noviembre 2026
Sáb 7 Nov 2026
Venga, vamos con un nuevo mes que la cosa ha estado muy animada. Recupero un listado peculiar, cosas nuevas, cosas del año pasado, cosas del más pasado si cabe y cosas para olvidar. Entre todo lo visto, pues Clayface, Whalefall, La invitación, Street Fighter, El precio de la red, Animals, Digger o Verity, pero también Luger, Los demonios y La matanza de Texas. A la lectura.
La invitación (The Invite) de Olivia Wilde. Mira tú… Cesc Gay se hace de oro. Olivia Wilde recoge el testigo del guionista / director español y se hace su versión de Sentimental, planteando la no tan idílica vida de un matrimonio encarnado por la propia Wilde y Seth Rogen. Tensiones de todo tipo: sexuales, personales, sociales, laborales, familiares, y frustraciones del mismo calibre: creativas, familiares, etc. De regalo una muy potente Penélope Cruz y un, a la postre, pelele encarnado por Edward Norton. Tiene cierto aire místico que todavía me desconcierta. Ojo. Cesc Gay debe tener el bolsillo con unas cuantas perras si tenemos en cuenta que Die Nachbarn von Oben, V dobrém i zlém, Vicini di casa, 윗집 사람들 y Et plus si affinités llegaron antes que esta La invitación, y sí, Ettepanek y De bovenburen llegarán en 2027 para contarnos la misma historia de matrimonio con problemas y vecinos que propuestas inesperadas. Simpática y francamente entretenida.
Whalefall de Brian Duffield. Curiosa horror movie vestida de drama paterno filial y de trauma gastrointestinal / parturiento. En Alien, el octavo pasajero decían aquello de “En el espacio nadie puede oír tus gritos” en The Descent decían aquello de “En esta cueva nadie puede oír tus gritos” y en Whalefall dirán “En el estómago de una ballena nadie puede oír tus gritos”. Asfixiante un rato largo, con el sufridor Austin Abrams (top en Resident Evil, en esta o en Weapons), y adentrándonos en un viaje por lo más íntimo de un cachalote. Por momentos desesperas…
Clayface de James Watkins. Bienvenidos al mundo de Cara de barro, un giro notable dentro del universo del cine comiquero (al fin). Me ha encantado ver al sello DC apostar de cabeza por el siempre agradecido subgénero del body horror, fusionándolo con un cómic que sería complejo de tratar como tal en gran pantalla. Me ha sorprendido la gozosa visita al gore más explícito y desagradable, con sobresalientes secuencias de esas que invitan a apartar la vista si padeces que toquen ciertas partes del rostro. Me ha parecido fabuloso encontrarme con un Darkman moderno, en su estética, en sus decisiones y padecimiento, y que el espíritu Sam Raimi tenga una presencia genial (amén de recuerdos a Muertos y enterrados, La cosa, La mosca, El fantasma de la ópera…). Me ha gustado descubrir, gracias a terceros, que la frescura del film radica en ocultas referencias al personaje en viñeta y serie de televisión. Pero como siempre hay un pero, no me ha cuajado que esa máquina de vorágine body horror / gore que se pone en marcha desde casi su primer minuto sufra un aplatanamiento cuando la expectativa que ha generado previamente no se vea potenciada en su decisivo final. Ojo, no es malo, pero te deja un poco con dudas o pensando en modo “what if…?” Clayface es notable, el poco conocido Tom Rhys Harries encaja y el resto de reparto, secundarios o poco conocidos, hace que el traslado de Cara de barro a cines funcione perfectamente como un terror moderno a tener en cuenta.
Cartel de la remasterización para Cannes de Los demonios
Street Fighter de Kitao Sakurai. Seamos generosos y que todos esos homenajes, guiños y referencias valgan para salvar un film aburrido. Dos horas largas, mucho, donde hay peleas, pero no hay torneo, donde se respetan de forma gloriosa la identidad visual de todos los personajes, pero que sin embargo quedan desdibujados como son el caso de Blanka, Guile o Dalshim. Pero bueno, tiene momentos divertidos, una animación inesperada pero agradable, música de unos 90 que estaban por llegar y mucho, mucho, pero que mucho homenaje. Veremos si hay futuro… jodido lo tienen.
El precio de la red (The Social Reckoning) de Aaron Sorkin. El cine de investigación y causas legales siempre mola. Molan más cuando ocurren en USA, ese país donde la parafernalia de todo lo que rodea a estos temas tiene lustre y es de dimensión inabarcable. Si por encima pones a Aaron Sorkin a los mandos (guionista muy top y responsable de El juicio de los 7 de Chicago, Molly’s Game, La guerra de Charlie Wilson, La red social o, evidentemente «El ala oeste de la Casa Blanca»), pues el resultado es por lo menos entretenido. Y ojo, no es que sea una maravilla esta El precio de la red, pero disfrutas viendo los entresijos que llevaron a Facebook a migrar a Meta, y que dejaron claro lo que todos sabemos… las redes sociales tienen un peligro inherente en ellas (adición, dependencia, falsedad, orientación…) A nivel actoral pues curiosa, muy de estilo de estas pelis corales donde todos los personajes tienen su momento, donde todos son protagonistas con más o menos tiempo en pantalla, y donde la gran dramatización pasa por que Jeremy Strong trate de ser tan impasible y marciano como el nuevo Mark Zuckerberg (aunque no se le parezca un huevo) … pena que no estuviera ahí sentado Jesse Eisenberg. La otra gran curiosidad es Mikey Madison, que tan pronto te hace una de Scream, despunta con Anora, o es una chica Mason en Érase una vez en… Hollywood.
Animals de Ben Affleck. Menos mal que Netflix tiene todavía contrato con grandes como Ben Affleck o David Fincher (este ya expirado tras la de Las nuevas desventuras de Cliff Booth). En el caso Animals, Affleck protagoniza, escribe y dirige una curiosa mezcla donde asoman Rescate o Los idus de marzo. La historia del film está bien planteada, acumulando acciones desesperadas, coincidencias que hacen que la tensión entre los personajes crezca, y un poco de debate moral que no le quita encanto al resultado final. Hay unos cuantos “me lo creo” cruciales, y la dejan balanceándose entre la debacle y el te lo compro… pero bueno, se deja ver que no es poco si tenemos en cuenta que lo que toca Netflix, en su 90%, es un truño.
Digger de Alejandro González Iñárritu. Atípica, pero enraizada en lo que Iñárritu ya concibió hace unos años (y por ende repetitiva). Juega en una liga especial, una en la que Wes Anderson, Terry Gilliam y otros fantasiosos podrían haber participado o participan. Es cómica y dramática, pero una vez la carta principal queda dada la vuelta, esperas todo el rato esa parte del relato donde los personajes son esencia interpretativa, desde Tom Cruise, pasando por John Goodman (maravilla), Riz Ahmed, etc. La película tiene reflejos más que evidentes de Birdman, pero también de Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú, Brazil, o los mundos de los Monty Python y el ya mencionado Anderson. Para ver y disfrutar.
Verity. La sombra de un engaño (Verity) de Michael Showalter. Póngame un 15,23% de 50 sombras de Grey + 1,32% de Misery + 9,78% de La trampa + 4,86% de La sirvienta… y el resto mierda infecta. Esto es Verity. Horror de adaptación de una historia de chiste donde no se salva nada ni nadie. ¡Corred insensatos!
UnUn cartel de Street Fighter
Ahora una del año pasado…
Luger de Bruno Martín. Aplaudida a rabiar en Sitges 2025 no me la esperaba. El debut de Bruno Martín, un completo desconocido al menos para el menda, es lo más macarra, poligonero, frenético, y repleto de inteligencia y originalidad en años en el cine patrio. Las frases ácidas y el humor gamberro encumbran Luger junto a su dura y vívida violencia. La verdad, hacía tiempo que no veía algo tan fresco y donde el aroma a cine de guerrilla anima más si cabe su visionado. No me extraña que triunfara a todo festival donde se ha podido ver.
Y dos de los setenta…
Los demonios (The Devils) de Ken Russell. Madre mía. Pero madre mía, madre mía. Russell narra sin tapujos los hechos ocurridos en torno a lo que se conoce como Los demonios de Loudoun (caso de aparente posesión múltiple entre un grupo de monjas Ursulinas) y, envuelto en el mayor de los desenfrenos, nos planta ante el terror eclesiástico, la extrema creencia, la falsedad y la ignominia. Un viaje hiperbólico, plagado de sexo, herejía, locura y violencia. Vanessa Redgrave como la hermana Jeanne des Agnes es puro horror atávico, odio por deseo, monstruosidad humana, y Oliver Reed es un don Juan que juega tanto con fuego que se acaba quemando… Russell puebla Los demonios de iconografía, de escenografía lisérgica (recuerda a La montaña sagrada de Jodorowsky), y lo dota todo de esa malsana iglesia que anteponía política a pueblo, engañando y envidiando. Hay de todo, sacrilegio, torturas, libertinaje, exorcismos (madre mía), etc. Este cine hoy en día es completamente inconcebible. NO ME ESPERABA ESTO.
La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre) de Tobe Hooper. Vista una nueva vez y seguramente la que más desagradable me ha parecido. La matanza de Texas es malsana, viciosa, grotesca y desconcertante. La scream queen Marilyn Burns protagoniza unos de los instantes cinematográficos más inmanejables del séptimo arte, con expresión de puro terror, inigualable, y Hooper enfatiza más esos desesperantes momentos utilizando de manera soberbia la cámara y el plano, de forma que pese a ser un mero espectador te sientas partícipe de esos violentos, humillantes y eternos minutos. Siempre descubres más cuando recuperas esta obra maestra del género.













