Mes completito junio. Repleto de cosas sorprendentes que se van a lo más alto como Obsession o The Drama, con sorpresas como Backrooms, cine palomitero como Supergirl, Masters del Universo o El día de la revelación, y con mucho Lucio Fulci. Mucho cine en salas, que es lo importante.

Obsession de Curry Baker. “Te quiero”, “yo te quiero más”, “no, yo te quiero más”, “no, yo te quiero mucho más”, “no, yo te quiero mil veces mucho más”, “no, yo te quiero infinitas veces mucho más”… Curry Barker estuvo un día enamorado y de ahí nació esta Obsession. El director youtuber nos lleva de viaje a la tierra del crushing, de las miradas cómplices, del hormigueo y las mariposas en el estómago, pero a la vez perpetra una entrada a toda velocidad en el horror más carnal, posesivo, enfermizo, asfixiante… una barbaridad. De verdadero miedo. Hacía tiempo que no estaba incómodo por desesperación. Una joya!

The Drama de Kristoffer Borgli. Bienvenida sea esta oda a la hipocresía, al hijoputismo, las amistades peligrosas, el postureo, el cinismo y los terrores de la vida en pareja. Una comedia romántica que es en realidad un drama en toda regla, pero no uno de esos de llorera descontrolada, si no un drama por la cantidad de explosivo que lleva entre las líneas de su guion. Zendaya y Robert Pattinson son una pareja neoyorkina que transiciona por la más perversa desconfianza tras echar un vistazo atrás y exponer ese oscuro secreto que todos tenemos y que en realidad no vale la pena sacar a la luz. Nadie valora el peso de lo contado y es ahí donde el más perverso cinismo sale a la luz… Su director, Kristoffer Borgli, vuelve a contar algo inusual, tras esa fantasía que es Dream Scenario, y vaya su logra un nuevo genial resultado. Es necesario disfrutarla.

Un cartel de ObsessionUn cartel de Obsession

Supergirl de Craig Gillespie. La versión macarra del universo Superman es esta adaptación de la obra «Supergirl: Woman of Tomorrow» de Tom King, hijo predilecto del mundo del cómic por contar historias que se salen de lo habitual. Supergirl es más una road movie / buddy movie que un film de superhéroes al uso, es un nuevo viaje por el páramo, ya sea el espacial o el desértico terrenal donde pululan peña con cuero y pinchos, un periplo interestelar en busca de la venganza (no la de la protagonista) y al tiempo la redención (en este caso sí Kara Zor-El). Es un buscar su lugar entre el inmenso caos mental que se gasta el personaje encarnado con desparpajo y desparrame por Milly Alcock, mira que me moló en la primera temporada de «House of the Dragon». De alguna manera es ese coming of age del personaje, su infancia, su presente y su ¿paso? a ser adulto y con la cabeza sobre los hombros. Ah, y sale Lobo. Divertido.

Backrooms de Kane Parsons. Pues aquí está una de las locuras de la temporada (con permiso de Obsession), un creepy-pasta fusionado con found footage que nace de los fondos sociales de YouTube, y al que A24 le ha encontrado un ya demostrado gran valor ($$$). Parsons saca oro de una mina que innova, y que nos deja caer a la taciturna vida de Chiwetel Eijofor, dueño de una de esas tiendas made in usa que aquí no entendemos. Igual que otras joyas de sus momentos (por poner ejemplos distantes argumentalmente suelto al aire Primer, Moon, Coherence o The Man from Earth), Backrooms nos traslada a algo imposible, un mundo a la gauntlet alternativo, donde sigo sin tener claro que se oculta, mezclando ciencia ficción (lo más), y terror (hay algún que otro jumpscare que acojona). Junto a Ejiofor está Renate Reinsve, psicóloga que adolece de ese desasosiego humano que tan miedo da, o Mark Duplass, otro que tal baila. Psicológicamente extraña.

El día de la revelación (Disclosure Day) de Steven Spielberg. Si es que este tipo de películas siempre molan, adentrarnos de nuevo en el género conspiranoico más clásico, el thriller gubernamental, la paranoia, el «mesianismo»… es un viaje al pasado. Que encima tenga de base el fenómeno OVNI, y que te inviten a volver a recitar eso de que «Creer es la clave», pues ya hace subir enteros. El cine de Spielberg, con sus formas, sus tropos, y su masa crítica, vuelve a inundar este nuevo viaje por su visión sobre la eterna neura extraterrestre y si estamos solos o no en este inmenso universo. El inconfundible estilo del director empapa todo el film, creando momentos icónicos, referencias a su propia filmografía, etc. Es altamente entretenida y me ha dejado dándole vueltas a esas dos semanas previas donde Donald Trump se dedicó a hacer una ¿promoción? del film de Spielberg… vaya WTF más gordo todo. Ya no digo que creer sea la clave, es que ya no sabes que narices creer. Spielberg rules.

Masters del Universo (Masters of the Universe) de Travis Knight. A lomos del más descontrolado fan service, ese que no escatima en visitar el lore más puro, el humor de los memes de internet, y el universo animado de Filmation, surge Masters del Universo, film de Travis Knight, director de ese otro regreso a los 80 que fue Bumblebee. Tras agonizar durante una larga hora donde los más veteranos reconocerán y se regodearán con presencias y otras derivadas, llega el momento del necesario remonte, las dos horas y pico del film lo reclaman. Es ahí donde los chistes por duplicado, los dobles sentidos, memes y referencias, harán las delicias del más pintado, pero que sin embargo no lograrán encontrar su sitio en el no fan del producto. Es ahí donde uno asume que la historia no va a dejar de flojear y que lo mejor es dejarse llevar por bucles chistosos en torno al puño de Fisto, el Adam terráqueo, o los momentos Teela / He-Man y el taparrabos, etc. Todo es muy gratuito, pero te acabas por sentir cómodo porque los memes te los llevas merendando muchos años. Igual es la fórmula correcta, romper la épica con chistes y momentos ridículos, pero Masters del Universo parece un film nacido para hace una década. Mención aparte merece la maravillosa banda sonora de Brian May y Daniel Pemberton, infrautilizada cuando está bastante claro que podrían repetirla en bucle en cada pelea y estarías todo el rato con el corazón en un puño. Es simpática, pero flojea lo suyo. Una pena por el batacazo que se está llevando.

Tom Clancy’s Jack Ryan: Ghost War de Andrew Bernstein. Clásica y novelesca. No sorprende en nada, pero está bien rodada. Para pasar el rato vale.

Un cartel de The DramaUn cartel de The Drama

La silla de Ángel de la Cruz. ¿Qué puede salir mal? TODO. La versión española de «El juego de Gerald» es un sinfín de despropósitos. Vale que hay decisiones que uno puede tomar y que no son nada acertadas, pero que todo lo que hagas sea, de cara al espectador, totalmente desacertado es ya rizar el rizo. De regalo un par de momentos que uno no tiene claro a santo de qué vienen, y un compendio de circunstancias, casualidades, decisiones, etc. que válgame el amor hermoso. Nada funciona y mucha responsabilidad la tiene el gallego Ángel de la Cruz, que se apoya en lo increíble y patillero. Mejor es quedarse sentado en casa.

Chum de Jonathan Zuck. Serie Z de manual donde el mayor atractivo es el sonido crunchi de las víctimas del tiburón… debieron romper muchos palitos de madera de helados mientras la rodaban.

La asistenta (The Housemaid) de Paul Feig. Ostras con Feig… esto no me lo esperaba. No inventan nada, pero si llegas como he llegado, la patada en el estómago, el doble o triple WTF, te deja con el culo torcido. Dura un buen rato, pero lo hace por necesidad para construir de forma paciente el tobogán con cuatro loopings que te tragas sin comerlo ni beberlo. Sidney Sweeney está muy bien, pero es que Amanda Seyfried la supera. A Brandon Sklenar ni lo ubicaba. Thriller sorprendente, pena no verla en cines…

De regalo ha sido un mes dedicado a ver cosas de Lucio Fulci, con visionados sorprendentes…

Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombi 2). Sigo con mi recorrido por el mundo de Fulci revisando, por un lado, y descubriendo, por otro, su filmografía. Nueva York bajo el terror de los zombies, o más bien Esa isla tropical bajo el terror de los zombis, juega en la liga que sólo el propio Fulci controlaba. Desde su violento arranque, hasta ese desparrame sangriento y gore que acontece en una isla donde no desearías pasarte ni de visita. Los que la vendieron pretendieron generar aun secuela donde no lo había, y no sacaron provecho del verdadero potencial que tiene la obra, a su ritmo, con su desesperación, sus premonitorios primeros planos, y con iconos cinematográficos que han traspasado todas las barreras como el zombi vs. tiburón, o más si cabe la asfixiante secuencia del ataque al personaje encarnado por Olga Karlatos, donde sabes lo que va a pasas y Fulci no lo anuncia, directamente lo ejecuta. Una joya que según escribía aquí he aumentado en valoración… ya no se hacen cosas como esta, que cojones. La tenéis en Filmin.

Angustia de silencio (Non si sevizia un paperino). Muy macabra, y hoy en día casi perversa y prohibitiva. Lucio Fulci se saca una giallo atípico, donde los cánones del subgénero no se plasman del todo, y donde la perversión humana roza lo obsceno. Es genial, de principio a fin, repleta de giros, momentos incómodos que hoy serían castigados sin parangón, y salvaje. Bebe algo de Perros de paja, de un año antes, y no se corta un pelo en lo tocante a los infantes, le saca cuatro años a ¿Quién puede matar a un niño? Que bueno era Fulci por dios, que sobrado iba. Esta se debe disfrutar en FlixOle.

Siete notas en negro (Sette note in nero). Lucio Fulci y 1977. Lucio Fulci y una historia inesperada, bien jugada, corazón delator, gato negro y paranoia visionaria. Inteligente y muy entretenida, directa a que le des vueltas desde el minuto uno tratando de encajar las piezas del puzle que propone el director / guionista. Por encima suena la magia de Fabio Frizzi, mago italiano, maestro junto a Fulci y explorado con éxito por RZA usando un sample del tema central de esta Sette note in nero en la pieza Ode to O Ren Ishii. Que bueno es descubrir este cine que nunca me había parado a explorar. También está en Filmin.