• Sitges 2014: What We Do in the Shadows de Taika Waititi y Jemaine Clement
  • Resulta que Colin Farrell es el candidato #139458324 para ser Doctor Strange
  • A Scarlett Johansson le han ofrecido protagonizar Ghost in the Shell (ya molaría)
  • Sitges 2014: Réalité de Quentin Dupieux
  • Ryan Gosling ronda ser Doctor Strange, al tiempo que DC le ofrece participar en Suicide Squad junto a Will Smith, Margot Robbie y Tom Hardy
  • Un nuevo cartel de Jurassic World
  • Warner Bros. y DC ponen sobre la mesa el plan cinematográfico de aquí al 2020: Batman v Superman: Dawn of Justice, Suicide Squad, Wonder Woman, Justice League Part 1, The Flash, Aquaman, Shazam, Justice League Part 2, Cyborg y Green Lantern
  • Doctor Strange podría tener la cara de Ewan McGregor o Oscar Isaac o Matthew McConaughey o Jake Gyllenhaal o el vecino del quinto
  • Sitges 2014: Housebound de Gerard Johnstone
  • Marvel Studios rompe el mundo con Captain America 3 = Civil War y sumando a Robert Downey Jr. al proyecto (y a una futura The Avengers 4)
  • Sitges 2014: It Follows de David Robert Mitchell
  • Dicen por ahí que Dave Bautista será el "villano icono" que se desea para Bond 24
  • Sitges 2014: favoritas, top 10, #MustSee o como prefiráis definirlas
  • Sitges 2014: Young Ones de Jake Paltrow
  • Sitges 2014: Tusk de Kevin Smith
  • Ya podemos saludar a Daredevil gracias a un concept póster y las primeras imágenes oficiales de la serie
Opinión


Me he planteado abrir un poco más el rango de opiniones del blog para este 2014. Mi idea no es tanto hablar de todo lo que vea, que puede ser mucho y cansino, si no recuperar aquellos films que crea merecen un visionado por vuestra parte y que por haches o por bes no acaban por ser suficientemente conocidos dada la vorágine de estrenos semanales que acaban en los cines de nuestra ciudad… o más probablemente porque ni llegan a ver la luz del día en estas tierras. Para arrancar con esta nueva vertiente de opinión os presento uno de los mejores documentales estrenados el año pasado y que pude ver el otro día como primer film del año.

Blackfish (2013) de Gabriela Cowperthwaite es una increíble obra que profundiza en las por lo general muy discutibles acciones del ser humano sobre todo lo que nos rodea. En este caso es necesario meditar sobre las ansias de dominación, explotación y enriquecimiento del hombre frente y a costa de las orcas, cetáceos que con motivos meramente comerciales son cazados para disfrute del respetable.  El documental se centra en un caso particular y su entorno general: Tilikum, una orca "asesina" capturada a principios de los 80 en las costas de Islandia con un expediente de no te menees. Desde un primer momento el espectador recibe con estupor hasta donde puede llegar la crueldad humana para luego entrar, sin descanso, en una espiral donde el maltrato y acoso contra el animal son la nota dominante, entre otras cosas. La vida de esta orca arranca con el castigo físico y mental infligido primero por parte de sus captores, horrible, seguido de las lamentables condiciones en las que llega a vivir en cautividad para terminar el maltrato por parte de los de su propia especie… que si, que también se da. El documental aprovecha para ahondar en otros temas como el equilibrio mental de las orcas ya que comparativamente hablando, si un humano encerrado de por vida tiene una alta probabilidad de acabar psicótico, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo con un ser como este y más si siente, se socializa y padece de forma muy similar al ser humano?

Tilikum es responsable y participante de la muerte de tres entrenadores de orcas, la última de ellas Dawn Brancheau en 2010, y sus descendientes directos, ¿genética?, de otros cuantos. Cowperthwaite pone también su ojo primero sobre SeaLand, una compañía que en la costa pacífico sobreexplotaba a Tilikum de forma deleznable, y luego en SeaWorld, el conocido parque temático que puebla medio Estados Unidos y que se justifica insistiendo en que las orcas en cautividad viven muchos más años que las que están en libertad. Ojo, todo el documental se cuenta desde un único punto de vista, lo normal en este tipo de obras, así que apoya toda su fuerza en material gráfico muy cruel y declaraciones de implicados en las acciones tanto de Tilikum como de sus descendientes, o en como el negocio del entretenimiento machaca no solo a las orcas si no que también a sus entrenadores. Jornadas maratonianas de trabajo en condiciones extremas, tanto para los cetáceos como para los que se meten en las piscinas con ellos, lo que conlleva a que tanto las orcas como los entrenadores puedan acabar perdiendo el control, las primeras, y la vida, los segundos. Se cuenta el caso de Loro Parque y la muerte de Alexis Martínez, un entrenador que perdió la vida por un ataque de una orca llamada Tekoa, descendiente de Tilikum.

En fin, debéis verlo si o si. Lo acompaña además una grandísima banda sonora compuesta por Jeff Beal que pone los pelos de punta.

Cartel de Blackfish
Cartel de Blackfish

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Sigo anclado pensando que Balada triste de trompeta (2010) es la última gran película del director bilbaíno Alex de la Iglesia. Con Las brujas de Zugarramurdi (2013) no se puede negar que el estilo de este tipo de espíritu permanentemente joven e irreverente revive con imponente fuerza tras la desconcertante La chispa de la vida (2011). Este resurgir se debe a un arranque imparable, excepcional e incalificable donde, curiosamente, Jaime Ordóñez, el taxista, Manuel Tallafé, el cliente del taxi, y Macarena Gómez, la madre Armagedón, se comen con descaro a los también simpáticos y vitales protagonistas encarnados por Hugo Silva y Mario Casas. Si, la escena de Sol y la posterior fuga, fabulosa la idea de que los mimos más incalificables sean los reyes del mambo (ese hombre invisible), uno llega a Zugarramurdi y comienza el lento pero imparable descenso a los infiernos de lo anodino.

La verdad, aunque el film sigue contando con impulsos repletos de simpatía y mala baba merced nuevamente a las aportaciones puntuales del notable elenco de actores, mención especial a la pareja de policías encarnados por Pepón Nieto y Secun de la Rosa, el desvarío padre donde ya caen pesaditas Terele Pávez, Carolina Bang o Carmen Maura no llega a levantar las pasiones que debería. Resulta cansina la desgana de algunas y la sobreprotección de otras, menos mal que la buena aportación de Javier Botet, muy divertido, añade algo de serenidad al extremadamente desquiciante final, largo, pesado y aburrido, que deriva en un incomprensible happy ending bastante penoso donde da la sensación de que Alex de la Iglesia solo pretende contentar a todo el reparto… ¿por?. La verdad, no tiene razón de ser y más tras ver que el humor negro cuando más siniestro y macabro mejor es. ¿Se ha olvidado ya de la fórmula que usó con Acción mutante (1993), El día de la bestia (1995), Muertos de risa (1999), La comunidad (2000), 800 balas (2002) o la ya mencionada Balada triste de trompeta?

Ah, mención especial no solo a la excepcional banda sonora de Joan Valent, si no a esa intro, en esto Alex de la Iglesia sigue siendo un dios, donde uno puede disfrutar de mil y un guiños a otras tantas brujas que han asolado, y asolan, el mundo sin la propia necesidad de irse a Zugarramurdi a participar en un aquelarre.

Cartel final de Las brujas de Zugarramurdi
Cartel final de Las brujas de Zugarramurdi

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Momento de continuar con ese recorrido a destiempo por todo lo que vi en el pasado y añorado Festival de Sitges 2013. Es el turno de Enemy (2013) de Denis Villenueve, adaptación de la obra José Saramago "El hombre duplicado", habrá que leérsela porque el film de Villenueve descubre, al menos en mi caso, una historia bastante alucinante que nos traslada a un momento cualquiera en la vida de una persona normal y corriente… pero un momento impensable y bastante grotesco. Adam (Jake Gyllenhaal) es un profesor de universidad que tiene una vida como la que podemos tener todos. Vive en un piso medio, tiene una pareja con la que pasa mejores y peores momentos, la adorable Mélanie Laurent, y pasa su tiempo entre sus complejas clases repletas de debates sobre patrones y el salón de su casa. Pero todo cambia el día que decide alquilar una película de DVD. En ese momento el espectador es invitado a disfrutar de uno de los thrillers más extraños y perturbadores del momento. Una historia paciente, inquietante, un doble juego grotesco pero altamente enigmático y atrayente. Tan extraña es que la disfrutas, le das vueltas a la cabeza, tratas de ponerse en la situación de Adam incluido ese coitus interruptus que te deja con cara de WTF pero que hace que el resultado final sea más impensable y maravilloso de lo que uno hubiera imaginado al comenzar la película. De lo que más me gustó del festival de este año.

El único cartel de Enemy que ronda por la red
El único cartel de Enemy que ronda por la red

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Regreso con otra opinión de Sitges 2013 por eso de rellenar medianamente el domingo, y la confirmación de que hay días en los festivales de cine que pueden ser destructivos mentalmente hablando. Bajo el título L’Etrange Couleur des Larmes de ton Corps (2013), film francés de Hélène Cattet y Bruno Forzani, se esconde un giallo sin pies ni cabeza. Otra obra puramente alucinógena, que recuerda a los mejores viajes por la distorsión sonora y de imágenes italiana, sobre un tipo que llegado a su casa descubre que su mujer ha desaparecido. A partir de ahí, y a modo saltos sin mucho sentido, vemos el pasado de la casa, el pasado del protagonista y el presente. Cuesta dios y ayuda situarse en cada caso y distinguir quién es quién es este batiburrillo sonoro donde abundan los gemidos, los pezones, las navajas y las escenas modo caleidoscopio que levantan dolor de cabeza. La verdad, ni se os ocurra invertir vuestro tiempo en esto si no queréis acabar con el coco taladrado. No se me ocurre qué más contar porque aunque la aguanté de principio a fin acabé superado por el ruido, los chirríos, las imágenes desconcertantes y una lista de personajes a los que se les debería dar de comer por separado. Como ya dije por twitter… mierdaca pura!

Otro film de lo que destaca es el cartel. Precioso
Otro film de lo que destaca es el cartel. Precioso

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El pasado 15 de octubre unos cuantos afortunados pudimos disfrutar en el Festival de Sitges 2013 de Bienvenidos al fin del mundo (The World’s End, 2013), el nuevo film del explosivo trío calavera Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost. Resulta que Universal Pictures Spain estrenaba hoy la película en nuestro país, pero para conmoción del respetable la cinta ha contado con una pírricas y lamentables 22 copias para todo el territorio nacional. En Asturias no se puede ver, en Bizkaia apuntan que tampoco, en Madrid me cuentan que hay dos copias y ninguna en versión original. Está claro que si existe un gran mal para este tipo de decisiones este es la piratería, y mayor mal es que desde hace semanas esté circulando por la red una versión en alta definición del film de Wright doblada al castellano! No se si se trata de la edición USA, que cuenta con doblaje y subtítulos aunque no estoy seguro si español o castellano, o si es una filtración desde la propia distribuidora en España. Lo único cierto es que Bienvenidos al fin del mundo no ha sido la nueva La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2012) porque dios no lo ha querido, aunque le ha rondado. La verdad, es una pena, merece ser disfrutada en pantalla grande pero poco ayuda esos desfases temporales que aplican las compañías a los estrenos en nuestro país… porque sí, 19 de julio estreno en UK, 23 de agosto en los EUA, buena parte de Europa a lo largo de septiembre y España, olé, el 29 de noviembre. Pues nada, si has podido verla espero que la hayas disfrutado, aquí vuelvo a colocar la mini review que publiqué en plena fiebre Sitges 2013. Lógicamente he tachado la frase final, hacía referencia al utópico estreno a finales de octubre que hábilmente fue aplazado por Universal.

Momento de hablar de otra de las joyas de este 2013 en el Festival de Sitges. El pasado domingo se pudo ver en el Auditori Bienvenidos al fin del mundo (The World’s End, 2013) de Edgar Wright, episodio final a la definida como The Three Flavours Cornetto Trilogy, The Blood and Ice Cream Trilogy o la Trilogía del Cornetto, esta última la forma más sencilla. Qué decir, un cierre mayúsculo, una oda a la amistad y una aventura muy divertida que saca mucho jugo al aspecto más nostálgico de la ya inmortal amistad en pantalla entre Simon Pegg y Nick Frost. El trío calavera, padres putativos en modo director, guionistas y actores de las ya míticas Shaun of the Dead (2004) y Hot Fuzz (2007), acompañados esta vez por Paddy Considine, Martin Freeman, Eddie Marsan y Rosamund Pike, además de gustosos cameos de Steve Oram, Pierce Brosnan, David Bradley o la voz del mismísimo Bill Nighy, nos presentan una historia de reencuentro, mucha amistad, defecto de madurez o aventura etílica servida en pintas. Eso, macarras trasnochados y mucho más que no se puede contar pero que hay que ver porque es un cierre como la copa de un pino. Una banda sonora superlativa y una descacharrante invasión extraterrestre sirven para cruzarnos nuevamente con una aventura genial donde Simon Pegg se transforma y rompe moldes. Repetiré cuando se estrene en cines, a final de mes.

Gran cartel este de The World's End
Gran cartel este de The World’s End

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Entre tanta novela YA siendo adaptada a la gran pantalla hay que reconocer que la obra de Suzanne Collins es la que mejores resultados está ofreciendo, y más cuando el producto opta por no explotar los menudillos del muy presente, casi lamentable y agotador cine de corte teenager. Los Juegos del Hambre: en llamas (The Hunger Games: Catching Fire, 2013) es más adulto de lo que uno puede pensar, y aunque está más que claro que una de las bases de la historia es el obligado tira y afloja a tres bandas entre Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence), Gale Hawthorne (Liam Hemsworth) y Peeta Mellark (Josh Hutcherson), el nuevo film ahora en manos del solvente Francis Lawrence contiene en su interior una mayor carga de crítica social que viaja entre esa situación de icono objeto en la que se encuentra convertida la protagonista por parte del dictatorial régimen del Capitolio vs. el oculto y cada vez más presente manejo de la rebelión. En llamas es un film más completo que ese prometedor debut que resultó ser Los Juegos del Hambre (The Hunger Games, 2012) de Gary Ross, aunque también se le puede gritar a la cara eso de que ya se podían haber esmerado más en trabajar la estructura porque pese a tener ideas que subyacen tras los diversos acontecimientos se hace descaradamente un sota, caballo y rey clavadito al anterior film… que ojo, igual es que la novela también es así y no hay más que evolucionar.

Sea como fuere los amigos Lawrence, director y actriz, ofrecen un producto entretenido, dos horitas y media del ala a día de hoy son complicadas de manejar y aquí aunque con matices cumple bien. Además, la protagonista, peso pesado en Hollywood y que figura como atronador bellezón con ese carisma / encanto de andar por casa, se echa a la espalda toda el peso de la película y carga con un debate moral con consecuencias físicas donde parece que haga lo que haga lo que debe ocurrir inevitablemente ocurrirá. Y es que la realidad confirma que ese juego que de forma obligada monta el Presidente Snow (Donald Sutherland) contra la Katniss no tiene ganadores, si bien apunta a que solamente habrá vencidos. La intención es la misma, aplacar el clamor de las masas pisoteadas; el primero porque es lo que espera ya que como dictador se vive muy bien, la otra porque desea evitar el figurar como mecha que prendió la llama que llevó a sus iguales a su previsible aniquilación. Pero pese a las amenazas del viejo, y dado que todo es inevitable, aquí solo queda asimilar lo que te tiene previsto el destino y adelante con las consecuencias.

El resto de En llamas es lo que se espera del producto. Nueva visita a la estrafalaria tierra del Capitolio, unos nuevos juegos – digamos que muy descafeinados en comparación con los anteriores y en donde el tema de las alianzas vs. las necesarias sospechas toman protagonismo -, nuevos personajes con bastante sustancia como los interpretados por Philip Seymour Hoffman, Sam Claflin, Jeffrey Wright o la "en llamas" Jena Malone, y un final de esos que te tocan ligeramente las narices, por no decir otra parte del cuerpo, y que con perdón funciona como el culo si hablamos de cine. Que si, que ahora toca esperar un puñetero año al estreno de Los Juegos del Hambre: Sinsajo – parte 1 (The Hunger Games: Mockingjay – Part 1, 2014) y con ese final te dejan bastante con el culo torcido y bastante cabreo. Aun así mola.

Fabuloso cartel IMAX de Los Juegos del Hambre: en llamas
Fabuloso cartel IMAX de Los Juegos del Hambre: en llamas

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La semana pasada llegó a los cines la esperada, deseada y añorada, adaptación de la seminal obra literaria de la ciencia ficción "El juego de Ender" del muy discutido Orson Scott Card. Varios han sido los intentos, el más cercano aquel del 2007 con el bueno de Wolfgang Petersen trabajando codo a codo con el autor para llevar adelante el traslado, pero finalmente no ha sido hasta este 2013 cuando Gavin Hood, director y guionista, acompañado por un reparto digamos que compensando aunque por momentos extraño, ha hecho realidad, en parte polémica, el deseo de muchos aficionado a la obra de Card. El mundo de las adaptaciones nunca dejará a nadie contento, esa es una cruda realidad, y donde unos ven flagrantes carencias otros observan ventajas y justificación por el medio al que va destinado. El juego de Ender (Ender’s Game, 2013) es un claro ejemplo de esta problemática. Todas las ausencias del film, muchas y relevantes en la novela, vienen a acentuar el foco en las relaciones personales y, sobre todo, en las tribulaciones de Ender Wiggins (Asa Butterfield), aunque conocedor de su destino, un instrumento más en una sociedad con enfoque militar preocupada por su propia existencia tras un intento de invasión extraterrestre que acabó diezmando la población de la Tierra.

Hood tiene suerte y se ha logrado aliar con el entregado Asa Butterfield que da algo más que la talla como Ender en un papel que deambula por los diversos reflejos de la personalidad del niño; sentimental, metódico y abiertamente violento. Buttlerfield nos convence y logra trasladar al dedillo los matices de la personalidad de Ender convertido en un joven algo más que inteligente, empático, en el fondo cariñoso y con tal convencimiento en sus posibilidades, es EL estratega, que es el claro líder que decidirá el destino del mundo. Junto a él pues rostros conocidos como el de Harrison Ford en un papel ligeramente pillado con desgana, segunda vez que se adentra en la ciencia ficción tras Cowboys & Aliens (2011) y segundo papel en el que le salva que es quien es aunque lo que tiene que buscar, lo peor de Ender, logra encontrarlo, Viola Davis, positiva aportación, Abigail Breslin como Valentine Wiggin o Hailee Steinfeld como Petra Arkanian, aquí dos de las jóvenes actrices que deberían seguir creciendo con el paso de los años aunque no se yo si lograrán cuajar algo más que papeles de reparto. Luego tenemos a Ben Kingsley como el mítico Mazer Rackham y Nonso Anozie como Dap, otro par de actores que bueno, el primero como Ford, es quien es y siempre hace bien las cosas, el segundo no hay por donde salvarle.

Lo que si logra esta adaptación de la obra de Card es crear un producto abiertamente entretenido de cara a su explotación en cines, que lleva a la gran pantalla lo que más va a entretener al espectador aunque deje de lado otros temas que en la novela son igualmente importantes pero que en este medio, seamos realista, abrirían tantas líneas a seguir que desviarían demasiado la atención real. Si hubieran tratado de condensar todo en los 120 minutos finales que dura esta película la habrían cagado por completo. En mi caso no lo voy a negar y es que El juego de Ender me ha entretenido, ha pasado por algunas partes un poco a galope tendido, pero ha ofrecido las suficientes razones, de guión, de interpretación y visuales, como para cuajar un producto decente y muy disfrutable, aunque como ya digo pasa excesivamente rápido por ciertos aspectos en los que uno se debería haber parado más como el crucial momento del examen final… pim pam pum, aquí paz y después gloria. En fin, destacar las batallas, pura estrategia narrativa que en manos de Asa Butterfield, pese a sus 17 años demuestra unas tablas bastante impresionantes, resultan igualmente impactantes pese a no caer en el extremo de la floritura y artificio, si bien hay que reconocer que Hood se ha acompañado de un equipo sobresaliente si hablamos del apartado de los efectos visuales.

Cartel final de El juego de Ender
Cartel final de El juego de Ender

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Otra de las tristes sorpresas del festival de este año. Infumable y extremadamente lisérgica este sorprendente intento cinematográfico de Ben Wheatley, impensable el cambio de registro plasmado por el director de las muy notables Kill List (2011), Sightseers (2012) y que ahora se introduce en el universo de "Doctor Who" (2005-¿?). En mi caso, y pese a la defensa a ultranza otorgada hacia la película en otros sitios, no le encontré ningún sentido a este periplo por una especie de purgatorio artístico en la Guerra Civil Inglesa. Un grupo de soldados, entre los que hay un alquimista, desertan de la guerra y tras juntarse acaban siendo obligados por un señor de alta alcurnia a buscar un tesoro secreto supuestamente escondido en un pedazo de tierra de la campiña inglesa. Setas alucinógenas, a puñados, un tronco cubierto de runas y otras cosas muy raras acabarán minando la moral del grupo y poniendo a prueba su cordura. Horripilante es poco, cansina con momentos que desafían la mente del propio espectador como las variopintas interpretación in situ de cuadros a modo "La rendición de Breda" de Velázquez. La verdad, en estos momentos sigo sin comprender la película.

Sin lugar a dudas lo mejor de A Field in England... el póster
Sin lugar a dudas lo mejor de A Field in England… el póster

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Lo que últimamente fabrica la Casa de las Ideas en su espectro más cinematográfico transita curiosamente en polos opuestos difíciles de digerir. Quizás sea por el carisma de los personajes, por la propia dinámica de los mismos o incluso por el interés que ponen aquellos que los interpretan, pero el una de cal y otra de arena podría ser el eslogan de Marvel Studios en estos momentos. Hay que dejar claro que Thor: el mundo oscuro (Thor: The Dark World, 2013) es un reenfoque superior de las aventuras del hijo de Odín (Anthony Hopkins) tras el flojo tránsito por el desierto de Nuevo México que dirigió hace ahora dos años el bueno de Kenneth Branagh. Alan Taylor, sobradamente competente en estas lides del medievo cuando tiene bajo el brazo un producto complejo, extenso y retorcido, se embarca en una aventura de corte medieval futurista donde la intensidad y la emoción, puntual pero existente, convive con la comedia, mil gracias, y cierto aburrimiento, esta es la realidad. Siento que algo le falta a Thor: el mundo oscuro y no creo que sea culpa del personaje si no más bien de las elecciones tomadas en torno a él. Aun así este film tiene algo que el anterior no tuvo, y es una extensa conjunción de propuestas a nivel género que la hacen entretenida pero no por ello una pieza crucial dentro del universo cinematográfico de Marvel.

En el fondo me planteo que quizás el problema radique en el propio espectador. El fan seguidor del personaje puede que comprenda mejor las vicisitudes del mismo, y la importancia de todos aquellos que le rodean, pero que los aportes más reseñables de la película los pongan Loki, nuevamente Tom Hiddleston es en realidad quién mantiene todo esto a flote, el Dr. Erik Selvig encarnado por Stellan Skarsgård, sus momentos en pantalla son geniales, o Kat Dennings, mucho más presente su Darcy en este film y más agradable de ver que la estirada de Jane Foster (Natalie Portman), da que pensar. Vale que el film pone su foco durante una gran parte del metraje en una guerra interna en Asgard donde traiciones, batallas personales y grandes dramas recrean las clásicas intrigas palaciegas con las que Taylor tanto ha trabajado… perfecto. Pero este tipo de películas ponen mucho de su foco en el reto, el villano al que el héroe debe hacer frente y que, esto lo encuentro necesario, debe causar simpatía hacia el espectador o en caso contrario un odio acérrimo y temor. Malekith el maldito no logra ni lo primero ni lo segundo. No soy lector de Thor, pero esperaba más del personaje encarnado por el siempre molón Christopher Eccleston. Pasadas ya unas horas desde su visionado sigo sin comprender de donde sale la capacidad destructiva de los Elfos Oscuros de Malekith visto lo visto en un prólogo que sirve de antesala a todo lo que luego se nos cuenta. Da la impresión de ser un componente transitorio e infrautilizado como ocurriera con Cráneo Rojo (Hugo Weaving) en Capitán América: el primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2011).

Pero bueno, la película cumple, no llega a emocionar ni a aportar situaciones intensas aunque ofrece los elementos esperables para una producción de este tipo. Un uso puntual y de singular importancia de personajes secundarios como Heimdall (Idris Elba), Silf (Jaimie Alexander), Fandral (Zachary Levi), Volstagg (Ray Stevenson) o Frigga (Rene Russo), sobrecarga de efectos visuales para que conozcamos mejor Asgard o Svartalfheim, unas cuantas sorpresas dentro de la propia historia que hacen que el trabajo de los guionistas sea más valorable, y, eso si, una presencia de Thor (Chris Hemsworth) como se espera de él… Mjölnir en mano vuela, desencadena sus mejores golpes y sirve para rememorar a la mejor versión comiquera del personaje. En definitiva, debe verse para seguir profundizando en ese curioso experimento coral de Marvel Studios, para cruzarte de nuevo con Stan Lee, adentrarte en el vínculo con el siguiente producto de la compañía en cines y comprender mejor lo que seguramente sea The Avengers 3 en el 2018.

Uno de los carteles españoles de Thor: el mundo oscuro
Uno de los carteles españoles de Thor: el mundo oscuro

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Javier Botet, Roberto Pérez Toledo, Pablo Vara, mi querido David Galán Galindo y Javier Fesser… si, el maestro Fesser. De las manos de estos cinco personajes nace Al final todos mueren (2013), film coral que hilvana una serie de historias cuyo nexo común está más que implícito en el propio título de la película… no hay sorpresa… o puede que si. Porque ojo, por muy directo que pueda parecer, es quizás la obviedad del mismo lo que nos engaña ya que en realidad a lo que uno no asiste es al fin de la vida de los protagonistas de estas cinco historias. Que va, a modo secuencia enlazada, algún que otro maestro cinematográfico seguramente aplaudiría por el logro obtenido, se nos cuentan las diferentes situaciones de un buen puñado de personas muy diversas cuando el fin del mundo está ahí a la vuelta de la esquina, inevitable y, por qué no decirlo, bastante jodido.

Vale que el fondo puede haber sido usado en demasía, aunque fue en otro tiempo, pero hay que reconocer que si bien las historias ofrecidas por estos cinco usan ese motivo como razón para los acontecimientos que han de llegar, esa situación futura sirve no obstante para presentarnos cincos acontecimientos diferentes, mejores y peores, donde se da rienda suelta a oscuras paranoias, reuniones entre amigos con temas pendientes entre ellos, encuentros personales que en otras situación hubieran sido inimaginables, momentos llenos de emotividad y vitalidad pese al cercano fin o surrealismo espacial, este obra del bueno de Fesser. Y es que si, esa premisa de que en cualquier momento, más o menos cercano, todo se va a freír espárragos, sirve sin embargo para descubrir la forma en que cada uno enfoca el irremediable destino. Desde la positividad que transpira la historia de "Los románticos del fin del mundo", dando un giro con las malas artes de "8 días antes del impacto", pasando por la melancolía del segmento "El hombre del mañana", la macabra estampa de los hechos que tienen lugar en el segmento de Botet o la cómica situación, bien vale para echarse unas risas, del prólogo y epilogo gestados por Fesser.

Pero si, todos estos diferentes impulsos deben encajarse en un conjunto global, y es aquí donde el todo no es perfecto… ni tampoco creo que pretendiera serlo. En mi caso me quedo con las historias de Fesser, David Galán Galindo y Roberto Pérez Toledo. Supongo que en situaciones como las que se plantean uno prefiere dejar todo esto con una sonrisa o al menos bajo un punto de vista positivo, y así transita el film en su conjunto. A modo montaña rusa se juega con momentos álgidos y otros demasiado oscuros y no tan soportables. Eso si, entre "Los románticos del fin del mundo" y "El hombre del mañana" queda claro que pese a las tristes circunstancias, pese a que al final todo se va a la mierda y a tomar viento, siempre se podrá buscar el lado bueno de las cosas como decían los Monty Python. Si hay vida hay esperanza… aunque lo primero sea cuestión de horas ya que Al final todos mueren.

Cartel de Al final todos mueren...
Cartel de Al final todos mueren…

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