Opinión


El pasado 9 de febrero, visto así hay que reconocer que ya ha llovido, tuve la ocasión de comenzar a leer la novela "Una de Vampiros" del curioso y dicharachero Martín Piñol. Como bien puntualizo "tuve", porque como me embarco en cien mil proyectos simultáneos la obra pasó a engrosar la lista de debes que crece y crece en mi mesilla de noche, la que ahora mismo parece una Torre de Babel complicada de digerir. Pero nada, hace unos días me marqué una pauta de lectura y fue ese el momento real en el que le llegó el turno a la obra de señor Piñol. Cual vampiro sediento de sangre me abalancé sobre ella y la he ido degustando a lo largo de un número de madrugadas de número indeterminado. Una vez leída lo primero que pensé fue… quiero más, necesito más dosis de ese antihéroe que es Costales, quiero ver actuar otra vez al Adolecedor, necesito más referencias cinematográficas frikis, debo conocer más ese mundo que durante años disfrutas del otro lado pero sobre el que no llegas a profundizar.

Portada de "Una de vampiros"
Portada de «Una de vampiros»

La obra escrita por Martín Piñol nace en una era donde los vampiros están hasta en la sopa, pero a diferencia del romanticismos de dientes largos que nos golpea con dureza a los fans de los señores de la noche deseosos del "no beber vino", tanto vampiro brillante emo está haciendo demasiado mal a la concepción de la criatura, Piñol se une al lado oscuro y se saca de la manga un despiporre que arranca con tonos detectivescos de andar por casa pero que acaba transformada en una sorpresa digna de leerse con gusto, una serie-B en papel que hará las delicias de aquellos que disfrutéis con la mala baba. Aquí los vampiros son como deben ser, primero unos cabrones de tomo y lomo, con un objetivo inclasificable y que no desvelaré porque vale la pena descubrirlo por uno mismo, y segundo, vampiros de esos que se queman con la luz del sol y que cuando el agua bendita les salpica acaban algo más que doloridos y largando improperios de primer nivel. Sumemos a todo esto que Piñol aprovecha al máximo una de las características más brillantes que atesora, un sentido del humor, muy negro en esta ocasión, y una capacidad de escribir diálogos molones que hacen que la lectura sea, además de interesante, divertida e incluso de esas que te obligan a largar una sonora carcajada dadas las situaciones y diálogos que acontecen.

En definitiva, serie-B novelesca, digna del Hollywood independiente y donde no se escatima en sangre, insultos y violencia vampírica de primer nivel. Además, cuando un escritor es un fan, uno de esos que ve y asimila cual esponja permanentemente seca, pues no puedes pasártelo mal con todas las referencias que utiliza. Ahora que se acerca el calor veraniego "Una de Vampiros" se presenta como ideal para animar vuestras lecturas de bajo presupuesto…

Costales, un treintañero de Barcelona, egoísta y despreocupado, es enviado a Hollywood para cuidar de un joven depresivo que estudia cine. Pero el día en que Obama puede convertirse en presidente, el chaval es secuestrado por un grupo de vampiros que ruedan una snuff movie. Ayudado por un homeless ex marine con ansias de venganza, Costales tendrá veinticuatro horas para enfrentarse a estudiantes de cine, actores con pretensiones y otros seres del averno, y encontrar a su amigo.

Retrato de los jóvenes cineastas del Hollywood actual, novela negra narrada con mentalidad europea y relato vampírico muy particular, lo que sí certificamos ante notario es que la lectura de «Una de vampiros» resulta maliciosamente divertida. Y si le hubiéramos puesto fotos y direcciones, también serviría de guía básica para la ciudad de las palmeras y las autopistas. Para que luego se diga que sólo aprendes cosas con las novelas históricas.

Algunos datos informativos…

  • Editorial: Timunmas
  • Colección: Terror
  • Fecha Publicación: 08/02/2011
  • ISBN: 978-84-480-4028-4
  • Páginas: 257
  • Cubierta: Rústica con solapas
  • Precio: 14.00 €
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La verdad es que este fin de semana había poca opción cinematográfica en lo tocante a géneros propios de este blog. O me volvía a ver El último exorcismo (The Last Exorcism, 2010) de Daniel Stamm, cosa que debí haber hecho, o me pasaba un rato por la sala de cine para ver en 3D la nueva incursión en el cine del dúo sacapuntas formado por Paul Bettany, actor, y Scott Stewart, ¿director? Lo dicho, uno que se va a ver El sicario de Dios (Priest, 2011) sin esperar nada y se encuentra con menos… estamos ante una de las películas más atroces y terribles que se pueden estrenar en cine hoy en día, con permiso de Legión (Legion, 2009). Apoyándose en el concepto creado por Hyung Min-woo en su entretenido y recomendable manwha "Priest", lo que uno se va a encontrar en el cine es ante todo cualquier cosa menos una adaptación (pero esto ya lo sabíamos). La verdad es que no me explico la razón por la que Sony Screen Gems ha optado por cambiar tanto el rumbo de la obra de Hyung Min-woo, mucho más atrayente y seguro que atronadoramente superior a este mediocre pastiche de futuro apocalíptico, criaturas "vampiro" y pseudo-western de medio pelo. Pero claro, luego te sientas en la butaca y te das cuenta de las razones que mueven este despropósito… abaratar costes y hacer rentable la inversión realizada. En la era digital es mucho más sencillo crear mil escenarios digitales, enseñarlos a razón de 1 cada 3 minutos en invertir poco o nada en material real. Está claro que si en lugar de vampiros cuadrúpedos tienes que poner actores maquillados como muertos vivientes o diablos, y si en vez de trenes hipermodernos o motos imposibles debes apostar por locomotoras a vapor y caballos, pues el presupuesto se te dispara. Eso es lo que lleva a El sicario de dios a ser cualquier cosa menos original y diferente.

Póster español de El sicario de dios
Póster español de El sicario de dios

Un sacerdote perteneciente a una raza de superhombres entrenados para combatir a las criaturas vampiros, Paul Bettany debería cambiar de agente ya, se ve obligado a romper su voto de inactividad cuando su sobrina (Lily Collins) es secuestrada por una jauría de "hijos de la noche". Se suponía que estos sanguinarios monstruos estaban todos controlados en cárceles de máxima seguridad, pero queda claro que algo les vuelve incitar a atacar. Traicionando a su líder espiritual el Monseñor Orelas (Christopher Plummer), nuestro sacerdote escapará de la siniestra y contaminada ciudad en la que vive para, acompañado por un joven sheriff llamado Hicks (Cam Gigandet), hacer frente al mal que ha renacido en el abandonado páramo en el que se ha transformado el mundo. Su destino volverá a cruzarse no solo con Priestess (Maggie Q), otra de su misma raza, si no con un viejo amigo al que creía fallecido… el malérrimo Black Hat (Karl Urban).

Y con estos mimbres argumentales Cory Goodman crea una historia que titula El sicario de dios, que dicen adapta la obra gráfica "Priest", y que transita 75 minutos, siendo generoso, donde un 3D plano y carente de sentido decora un film ya de por si oscuro y orientado a demostrarnos que los cuatro escenarios de cartón piedra que te hagan falta para rodar una película como esta, se pueden engrandecer con una jugosa inversión en efectos visuales… atención a los múltiples viajes en moto, a la escena del bar con el rosario hecho trizas o al combate con el vampiro guardián de la colmena. Luego un simpático cameo como el de Brad Douriff, muchos absurdos en la historia, que todo sea dicho es ramplona a más no poder, y un desenlace que, muy a mi pesar, dudo que llegue a significar mucho para esta entiendo que planificada franquicia. Del resto que decir… que Cam Gigandet actúa más tenso que una cuerda de piano, que de rebote te encuentras con agradables visitas como las de Stephen Moyer o Alan Dale, que de tecnología de última generación pasas a motos de motocross, casualidades sonrojantes, etc. etc. Desconozco las razones por las cuales Scott Stewart hace películas, pero tras la atroz Legión, con El sicario de dios se demuestra que esto no es lo suyo. Además, no siempre un veterano técnico en efectos visuales de una reputada compañía como la fenecida The Orphanage está capacitado para llevar adelante proyectos sin ser un pelele en manos de poderes superiores. Ojo, estoy convencido, seguro y pongo la mano en el fuego, porque si en lugar de usar a Paul Bettany, Scott Stewart, Christopher Plummer, Cam Gigandet y Lily Collins, das el proyecto a Genndy Tartakovsky, te sacas de la mano una de las películas de animación más molonas y sangrientas de los últimos tiempos. Otro gallo hubiera cantado, pero El sicario de dios es más bien una cruz y una penitencia que solo se soluciona rezando medio millón de Ave Marías y otros tantos Padre Nuestros.

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Pues nada, llegó el día y aquí uno que se pudo acercar con un buen grupo de amigos al cine a ver Thor (2011) de Kenneth Branagh en impuesto, que no obligado, 3D. Marvel Studios sigue dando forma a su particular universo pero ahora al abrigo, no se si muy recomendable, de la Walt Disney Company. Las aventuras más grandes de los personajes con más solera y seguidores de la Casa de las Ideas siguen poblando las pantallas del cine con diferente soltura. Todo con miras a ese verano del 2012 donde el director más fan del mundo mundial, Joss Whedon, estrenará la deseada por muchos The Avengers (2012). En este caso, Marvel Studios nos traslada a Asgard, hogar de Thor, y ofrece como resultado uno de sus productos comiqueros más irregulares del sello. No se cual habrá sido el error, pero igual la cargante y cansina campaña publicitaria, aunque puede que el planteamiento de la historia o incluso el haber contado con un director como Kenneth Branagh, hace tiempo inmerso en una espiral de poca calidad de la que no encuentra el final, sean la causa. Porque si, este Thor que ha llegado a los cines se divide en dos fases muy diferentes. Una de rutilante calidad, natural toque shakesperiano y donde Branagh se ha encontrado como pez en el agua… los gigantes de Jotunheim, Asgard y su drama familiar… genial. La otra es de tedio casi absoluto, apoyada en demasía en la comedia resultona donde ni los personajes encuentran su sitio, ni la presencia de S.H.I.E.L.D. impacta y donde lo que ocurre resulta más mediocre de lo que se debía esperar, vamos, una chufla. La verdad, hay incluso momentos que uno llega a pensar que en lugar de Thor a esto deberían llamarlo Turd.

Cartel español de Thor
Cartel español de Thor

Thor (Chris Hemsworth), hijo de Odin (Anthony Hopkins) y hermano de Loki (Tom Hiddleston), decide actuar de manera arrogante e irresponsable contra los gigantes de hielo de Jotunheim provocando que el reino de Asgard se quede al borde de que una guerra ancestral ya olvidada resurja. Su enorme ego acaba con la paciencia de su padre y este, Rey todopoderoso, decide castigar a su hijo con el destierro en la Tierra. Allí Thor, ahora uno más entre muchos, se cruzará en el camino de un trío de científicos encabezados por Jane Foster (Natalie Portman) y el profesor Erik Selvig (Stellan Skarsgård). Thor buscará por todos los medios volver de nuevo a Asgard pero para ello se verá obligado a madurar y a darse cuenta que con la arrogancia no se va a ninguna parte. En medio del fregado estará Loki, que sacará todo el provecho posible, y algo más, al destierro de Thor en la Tierra.

Marvel Studios vuelve a la carga sacándose de la manga una película desigual y extremadamente dependiente del entorno en el que tengan lugar los acontecimientos. Por un lado tenemos la magnificencia de los mundos de fantasía como Asgard, donde el derroche visual es inconmensurable y donde el trabajo creativo no tiene parangón, o Jotunheim, tierra helada perfectamente imaginada. En esos mundos la historia se desarrolla con mucha soltura encontrando un medio natural para explotar las vicisitudes de los personajes y sus historias. Es en esos momentos cuanto el universo comiquero creado por Jack Kirby y Stan Lee cobra vida y donde uno agradece encontrarse con guerreros de la talla de Volstagg (Ray Stevenson), Hogun (Tadanobu Asano), Fandral (Josh Dallas) o Sif (Jamie Alexander). Así mismo podemos disfrutar del peculiar Puente del Arcoíris protegido por Heimdall (Idris Elba) y de toda la parafernalia que uno se pueda imaginar para representar la tierra de Asgard. La verdad, a nivel artístico Marvel Studios se merece un aplauso porque ha sabido además aportar a ese clasicismo que transmitían los cómics una merecida modernidad, vestuario y tecnología, que encaja sin problemas. Pero claro, si luego desciendes a la Tierra, y los que era una historia de traición, odio, engaño, etc. la transformas en una comedia con ciertos toques de aventura, y donde el actor protagonista comienza a perderse en un entorno que sin dudarlo le queda demasiado grande, pues tiras un poco por la borda todo aquello que habías construido con firmeza minutos antes. Y es que la verdad, pero el destierro al que es sometido Thor lo sufrimos incluso los espectadores. Además, más doloroso es si cabe que personajes que en Asgard tienen chicha en la Tierra se conviertan en meros bufones en busca de provocar la risa fácil. Eso si, tras un segundo acto donde uno puede llegar a aborrecer lo que está viendo, de nuevo los vínculos con Asgard hacen que la película vuelva a recuperar el tono que nunca debió haber perdido. En definitiva, interesante en muchos aspectos pero deudora en otros tantos…

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Tras más de diez años de silencio, y con un tercer episodio de la saga que había "cerrado" el ciclo con mala nota, Wes Craven y Kevin Williamson, ausente en esa deudora tercera parte, vuelven a la carga cogidos de la mano para explotar con acierto la franquicia que en su día fue el renacimiento de las películas de terror slasher. Puede que muchos vean en Scream 4 (2011) un producto que no aporta, pero nada más lejos de lo que podáis imaginar. Craven y Williamson regresan a la saga que les llevó a lo más alto en la década de los noventa con un producto potente, entretenido, repleto de frescura, que riza el rizo de la paranoia ghostfaceiana, y que sabe reírse tanto de sus predecesoras como del terror que nos ha acompañado en la última década. Como bien reza el lema de esta cuarta parte, nueva década implican nuevas reglas. La buena del dúo, y sobre todo la del señor Williamson, se nota ya desde la secuencia inicial, que todo sea dicho es sencillamente magistral y adaptada a los tiempos que corren en esta era donde las relaciones se miden por el número de amigos que tengas en tus redes sociales favoritas, y hasta lo enrevesado de la neura que justifica el regreso de Ghostface a la vida de los protagonistas de la película… una recuperada Neve Cambpell, un siempre genial David Arquette y una surrealista Courtney Cox, mujer botox casi irreconocible que demuestra que la gente no sabe envejecer en la meca del cine, y eso que tiene unos cuarenta y tantos años.

Póster español de Scream 4 de Wes Craven
Póster español de Scream 4 de Wes Craven

Ha pasado una década desde que Ghostface actuara por última vez. Sidney Prescott (Neve Campbell) ha pasado página a todo lo ocurrido y en su regreso a Woodsboro las cosas no pueden comenzar peor. Con la simple idea de presentar su nueva incursión en esto de la literatura, amén de reencontrarse con los poco viejos amigos que le quedan en el pueblo, la pareja Dewey Riley (David Arquette) y Gale Weathers (Courtney Cox), un viejo compañero de fatigas se autoinvita a la fiesta para volver a destripar, pasar a cuchillo, degollar y apuñalar a todo aquel que se le ponga por delante. Nuevamente el mal fario de la Prescott hace acto de presencia en forma del serial killer Ghostface. Pero ojo, esta vez el objetivo del siempre imaginativo, imprevisible y obsesivo asesino cinematográfico es ir amputando las diferentes ramificaciones que crean el entorno woodsbororiano de la sufrida protagonista… ¿a razón de que vuelve a actuar diez años después Ghostface?

Craven y Williamson actúan descaradamente de dos maneras. La primera seduciendo al fandom de la franquicia original con el retorno de los personajes fijos en el universo Scream y decorando el ya veterano elenco con jóvenes actores que, como ocurriera en otra época, acabarán por hacerse un hueco en el cine de dentro de unos cuantos años. Emma Roberts, Hayden Panettiere, Nico Tortorella, Rory Culkin, Adam Brody o Erik Knudsen, son además el equivalente obligado a Skeet Ulrich, Rose McGowan, Matthew Lillard, Ommar Epps, Timothy Olyphant, Jamie Kennedy o Jerry O’Connell, y, salvo sorpresa, carne de productos medios que irán decorando las pantallas de las salas de cine de hoy en adelante. La segunda forma es recuperando el ritmo del primer film, relanzando el sello pero apoyándose, para no tropezar como en terceras partes, en una historia sólida, entretenida y que al nuevo público, cinco lustros son cinco lustros, enganchará porque hace tiempo que no se ve una película slasher de estudio tan divertida como esta. Además, y como ya ocurriera en la memorable Scream, vigila quien llama (Scream, 1996), Craven y Williamson buscan un buen bastón de apoyo con la presencia de actrices de sobra conocidas en el mundillo que otorgan al respetable una efímera pero divertida aparición, que grande el cameo de Anna Paquin y Kristten Bell. En definitiva, una película que gustará a los fans de la saga y que seguro que a algún neófito en estas artes abre los ojos con ansias de mirar al pasado.

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Tras esperar con muchas ganas lo nuevo de Duncan Jones, este pasado viernes pude acercarme entusiasmado al cine a ver Código fuente (Source Code, 2011), el segundo proyecto cinematográfico de ciencia ficción salido de las manos del director de la fabulosa y melancólica Moon (2009), una de las mejores películas del género de los últimos años. Escrita por Ben Ripley, guionista con un bagaje a sus espaldas hasta ahora poco interesante – Species II (2004) y Species IV: El despertar (Species: The Awakening, 2007) -, Código fuente se presenta como un film destinado a envolvernos en una trama recurrente, cambiante en base a las acciones del protagonista, y que debe sacar todo el jugo posible a un período temporal tan escaso, 8 minutos lo es todo, que sorprende el mucho juego que puede llegar a dar ese pírrico espacio de acción. Apoyándose en términos tan complejos como la mecánica cuántica y los cálculos parabólicos, Código fuente se afianza en el siempre disfrutable universo del cine donde se transita por viajes a otros espacio-tiempo además de sacarle fruto a géneros igualmente geniales como el misterio o el suspense. En pocas palabras, estamos ante una versión más ajustada, por eso de los 8 minutos, de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), aunque con unas implicaciones bastante más complejas que las planteadas en la fabulosa comedia de Harold Ramis.

Póster español de Código fuente
Póster español de Código fuente

El capitán Colter Stevens (Jake Gylleenhaal), piloto de helicópteros en Afganistán, se despierta en un vagón de tren sorprendido y sin saber como ha llegado ahí. Sentado ante una chica llamada Christina Warren (Michelle Monaghan) que le trata como si le conociera de antes, Colter no puede más que alucinar con la situación que está viviendo. No sabe que está pasando, no entiende porqué está en ese tren y se queda conmocionado cuando al mirarse en el espejo descubre que el hombre que se refleja no es él. 8 minutos después de sufrir esta desesperante situación, el vagón en el que viaja explota violentamente. Colter despierta ahora dentro de una especie de cápsula hermética comunicada con el exterior por artefactos electrónicos. Interrogado por la también militar Collen Goodwin (Vera Farmiga) y el doctor Rutledge (Jeffrey Wright), descubrirá que en verdad forma parte de un programa experimental militar llamado "Código fuente" que tiene como objetivo infiltrarse en los últimos 8 minutos de vida de una persona fallecida y tratar de descubrir la razón por la que ha muerto. En este caso su misión es descubrir quién ha provocado el atentado que ha destruido el tren en el que el militar se despertó por primera vez.

Jones vuelve a explorar el género que más le gusta, y mientras sigue trabajando en la futura Mute (¿?), ese homenaje a Blade Runner (1982) que ha prometido a los cuatro vientos, hace prácticas con proyectos como este Código fuente. Porque si, la película es ciertamente interesante. Lo que comienza siendo un viaje de pura investigación se torna en un tortuoso y doloroso intento por descubrir la verdad sobre la existencia del protagonista. La desesperación de Colter Stevens se traslada incluso a sus incursiones en el Código fuente, donde los muy justos 8 minutos le exigen tomar decisiones que acelerarán su establecido final. Porque al final si uno se lo plantea seriamente, la única forma de alcanzar su objetivo es probando diferentes opciones y fallando en casi todas ellas… vamos, como cuando uno desarrolla un programa informático, creas un Código fuente donde la única forma de mejora es mediante ensayos de prueba y error. Eso si, todo lo que se crea con el transcurso de la película, y bajo mi opinión, debería completarse en un momento genial, idílico y básicamente romántico, pero que por alguna extraña razón Jones y Ripley optan por obviar y seguir soltando cuerda para dejar al espectador un poco más perplejo de lo que ya estaba… Porque, ¿qué es en realidad el Código fuente? ¿Una forma de acceder a una consciencia residual de una víctima del atentado durante ocho ajustados minutos? o ¿un método de viajar a un espacio tiempo paralelo al nuestro ocupando la mente de una persona que se verá involucrada en unos acontecimientos que en nuestro momento ya han ocurrido? Todo esto debe analizarse para poder sacar algún tipo de conclusión al respecto. Película enigmática donde las haya, y aunque inferior a la magnífica Moon, debe ser vista en los cines para mayor gloria del género que engloba.

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Es momento de sacar a la luz varias de las opiniones que tengo por ahí pendientes. La verdad es que se me están acumulando este tipo de entradas y cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que, o me las quito de encima o se van a quedar ahí en el olvido más absoluto, como alguna otra con la que ya me ha ocurrido. Para comenzar este trío de merecidos post y no dejarme nada traspapelado arranco con una de las obsesiones que tenía en mente desde su estreno en USA allá por agosto del año pasado y su presentación al gran público en paralelo a la pasada Comic-Con de San Diego, hablo de Piraña 3D (Piranha 3D, 2010) de Alexandre Aja, desorbitado remake del ya clásico film de Joe Dante que en 1978, en mi caso a lo largo de los 80, sacó jugo a lo horrores marinos que unos años antes Steven Spielberg explotara con grandioso éxito. En fin, con cerca de ocho meses de retraso con respecto a su estreno en USA, golpe letal si alguien esperaba que el film lograra hacerse con una cantidad digna de recaudación aunque con la primavera ya se sabe, ha llegado a las pantallas españolas esta delicia gore, oda a las más bajas perversiones del adorador de serie B y una demostración más de que el señor Aja no pierde fuelle pese a haberse acomodado en el siempre controlador y edulcorado cine hollywoodiense. Porque si, dentro de lo malo que pueda tener Piraña 3D, que algo tiene, los frenéticos, acalorados, testosterónicos e hipersangrientos primeros sesenta minutos son una delicia donde hay cabida para las carcajadas más sonoras y los exabruptos más paranoicos. Todo esto se debe a un guión inicialmente fresco, que revitaliza el género y que cuenta con algunos diálogos dignos de ser anotados para el futuro, y un despiporre de cuerpos dorados al sol que, sin lugar a dudas, harán más mella en las mentes de ellos que de ellas.

Cartel español de Piraña 3D
Cartel español de Piraña 3D

Nos vamos al Lago Victoria, sede de una macrofiesta donde las camisetas mojadas, la música chunda chunda, el alcohol, las hormonas y el desenfreno padre son la tónica dominante. Por arte de birlibirloque un terremoto abre una sima y de ella salen un buen puñado de pirañas prehistóricas que por avatares de la vida optarán por dar buena cuenta de bañistas, obsesos, tías buenas y todo aquel que decida meter un pie en el agua que no debe. Una agente de la policía local, dónde estabas escondida Elisabeth Shue, decidirá investigar la situación con su compañero de fatigas, Ving Rhames se convierte en un Ash o un Lionel de la vida, al tiempo que se preocupa por sus hijos y algunos de los personajes más variopintos que pueden ser vistos en una película de hoy en día.

Delirantemente sangrienta y brutal, obra y gracia de los dioses del splatter moderno Gregory Nicotero y Howard Berger de KNB EFX Group, Piraña 3D es la cuarta película estrenada en cines del director francés Alexandre Aja, persona que con Alta tensión (Haute Tension, 2003) provocó más de una indigestión y que con Las colinas tiene ojos (The Hills Have Eyes, 2006) y Reflejos (Mirros, 2008) dio el salto al cine made in USA, ahondando curiosamente en el universo del remake absoluto… todos sus trabajos salvo Alta tensión son refritos de clásicos del terror setentero o de películas del fulgurante horror japonés. Aja es un crack y Dimension Films ha sabido sacar jugo al producto parido por este. Está claro que la época veraniega era la ideal para esta exploitation que, por momentos, casi se podría decir que roza detalles de la vertiente sexploitation. Porque si bien las dosis de casquería son gloriosas, Aja opta por comenzar con una primera parte de mini detalles gore para dar más protagonismo a cientos de cuerpos voluptuosos y calientes en frenético bamboleo, no me quiero imaginar las salas de cine en California por poner un ejemplo, donde destacan Kelly Brook o las actrices porno Ashlynn Brooke, Gianna Michaels o Riley Steele, estas dos últimas nuevas scream queen del género que de paso han gozado de libertad absoluta para mostrar en pantalla los valores que más explotan en el cine que habitualmente protagonizan. Escena onírica a parte, llegados al punto el despiporre se pone en marcha y durante unos 15 minutos Aja se desmelena, el gore se convierte en protagonista y el salvajismo desenfrenado hace acto de presencia, todo regado con tanto humor negro que uno no puede parar de reírse con el destino de personajes como el de Jerry O’Connell o Eli Roth.

Pero claro, todo lo que Aja gestiona con maestría durante más o menos una hora se desinfla sin remedio en unos últimos minutos menos frescos que, pese a todo, no hacen desmerecer para nada un producto global disfrutable de cabo a rabo… igual que lo hace la piraña.

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Pues nada, ya se ha estrenado uno de los films que esperaba con más ilusión, al menos por el singular estilo cinematográfico que es capaz de ofrecer Zack Snyder, y para variar tengo que reconocer que se trata de la primera medio decepción del año, por lo menos en cuanto a ritmo y guión. Aunque no nos engañemos, está claro que cuando algo se vende como Warner Bros. y Legendary Pictures lo han hecho con este film, es de esperar que el poderío total del proyecto sea el que Sucker Punch (2011) ofrece realmente al espectador. Efectos visuales de un nivel creativo espeluznante, demostración de que no hace falta el mal usado 3D para seguir sorprendiendo al público, una banda sonora poderosa repleta de temas clásicos reformados a las tendencias de hoy en día, y una dosis de desbordante imaginación que en estos momentos solamente Zack Snyder, y algunos otros que se cuentan con los dedos de una mano, es capaz de ofrecer en una película. Eso si, pese a todo esto, Sucker Punch adolece de notables carencias y por momentos cuesta seguir prestando atención a tal desbarajuste. Sin embargo debe reconocerse que lo hecho por Snyder es perfecto en su concepción y objetivo… 109 minutos donde cuatro aventuras inimaginables dan forma a un elemento global que, claramente, bebe de muchas de las culturas populares que más fans mueven hoy en día: los videojuegos, los cómics o literatura en sus múltiples vertientes – manga, superhéroes, fantasía, ciencia ficción, etc., el cosplay y los pases de lencería de Victoria’s Secret.

Cartel español de Sucker Punch de Zack Snyder
Cartel español de Sucker Punch de Zack Snyder

Sucker Punch nos cuenta la historia de una joven, más adelante conocida como Baby Doll (Emily Brown), que tras ver como su madre fallece debe hacer frente a las inquietudes más perversas de su padrastro. Un nuevo golpe en la vida de la joven acabarán con esta internada en Lennox House, una institución mental donde se programará su lobotomía. Con solo cinco días por delante, y ayudada por las también internas Rocket (Jena Malone), Blondie (Vanessa Hudgens), Amber (Jamie Chung) y Sweet Pea (Abbie Cornish), Baby Doll planeará su fuga del centro. La joven necesitará de diversos objetos que la ayudarán en su propósito y para conseguir cada uno de ellos "viajará" a diversos mundos imaginarios como una gran guerra donde lucharán soldados zombi, dirigibles y mechas, un universo futuro repleto de robots o una tierra fantástica en la que conviven orcos, caballeros y dragones…

La verdad sea dicha, Sucker Punch tiene mucho encanto. Ya sea por lo que propone, la forma de hacerlo, y los mil y un factores que llenarán al fan que acude al cine a ver la película. Pero todo esto, que demuestra que Zack Snyder ha mamado mucha consola, leído mucho cómic y soñado despierto, no debe ser aplaudido cuando pese a su inmenso esfuerzo el producto se acaba desinflando y perdiendo ritmo a pasos agigantados. Snyder y Steve Shibuya, guionistas, han trasladado a la gran pantalla lo que uno siente cuando disfruta de un videojuego o una aventura de rol… pero se han olvidado de como hilvanar todo el mejunje planeado para que el tedio no haga acto de presencia. Probablemente uno de lo factores que añadirían un toque más inusual y atrayente al film, aligerador de paso de tanta sobrecarga cuasilisérgica, sería poder llegar a disfrutar de parte de los números musicales que se intuyen y que, ojo, son medio homenajeados en parte en los títulos de crédito. Porque una de las verdades de la película es que algunas de las canciones que se escuchan cuentan con las meritorias voces de Emily Brown o las de Oscar Isaac y Carla Gugino. Además, cuando te sirves del exceso como arma sorpresa, toda la parafernalia aventurera sufre irremediablemente de ese efecto de que lo que viste antes estaba mucho mejor. Porque también, el film arranca de manera inmejorable, con un prólogo de más de 10 minutos donde la cámara lenta, Snyder la usa hasta la extenuación en todo el metraje, aporta una intensidad brutal a los acontecimientos que se narran. De ahí transita a esos benditos mundos imaginarios arrancando con el mejor de todos, apabullante la puesta en marcha del plan de Baby Doll en el Japón feudal, seguido por el grandioso viaje a la gran guerra. Pero claro, el impulso pierde fuerza y la resolución de los otros dos "viajes" comienza a cansar. Súmale el tema historia, algunos diálogos son de carcajada, una vinculación con la realidad demasiado forzada y tate… el producto sufre lo que sufre y acaba no convenciendo como debería.

En fin, para gustos colores. La verdad que Sucker Punch es visualmente una sorpresa. Argumentalmente es interesante pero no logra asentar la historia como era de esperar. Esperaba disfrutarlo más de lo que en verdad he hecho.

 NOTA  Recordaros que el próximo día 1 de abril se celebra el Vigésimo Quinto Concurso Uruloki, y que en el se regalará un ejemplar del agotado y muy pero que muy deseado libro "Sucker Punch: The Art of the Film". En el libro podréis disfrutar de más de 250 páginas de fotografías, concept art, maquetas, etc. de la última película del señor Snyder. Una joya para todo fan de la preproducción de las películas hollywoodienses.

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Alguno de vosotros lo fue demandando y creo que ya va siendo hora de ponerse manos a la obra con la opinión sobre esta primera temporada de "The Walking Dead" (2010-¿?), la adaptación de la homónima obra de Robert Kirkman que ha sido comandada con esmero, y regular acierto, por el gran Frank Darabont. Supongo que por la anterior frase comenzaréis a intuir por donde van a ir los tiros en esta opinión y no voy a cortarme a la hora de decir que me siento ligeramente decepcionado por lo que he visto. Desconozco la razón de lo ocurrido, pero supongo que la AMC no se la quiso jugar con una primera temporada de más de seis episodios por si la cosa no cuajaba, y eso pese al hype que se levantó en la red y otros medios por esta llamativa adaptación. Porque ojo, si el plan que hemos visto finalmente en pantalla era el ideado por Darabont desde un principio, la siempre acertada fórmula británica se le ha quedado corta y el desasosiego más las desesperación por ver algo realmente potente han sido la tónica en el cierre de esta primera ronda. Pese a esto no se puede negar que estamos ante un producto diferente, muy arriesgado y perfectamente realizado. Lo medios con los que han contado han sido de primerísimo nivel, lo suyo habrán costado, ya sea por contar con Darabont como cabeza pensante al frente del proyecto, con Gale Anne Hurd como productora o con la KNB EFX Group de Greg Nicotero y Howard Berger como encargados de la realización de unos perfectos efectos especiales.

Alucinante cartel oficial de la serie "The Walking Dead"
Alucinante cartel oficial de la serie "The Walking Dead"

De la historia poco os puedo contar que no sepáis ya. Estamos ante el clásico shock muertos que vuelven a la vida para llevar a la humanidad a un final sangriento y poco apetecible, salvo por los nuevos números uno en la cadena alimenticia del planeta. Rick Grimes es un agente de policía en coma que despierta para encontrarse en un mundo completamente diferente del que se despidió. Los muertos vivientes campan a sus anchas, el solo alucina, y pronto comprenderá que su vida y la de los suyos no volverá nunca a la normalidad. Tras un espectacular comienzo, el primer episodio "Days Gone Bye" fue el mejor debut posible y el segundo "Guts" le anduvo cerca, la prometida separación de la narración original de Kirkman en los cómics comenzó a fraguarse de forma mucho más clara. Si bien se agradece este tipo de acciones, más en un producto en el que si sigues la línea marcada te irías sin problemas a las doce o trece temporadas además de sufrir de unos gastos de producción sencillamente inasumibles, lo que tienes que buscar es abrir historias dentro de la trama central y planear cerrar algunas con sentido para que cuando se termine esta tu primera incursión en "The Walking Dead" sientas eso de "¿Y ahora?, ¿no pueden dejarme así que me va a dar algo?"… vamos, el manido y necesario concepto del cliffhanger. De eso adolece la primera temporada de esta prometedora serie. Si bien lo logran en un par de episodios, los dos primeros te dejan ganas de seguir adelante y algún otro por el medio juega con este factor decisivo para hacer crecer el interés, no son capaces de resolverlo como debería y desvían el foco hacia argumentos menos interesantes y claramente de relleno (eso o está mal narrado). Estos detalles se ven acrecentados en un cierre letal, con un episodio final que transita por la normalidad más absoluta, rozando la mediocridad, y que se completa con una secuencia de despedida en la que te preguntas "¿para que ha servido este episodio?".

El genio Drew Struzan y su propuesta de cartel para "The Walking Dead"
El genio Drew Struzan y su propuesta de cartel para «The Walking Dead»

Del reparto poco se puede decir salvo que está a un gran nivel. Andrew Lincoln es un perfecto Rick Grimes, Steven Yeun como Glenn lo borda, y que más argumentar de los fijos en la vida de Darabont como Laurie Holden como Andrea o Jeffrey DeMunn como Dale. Pero claro, luego incluyes a Sarah Wayne Callies en un rol fundamental y parte del castillo de naipes que han construido para dar forma a la historia se desmorona a cada palabra que suelta… ha sido una mala elección. Menos mal que han sabido sacarse de la manga un personaje como Daryl Dixon, encarnado por Norman Reedus, y otorgar mucha más presencia a Shane Walsh (Jon Bernthal). Hacen falta muchos como ellos para aportar a esta adaptación un punto de locura gamberra en modo superviviente, el primero, y el factor historia de odio permanente que provocará un desenlace ahora mismo inimaginable y apartado del cómic, en manos del segundo.

Pues eso, esperaba más. Los mimbres los tienen, calidad les sobra, pero seis episodios no han sido suficientes como para desarrollar un primera temporada solvente y que se pueda sostener por si sola. Igual merece un revisionado para intentar hilar más profundo, pero en definitiva no logra aportar nada nuevo que la haga especial.

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Alex de la Iglesia es un espécimen único dentro del panorama cinematográfico español. Como tal se siente libre a la hora de hacer películas y es capaz de pergeñar auténticas obras sublimes repletas de grotescos personajes, situaciones surrealistas y experiencias macabras. Como director de orquesta que es se mantiene fiel a su freakshow particular y siempre rueda acompañado de un reparto de figuras únicas, irrepetibles despojos humanos que en manos del director bilbaíno ofrecen sus mejores papeles. Balada triste de trompeta (2010) es la última genialidad del peculiar Alex de la Iglesia, una pieza maestra dentro de su filmografía, con un guión que desborda originalidad, con muchos homenajes al mejor cine, con altas dosis de humor más que negro, se acercan a lo bestial, y con una alucinante fusión de eventos de la España setentera que rozan lo obsceno. Pero hay algo más en esta su última película, hay una historia de amor verdadero aunque imposible y de perdón irracional al avasallador. Salvaje y violenta a todas luces, Alex de la Iglesia vuelve a crear algo diferente e inusual.

Cartel de Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia
Cartel de Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia

Estamos en 1937; mientras se celebra una función de circo para intentar hacer olvidar a niños y mayores eventos más siniestros, la Guerra Civil Española golpea sin descanso al otro lado de la carpa, los milicianos se cuelan para reclutar a cualquier precio a todo aquel que pueda sostener un arma. Obligado y ataviado con su disfraz de trabajo, el payaso tonto, genial Santiago Segura, protagoniza una auténtica carnicería a machetazo limpio entre las filas del bando Nacional. Tras ser detenido por el Coronel Salcedo (Sancho Gracia), es condenado a trabajos forzados en las obras del Valle de los Caídos. Allí recibirá las visitas e su hijo Javier quien tras sufrir el duro destino de su padre, y siguiendo el consejo de este en forma de "nunca serás gracioso. Serás el payaso triste, el que recibe las bofetadas. La felicidad la encontrarás únicamente en la venganza", decidirá seguir los pasos de los infantes de la familia… Año 1973, Javier, Carlos Areces en estado de gracia y dándolo todo, se une a una trouppe de circo encabezada por Sergio (Antonio de la Torre) y la trapecista Natalia (Carolina Bang). Allí arrancará su guerra particular contra el violento Sergio y su lucha por la conquista de Natalia

Pues esto es lo que hay. Una nueva película del poco prolífico Alex de la Iglesia, reflejo absoluto de su mejor cine alejado por completo del intento internacional que fue Los crímenes de Oxford (The Oxford Crimes, 2008) y la tristemente floja sitcom "Plutón B.R.B. Nero" (2008). Más cercano al gamberrismo de sus obras previas, se ve que sabe explotar los valores de lo cañí aunque dolerán a más de uno de los que la vean, por momentos hace recordar – siempre con respeto – a piezas claves de nuestra filmografía como La escopeta nacional (1978) de Luis García Berlanga. Queda claro que no será del gusto de todos, lo absurdo y surrealista de las situaciones que plantea se cobrarán un alto peaje, pero ya ha logrado sacarse de la manga varios nuevas secuencias irrepetibles del cine español más moderno. Carlos Areces y Antonio de la Torre se meriendan el metraje ofreciendo, el primero dominador absoluto, unas interpretaciones desquiciantes adornadas con trajes de clown dignos de película de terror.

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Al fin se ha estrenado una de las secuelas que más expectativas a levantado en los últimos tiempos. Son casi 30 los años que han pasado desde que en 1982 la Disney ofreciera al mundo TRON (1982) de Steven Lisberger. 30 años que han hecho que esta película de culto se ganara con respeto la honra de ser una de las pioneras en el uso de escenas generadas completamente por ordenador y que estas fueran combinadas además con actores reales. Eso si, 30 años que no han pasado como si tal cosa y que han dejado a la ya de por si normalita obra de Lisberger, ciencia ficción original pero entretenida y basta, con un aspecto demasiado retro, inmerecido y a todas vistas superado.

Pero para ello estamos en nuevo siglo, uno en el que la tecnología mejora en el simple intervalo de meses y en donde los efectos especiales están alcanzando cotas probablemente inimaginadas por aquellos que se esforzaron en 1982. TRON: Legacy (2010) de Joseph Kosinski es un proyecto sublime en muchos aspectos, esto no se puede negar, pero demasiado simple y poco original en otros, cosa no mala si uno quiere ser condescendiente con los tiempos que corren. Disney Pictures ha decidido apostar por la grandeza visual, atronadora y brutalmente llamativa, remozando el mundo virtual de TRON hasta un extremo que no dejará indiferente al fan de su predecesora. Además, la ha regado con una banda sonora que desde ya es obligada y que ha sido orquestada por los no menos legendarios Daft Punk. Viendo TRON: Legacy uno no puede más que vibrar y soñar con ese universo imaginario dentro de nuestros ordenadores. Eso si, lo que se cuenta no le sorprenderá tanto como igual pudiera o se debiera esperar. ¿Y el 3D? Bastante transparente como de costumbre.

Uno de los carteles de TRON: Legacy
Uno de los carteles de TRON: Legacy

Han pasado 20 años desde que el presidente de Encom, el mejor desarrollador de videojuegos del mundo, desapareciera. Un día Kevin Flynn, Jeff Bridges en todas sus formas, se despidió de su hijo como de costumbre pero esta vez para no volver. Tras la desaparición de Flynn, Encom sufrió y a punto de quebrar se recuperó bajo el mando de terceros que la llevaron de nuevo a lo más alto. Obsesionado desde aquel día, Sam Flynn (Garret Hedlund) ha vivido aparte de la dirección de Encom no gustoso con el rumbo que ha tomado la empresa. En pleno acto de rebeldía, Sam es un experto en tecnología como lo fuera su padre y aprovecha su capacidad como reto hacia otros, recibe un misterioso mensaje de su desaparecido padre que llega desde la cerrada sala de recreativos que este poseía. Tras encontrar la puerta secreta al mundo inimaginable que creó su padre, acaba atrapado en él. Pronto se dará cuenta de que nada es lo que parece y ayudado por Quorra (Olivia Wilde) deberá reunirse con su padre en una batalla a vida o muerte contra Clu y sus ejércitos.

Como ya he dicho TRON: Legacy es un desafío visual, extremo, colorista, moderno y repleto de imágenes de impacto que disfrutadas como se deben te pueden dejar clavado en la butaca. Pero la verdad es que, salvo por la música y la dinámica que ofrece, se queda en eso. A nivel historia tampoco es que sorprenda con la originalidad de su predecesora y poco ayuda el protagonismo que recae en un bloque de hielo facial que demuestra ser Garret Hedlund…. parece un molde casi tan digital como Clu. Menos mal que tenemos a Olivia Wilde en el fregado, una musa en potencia de una belleza tal que en el compás hiperactivo de TRON: Legacy logra dejar al respetable más enamorado de lo que está viendo. El tercero en discordia, Jeff Bridges hasta en la sopa, se ofrece primero como un uso excesivo de una arriesgada técnica de performance capture que no exenta de grandeza, la recreación del Bridges joven es perfecta aunque tan poco vívida que asemeja por momentos un muñeco de cera, acaba contando con más presencia de la recomendada. Segundo la transformación de Kevin Flynn a una especie de semidios zen y del que se prefiere no justificar ciertas habilidades que ha obtenido porque si. La verdad, mucha de la grandeza que se gana con todas las de la ley por un lado, vivan los efectos especiales, el neón, el vinilo sobre la piel y la música electrónica, la pierde poco a poco por otro.

Por lo tanto 100% recomendable, será disfrutada más por aquellos de imaginación desbordante y conformistas con una historia plana o degustadores de la obra original. TRON: Legacy viene a cubrir una deuda que había contraído con los años TRON y que gracias a la nueva era del cine ha sido pagada con creces.

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