Opinión


Puede que esto surja un poco a destiempo, pero tengo que reconocer que hasta hoy no he tenido la oportunidad, o no la he generado, de poder ver Los cronocrímenes (2008) de Nacho Vigalondo. Estrenada hace ya un par de años no pudo verse donde vivo y, como las cosas se van aplazando, el debe acabó quedando ahí aparcado, en lo más profundo, hasta convertirse en puro olvido. Hoy sin embargo todo ha dado un giro y, como ocurre con Héctor (Karra Elejalde) en la película, he comenzado a enmendar la plana. La verdad, ya en su día se habló positivamente del proyecto, del gran debut en el largo cinematográfico por parte de Vigalondo… pero lo que quiero dejar claro es que cualquier cosa que hayáis leído se ha quedado corta, Los cronocrímenes es una genialidad, una pequeña serie B tan inteligente como bien realizada, que no pretende rizar el rizo y que acaba por descubrir al espectador que a lo hecho pecho.

Póster oficial para Los Cronocrímenes

Conocemos a Héctor (Karra Elejalde) y a su esposa Clara (Candela Fernández). Recién instalados en su nueva casa, Héctor contempla con sus prismáticos el valle que tiene por delante. Contemplar la lejanía llevará a nuestro protagonista a descubrir como una joven (Bárbara Goenaga) se oculta tras unos matorrales, y como se medio desnuda para luego desaparecer. Aprovechando la ausencia de su esposa, la curiosidad llevará a Héctor al bosque intentando descubrir quién es la joven y que está haciendo. Su anhelo por saber, puede que más por puro impulso morboso o voyeur que por otra cosa, le lleva a descubrir a la joven completamente desnuda y aparentemente muerta para acabar sufriendo el ataque de un extraño personaje vestido con una gasa rosa que le cubre el rostro, una gabardina negra y unas tijeras como arma. Herido y aterrorizado, Héctor escapa hasta llegar a un recinto privado, una especie de laboratorio, donde un científico (Nacho Vigalondo) le ayuda a ocultarse haciendo uso de una máquina… una máquina del tiempo que le llevará unas pocas horas antes de que todo lo que pudo ver ocurra. Héctor decide en ese momento intentar cambiar las cosas.

Vigalondo se adentra sin miedo en el complejo mundo de la ciencia ficción temporal, cuidando al detalle aquellos mil errores donde se puede caer cuando te metes en el embolado de las paradojas y problemas de raccord que de ello se derivan. Con un reparto coral de 4 actores, Vigalondo no está del todo mal y se une a la fiesta para simplificar y abaratar las cosas, el proyecto suple el cero artificio con el que cuenta y cualquier limitación técnica que pueda tener con un guión enigmático y muy trabajado que logra mucho más de lo que si quiera pretenden la mayoría de productos que tientan a la suerte con este género. Vigalondo viaja al pasado y maneja con notable maestría todos esos detalles, enlazando los acontecimientos de forma singular y sorprendente, además de dar forma a todo mágicamente. Aquí destaca su cuidado con el montaje, con el que se gana al espectador que observa con desesperación todo lo que le ocurre a Héctor. Por su lado el reparto sorprende. Si bien Candela Fernández y Bárbara Goenaga intervienen lo justo y necesario, Karra Elejalde se echa a la espalda toda la complejidad del proyecto, y su absoluto protagonismo, transformándose en el tiempo de manera camaleónica e inevitable. La total sorpresa de los acontecimientos y lo que implican de cara al futuro ya vivido provocan más y más interés por descubrir como hace Vigalondo para ligar todo correctamente… cosa que logra con tesón y ganas de debutar con una ya obra de culto a nivel mundial.

Pues eso, que me ha encantado, me ha sorprendido y me ha confirmado que el cine español, de vez en cuando, también sabe hacer cosas completamente diferentes y dignas de los mayores reconocimientos.

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Bueno, bueno, bueno. Tras ese aciago viaje por el desierto comandado por Russell Mulcahy hace unos años y que resultó ser Resident Evil: Extinction (2007), Paul W.S. Anderson optó por tomar de nuevo las riendas de su criatura y volver a la carga sobre esta franquicia repleta de posibilidades, con un universo propio listo para explotar, e ideal para demostrar que si desconoces el camino del buen hacer, aunque la mona se vista de seda mona se queda. Resident Evil: ultratumba (Resident Evil: Afterlife, 2010) es una nueva vuelta de tuerca a más de lo mismo, con la tónica de siempre, con una continuidad aburrida hasta la extenuación y donde la capacidad de sorpresa es sustituida por una repetición de secuencias ya vistas en películas del pasado. Porque si, Resident Evil: ultratumba es mucho Matrix (1999), demasiado Matrix Reloaded (2003) o algo de Blade II (2002). Vamos, es muchas cosas menos si misma. Si a esto le sumamos que nos la presentan en 3D y bajo el epígrafe de "rodada con las cámaras que crearon Avatar" pues poco más se puede esperar. Si, está en 3D del bueno, da gusto que haya sido rodada enteramente en formato estereoscópico, pero a diferencia de Avatar (2009), Toy Story 3 (2010) y espero que alguna otra, Resident Evil: ultratumba saca jugo a lo previsible y demuestra que el objetivo del formato en esta película no es sorprender y agradar, si no recaudar.

Experimenta una nueva dimensión de lo mal que se pueden haResident Evil: ultratumba. cer las cosas
Resident Evil: ultratumba.
Experimenta una nueva dimensión de lo mal que se pueden hacer las cosas

Continuando con los acontecimientos narrados en Resident Evil: Extinction, Alice (Milla Jovovich) se dedica a dar caza a los miembros de la Corporación Umbrella allá por donde estén con la única intención de acabar con el virus T. Junto al ciento y la madre de clones que descubrió en el desierto de Nevada, Alice se cuela en unos de los grandes centros de operaciones con idea de acabar con los siniestros planes de contaminación mundial para encontrarse de nuevo con Wesker (Shawn Roberts), el mandamás último del cotarro. Tras no lograr el fin que la mueve, aniquila a todo aquello que respira salvo al armario Wesker, ya sola Alice se embarcará en un segundo periplo para reunirse con Claire (Ali Larter), K-Mart (Spencer Locke) y el resto de supervivientes de la anterior parte… si, aquellos que se dieron el piro en un helicóptero. Su destino Arcadia, aquella base secreta libre de la contaminación del virus T que supuestamente está oculta en Alaska. A su llegada a la remota y helada zona, una inesperada sorpresa le acabará llevando a la infestada ciudad de Los Ángeles. Allí se encontrarán con otro reducido grupo de supervivientes y con la demostración de que la sombra de Umbrella es más grande de lo que cualquiera puede imaginar…

Paul W.S. Anderson es un tipo de ideas fijas y Resident Evil es su adalid en el mundo del cine. Cuesta entender que con la de cosas buenas que tiene la saga "Bio Hazard" de Capcom, durante más de 8 años y con 4 películas a cuestas se haya logrado tan poco, argumentalmente hablando. La primera parte de la saga fue la más resultona de todas y de las pocas que jugó con los verdaderos valores del juego. La segunda parte no aportaba mucho pero al menos apostó por incluir personajes icónicos del mundillo, ese gran villano y mucho muerto viviente. Tras esos primeros films, normal el primero y flojo el segundo, la franquicia ha entrado en barrena con una superflua tercera parte y con este cuarto episodio donde las promesas de reimaginación se han quedado en agua de borrajas. Porque la verdad, no hay guión, no hay personajes, el carisma de Alice está cada vez más robotizado y aportaciones como la de Claire resultan tan vacías como el interés que pone Ali Larter en su trabajo. Sumemos las nuevas incorporaciones de "peso". Lo de Wentworth Miller es de auténtico pecado. Ataviado con un mono de faena, y bastante desmejorado con respecto a la serie que le encumbró, su caracterización como Chris Redfield es sencillamente triste. El resto no ofrecen nada que destacar. Nuestro Sergio Peris-Mencheta transita, el siempre bueno Kim Coates se ríe de Hollywood y Boris Kodjoe, el único que tiene cierta guasa y que ahora veremos en lo nuevo de J.J. Abrams, la serie "Undercovers" (2010), muestra cualidades. Quitando esto, el resto lo aporta el señor Anderson en forma de añadidos incomprensibles y 3D a borbotones. Que si estrellas ninja voladoras, gafas voladoras, hachas voladoras, aviones voladores, cuerpos voladores, balas voladoras y, menos mal que optan por algo diferente, cañones de magnum apuntando al espectador! Esto, la sobrecarga de slow motion, bestial, y una escena de 2 minutos de imagen fija, incalificable, hacen que Resident Evil: ultratumba no sea nada más que un batiburrillo de imágenes, un cromo, un videoclip de 90 minutos que se ve lastrado por lo aburridas y lo mal enlazadas que están todas sus secuencias- el pegamento guión se les acabó antes de comenzar el rodaje.

En fin, estaba visto. No esperaba mucho, pero tampoco esperaba nada… y es lo que ofrece.

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Ya son horas de ir recuperando viejas opiniones que tenía ahí pendientes y que a más de uno seguro que interesan. El primer capítulo del día sirve para dejaros con las impresiones generales que arraigaron en mi, y en los que me acompañaron, cuando acudí con cierta esperanza a ver Airbender: el último guerrero (The Last Airbender, 2010) del siempre agradable y particular M. Night Shyamalan. Antes de que entendáis mi enfado os quiero avisar que el cine de Shyamalan me gusta, y mucho. Considero superlativas obras como El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999) y El protegido (Unbreakable, 2000), y muy a tener en cuenta por su mágico toque personal películas como El bosque (The Village, 2004), Señales (Signs, 2002), La joven del agua (Lady in the Water, 2006) o la reciente aunque irregular El incidente (The Happening, 2008). Todo el reconocimiento como buen cineasta que ha ido acumulando a lo largo de este tiempo, pese a las críticas, me hace no comprender las razones para haberla pifiado, por no decir cagado, de semejante manera con esta adaptación de la serie de dibujos animados del canal Nikelodeon "Avatar: The Last Airbender" (2005-2008). Porque pese al derroche presupuestario del que se habla, 150 millones de dólares para hacer la película y unos cuantos más para su promoción ( las malas lenguas aseguran que cantidades astronómicas), el resultado es, como poco, mediocre. Porque si, hay que decirlo. Airbender: el último guerrero huele a encargo que tira para atrás, una forma como cualquier otra de cobrar un sueldo sin ofrecer cine con cuño propio… eso si, el precio pagado por Shyamalan comienza a ser desmesurado. Quien siembra vientos, recoge tempestades.

Cartel español de Airbender: el último guerrero
Cartel español de Airbender: el último guerrero

En una época de fantasía, el mundo conocido se divide en cuatro poderosos pero desiguales reinos. Cada reino basa su fuerza en un elemento primordial como son el Aire, el Agua, la Tierra y el Fuego. Tras un siglo de enfrentamientos sin control reaparece Aang (Noah Ringer), el último de los Avatar, una especie de guerrero con la habilidad de controlar los cuatro elementos independientemente de el reino en el que haya nacido. Ayudado por los hermanos Katara (Nicola Peltz) y Sokka (Jackson Rathbone) del reino del Agua, Aang viajará de regreso a su templo para descubrir que en estos años de ausencia el reino del Fuego, controlado ahora por Lord Ozai (Cliff Curtis), ha hecho mella en el resto de los pueblos. En este punto el Avatar deberá tomar parte del enfrentamiento para intentar acabar con el avasallamiento que el reino del Fuego aplica sobre los otros reinos. Eso y escapar de Zuko (Dev Patel), el desterrado hijo de Ozai que pretende darle caza para volver a ganarse el respeto de su padre.

Y es que Shyamalan nos introduce en un llamativo y con posibles nuevo universo cinematográfico, trilogía al canto, sin considerar lo más mínimo la posibilidad de fracaso, que todo sea dicho no ha sido el caso… aunque cerca le ha estado. Por ello opta por dejarnos con un film inconcluso, sin cliffhanger que nos haga tilín de cara al futuro y menos con un final convincente que provoque al espectador ansias de pensar que lo que ha visto tiene una verdadera finalidad. Porque el gran problema del film es lo fatalmente explotada que está la idea. Se vuelve a demostrar que unos grandes efectos no son la solución y que un fiel reflejo de la fuente de la que bebes tampoco – aquí desconozco cuan fidedigna es respecto del original. La capacidad de sorpresa que tanto ha gustado en los trabajos previos de Shyamalan, ese toque personal que deja claro que es un tipo diferente alejado de las grandes majors, es sustituida por un compendio de situaciones que no aportan nada, que no generan tensión alguna y que para asombro del respetable desembocan en un vacío tan grande como una fosa abisal de esas que hay en los océanos del mundo. Porque Airbender: el último guerrero no es nada al fin y al cabo, o por lo menos no lo quiere ser. Y claro, ausente el particular sello del director, la película debería haber estado enfocada como tantos otros grandes proyectos que son diseñados exclusivamente para recaudar tropecientos millones porque el público al que van dirigidos así lo asegura. Lo malo es que Shyamalan deja claro que esto no es lo suyo y que su excelso currículo tiene hueco para un borrón de consideraciones estratosféricas.

Y creo que no es momento de hacer leña del problema de los jóvenes actores. Este tema es un caballo de batalla para todo director que decide hacerle frente. Shyamalan no se puede escaquear y tiene que lidiar con esto. Y claro, es de muy difícil solución ya que solo si logras tener la suerte de encontrarte con un Jamie Bell, una Anna Paquin o una Natalie Portman en el camino, puedes triunfar en este aspecto. El reparto de mal en peor…

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Si hay una saga de ciencia ficción cinematográfica que no ha sabido ser explotada como debiera es aquella que fue iniciada con rutilante éxito en 1987. Estoy hablando de la que se puso en marcha con la obra de culto Depredador (Predator, 1987) de John McTiernan, y que con el paso de los años se fue autodegradando, Depredador 2 (Predator 2, 1990) fue muy floja, hasta acabar fusionada para revivir sin brillo en esta década con otra de las ideas maestras de la ciencia ficción moderna… la insustituible franquicia Alien. Ahora una vieja y agradable idea pergeñada por Robert Rodriguez, modificada por Alex Litvak y Michael Finch, y ejecutada con soltura por Nimród Antal, llega a los cines para dejar claro que todavía queda algo bueno que sacar a este mundo, con sus errores, que tiene unos cuantos, pero entreteniendo y siendo fiel a como siempre debió retomarse lo engendrado hace ya muchos años por Jim Thomas y John Thomas. Porque Predators no pretende crear la rueda y menos superar a ese film al que tanto le debe – una raza extraterrestre inigualable y un universo creado para la acción más descabellada. Conocedora de que no puede ser mejor, ya nos dice el refranero "si no puede vencer a tu enemigo, únete a él", Predators bebe directamente de quien tiene que beber y opta por mantener varios de los iconos que nacieron en 1987, además de recrearse en las secuencias del film original homenajeando, ¿o plagiando?, a estas. La verdad, a mi todo esto me ha convencido y lo visto cumple con lo que promete, cine entretenido que vigoriza una saga injustamente maltratada, y con la seguridad de que seguiremos teniendo más Predators que echarnos al plato…

Póster español de Predators
Póster español de Predators

Sin conocer la razón, un grupo de ocho personas que no se conocen entre si despiertan en un densa jungla. Salvo uno de ellos todos se descubren como expertos en el uso de las armas y de la muerte ajena. Royce (Adrien Brody), aunque independiente líder nato, no tardará en tomar los mandos del grupo para intentar descubrir dónde narices están. Poco tardarán en descubrir que la jungla en la que se encuentran no es una jungla cualquiera y que, además de estar en un planeta desconocido, en ella los verdaderos especialistas de la caza no son ellos, si no unas criaturas que hasta ahora nunca han visto. Desde ese momento, y a pesar de las diferencias existentes entre todos ellos, deberán unir sus fuerzas para tratar no solo de escapar de este infinito coto de caza, si no para sobrevivir a lo que promete ser una fuga sin descanso y un combate desequilibrado entre el hombre y la criatura.

Y en global esto es Predators. Una película de acción y ciencia ficción que sin atisbo de pudor exprime todos aquellos valores que en 1987 explotara con agrado el film protagonizado por un inconmensurable Arnold Schwarzenegger. Porque la verdad… si la jungla es lo que el público demanda, y tras ver que llevar la saga a la urbe es sinónimo de fiasco, pues a la jungla te vas. Si el público vibró con la obra musical creada mágicamente en su día por Alan Silvestri, pues traes a John Debney, se curra unos arreglos como John Ottman hiciera para Superman Returns (2006), y logras que la gente se sienta como antaño. Si lo mejor es contar con los tipos más duros del planeta para combatir a los mejores cazadores del universo… pues haces lo posible por juntar un grupo medianamente convincente y no lo enfrentas a un único cazador, ofreciendo, en parte, lo que verdaderamente se demandaba, varios depredadores.

Pero está claro que no todo puede ser regularidad… todo esto que comento sería correcto si no fuera porque homenajear un poco se reconoce como positivo, el enlace con el film de McTiernan mola, pero apoyarte en muchas de las ideas, si no todas, de la película de 1987 es pasarse un pelín. Porque el destino de Hanzo (Louis Ozawa Changchien) no es para nada nuevo, de hecho resulta descafeinado, o porque el sentir de Mombasa (Mahershalalhashbaz Ali) tampoco sorprende. Aunque bueno, si luego añades vigorosas aportaciones como la de Stans (Walton Goggins) y buenas jugadas como las de Isabelle (Alice Braga), Edwin (Topher Grace) o Nikolai (Oleg Taktarov), pues sumas frescura a la idea. Pero claro, si por otro lado cuentas con el detalle de amigo de Cuchillo (Danny Trejo), que tiene un pase, y tiras bastante por la borda al meter en el fregado a un incomprensible e innecesario personaje como Noland – que alguien me explique cual es la función de Laurence Fishburne en el film – pues vuelves a desinflarte.

Y todo va así. Predators tiene sus cosas buenas pero también las hay malas. Le falta algo de originalidad y un poco más de miga. Cuenta con demasiados momentos que no aportan y provocan un sentimiento incómodo al respetable porque no se le da continuidad al film. Aunque ojo, no por ello deja de resultar una película disfrutable y que al fan del film en el que Dutch salió victorioso gustará…o a mi por lo menos me ha gustado y convencido. Entretiene que no es poco.

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Lo mejor es hacer frente a los malos rollos y hoy toca hablar de la primera de las decepciones de este verano, el nuevo periplo de Sylvester Stallone por el cine que mejor le ha comprendido y explotado, el de acción sin tapujos y contemplaciones. Antes de que más de uno entre a rebanarme el cuello por semejante aseveración he de decir en mi defensa que esta opinión viene claramente condicionada por el deseo y la esperanza de que Stallone hubiera optado por seguir el rumbo marcado en la brújula de la impagable John Rambo: Regreso al infierno (Rambo, 2008). Los Mercenarios (The Expendables, 2010) nos retrotrae con frescura (digital) y grandeza a ese subgénero cinematográfico que tantos buenos ratos nos hizo pasar hace ya un buen puñado de años, y donde el artificio era una fusión de pirotecnia avanzada más cuerpos musculados y rebosantes de testosterona que aguataban todo lo que les cayera encima… ya fuese una bomba cuasi nuclear, un helicóptero Mil Mi-24 o una panda de terroristas armados hasta los dientes. Pero lo que también nos ofrecían esas películas, y que en esta añoro, era cierto tono dramático que aportaba al resultado final un aroma de cruda realidad donde se demostraba que sí, si eres un tipo duro lo más seguro es que sobrevivas… pero también puedes acabar palmando o por lo menos sangrando a borbotones y magullado hasta lo indecible. Porque dentro del entretenimiento resultante que es Los mercenarios, digamos que si le rebajaran unos 30 minutos sería más soportable, falta esa dosis de obligado drama que, desconozco la razón, ha sido olvidada.

Cartel de Los mercenarios
Cartel de Los mercenarios

Barney Ross (Sylvester Stallone) es el líder de un comando de mercenarios que, siguiendo los designios de su pagador, aplican toda su destreza militar en marcar a fuego aquello por lo que han sido contratados. Tras un breve pero intenso prólogo donde la unidad de Ross es presentada al completo, son tanteados para hacerse cargo de un arriesgado trabajo… acabar con la dictadura que el General Garza – muy mal David Zayas – aplica sobre la población de Vilena, un pequeño país de una isla caribeña. Una primera toma de contacto por parte de Ross y su fiel compañero Lee Christmas a.k.a. Navidad – el que mejor reparte es Jason Statham – , les llevará a descubrir que la realidad sobre el nuevo trabajo para el que han sido contratados no se centra en Garza y sus fuerzas de choque, si no en James Munroe (Eric Roberts), un ex-agente de alguna oficina de inteligencia que apoyándose en los ofuscados deseos del general pretende hacerse con esta isla invernadero para fabricar cocaína como quien fabrica pan. Diversas luchas internas dentro del propio comando acabarán provocando lo esperado… la intervención en Vilena de estos soldados de fortuna.

Stallone sabe lo que se hace y tras renacer con John Rambo y Rocky Balboa (2006) vuelve a ofrecernos un agradable pero bastante descafeinado paseo por el cine de acción más clásico. Juntándose con viejas glorias del cine de tortas, como Dolph Lundgren, ¿Mickey Rourke y Eric Roberts?, haciendo uso de actuales parte caras, como Jet Li y el número uno Jason Statham, y subiendo al carro del cine que se estrena en sala a veteranos quebrantahuesos, como Terry Crews, Steve Austin y Randy Couture, el veterano y renovado director / actor / guionista pone sobre la mesa las suficientes credenciales como para esperar más entretenimiento del que finalmente logra generar. Y es que el problema de Los mercenarios, además de sus soporíferos altibajos, no es otro que derivar un producto que viene con el sello de "como el cine de los 80" pero que luego se pierde en historias secundarias que, todo sea dicho, no aportan nada al conjunto o en caóticas escenas donde pierdes el control a lo más mínimo. Si bien las dosis de acción son generosas, aunque el uso de lo digital acaba matando la gracia se mire como se mire, la intención de Stallone de llegar a más público de cara a recaudar más y así ofrecernos nuevos capítulos de esta nueva saga no es tan sabia como uno podía esperar. Nos alegra la apuesta, pero que la película se apoye en Stallone y Statham como figuras centrales no es suficiente si no te rodeas de algo de calidad y sobre todo menos desbarajuste. Ya lo comentaba un compañero al salir del cine, déjate de Roberts, Crews, Austin y Couture, e intenta encajar a Chuck Norris, Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal. Si lo que quieres es hacer renacer viejas sensaciones, el factor Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger es simpático pero insuficiente, y rememorar cine de ese que sigues viendo pese al paso de los años porque en el fondo es entretenido, apóyate en todo aquello que generó ese concepto y déjate de pamplinas. Zayas y Roberts sobran porque no aportan nada, como villanos son de risa, Li está en horas bajas e infrautilizado, Rourke podría no estar, Lundgren y Crews son los que más me han convencido pese a no contar tanto con ellos como se debería – será porque protagonizan las escenas más disparatadas – y Stallone y Statham cumplen.

En definitiva, por momentos alocada y por otros un suplicio. En conjunto no es lo que esperaba… confiemos en que la segunda parte que parece haber en cartera, la taquilla manda y por ahora Los mercenarios está cumpliendo con creces, tome otro enfoque porque como siga este camino mal vamos…

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Hollywood es un universo que desde hace muchos años adolece de buenas y originales ideas. El efectismo, la parafernalia y obsesiones como la adaptación y el remake son, salvo contadas excepciones, aquello que puebla con grotesca y fastuosa presencia las salas de cine de medio mundo. Pero la meca del cine conserva un estatus de calidad gracias a un grupo de autores que a lo largo del tiempo han ido demostrando que el séptimo arte está en constante evolución y lejos de convertirse en un subproducto de si mismo. La privilegiada e imaginativa mente de Christopher Nolan ha vuelto para dejar claro que él es uno de esos directores que han marcado y marcarán pauta en esto del cine. Sin miramientos se debe reconocer que Nolan apunta al siglo XXI, si no lo es ya, lo que John Ford, Alfred Hitchcock, Orson Wells, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese fueron al siglo pasado. Origen (Inception, 2010) es en definitiva una nueva genialidad del padre de Memento (2000), Insomnio (Insomnia, 2002), Batman Begins (2005), El truco final (The Prestige, 2006) y El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008). Una obra maestra de la ciencia ficción y del cine en general porque, si uno rasca un poco en su superficie, se da cuenta que el film toca otros muchos géneros como el drama familiar, el thriller de acción desbordante y trepidante, o la intriga y el suspense más elaborado.

Póster español de Origen
Póster español de Origen

¿Qué pasaría si el espionaje, en este caso industrial, profundizara directamente en la mente de los espiados? Cobb (Leonardo DiCaprio) es el jefe de una unidad de secuestradores de mentes, mercenarios a disposición del que pague mejor, que se cuelan en los sueños de la gente para, mediante magníficos engaños, sonsacar ideas o robar secretos. Probado por el misterioso Saito (Ken Watanabe), y junto a su inseparable Arthur (Joseph Gordon-Levitt), deberá reunir un grupo de colaboradores muy especial para lograr el más difícil todavía… colarse en la mente del empresario Robert Fischer (Cillian Murphy), hijo de un gran magnate en sus últimos días, para provocar que el imperio del que será futuro dueño desaparezca cuanto llegue a sus manos. Cobb, Arthur, la arquitecta Ariadne (Ellen Page), el maestro del disfraz Eames (Tom Hardy), el químico Yusuf (Dileep Rao) y Saito, urdirán un plan que les llevará al viaje definitivo al interior del subconsciente humano en el que deberán enfrentarse no solo a la protegida y peligrosa mente de Robert Fischer

Origen resulta ser el retorno de Nolan a una de las obsesiones que más le inquietan, la fragilidad de la mente humana y lo maleable que puede ser. Si en Memento jugó con la memoria, en esta nueva oda al buen cine decide penetrar en ella y tratar de convencernos de que esta podría ser alterada. Nuevamente logra que el espectador se quede boquiabierto, pendiente durante casi 150 minutos de todo detalle que se muestra y se antoja vital para poder comprender todos los secretos de la por momentos compleja historia. Apoyado por un gran presupuesto, necesario si lo que pretendes narrar es un viaje al engaño mental por capas y resultar convincente, se nos lleva a un enrevesado laberinto de imaginaciones a cada cual más llamativa. Lo mejor de todo es que la totalidad de los personajes son vitales en este periplo ya que el viaje narrado por Nolan trasciende las mentes de todos ellos. Si la dosis de ciencia ficción sesuda ya de por si supera todas las expectativas, el director añade un fabuloso factor en forma de lento transcurrir del tiempo cuanto más profundo es el sueño dentro del sueño. La grandeza de disfrutar como los acontecimientos de un nivel afectan a otro, y como está todo conectado y relacionado, deja al espectador ansioso por ir más allá, algo que Nolan corresponde sin contemplaciones para sobrecoger más. Y si la trama de espionaje empresarial y ciencia ficción no deja tiempo para tomar una bocanada de aire y algo de relax, Nolan añade de regalo una catarsis vital que atormenta a Cobb, y a todos los que se cuelen en sus pensamientos, en la forma de su esposa Mal (Marion Cotillard). Un drama personal que sirve de mecha para que todo sea más complejo y retorcido, y que añade más tensión, si esto es posible, al ya de por si infinitamente arriesgado viaje al subsconciente humano. ¿Y qué decir del desenlace? Pues al igual que en otros proyectos deja al espectador manga ancha para decidir por si mismo y debatir las posibles conclusiones que sin lugar a dudas surgirán. Una genialidad como otra cualquiera que gustará a un nutrido número de espectadores, yo entre ellos, pero que a otro buen número no acabará de convencer.

Mención especial merecen Leonardo DiCaprio y Hans Zimmer. El primero por dejar atónitos a todo el mundo al confirmarse como el mejor actor del momento. La evolución de este actor parece no tener fin y en cada proyecto que protagoniza aporta una profesionalidad que no hace más que agrandar el gusto por verle al frente de un reparto. El segundo por volver a cumplir con creces ofreciendo una banda sonora diferente y de un impacto que te hace sentir parte de la propia película.

En definitiva… una obra maestra del cine moderno.

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El pasado 26 de junio tuve la oportunidad de acudir junto a otros bloggers españoles a un pase especial de Toy Story 3 (2010) de Lee Unkrich montado con esmero y dedicación por la gente de Walt Disney Pictures. Salvo una pequeña preview, he dejado pasar el tiempo sin comentar nada hasta hoy porque tengo ganas de leer vuestras impresiones sobre esta magnifica y emocionante tercera parte de las aventuras de Woody (Tom Hanks) y Buzz Lightyear (Tim Allen). Porque sí. Debéis verla, tanto si tenéis hijos como si no. Porque en el primer caso está justificado, y casi obligado. para que vean lo que son las aventuras y como se puede representar los imaginativos sueños que atesoran, y porque en el segundo caso, el mío por ejemplo, es un emotivo paseo por tus años más infantiles / juveniles, porque te reconoces en muchísimos de los aspectos y porque te das cuenta que todo el mundo se hace mayor, y que, sin embargo, no es necesario crecer tanto como para olvidar aquellas épocas de fantasía, aventura, juegos e imaginación. Porque, como ya dije en su día, Toy Story 3 rebosa emotividad, de esa que duele en forma de nudo en la garganta y pinchazo en el pecho, y que con toda seguridad llegará a ese espacio infantil que, pese a pasar los años, todos tenemos todavía aunque oculto en lo más profundo de nosotros mismo. Lo dicho, es sencillamente fabulosa y una de las mejores películas de este 2010 que ahora alcanza su ecuador.

Uno de los pósters de Toy Story 3
Uno de los pósters de Toy Story 3

Se que no es habitual que se hable de films de animación en este blog, pero dada la tremenda calidad que atesora el film, y los infinitos detalles y guiños que tiene a piezas maestras del cine contemporáneo, se merece una review completa. Toy Story 3 narra el más que posible fin de una era, el momento en el que el propietario de los muñecos, un Andy preuniversitario, se ve en la tesitura de decidir qué hace con todos esos muñecos que le han acompañado durante gran parte de su vida. Y sin Andy tiene un dilema, para nada es menor el problema que se les presenta a Woody, Buzz y el resto de juguetes con los que comparten baúl. Su posible destino se bifurca en dos muy diferenciados caminos: el de una caja en el desván, o el de una bolsa de basura cuyo seguro destino será el del vertedero municipal. Como era de esperar, imaginación al poder, las cosas se complicarán debido a una confusión y esto provocará que todos los juguetes pasen a protagonizar su gran aventura final. La ruta elegida les acabará llevando a la guardería "Sunny Side", un idílico lugar si eres juguete donde nada es lo que parece y donde hay espacio para todo… desde la diversión hasta la tranquilidad, pero también para el terror, el engaño y el odio.

Pixar vuelve a dejar claro quién es el número uno en esto del cine de animación moderno, y no solo demuestra que el uso del 3D no tiene que ser precisamente para darse palmas por lo que puedes hacer, si no que vuelve a crear una historia tan completa y perfecta, obra de número uno de la compañía como John Lasseter, Andrew Stanton, Lee Unkrich y Michael Arndt, que cuesta aceptar que el fin de una gran saga puede haber llegado. Y es que Toy Story 3 confirma por primera vez que el 3D puede ser usado como simple vehiculo de estilo y no como herramienta que enfatice tal o cual detalle que me he trabajado durante muchas semanas. Y esto queda todavía más patente cuando la misma compañía pasa antes del film un corto titulado "Day & Night" (2010), de Teddy Newton, donde se hace un encomiable trabajo de fusión 2D / 3D para enseñar al público asistente, mediante una historia sencilla y muy divertida, que el 3D está ahí y que casi se puede palpar. No hace falta el martillero de secuencias ni el artificio más laureado, la sencillez es la clave para confirmar que lo que se necesita son ideas y un poco de saber hacer. En definitiva, la base en la que se acomoda Toy Story 3 es la historia, una aventura que te deja sin aliento, que arranca con una magnífica representación de lo que puede ser la imaginación que todos hemos tenido en nuestra infancia, y que evoluciona a la realidad de nuestros protagonista con grandes homenajes a films de culto como La gran evasión (The Great Scape, 1963) o El retorno del Jedi (Return of the Jedi, 1983). Y lo mejor de todo, Pixar tiene tiempo para hacer un gran guiño a Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988) del maestro Hayao Miyazaki y los Estudios Ghibli.

No quiero cerrar esta opinión sin indicar que Ken, al que en su versión original pone la voz Michael Keaton, es el personaje definitivo. Brutalmente cachondo y de lo mejor de la película.

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Hace ya casi dos meses fui invitado a un pase especial de lo que prometía ser uno de lo films comiqueros más acertados de los últimos años, y tengo que reconocerlo, de los que esperaba con más ganas. Este fin de semana Universal Pictures ha lanzado en España, y con casi dos meses de retraso con respecto a su estreno en USA, Kick-Ass (2010) de Matthew Vaughn, trabajadísima y notablemente fiel adaptación a la gran pantalla del homónimo cómic escrito por Mark Millar y dibujado por John Romita Jr.

Algunos podrán achacarle que no es tan fiel como debería haber sido, pero la obra de Millar y Romita Jr., su fuerza y esencia, está presente en todo el metraje del film de Vaughn. Esos detalles que han sido obviados o modificados están plenamente justificados porque así el director británico logra hilvanar una historia que funciona como debe ser en la gran pantalla, y que demuestra que no hacen falta tropecientos millones de dólares y varias superestrellas para lograr crear un nuevo icono en el cine comiquero, un film ya de culto para muchos, que deja claro que en este género también se puede arriesgar, ser un gamberro redomado y salir victorioso con todo merecimiento. Kick-Ass aúna en una misma bobina humor negro, doloroso más bien, escenas de violencia poco habituales en el cine comiquero, para nada deudoras de la viñeta que adapta, un ritmo frenético non-stop adornado con música de diversos estilos que encajan como anillo al dedo, o un reparto que junta estrellas del ayer, el hoy y el mañana. Aaron Johnson, Christopher Mintz-Passe, Mark Strong y Nicolas Cage cumplen de manera notable, pero destaca como una galaxia completa la pre-teen Chloë Grace Moretz….

Póster español de Kick-Ass
Póster español de Kick-Ass

El mundo esta lleno de gente de todo tipo y condición, pasota, con sueños futuros y, en algunos casos, flipada. Tras un prólogo tronchante asistimos a la narración del nacimiento del héroe protagonista de la película, Kick-Ass. Dave Lizewski (Aaron Johnson) es un chico normal que, en plena edad del pavo, va al instituto sin destacar en nada al tiempo que habla de cómics con sus colegas y sueña con montárselo con esa compañera fuera de su alcance mientras se la pela visitando páginas web porno que le recomiendan o pensando en los turgentes pechos de alguna MILF que le da clase. Pero Dave tiene planes, y un día, medio imbuido por un cabreo general de ser un pringado al que siempre roban los gamberros del barrio, se compra un traje de buzo, un par de palos y una botas amarillas. Sin comerlo ni beberlo se le presenta una primera oportunidad de probar suerte como héroe enmascarado, pero se demuestra que este trabajo de defensor del débil no es como lo lees en las viñetas y su primer premio es recibir una paliza de escándalo, ser medio destripado y acabar atropellado por un coche. Unas semanas después, con varias placas metálicas extra que le sujetan huesos y cráneo, Kick-Ass regresa a escena para, esta vez sí, triunfar y convertirse en un mito viviente de su ciudad. Una era de héroes callejeros de medio pelo ha comenzado y pronto sus acciones le llevarán a cruzarse con auténticos profesionales del ramo: Big Daddy (Nicolas Cage) y Hit-Girl (Chloë Grace Moretz). Con el paso de las semanas, a Kick-Ass se le unirá Red Mist (Christopher Mintz-Plasse), otro pringado de turno que se mete en el mundillo como cebo del mismísimo Frank D’Amico (Mark Strong)…

Kick-Ass se podría definir como un proyecto rodado con libertad de espíritu. Y es que esta es la gran ventaja, o el gran riesgo según se mire, que ha tenido que asumir Matthew Vaughn a la hora de trasladar al cine toda la violencia, visual y verbal, presente en la novela gráfica. Tras intentar producir el film apoyándose en una de las grandes compañías de Hollywood, se dio cuenta que el espíritu del cómic iba a desaparecer debido a la mojigatería y mete mano de las majors. Para este caso, y para sus pasos previos en el cine – infinitamente recomendables Layer Cake (2004) y Stardust (2007) -, Vaughn se la ha jugado nuevamente financiando la película con el apoyo de compañías menores, Plan B Entertainment, y la suya propia MARV. Kick-Ass ha ganado gracias a esta apuesta en calidad y fidelidad pese a verse mermada al no contar con un presupuesto demasiado boyante. Y mucho ojo, algo que el Hollywood moderno no suele aprovechar rebosa en Kick-Ass; imaginación, buena mano de sus responsables y sobre todo saber sacar el jugo que suelen tener las obras que han triunfado en otros formatos.

Y un detalle que todavía hace más amigable el film, pensando siempre en el perfil de público que acudirá a la sala, radica en que los guionistas, Jane Goldman y el propio Vaughn, han decidido copar toda la película con grandes guiños a temas tan presentes en la conciencia del geek comiquero / tecnológico / cinematográfico / etc. Desde "Perdidos", pasando por el cine de John Woo, MySpace, YouTube, Superman, Lobezno, los shooters y un largo etcétera de detalles que agregan más molancia al proyecto. En fin, ya lo dije en su día… Kick-Ass es jodidademente fabulosa.

 NOTA  La coletilla esa de Listo para machacar que aparece en todas partes se la retiraron incluso antes de acudir al pase especial que montó Universal. Lo malo es que cosas como esta combinadas con internet se propagan como la peste. Ahora es raro encontrar alguien que hable de esta película simplemente como Kick-Ass… todo el mundo la cita indicando Kick-Ass: listo para machacar. Una pena. Esperemos que en su lanzamiento en DVD y Blu-Ray hagan olvidar por completo este innecesario subtítulo.

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Hay veces que es necesario darse un paseo por las salas de cine para ver las engañifas que las grandes productoras de cine perpetran, en este caso Screen Gems, filial de Sony Pictures. Este fin de semana, y tras varios meses de diferencia en comparación con su estreno en USA, ha llegado a nuestras pantallas una atrocidad llamada Legión (Legion, 2010) de Scott Stewart, un notable técnico de efectos especiales con una carrera envidiable a sus espaldas pero que en su debut cinematográfico como director ha parido lo que ha parido… una castaña de dimensiones obscenas, un truño apestoso, un producto tan incoherente y mal realizado que tras verlo te preguntas seriamente cómo diablos se ha podido gastar dinero en su distribución internacional, y puede que en su realización. Y claro, si luego ves que el bueno de Stewart además de dirigir se apunta a la compleja tarea de escribir un guión pues es el acabose.

Póster tableta de Legión con el protagonista dándolo todo
Póster tableta de Legión con el protagonista dándolo todo

El Apocalipsis está al caer. Dios ha perdido la fe en la humanidad y como está cansado de nuestra actitud decide enviar a sus emisarios, los ángeles, a acabar con todos nosotros. Pero si bien él ya no confía en nuestra redención, uno de sus lugartenientes, el Arcángel Miguel (Paul Bettany), sigue teniendo esperanza en los humanos y en la necesidad de que se nos otorge el perdón y una nueva oportunidad. Miguel a.k.a. Michael decide darse el piro y apostar por el equipo perdedor para hacer frente a una guerra entre el cielo y la tierra. A modo ángel caído, nuestro héroe se despoja de sus alas, visita un colmado chino donde hay más armamento que en la academia miliar de West Point y, ni corto ni perezoso, se pone en ruta para encontrar al salvador de nuestro tiempo. En ese mismo momento, en Paradise Falls, simbólico nombre para un bar de carretera en medio de ninguna parte, sobreviven con lo puesto el dueño, su hijo mecánico, el cocinero y una camarera, esta embarazada y futura madre de un vástago que se supone será el nuevo Mesías. Todo comenzará a ponerse grotesco cuando a una ancianita llegada para tomar un buen filete poco hecho le de por probar primero un buen trozo del cuello de uno de los contados clientes del local. Con la repentina llegada de Michael, todos se harán fuertes en el bareto y harán frente a la que se le viene encima… el Apocalipsis según Scott Stewart. De regalo unas de las frases de esta milongada.

– De pequeña le preguntaba a mi madre… ¿por qué Dios había cambiado?, ¿por qué estaba tan enojado con sus hijos? No lo sé, me dijo, mientras me miraba, quizás esté aburrido de tanta gilipollez

– Realmente no me gusta la cerveza. Howard era el cervecero de la familia

– Esta jodienda es un flipe

– Encuentra los profetas y aprende a descifrar las instrucciones

Desde hace ya muchos meses todos teníamos claro que Legión no iba a ser más que una serie B adornada con un reparto bastante sorprendente repleto de rostros con sobrada solera. Junto al mencionado en la sinopsis Bettany, gente como Dennis Quaid – amago de actor en las horas más bajas de su carrera -, Charles S. Dutton – otro conocido que tampoco levanta cabeza -, Kate Walsh, Lucas Black, Adrianne Palicki, Kevin Durand – el villano número uno en el cine moderno -, Tyrese Gibson, – de paso – o Doug Jones – genio de la transformación y un fijo si lo que buscas es dar forma a un monstruo impactante -, hacían pensar que la cosa podía estar medianamente bien y cumplir pese a hacer uso de una formula manida pero que siempre funciona. Lo malo es que cuando una serie B pierde fuelle esto significa que comienza a rozar la peligrosa Z. No digo con esto que Legión sea patética, pero se acerca más a este nivel de calidad que a algo menos doloroso. Realmente cuesta saber donde se han invertido los 26 millones de presupuesto, porque lo que debería ser un film con una trabajada carga de efectos especiales, aunque sean modestos, apuesta más por los diálogos, el 99% sonrojantes, los planos interminables de bombillas y las situaciones más inusuales, todo el mundo fuma en modo malote y el resto no se cansa de decirles que es malo fumar.

Era sabido que Legión sería un film de andar por casa y que como tal bebería de los tópicos del cine… lo malo es que más que beber acaba por emborracharse con ellos. Vamos, que ninguno de los personaje logra romper con el esquema para el que ha sido definido. El fracasado tapado que finalmente se encumbra como gran héroe salvador, los actores negros cuyos destinos estaban escritos en los anales del cine de serie B, y un largo etcétera. Sumemos a esto diálogos que lo único que pretenden es dar a conocer unos personajes que importan bien poco y una sobrecarga de chorradas que dejan lo que realmente debería ofrecer el film en un inmerecido segundo plano. Porque si, Legión prometía acción, prometía enfrentamientos entre humanos y criaturas, prometía de todo… y lo que termina dando es un exceso de charla banal, completamente carente de interés e irrisoria. Pero bueno, no todo es patetismo. También tenemos algo llamativo y loable. El único enfrentamiento real entre ángeles lo protagonizan Bettany y Durand. Un notable combate entre un Michael armado con ametralladoras y escopetas recortadas haciendo frente a un Gabriel armado con sus alas blindadas y cortantes, o una especie de batidora / maza medieval que logra que el respetable muestra un amago de sonrisa y convencimiento de que esto pudo ser mucho mejor. Se supone que esto iba a ser la primera parte de algo más. Por calidad deberían olvidar la posibilidad de una segunda parte, otra cosa es lo que indique el haber recaudado más de 60 millones desde su estreno… si no lo veo no lo creo.

Y aquí no termina esto. Scott Stewart está apunto de completar Priest (2011). Supuesta adaptación del manga de Min-Woo Hyung. No se yo si debemos esperar algo como esto o incluso peor. Crucemos los dedos…

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Si lo que buscas es una análisis pormenorizado de teorías acerca del final de "Perdidos" ("Lost", 2004-2010) pues probablemente este no sea la entrada más interesante para leer. La verdad es que no elucubro, no pretendo justificar y más bien ofrezco lo que he querido entender con esta serie y hacia donde se nos quiso llevar siempre desde un principio.

The End of Lost

La verdad, nunca me he planteado hablar de series, ni salvo esta ocasión creo que lo vuelva a hacer, pero han sido algunos los que me lo han pedido y, tras 5 largos años – por lo menos en mi caso -, el final de una de las series que he seguido con más entusiasmo ha llegado a su fin. Fue en verano del 2005 cuando gracias a TVE descubrí esta sorprendente creación de J.J. Abrams, Jeffrey Lieber y Damon Lindelof. En este tiempo, y tras ponerme al ritmo USA desde el inicio de la segunda temporada, he asistido con extrema dedicación y devoción a la evolución de la historia de un grupo de personas en una isla misteriosa donde los poderes místicos, las guerras tribales, las investigaciones científicas setenteras y los viajes en el tiempo, o a través de universos paralelos, se conjugaban perfectamente para ofrecernos una historia fantástica, llamativa y brutalmente embelesante. ¿Era eso lo que de verdad se pretendía?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

Un millón de macguffins

Pues no, lo realmente bueno de Perdidos / Lost es el arte con el que Abrams, Lieber y Lindelof han vestido un serial de 6 temporadas donde lo que verdaderamente importaban eran los personajes, sus temores, las decisiones que tomaban, sus relaciones personales y la vitalidad con la que se enfrentaban a nuevos y extraños retos. La asimilación de su destino y misión, o los cambios a los que se vieron abocados, era lo realmente importante y sobre lo que todos deberían haber entendido que iba la serie. El resto de cosas que han acontecido a lo largo de 121 episodios son simple y llanamente la base de como conciben el cine sus creadores. Ya lo adelantó en su día J.J. Abrams en una notable charla titulada "Mistery Box" concedida al programa TED, y que recomiendo ojear una y otra vez. Abrams dejó claro ese día que su punto de partida para toda creación cinematográfica era el uso del macguffin, ese concepto narrativo ideado por el genio Alfred Hitchcock y que juega con que toda la narración debe girar entorno a un elemento que el espectador considerará importante pero que para el narrador no lo es en absoluto. Más aún, si bien el término implica la motivación de los personajes y de la narración de la historia que protagoniza, Abrams, Lieber y Lindelof han incitado al público a investigar, a montarse paranoias, a darle vueltas a ideas que, en realidad, carecen por completo de relevancia para el fin que se pretende. ¿A quién le importa el aspecto de Harry en Pero… ¿quién mató a Harry? (The Trouble with Harry, 1955) o cómo es y si está verdaderamente el cadáver en el baúl de La soga (Rope, 1948)? Pues a nadie. Lo más grotesco, por excesivo y sobrecargado – pero léase en sentido positivo -, es que Abrams, Lieber y Lindelof han parido un gran macguffin, o más bien una unión de miles de macguffins. ¿Y todas las preguntas que se dejan en el aire?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

Personas y relación

¿Quién es Jacob?, ¿y el hombre de negro?, ¿y la madre de estos?, ¿para que está ahí la isla?, ¿qué es Dharma y como llegó a está?, ¿desde cuando están ahí los Otros?, ¿por qué rayos Widmore quiere regresar a cualquier precio?, ¿y el oso polar o el caballo?, ¿y la secuencia numérica que tanto nos ha gustado recitar?, ¿y los símbolos egipcios?, ¿y la casa de madera de Christian, el primer templo derruido, la gran estatua, el barco en el que llegó Richard o los poderes de regeneración de las aguas de la morada de los otros Otros?, ¿y los viajes en el tiempo? Pues todo esto no debía interesarte lo más mínimo. Sí para conjeturar, para imaginar, para sacar conclusiones personales y trabajadas, para discutir con los amigos o para alucinar un rato largo. Pero para nada más. Teorías hay decenas, centenas o incluso millares. Muerte, purgatorio, fantasía, destino. Estudios enrevesados, fabulosos en toda su amplitud y que te dejarán con la boca abierta como los que se trabaja con brutal esmero Pedro Jorge Romero son piezas clave para comprender un poco más de los infinitos secretos de la serie. Pero para mi esa no es la intención de Perdidos / Lost, el verdadero leitmotiv no son más que las personas, sus relaciones, sus importantísimos vínculos y el sorprendente destino de redención que les acaba alcanzando a todos ellos. ¿Qué nos queda de este gran grupo?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

Personajes

No lo voy a negar, hacía tiempo que una serie no me emocionaba tanto. Será por el apego hacia los protagonistas, por el tono triste y melancólico de toda la serie o su conflictivo final. Será por llevar tanto tiempo al pie del cañón pendiente de si Jack tendrá el valor suficiente para tomar esa decisión, de si Sawyer acabaría mostrando que no todo es indiferencia y socarronería, de si Kate sería capaz de enfrentarse a sus miedos, de si Desmond seguiría marcando la mayor de las diferencias pese a ser presentado como un personaje secundario, de si Hugo valdría realmente su peso en oro o si Locke acabaría ocupando el puesto que siempre deseó. Pues con el cierre de Perdidos / Lost uno ya comienza a echar de menos a todos sus protagonistas y las tensas o emotivas situaciones que protagonizaron. La realidad es que algunos permanecen en nuevas series, otros darán el salto al cine y muchos desaparecerán tristemente, pero lo que está claro es que la intensidad que les han otorgado a sus papeles los guionistas será difícilmente alcanzable hagan lo que hagan. Todo actor debería tener en su carrera esa oportunidad de destacar. El reparto completo de esta serie ha tenido la ocasión, la ha sabido aprovechar y ha ofrecido lo mejor de si en ella. Porque, para más INRI, esta vez no ha ocurrido como con otras series donde todo se centra en dos, tres o cuatro personajes. No, Perdidos / Lost ha sido una obra coral, donde esos pocos minutos de cualquier personaje se tornaban en vitales para el destino de nuestros protagonistas finales. ¿De verdad se ha terminado la serie?

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¿Y ahora qué?

Pues solo nos queda mirar hacia adelante, darnos cuenta que hemos visto una gran producción, de un nivel singular, y que tenemos la ventaja de poder volver al verla porque un segundo, o tercer, visionado nos hará entender cosas que al principio no comprendimos, teorizar complejos argumentos científicos o leer entre líneas para descubrir secretos ocultos. Perdidos / Lost ya es un mito, una obra de culto con cientos de miles de fans, por no decir millones, que será recordada y que podrá ser recuperada para entender mejor lo que se nos ha querido mostrar. La verdad, creo que no vale la pena romperse la cabeza y cabrearse porque no me ha mostrado eso o aquello. El final es el mejor que se le podía poner, de hecho no caben muhcas otras posibilidades que, sin dudarlo, resultarían más disparatadas. Ha sido perfecto, como debe ser un final, suficientemente clarificador y sobresaliente en su adiós.

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