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Opinión


Todavía tengo guardadas varias mini reviews del pasado Festival de Sitges 2013, y conforme las películas llegan a los cines, o según me dé el aire, pues opto por sacarlas a la luz. Dado que el fin de semana viene ligerito, aprovecho la jornada para hablar de El viento se levanta (Kaze tachinu / The Wind Rises, 2013) de Hayao Miyazaki y los Estudios Ghibli. El supuesto último film de este maestro de la animación, muchos han sido los tildados con este adjetivo y al final siempre encuentra razones para ofrecernos un capítulo más en su impresionante carrera, es algo completamente diferente a todo lo que ha realizado hasta el momento. Alejado del enfoque más "familiar" con el que han llegado todas sus anteriores producciones – Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988), Nicky, la aprendiz de bruja (Majo no takkyûbin, 1989), El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001) o Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008) por poner un ejemplo -, El viento se levanta es un nuevo homenaje a una de sus pasiones, la aviación, y un film vital sobre las personas, sus ilusiones, los retos y en el fondo, una parte importante y singular de la historia de Japón.

Contar la vida de Jiro Horikoshi, el diseñador del conocido Zero, el avión que trajo de cabeza a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, ha levantado ciertas ampollas en según que partes del mundo por ese tratamiento político / pacifista de algo que en el fondo, seamos realistas, no lo acabó siendo. Pero la realidad es otra, aquí se cuenta la vida de Horikoshi, desde su infancia cuando en sueños hablaba con el diseñador aeronáutico italiano Giovanni Battista Caproni, de su apuesta vital por este estudio, de los malos momentos tras el terremoto de Kanto, la Gran Depresión que sufrió el país, su vida y relaciones personales, y la definitiva entrada del país en esa segunda gran guerra. Este aspecto realista, estamos ante una película de animación que podría ser perfectamente narrada en acción real, aleja la obra de un buen grupo de público, los peques, y seguramente de algunos fans del Miyazaki que no verán en El viento se levanta esa continua fantasía que pueblan todas sus obras.

Pero todo esto debería dar igual. Estamos en definitiva ante una nueva obra maestra visual, impecable, detallista, elaboradísima y magnífica en infinitos aspectos. Agotadoramente técnica, debe serlo, pero no exenta de vitalidad y humanidad como es obligado en la obra de este director. Hay espacio para todo, para conocer en detalle la evolución de la aeronáutica en Japón siempre en manos de Jiro Horikoshi, pero también para conocer sus relaciones familiares, complejas y tristes, y de amistad. Y a la habitual y excelsa técnica de la animación del Estudio Ghibli debemos sumar nuevamente el trabajo de Joe Hisaishi que pone como es menester la música al film, y algo más. Ese algo más está muy presente en los oníricos encuentros entre Jiro y Caproni, pero también en los momentos de caos del terremoto de Kanto o siempre que se enciende un motor de avión. El uso de voces, sonidos guturales, soplidos, etc. para dar vida a todos los efectos sonoros es algo tan inesperado como fabuloso y merecedor de sus disfrute.

En fin, si podéis verla hacedlo, vale la pena pese a la triste distribución que ha tenido, y que por otro lado es algo de agradecer a la gente de Vértigo si tenemos en cuenta las pocas oportunidades que tenemos de ver la obra de Miyazaki en pantalla grande. Y ojo, que somos afortunados si nos comparamos con el mundo en general.

Uno de los carteles de El viento se levanta
Uno de los carteles de El viento se levanta

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Hace un par de años más de uno se tiró de los pelos con el prematuro reboot de Spider-Man en pantalla grande. Se cumplía un lustro de aquella desganada despedida de Sam Raimi de una de las franquicias comiqueras del nuevo siglo, una que llevaba entre nosotros desde el ya lejano 2002 y que nos había presentado una versión del personaje curiosa, mutante lanzarredes, pero que arrancó con buen pie y en donde destacó notablemente aquel segundo episodio donde conocimos al fabuloso villano Doctor Octopus (Alfred Molina). En fin, este relanzamiento le daba la vuelta a la tortilla y vía Marc Webb, nadie se podía creer su fichaje, optaba por enfocar un nuevo camino, menos conocido para el fandom en general, en donde los traumas del joven Peter Parker (Andrew Gardfield), ya fueran en el entorno familiar o escolar, colapsaban bastante, o demasiado, la pantalla. Han pasado dos años y los mimbres construidos en el 2012 se afianzan y amplían en este 2014 con The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro, pero lo hacen tristemente en formato batiburrillo, tratando de acrecentar los malos momentos del personaje, menudo drama de vida, sacándose de la manga una triada de villanos que ni tienen carisma, ni empaque, ni, esto debe ser dicho, mucho sentido. ¿Qué narices han pergeñado esta vez Alex Kurtzman, Roberto Orci y Jeff Pinkner? Pues un cacao bastante gordo.

En primer lugar un drama de nivel supremo, en esto aplaudo eso de clavar ese gran puñal con forma de uno de los peores momentos, si no el peor, en la vida Peter Parker. Aunque tras la extenuante promoción no creo que nadie se sorprenda, contar ese instante de la historia de Spider-Man es cruel, y más para un film que llega con el objetivo de alcanzar a cuanto más público mejor (hacen falta muchos millones). Al comentado drama debemos sumar algunos detalles que cuestan digerir.

Para comenzar nada mejor que presentarte a un nuevo personaje crucial en la vida de Spider-Man, un amigo de toda la vida que es colado sin embargo mágicamente cuando nunca se le había ni mencionado. La llegada de Harry Osborn (Dane DeHaan), forzada nivel sin vaselina, sirve exclusivamente a Sony para establecer los pilares de su nuevo plan, ese en el que pretende explorar, explotar y secar el universo de Spider-Man. La entrada de Osborn solo tiene ese objetivo y el de cumplir con fidelidad, no 100% pero cercana, con la polémica y dolorosa viñeta. Le sigue el villano principal, WTF, del film. Electro, un Max Dillon con cero amigos obsesionado hasta niveles paranoicos con Spider-Man y que funciona exclusivamente por odio. Ninguneado por todo el mundo, Spider-Man no va a ser menos, quiere sangre, venganza y provocar el caos en la ciudad. Jamie Foxx aparece, frikea un poco y sucumbe al drama de vida de Peter Parker, a las dificultades de su relación con Gwen Stecy (Emma Stone), al ahora corto, ahora seguimos, ahora te susurro al oído, ahora te suelto un arrumaco, ahora me haces tilín, ahora no te soporto, etc. A ver… ¿en qué momento han olvidado que este era el villano principal? Despiporre de 15 minutos al final y si te he visto no me acuerdo. Injusto.

Pero esto no termina aquí, ojalá fuera así. La presencia de Paul Giamatti como Rhino es anecdótica, y mejor que se quede en eso y si de paso lo olvidan para el futuro pues contentos. Si bien el origen de Electro está ciertamente elaborado, hay construcción, lo del Duende Verde y Rhino es para mear y no echar gota. Vale que hay que meterlos, aunque sea con calzador, pero por ejemplo la transformación de Dane DeHann es tan a velocidad absurda que ese "hola y ahora te odio" en cosa de 2 minutos es de lo más inconcebible que podían haber inventado. En el fondo la base del film, lo que lo mueve, y esto ya es para gustos, es la mencionada relación de Peter y Gwen, los temores del primero tras las palabras del Capitán Stacy (Denis Leary) en sus últimos instantes de vida, las dudas de la segunda sobre su relación con Spider-Man y la sensación que tiene de eterna protección pese al extremo poder y maldad de los villanos que pueblan New York. Esto son las tres cuartas partes del metraje, con permiso del trauma padres que te abandonan. El resto pues guerra, efectos visuales a cascoporro, el trepamuros brincando, haciendo florituras chistosas de corte un pelín infantil y fin… nada más.

Se veía venir, si vas a verla sin convencimiento pues le sacas algo, el drama mola, en el fondo es lo mejor dada la crudeza de la historia, pero nada más. El futuro pinta raro, o mucho cambia la cosa o esto acabará peor que con el traspiés de Raimi. The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro es una secuela, pasable, con dosis de film de transición a algo que Sony está convencida que será muy grande… o eso pretenden hacernos creer.

Uno de los carteles de The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro
Uno de los carteles de The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro

 NOTA  El título original del film es The Amazing Spider-Man 2. El hecho de obviar a Electro del título es significativo. Si bien se gana la gran mayoría de carteles, muy por encima del Duende Verde y Rhino, no incide en eso de Electro, Electro y Electro.

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El pizpireto cine de Wes Anderson no suele dejar indiferente. Por lo general es un cine muy de extremos: o lo disfrutas y comprendes con sus rarezas y peculiares personajes o, en caso contrario, aborreces con descaro esa forma tan incalificable de contar historias aparentemente carentes de sentido y que superan con olgura el límite del histrionismo que puede asumir el ser humano. El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014) es sin embargo su film más asimilable, dinámico, divertido y entrañable, aunque sin embargo no alejado del modelo narrativo y visual con el que muchos disfrutamos en Los Tenenbaums (The Royal Tenenbaums, 2001) o Life Aquatic (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004). Es además una nueva oportunidad para disfrutar de los múltiples homenajes de Anderson al cine de los grandes, desde el misterio de la Cortina rasgada (Torn Curtain, 1966) de Alfred Hitchcock, maravillosa copia de la secuencia en el museo entre Paul Newman y aquel agente de rostro curtido y moto molona que respondía al nombre de Gromek (Wolfgang Kieling), o la comedia extrema de Roman Polanski en El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, 1967), pero sin dejar de lado ese arte de la combinación en la que este director se siente tan cómodo y donde tienen cabida formas de comedia cercanas al slapstick o el uso del arte del stop-motion y la animación modo Monty Python.

Además, será por el carisma de Anderson, pero nuevamente una de sus películas vuelve a ser un escaparate de actores que si nos paramos a echar cuentas pocas producciones podrían llegar a reunir si no fuera desembolsando ingentes cantidades de dinero. Destacan sobre manera un supremo Ralph Fiennes, estamos en abril y además de darle ya todos los premios por adelantando deberían hacerle un monumento, encarnando al extremadamente culto, educado y correcto M. Gustave, aunque todos esos maravillosos instantes en pantalla ganan mayor presencia con sus incalificables y aberrantes salidas de tono, y sin dudarlo Tony Revolori, Zero, botones del Gran Hotel Budapest que se gana su presencia de la mejor forma posible y que no es otra que poniéndose al nivel de su compañero de fatigas M. Gustave. Esta buddy movie se completa con un reparto coral donde el espectador disfrutará descubriendo a Edward Norton, al veteranísimo F. Murray Abraham, Jude Law, Willem Dafoe, Adrien Brody, Jeff Goldblum, Tilda Swinton, Tom Wilkinson, Harvey Keitel, Saoirse Ronan, Bill Murray, Léa Seydoux o Mathieu Almaric… ¿Me dejo a alguien?

Y más cosas, a una cuidadísima forma de hacer cine, Wes Anderson es hombre de creatividad desbordante y la técnica le acompaña, hay que añadir un guión como la copa de un pino, frenético, divertido, entrañable o melancólico, pero que no impide que sueltes más una carcajada. Todo esto regado con un trabajo musical de Alexander Desplat que vuelve a demostrar que estamos ante uno de los más grandes del momento y que es poco el reconociendo que se le da.

En definitiva, una joya, en estos momentos el mejor film del año y ya tienen que venir cosas buenas de aquí a diciembre para que haya algo de competitividad en este 2014. Si no la has visto… ¿A qué cojones estás esperando? ¡No me jodas y vete al cine!

Cartel del film

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Pues resulta que Marvel Studios lo ha logrado otra vez. El sinuoso rumbo que sigue el estudio cinematográfico cuando hablamos de calidad vuelve a alcanzar un nuevo punto álgido con este generoso estreno que responde al interminable título de Capitán América: el Soldado de Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014). No lo voy a negar, con lo reluciente que es Iron Man – el valor de Robert Downey Jr. sigue siendo incalculable – comienzo a cansarme de lo poco que disfruto con lo que ofrece Thor y aplaudo con fuerte entusiasmo juvenil el carismático traslado que está teniendo un personaje como el Capitán América a la gran pantalla. Será por la cercanía que transmite el héroe, menos egocéntrico que el ricachón Tony Stark y nada supremo cuando lo comparamos con el dios del trueno, resultando ser un tipo más de andar por casa, con constantes dudas, fuera de su tiempo y al que no le resulta fácil ser tan especial. Gracias a esto, y al muy buen hacer de los hermanos Anthony y Joe Russo, sorprenden, las nuevas aventuras de Steve Rogers resultan ser de lo mejorcito que ha parido Marvel en esta era de universo cinematográfico, aupándose a un puesto más que encomiable, no voy a decir que el más alto de la lista pero se le acerca.

Y el tema es que Capitán América: el Soldado de Invierno da un nuevo paso dentro de la amalgama de situaciones e historias que ha ido adaptando Marvel al cine, ofreciendo un film de acción al modo vieja escuela, desprende aroma a esos ahora lejanos ochenta gracias a unas secuencias ciertamente espectaculares como ese arranque marino, entretenidísimo, o el primero cruce de caminos que enfrenta cuerpo a cuerpo a Rogers con su nueva némesis, combinada con esa nueva guerra fría, o tecnológica, en la que las grandes corporaciones mundiales, países al fin y al cabo, han optado por controlarlo todo y a todos. Y el tema es que entre tanta trama conspiranoica y esa acción más física y clásica, saltamos a un derroche visual que se apoya nuevamente en multitud de efectos que, por otro lado, no resultan tan pintorescos y excesivos como esos de otros mundos de este extenso universo comiquero.

Bravo por Chris Evans que sigue dando el do de pecho encarnando a un personaje tan alejado de lo tecnológicamente estrambótico, bravo por Sebastian Stan y su participación como el Soldado de Invierno, bravo por los giros, los toques de humor, los mil guiños – hay que sacar libreta para ir anotando detalles – y la constante continuidad que está otorgando Marvel a este especie de serial mainstream que se puso en marcha en 2008, y que con films como este por mi puede durar unos cuantos años más. El resto cumple con creces, desde Samuel L. Jackson como el paranoico Nick Fury, atención a la escena de la persecución, pasando por la compañera de fatigas Scarlett Johansson en la piel de una Viuda Negra alcahueta y llegando a un Anthony Mackie que como el Halcón da ese toque más terrenal entre tanto supersoldado, sin olvidar la presencia de un veterano como Robert Redford que aporta lo suyo como Alexander Pierce.

En definitiva, 130 minutos de entretenimiento, buena trama, acción notable y un par de escenas sorpresa finales que merecen ser vistas… sobre todo esa primera que traerá a más de uno/a de cabeza. La siguiente estación se llama Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014), ¡que no paren!

Edición limitada que solo podrá ser disfrutada por el personal que ha trabajado en el film

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Y más Sitges, turno de la mini review de The Congress (2013) de Ari Folman, el director del multipremiado documental Vals con Bashir (Vals Im Bashir, 2008), que se adentra en una película personal y muy cinematográfica pero particularmente psicotrópica protagonizada por una Robin Wright que desnuda su alma en uno de los primeros actos más emocionantes del cine, merced mucho de ello a un speech que se gasta Harvey Keitel y que, por muy duro que seas, te logra sacar más de una lágrima. A partir de ahí Folman, que adapta "Congreso de Futurología" de Stanislaw Lem, el autor de "Solaris", nos hace dar un salto de fe a una continuación de los hechos pasados que se tornan en una extraña historia sobre la desesperación por recuperar la identidad perdida, o vendida, en un mundo animado que recuerda en muchos aspectos al hiperactivo y grotesco universo del Tex Avery más descarriado. Visualmente única con una animación repleta de iconos que al igual que Robin Wright se han dejado convencer por la muerte del género humano en pos de una sociedad que prefiere vivir colocada y permanentemente imaginando. Muy extraña.

Cartel de The Congress de Ari Folman
Cartel de The Congress de Ari Folman

 

Siete años después de que Zack Snyder trasladara a cine una de las obras gráfico-historias más trepidantes, heroicas y salvajes del mundillo comiquero, gracias Frank Miller, Warner Bros. ha decidido volver a las andadas y poner en manos de Noam Murro una falsa secuela, hablemos de cine paralelo, que explora nuevamente los excesos visuales que triunfaron con mérito en aquella 300 del 2007. Pero la realidad es otra, y si bien Murro se maneja bien fotocopiando el estilo gráfico impuesto por Snyder, no sé sí marca de la casa pero ahí le anda, esta 300: el origen de un imperio (300: Rise of an Empire, 2014) sucumbe como el 90% de secuelas en términos de calidad, carisma y entretenimiento. El despilfarro visual, sobreexpuesto para rizar el rizo bajo el prisma del 3D y que desconozco si merecerá la pena evaluar, no sirve como manto que deba tapar las vergüenzas reales de un producto más, para pasar el rato, y que ofrece muy pero que muy poco.

Con el cambio de cromos, obligado, Noam Murro ha salido medio perdiendo. Aquel Gerard Butler en estado de gracia y ciclado al no va más juntos a otros 300, entre los que se encontraban actores como Michael Fassbender o Dominic West, ha sido cambiado por un no demasiado carismático Sullivan Stapleton, actor con potencial que no termina por explotar, y una caterva de secundarios que como son granjeros, poetas y obreros pues acaban sucumbiendo al hiperbólico nivel muscular de los guerreros espartanos. Regresan la Reina Gorgo (Lena Headey) y Xerxes (Rodrigo Santoro), pero como si no lo hacen, y junto a ellos el plato fuerte de la aventura, esa belleza que responde al nombre de Eva Green y que aunque en la piel de un personaje bastante absurdo, tiene tiempo para enardecer al pabellón masculino de la sala con una de las escenas tórridas más WTF y fuera de lugar de los últimos años… ¿en qué momento se planteó la tensión sexual que se desencadena?

El resto del producto es menos de lo que se podía esperar de el. Primero, el exceso visual se pasa de rosca y cae en el peligroso espectro del videojuego llegando a perder todo el encanto que Snyder logró con sus cromas en el reducido espacio de las Termópilas. Aquello fue personalidad, cierta innovación y aventura gloriosa, esto se resume en la escena del caballo. Segundo, las batallas marinas, modo clon pero con final boss cada una de ellas, donde al estrategia de Temístocles (Stapleton) supera la ridiculez con la que hacen la guerra los generales persas. Salvo Artemisia (Green) el resto parece que recibieron el título el día que embarcaron. Tercero, el tedio de un guión repleto de diálogos rimbombantes, frases elocuentes y vacío en general que sobrevive gracias a los impulsos que le da cada cuarto de hora el cambio de registro y la entrada en faena del slow motion, a velocidad normal la película se les queda en hora y cuarto, o ese gore superlativo no exento de amputaciones, desmembramientos o ríos de color rojo oscuro.

En definitiva, probatura de cara a recaudar, extender los derechos, y ver si es posible hacer una tercera parte donde Xerxes vuelva a tomar las riendas de aquella controvertida sensación homoerótica que aderezaba el 300 de Snyder. Producto palomitero propio de Hollywood de hoy en día que con su R a cuestas espero que sirva de nueva muestra de que el cine para adultos, violento, sexual y extremo, también merece contar con inversión.

Uno de los nuevos carteles de 300: el origen de un imperio
Uno de carteles de 300: el origen de un imperio

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La semana pasada, tan pronto como la vi en el cine, ya os quería hablar sobre la nueva película de Spike Jonze, pero ha sido tal el frenesí de noticias y cosas que he tenido que hacer en este y otros ámbitos que no ha sido hasta ahora cuando he podido pararme a escribir sobre Her (2013).

Miremos pues al futuro, tristemente mucho más cercano de lo que imaginamos, y pensemos en una sociedad donde la comunicación lo es todo. Es tan todo que la soledad de Theodore Twombly, irrepetible Joaquin Phoenix, es combatida día a día con trabajo, algún que otro saludo a sus apreciados pero anodinos vecinos, saludad a Amy Adams, y mucha conexión. Ese marco de vínculos virtuales, donde se comparten experiencias alejadas del contacto, ahonda en la transformación de una persona que sufre al ver cómo su vida más "plena", viene de una ruptura con el personaje de Rooney Mara, ha cambiado por las circunstancias que generan esa completa conectividad que no es más que el causante principal de ese distanciamiento físico y personal al que se ha visto abocado. Y es entonces cuando el film nos da un golpe y añade un factor virtual más a la vida de Theodore, uno con voz de Scarlett Johansson, un ente artificial que aprende, conoce y, de manera mecánica y programada, informáticamente hablando, acaba por socializar y algo más con nuestro protagonista. El miedo a conocer, el temor o inseguridad ante relaciones personales que obligan a interactuar físicamente, véase el caso con Olivia Wilde, ese miedo al rechazo lo suple Samantha, ente virtual que de forma sencilla acaba aportando a la vida de Theodore aquello que había perdido. Jonze juega con muchos elementos íntimos, personales, acentuando la temática de la soledad pero sin dejar de lado la importancia que tienen las emociones en cualquier tipo de relación y máxime cuando el protagonista es una persona sensible capaz de meterse en la piel de todos aquellos que a través de su trabajo le solicitan escritos personales que son incapaces de redactar, e incluso imaginar. Comedia y drama, romance y ruptura, Her tiene de todo un poco y cuenta con un protagonista que rompe moldes y que actúa como el único elemento visual en una relación extraña y puede que, más pronto que tarde, hasta real.

Muy recomendable.

Cartel de Her
Cartel de Her

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Siempre me ha llamado la atención el tema este de la piratería en aguas del definido como Cuerno de África y me sorprende, esto no se puede negar, que la industria no haya sacado todo el jugo posible a la temática. Con este no sobreexplotado entorno, piratas más secuestros más rescates hay unos cuantos pero con la problemática somalí como trasfondo no tantos, Kapringen (2012) por ejemplo, el siempre virtuoso y sabio director Paul Greengrass adapta la historia real del capitán Richard Phillips narrada en el libro de título más que interminable "El deber de un capitán: Piratas somalíes, SEALs de la Armada, y los días peligrosos en el mar", escrito por Stephan Talty y el propio sufrido Phillips. Al frente del proyecto, y en una nueva demostración de que la veteranía es un grado, un muy natural y cercano Tom Hanks se encarga de acompañar a Greengrass en un drama personal muy acorde con esa esencia que la meca del cine disfruta llevando a la gran pantalla… de esas que por lo general se acaban aupando al estatus de producto premiable merced a la calidad del desarrollo y al gusto del público.

Lo mejor de todo es que el combinado cumple, y mucho, con una propuesta dramática, tensa o hipertensa, y donde te sientes tan preso e impotente como el pobre de Hanks, o Phillips, mientras el debutante Barkhad Abdi le apunta con un AK-47. El film es muy cercano, más si tenemos en cuenta que hace unos años barcos de todas las nacionalidades, españolas entre ellas, sufrían en carne el asedio de los piratas somalíes que bajo la amenaza de la desgracia que golpeaba, y golpea, a su tierra – hambruna, muerte y otros menesteres de aspectos más controvertidos – se adentraban en alta mar para probar suerte y cobrar una buena recompensa. El film es un elaborado viaje por una experiencia catártica, de esas que te cambian la vida si la sufres, y tras la cual algo queda dentro de ti para siempre.

Pues eso, Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013) es Greengrass, Hanks, drama humano y una vacaciones en el mar de esas que no nos gustaría disfrutar a ninguno. Buen film que sin lugar a dudas merece más porque Hanks, nuevamente, nos ofrece un papel rotundo y de calidad, de esos que se tragan los problemas pero que explotan y se derrumban como haría todo hijo de vecino si sufrieran la experiencia esta.

Uno de los carteles de Capitán Phillips
Uno de los carteles de Capitán Phillips

Y con esto aprovecho para comentaros que el próximo 28 de febrero, un par de días antes de la ceremonia de los Oscar, esa en la que Greengrass y Hanks han sido castigados y donde, seamos realistas, Abdi ya ha tenido premio, llega a DVD, Blu-Ray y plataformas digitales el film. El Blu-ray y DVD incluyen como contenido extra un jugoso documental titulado "Captando Capitán Phillips" donde uno puede disfrutar de más de 50 minutos de una especie de así se hizo en forma de tres mini documentos titulados "Embarque", "A toda máquina" y "Mantenerse firme" donde se examina por parte del equipo creativo del film, Greengrass, los productores, reparto, etc., y en minucioso detalle, cómo se hizo la película, el hecho de rodar en un escenario real como un barco de la Maersk, la experiencia en alta mar, y qué movió a contar esta historia. Junto a esto tenemos un comentario completo de todo el film vía el propio director Paul Greengrass. Bastante completito.

Portada del Blu-Ray de Capitán Phillips
Portada del Blu-Ray de Capitán Phillips

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Eso es lo que pasa cuando echas el resto tratando de reinventar una obra de culto, que cuenta con un público que la recuerda con orgullo y que se sigue disfrutando al máximo aun pasando sobre ella cerca de 30 años. En un nuevo episodio de la larga lista de institucionalizaciones por parte de los grandes estudios de Hollywood llega RoboCop (2014) de José Padilha, debutante en el mercado USA que desconozco que hubiera logrado hacer si le hubieran dado carta blanca sobre el proyecto que nos trae aquí pero que puedo imaginar que algo mucho mejor si echamos la vista atrás y observamos con detenimiento su fabulosa Tropa de élite (Tropa de elite, 2007). MGM y Sony, dos de las grandes, han unido fuerzas para reinventar el icónico personaje creado por los guionistas Edward Neumeier y Michael Miner, uno que de forma crítica, cínica y abiertamente violenta fue transformado en cine por un director sin pelos en la lengua como Paul Verheoven, maestro entre maestros, al que acompañó la extenuante capacidad creativa de un visionario de los efectos especiales como Rob Bottin. Pero claro, los tiempos que corren son el ahora, y en estos momentos el mercado es quien marca descaradamente la pauta a seguir si hablamos de superproducciones, y que además se ven acompañados por una muy patente carencia de ideas donde ya no existe el riesgo, con naturalidad se le teme, y donde todo se ve avocado a una mojigatería que debe contentar a un público extremadamente amplio dek que se necesita que puedan verlo todo.

Con estos mimbres nade RoboCop, film que mantiene la esencia de la obra de Verhoeven, lo humano prevalece, y que continua explorando y criticando el claro devenir de nuestra sociedad hoy en día y donde el poder de los corruptos más el tejemaneje de los medios es lo que en el fondo debería ser castigado con dureza. Josh Zetumer, el guionista de este RoboCop 2014, elabora una historia correcta con engaños varios, de respetuosos guiños al pasado, pero que sin embargo se disipa como un pedo en una tormenta ya que tras 60 minutos no llega a trascender ni un 1% de lo que lo hacía ya en esos momentos la obra de la que es remake. Llegado a un punto donde la cosa no puede ser más plana todo cambia y mucho, el nuevo RoboCop, sus debates personales internos y el juego sucio de las grandes corporaciones, OCP sigue siendo una empresa de doble, triple o cuádruple moral, luce como se esperaba en un frenesí que salvo porque no cuenta ni con una gota de sangre – no se nos vaya a desmallar alguien – es hasta entretenido. Pero pasado este revitalizante parte el globo comienza a deshincharse y se confirma que MGM ha perpetrado un producto que puede que funcione en taquilla pero que no pasará, seguramente ni lo pretenda, a la historia como lo hizo ese otro RoboCop (1987).

En medio del fregado un Joel Kinnaman anticlimático que en su puesta en escena cuenta con una reinvención menos aparatosa del famoso cuerpo robótico en el que se ve obligado a revivir. Junto a él gente de peso como Samuel L. Jackson en modo rey fascista televisivo, y un retornado como Michael Keaton al que secunda Jackie Earle Haley en un papel que no cae en gracia. Otros como Gary Oldman o Abbie Cornish aportan su granito de arena aunque si les otorgas menos metraje tampoco se les echaría en falta.

No se, los ochenta eran más gamberros, entregados y auténticos, no había tantas preocupaciones y el cine de adultos era eso, cine de adultos. Ahora la ceniza MPAA coarta a las grandes compañías que, por otro lado y de forma igualmente culpable, optan por descomunales inversiones que deben ser recuperadas sea como fuere… y en este caso la solución la encuentran rebajando notablemente cualquier atisbo de personalidad que diferencie a este producto de esas otras decenas que llegan a la gran pantalla bajo este sello a lo largo del año.

Uno de los carteles de RoboCop
Uno de los carteles de RoboCop

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Planteemos una ecuación muy simple: costumbrismo, viaje a la América low cost, eso de profunda tampoco es que me parezca del todo correcto porque aquí a la vuelta de la esquina también tenemos de esto, y muchas relaciones, ya sean familiares o no. Estos tres elementos sirven a Alexander Payne, el director de cosas también muy de introspección como A propósito de Schmidt (About Schmidt, 2002) o Los descendientes (The Descendants, 2011), de argumento para contarnos el curioso viaje obsesivo de Woody Grant, Bruce Dern fantástico, un simpático y cabezota anciano que ha recibido una carta donde se le anuncia que es el ganador de un jugoso premio de un millón de dólares. Este punto de partida sirve para meter al espectador en un apacible periplo entre Billings y Lincoln, tránsito entre los puede que muy tediosos estados de Montana y Nebraska, donde nos cargaremos las pilas con múltiples reencuentros familiares, pausa, donde se sacarán a la luz viejas rencillas, pausa, y donde reinará esa tozudez supina de la que Dern hace maravillosa ostentación, nuevamente pausa. Nebraska (2013) es un entretenido melodrama familiar con momentos de comedia, agradecidos para levantar ánimo entre tanto aprovechado que ve en una falsa obsesión, propia de un hombre mayor y senil, una forma de sacar tajada. De regalo una reveladora relación padre hijo, de esas que de vez en cuando merecen verse para pensar sobre el tema y darse cuenta que las rarezas son eso, peculiaridades de cada uno con las que se debe aprender a convivir. Triste pero positiva, viene aderezada con June Squibb, muy divertida, y un elenco de actores que ponen sobre la mesa a la taciturna familia Grant.

Cartel de Nebraska
Cartel de Nebraska

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