• Ya es definitivo y el reboot de “Tales from the Crypt” de M. Night Shyamalan queda cancelado
  • Cannonball y Sunspot tienen ya rostro para X-Men: The New Mutants
  • El nuevo trailer de Baby Driver mola como para caerse de culo mil y una veces
  • Adam Wingard, un mítico de la serie B, será el director de Godzilla vs. Kong
  • Sitges 2017: Cartel del festival y primeros anuncios jugosos
  • Sitges 2017: Cartel del festival y primeros anuncios jugosos
  • Neill Blomkamp presenta el trailer de su proyecto de cortos experimentales en Oats Studios
  • Sony Pictures ficha a Gina Prince-Bythewood para dirigir el spin-off Silver & Black (Silver Sable & Black Cat)
  • Netflix y HBO desembarcan en nuestras teles con trailers de Castlevania y la séptima temporada de Juego de Tronos
Opinión


Le tenía muchas ganas a Slow West de John McClean y el resultado final no ha decepcionado. En un año donde el western, cine de género por excelencia, ha tenido algo de protagonismo en el festival de Sitges, McClean nos introduce en una historia atípica, protagonizada por Michael Fassbender, Kodi Smit-McPhee, Ben Mendelsohn, Rory McCann o la belleza Caren Pistorius, donde predominan el romance, lo cómico, y por momentos lo surreal (el robo de los caballos o el asalto final son buen ejemplo de ello). Jay (Smit-McPhee) viaja de Escocia al lejano oeste para reencontrarse con el amor de su vida (Pistorius). En medio de su periplo cruzará su camino con Silas (Fassbender), un pistolero que se ofrece a protegerlo, y que en el fondo busca a la misma mujer que Jay… y al padre de esta. El debut en el largometraje de McClean, anteriormente director de premiados cortos protagonizados también por Fassbender (menudo padrino), es un trabajo distinto, cercano al espectador merced a la inocencia que transmite el personaje de Smit-McPhee, y que de alguna forma recuerda en su estilo narrativo a una especie de fusión del cine de los Hermanos Coen con el inigualable estilo de Wes Anderson. El drama cruel se junta con la comedia absurda en esta inclasificable buddy western movie. Tragicomedia a reivindicar y que, curiosamente, se ha estrenado en cines este fin de semana… aunque desconozco la distribución que habrá tenido (supongo que pírrica).

Cartel de Slow West de John McClean
Cartel de Slow West de John McClean

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Antes de nada, si vas a ver La Cumbre Escarlata (Crimson Peak) de Guillermo del Toro, que lo merece, un pequeño pero importante aviso… no debes esperar una película de terror porque sencillamente NO lo es, aunque golpes de efecto los tenga. No hay peor negocio que el que la distribuidora está haciendo con este film, vendiendo un producto como si fuera de miedo cuando los fantasmas, que los hay, son más bien reflejos del pasado que vienen a advertir al presente de acontecimientos, futuros en algunos casos. De hecho, como reflejo fiel de lo que se nos contará desde el principio, la propia obra que Edith Cushing (Mia Wasikowska) escribe en la película es un símil de lo que se ve luego en ella, reconociendo la propia autora, que se quiere ver reflejada en Mary Shelley, que su relato no es uno de fantasmas, si no que se trata de una historia con un fantasma en ella. Guillermo del Toro nos advierte de esta forma de lo que vamos a ver.

La Cumbre Escarlata debe ser vista por lo tanto como lo que es en realidad, un romance gótico, con la impronta que define gran parte de la filmografía del director mexicano, pero que no obstante bebe directamente del tono de obras clásicas como la Rebeca (Rebecca, 1940) de Alfred Hitchcock, El castillo de Dragonwyck (Dragonwyck, 1946) de Joseph L. Mankiewicz o las obras de Jane Austen. Del Toro al tono comentado añade su sello, sus fantasmas aviso, una mansión ciertamente encantada o más bien puede que maldita (respira y cruje que da gusto), y derroche creativo. La historia en sí es bastante simple y el director parece no querer ocultarla en ningún momento, joven aristócrata inglés llega a Nueva York buscando ayuda financiera para un proyecto que le permita explotar su hacienda. Sir Thomas Sharpe (Tom Hiddleston) y su hermana Lucille Sharpe, de la que hablaré más adelante, mueven sus hilos con idea de lograr hacerse con un buen puñado de dinero. Él es un galán, un héroe que en el fondo no lo es tanto, pero suficiente como para que Edith caiga rendida a sus pies… y deseo. De ahí en adelante el foco nos lleva a la mansión de Allerdale Hall, casa señorial de los Sharpe que en pleno declive necesita, claramente, de una buena inversión de dinero para mantenerla. Los Sharpe por lo tanto se descubren, si no lo habían hecho antes, como cazadores de dotes aunque con aviesas intenciones. Para rizar más el rizo la comentada Lucille Sharpe, una Jessica Chastain sobrecogedora, lo mejor de la película, hermana paranoica, desquiciada, siniestra. A su lado la Danvers de Rebeca es una mojigata. Es este punto, la relación entre los hermanos Sharpe lo que desquicia. Son raros, son falsos, él enamorado y ella poseedora de mayor almacén de odio posible hacia Edith.

Y claro, ¿dónde están los fantasmas? Pues en la mansión. Pululan, advierten, echan un cable al entuerto con el que se encuentra la protagonista. Pero nada más, no pretenden asustar, pretenden avisar, tratar de que el presente no comenta los errores del pasado. Bajo sus pieles pues gente como el español Javier Botet, que se hace cargo de tres papeles, o Doug Jones, uno para el veterano actor. El otro gran personaje del film es la mansión, impresionante despliegue creativo, visualmente imponente, derroche de imaginación y hermosura en cada tabla que la constituye, tendrá premio seguro. Sombras por todos lados, rojos escarlata que burbujean e invaden paredes, sótano y suelos. Sumemos un vestuario fiel, homenajeador de la Lucy del Drácula de Coppola. Lo triste del tema es que ante el gran público La Cumbre Escarlata entrará más por los ojos que por su historia, obra del propio Del Toro y su colaborador Matthew Robbins, pero esto será porque la venden de una forma, terror, y no de otra, romance.

Alguno se pregunta entonces porqué una clasificación R. Pues por varios momentos truculentos, por la opresión a la que Edith es sometida, por los secretos que oculta el film y que sólo se descubren si la ves. Entonces entenderás la razón de una R. ¿Merece la pena? Pues sí, pero ojo, no vayas pensando que te vas a cagar de miedo, para nada, deben pensar más en un film de misterio, con mucho romance gótico y con fantasmas como complemento y marca de la casa.

Uno de los carteles de La Cumbre Escarlata
Uno de los carteles de La Cumbre Escarlata

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Curiosas fueron las apreciaciones del jurado respecto a Green Room, merecía pero no la encajaban. El film de Jeremy Saulnier – responsable de Blue Ruin (2013) y que ya cosechó galardones en el Fantastic Fest, en el Neuchâtel International Fantasy Film Festival y gran reconocimiento en el TIFF – ha sido olvidado de la lista de agraciados y eso que lo tenía bien merecido. Green Room es una joya absoluta, un hiperviolento descenso a los infiernos protagonizado por los cuatro miembros de una banda punk. Con un cartel muy interesante, Anton Yelchin, Imogen Poots, Mark Webber o Patrick Stewart como jefe de clan neonazi, nuestros músicos, los Ain’t Rights, serán testigos inesperados de un crimen. En un mugriento local perdido en un recóndito bosque de Oregón se verán atrapados por una banda de skinheads que, cosas de la vida, tienen los suficientes secretos como para decidir cual va a ser el destino de nuestros protagonistas. Extrema, directa, impactante y muy violenta, amén de desagradable, Green Room es de lo mejorcito que te puedes echar a los ojos actualmente. Cine sin concesiones, perfecta en su ritmo y con un body count generoso… aquí no puede quedar títere con cabeza y los medios para lograrlo son múltiples y variados. ¿Recordáis Asalto a la comisaría del distrito 13 (Precint 13) de John Carpenter? Pues renuévala con músicos y skinheads.

Un cartel curioso de Green Room de Jeremy Saulnier
Un cartel curioso de Green Room de Jeremy Saulnier

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Sigo con las reviews de rigor del festival. Este año han caído un generoso puñado de películas así que hay que refinar y opto por centrarme en aquello de lo que más me apetece hablar, igual luego hago una entrada de lo peor que he visto en modo aviso para navegantes. Turno de I Am a Hero, adaptación del homónimo manga de Kengo Hanazawa realizada por Shinsuke Sato, responsable de la también versión cinematográfica de Gantz, y que es, sin dudarlo, una pieza indispensable para acabar hasta el tuétano empapado en hemoglobina y echarse unas buenas risas. Al igual que el cómic, I Am a Hero cuenta la historia de Hideo (Yô Ôizumi), un dibujante de manga frustrado con la vida que tiene. Las cosas no le salen bien y un día, viendo el futuro poco alentador que les espera, su novia decide echarlo de casa. Pocas horas después Hideo recibe una llamada de su pareja con idea de reconducir la relación, pero lo que le espera no es un mimo, si no la no tan amable bienvenida de un zombi desquiciado y parte del inicio de un Apocalipsis con todas las letras. En su camino de supervivencia se cruzará con una estudiante, interpretada por Kasumi Arimura, y con esta compañía, equipo hecho, continuará el ideal traslado de la viñeta a la pantalla. Hiperactiva, tronchante, surrealista y de niveles gore como sólo saben exponer en Japón. Sangre a borbotones, higadillos, tripas, brazos, piernas y cabezas cercenadas, esto y desenfreno es lo que promete, y ofrece con fidelidad, I Am a Hero. Muy recomendable. Ojo con las personalidades de los zombis, van un paso más allá del habitual concepto creado por Romero en lo que los muertos vivientes volvían a hacer aquello en lo que solían invertir más tiempo. Estos dan un paso adelante que hace todavía más desquiciante y divertido todo lo que ocurre.


I Am a Hero de Kengo Hanazawa

Ah, comentar que el pase en el Auditori de I Am a Hero fue la premiere creo que mundial del film.

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Ahora que esto llega a su fin, me quedan dos películas y mañana por la mañana vuelo de vuelta para Santiago de Compostela, sigo publicando reviews de films que he visto a lo largo de estos cansados días. Es la hora de Bone Tomahawk de S. Craig Zahler, película premiada todo sea dicho con el galardón a Mejor director. En fin, estamos ante una de las películas que más esperaba para este festival y no defraudó, un western podríamos decir que inclasificable ya que del corte más habitual, no deja de ser un film del oeste con un par de bandidos haciendo de las suyas, un pueblo del farwest y fechorías llevadas a cabo por parte de "salvajes", acaba dando la vuelta a la tortilla para transformarse en un survival horror delirante, duro, extremo, excesivo y doloroso. Puede que su textura carente de grano no sea la idónea, demasiado limpia la imagen me dio la impresión, pero en el fondo eso me la sopla, el proyecto cuenta con un reparto magnífico encabezado por Kurt Russell, Patrick Wilson, Lili Simmons, Matthew Fox, David Arquette, Sid Haig o Richard Jenkins. A esto debemos sumar el ritmo habitual del western clásico, pausado, ese que se toma su tiempo para contar la cosas, en la que nos cuentan una de esas habituales aventuras de rescate pero, eso sí, con un cambio de tercio que, como dicen en estas tierras, te deja picuet. Interesante expansión del género, modernización a tendencias hardcore y ejemplo de que todo admite variaciones, mejores o peores, para acabar sacando los aplausos del público. Bone Tomahawk lo logra con creces.

Cartel de Bone Tomahawk, tenéis que verla!
Cartel de Bone Tomahawk, tenéis que verla!

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Pongo en marcha las habituales mini reviews de algunas de las películas que me he visto, estoy viendo, por Sitges 2015. Arranco con The Hallow de Corin Hardy, film de terror con criaturas demoníacas tocando las narices y tono irlandés. El film nos cuenta la desventura de un matrimonio y su hijo recién nacido cuando se mudan a una apartada zona rural de Irlanda. La cosa se pondrá siniestra cuando un lugareño les advierta de que el bosque que va a estudiar oculta oscuros secretos de los que no recomendarías descubrir ni a tu peor enemigo. Hongos varios, peligrosos bichos nocturnos, acoso modo non stop, múltiples engaños y leyendas / folklore hacen migas en esta producción de serie B que consigue entretener pese a no ofrecer nada nuevo. Quizás sea por sus muchos guiños, Posesión Infernal (Evil Dead) o La invasión de los ladrones de cuerpos (The Body Snatchers) sin ir más lejos, pero el tema está en que The Hallow es un producto francamente entretenido para pasar un buen rato pegado a la butaca llevándote algún susto que otro. Un reparto corto, Joseph Mawle, Bojana Novakovic y Michael McElhatton, un escenario suficientemente bien montado como para desquiciarte con las sombras, y unos correctos efectos especiales, hacen de The Hallow esa peli de serie B que puedes disfrutar una noche en el sofá con la manta hasta el cuello. Os dejo con un trailer y cartel para ir abriendo boca…

Cartel de The Hallow de Corin Hardy
Cartel de The Hallow de Corin Hardy

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Seguramente que la pregunta que te hagas si todavía no has ido a ver La visita (The Visit, 2015) sea esa de ¿es este el esperado retorno de M. Night Shyamalan o vuelve a meter la zarpa? La respuesta en este punto es bastante sencilla: sí, Shyamalan vuelve, el director que se encumbró con su debut cinematográfico, la excelsa El Sexto Sentido (The Sixth Sense, 1999), que nos dejó atónitos con la mejor obra comiquera adulta de la historia del cine hasta este momento, la increíble El Protegido (Unbrekable, 2000), que siguió rizando el rizo de los giros de argumento con las igualmente fabulosas Señales (Signs, 2002) y El Bosque (The Village, 2004), y que deslumbró, estoy listo para el lanzamiento de tomates, con el cuento de hadas amén de crítica a la crítica La joven de agua (Lady in the Water, 2006), regresa con notables resultados en un film de muy bajo presupuesto, rodado cuando nadie se había percatado, sin artificios y claramente superior a su fallida pero no por ello intrigante El incidente (The Happening, 2008), o sus castañas Airbender, el último guerrero (The Last Airbender, 2010) y After Earth (2013).

La visita, realizada con cuatro duros – a día de hoy 5 millones de presupuesto lo son-, con un reparto desconocido y bajo el abrigo del mogul del cine de terror Jason Blum y su productora Blumhouse, sirve a Shyamalan para visitar un género desgastado como es el del "metraje encontrado", aunque estemos ante una variación de su concepto, pero que en manos del director indio se ve que puede ofrecer mucho más de lo que ya estábamos acostumbrados a ver. La película sirve además para renovar y darle una vuelta a uno de esos clásicos de la literatura universal como es "Hansel y Gretel" de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm. El bueno de Shyamalan junta estos mimbres, todos ellos sobradamente conocidos, y los mezcla con su modus operandi, su visión del cine de misterio, sus tuerca giratoria y sus elaborados sustos. Además de esto su sello está presente, ese que le llevó a que te sintieras enganchado de principio a fin en sus films. El buen trabajo de guión, y pese a que puede que la historia no sorprenda, hace que te interese todo, la situación, los personajes, los momentos, el qué pasará ahora… todo. Eso es lo que lleva a ilusionarse de nuevo, confirmando que Shyamalan no ha perdido la mano y que esos dos errores previos fueron forzados por el momento y la necesidad de aventurarse en ideas lastradas por altos presupuestos y miras mayores de las que en general tienen sus films. Además, ¿es posible que dos actores protagonistas adolescentes te puedan caer bien en el cine de hoy en día? Viendo los antecedentes de los últimos meses la respuesta sería rotundamente no, pero con este director a los mandos la cosa es un simple "pues sí", otra muestra más del buen hacer de M. Night Shyamalan. Ya lo logró con la mencionada El Sexto Sentido, ya los refrendó con Señales, y ahora vuelve a encontrar en Olivia DeJonge y Ed Oxenbould un par de hermanos, cinematográficos, que se quedan contigo. La primera porque inmersa en la adolescencia se esmera en conseguir su objetivo, la cabezonería de la edad, el segundo porque entrando en esa etapa aporta al resultado un tono desenfadado y de niño pedorro que hace romper la tensión de la película de manera constante y agradecida.

No es el mejor de sus productos, pero desde luego es una forma de concienciarse de que con La visita el cine de Shyamalan ha vuelto, y que igual, aunque se encasille un poco, lo mejor era que se dedicara a este tipo de historias para las cuales tiene una mano que no se la iguala nadie de costa a costa.

La Visita de M. Night Shyamalan, regresa el misterio
La Visita de M. Night Shyamalan, regresa el misterio

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Bueno, tras tres semanas apartado de los cines, lo que tienen las vacaciones y el poco tiempo, he regresado para recuperar el hábito y tras verme Misión Imposible: Nación Secreta (Mission: Impossible – Rogue Nation) hace unos días, a ver si encuentro el momento y hablo de ella, me pasé por el cine para ver Cuatro Fantásticos (Fantastic Four) de Josh Trank, la vapuleada y denostada revisión de las aventuras de la familia más icónica del universo comiquero habido y por haber. La pregunta rápida de la que todo el mundo espera respuesta es… ¿es tan mala como la pintan? Pues siendo sincero la verdad es que no, desde luego no es una buena adaptación, tiene grandes problemas, pero no se merece el castigo y desprecio que se le ha otorgado en la era de internet, medio en el que en cuestión de segundos lo mismo te encumbran como te hunden en el mayor de los oprobios. Entremos en materia…

La casa de las ideas tiene muchas historias que contar, pero cuando las obsesiones y objetivos de los estudios, 20th Century Fox en este caso, se ponen por delante a las verdaderas posibilidades del producto pues salen cosas como esta. Cuatro Fantásticos es un pequeño despropósito, una historia que podría funcionar asumiendo los riesgos deseados, se supone que Josh Trank originalmente quería mostrarnos Latveria, un auténtico Dr. Muerte y al mismísimo Galactus, y no optar por lo rápido, por dar forma a una aventura siguiendo una estructura mejor o peor para acabarla a toda velocidad, en modo "rápido que se nos pasa el turno de cena". Ese es el mayor desastre de Cuatro Fantásticos, no puedes arrancar con normalidad, desarrollar una idea que el fondo hasta es original e interesante y tirarla por la borda en una última parte tan fugaz como horripilante. Desde luego el guión de Simon Kinberg y Jeremy Slater se aleja por completo de lo que se podría esperar pero el trabajo de dirección de Trank, me pregunto cuánto quedará de su espíritu, también se las trae. Es una pena echar la vista atrás y ver todo lo que ha pasado, pero cuando la sangre llega al río y la descalificación hace acto de presencia el resultado de Cuatro Fantásticos se puede antojar hasta lógico y previsible.

Y todos los problemas que se suponen tiene el film se ven reflejados en la concepción y presentación de sus personajes. Vale que Reed Richards se está formando, pero aunque Miles Teller pueda ofrecer mucho más el enfoque dado al líder a tener en cuenta es pobre, se trata de un héroe sin carisma, huidizo, con el que logras empatizar un poco en el tramo medio del film pero que en general es tan anti lo que debería ser que no ves claro el camino elegido por Josh Trank para contar la historia de los Cuatro Fantásticos. Además, la amistad que le une a Ben Grimm, estático Jamie Bell hasta lo cansino, es la cosa peor tratada si lo que se pretende es vincular a estos amigos de la infancia que más bien parecen colegas casuales. La verdad, ¿qué pretendía hacer Trank?, ¿adaptar los Cuatro Fantásticos o inventarlos a la sombra de su primera incursión cinematográfica? (la muy recomendable Chronicle).

Sigamos, por ahí danzando también están Kate Mara y Michael B. Jordan, la primera anodina, el segundo rebelde, como debe ser, pero más individualista y enfadado con el mundo de lo que es en realidad su personaje. Bien Toby Kebbell, pero bien mientras da la cara, mientras es un Victor Von Muerte inteligente, un tipo malencarado, egocéntrico y ansioso por llegar a donde nadie ha llegado. Lo malo es su pintoresca transformación en Muerte, el resultado elegido por Kinberg y Slater da pena. El desastre efectuado, nuevamente, con el mítico personaje da que pensar y confirma que o nadie sabe explotar el potencial como villano que tiene el Dr. Doom, o, como Hulk, no vale para plantarle delante de la pantalla… cosa que dudo. Dr. Doom es espectacular, es uno de los mejores villanos del universo Marvel, un ser con un carisma y poder que, por dios, debe ofrecer mejor resultado de lo que hasta ahora hemos visto.

El definitiva estamos ante un producto transitorio, con un arranque curioso pero poco más, que deriva sin embargo en un más que interesante tramo intermedio donde se genera entre los personajes la mayor química posible. La fase de creación e investigación es perfecta, el viaje al denominado Planeta Zero, esa suerte de nueva Zona Negativa que provoca la mutación de los aventureros, hasta mola. El riesgo tomado, la inconsciencia y no temor al riesgo real, un viaje que deriva en el nacimiento de un grupo de héroes que funcionan por separado y que, castañazo en toda regla, con calzador acaban trabajando juntos en una hora de las tortas desabrida, breve, incoherente y muy triste. ¿Qué coño ha pasado? Pues no tengo ni idea, lo que queda claro es que se ha perdido una nueva oportunidad, el enfoque pese a las críticas era el correcto, el resultado vale mucho la pena en su tramo inicial e intermedio pero es tirado por la borda en una tercera fase, o acto. En fin, lo dicho, no es buena, eso está claro, pero desde luego no es mala y menos merecedora del castigo a la que se ha visto sometida. Cuatro Fantásticos debe considerarse como una película fallida y nuevamente deudora de la realidad que prometía.

Cartel castellano de Cuatro Fantásticos
Cartel castellano de Cuatro Fantásticos

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Y con Ant-Man son ya unos cuantos. Marvel Studios vuelve a presentarnos a un nuevo personaje de su vasta librería de carismáticos héroes y letales villanos, uno que además promete dar mucho juego visto lo visto en esta incursión tras las cámaras del inesperado director Peyton Reed. Esta vez el turno es el de un miembro "menor" de Los Vengadores que al igual que otros ha tenido varias encarnaciones a lo largo del tiempo. Lo que por otro lado demuestra el estudio con esta introducción es que no siempre es necesario extenuar al espectador con artificio de escándalo o con mil personajes en pantalla que son difíciles de seguir. Ant-Man es pequeña en pretensiones pero gigante en logros, un film que aúna lo personal de la vida del Dr. Hank Pym (Michael Douglas) y Scott Lang (Paul Rudd), con la habitual descarga de acción en la que, nuevamente, juntan el aspecto más físico de los personajes con el apoyo de los efectos visuales modernos que tantas piruetas permiten hacer. Ant-Man juega además con soltura con la comedia y los chascarrillos, obra del trío calavera Michael Peña, David Dastmachian y T.I., lo que añade como ya ocurriera con Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014) una dosis de frescura muy agradable.

Como era de esperar el MCU sigue cohesionado y Marvel Studios aprovecha un buen rato para recordárnoslo. Nada mejor que arrancar el proyecto con una ración de flashbacks donde conocemos los orígenes reales de Ant-Man, de su encarnación Hank Pym y de cómo S.H.I.E.L.D., breve paseo de Peggy Carter (Hayley Atwell) y Howard Stark (John Slattery), trató de sacar provecho de las investigaciones del doctor y su señora esposa Janet Van Dyne… curioso es que nunca le veamos el rostro. Por ello aunque la película trata de poner el foco principalmente en la vida de Scott Lang, la historia no escatima en darle toda la importancia que merece el pasado de Hank Pym, héroe que a la par que otros históricos como el Capitán América han luchado contra los villanos hace un buen puñado de años. Y de ahí saltamos a lo que todos ya sabíamos: Ant-Man es un film de robo, de uno a gran escala en pos de cumplir con lo habitual responsabilidad que recae sobre los hombros de los héroes de Marvel… salvar al mundo de amenazas que no logramos ni imaginar. Esta es la historia parida por Edgar Wright y Joe Cornish, y escrita en definitiva por estos dos aunque matizada por Adam McKay y el propio Paul Rudd.

La gran ventaja de Ant-Man, inversamente proporcional a su tamaño, es lo cercano del personaje. Recuerdo ahora lo bien que lleva el paso del tiempo películas como Capitán América: El primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2011) o su reciente secuela. Sus héroes son creíbles, humanos con características especiales sin egos que todo lo absorben. Ant-Man usa un traje para ofrecernos las secuencias de lucha más inesperadas y molonas de lo que lleva de historia el MCU. No tienen por qué ser mil secuencias, que va, llega con un par para dejarnos ojipláticos y concienciados de lo divertido que puede ser ver a Ant-Man miniaturizarse y agrandarse para zurrar al que se le ponga delante… sea quien sea. Además, mucha atención, Ant-Man es un director de orquesta, uno que se apoya en su ejército de hormigas que tienen tanto o más protagonismo que el propio personaje, y eso mola porque quita peso a la responsabilidad del héroe por estar presente en todo momento.

En definitiva, Marvel sigue haciendo su trabajo de forma muy especial con una Fase II compensada a la que habrá que echar un vistazo un día de estos al ser este el cierre de la misma. Ant-Man es una de las grandes de esta fase, no voy a decir que del nivel de Guardianes de la Galaxia ya que el carisma que tiene Chris Pratt no lo logra ni de broma Paul Rudd, pero se le acerca con mucho merecimiento. Por lo tanto, adelante con su visionado, más de uno se llevará una grata sorpresa por todo lo que puede ofrecer algo tan pequeño como el Hombre Hormiga.

Ah, del reparto… Paul Rudd correcto, Michael Douglas correcto, Evangeline Lilly pues normalita, Corey Stoll como ese minúsculo villano Yellowjacket pues endiosado y paranoico total, cosa de su Darren Cross y del odio que profesa hacia su mentor Hank Pym. Lo más llamativo la presencia de Michael Peña merced a un personaje que aporta tanta frescura al producto que deseas que te suelte sus impagables speechs modo "la prima de la novia del amigo del hermano de mi tío me ha dicho que el abuelo del vecino de tu colega de trabajo… blablabla". En definitiva, film totalmente compensado que aúna comedia, acción y mucha personalidad. La pregunta es obvia: What if Edgar Wright? Nunca lo sabremos pero podemos intuirlo.

El cartel IMAX de Ant-Man es bastante molón
El cartel IMAX de Ant-Man es bastante molón

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"El parque está abierto" y desde ya estamos todos invitados a pasar por la sala de cine y viajar, en parte, a otro tiempo, uno en el que quedamos perplejos disfrutando de un imposible titulado Parque Jurásico (Jurassic Park, 1994). Arranca junio y con ello la temporada de estrenos veraniegos, el primer plato que nos sirven desde el otro lado del charco es Jurassic World (2015), el esperado retorno al mundo creado por Michael Crichton que fue traducido en magia cinematográfica por Steven Spielberg, John Williams y un shock tecnológico en forma de combinación mágica de animatronics y efectos visuales CGI de mírame y no me toques creados por maestros de la talla de Stan Winston, se te echa de menos, Dennis Muren, Phil Tippett o Michael Lantieri. Jurassic World es una película fiel, una secuela como se espera, francamente superior a aquella olvidable Parque Jurásico III (Jurassic Park III, 2001) y mas aventurera y agradecida que la correcta pero transitoria El mundo perdido (The Lost World: Jurassic Park, 1997). También deja claro que es difícil sorprender y que es complejo dejar perplejo, este es el cuarto intento, así que nada mejor que orientar el producto al nuevo público objetivo que debe hacerse amiga de una saga que merecía ser rescatada por todo lo que puede ofrecer si hablamos de entretenimiento en butaca. Hagamos todo mucho más grande pero seamos fieles a los que hace 20 años fliparon en las salas.

Jurassic World ofrece todo lo que se puede esperar de ella, ya sea bueno o malo, y entre ello hay un repaso al pasado con referencias obligadas y agradecidas a aquel intento de parque que John Hammond (Richard Attenborough) trató de montar aunque con resultados un pelín funestos. A parte de que todo se ha puesto en marcha y por lo tanto no es un "mirad lo que puede ser" si no que es un "disfrutad de lo que es", uno se lo pasa bien viendo de nuevo la entrada al parque, simpática evolución del coche eléctrico al tren eléctrico, el guiño de Mr. ADN, el dilofosaurio en modo proyección 3D, la visita al edificio central del parque original, etc. Sumado a esto pues los mismos elementos que dieron forma a los films de Steven Spielberg, que no se olvide nadie que fueron dos. El héroe es en este caso perfecto, Chris Pratt y su Owen fusionan todo lo que eran por separado Alan Grant (Sam Neill) e Ian Malcolm (Jeff Goldblum), amor por los dinosaurios, galantería / machismo y liderazgo (o nuevamente machismo de caracter alfa). Genial, aplausos… pero empieza la cosa a no convencer del todo. La protagonista femenina, alejada por completo de las previas encarnadas por Laura Dern y Julianne Moore, es curiosa en muchos aspectos, y más porque no se quita los tacones ni para correr delante de un Tyrannosaurus Rex, que se supone se la merendaría a 40km por hora. Que sí, que Bryce Dallas Howard es un encanto de mujer y una belleza que quita el hipo, pero su personaje es relamido, estirado y crédulo, amén de facilón. Luego tenemos a los niños de rigor, nuevamente tan protagonistas, si no más, que los odiosos Tim y Lex ya que prefiero olvidar a los de las dos anteriores secuelas. No sé por qué los niños son así, igual es parte de la cláusula que reza "secuela aprobada", pero sobrevivir en un mundo como el que plantea Jurassic World donde palman hasta militares de operaciones especiales sólo está al alcance de los más molones, ¡aupa Owen!, o los niños. Hay villano de rigor, ese Hoskins encarnado por Vincent D’Onofrio vuelve a ser reflejo de ideas pasadas, lo mismo que el personaje que encarna Irrfan Khan. Vamos, que Jurassic World es un más que sentido homenaje… creo que decir que es un rip-off sería pasarse.

¿Pero hay diferencias? Claro que sí, como as meigas, hailas! Por lo pronto hay un dinosaurio mucho más grande. Ese Indominus rex creado en el laboratorio, criatura ad-hoc para mejorar el rendimiento de una atracción que se ve mueve millones. Un dinosaurio extremo, cercano al concepto del serial killer de peli de terror ya que mata por placer. Y a partir de ahí la fórmula que se sabe funciona, descontrol, la naturaleza abriéndose paso, muchos dinosaurios, la idea de los velocirraptores "domados" y como decía Ian Malcolm "uh, ah, esto es el principio… pero luego vienen las carreras y también los gritos". Jurassic World es eso, descontrol, dinosaurios a cascoporro y puede que una importante carencia de nuevas ideas. Pero bueno, el cine es entretenimiento y si funciona pues nada, alegría de la vida y todos tan contentos. La película va adelante, con sus obligados altibajos, algunas cosas que sobran, otras que vuelven a beber del pasado molando, y, eso sí, una sobrecarga de CGI que, en mi caso, desilusiona un poco / bastante. Este mismo fin de semana han puesto en la tele los films previos y mira que quedaban de maravilla los dinos en formato físico para primeros planos, etc.

Uno de los valores a tener en cuenta de este Jurassic World
Uno de los valores a tener en cuenta de este Jurassic World

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