Opinión


Pues a falta de estrenos en salas de cine, veremos cuándo, toca seguir echando un vistazo a viejas películas de referencia nacidas en otro tiempo. Esta semana ha caído una de esas rarezas / joyas de los virtuosos y creativos años 80, la divertida y referencial Robot Jox del tristemente fallecido Stuart Gordon. Hora de escribir…

Robot Jox, joya oculta y film de culto
Robot Jox, joya oculta y film de culto

Si uno decide invertir tiempo para disfrutar de una generosa dosis de serie B como es Robot Jox, descubrirá en ella una sorprendente propuesta nacida un par de décadas antes de poder hacerse realmente… estamos hablando de una peli rodada en 1987 pero estrenada en 1989 debido a la bancarrota de Empire Pictures, la compañía del mítico Charles Band. Robot Jox es un pedacito (importante) del origen de la fabulosa Pacific Rim de Guillermo del Toro, y Stuart Gordon un visionario como ninguno de un cine de dimensiones titánicas en tiempos de presupuestos ajustados y a por todas. La historia del film escrito por el propio Gordon y Joe Haldeman, nunca más, nos traslada a un futuro distópico post-apocalíptico, tras un holocausto nuclear, y donde todo dios va con mascarilla… vamos, como la vida misma. En ese futuro el entretenimiento recuerda al tiempo de los gladiadores de la antigua Roma, pero quienes se enfrentan son robots titánicos manejados por pilotos que bien podían ser los padres de Raleigh Becket, Stacker Pentecost o Herc Hansen.

Stop Motion para dar y tomar y diseños geniales
Stop Motion para dar y tomar y diseños geniales

A nivel historia la cosa es muy molona. Los poderes gubernamentales dominantes del nuevo mundo pelean por regiones, en este caso Alaska, usando robots gigantes contratados. En el lado de la Confederación, los villanos, está Alexander (Paul Koslo), asesino de nueve oponentes previos y que tiene todo a su favor. Por el lado del Mercado libre está Achilles (Gary Graham), que igual que Alexander ha llegado a la gran final pero sin rematar a sus oponentes. Cada uno maneja su robot y se zurran en la arena. Y ahí está toda la grandeza de Robot Jox, película hecha con mucho corazón y grandes dosis de esfuerzo donde todo su presupuesto (cerca de 10 millones de la época) se lo llevaron unos efectos visuales que explotan el stop motion a destajo y el uso masivo de maquetas, por ahí anduvo el nominado al Oscar David Allen (El secreto de la pirámide, La serpiente voladora, The Stuff, Willow o Aullidos).

Lo que veis es lo que hay... y no, no es Pacific Rim, es Robot Jox
Lo que veis es lo que hay… y no, no es Pacific Rim, es Robot Jox

El resto es pura imaginación (absurda o no), introduciendo elementos como clonación genética regada con evidentes referencias a "El juego de Ender", o algo tan presente a día de hoy como la piratería tecnológica, pero de la misma forma plagada de irrisorias actitudes de macho alfa, traiciones de baratillo, espantosos actores, escenografía desmontable o la siempre agradable presencia de Jeffrey Combs, visto y no visto. Hay que echársela encima para descubrir en ella elementos tomados directamente de Mazinger Z o incluso Transformers, pero a la vez se pueden descubrir ideas directamente homenajeadas o exploradas con mucho éxito algunas décadas después. Ah, para el que le interese, este merecido cult film está disponible en Filmin.

Uno de los carteles de Robot Jox
Uno de los carteles de Robot Jox

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A golpe de lunes, y tras un sábado y domingo muy tranquilitos, no hay nada que contar. Salvo el dato de que el estreno de The Batman ha sido movido por Warner Bros., del 25 de junio de 2021 a 1 de octubre de ese mismo año, junto a otros films como The Flash o Shazam 2 (estos ya 2022), pues nada de nada. Por ello, y ya que aproveché para ver Vinieron de dentro de… (Shivers) de David Cronenberg, Quien a hierro mata de Paco Plaza, y Terror en el espacio (Terrore nello spazio) de Mario Bava, pues vamos a hablar de…¡la última (que cosas)!

De vez en cuando vale mucho la pena echar la vista atrás, recordar los clásicos y nada mejor que visitar el superlativo horror colorista del maestro Mario Bava con Terror en el espacio (Terrore nello Spazio), film seminal basado en un relato de ciencia ficción de Renato Pestriniero, "Una noche de 21 horas". Referencia absoluta de las historias contadas en Alien o Prometheus de Ridley Scott, amén de otras, en Terror en el espacio se nos cuenta la aventura de dos naves espaciales, la Argos y la Galliot, cuando responden a una señal enviada por el misterioso y lejano planeta Aura. Cuando aterrizan, aturdidos por la atracción gravitatoria, la tripulación de la Argos comienza a luchar entre ellos, pero su Capitán (Barry Sullivan) impide que se maten. Poco después el drama… descubren la Galliot cerca, pero todos sus tripulantes a bordo están muertos. Pero claro, siempre hay secreto, y en este caso este frenesí asesino se debe a que Aura está habitada por criaturas parasitarias dispuestas a matar y tomar posesión del cuerpo (muerto si es necesario) de otro para huir de su planeta moribundo…

Terror en el espacio es una muy disfrutable obra donde se juntan dos géneros tan molones como son la ciencia ficción y el terror, este sembrado de cierto factor gótico merced al toque vampírico de los parásitos que atacan a las tripulaciones de la Argos y la Galliot, amén de los zombis resultantes tras las "posesiones" o lo también fantasmagórico de estas criaturas. La historia contada por Bava tiene lugar en varios escenarios a cada cual más icónico: primero el interior de las naves ya mencionadas (dicen que creadas por Carlo Rambaldi, extrañamente cutre-modernas pero no exentas de elementos teconógicos curiosos y trucos de rodaje para jugar con el espectador); segundo el planeta, con sus nieblas, sus pantanos de lava y sus coloristas rocas (todo creado por Giorgio Giovannini). El ambiente se engrandece gracias al juego de color aplicado por la fotografía de Antonio Rinaldi, amén del propio Bava, y el punto molón lo logra sin lugar a dudas Gabriele Mayer que presenta aquí el primer acercamiento a lo que luego sería el traje de faena del gran John Phillip Law en Diabolik (también de Bava)… estos trajes espaciales son puro espectáculo,.

El resto es historia, merece tanto verse que lo mejor es no contar nada, pero uno puede descubrir en Terror en el espacio evidentes reflejos a elementos de Alien, como puede ser la presencia de gargantuescos esqueletos tripulantes de esa especie de Derelict estrellada en Aura, o el body count de la tripulación que fallece, que poco a poco van sucumbiendo ya sea por que han palmado (los de la Golliat), o porque ceden a los influjos del lugar. En fin, que mola un huevo… os animo a verla, en Filmin sin ir más lejos.

Cartel de la restauración 4K de Terrore nello spazio realizada por Nicolas Winding Refn, presentada en los festivales de Turin 2015, y en Cannes y Sitges 2016
Cartel de la restauración 4K de Terrore nello spazio realizada por Nicolas Winding Refn, presentada en los festivales de Turin 2015, y en Cannes y Sitges 2016

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Hace un par de días se estrenó en diversas plataformas de streaming un fabuloso documental gestado por Paco Limón y Julio Cesar Sánchez, y que responde al brutal título de Sesión Salvaje. A lo largo de hora y media de metraje se hace un generoso recorrido por una época dorada del cine español, una época gloriosa sin miramientos, sin tapujos y plagada de serie B / Z autóctona y auténtica. Acompañado por actores de aquellas décadas de los 60 y 80, como Simón Andreu, Carmen Carrión, Fernando Esteso, Lone Fleming, Antonio Mayans o Esperanza Roy, por directores del momento como Javier Aguirre, Mariano Ozores, Eugenio Martín o Jorge Grau, y por figuras del ahora que han mamado ese otro cine como Paco Cabezas, Álex de la Iglesia, Enrique López Lavigne, Nacho Vigalondo o Miguel Ángel Vivas, nos adentramos de cabeza en una era a recordar (y mucho) dentro de la cinematografía española plagada de westerns rodados en Almería, de cine gore castizo reconocido como icónico y seminal allén de los mares, o de controversia, drogas y destape S a tutiplén.

Cartel de Sesión salvaje, maravilla
Cartel de Sesión salvaje, maravilla

Sesión salvaje es un emocionante homenaje a toda esa exploitation cañí, una que tuvo que bregar como ninguna otra en una era políticamente muy compleja pero no exenta de vericuetos que pretendían, como cometa Grau "con éxito", evitar y torear a la famosa censura de la dictadura. Gracias a este documental podemos refrescarnos la memoria y recordar que en esta tierra se rodaron proyectos icónicos como ¿Quién puede matar a un niño? o La residencia, ambas de Narciso Ibáñez Serrador, fantaterror aplaudido en todo el mundo como todo el protagonizado por Paul Naschy o el dirigido por Jess Franco, auténticas propuestas extremas como la hiperviolenta Condenados a vivir de Joaquín Luis Romero Marchent, los no spaghetti western El precio de un hombre: The Bounty Killer o El hombre de Río Malo, ambas del mencionado Eugenio Martín, los horrores dispares Pánico en el Transiberiano, film plagado de figuras internacionales como Christopher Lee, Peter Cushing o Telly Savalas, y Una vela para el diablo también de Martín, Ceremonia sangrienta o No profanéis el sueño de los muertos de Jorge Grau, comedias de otra era como Los bingueros de Ozores, y films controversia en una era donde las cosas no podían ser contadas, véanse Perros callejeros de José Antonio de la Loma, El pico y su secuela, o La estanquera de Vallecas de Eloy de la Iglesia, y la inclasificable Arrebato de Iván Zulueta.

Espacio también hay para iconos del cine patrio como el nacido en A Coruña Amando de Ossorio, director de la tetralogía de los templarios que arrancó con La noche del terror ciego, o el reconocido genio de la serie B más internacional Juan Piquer Simón, que con cuatro duros se sacó de la manga cintas como Misterio en la isla de los monstruos, Mil gritos tiene la noche, Supersonic Man, Slugs, muerte viscosa o La grieta (en la era Profundidad seis, Leviathan: El demonio del abismo o Abyss esta fue la nuestra). Por favor, no dejéis escapar esta oportunidad y disfrutad, en Primer Video, en Filmin, y en FlixOlé, de esta joya castiza y auténtica de un cine que no volveremos a ver jamás en salas de cine.

Mención especial al tema compuesto e interpretado por Javier Albarrán para el film.

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En tiempos de confinamiento absoluto se agradecen este tipo de iniciativas y propuestas adaptativas. Resulta que se ha estrenado en salavirtualdecine.com, plataforma de A contracorriente films, Vivarium, película rara que se pudo ver en el pasado Festival de Sitges, y llegada de la mano de Lorcan Finnegan, director poco o nada conocido y responsable de Without Name (primera vez que leo este título), y Garret Shanley, su guionista.

En fin, cual episodio digno de "La dimensión desconocida" ("The Twilight Zone") o la más reciente "Black Mirror", Vivarium nos adentra en una historia perfecta para estos tiempos, una pareja, Imogen Poots y Jesse Eisenberg, quedan atrapados en una zona residencial en la que puedes entrar si te llevan, pero de la que no se puede salir. La película ahonda en esa acogedora y sofocante conformidad en la que sucumbe la clase media mundial, un casa en una zona residencial (mucho más USA que otras partes del planeta) para convivir con tus vecinos y crecer como familia de forma similar a todos aquellos que viven a tu lado. Pero luego llega ese giro esperado, ese que transforma ese paraíso prefabricado en un infierno laberíntico de casas que recuerdan sobremanera a esos dibujos que acompañan al famoso Monopoly… idénticas, mismo césped, misma fachada, mismo patio, mismas ventanas, misma puerta y mismo muro. La única diferencia, el número que identifica tu puerta. Y el truco está en que Tom (Eisenberg) y Gemma (Poots) no les mola la propuesta, pero ya es tarde para arrepentirse.

De ahí en adelante el film viene a jugar con aspectos bastante interesantes y en tono muy siniestro, como por ejemplo algunos de los pasos de nuestro periplo por este mundo… la convivencia en pareja o la concepción. Todo alcanza sus extremos, ayudados por esa especie de Pee-wee Herman evolutivo, por lo general de forma paranoica y desesperante. El tema es que eso es lo que hay, que no está mal, pero como se explota no llega a cuajar. La asfixia llega, pero más por el sopor que por otra cosa. Poots se carga la tensión a la espalda (se llevó el premio a la Mejor interpretación femenina en Sitges), mientras que Eisenberg explota su obsesión a un único cometido. Gran golpe final, en parte esperado, y fin. Como elemento episódico psicológico experimental de un algo global, y acortando el metraje, es genial. Como film acaba agotando.

Uno de los carteles a la M.C. Escher de Vivarium
Uno de los carteles a la M.C. Escher de Vivarium

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Resulta que si uno se pasa por Amazon Prime podrá echar un vistazo a una de las obras cinematográficas más psicotrónicas de la temporada. Pues sí, en esta era de oscuridad vírica, Guns Akimbo de Jason Lei Howden, director de la heavy / gore Deathgasm, ha sido estrenada en una de las plataformas de streaming del mercado y tras su paso por festivales varios, Sitges 2019 sin ir más lejos, deja bastante claro que, de principio a fin estamos ante la gran paja mental del año.

Guns Akimbo fusiona a más velocidad de la que uno puede soportar la hiperactividad lisérgica y speedica de Crank, un sobrecargado bullet time a lo cine coreano, y la base argumental del juego como espectáculo violento que hemos conocido en films serie B molones como Perseguido (Running Man), La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000) o Gamer, amén de la literatura de la misma índole… indicar que "El juego más peligroso" de Richard Connell, adaptada al cine en 1932 con Joel McCrea protagonizando, contaba algo que sonará tras ver Guns Akimbo: un cazador cosmopolita, estamos en los años 20, cae por la borda de un yate y acaba (milagro) en una perdida isla en el Mar Caribe… allí será cazado por el aristócrata Zaroff (nombre inmejorable).

En fin, en Guns Akimbo el cazado es Daniel Radcliffe, actor que se atreve con todo y se le agradece (llega con recordarle en Swiss Army Man reinventándose como cadáver flatulento), y la cazadora Samara Weaving, encantadora que flipa ver en films como la macabra y sangrienta The Babysitter en Netflix, el hit Noche de bodas (Ready or Not), o la ida de olla laboral Mayhem (mira, otra de virus…) junto a Steven Yeun. El film juega con la existencia en la deep web, el mundo más siniestro y oscuro de internet, de un juego donde la gente disfruta viendo combates a muerte entre asesinos. Lo mejor del tema, todo dios está abonado y el voyeurismo más macabro es la moda. El detalle diferenciador es que el personaje de Radcliffe, un perdonavidas de esos que existen por las redes sociales y defensores de la verdad (troll), acaba con dos pistolas atornilladas a sus manos… morir o matar, no le queda otra. De ahí en adelante Guns Akimbo divierte como ninguna, pese a lo absurdo de todo el tono comedia que supura, amén de los litros de sangre que vierte por minuto, hacen que el film de Howden sea una de esas que molan ver en modo descerebre absoluto. Y ojo, que junti a Radcliffe y Weaving, tenemos aparición molona de Rhys Darby ("Flight of the Conchords") o una presencia desagradable como la de Ned Dennehy (Mandy).

Por lo tanto, adelante con Guns Akimbo, promete sobredosis, rareza infinita, bullet time, armas a cascoporro y mucha sangre. Ofrece sobredosis, rareza infinita, bullet time, armas a cascoporro y mucha sangre.

Cartel oficial de Guns Akimbo
Cartel oficial de Guns Akimbo

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Gracias a Netflix podemos decir que El hoyo de Galder Gaztelu-Urrutia es desgarradora. Es El hoyo un viaje a través de los comportamientos más repugnantes y deleznables de la raza humana. Es El hoyo enfermiza, opresiva, creíble y obscena.

El guión de David Desola y Pedro Rivero nos transporta a una especie de cárcel donde queda no sólo reflejado el mundo tal cual lo conocemos (sin miramientos todo sea dicho), con los poderosos que tienen de todo, arriba, o los avasallados y pisoteados, obligados ellos a permanecer en lo más profundo, abajo. Pero también muestra lo fácil que es estar en el primer grupo, y acto seguido, debido a un revés, encontrarte haciendo frente a lo mismo que los del segundo citado (ojo, que también hay clases medias y acomodadas). Tiene además política ahí reflejada, con aquellos que tratan de velar por la igualdad y esos otros que no me toques lo mío que te mato, puros dictadores y opresores. Ya de paso es El hoyo una combinación de elementos vistos en Cube de Vincenzo Natali, pero también de Rompenieves (Snowpiercer) de Bong Joon-ho… todo ahí entremezclado por Desola y Rivero, y fraguado con temple por Gaztelu-Urrutia.

Dando forma al conjunto, y "encerrado" en esta suerte de cárcel social y de asco infinito, se encuentra Ivan Massagué (Los últimos días, El año de la plaga o El laberinto del fauno), el protagonista de la historia que responde al nombre Goreng y que se cruzará con varios de los elementos que pululan, por alguna razón (todos tienen la suya propia), en esta torre de Babel de hastío humano o infierno digno de Dante Alighieri. Así tenemos a Zorion Eguileor, sobre sus hombros recae un personaje deleznable como Trimagasi, Antonia San Juan, defensora social de la igualdad, Alexandra Masangkay, madre mía, o Emilio Buale. A través de la espiral de destrucción que vive Massagué conocemos qué es estar arriba, en medio y abajo… muy abajo. Curioso detalle, todos se llevan a El hoyo un algo (una guitarra, una tabla de surf, un perro…), Goreng se lleva un ejemplar de "Don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes, libro escrito, o iniciado, en cautividad según el autor.

Para rematarlo momentos sumamente desagradables forzados por las situaciones extremas a las que los protagonistas se ven enfrentados. Puro desasosiego.

Cartel de El hoyo
Cartel de El hoyo

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Aparcado por Universal tras los múltiples tiroteos ocurridos en agosto del año pasado en Texas, California, y Ohio, y que causaron cerca de un centenar de muertos, llega un total WTF elevado a la enésima potencia. Esto es La caza (The Hunt), la controvertida, macarra, extrema, gloriosa y divertida historia inconcebible escrita por Nick Cuse y Damon Lindelof para Craig Zobel, director, y Blumhouse, ¿quién si no?

Para hablar de La caza, y como punto de partida, debemos indicar que al frente está un equipo bregado en "Westworld", "The Leftovers" o "Watchmen". Cuse, aprendiz, y Lindelof, maestro, se han sacado de la manga una historia apoyada en la actualidad, en los mentideros de Reddit, Twitter o YouTube, en las fake news y en lo que provocan los famosos leaks (gamergate, celebgate y otros tantos). Por otro lado tenemos a Zobel, conocido de los guionistas y director de Compliance o Z for Zachariah, amén de episodios en las mentadas series. Sólo Blumhouse podía apadrinar esta salida de tono, démosle gracias. De ahí en adelante La caza es una constante sorpresa, suficientemente gore como para convencer al deseoso de carnaza, cómica dentro de la salvajada que se propone, y sorprendente por el constante giro de acontecimientos que plasma. Pero ojo, La caza no es un rip off de La noche de las bestia (The Purge), para nada, tiene su propia personalidad, que sumada a la polémica y castigo sufrido en septiembre del año pasado, la encumbra ya a film de culto.

En esta historia sin freno, ni falta que le hace, tenemos a una deslumbrante y psicotrónica Betty Gilpin, la brutal wrestler fémina Debbie de "GLOW". Junto a ella, pero al otro lado del cuadrilátero, figura Hilary Swank, actriz top que recupera poder tras un tiempo por ahí medio perdida (I Am Mother moló, Logan Lucky moló… pero no recibe lo que merece) y que de alguna forma recuerda su personaje al encarnado por Sigourney Weaver en la igualmente icónica La cabaña del bosque (The Cabin in the Woods). El resto es imposible de contar sin entrar en el terreno SPOILER. La caza no se quiere ocultar, te suelta en el campo de batalla y de buenas a primeras uno se encuentra en medio de una caza al hombre que bebe de muchos clásicos. Minuto a minuto ocurre algo inesperado, se produce un giro impensable y el regocijo del espectador es mayor. La caza es una serie B genial que merece desde YA un puesto en esa lista de must have o must see que todo fan de la rarezas tiene en su corazón.

Cartel de The Hunt, un poco de recochineo
Cartel de The Hunt, un poco de recochineo

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Para el que no lo conozca, Joe Begos es un director norteamericano que hace unos años traumatizó festivales varios con su pase de Casi humanos (Almost Human), una desagradable cinta de abducciones, ciencia ficción y mucho pero que mucho gore. Un par de años después Begos se plantó otra vez en festivales con Poder mental (The Mind’s Eye), un rip-off de los Scanners de David Cronenberg protagonizada por gente con poderes psicoquinéticos machacando mentes. Tras 4 años de silencio, pergeñando de nuevo, Joe Begos llegó al 2019 con dos propuestas muy diferentes: Bliss, vampiros y arte, y esta VFW, veteranos de guerra contra señores de la droga suburbana.

Si bien Bliss es original en su planteamiento, VFW es una modernización de la clásica historia de apaches acosando a un grupo de cowboys, o directamente un nuevo homenaje al Río Bravo (Rio Bravo) de Howards Hawks, como ya hiciera el gran John Carpenter en la magnífica y negativa Asalto a la comisaría del distrito 13 (Precint 13). Nuevamente nada ha cambiado… lo que antes eran forajidos tratando de rescatar a uno de los suyos, y luego una banda de pandilleros intentando aplicar justicia matando al desafortunado asesino de uno de sus líderes, ahora se han transformado en traficantes de drogas deseosos de recuperar lo que les pertenece. Lo que en aquellos tiempos fue una cárcel de pueblo, y luego una comisaría de policía, ahora ha quedado convertida en un bar de barrio. Y si en el clásico de Hawks los buenos fueron el sheriff y sus ayudantes, y en el de Carpenter policías y criminales a partes iguales, esta vez han mutado en veteranos de guerras que han tenido lugar fuera de su país (por lo tanto veteranos de Vietnam, de la guerra de Corea o del mismísimo Afganistán).

Por lo tanto, VFW funciona perfectamente porque su historia es de sota, caballo y rey, y archiconocida por todos los presentes. Sumemos al producto una más una generosa dosis de violencia extrema y sin miramientos, y lograrás más puntos de los que preveías. Si ya de paso te rodeas de verdaderos veteranos de tiempos pretéritos, y serie B / Z, pues ya las tienes todas contigo. Encabezando probablemente el menos veterano de todos, si hablamos en términos de tiempo desde el que es conocido… Stephen Lang. Cerca ya de los 70 años aquí tenemos al icónico Coronel Quaritch de Avatar, al perturbado villano de No respires (Don’t Breathe), o a uno de los sospechosos atrapados en la clínica de D-Tox: ojo asesino (D-Tox). A su lado gente de la talla de William Sadler (que si La niebla, que si Cadena perpetua, que si el villano de La Jungla 2), Fred Williamson (icono blaxploitation con El padrino de Harlem o Guerra en Harlem, e icono de la exploitation italiana de Enzo G. Castellari o Lucio Fulci con Aquel maldito tren blindado, 1990: Los guerreros del Bronx, Los nuevos bárbaros o Roma Año 2072 D.C. Los gladiadores). Sumemos a David Patrick Kelly, otro de esos rostros míticos que vimos por Los amos de la noche (The Warriors), Límite: 48 horas (48 Hrs.), Commando, "Twin Peaks" o El cuervo (The Crow), y para rematar la jugada al gran Martin Kove, icono por varias razones como la saga Karate Kid, y sus participaciones en Rambo: Acorralado – Parte II (Rambo: First Blood Part II) o La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000).

¿Qué puede salir mal? Pues nada, VFW es lo que uno espera, violencia, serie B, sabe más el diablo por viejo que por diablo, y todo eso.

Cartel de VFW de Joe Begos, icónica imagen que suma violencia y senectud
Cartel de VFW de Joe Begos, icónica imagen que suma violencia y senectud

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Tras varios intentos fallidos por echar un vistazo a lo nuevo de Robert Eggers, ha llegado la hora de adentrarme en El faro (The Lighthouse), una opresiva paranoia, desesperante, claustrofóbica y, personalmente, más cercana al terror gótico agónico de Edgar Allan Poe, veo más referencias a "El corazón delator" que a la fantasía pulp de otras dimensiones o submarina, por mucho que se repita no encuentro la relación, planteada por H.P. Lovecraft.

El faro, rodada en puro blanco y negro y formato 4:3, cuenta la historia de dos fareros (Willem Dafoe y Robert Pattinson superlativos) que se van a pasar unas semanas en solitario trabajando juntos en un faro de una perdida y rocosa isla de Nueva Inglaterra. La idea no puede ser más demoledora, un veterano (Dafoe) que conoce las inclemencias del lugar, y que dado su saber decide comandar la andadura con agria crueldad, y un novato (Pattinson), que aunque entiende lo que es trabajar en condiciones extremas deberá enfrentarse a una más… ser pisoteado porque sí. Es El faro una muestra más de que Eggers es un maestro del terror y el suspense moderno, pero apoyándose en el clasicismo de los relatos y en los aspectos más folclóricos del horror mundano. El faro es el terreno ideal para sembrar todos los malos augurios del mar, desde el papel de las gaviotas a la mitología marina (sirenas y tritones incluidos), en la que muchos ven al mentado Lovecraft representado, y un lugar especial para que el alcohol adopte un protagonismo especial definiendo la personalidad del veterano, y transformando la del novato.

El faro es un ataúd cerrado. Uno se siente atrapado en la isla de principio a fin. El blanco y negro hace la experiencia más desoladora, el enrarecido y húmero ambiente te entumece, y el formato hace el resto… te atrapa, no te deja espacio y acaba por agobiarte tanto que incomoda. Eggers construye un film de terror psicológico, donde la desesperación acaban por no dejar discernir lo real de lo imaginario, y donde las alucinaciones acaban siendo la tónica del film. Difícil y dura de ver, y de entender en su versión original, Egger hace todo bien y en el apartado reparto esta se lleva la palma.

En fin, hay que ver El faro, hay que pasarlo mal con ella, hay que enfrentarse a la soledad del lugar en el que te verás atrapado, y en definitiva plantar cara a la locura que acaba por envolverlo todo. Nada como ver una película en la que el hombre es el verdadero monstruo, nada de criaturas imposibles, ni fantasmas, ni cosas raras. Seres humanos corrompidos hasta su destartalada mente.

Cartel de The Lighthouse
Cartel de The Lighthouse

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Fantabulosa, chisporroteante, clariviolenta y psicotrónica. Aves de Presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn), imposible de imaginar un título más complicado de leer, es una pizpireta y sobresaturada aventura comiquera del universo DC en la que Margot Robbie lo es todo, y de ahí se justifica que la propia Robbie sea no sólo una de las productoras del film, si no la artífice de la idea transmitida al estudio para que hiciera un spin-off sobre su personaje… innegablemente el más potente de la decepcionante Escuadrón Suicida (Suicide Squad). Lo mejor de todo, Aves de Presa como película hace ya el trabajo sucio y, durante un par de minutos de presentación animada, que recuerda a Bruce Timm, y acompañada por la voz en off de nuestro centro de atención, te explica el cómo de la situación personal actual de la protagonista.

Vale, con la premisa puesta sobre la mesa, y tras presentarnos al porcentaje mayor de los personajes que deambularán por pantalla, amén de la Quinn, conocemos de forma casi inmediata a Cassandra Cain (Ella Jay Basco), el gran villano Roman Sionis (Ewan McGregor), la odiada detective Montoya (Rosie Perez) y el taladrado mano derecha del malo, Victor Zsasz (Chris Messina), se evidencia uno de los grandes problemas del film… el inconsistente guión escrito por Christina Hodson, o puede que la culpa esté en el montaje del resultado final. El misterio queda en el aire.

Sentada la base y el camino que debería seguir el film, la Hodson se dedica a deambular en el tiempo en modo flashback interrumpiendo la ya de por si saturada narración de Harley Quinn, explotando una y otra vez el mismo chascarrillo (nombre y agravio) y añadiendo historias que de forma forzada permanen inconexas durante la práctica totalidad del film hasta que acabas por componer este rompecabezas alocado de entresijos que ocultan los personajes principales. Ahí, no puede ser negado, salen claramente maltratadas Helena Bertinelli / La Cazadora (Mary Elizabeth Winstead), infrautilizada y denostada a un par de chascarrilos y otras tantas escenas de acción, y Dinah Lance / Canario Negro (Jurnee Smollett-Bell), más presente que la anterior pero igualmente menos recurrente que, sobre todo, la Montoya… esta por alguna razón que se me escapa hasta en la sopa.

Técnicamente el film no escatima en hiperbólicas y estrambóticas secuencias de acción, no tengo claro si obra de la directora Cathy Yan, o del responsable de segunda unidad Chad Stahelski, meastro entre maestros y además de director de las tres partes de la saga John Wick, director de segunda unidad de Ninja Assassin o Capitán América: Civil War, amén de coordinador de especialistas de más películas de las que podéis imaginar. Pero lo que está claro es que por ese lado la película es un inagotable despiporre de ideas inconcebibles trasladas a pantalla de forma hiperactiva y sobresaliente. Y así están la cosas, una comedia que no brilla por la risas, si bien tiene momentos simpáticos, y donde destaca el brillante uso de la escenografía, algunos momentos cómico-excesivos (la concepción del bocata), y, sobre todo la gran protagonista… Harley Quinn y sus millones de desvaríos mentales. El resto es transición, por no decir relleno. Cine de acción en modo cine de acción. Vale.

Otro cartel más, muy molón, para Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn)
Otro cartel más, muy molón, para Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn)

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