Se pone en marcha una nueva etapa en el universo cinematográfico de Marvel, una en la que tarde o temprano una serie de iconos pasarán página, o eso se supone, y otros que ya han llegado se quedarán durante unos cuantos años con todos nosotros. Conocemos ya al Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), a Ant-Man (Paul Rudd), Black Panther (Chadwick Boseman), Spider-Man (Tom Holland), y ahora se nos presenta a Carol Danvers o, como debe ser conocida, la Capitana Marvel (Brie Larson). Por lo tanto, se ha puesto la primera piedra de la montaña Capitana Marvel (Captain Marvel), la que se supone deberá domar el rumbo del MCU de ahora en adelante, pero… ¿está preparada para esta responsabilidad?

Desde luego la Capitana Marvel es un personaje superior, de los que molan, y servirá de nexo, mejorándolo, entre el mundo Marvel del espacio, donde viven por ejemplo los Guardianes de la Galaxia, Kree, Skrull y los futuros Eternos, con el de la Tierra, ese en el que residen superhéroes más básicos pero no por ello menos interesantes. Sin embargo la apuesta de Marvel Studios llega de modo descafeinado no dejando muy claro si realmente su protagonista, la oscarizada Brie Larson, puede llevar sobre sus hombros un peso como el que Robert Downey Jr., Scarlett Johansson o Chris Evan han estado cargando a lo largo de la última década. La propuesta de Anna Boden y Ryan Fleck, directora y director elegidos a la Hermanos Russo, por lo pronto sirve de evidencia para reconocer que les falta coger el punto al personaje y sobre todo encontrar ese en el que la velocidad de crucero acabe siendo suficiente como para levantar hype a diestro y siniestro. ¿Son los directores ideales? Las inercias taquilleras dirán que sí, la duda ofende, pero lo que hay en el fondo no tanto.

Capitana Marvel sufre de un mal similar que ya hemos visto en otros proyectos de la compañía, no encuentra el balance es una historia donde destacan un par de actos notables, mejor el primero que el tercero, pero que sin embargo echa medio por la borda el conjunto merced a un acto intermedio excesivamente extenso y soporífero… vayamos al detalle. Todo arranca con la presentación de Vers, miembro del cuerpo de élite Kree que tras 6 años entrenado al abrigo de Yon-Rogg (Jude Law), acaba con una primera oportunidad para ser parte de la particular guerra contra los terroristas Skrull. Hasta ahí todo bien. Presentación de personajes, siembra de primeras dudas y mareante viaje a la tocada mente de nuestra protagonista.

Acto seguido es necesario seguir narrando esta historia de presentación (inusual y original) y viajamos de cabeza a los años 90, unos donde conoceremos en detalle a un rejuvenecido digitalmente Nick Furia (Samuel L. Jackson), acompañado por un impostado y francamente pobre Agente Coulson, la presencia de Clark Gregg aunque anecdótica es lo suficientemente falsa como para sonrojarse con el resultado de los efectos digitales… luego hablamos. En esos años 90 todo es parafernalia, desde la elección rebuscada de temas musicales donde hay una forzada presencia de grupos como Elastica, Garbage, Nirvana (no se puede dirigir más el "Come as you are") o Hole (no pegan ni con cola en el ritmo, momentos y tono fílmico), hasta la extravagante sobrecarga de guiños y referencias a esa década que deberían hacer la delicia de aquellos que vivimos el momento, pero que no será reconocida por las nueva generaciones. Ese segundo acto, que cuenta con chistes de baratillo made in la nueva Disney, no lo levanta ni la presencia de ese ser dual encarnado por Annette Bening, ni ese Ben Mendelsohn maquillado como el skrull Talos, que de paso da un giro atroz a una historia comiquera labrada con mucho esfuerzo durante años y años. Y ojo, la continuidad de la historia se fragua a golpe de momentos casi "jump the shark": lo de Keller en la morgue y lo del bar Street Fighter son un par de buenos ejemplos.

El tercer acto se puede decir que mejora, con la Larson aupándose como el ser superpoderoso, descubriendo su brutal poder, pero es donde el camino elegido para demostrarlo se antoja insuficiente para lo que el fandom espera. La presencia de Goose es graciosa, las implicaciones de sus actos no tanto, y ya está. No es para nada la peor película de Marvel, dios me libre de decirlo con Thor: El mundo oscuro (Thor: The Dark World), Vengadores: La era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron) y, sobre todo, Black Panther, pero tampoco es la mejor… digamos que se queda en un punto medio.

Eso sí, el film contiene grandes momentos como ese genial cameo / gag matecinematográfico de Stan Lee, ovación en la sala, y ese inicio alterado de los créditos del estudio. Las escenas post-créditos, que son dos, siembran si cabe más dudas, una pone sobre la mesa el por qué no antes, la otra obliga a revisar todo el MCU para seguir el camino de cierto objeto a lo largo de la saga cinematográfica nacida en 2008…

Cartel IMAX de Capitana Marvel
Cartel IMAX de Capitana Marvel

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La otra película Netflix que me he tragado en este viaje a Ginebra ha sido el nuevo trabajo juntos de Dan Gilroy (director), Jake Gyllenhaal (actor) y Rene Russo (actriz). La verdad, recuerdo con más que grato recuerdo Nightcrawler, brutal propuesta donde el mundillo de la televisión más tortuosa tomaba el protagonismo absoluto en un todo vale que rememoraba a esa otra joya que es Network, un mundo implacable (Network). Gilroy está vez pone su foco en el mundo del arte pero se pasa de vueltas al elegir el terror como vía conductora de una historia donde el papanatismo, el té piso porque estás acabado, y el para medrar tienes que ser una cucaracha, no necesitan del género para narrar su propia historia… ya de por si mete miedo lo que te puede acabar ocurriendo en ese mundo.

Velvet Buzzsaw se pierde en un mar de absurdez absoluta, resultando totalmente anodina y aburrida, infravalorando a su reparto y no llegando si quiera a indagar una pizca en el verdadero objetivo del género que pretende abordar. Quizás sea un mar de alegorías a que el arte te puede matar, al que no hay quien escape en ese mundo que te acaba devorando y destruyendo si no gustas, pero salvo que uno logre ver más allá de lo que el film ofrece, al final lo que te vienes a tragar es una patochada tediosa y falta de ritmo e imaginación. Velvet Buzzsaw no es terror, pero tampoco deja de serlo. Podría haber explotado de alguna forma ideas vertiginosas sobre un arte endemoniado cuyo autor al final hubiera sido el mismísimo diablo, pero nada, uno casi desea que Vigo, el azote de los Cárpatos, la tristeza de Moldavia, haga acto de presencia en algún momento para, al menos, respirar relajadamente al comprender que estás viendo otro caso digno de los Cazafantasmas. Pero nada, terrores psicológicos que acosan a los protagonistas y cuadros que cobran vida para enguyirte a base de virtuosas paletas de colores repletas de azul cián, ocres mortecinos y brillantes pasteles.

No sé, aquí se ha perdido una gran oportunidad, los mimbres se tenían, la base de la historia molaba, los actores y director eran perfectos, pero el resultado es un quiero y no puedo absoluto, un reflejo evidente de que algo quería contar el bueno de Gilroy y sin embargo el tema se le ha ido de las manos. O no ha sabido, que me sorprende, o lo que ha hecho es experimentar gracias a un estudio que trae a primeras figuras a base de “como todo vale haz lo que te venga en gana”. Eso no siempre funciona.

Primer y seguramente único cartel de Velvet Buzzsaw
Primer y seguramente único cartel de Velvet Buzzsaw

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No se puede negar que lo de cine Netflix suele ser una lotería. Por lo general los productos de producción propia flojean, y si bien estrenan films de alto nivel (Okja o Roma por ejemplo), lo más normal es ver sus películas con el escepticismo por bandera. Aprovechando un viaje de ida y vuelta a Ginebra por trabajo me he merendado dos de esos productos de la ya gran empresa que es Netflix. El primero del que hablaré es Polar, adaptación de la obra comiquera de Víctor Santos que ha contado con killer absoluto como Mads Mikkelsen como absoluto protagonista.

En la línea de muchas otras películas que se ven hoy en día, la saga John Wick o Atómica (Atomic Blonde) sirven ahora como ejemplo más evidente, Polar logra aportar su granito de arena al mundo del no me toques las narices que te aniquilo, y eso que el sector de los asesinos a sueldo parece estar más que sobrecargado en este nuevo siglo en Hollywood. En formato hiperviolencia desmadrada asistimos a la dura jubilación del Káiser Negro (Mikkelsen), un asesino a sueldo que como todo buen criminal ha estado ahorrando duramente todos esos años de sangrienta actividad. Ya nos lo contaron en Red, si te jubilan te jubilan, y en Polar pues ocurre lo mismo. El detalle es que la historia de Polar se va de madre desde su minuto cero, entrando en juego una caterva de engendros criminales comandados por un jefe de los que dan pena. Es ahí donde La adaptación flojea, nadie da la talla y es Mikkelsen el que debe echarse el petate a la espalda y hacer que el conjunto salga a flote. ¿Qué pasa? Pues que Mikkelsen es el volcán que derritió el iceberg que hundió al Titanic, y por lo tanto Polar emerge finamente gracias al actor danés y su enigmático carisma, y a ese descontrol absoluto donde los miembros cercenados, las cabezas reventadas y el sexo cuasi excesivo comandan un metraje que no llega a resultar excesivo.

La película es capaz también de echarse unas risas y plantar homenajes. Tan pronto puedes identificar Poli de guardería (Kindergarten Cop), cómo reírte de John Wick, y hasta disfrutar de una de las secuencias más icónicas del cine coreano moderno como aquella del pasillo de Old Boy (Olduboi). En Polar hay espacio para todo: torturas viciosas; masacres en grupo; asesinatos controlados al milímetro; sexo de circo; y drama… porque si, la película juega también con los terrores que acosan día y noche al protagonista, y a ese pasado que en el fondo nunca ha llegado a cerrarse. En fin, Polar es excesiva y esta es seguramente la característica que le hace ganarse con derecho un puesto entre los asesinos a sueldo más molones del nuevo siglo. Netflix ha encontrado una película entretenida, bastante gore y que cuenta también con un simpático cameo de Johnny Knoxville, uno más pobre de un ya caduco Richard Dreyfuss, o con esa irreconocible Vanessa Hudgens… quien la ha visto y quien la ve.

Si todo va bien habrá secuela.

Primer cartel de Polar
Primer cartel de Polar

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Uno de los proyectos más deseados por James Cameron desde hace la friolera de 14 años, de aquella hasta quería contar con Arnold Schwarzenegger como una versión mazada del doctor Daisuke Ido, y bloqueado por los retos que el visionario se echó a la espalda desde ese lejano 2005, tras Aliens of the Deep ese mismo año llegó Avatar en 2009 y luego miles de intenciones no gestadas, ha visto gracias a dios la luz merced a un tipo como Robert Rodriguez y el esperado apoyo por todo lo grande del propio gran gurú de la innovación tecnológica en Hollywood.

Por lo tanto Alita: Ángel de Combate (Alita: Battle Angel), adaptación de la famosa, magnífica y violenta obra de Yukito Kishiro, ya está aquí y el resultado es, pese a sus imperfecciones, que las tiene, bastante notable por no decir que sobresaliente… sobre todo merced a ese fabuloso derroche visual del que el film hace honor. Alita: Ángel de Combate es probablemente una de las mejores adaptaciones de anime a acción real hecha y puesta en marcha de la obra de Kishiro, historia del segundo nacimiento de Alita (Rosa Salazar), ese cyborg de ojos de lemur perteneciente a otra era que en manos de su nuevo padre el Dr. Dyson Ido (Christopher Waltz) acaba por revolucionar el futuro en el que vive… Iron City prepárate porque llega lo bueno. Por lo pronto Rodriguez y Cameron montan un tinglado de cuidado en el que destaca de forma sublime la sofisticación de unos efectos visuales virtuosamente integrados en el global de la obra (anonadado se queda uno viendo a Alita… ser 100% CGI). Ya sólo por eso el film es merecedor de todos los aplausos habidos y por haber, pero el tema va más allá. Desde luego la adaptación trata con agradecido respeto la obra de Kishiro, teniendo por lo tanto no solamente espacio para contar parte de la historia narrada en GUNNM, si no tiempo para contar con muchos de los personajes que en la obra se vieron: Hugo (Keean Johnson), ese primer amor de Alita; la versión alterada del adicto cerebral Makaku, aquí transformado en una suerte de grotesca criatura llamada Grewishka (más fiel en nombre si nos paramos en el anime, se le conoce como Grewica) y a la que pone voz Jackie Earle Haley; Zapan, otro más que respeta el nombre y que tiene a Ed Skrein a su reflejo en modo cine; el traficante Vector (Mahershala Ali); y Chiren (Jennifer Connelly), nuevamente personaje del anime que da más empaque a la propia historia de Ido.

Segundo porque han tenido que pasar 14 años para poder justificar esta laboriosa gestación de un mundo imponente, ese Salem inalcanzable, y esa Iron City post-apocalíptica, donde se amontona la pobreza más absoluta en un simulacro de las favelas brasileras donde lo cyberpunk toma la delantera. De ahí sale no sólo la Alita renacida para aprender, esa que descubre su origen para acabar transformada como es menester en una heroína embutida en un cuerpo de guerrero absoluto y diosa del Motorball, un deporte hiperviolento y salvaje donde restos humanos anclados a piezas mecánicas pelean en vertiginosas y frenéticas carreras por un sueño imaginario de una vida mejor. Tercero porque en Alita: Ángel de Combate hay manga marcado a fuego, hay Ido en modo cazador guerrero con su martillo motorizado, hay Makaku / Grewishka, no adicto pero si despiezado con un brazo clavado en el ojo, o con los dedos extensibles que tan buen fruto le dieron en la obra comiquera. Falta más brutalidad, pero bajo ese prisma no está claro que Cameron hubiera logrado llevar adelante la adaptación.

Lo peor sin embargo es que aparentemente no es producto para todos, y su elevado coste puede ser su mayor enemigo en estos momentos. El primer fin de semana en USA no augura un futuro demasiado bueno y, sin embargo, altamente merecido. Hay ganas de ver más Alita y de ver el siguiente paso en la apuesta visual de Robert Rodriguez y James Cameron.

Bonito póster de Alita: Ángel de Combate
Bonito póster de Alita: Ángel de Combate

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Enero del 2017, propios y extraños salíamos del cine con el culo torcido tras ver Múltiple (Split), absolutamente inesperada secuela de esa obra maestra de M. Night Shyamalan nacida en el año 2000 bajo el título de El protegido (Unbreakable). Enero del 2019 nace Glass, el director de origen indio vuelve con idea de cerrar esta ahora trilogía nacida hace ya casi veinte años reuniendo de nuevo en pantalla a los originals David Dunn (Bruce Willis) y Elijah Price (Samuel L. Jackson), así como a la nueva criatura, las mil mentes de Kevin Wendell Crumb (James McAvoy).

De forma poco agradable y sumida en el mayor de los pesimismos, Shyamalan nos presenta Glass, la amarga despedida de estos tres iconos del universo de los superhéroes nunca reconocidos. Dunn, Don Cristal y la Horda ya no necesitan guerrear entre ellos, aunque el film contenga dos secuencias (inicio y fin) dignas de las mejores aventuras dentro del cine comiquero. Esta vez toca bailar con las más fea, la doctora Ellie Staple (enervante Sarah Paulson), mujer al mando de una institución mental en la que lo que se busca es justificar lo anómalo y, si se puede, erradicarlo. Ahí es donde acaban nuestros tres protagonistas, tres seres diferentes, con un destino marcado por la anormalidad y el temor al qué dirán. Dunn, Price y Crumb cuenta eso si con sus particulares apoyos, aquellos que entienden a estos seres anómalos y que, a diferencia de la perversa Staple, comprenden que de alguna forma existe en ellos valores positivos y opciones de redención. Shayamalan explora esta vertiente inesperada y atípica como si fuera lo necesario y obvio, y es que en el fondo tiene más razón que un santo. Lo extraño es temido, el que destaca es apartado, es aquí donde el director indio ya no sólo propone el desenlace de ese plan que siempre ha prometido tener en mente, se lo llevamos pidiendo desde hace más de una década, si no que da reflejo a su propia historia como cineasta. De ser un director aplaudido por todos, a ser odiado por sus propuestas cinematográficas, hasta tener que valerse por si mismo para poder sacar adelante sus últimas aventuras.

Pero ojo, que no todo es grandeza en Glass. De alguna forma parece que Shyamalan se ve igualmente atrapado en su historia, una en la que además los mimbres no acaban por encajar del todo y donde, todo sea dicho, las cosas se acaban precipitando ya no por casualidad, si no por pura necesidad de encontrar la salida a este enrevesado universo comiquero de propia factura (bravo). Se busca la emoción vital de El protegido, pero no se llega a cuajar, se busca la desesperada ansia de sobrevivir de Múltiple, pero nunca está presente. Se queda a medio camino, pero no queda claro si es porque así lo quiere el director o si porque no era su momento. Glass encandila, pero a la vez permanece como what if del que esperaba lo inesperado.

Nuevo cartel de Glass
Nuevo cartel de Glass

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Al fin un rato de tranquilidad entre tanta fiesta navideña para hablar de esta grata sorpresa que es Spider-Man: un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse). Y con ánimo de no perder el impulso comienzo a las bravas, ¿podemos decir que estamos ante una de las mejores películas del año? Pues indudablemente la respuesta es un sí como una casa, sin dudas ni segundas lecturas.

Uno de los factores causa de este calificativo es que Spider-Man: un nuevo universo pone sobre la mesa un nueva forma de adentrarse en el mundo de la animación desde una perspectiva completamente fiel a algo tan básico como es la lectura de un cómic. El film explota en la narrativa de la película un extra hasta ahora no utilizado, uno donde la esencia de la esta actividad es trasladada a pantalla, algo que sin embargo ya había sido utilizado en otros sectores del entretenimiento como el videojuego. Pero en cine de animación mainstream Spider-Man: un nuevo universo se lleva la palma.

Este modelo de adaptación aporta de paso una dinámica muy inmersiva, ya que además de ver, y de dejarte llevar por la película en si, sientes ese lazo que el cómic tiene con su lector. Son varios los elementos que enfatizan esta inmersión, desde la estética viñeta de muchos planos (esa misma que Ang Lee utilizara en la castigada Hulk), pasando por el uso de bocadillos, las tramas de puntos para el color y las sombras, o las onomatopeyas (quién no recuerda el Batman de 1966), y llegando al propio estilo del dibujo de los personajes, con sus trazos, sus líneas para marcar el rostro, un estilo gráfico visto ya en otros sectores como el ya mencionado del videojuego (sin ir más lejos la muy violenta saga Borderland) o el cine (de alguna forma recuerda a la rotoscopia utilizada por Richard Linklater en A Scanner Darkly). Y más, ya que dependiendo de quien seas apareces dibujado de diferente forma, así hay amerimanga, cómic clásico, digital o incluso Looney Tunes.

Te cuento la historia usando viñetas... puro cómic animado
Te cuento la historia usando viñetas… puro cómic animado

El segundo factor es ya a nivel historia, ¿es posible innovar en sobrexplotado universo Spider-Man? Pues teniendo en cuenta los films de Sam Raimi, los de Marc Webb y los actuales de Jon Watts la esperanza era poca, pero zasca, llegan el trío Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, este último guionista junto a Phil Lord, y proponen el más difícil todavía. No contentos con la existencia de un sólo Spider-Man ponen sobre la mesa seis, cada uno de ellos de una realidad diferente… el multiverso es infinito y las posibilidades a partir de ahora son incontables. Así por un lado conocemos al nuevo Spider-Man que oculta el rostro de Miles Morales, personaje creado para la línea "Ultimate Spider-Man", y al tiempo al Peter Parker, guiños y risas a costa del cine de Raimi, Spider-Woman versión Gwen Stacy, Spider-Man Noir, Peni Parker y el traje SP//dr de Tierra-14512 (no conocía esta creación de Gerard Way y Jake Wyatt) y Spider-Ham, el muy breve históricamente hablando Peter Porker. Cada uno con su forma de ser, su forma de actuar y con sus características en su propio universo llevadas a este. Pura genialidad.

Todos los Spider-Man en un mismo universo: Peni Parker, Gwen Stacy, Spider-Ham, Miles Morales, Peter Parker y Spider-Man Noir
Todos los Spider-Man en un mismo universo: Peni Parker, Gwen Stacy, Spider-Ham, Miles Morales, Peter Parker y Spider-Man Noir

Junto a los héroes los obligados villanos con presencias tan notables como las de Doc Ock, Kingpin, el Duende Verde, Escorpión, Lápida… y Merodeador. Todo esto sirve para dar forma a una historia francamente sencilla en la que, en el fondo, se viene a contar el nacimiento de un superhéroe por todos conocido, cómo se adapta a sus nuevos poderes, los primeros golpes que se lleva, la frustración por sentirse un bicho raro de la clase, hacerse adulto cuando todavía eres un adolescente… vamos, el sota, caballo y rey de Spider-Man. Pero lo curioso está en que si contándote lo que te han contado mil veces ya, logras innovar, logras enganchar y logras, sobre todo, dejar atónito tanto a niños como adultos que disfrutan con el cómic como base de su entretenimiento, pues hay que levantarse y aplaudir. Spider-Man: un nuevo universo es una experiencia única de cómic transformado en cine. Obligada.

Cartel de Spider-Man: Un Nuevo Universo
Cartel de Spider-Man: Un Nuevo Universo

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Y en estas llegó el gallego Guillermo Oliveira y se fijó en un reto sin igual. ¿Quién no ha visto una y mil veces El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo)? La obra maestra de Sergio Leone, y parte crucial de la Trilogía del Dólar, tiene infinitos momentos icónicos, pero sin lugar a dudas el duelo final entre Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach, eterno ante el espectador y una genialidad en la cinematografía, está marcado a fuego en las retina de todos nosotros. En Desenterrando Sad Hill este vigués sigue el periplo a lo largo de dos años de la ahora Asociación Cultural SAD HILL, una grupo de gente de diversas localidades burgalesas que con idea de recuperar los escenarios usados en la provincia de Burgos durante el verano de 1966 para el rodaje de El bueno, el feo y el malo, no sólo han logrado poner a esta en el ojo de medio mundo, si no que han causado un impacto emocional / cultural que ha trascendido más allá de lo que nos podemos imaginar… vamos, toca a tantos como fans tiene este spaghetti western.

En Desenterrando Sad Hill se da a conocer el reto y de paso se hace un recorrido por el rodaje del film de Leone. Pasando por Carazo, donde militares de la época levantaron el fuerte unionista de Betterville. Pasando por el río Arlanza, lugar en el que se hizo la voladura, reconstrucción, y segunda voladura del puente que cruza el Río Grande, lugar de enfrentamiento entre unionistas y confederado.Y así hasta ese cementerio imaginario de Sad Hill, cerca de Santo Domingo de Silos aunque perdido entre este lugar y el pueblo de Contreras. La belleza del documental de Oliveira radica no sólo en el buen trabajo de documentación, apoyado en la investigación previa de la asociación, si no en plasmar el esfuerzo, logro, inmejorable resultado y premio para los artífices del resurgir de un emplazamiento histórico en el cine. El documental cuenta además con colaboraciones impagables como las de Ennio Morricone, Carlo Leva, Eugenio Alabiso, Sergio Salvati o el mismísimo Clint Eastwood, acompañados estos por fans de la obra de Leone como Joe Dante, James Hetfield o Alex de la Iglesia.

Desenterrando Sad Hill es una de esas obras que deben verse si amas el cine. Bien realizada, entretenida y reveladora. Una dedicatoria para los fans del cine y de los más puros soñadores de imposibles. Deliciosa. Y encima está en Netflix.

Uno de los muy molones carteles de Desenterrando Sad Hill
Uno de los muy molones carteles de Desenterrando Sad Hill

Los otros doc molones carteles de Desenterrando Sad HillLos otros doc molones carteles de Desenterrando Sad Hill
Los otros doc molones carteles de Desenterrando Sad Hill

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En un año plagado de cine comiquero de la factoría de la acera de enfrente, DC Films / Warner Bros. han tenido a bien sacar a la palestra uno de esos proyectos prometidos que formaban parte del universo expandido antes de su caída en desgracia… la desgracia que supuso el fiasco taquillero y de recepción sufrido por la injustamente tratada Liga de la Justicia (Justice League). El plan ya de aquella estaba claro, junto a la confirmada Wonder Woman (Gal Gadot), Aquaman (Jason Momoa) era el personaje que más escenas había logrado robar en el film del supergrupo, por encima incluso del rey de la comedia Flash (Ezra Miller). Por lo tanto, suficiente para augurar que en solitario la cosa podría funcionar.

Warner Bros. decidió entonces dejarnos con el culo torcido fichando a lo grande y James Wan fue la inesperada sorpresa de este muy entretenido popurrí de cine de aventuras arqueológicas, cine de acción submarina, comedia de chascarrillo / absurda, historia romántica y, si me apuras, hasta terrorífico viaje al mundo más oscuro y salvaje visto… ¿no os recuerda cierta etapa del viaje de Aquaman y Mera al suplicio de Riddick en Pitch Black o a la batalla contra las criaturas salidas de la brecha en Pacific Rim? Pero no sólo eso, el film funciona además como origen, pero sin profundizar en esta vertiente aunque se sirva del recurso flashback para ir explicando la evolución del héroe hasta acabar convertido en lo que es… un macarra con mucho carisma. En fin, David Leslie Johnson-McGoldrick y Will Beall han decidido montar una a lo grande tocando todos los palos posibles, vinieran o no a cuento, para durante unas extensas casi dos horas y media contarnos la historia de Arthur Curry, hijo de una reina atlante (Nicole Kidman a tope) y un farero (Temuera Morrison), y su obligada intervención para parar a su hermanastro Orm (Patrick Wilson). Enlazando, y en medio del plato combinado cocinado, un villano con mucho futuro como Manta Negra (Yahya Abdul-Mateen II). Superior.

Y en lo dicho es donde Aquaman funciona tan bien de cara al público. Es una puñetera navaja multiusos, un todoterreno o una macedonia donde siempre habrá algo que te guste. Aquaman complace a los deseosos de ver a un pseudo-Indiana Jones perdido por un desierto en busca de tumbas milenarias, hace las delicias de los que quieren ver el cine de acción que tan bien plasmaron Zack Snyder o Patty Jenkins en sus respectivas apuestas dentro del universo DC, vale de escapatoria para echarse unas cuantas risas con las tonterías de patio de colegio que Aquaman y Mera se traen entre manos, y, porqué no, para viajar al mismísimo infierno y el mundo perdido en busca de santo grial del film de Wan… el tridente definitivo. El resultado es un trabajo impecable, y seguramente muestra de que este otro enfoque es lo que se quiere. Como añadido destacar lo visualmente arrollador de los efectos digitales, aunque se parezca demasiado al brillante mundo de Avatar, secundados por diversos planos secuencia imposibles (la persecución por los tejados de ¿Taormina?), o unas coreografías brutales como el momento Atlanna o las diferentes apariciones del destacado Manta Negra. Incluso a nivel musical la cosa destaca, queda muy claro que las canciones están ahí para reírse de las situaciones (y se agradece), y hasta la banda sonora de Rupert Gregson-Williams ofrece momentos bastante interesantes.

Pues lo dicho, Aquaman mola y Arthur Curry es el primero de la clase que se separa de la trascendencia que abanderaron Superman (Henry Cavill) y Batman (Ben Affleck). Además, tenemos guiños comiqueros como el momento Aquaman a lomos del caballito de mar, pena que no fuera una manta, y junto con el gran carisma que derrocha Momoa, tan pronto es ducho en historia como un panoli que no se entera de nada, pues todo funciona. Hay futuro.

El genial cartel de Auqman presentado en la Comic-Con de San Diego 2018
El genial cartel de Aquaman presentado en la Comic-Con de San Diego 2018

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"Berlín 1977", el director de moda italiano Luca Guadagnino nos traslada en este 2018 a un pavoroso universo de brujas, psicoanálisis, sinsentido y truculencia gestado, sin embargo, ese mismo año de hace ya cuatro décadas, un año en el que las mentes del maestro del giallo italiano Dario Argento y su colaboradora Daria Nicolodi, parieron el primer episodio de la denominada como trilogía de "Las tres madres".

De ese germen nace esta nueva Suspiria, un cuento diferente y divergente, con total personalidad y visión propia, maquinada esta vez por David Kajganich, guionista de varios episodios de la igualmente subyugante "The Terror". Aquel horror visual, martilleante y quemado por la intensa fotografía de Luciano Tovoli, amén de repleto de dobles juegos y misterios de Argento, se ve ahora transformado en un trabajo pausado, gris, taciturno, casi cansino, pero sumamente enervante en manos de Guadagnino. El terror de esta nueva Suspiria vive no sólo en el interior de esa escuela de danza de renombre mundial que comandan un grupo de perturbadoras profesoras encabezadas por Madame Blanc, una alucinante y brillante Tilda Swinton, si no en ese convulso Berlín dividido en el que la Baader Meinhof libraba su particular batalla (eso y una extraña mirada al presente de las secuelas de la Segunda Gran Guerra). Ese extraño doble juego, si haces un no muy deseado remake al menos no lo fotocopies, viene a dividir al espectador, divisando este las complicaciones de una época en un entorno sobrenatural sobre el que aparentemente nada de esto debería afectar.

Guadagnino presenta dos historias y nos las cuenta en seis actos y un epílogo. La primera de las historias es la esperada surgida de la obra original, la llegada de la joven bailarina americana Susie Bannion (sobresaliente y esforzada Dakota Johnson) a la escuela comandada por Blanc y su aquelarre de brujas teutonas, por ahí andan Miss Taner (Angela Winkler), Miss Mandel (Jessica Batut), Miss Vendegast (Ingrid Caven), Miss Muller (Reneé Soutendijk) o Miss Griffith (Sylvie Testud)… un elenco de frau con marcados acentos. La segunda de las historias es la gran novedad y lo que hace que todo comience a ser diferente. Es una historia centrada en el psiquiatra Josef Klemperer, ahora toca brillante y alucinante Tilda Swinton, su investigación tras la desaparición de Patricia, efímera Chloë Grace Moretz, y las dudas que le genera sus charlas con una horrorizada Sara (Mia Goth). El film transcurre y se disipa de forma irregular entre estas dos historias, llegando a tener por momentos una importancia mayor la narración sobre Klemperer – saludos al cameo de Jessica Harper -, pero la verdad es que es la historia brujeríl, esa esperada presencia de las referenciadas Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lachrymarum, las que cubren las esperanzas reales. Truculencia, matriarcado, sufrimiento y tortura. Este es el lado más siniestro de esta Suspiria que pasa por hacer coreográfico la perturbadora muerte de una de las bailarinas, y que inyecta en rojo sangre, total homenaje a Tovoli, un explosivo softcore donde lo más inesperado tiene lugar.

En verdad esta Suspiria es muy diferente, arriesgada e innovadora. La propuesta de Guadagnino es desde luego inesperada y como se ha podido comprobar no del agrado de todos aquellos que la han podido ver. Será recordada.

Cartel final de Suspiria
Cartel final de Suspiria

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El entuerto más vicioso y retorcido vuelve a ser marca de la casa en el cine de Drew Goddard, y más concretamente en este viaje a un hotel en completa decadencia, uno que sirve como purgatorio particular, o infierno directo, de una serie de personajes con secretos inconfesables. Ya jugó a este juego en la gloriosa La cabaña del bosque (Cabin in the Woods), así que Goddard opta por volver a inventar sobre unos mimbres similares y se saca de la manga Malos tiempos en El Royale (Bad Times at the El Royale), fabuloso experimento teatrero donde se juntan actores de la talla de Jeff Bridges, Chris Hemsworth, Dakota Johnson, Jon Hamm, la debutante Cynthia Erivo o extraños como Xavier Dolan o Nick Offerman.

Y en estas llegamos a El Royale, hotel variopinto dividido por la frontera entre California y Nevada en el que confluyen cuatro desconocidos que por personales razones deciden alojarse en un lugar en decadencia, olvidado y con más secretos de los que ellos mismos pretenden ocultar. Goddard crea entonces un rompecabezas narrativo bastante memorable, uno donde a los enigmas sobre los personajes debemos sumar los de propio hotel, el botones y los que están por llegar a esta fiesta repleta de misterios y momentos brutales. Uno de los factores que hacen además más imponente el trabajo de Goddard es haber reducido a una serie mínima de escenarios toda la narración del film, siendo más que suficiente visitar el hall de El Royale y un par de habitaciones y pasillos para construir una historia entretenida y que pese a la larga duración del film, logra mantener la atención de forma permanente.

Y la capacidad de Goddard de hacer cine diferente y único sigue tomando forma merced a otra serie de factores que le hacen todavía más merecedor de un largo aplauso. Goddard acompaña ese rompecabezas con un montaje de los que crean escuela, uno donde los personajes protagonizan la historia desde diferentes ángulos, momentos y centro narrativo. Tan pronto Jeff Bridges es el protagonista de la acción, observando lo que pasa, como se transforma en el observado por un tercero pero desde un lugar y momento diferente. Todo esto de regalo armonizado por una música de fondo que de diversas formas está siempre presente, ya sea porque sale de la jukebox del hotel, como de las cuerdas vocales del personaje encarnado por Erivo… y es que en este aspecto destaca una secuencia sobre el resto, magistral. Hay espacio The Righteous Brothers, The Mamas and the Papas, The Box Tops, The Supremes, Frankie Valli o el "Hush" de Deep Purple en otro instante memorable. Y como es de esperar, en una historia de secretos, de lugares siniestros y situaciones retorcidas, tiene que haber violencia, una traída por Goddard de forma impactante, inesperada y tan truculenta como el resto de la narración.

Y si no parece suficiente, Malos tiempo en El Royale va más allá. Dado que la narración tiene lugar en la década de los 70s, haceros una idea. Goddard saca a flote todo lo que tiene que recuperar de esa época en los Estados Unidos. Hay hueco para el racismo, para la atrocidades hechas en la Guerra del Vietnam, para las secuelas que dejó sobre aquellos que regresaron enganchados, para recordar esa floreciente etapa de sectas religiosas donde lo sexual y lisérgico era la base de su credo, e incluso para los oscuros vicios, el espionaje político y, directamente, referenciando a cierto presidente asesinado. En definitiva, Malos tiempo en El Royale es una de esas joyas que hay que recomendar con los ojos cerrados, que merece nuestra paciencia y que una vez vista puede ser degustada sacando punta a todos los detalles que contiene, que son cientos si no miles.

Cartel de Malos tiempos en El Royale
Cartel de Malos tiempos en El Royale

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Publicado por Uruloki en

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