Era cuestión de tiempo que la obra de Ernets Cline “Ready Player One” fuera una realidad cinematográfica. Era cuestión de tiempo que se pusiera en marcha el viaje virtual por OASIS a la caza del huevo de pascua ocultado por esa especie de ser visionario a la Steve Jobs llamado James Halliday (Mark Rylance). Era cuestión de tiempo que todos aquellos que vivimos la cultura pop de hace 40 años en adelante (madre mía lo rápido que ha pasado el tiempo) nos sentáramos en una butaca de cine para quedarnos con el culo pegado ansiosos por darle a la pausa cada segundo del metraje de esta adaptación. Era cuestión de tiempo que Steven Spielberg volviera a sus orígenes, al cine que más transmite ese espíritu aventurero que durante muchos años fue lo más relevante y significativo de su estilo narrativo cinematográfico. Sí, Ready Player One es lo que esperamos, más allá de que su adaptación sea más o menos fidedigna a la obra de Cline, que por otro lado es guionista y responsable junto a Zak Penn de lo que se cuenta y por lo tanto consciente de las ausencias o cambios.

Ready Player One es puro entretenimiento de principio a fin, uno que por otro lado admite tantas formas de disfrute que todavía se hace más apetecible. Pensemos por ejemplo en el modo habitual que todos practicamos en sala grande, ese en el que te sientas y tratas de meterte en una historia repleta de personajes por los que sentirás o no empatía (hasta el villano encarnado por Ben Mendelsohn mola, ni que se llamara Fratelli… bueno, es Sorrento que le anda a la zaga), y con algo más que directas referencias a films de cabecera o culto que muchos hemos visto. Todo esto favorece el hecho de que nos sintamos como en casa mientras nos bombardean los sentidos. Para este visionado, el recomendado para una primera vez, te quedarás con los elementos más superficiales que aun siendo evidentes son cientos, una retahíla de referencias musicales, cinematográficas o contextuales, que al ser tan continuadas no dejan ni una pizca de tiempo para pararse en el resto que, por proteger nuestra salud mental, deberemos obviar. Spielberg de paso juega ligas mayores, introduciéndonos de cabeza en el cine más clásico y donde predomina una secuencia tan espectacular que, o la ves en cine o la ves en CINE. No queda otra posibilidad.

Tras este primer repaso toca un segundo visionado, uno que sin embargo difícilmente podremos disfrutar en sala grande y que deberemos esperar a  hacerlo en casa. Esto se debe a que Ready Player One es un huevo de pascua en si, de principio a fin, incansable,  extenuante y no apto para todos los públicos… no da puñetero respiro. ¿Y eso? Pues porque esas referencias que antes destacaba, y al igual que en la obra de Cline, van dirigidas a un conjunto de espectadores ya con cierta edad. Por lo tanto, puedes prepararte para el gran día mando en mano y consciente de que te espera por delante una sesión maratoniana en la que más de uno tratará de encontrar el millón de guiños que se ocultan en la obra de Spielberg. Ready Player One es frenética en este aspecto, no deja ni un momento de relax y requerirá de que el deseoso por descubrir  el ciento y la madre de guiños ponga todos sus sentidos a trabajar. No descarto desquicies varios o gente que por desesperación tire la toalla. Pero ojo, estos que nos lo pasaremos teta tendremos ya unos cuantos años.

Y llegamos así a la tercera posible forma de ver el film, una que debe entenderse como dirigida al "otro" público. Porque sí, podemos pensar que Ready Player One es para nosotros (en mi caso nacido en 1977), pero  para nada. Veremos que tal recepción tiene entre ese otro público a la que va dirigida esta producción de Warner Bros., un publico donde no reconocerán ni el 5% de referencias que se vierten en el film, pero donde Spielberg juega una baza mágica… Ready Player One es Los Goonies 2.0 y por lo tanto gustará a una nueva generación que acompañada por sus “mayores” se meterán de lleno en la historia de Wade Watts AKA Parzival (Tye Sheridan), y sus amigos gunters Art3mis (Olivia Cooke) o Hache (Lena Waithe) vs. el IOI de ese Sorrento con cara de ¿Superman villano?. Sí,  Ready Player One en manos de Spielberg es un inconcebible viaje para todos los públicos y seguramente una de las pocas veces donde disfrutarán generaciones distantes, padres e hijos, por igual, y donde los primeros explicarán el porqué de ciertas cosas a los segundos, y donde estos captarán con particular superioridad referencias que los primeros ni verán venir.

En definitiva, Ready Player One es una joya del entretenimiento, un derroche de efectos visuales, y un disfrute para toda la familia. El mejor Steven Spielberg, hacía falta un director como este para llevar a buen puerto una obra que de forma arriesgada juega con las vivencias de una generación pero que sin embargo podría quedar obsoleta para otras muchas.

Uno de los cartel de Ready Player One
Uno de los cartel de Ready Player One

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Pues ayer día 12 de marzo se estrenó en medio mundo Aniquilación (Annihilation) de Alex Garland, producción Paramount / Skydance que debido a la perpleja recepción de los asistentes a los pases de prueba, y decisiones de los mogules de ambos estudios (Scott Rudin por un lado y David Ellison por el otro), se ganó el derecho a no tener distribución fuera de los EEUU hasta que Netflix decidió hacerse cargo de ella. Se ve que Aniquilación era en parte lo que buscaban ambos estudios, pero no completamente lo que esperaban ofrecer a los espectadores. El film adapta la primera obra de la trilogía Jeff VanderMeer, "Southern Reach", titulada "Aniquilación", y tras esta deberían llegar, que no lo harán, sendas adaptaciones de las dos obras que completan esta compleja historia sobre la cambiante identidad humana, "Authority" y "Acceptance".

Con un reparto francamente eficiente encabezado por Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson, Tuva Novotny y Oscar Isaac (fin), nos encontramos ante un film donde se nos propone el viaje expedicionario de un grupo de mujeres hacia un entorno agresivo conocido como el "Área X" donde todo lo que entra no sale (con vida), salvo el marido de la primera de ellas y razón suficiente para que su personaje decida dar un paso adelante tratando de comprender qué le ha cambiado. La verdad es que uno no sabe qué hay dentro de ese lugar salvo cuando allí se aventura, pero llegado el momento Garland / VanderMeer ponen sobre la mesa las consecuencias que provocan que la cabeza del espectador comience a dar vueltas tratando de comprender lo que está viendo. A modo ecosistema inconcebible, dentro de ese "Área X" uno pierde la consciencia del paso del tiempo y lo que es más alarmante, de la propia identidad, de igual forma que hace frente a un mundo selvático donde la evolución (o mutación) avanza a velocidades grotescamente inconcebibles. Vamos, lo que sufren las protagonistas lo experimentan en sensaciones el espectador.

Probablemente el gran problema de la película es lo profundo y trascendental que pretende contar. Garland hace méritos para resultar asequible pero, de forma innegable, el resultado no es plato de buen gusto para todos por igual. El film además, y supongo que en previsión de que no habrá secuelas, trata de dar sentido a un final que siendo más tremendo (como la novela) nos dejaría relativamente en tierra de nadie. Aniquilación es un film de acontecimientos inexplicables, de cambio del ser, de la pérdida de identidad, de viaje a un infierno del que, si me apuras, no tienes escapatoria. Es a su vez una película de terror (si bien no acaba de cuajar como tal), bien por lo que se le oculta a la persona el hecho de entrar en el "Área X", como por lo que te vas a encontrar ahí… hay dos momentos susto de mírame y no me toques, uno de impacto y el otro de puro pavor. Pero insisto, al igual que ese viejo clásico en blanco y negro que cuenta con un buen puñado de remakes a sus espaldas, Aniquilación basa su miedo en el darte cuenta que tú no eres tu tan pronto entras en esa zona donde no hay ley lógica que rija su evolución.

Por otro lado Aniquilación es un incansable caleidoscopio de color (aturde), y de ritmo sosegado (por momentos muy cansino), que hace mella en el espectador de la misma forma que las protagonista se desmoralizan conforme se adentran más y más en ese "Área X". Garland parece querer que lo pases tan mal como las cinco aventureras. Además, en algún momento la película supura elementos presentes en "El corazón de las tinieblas", la novela de Conrad, no tanto por lo que cuenta si no por las chocantes y enfermizas experiencias de las protagonistas al entrar más y más en ese mundo desmoralizante. Y ojo, porque para rizar el rizo, el hecho de estar todo narrado por el personaje de la Portman, hace todavía más intrigante ciertos momentos de extraña repetición (esa casa por ejemplo), elevados más aun gracias al final que se nos plantea…

Cartel final de Annihilation de Alex Garland
Cartel final de Annihilation de Alex Garland

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Al fin he podido echar un tardío vistazo a Mute de Duncan Jones, estreno Netflix y viaje al infierno de la mediocridad de un director que, sin rumbo fijo, ha ido de lo más alto a, tristemente, lo más bajo. Mute es un producto menor, nacido no se sabe muy bien bajo que propósito y que no queda nada claro hacia dónde nos pretende llevar.

El poco prolífico Duncan Jones, hijo de David Bowie, presenta su cuarta incursión en cine tras la genial e inteligente Moon, la hábil y entretenida Código fuente (Source Code), y el primer fiasco de su carrera, Warcraft, una gran superproducción del estudio que más dudas genera en Hollywood / China… el muy irregular Legendary Pictures. Con esta carrera a sus espaldas, Jones vuelve a optar por una historia original bajo el título de Mute, una adaptación de su propio producto comiquero que pretende habitar en el mundo de Blade Runner, al igual que la también desconcertante "Altered Carbon", pero al tiempo compartir espíritu (no se sabe a santo de qué) con Moon. Cuesta clasificar este drama de ciencia ficción, pero poco a poco comienza a vérsele el plumero a Netflix, a la que cada vez y de forma más evidente se le reconoce una división Serie B / Z en la que priman el ahorro de costes de producción y los guiones "desecho" de otras compañías. Ojo, cine y series, hay de todo como en botica, llega con ver cosas como Spectral, "Iron Fist", "Defenders", Bright, "Jessica Jones" en su segunda temporada, y las que vendrán, para comprender que Netflix puede estar optando por un rumbo no demasiado recomendable con tal de hacer clientes.

En fin, la realidad es que Mute no sabe a qué atenerse, historia de un Amish en los bajos fondos de una Alemania hiper-sexuada, enamorado de una camarera madre de una niña hija de un perturbado cirujano cuyo mejor amigo tiene tendencias pedófilas … Sí, esto es lo que se ha currado Duncan Jones. Con un reparto encabezado por Alexander Skarsgård como el mudo Leo, no sé si sorprende o no pero el actor sueco es al igual que Jones capaz de lo mejor ("Big Little Lies") o lo peor (La leyenda de Tarzán o esta propia Mute), su pareja peliculera Naadirah (Seyneb Saleh), el cirujano Cactus Bill (Paul Rudd), su amigo del alma Duck (un irreconocible Justin Theroux) y apariciones de gente como Noel Clarke, Robert Kazinsky o Robert Sheehan, no hay por donde coger esta promesa de película noir futurista, porque así nos la vendieron. Ni noir ni leches, despropósito por todos lados, inconexa, absurda e insípida, con personajes que no generan ni pizca de empatía, y aunque con algún controvertido debate puede que más trascendente hacia el final de su excesivamente largo metraje, insuficiente razón para comprender cómo ha acabado Jones haciendo esto. Más aún, ¿que razón hay para ofrecer un guiño con Moon y porqué es necesario alargarlo tanto?

Poco más que contar, Mute es tan larga como aburrida, increíble por lo mal que propone las cosas, y no es que parezca, es que está hecha con menos de cuatro duros. De las que se deberían clasificar como "¡Huid!".

Cartel fanmade de Mute de Duncan Jones... mola, la película no
Cartel fanmade de Mute de Duncan Jones… mola, la película no

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Una de las cosas que tenemos que agradecer, y mucho, a Netflix, es la oportunidad que nos está dando para ver films que de otra forma dudo que llegaran distribuidos a nuestro país. Este es el caso de El ritual (The Ritual) de David Bruckner, curioso film de terror que transita por subgéneros tan diversos como lo sobrenatural / espiritual o la monster movie más estándar. El bueno de Bruckner, responsable de The Signal y segmentos de films episódicos como V/H/S y Southbound, dirigue un interesante guión de Joe Barton que adapta la homónima obra de Adam Nevill en la que cuatro amigos de universidad se reúnen de nuevo para recorrer los parajes más inhóspitos del Círculo Ártico escandinavo y revivir tiempos pasados. En el film, y al igual que la obra escrita, lo que comienza siendo una aventura de senderismo (inexperto) y reencuentro, acaba derivando en un choque con siniestros cultos paganos y ritos ancestrales de mírame y no me toques.

Bruckner y Barton dan entrada a la historia de El ritual de forma salvaje con la truculenta y violenta muerte de uno de los amigos, que obviamente no irá de excursión, y que servirá de detonante para que el resto de colegas decidan irse de parranda aunque en modo homenaje. Si te gusta el senderismo (estos no tienen ni idea de dónde se meten y cómo tienes que ir a estas aventuras) te molará la idea, el páramo presentado es bien bonito, pero lo de meterse en un bosque sin tener claro hacia dónde vas a ir no semeja la mejor idea. Me atrevería a decir que El ritual es al senderismo lo que Hostel de Eli Roth a los viajes de verano por la Europa del este… si las ves te lo pensarás dos veces antes de imitar a los protagonistas de ambas películas.

En fin, como decía, el film visita dos subgéneros dentro del terror. Por un lado lo sobrenatural pagano, esos rituales a cultos olvidados y ancestrales que afectan en modo paranoia a la mente de nuestros protagonistas, Rafe Spall (Prometheus o Mi amigo el gigante), Arsher Ali, Robert James-Collier ("Downton Abbey"), Sam Troughton (Alien vs. Predator) y Paul Reid ("Vikings")… a no, que este está muerto desde el principio. Por otro es una monster movie sin complejos, porque ahí está la gran gracia de la película, piensas que va por un lado y por arte de birlibirloque cambia de rumbo en cero coma y te deja con el culo torcido. Esto es bueno y malo, bueno porque se permite dar justificación a todo lo que pasa de forma totalmente convincente y generosa (en lo visual), pero malo porque de alguna forma parece no tomarse en serio y deja los dos primeros actos en nada debido al sorprendente giro que da. Que sí, que la primera parte es maravillosa y que las grotescas y paranoicas visiones de los protagonizas invitan a lo enfermizo, pero ese tercer acto es un cambio tan radical que cuesta hacerse a la idea que estás viendo la misma película.

Aprovechad un rato y disfrutad de El ritual.

Cartel final de The Ritual, estreno en Netflix
Cartel final de The Ritual, estreno en Netflix

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Sí, sé que llego tarde, pero es lo que tiene irse de fin de semana para desconectar de todo y tomarse un respiro (eso sí, con tiempo para echar un nuevo vistazo a La Forma del Agua de Guillermo del Toro).

Hoy toca hablar brevemente de Black Panther de Ryan Coogler, el nacimiento (más o menos) de un nuevo héroe en el universo cinematográfico de la casa de las ideas. Si hay algo por lo que las película del MCU no habían apostado todavía, o al menos de forma no tan evidente, era el resultar cansinamente shakesperianas en lugar de ofrecer lo que el resto de sus iguales plasman… cine palomitero sin más pretensiones (aunque Thor se las traía a un 50%). Porque sí, pese a quien pese lo que se nos cuenta en Black Panther no destaca excesivamente por su interés, y no deja de ser un clásico cuento de ascenso al trono, traición con caída, y resurgir todopoderoso. Vamos, un sota, caballo y rey desde hace varios siglos adaptado, en este caso, para que conozcamos Wakanda, los entresijos de esa tierra secreta, las razones de porqué se ocultan, y la gestación definitiva del héroe T’Challa (Chadwik Boseman) a la sombra de su fenecido padre.

En medio del fregado tenemos un villano clásico y muy molón que viene como anillo al dedo a la historia. Michael B. Jordan encarna con destreza a ese hermano de sangre que del mismo modo que ocurrió con leyendas y realidades, trata de ocupar el trono del reino al que podría haber optado. Vamos, Black Panther es fiel reflejo de la historia villanesca de Juan I de Inglaterra contra Ricardo Corazón de León. Eric Killmonger es el Juan de Wakanda, T’Challa es el Ricardo de esta utópica civilización donde igualdad social y evolución global son seña de su identidad. Como condimento en cuanto a reparto tenemos a un excesivamente protagonista y anodino Martin Freeman como el agente de la CIA Ross, un conjunto de actrices con presencia del nivel de Lupita Nyong’o, Danai Gurira o Letitia Wright, reconozcamos que cada una logra aportar su granito de arena a esta propuesta de teatro, presencias de hacérselo mirar como lo de Daniel Kaluuya (caída libre desde Déjame Salir a Black Panther en cero coma) y veteranos en horas bajas como Angela Bassett y Forest Whitaker. Menos mal que para dar la réplica a Killmonger tenemos a Andy Serkis como el gran Ulysses Klaue, probablemente junto al primero el mejor personaje de la larga aventura comiquera. Y sí, Boseman ni chicha ni limoná.

Para rizar el rizo, y si ya la historia resulta un pelín plana, el exceso digital de Black Panther tampoco ayuda a meterte en ella. No ayuda el exceso colorista de la historia, resultando alarmante por momentos y excesivamente artificial en otros, no ayuda lo poco elaborados efectos digitales del film que cantan cosa fina en esa batalla final (la pelea del metro wakandiano o los rinocerontes), no ayuda haber pasado del todo ofrecido por los Hermanos Russo, con su enfoque realista de las vicisitudes de Steve Rogers (Chris Evans), a este brinca brinca protagonizado por un héroe que no tiene el carisma de otros, y del que no me imagino ahora mismo una historia que acabe enganchando. Ah, menos mal que tenemos la secuencia de Corea, con Klaw protagonista, que mola cosa fina. En fin, cuesta entender el excesivo beneplácito que se puede ver en esos portales totum revolutum donde la crítica especializada ensalza Black Panther hasta convertirla en una de las mejores películas del año y del MCU vivido. ¿En serio? Desde luego es entretenida, pero nada más. Muy lejos de convertirse en la mejor película del proyecto nacido ya en 2008.

Black Panther IMAX
Black Panther IMAX

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Tras disfrutar de ella en Sitges 2017, hoy he podido volver al cine, acompañado por una persona muy especial, a ver La Forma del Agua (The Shape of Water) de Guillermo del Toro. Recupero la opinión publicada en su día, y os recomiendo nuevamente acudir al cine para entender en un nuevo episodio lo que es el cine para el director mexicano. Su visión de las cosas, los temas que le mueven, como se expresa en el medio en el que es un genio en toda regla. La Forma del Agua, un poema de amor sembrado por iconografía de una era y adornada por esa particular visión de "La Bella y la Bestia" en manos de Del Toro.

Y así arrancó la 50ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, con Guillermo del Toro, recién llegado de Los Angeles, presentando su nueva obra cinematográfica: La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017). El director mexicano inaugura una nueva era en su carrera profesional presentando un clásico instantáneo que desprende madurez, sensibilidad y esperanza por todos los lados. Es La Forma del Agua un cuento de hadas, absolutamente delicioso, pero es al mismo tiempo una historia de amor verdadero, un film crítico con las represiones pasadas, presentes y futuras por género, sexualidad y raza.

Es La Forma del Agua una historia de oportunidades, de derecho a la felicidad sea cual sea tu condición, y de obsesiones. Guillermo del Toro mezcla magistralmente todo, en una época donde la desconfianza se veía reflejada en todos los estamentos sociales. Es La Forma del Agua una película emocionante, vibrante y que no oculta nada, directa (el agitado despertar de nuestra protagonista todas las mañanas) y sobre todo muy sensible. Se apoya el director mexicano en un diseño de producción precioso, algo que ya exploró con grandeza en La Cumbre Escarlata (Crimson Peak), y riega este cuento de amor eterno con evidentes referencias a clásicos del cine como La Mujer y el Monstruo (Creature from the Black Lagoon) o la literatura universal como La Bella y la Bestia.

Es La Forma del Agua una película que se debe ver, disfrutar y sobre todo sentir. Las emociones están ahí y todos tenemos algo de estos protagonistas en nuestro interior.

Precioso cartel de The Shape of Water
Precioso cartel de The Shape of Water

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Pues en esas estábamos, God Particle siendo uno de los proyectos misteriosos más esperados de Bad Robot y su universo Cloverfield, el anuncio de que Netflix la iba a estrenar en exclusiva tras el acuerdo con Paramount Pictures y el estudio de J.J. Abrams y, sin esperarlo nadie, spot en la Super Bowl para advertir que acto seguido, tras le pitido final del evento deportivo con mayor audiencia en los EEUU, la película se iba a poder ver a nivel mundial en la plataforma de streaming bajo el título de The Cloverfield Paradox. ¿Como se os quedó el cuerpo? Pues cuidado con el hype que llegan las rebajas. Y ojo, porque dicen las malas lenguas que el canal ha pagado más de 50 millones por la obra (y unos cuantos más por el spot emitido)… la duda ahora es ¿habrá valido la pena el dispendio?, ¿abre esta película una nueva línea de sorpresas cinematográficas no explotada hasta ahora?

Cuando te paras delante de la televisión para ver The Cloverfield Paradox todo en ella desprende aroma a proyecto desmadejado con idea de ser lo que seguramente nunca pretendió, cosa que para rizar el rizo Abrams no dudó en confirmar. El film de Julius Onah tenía todos los boletos para ser el experimento piloto de Bad Robot con vistas a encajar la historia creada por Oren Uziel en el recientemente creado universo Cloverfield. Porque sí, el timing así lo confirmó, el proyecto otrota titulado God Particle ya era algo cuando el plan de Abrams se anunció. Y más cuando los constantes aplazamientos y problemas detectados fueron dejando el film ahí en permanente hiato.

No se puede negar sin embargo que el planteamiento de The Cloverfield Paradox es original y tiene elementos notablemente interesantes. Una estación espacial experimentando con un acelerador de partículas (complemento perfecto para la teoría de la conspiración), un inexplicable suceso que iba a enfrentar a la tripulación con su propia identidad, etc. Pero a raíz de sabe dios que razón, encajada, parece que con calzador, en el bendito universo Cloverfield. Debido a esto el film ha quedado tristemente diluido entre una serie de factores que apuestan más por justificar su existencia dentro de este universo y establecer lazos entre los hasta ahora films del plan, y dejar de lado lo que realmente interesa… la historia en si, sus desdibujados personajes, etc.

Con un punto de partida francamente vibrante (hola a Calle Cloverfield 10) y un desenlace perfecto para cerrar este nuevo "episodio" (alucinante vínculo con Monstruoso), el resto del film es algo así como el intrascendente periplo de una tripulación que poco a poco van sucumbiendo como se espera de toda película de género… morir en circunstancias en este caso excesivamente previsibles. Mola ese factor multiverso del que tan amigo es el bueno de Abrams, esos encontronazos en el espacio / tiempo de múltiples dimensiones paralelas, ese extraño juego presente / pasado / futuro donde da la sensación de que todo está interconectado. Pero, en definitiva, un producto que llega a enganchar como lo hicieran sus predecesoras. Por lo tanto, es algo así como un quiero y no puedo, por momentos aburrida, por momentos electrizante, por momentos previsible, por momentos indispensable nexo que te deja con el culo torcido dado lo que esconde si minuto a minuto (ojo por ejemplo a este paranoico descubrimiento). Lo más llamativo del experimento The Cloverfield Paradox, vista una vez extrañamente invita a volver a verla, sobre todo cuando más les sobre los secretos que se ocultan en las esquinas de su guión, y eso que en conjunto no deja de ser una película bastante anodina.

El primer cartel de The Cloverfield Paradox, fin
El primer cartel de The Cloverfield Paradox, fin

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Venga, vamos a por Bright, la nueva película de David Ayer y probablemente la primera gran producción de Netflix, se habla de 90 millones de presupuesto. Estrenada directamente en el canal el pasado 22 de diciembre al fin puedo decir eso de que estoy entre los muchos millones de personas que la han visto (advierte Nielsen que en 3 días ha tenido 11 millones de visionados sólo en EEUU… que se dice pronto).

Creo yo que a nadie debe haber sorprendido lo que Bright ofrece. Los mimbres cinematográficos de David Ayer son sobradamente conocidos y lo que su nueva película aporta no deja de ser una envoltura diferente para a un producto estándar en su concepto, una buddy cop movie realista y cercana como ya lo fueron las muy sobresalientes Sin tregua (End of Watch), director, y Día de entrenamiento (Training Day), guionista. Tras el periplo DC de Escuadrón Suicida (Suicide Squad), Ayer por lo tanto regresa al medio que mejor domina, para narrar una nueva historia de personajes social y culturalmente distantes pero que no pueden estar más unidos. Sumad de paso todos los cánones que definen las películas en las que como guionista o director ha metido mano a lo largo de los años este señor. Bright está sembrada de corrupción, situaciones extremas que llevan al límite a sus protagonistas, y una obligada y creciente devoción hacia la camaradería y el compañerismo.

Si en Sin tregua los agentes Taylor (Jake Gyllenhaal) y Zavala (Michael Peña), un par de policías de Los Angeles, sufrían un infernal día de trabajo al enfrentarse a elementos superiores a sus expectativas, en Bright, los también agentes Ward (Will Smith) y Jakoby (Joel Edgerton) padecen lo mismo aunque en este caso el segundo sea un orco. Digamos que Bright es una nueva parte de esa trilogía, tetralogía o pentalogía, en la David Ayer nos habla sobre lo duro que es servir y proteger en las calles de los barrios más peligrosos de las grandes ciudades de EEUU. ¿La novedad? Pues la capacidad de innovar u ofrecer un punto de vista fresco al contar la historia como si en un cuento de hadas estuviéramos viviendo. En Bright, guión del figura Max Landis, hay orcos, elfos y hadas. Orcos pijos y orcos callejeros, conciertos de heavy orco donde humanos, elfos y los que cantan comparten gustos comunes. Hay strippers y prostitutas orcas, elfas y humanas. Hay elfos mafiosos, agentes de asuntos internos de orejas picudas, pandilleros hispanos de calcetines blancos hasta las rodillas y pantalones por debajo de la ínclita pero armados hasta los dientes, cadenas y relojes de oro, tráfico de armas y magia… ¡varitas mágicas!

Bright por lo tanto maneja los mismos elementos que las anteriores obras policíacas de Ayer introduciendo lo clásicos debates sociales, las dudas sobre el que es diferente (racismo / clasismo) o el odio hacia el compañero que no te conviene tener al lado. Por un lado uno puede pensar que es otra vez más de lo mismo (no se equivoca), pero por otro está bien ver como estas historias son perfectamente válidas y encajan como un guante por muy histriónica y grotesca que sea la idea que tienes para contarla (el caso de Bright). Desde luego se deja ver, es bastante entretenida y curiosa. Se mueve a un ritmo más del nuevo siglo que aquella historia que fue Alien nación (Alien Nation), y desde luego medio entierra cualquier posibilidad de hacer un remake de aquel film protagonizado por James Caan y Mandy Patinkin. Ojo, no es que aporte mucho, por no decir que no aporta nada, pero para ver sentado en casa con la manta un viernes por la noche sin nada que ver en cines es un producto ideal.

Ah, la presencia de Noomi Rapace o Edgar Ramírez no deja de ser anecdótica, la primera está y tiene un pase, el segundo va tan almidonado que no puede ni moverse. Lo que sí tiene mérito es el montón de maquillaje que han tenido que currarse para hacer la película, aunque sigo sin entender que innova Bright con respecto a otras para estar en boca de algunos cuantos. Mola, sí, pero tampoco es para fliparlo, y si descartas unas por no mejorar el pasado, Bright no se queda corta y tampoco es que rompa esquemas ni que redefina el uso de la espuma de látex o la silicona.

El nuevo cartel de Bright de David Ayer
El único cartel de Bright de David Ayer

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Se ha estrenado una de las producciones comiqueras más deseadas del momento, y esperada presentación de varios de los personajes que nos acompañarán durante los próximos años luciendo mallas y antifaz si de lo que hablamos es del DC Extended Universe. Con Liga de la Justicia (Justice League) de Zack Snyder / Joss Whedon el cine de supergrupos se gana un nuevo episodio (igual hasta pega decir enemigo), uno que como ya sabíamos no iba a gustar a todos y seguro enfrentaría opiniones notablemente diferentes. Vamos al tema que hay mucho de qué hablar y, desde luego, la polémica está servida… en ciertos aspectos DC Films y Warner Bros. deberían hacérselo mirar porque se ganan a pulso este debate. Liga de la Justicia es desde luego un film de supergrupo atípico, y los es por diversas razones, hora de enumerar y que cada uno saque sus conclusiones. En mi caso me ha gustado (bastante), pero no obvio los muchos problemas que agrava en un universo generosamente "extendido" pero no suficientemente "cocinado".

Primera. Si bien se nos plantea esta película como el nacimiento de esa mítica unidad llamada la JLA, al tiempo sirve de punto de partida o presentación de tres de los nuevos personajes que en solitario deberían poblar las salas de cine durante los próximos años. El resultado obtenido es una idea no muy amablemente explotada y hasta puede que no muy acertada en su planteamiento. Con el origen de Wonder Woman (Gal Gadot) ya sobre la mesa, y Batman (Ben Affleck) o Superman (Henry Cavill) compartiendo pantalla en la tampoco no polémica Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice), además tras la presentación del segundo en El Hombre de Acero (Man of Steel), poner sobre la mesa la entrada a las bravas de tres nuevos icónicos personajes como Arthur Curry / Aquaman (Jason Momoa), Barry Allen / Flash (Ezra Miller) y Victor Stone / Cyborg (Ray Fisher) es, desde luego, muy arriesgado. La cosa funciona mejor para unos que para otros, y gracias a la portentosa personalidad otorgada a Aquaman, o a la permanente gracia de Flash, ambos se ponen a la zaga en cuanto a presencia de Wonder Woman manteniendo el tipo al encumbrarse como alivios cómicos de la película. Pero, ¿y el resto? Pues la realidad es que Cyborg está completamente desdibujado, como presentación no llena las dudas sobre el personaje aunque sorprendentemente funciona incluso mejor que Superman y se coloca al nivel de Batman.

Segundo. Liga de la Justicia es una película labrada en el estilo cinematográfico de Zack Snyder, pero se nota su ausencia y por otro lado la presencia de Joss Whedon, que de entrar para pulir y mejorar el guion de Chris Terrio acabó inmerso en tareas de dirección cuando Snyder se dio de baja a raíz de una fatalidad familiar. ¿Qué ha pasado con Liga de la Justicia? Pues que en parte ha perdido la personalidad que seguro espera gran parte del público a verla en pantalla grande. Ya lo venían anunciado, uno de los grandes retos de Liga de la Justicia estuvo en fusionar los diferentes estilos de Snyder y Whedon y que no se notara que es una película de dos directores. Se nota. Ojo, no voy a decir que le haya venido mal, mentiría, y creo que la presencia de ese Flash cómico es necesaria, y que con otro Aquaman puede que la cosa no hubiera molado tanto como realmente mola. Pero desde luego el tono no es el que se nos vendió en El Hombre de Acero y menos en Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia. Warner Bros. se ha visto en la tesitura de aguantar el palo del barco de la seriedad y el tono más "oscuro", y ha pretendido encajar la ficha de, esto es indiscutible, el factor tonto de Marvel Studios. ¿Funciona? Sí, desde luego, ¿es el tono adecuado? Pues es algo bastante discutible.

Tercero. Reshoots, reshoots y más reshoots. Se nota a leguas todo lo que ha pasado por encima de Liga de la Justicia. El montaje estrenado en cines no contiene ni por asomo la mitad de secuencias rodadas por Snyder (y que se pueden recuperar en los trailers). Pero lo que escama y pasa factura es la total falta de coordinación con Henry Cavill y el mostacho borrado digitalmente. Si todo puede salir mal, saldrá mal. El error es de aúpa y canta tanto que quita credibilidad y aplomo a lo que se muestra por pantalla. Desconcierta, por momentos da la sensación de estar viendo a un actor cambiado, de que no es Cavill el que vemos… que va, borrado digital del bigote y zasca. ¿Qué pretendes?, ¿tan mal estaba lo rodado por Snyder? El caos es patente en la producción en general, pero si aun con esas logran una producción entretenida, que mantiene el interés y con personaje interesantes… ¿qué hubiera pasado si las ansias, dudas y tensiones de Warner Bros. no fueran lo que están siendo sobre el DCEU?

Cuarto. Steppenwolf y sus parademonios. En esto es donde Liga de la Justicia también falla, relativamente. Primero con los parademonios, sin un mínimo engranaje que justifique lo vemos en esa primera entrada en pantalla de Batman y ese ratero encarnado por Holt McCallany (Mindhunter). ¿Qué narices ha pasado? Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia mostraba uno de los momentos más apocalípticos del cine de superhéroes con el Batman desierto y los parademonios de Darkseid dando la tabarra en el famoso sueño del señor de la noche de Gotham. Aquí, sin comerlo ni beberlo, como si fuera lo más normal del mundo. Falta algo y se nota, falta justificación, falta explicación, falta, como decimos en Galicia, un poco de sentidiño a la narrativa. La otra columna maestra de la villanía, Steppenwolf (Ciarán Hinds), mola, sí, y no es lo que muchos dicen que es. Pero le falta pegada y un poco más de autonomía como personaje.

¿Podría seguir? Por poder se puede, pero no tengo muchas más ganas. Ojo, el gran problema de Liga de la Justicia es que pese a todas sus imperfecciones me ha gustado. La he disfrutado, me han flipado Aquaman y Flash, Wonder Woman perfecta y hasta Batman que cumple pese a que se va a comer los mocos a estos niveles de batalla. Superman, pues eso, está bastante bien pero con ciertos pelillos que no se pueden echar a la mar. Visualmente mola, musicalmente es un cero a la izquierda (¡pírate Danny Elfman y regresad Hans Zimmer y Junkie XL!), y no merece todos los palos que le están dando. Pero ojo, ahí están esos 96 millones de recaudación en USA para un producto de casi 300 de coste. Casi 70 menos que Batman v Superman, casi 10 menos que Wonder Woman, 20 menos que El Hombre de Acero y cerca de 40 menos que Escuadrón Suicida. Algo está fallando.

El magistral cartel de Liga de la Justicia presentado en la Comic-Con 2017
El magistral cartel de Liga de la Justicia presentado en la Comic-Con 2017

Publicado por Uruloki en
 

¿Queréis una verdad como un puño? Thor: Ragnarok es ya por derecho la mejor aventura del hijo de Odín modo cómic en cines. Marvel Studios no se ha estrujado demasiado la cabeza y tras poner en manos de Taika Waititi el tercer viaje de Thor (Chris Hemsworth) en solitario, lo obtenido es lo esperado. Watiti, director de comedia, rey del absurdo y un genio maquinando cosas inconcebibles, es a Thor lo que James Gunn fue a ese primer episodio de los Guardianes de Galaxia (no tanto al segundo).

Recordemos que la compañía comiquera probó por dos veces con la seriedad y le salió rana. Thor de Kenneth Branagh no logró despegar y como film de presentación del famoso personaje se quedó en un quiero y no puedo. Thor: el mundo oscuro (Thor: The Dark World) de Alan Taylor fue otro despropósito en el que de regalo nos pusieron a un villano de medio pelo sin capacidad de hacer una pizca de sombra sobre nuestro rubio protagonista. Viendo que lo serio no funcionaba, y tras probar las mieles del éxito con Guardianes de la Galaxia, pues Thor ha sido pasado por el filtro de la comedia arcoíris a ritmo de rock y como resultado ha salido Thor: Ragnarok AKA Thor: Volumen 3… porque, si somos sinceros, es un rip-off en estilo de las aventuras de Star-Lord (Chris Pratt) y compañía. Pero ojo, esto no es malo… Thor: Ragnarok es entretenidísima, repleta de chascarrillos, comedia de situación de principio a fin, consciente de reírse de si misma, con secuencias de acción trepidantes, lisérgica en muchos momentos, y con una villana embutida en un traje tan ajustado que bien merece ser vista, una y otra vez. A todo esto sumadle a Hulk, y dadle voz y voto… han hecho pleno.

Taika Waititi se ha enfrentado con solvencia y por primera vez a un presupuesto de esos que quitan el hipo. Deja de lado por lo tanto la virginidad del blockbuster y pasa a figurar en la lista de deseos de los grandes estudios que quieren directores frescos para sus historias más taquilleras (véase Warner Bros. que le sueña para Akira). Y mucho ojo porque su filmografía estaba sembrada por productos de bajo presupuesto y de corte independiente. Desde la serie "Los Chonchords" ("Flight of the Chonchords"), pasando por la magistral Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows) y hasta la reciente Hunt for the Wilderpeople. Lo de Waititi era hace un año y pico lo mismo que lo de Gunn o lo de los hermanos Russo en su momento, una apuesta en toda regla, un órdago para dar un giro completo a un modelo que en los tiempos que corren extrañamente no funcionaba nada bien. En definitiva, Taika Waititi con Thor: Ragnarok se ha matriculado con honores como alumno de James Gunn y Zack Snyder.

El reparto bien. Hemsworth vale para la comedia, está cuadrado y se adapta genial cuando se le pide hacer muecas o poner caras. Tom Hiddleston vuelve a cumplir como Loki y, como su hermano, se suma a esta fiesta de superproducción. Cate Blanchett como Hela cumple como villana, mientras que Jeff Goldblum rompe el molde de los absurdo como el Grandmaster. Por ahí transitan Idris Elba, nunca convenció como Heimdall y sigue sin hacerlo,y Tessa Thompson, funciona como compañera de fatigas Valkyrie y, quien sabe, igual como love interest de Thor ahora que Jane Foster (Natalie Portman) se ha quedado en la estacada, pero poco más. Bueno, miento… hay muchos cameos, varios de ellos son tan geniales / tronchantes que deben ser descubiertos en cine. Evitad SPOILERS!

Para terminar indicar que el resultado es el deseado por Marvel Studios. Thor: Ragnarok es perfecta como cine comiquero repleto de color, como comedia familiar para todos los públicos, y vale para dar un nuevo gran sentido a Hulk y se saca de la manga un team-up icónico que muchos estaban deseando ver en cine. Eso sí, Thor: Ragnarok transita en otro rango, uno serio, trágico, sombrío… y se pierde. Lo más flojo es sin lugar a dudas el arco que encabeza Hela, en la que Skurge (Karl Urban) y el propio Heimdall son también protagonistas, y donde no llega a cuajar del todo. Pero claro, la comedia todo lo fagocita y el resultado, compensando, funciona perfectamente.

Color a raudales en el nuevo cartel de Thor: Ragnarok
Color a raudales en el nuevo cartel de Thor: Ragnarok

Publicado por Uruloki en

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