The Movie) de John Landis, Joe Dante, George Miller y Steven Spielberg, Trilogía del terror (Trilogy of Terror) de Dan Curtis, Necronomicon de Brian Yuzna o Truco o trato: Terror en Halloween (Trick ‘r Treat) de Michael Dougherty o El gato infernal (Tales from the Darkside: The Movie) de John Harrison.

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Injustamente ha llegado a Prime Video, que también es un menos mal, la adaptación del mítico relato artúrico "Sir Gawain y el Caballero Verde". Y digo injustamente porque el mundo del cine sigue en modo tristón, y lo que antes era obligado ver en cine, ahora no queda otra que ser disfrutado en casa. Sí, esta película debería haber sido estrenada en cines… en fin.

Dev Patel reivindicando que es un pedazo de actor
Dev Patel reivindicando que es un pedazo de actor

Cuando uno piensa en leyendas artúricas llevadas al cine no puede más que pensar en la vigorosidad caballeríl de John Boorman y su magistral Excalibur, la deliciosa fantasía de La espada y la piedra (The Sword in the Stone), o la tremebunda gloria sarcástica adornada con cocos, golondrinas y adivinanzas de Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Monty Python and the Holy Grail). Pero también uno debe fijarse en rocambolescas ensoñaciones de la talla de la románica El rey Arturo (King Arthur) de Antoine Fuqua, u otras ponzoñas nivel El primer caballero (First Knight) con Richard Gere. Todo vale. Sin embargo, llega ahora El caballero verde (The Green Knight), un sorprendente viaje por una de las adaptaciones artúricas más únicas, oníricas y virtuosas jamás imaginadas.

David Lowery (A Ghost Story o En un lugar sin ley) se cubre de gloria, y transforma o concibe todo aquello que en otro tiempo vimos de forma más lineal (espada y brujería, acción, comedia, fantasía infantil o drama de alcoba), en una mezcla de carácter episódico donde coinciden diversos estilos como la épica medieval, la picaresca, el terror fantasmal gótico o el erotismo (madre mía con Alicia Vikander). Dev Patel, primoroso protagonista, encarna a ese Gawain que, sin pensarlo, y sin valorarlo tampoco, afronta un reto donde chocan la arrogancia que ejemplifica su personaje, con el acto de honor a la postre trágico que supone la decisión tomada. Lowery, tras un imaginativo tránsito donde en modo titiritero asistimos a la representación del acto de nuestro héroe y su fatal destino, nos lleva entonces por varios capítulos que a modo de lienzo pintado darán forma al viaje de Gawain: desde el encuentro inicial con un pizpireto pícaro (Barry Keoghan), pasando por una historia digna del mejor horror fantasmagórico nipón (parece un relato más de El más allá – Kaidan con al pecosa Erin Kellyman), o el roce con un par de aristócratas que no por su parte no se rozan lo suficiente entre ellos (la Vikander vs. el entregado Joel Edgerton). Hilvanados al tránsito de la edad de la irresponsabilidad a la del darse cuenta que los juegos de niños han tocado a su fin, Lowery modela un relato entretenido y de cómico apego a la vida con momentos curiosos donde el tiempo, o su paso, juegan un papel fundamental. Magníficos ese par de what if que dan reflejo del destino de Gawain, al tiempo que retroceden para ver el camino tomando en realidad por nuestro protagonista.

¿Cuál de los caballeros plantarán cara al Caballero Verde? Pues el aventurado Gawain
¿Cuál de los caballeros plantarán cara al Caballero Verde? Pues el aventurado Gawain

A los ya mencionados Patel, Vikander, Edgerton o Keoghan, vale la pena mencionar el enfermizo y apagado aspecto de un Rey encarnando por Sean Harris, y su ojerosa y plagada de caries Reina, Kate Dickie. Papel también a disfrutar el de la manipuladora Sarita Choudhury, madre de Gawain y que no duda en jugar la baza de su hijo para medrar sea como fuere. En fin, El caballero verde hay que verla, con paciencia y dedicando el tiempo a esos mil matices que atesora durante su extenso metraje.

Precioso póster de El caballero verde
Precioso póster de El caballero verde

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Tras varios años inmersa en el mundo del cortometraje y otras tareas secundarias en esferas más altas, va la veterana Camille Griffin, este de aquí es su debut tras las cámaras en un largometraje, y se saca de la manga el guión de Silent Night… sí, mismo título que el mítico slasher ochentero. Al tiempo, Matthew Vaughn (Kick-Ass, Stardust o Kingsman) se presenta a la hora y momento señalados para descubrir el escrito de la Griffin y de forma decidida apostar por esta curiosa sorpresa. Arrancamos…

Keira Knightley te da la bienvenida a Silent Night
Keira Knightley te da la bienvenida a Silent Night

Cuando uno se planta delante del Silent Night, todo apunta a que va a ver uno de esos dramas navideños estándar con reminiscencias de Los amigos de Peter (Peter’s Friends) plagado de secretos ocultos, verdades dolorosas y momentos de reconciliación. Lo típico, vamos. Ya de paso, un reparto de nivel alto con rostros reconocibles como los de Keira Knightley (Expiación) y Matthew Goode (Watchmen), dos de esos actores británicos top, acompañados por Lily-Rose Depp (The King), Sope Dirisu ("Gangs of London"), Annabelle Wallis (Maligno) y, otra agradable sorpresa, Roman Griffin Davis, el fabuloso chaval de la triste pero divertida Jojo Rabbit, todo sigue haciendo pensar que el tono es el que te ha parecido así a primera vista. Sin embargo, golpe de efecto, lo que Camille Griffin propone es una tragicomedia "navideña" de tono bastante negro donde se propone un juego inesperado y nada agradable, por no decir que cero estándar. Vamos poco a poco.

Todos reunidos para recordar tiempos pasados y quedar jodidos por el no futuro
Todos reunidos para recordar tiempos pasados y quedar jodidos por el no futuro

Silent Night cuenta la efímera historia de un grupo de antiguos amigos del colegio y la de sus seres queridos (hijos) cuando se reúnen para celebrar la Navidad y recordar los tiempos pretéritos que han compartido… Nell (Knightley) y Simon (Goode) son los anfitriones, el clásico caos navideño es inevitable, los hijos de estos no soportan a la hija de Sandra (Wallis) y Tony (Rufus Jones). Poco después llegan Bella (Lucy Punch) y su nueva novia Alex (Kirby Howell-Baptiste), esta última no está nada convencida con la idea de celebrar este día con un grupo de gente que no conoce y no le importa. Rematan el grupo James (Dirisu) y Sophie (Depp), que nunca ha caído bien al resto de mujeres de la casa porque es la demasiado joven pareja de James y no entienden que ha podido ver este en ella. Pero ciertamente, sólo podrán celebrar el pasado ya que el futuro se presenta negro al haberse producido un desastre natural (si es que estamos jodiendo el planeta) en modo mortal erupción medioambiental que amenaza con acabar con la raza humana en cuestión de días.

De buenas a primeras ya nada es lo que parecía ser, y Silent Nigth nos enfrenta al hasta dónde están dispuestos a llegar los protagonistas para evitar el sufrimiento de una muerte inevitable y así proteger del dolor a sus seres más queridos.
El film va y viene jugando el mismo juego de amor y resentimiento que propuso Kenneth Branagh en su film, pero con un tono oscuro, aterrador y triste… muy triste. Definitivamente, Silent Night debe verse, para reírse con los simpáticos gags que su directora / guionista cuela, pero también para palpar la crudeza de unos momentos fatales y terroríficos. Todavía podéis verla en Sitges Online.

Póster de Silent Night
Póster de Silent Night

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