Opinión


Venga, vamos a por Bright, la nueva película de David Ayer y probablemente la primera gran producción de Netflix, se habla de 90 millones de presupuesto. Estrenada directamente en el canal el pasado 22 de diciembre al fin puedo decir eso de que estoy entre los muchos millones de personas que la han visto (advierte Nielsen que en 3 días ha tenido 11 millones de visionados sólo en EEUU… que se dice pronto).

Creo yo que a nadie debe haber sorprendido lo que Bright ofrece. Los mimbres cinematográficos de David Ayer son sobradamente conocidos y lo que su nueva película aporta no deja de ser una envoltura diferente para a un producto estándar en su concepto, una buddy cop movie realista y cercana como ya lo fueron las muy sobresalientes Sin tregua (End of Watch), director, y Día de entrenamiento (Training Day), guionista. Tras el periplo DC de Escuadrón Suicida (Suicide Squad), Ayer por lo tanto regresa al medio que mejor domina, para narrar una nueva historia de personajes social y culturalmente distantes pero que no pueden estar más unidos. Sumad de paso todos los cánones que definen las películas en las que como guionista o director ha metido mano a lo largo de los años este señor. Bright está sembrada de corrupción, situaciones extremas que llevan al límite a sus protagonistas, y una obligada y creciente devoción hacia la camaradería y el compañerismo.

Si en Sin tregua los agentes Taylor (Jake Gyllenhaal) y Zavala (Michael Peña), un par de policías de Los Angeles, sufrían un infernal día de trabajo al enfrentarse a elementos superiores a sus expectativas, en Bright, los también agentes Ward (Will Smith) y Jakoby (Joel Edgerton) padecen lo mismo aunque en este caso el segundo sea un orco. Digamos que Bright es una nueva parte de esa trilogía, tetralogía o pentalogía, en la David Ayer nos habla sobre lo duro que es servir y proteger en las calles de los barrios más peligrosos de las grandes ciudades de EEUU. ¿La novedad? Pues la capacidad de innovar u ofrecer un punto de vista fresco al contar la historia como si en un cuento de hadas estuviéramos viviendo. En Bright, guión del figura Max Landis, hay orcos, elfos y hadas. Orcos pijos y orcos callejeros, conciertos de heavy orco donde humanos, elfos y los que cantan comparten gustos comunes. Hay strippers y prostitutas orcas, elfas y humanas. Hay elfos mafiosos, agentes de asuntos internos de orejas picudas, pandilleros hispanos de calcetines blancos hasta las rodillas y pantalones por debajo de la ínclita pero armados hasta los dientes, cadenas y relojes de oro, tráfico de armas y magia… ¡varitas mágicas!

Bright por lo tanto maneja los mismos elementos que las anteriores obras policíacas de Ayer introduciendo lo clásicos debates sociales, las dudas sobre el que es diferente (racismo / clasismo) o el odio hacia el compañero que no te conviene tener al lado. Por un lado uno puede pensar que es otra vez más de lo mismo (no se equivoca), pero por otro está bien ver como estas historias son perfectamente válidas y encajan como un guante por muy histriónica y grotesca que sea la idea que tienes para contarla (el caso de Bright). Desde luego se deja ver, es bastante entretenida y curiosa. Se mueve a un ritmo más del nuevo siglo que aquella historia que fue Alien nación (Alien Nation), y desde luego medio entierra cualquier posibilidad de hacer un remake de aquel film protagonizado por James Caan y Mandy Patinkin. Ojo, no es que aporte mucho, por no decir que no aporta nada, pero para ver sentado en casa con la manta un viernes por la noche sin nada que ver en cines es un producto ideal.

Ah, la presencia de Noomi Rapace o Edgar Ramírez no deja de ser anecdótica, la primera está y tiene un pase, el segundo va tan almidonado que no puede ni moverse. Lo que sí tiene mérito es el montón de maquillaje que han tenido que currarse para hacer la película, aunque sigo sin entender que innova Bright con respecto a otras para estar en boca de algunos cuantos. Mola, sí, pero tampoco es para fliparlo, y si descartas unas por no mejorar el pasado, Bright no se queda corta y tampoco es que rompa esquemas ni que redefina el uso de la espuma de látex o la silicona.

El nuevo cartel de Bright de David Ayer
El único cartel de Bright de David Ayer

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La técnica está con Rian Johnson pero la fuerza… la fuerza… la fuerza no le acompaña todo lo que se esperaba, o no por lo menos como todos la conocíamos hasta ahora. Una vez vista y meditada Star Wars: Los Últimos Jedi (Star Wars: The Last Jedi) hay que plantearse dos cosas, ¿aceptamos esta nueva propuesta y tiramos millas? o, por el contrario, ¿ponemos el grito en el cielo y nos rasgamos las vestiduras? Si con el Episodio VII la gente se dividió también entre la magnífica recuperación del tono clásico y la cero originalidad parida por J.J. Abrams, con Star Wars: Los Últimos Jedi va a ocurrir más de lo mismo. Hace unos años muchos optaron por quedarse anclados en el "plagio" con la historia de 1977, ahora otros muchos se quiebran por dentro recitando la máxima "este no es el Star Wars que yo conocía".

Partamos de un hecho inamovible e irrefutable, si queremos tener Star Wars para rato y no volver erre que erre con lo del "esto es una burda copia" hay que aceptar ciertas cosas, y si bien estas pueden ser inconcebibles en la mitología, un salto de fe de vez en cuanto no nos va a matar. Tras Star Wars: El Despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens), Rogue One fue el primer paso del giro narrativo de la saga creada por George Lucas, ahora nos plantamos ante la ruta que ha tomado Rian Johnson con Star Wars: Los Últimos Jedi, no quedarse en la simple presentación del más de lo mismo, criaturas de todo calado, viejos amigos que renquean por donde pasan, o secuencias clon de películas idolatradas. Johnson ofrece un punto de innovación, abre una puerta nunca explorada hasta el momento que a los más devotos destrozará por dentro, pero que a esas nuevas generaciones las dejará satisfechas. Eso sí, hay elementos que funcionan, otros son para arrancarse los ojos.

Lógicamente no voy a entrar en detalle con esos elementos que levantan ampollas entre los más escrupulosos seguidores de la saga, pero se agradece que Star Wars: Los Últimos Jedi siga explorando un camino conocido por todos, y que al mismo tiempo deje sobresalientes novedades si nos centramos en la historia de los dos principales protagonistas: Rey (Daisy Ridley) y Kylo Ren / Ben Solo (Adam Driver). La nueva película de la saga marca dos líneas argumentales. Por un lado el viaje de Rey, su encuentro con Luke Skywalker y su aprendizaje en la Fuerza, aquí en medio tenemos al Líder Supremo Snoke y Kylo Ren como gran contrapunto. Por otro asistimos al periplo de Poe Dameron, Finn, Leia, Rose (odiada por muchos / todos) y los restos de la Rebelión, y al juego del ratón y el gato que juega con ellos la Primera Orden comandada por ese personaje que es el General Hux. En ambos casos hay aciertos y fallos, mejores y peores jugadas, excelentes propuestas y errores garrafales.

Sigo pensando que Kylo Ren es el gran villano que merecíamos para esta nueva trilogía. Más aun, nuevamente nos adentramos en sus más internas dudas, sus tribulaciones más desconcertantes y las obsesiones que le acosan. Es, sin duda, el gran acierto de Star Wars: Los Últimos Jedi. Ahondar como se ahonda en su personalidad, en su origen, en su periplo al reverso tenebroso de la Fuerza, su crecimiento como enemigo mortal. De igual forma que Luke ponía en un brete a su padre Darth Vader al final de El Retorno del Jedi, aquí Kylo Ren se frustra y se enfrenta a su yo interior, plasmando constantes dudas que toman por sorpresa al espectador que en realidad no sabe que creer en cada momento. Es, repito, el acercamiento más completo y complejo que se ha hecho hasta ahora de esta transformación. Sobresaliente. En el lado opuesto esta Rey que, como si se hubiera ido al planeta Dagobah, vive las excentricidades de un ermitaño. ¿No pasaba Yoda de Luke en su primer encuentro?, ¿no le ofrecía sopa, robaba y sacaba de juicio al que luego se transformó en maestro Jedi? Aquí es más de lo mismo, truculento en algunos momentos, pero no deja de ser lo mismo. ¿Nadie recuerda ya el encuentro de Luke con su yo mismo en la cueva donde predominaba el lado oscuro? Esta es la esencia Star Wars y está 100% presente en esta nueva aventura.

Ojo, luego está la otra historia, un poco patetiquilla, donde el reparto de roles derivan todos en el mismo concepto, qué es hacer el bien y qué es hacer el mal. Claro está, hay licencias que se nos antojan imperdonables, grotescas todas ellas, pero licencias al fin y al cabo. No están gustando y el excesivo metraje de la cinta acaba haciendo la transición todavía más sufrida. Desde luego Star Wars: Los Últimos Jedi no es perfecta, podían haberse ahorrado cosas, pero si uno prefiere quedarse con lo bueno ahí queda el pulso Kylo Ren / Rey, para mi de matrícula de honor. Veremos mayo del 2019, pero hay chicha de sobra sobre la mesa, y seguro que no nos dejará para nada indiferentes.

Cartel final de Star Wars: Los Últimos Jedi
Cartel final de Star Wars: Los Últimos Jedi

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Se ha estrenado una de las producciones comiqueras más deseadas del momento, y esperada presentación de varios de los personajes que nos acompañarán durante los próximos años luciendo mallas y antifaz si de lo que hablamos es del DC Extended Universe. Con Liga de la Justicia (Justice League) de Zack Snyder / Joss Whedon el cine de supergrupos se gana un nuevo episodio (igual hasta pega decir enemigo), uno que como ya sabíamos no iba a gustar a todos y seguro enfrentaría opiniones notablemente diferentes. Vamos al tema que hay mucho de qué hablar y, desde luego, la polémica está servida… en ciertos aspectos DC Films y Warner Bros. deberían hacérselo mirar porque se ganan a pulso este debate. Liga de la Justicia es desde luego un film de supergrupo atípico, y los es por diversas razones, hora de enumerar y que cada uno saque sus conclusiones. En mi caso me ha gustado (bastante), pero no obvio los muchos problemas que agrava en un universo generosamente "extendido" pero no suficientemente "cocinado".

Primera. Si bien se nos plantea esta película como el nacimiento de esa mítica unidad llamada la JLA, al tiempo sirve de punto de partida o presentación de tres de los nuevos personajes que en solitario deberían poblar las salas de cine durante los próximos años. El resultado obtenido es una idea no muy amablemente explotada y hasta puede que no muy acertada en su planteamiento. Con el origen de Wonder Woman (Gal Gadot) ya sobre la mesa, y Batman (Ben Affleck) o Superman (Henry Cavill) compartiendo pantalla en la tampoco no polémica Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice), además tras la presentación del segundo en El Hombre de Acero (Man of Steel), poner sobre la mesa la entrada a las bravas de tres nuevos icónicos personajes como Arthur Curry / Aquaman (Jason Momoa), Barry Allen / Flash (Ezra Miller) y Victor Stone / Cyborg (Ray Fisher) es, desde luego, muy arriesgado. La cosa funciona mejor para unos que para otros, y gracias a la portentosa personalidad otorgada a Aquaman, o a la permanente gracia de Flash, ambos se ponen a la zaga en cuanto a presencia de Wonder Woman manteniendo el tipo al encumbrarse como alivios cómicos de la película. Pero, ¿y el resto? Pues la realidad es que Cyborg está completamente desdibujado, como presentación no llena las dudas sobre el personaje aunque sorprendentemente funciona incluso mejor que Superman y se coloca al nivel de Batman.

Segundo. Liga de la Justicia es una película labrada en el estilo cinematográfico de Zack Snyder, pero se nota su ausencia y por otro lado la presencia de Joss Whedon, que de entrar para pulir y mejorar el guion de Chris Terrio acabó inmerso en tareas de dirección cuando Snyder se dio de baja a raíz de una fatalidad familiar. ¿Qué ha pasado con Liga de la Justicia? Pues que en parte ha perdido la personalidad que seguro espera gran parte del público a verla en pantalla grande. Ya lo venían anunciado, uno de los grandes retos de Liga de la Justicia estuvo en fusionar los diferentes estilos de Snyder y Whedon y que no se notara que es una película de dos directores. Se nota. Ojo, no voy a decir que le haya venido mal, mentiría, y creo que la presencia de ese Flash cómico es necesaria, y que con otro Aquaman puede que la cosa no hubiera molado tanto como realmente mola. Pero desde luego el tono no es el que se nos vendió en El Hombre de Acero y menos en Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia. Warner Bros. se ha visto en la tesitura de aguantar el palo del barco de la seriedad y el tono más "oscuro", y ha pretendido encajar la ficha de, esto es indiscutible, el factor tonto de Marvel Studios. ¿Funciona? Sí, desde luego, ¿es el tono adecuado? Pues es algo bastante discutible.

Tercero. Reshoots, reshoots y más reshoots. Se nota a leguas todo lo que ha pasado por encima de Liga de la Justicia. El montaje estrenado en cines no contiene ni por asomo la mitad de secuencias rodadas por Snyder (y que se pueden recuperar en los trailers). Pero lo que escama y pasa factura es la total falta de coordinación con Henry Cavill y el mostacho borrado digitalmente. Si todo puede salir mal, saldrá mal. El error es de aúpa y canta tanto que quita credibilidad y aplomo a lo que se muestra por pantalla. Desconcierta, por momentos da la sensación de estar viendo a un actor cambiado, de que no es Cavill el que vemos… que va, borrado digital del bigote y zasca. ¿Qué pretendes?, ¿tan mal estaba lo rodado por Snyder? El caos es patente en la producción en general, pero si aun con esas logran una producción entretenida, que mantiene el interés y con personaje interesantes… ¿qué hubiera pasado si las ansias, dudas y tensiones de Warner Bros. no fueran lo que están siendo sobre el DCEU?

Cuarto. Steppenwolf y sus parademonios. En esto es donde Liga de la Justicia también falla, relativamente. Primero con los parademonios, sin un mínimo engranaje que justifique lo vemos en esa primera entrada en pantalla de Batman y ese ratero encarnado por Holt McCallany (Mindhunter). ¿Qué narices ha pasado? Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia mostraba uno de los momentos más apocalípticos del cine de superhéroes con el Batman desierto y los parademonios de Darkseid dando la tabarra en el famoso sueño del señor de la noche de Gotham. Aquí, sin comerlo ni beberlo, como si fuera lo más normal del mundo. Falta algo y se nota, falta justificación, falta explicación, falta, como decimos en Galicia, un poco de sentidiño a la narrativa. La otra columna maestra de la villanía, Steppenwolf (Ciarán Hinds), mola, sí, y no es lo que muchos dicen que es. Pero le falta pegada y un poco más de autonomía como personaje.

¿Podría seguir? Por poder se puede, pero no tengo muchas más ganas. Ojo, el gran problema de Liga de la Justicia es que pese a todas sus imperfecciones me ha gustado. La he disfrutado, me han flipado Aquaman y Flash, Wonder Woman perfecta y hasta Batman que cumple pese a que se va a comer los mocos a estos niveles de batalla. Superman, pues eso, está bastante bien pero con ciertos pelillos que no se pueden echar a la mar. Visualmente mola, musicalmente es un cero a la izquierda (¡pírate Danny Elfman y regresad Hans Zimmer y Junkie XL!), y no merece todos los palos que le están dando. Pero ojo, ahí están esos 96 millones de recaudación en USA para un producto de casi 300 de coste. Casi 70 menos que Batman v Superman, casi 10 menos que Wonder Woman, 20 menos que El Hombre de Acero y cerca de 40 menos que Escuadrón Suicida. Algo está fallando.

El magistral cartel de Liga de la Justicia presentado en la Comic-Con 2017
El magistral cartel de Liga de la Justicia presentado en la Comic-Con 2017

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¿Queréis una verdad como un puño? Thor: Ragnarok es ya por derecho la mejor aventura del hijo de Odín modo cómic en cines. Marvel Studios no se ha estrujado demasiado la cabeza y tras poner en manos de Taika Waititi el tercer viaje de Thor (Chris Hemsworth) en solitario, lo obtenido es lo esperado. Watiti, director de comedia, rey del absurdo y un genio maquinando cosas inconcebibles, es a Thor lo que James Gunn fue a ese primer episodio de los Guardianes de Galaxia (no tanto al segundo).

Recordemos que la compañía comiquera probó por dos veces con la seriedad y le salió rana. Thor de Kenneth Branagh no logró despegar y como film de presentación del famoso personaje se quedó en un quiero y no puedo. Thor: el mundo oscuro (Thor: The Dark World) de Alan Taylor fue otro despropósito en el que de regalo nos pusieron a un villano de medio pelo sin capacidad de hacer una pizca de sombra sobre nuestro rubio protagonista. Viendo que lo serio no funcionaba, y tras probar las mieles del éxito con Guardianes de la Galaxia, pues Thor ha sido pasado por el filtro de la comedia arcoíris a ritmo de rock y como resultado ha salido Thor: Ragnarok AKA Thor: Volumen 3… porque, si somos sinceros, es un rip-off en estilo de las aventuras de Star-Lord (Chris Pratt) y compañía. Pero ojo, esto no es malo… Thor: Ragnarok es entretenidísima, repleta de chascarrillos, comedia de situación de principio a fin, consciente de reírse de si misma, con secuencias de acción trepidantes, lisérgica en muchos momentos, y con una villana embutida en un traje tan ajustado que bien merece ser vista, una y otra vez. A todo esto sumadle a Hulk, y dadle voz y voto… han hecho pleno.

Taika Waititi se ha enfrentado con solvencia y por primera vez a un presupuesto de esos que quitan el hipo. Deja de lado por lo tanto la virginidad del blockbuster y pasa a figurar en la lista de deseos de los grandes estudios que quieren directores frescos para sus historias más taquilleras (véase Warner Bros. que le sueña para Akira). Y mucho ojo porque su filmografía estaba sembrada por productos de bajo presupuesto y de corte independiente. Desde la serie "Los Chonchords" ("Flight of the Chonchords"), pasando por la magistral Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows) y hasta la reciente Hunt for the Wilderpeople. Lo de Waititi era hace un año y pico lo mismo que lo de Gunn o lo de los hermanos Russo en su momento, una apuesta en toda regla, un órdago para dar un giro completo a un modelo que en los tiempos que corren extrañamente no funcionaba nada bien. En definitiva, Taika Waititi con Thor: Ragnarok se ha matriculado con honores como alumno de James Gunn y Zack Snyder.

El reparto bien. Hemsworth vale para la comedia, está cuadrado y se adapta genial cuando se le pide hacer muecas o poner caras. Tom Hiddleston vuelve a cumplir como Loki y, como su hermano, se suma a esta fiesta de superproducción. Cate Blanchett como Hela cumple como villana, mientras que Jeff Goldblum rompe el molde de los absurdo como el Grandmaster. Por ahí transitan Idris Elba, nunca convenció como Heimdall y sigue sin hacerlo,y Tessa Thompson, funciona como compañera de fatigas Valkyrie y, quien sabe, igual como love interest de Thor ahora que Jane Foster (Natalie Portman) se ha quedado en la estacada, pero poco más. Bueno, miento… hay muchos cameos, varios de ellos son tan geniales / tronchantes que deben ser descubiertos en cine. Evitad SPOILERS!

Para terminar indicar que el resultado es el deseado por Marvel Studios. Thor: Ragnarok es perfecta como cine comiquero repleto de color, como comedia familiar para todos los públicos, y vale para dar un nuevo gran sentido a Hulk y se saca de la manga un team-up icónico que muchos estaban deseando ver en cine. Eso sí, Thor: Ragnarok transita en otro rango, uno serio, trágico, sombrío… y se pierde. Lo más flojo es sin lugar a dudas el arco que encabeza Hela, en la que Skurge (Karl Urban) y el propio Heimdall son también protagonistas, y donde no llega a cuajar del todo. Pero claro, la comedia todo lo fagocita y el resultado, compensando, funciona perfectamente.

Color a raudales en el nuevo cartel de Thor: Ragnarok
Color a raudales en el nuevo cartel de Thor: Ragnarok

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Tras una completa semana en Sitges 2017 viendo otro tipo de películas, al fin he podido pasarme por el cine para ver Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve… y no puedo más que afirmar que lo que he visto me ha encantado. La verdad es que plantearse una secuela de uno de los films más representativos de la cinematografía moderna, gloria eterna para muchos, y más de treinta años después de aquel complejo y filosófico Blade Runner de Ridley Scott, apuntaba a polémico resultado. Todas las dudas que en su momento sembraron Scott y los guionistas Hampton Fancher e David Peoples en 1982, o el nunca concretado destino de Rick Deckard (Harrison Ford) y de Rachel (Sean Young) pese a todas esas propuestas con el montaje, iban a ser la comidilla cuando de nuevo Fancher junto a Michael Green en esta ocasión se pusieran al tema. Villeneuve tampoco lo tenía fácil. Un director sobradamente laureado, responsable de joyas como Prisioneros (Prisoiners), Sicario, Indencies, Enemy o La llegada (Arrival), recibía un encargo explosivo, una oferta con demasiada letra pequeña y seguras consecuencias si el tema no salía bien… pero para eso existen los buenos directores, y Villeneuve es ahora mismo uno de ellos.

James Jean y su propuesta para Blade Runner 2049
James Jean y su propuesta gráfica para Blade Runner 2049

Y en estas llegó Blade Runner 2049 a los cines, y en estas la mítica historia de aquel 1982 evolucionó con nuevos personajes y sobre todo nuevas extensiones al ya perpetuo lema "más humanos que los humanos" de la Tyrell Corporation. La base sigue siendo la misma del pasado, una historia al más puro estilo clásico del cine negro de antaño pero en un entorno futurista. Se mantiene la ruinosa estética visual (el diseño de producción es abrumador), se añade la impresionante fotografía de Roger Deakins, se suma una evolución sonora gracias a Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch. No son Vangelis y no necesitan serlo. El conjunto por lo tanto ha cambiado, se ha actualizado 30 años manteniendo todo aquello que durante este tiempo ha gustado y marcado a otras piezas dentro del ramo de la cinematografía moderna.

La historia en este Blade Runner 2049 sirve para seguir ahondando en las dudas que se planteaban en la obra original, pretendiendo cerrar de una vez aquellas preguntas que se sembraron, y nunca se llegaron a aclarar, sobre Rick y Rachel. Esta vez el agente K (extenuantemente hierático Ryan Gosling) vuelve a sufrir de las violentas incomodidades que acecharon al agente original, de las dudas sobre lo humano de los replicantes y sobre su esencia vital como "seres" que perciben o sienten. De regalo entra en juego una interesante segunda línea argumental en forma de pura inteligencia artificial, algo que en 1982 era impensable, pero que hoy en día es ya una realidad. La historia de K por lo tanto navega entre los mares de la investigación – donde guerrea de paso con ese nuevo Tyrell que responde al nombre de Niander Wallace (Jared Leto) – y su propia vida, compartida con ese nuevo personaje que es Joi (Ana de Armas) y que aporta más de lo que el propio K, por momentos un simple cascarón, parece contener.

Blade Runner 2049 es por lo tanto la secuela esperada, continuista y respetuosa como se deseaba, pero suficientemente independiente como para ser ella misma protagonista de su destino. Visualmente es impactante, pausada como merece ser contada esta historia y por lo tanto fiel al estilo que Villeneuve traslada a sus películas.

Cartel de Blade Runner 2049
Cartel de Blade Runner 2049

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Último día en Sitges 2017 y por lo tanto menos películas vistas. De hecho me quedé sin ver Laissez Bronzer les Cadavres de Hélène Cattet y Bruno Forzani… le tenía ganas. En fin, este día ha tocado ver el crudo terror familiar Brimstone de Martin Koolhoven, la extraña historia de un atraco, una violacion y un asesinato que es Marlina the Murderer in Four Acts de Mouly Surya y la narración de cómo se gesta un asesino en serie que responde al título de My Friend Dahmer de Marc Meyers.

Arranco con Brimstone, producción holandesa protagonizada por, ojito, Guy Pierce, Dakota Fanning y Kit Harrington. Historia que nos traslada al lejano oeste de los colonos que se fueron a fundar las Américas. Brimstone versa sobre ese pasado que regresa para atormentarte nuevamente, sobre el nauseabundo terror personal de la protagonista narrado a lo largo de cuatro capítulos, tres de ellos en modo flasback que sirven para ir acrecentando el desasosiego que ha supuesto el infierno en la tierra que ha sido la vida de Liz (Fanning). Perfectamente filmada, pausada pero asfixiante, es un buen producto (algo largo eso sí), centrado en esos terrores que tristemente puede acabarse viviendo de puertas para adentro. De alguna forma la historia arranca con cierta aura sobrenatural, pero se descubre como otro tipo de terror más terrenal y sucio. Aparece también por ahí Carice Van Houten, que siempre mola verla.

Cartel de Brimstone
Cartel de Brimstone

De una historia narrada en capítulos al mismo formato pero en modo indonesio. Marlina the Murderer in Four Acts nos traslada a una de las zonas más pobres y olvidadas de Java, una mujer (viuda), recibe la visita de un matón y su banda que, sin miramientos, le roba todo lo que tiene y la viola. Con una sangre fría de mírame y no me toques, la protagonista se carga al jefe y a cuatro miembros de la banda. En ese momento se pone en marcha un curioso periplo que siembra dudas sobre las opciones que le quedan a esta pobre mujer en una sociedad donde la mujer no es nada y donde la ausencia de medios no auguran nada bueno para que salga indemne de su decisión. Una castaña de muy señor mío donde, por destacar algo, sobresale la espectacular fotografía (nunca planos se hicieron tan abiertos) y la música que acompaña a la narración. Semeja por la estética un western moderno, que no lo és, y encima cansino. Tiene algunos detalles cómicos y un par de momentos gloriosos por lo inesperados que resultan. Al menos pone sobre la mesa la total indefensión de la mujer en estas otras culturas.

Cartel de Marlina the Murderer in Four Acts
Cartel de Marlina the Murderer in Four Acts

El punto y final se lo ha llevado My Friend Dahmer, adaptación de un cómic que contaba los años de instituto de Jeffrey Dahmer, asesino en serie que entre los años 60 y 90 acabó con la vida de 17 jóvenes a lo largo del medio oeste de los EUA. La película de Meyers sirve para ponerse en situación y tratar de comprender cuáles son los detonantes que llevan a un joven con una mente diferente (y trastornada), a acabar transformado en un serial killer. Formando parte de una familia que se cae a trozos, sin amigos en el instituto, y con una sexualidad indefinida, la vida del joven Dahmer no pinta nada bien. A peor acabará yendo cuando falsos amigos, gente que se aprovecha de él, y diversas obsesiones obviadas por los que viven a su lado, le terminen por transformar en un bufón que termina por encerrarse en si mismo. Así se gesta un asesino en serie.

Cartel de My Friend Dahmer
Cartel de My Friend Dahmer

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Aprovechando la despedida de Sitges 2017, y el tiempo muerto en el aeropuerto de Barcelona, echo un vistazo a los dos últimos días que tengo pendientes para opinar de pelis. Arranco con lo visto el domingo que tenía ahí aparcado. En modo montaña rusa comenzó el día con una parida llamada Bushwik de Jonathan Milott y Cary Murnion, siguió de matrícula de honor gracias a la terrorífica Thelma de Joachim Trier, de ahí de nuevo a los infiernos merced a Sword Master 3D de Derek Yee, nuevamente la incomprensible Gloves Off de Steve Nesbit y terminando con buena nota gracias a Marrowbone de Sergio G. Sánchez.

No comprendo como pasan a las 8:15 de la mañana Bushwick de Milott y Murnion. Me parece bien que trabaje en ella Dave Bautista y Brittany Snow, no pongo en duda que el desafío técnico está sobre la mesa al asistir a un falso plano secuencia de hora y media, pero colar esto en la sección Oficial Fantàstic Competició es para hacérselo mirar. Para poneros en contexto, Bushwick no es más que una fotocopia de la idea que ya vimos en la chisporroteante Invasión USA de Joseph Zito. Ahora en 2017 la idea no cuaja y menos colándote una invasión supremacista en el barrio de Bushwick (en Brooklyn). El desvarío es total, desde meter a Bautista de conserje con pasado de arma letal (a huevo), o proponer que dos chicas (una pija y la otra fumeta) puedan acabar dando más guerra que el gigantón de moda. Bushwick se desmorona de principio a fin, con unos efectos digitales dignos de primer curso de After Effects y un desarrollo de traca de maraca. El final, que se agradece que llegue, no es ni medio simpático. Lo dicho, para olvidarse de ella lo más rápido posible.

Cartel de Bushwick
Cartel de Bushwick

Pero claro, después de Bushwick va Sitges 2017 y te planta delante de la cara Thelma de Joachim Trier. Personalmente de lo mejor que he visto en los días de festival junto a Brawl in Cell Block 99. Thelma es el Raw o el Goodnight Mommy de este año. Propuesta diferente, un terror elaborado y más profundo que la habitual inyección ocular del horror de sustos y criatura. En Thelma se nos cuenta el primer año de facultad de nuestra protagonista, una joven atrapada en una familia de catolicismo exacerbado. Sus primeros flirteos con el alcohol, los chicos y sobre todo una compañera con la que descubre su verdadera sexualidad, son el complemento ideal o detonantes definitivos para que descubramos la verdadera realidad de la protagonista, es poseedora de una extraña capacidad para que sus más oscuros deseos acaben tornados en cruda realidad. Ritmo pausado, pecado asfixiante y mucho sentimiento de culpa. Merece un visionado, dos o tres, para descubrir que Thelman podría encajar perfectamente en el clásico de las mentes poderosas que es Scanners de David Cronenberg.

Cartel de Thelma
Cartel de Thelma

Ya con el pecho henchido tras ver Thelma uno se lanza a ver Sword Master 3D de Derek Yee, un wusia 3D con tanto croma que duele cada vez que abres los ojos entre cada pestañeo. Si encima le metes la mayor ración de pagafantismo del siglo el resultado roza lo bochornoso. Aburrida, hiperactiva y larga como suele ocurrir con las producciones coreanas de este tipo. Rizan tanto el rizo que uno acaba esperando que termine cuanto antes (y no es fácil que llegue el final). Se agradece que los actores sigan siendo los protagonistas de las escenas de acción, debe haber cable para dar y tomar, pero el extremo que propone Sword Master 3D con el uso de pantallas croma es de escándalo. No hay nada natural, todo es croma, croma y más croma. Además, el 3D tampoco es que ayude mucho porque aporta cero a un tipo de cine que cuesta que innove salvo en contadas ocasiones.

Cartel de Sword Master 3D
Cartel de Sword Master 3D

El caso de Gloves Off es lo que más me deja desconcertado (y me chirría). Está en la sección Oficial Fantàstic Fora de Competició y de fantástico no tiene nada. ¿Recordáis lo de Snatch: cerdos y diamantes con Brad Pitt participando en peleas de gitanos? Pues Gloves Off es eso mismo, una comedia británica con boxeo gitano. El dueño de un gimnasio en quiebra, donde conviven varios jubilados, un tipo en silla de ruedas y un joven de la calle, debe hacer frente a un embargo de 70.000 libras. En su vida aparecerá una madre soltera y la oportunidad de ganar esa cantidad de pasta participando en un combate gitano de esos que no deben ser muy legales. Chistes fáciles, humor de consumo rápido y nada más. ¿Qué tiene esto de fantástico? Pues nada de nada. La han colado en la sección de Annabelle: Creation, Musa, Leatherface, La piel fría, Happy Death Day o What happened to Monday?. Alucinante porque no tiene ni pies ni cabeza.

A falta de cartel, foto de Gloves Off
A falta de cartel, foto de Gloves Off

El plato final para este día lo puso la producción española Marrowbone del
asturiano Sergio G. Sánchez, o El secreto de Marrowbone. Con un reparto internacional encabezado por Anya Taylor-Johnson, que ya dejó flipado al respetable con La Bruja (The Witch) y no hace mucho con Múltiple (Split), George Mackay y Mia Goth. El debut de Sánchez en la dirección es encomiable. Habiendo sorprendido con lo guiones de Lo imposible y El orfanato, ambas de Juan Antonio Bayona, y contar con el apadrinamiento de este para este proyecto, el resultado cinematográficamente hablando es una delicia visual que recuerda y mucho a ese tipo de producciones británicas a la Hammer como por ejemplo La mujer de negro (Lady in Black). Ese tono clásico, ese misterio creciente, esa música envolvente y ese buen trabajo de dirección de actores, hace de Marrowbone una buena propuesta. Pero claro, no todo iba a ser maravilloso y Marrowbone adolece de un gran problema que es el salto de fe que supone al espectador haber creído todo lo visto para dar OK al final que termina proponiendo. Sánchez lo hace todo bien pero acaba forzando la máquina sobremanera y repitiendo un cuento que, encima, ya nos había contado. Desde luego es gratificante el resultado, pero el engaño está sobre la mesa y si uno hace repaso mental de lo visto comienza a descubrir los flecos dejados… que son unos cuantos.

Cartel de Marrowbone
Cartel de Marrowbone

 

Sigo dejando para más adelante el tercer día de festival. Ahora vamos con el quinto, por lo tanto hoy. El recorrido es variado, desde la adaptación literaria con más profundidad de la que realmente aparenta La piel fría de Xavier Gens, la macabra visión de post-guerra Maus de Yayo Herrero, la perfectamente elaborada en bucle A Day de Sun-ho Cho y la curiosa animación Have a Nice Day de Jian Liu. Al tema…

Comenzó la jornada con La piel fría de Xavier Gens, adaptación dicen que bastante fiel de la novela de Albert Sánchez Piñol. No deja de ser La piel fría una visión en modo terror lovecraftiano de las muy habituales y constante batallas entre indios (poned seres anfibios) y vaqueros (colocad en este caso a los dos protagonistas "humanos). No deja de ser una nueva propuesta de la habitual idea cinematográfica del descubrimiento de un nuevo mundo donde los protagonistas se ven obligados a la convivencia chocando por lo tanto sociedades completamente diferente a las que hasta ahora se conocían. Es por lo tanto, un relato clásico y no sorprendente por lo tanto pero, mucho ojo, muy bien llevado al terreno del terror de criaturas nocturnas. Protagonizada por David Oakes, una irreconocible Aura Garrido y Ray Stevenson, La piel fría sufre sin embargo de un problema en forma de exceso repetitivo. Ojo, en cada vuelta dentro del bucle batalla el espectador va conociendo más y más de los tres participantes, de su pasado, de sus secretos, de los misterios que ocultan y las ganas que tienen de saber sobre el que se sienta a su lado. Por lo tanto, se agradece la propuesta de un viejo cuento llevado a un terreno al que hasta ahora nunca había sido llevado. Merece verla.

Cartel de La piel fría
Cartel de La piel fría

Del buen sabor dejado por La piel fría va uno y cae en el infierno de Maus. Dirigida por el canario Yayo Herrero, y con un reparto internacional que puede que le sirva para entrar en otros mercados, la propuesta es una tediosa bajada al infierno de post-guerra. En este caso nos vamos al presente de la guerra Bosnia (masacre de Srebrenica), con una pareja cruzándose en el camino de dos descerebrados que viven ocultos en un bosque. En medio del fregado una especie de ser protector de la religión musulmana que vaya por dios. Rodada cámara en mano resulta desesperante la elección de Herrero de plantar el plano todo el rato en el cogote de los protagonistas, haciendo si cabe más desesperante el visionado de la obra. Sumemos oscuridad permanente, ideas peregrinas y un juego modo "esto que has visto era fruto de tu imaginación" que, tristemente, no sabe diferenciarse generando llegado el momento duda sobre todo lo que ves, cuando antes elementos del mismo calado si acaban siendo clasificados como falsos. Por lo tanto, un nuevo extra para desear que la película acabe cuanto antes. Ah, y ese final… madre mía, no contento el aserto final te hace poner cara de WTF.

Cartel de Maus
Cartel de Maus

Momento de una de las proyecciones más gratificantes del festival. Alejada por completo del género fantástico al uso, la coreana A Day es un día de la marmota llevado a un extremo destructivo como un accidente de tráfico en el que hay varios muertes. Un padre que ve morir a su hija, un joven que ve morir a su pareja y un taxista metido en medio del cambalache este. Lo glorioso de A Day es la forma en la que su director Sun-ho Cho hilvana todos los detalles habidos y por haber para que no quede ni un resquicio que provoque error en la narración. Este detalle es crucial para hacer un producto serio y A Day lo es. De principio a fin te mantiene, todas las repeticiones son diferentes, unas desesperadas, otras desmoralizantes, otras esperanzadores y otras dedicadas a la meditación para evaluar cómo se puede cambiar el triste destino. Inteligente, hábil en su plan y, sin lugar a dudas, un acierto. Si podéis echadle un vistazo, vale la pena.

Cartel de A Day
Cartel de A Day

El punto y final del día lo puso Have a Nice Day, una historia múltiple de enredo como las que hace, con todos los respetos, Quentin Tarantino. Un robo en una construcción (que algo oculta) y un enredo múltiple con personajes variopintos como el matón de turno, una pareja de descerebrados, la hermana de la prima, el tío segundo, el jefe de la mafia, un pintor en un maletero, un fulano que es digno del premio novel de ciencia y nuestro protagonista… el que quiere que su novia se haga de nuevo la cirugía plástica porque ha quedado mal. La idea de Jian Liu, director y a la par que guionista, es desde luego muy original. Simpática en concepto y en ejecución, pero seguro que con otro tipo de animación ganaría eones, la ofrecida por el equipo de Jian Liu es demasiado estática y patillera. El ritmo coreano en este caso no ayuda, dura cerca de 80 minutos pero se hace larga, y eso que el enredo es escandaloso y por momentos hasta divertido. De esas películas que ponen todas las fichas del dominó sobre la mesa y acaba dando el golpecito de gracia para que se caigan todas las fichas. Aburre, no lo puedo negar, pero tiene algo que en otra situación daría mucho juego.

Cartel de Have a Nice Day
Cartel de Have a Nice Day

 

Vamos con otro de los días de cine en Sitges 2017, turno de Musa de Jaume Balagueró, de The Cured de David Freyne y de una sesión con Q&A donde pudimos ver Suspiria junto a Dario Argento y Guillermo del Toro, luego también pudimos repasar La Cumbre Escarlata (Crimson Peak)… que todo sea dicho mejora como el buen vino.

Arranco con el nuevo producto de Balagueró, el director de la muy molona Los sin nombre, de la genial propuesta [REC], de las menores Darkness o Frágiles, y de la fabulosa Mientras duermes, demos gracias a Alberto Marini por ese guión y ese cabrón de nivel insoportable que era el personaje de Luis Tosar. El tema es que desde aquel 2011 de éxito el bueno de Balagueró nos ha ofrecido la bastante terrible [REC] 4: Apocalipsis, ni pies ni cabeza, y ahora presenta Musa… Sí, Musa, un fiasco de muy señor mío, propuesta caduca en tiempos en los que la fórmula propuesta, manida a más no poder, no termina por funcionar. ¿Qué hace Balagueró? Pues contarnos una historia de brujas, anodina, con un reparto infrautilizado en la que Manuela Vellés aparece unos minutos en pantalla (el 95% de su tiempo desnuda), donde Franka Potente transita, donde Christopher Lloyd cobra cheque y pone caras, donde Joanne Whalley parece aparecer lo mismo que Leonor Watling (para los restos), y donde protagonizan Ana Ularu y Elliot Cowan… los mejores pero no por ello la salvación. Una historia que recuerda al cine que ya hizo Balagueró a finales del siglo pasado… no se puede negar, Musa es lo mismito que Los sin nombre, investigación y desenlace. Fin. Propuesta tristemente floja y que no augura nada bueno como el director nacido en Lleida no trate de ofrecer algo diferente (como ya hiciera en 2011).

Cartel de Musa de Jaume Balagueró
Cartel de Musa de Jaume Balagueró

La otra novedad de este 2017 es The Cured, film irlandés con serias referencias a viejos problemas anclados en la mente del pueblo del lugar, pero donde se cambia el cromo del no quiero a los ingleses por el no quiero a esa gente curada que en otro tiempo fueron zombis. Bueno, sería al revés, los ex-zombis son los irlandeses y los irlandeses son lo antiguos ingleses que se zurraban con el IRA en la agitada Ulster del siglo pasado. Más o menos. En fin, el tedio se apodera de una historia original en la que los ex-zombis son tratados como apestados, primero por contener el virus que los infectó, segundo porque recuerdan, en forma de pesadillas nocturnas, todo lo que hicieron en esa otra vida. Vamos, una cosa rara pero no desacertada. Lo malo, que te meten por en medio una guerra entre los sanos y los curados, una que de regalo alarga una historia que no tiene mucho más que ofrecer y donde el obligado aplauso final (un clásico en Sitges cuando acaba la película) se produce unas cuatro veces, demostrando su director que no sabe terminar el fin… y de hecho, ¡ni lo termina! Aparece Ellen Page y poco más, para obviar.

Cartel promo de The Cured de David Freyne
Cartel promo de The Cured de David Freyne

De regalo tuvimos una sesión de Q&A con Dario Argento y Guillermo del Toro tras revisar la versión 4K de Suspiria del maestro italiano. Una delicia visual, diferente, repleta de momentos únicos, con la música de I Globlin, con la truculencia clásica del Giallo, plagada de secretos y paranoia. Obra maestra de este director junto a su Rojo Oscuro (Profondo Rosso), a su El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle piume di cristallo), sin olvidar Inferno, Tenebre o Phenomena. En fin, disfrutar de esta joya en pantalla grande, a todo volumen y con el masivo uso del color que hace es una experiencia única, similar a la del año pasado con Carga maldita (Sorcerer) de William Friedkin, oportunidades que no se puedes desaprovechar. De regalo, pues la posibilidad de volver a disfrutar de La Cumbre Escarlata, ese film romántico antiromántico gótico que no llegó a funcionar en taquilla (sencillamente porque lo vendieron como le dio la gana a Legendary). Vista nuevamente gana y mucho. Es una historia completa, muy bien elaborada y rodeada de todas esas inquietudes que mueven al director mexicano. El premio, asistir a la Q&A, hacer una pregunta a Dario Argento sobre la relevancia del uso de espejos en algunas de sus películas (son las piezas que desvelan los grandes secretos) y ver como Guillermo del Toro aplaude tu pregunta y grita "Genial pregunta cabrón!".

Cartel de Suspiria de Dario Argento
Cartel de Suspiria de Dario Argento

Publicado por Uruloki en
 

Y así arrancó la 50ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, con Guillermo del Toro, recién llegado de Los Angeles, presentando su nueva obra cinematográfica: La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017). El director mexicano inaugura una nueva era en su carrera profesional presentando un clásico instantáneo que desprende madurez, sensibilidad y esperanza por todos los lados. Es La Forma del Agua un cuento de hadas, absolutamente delicioso, pero es al mismo tiempo una historia de amor verdadero, un film crítico con las represiones pasadas, presentes y futuras por género, sexualidad y raza. Es La Forma del Agua una historia de oportunidades, de derecho a la felicidad sea cual sea tu condición, y de obsesiones. Guillermo del Toro mezcla magistralmente todo, en una época donde la desconfianza se veía reflejada en todos los estamentos sociales. Es La Forma del Agua una película emocionante, vibrante y que no oculta nada, directa (el agitado despertar de nuestra protagonista todas las mañanas) y sobre todo muy sensible. Se apoya el director mexicano en un diseño de producción precioso, algo que ya exploró con grandeza en La Cumbre Escarlata (Crimson Peak), y riega este cuento de amor eterno con evidentes referencias a clásicos del cine como La Mujer y el Monstruo (Creature from the Black Lagoon) o la literatura universal como La Bella y la Bestia. Es La Forma del Agua una película que se debe ver, disfrutar y sobre todo sentir. Las emociones están ahí y todos tenemos algo de estos protagonistas en nuestro interior.

Precioso cartel de The Shape of Water
Precioso cartel de The Shape of Water

Publicado por Uruloki en

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