Opinión


Voy a optar por saltarme eso de publicar mini reviews en orden y aparezco hoy domingo con el hit que está golpeando con ganas en Sitges 2014… estoy hablando de The Guest (2014), la nueva película del dúo Adam Wingard, director, y Simon Barret, guionista… joder, que no paren! He podido ver, en un Auditori hasta la bandera, una de las obras más esperadas de la edición de este año y esta ha cumplido con creces y más. Al igual que ocurriera con Tú eres el siguiente (You’re Next, 2011), Wingard y Barret se sacan de la manga una pieza maestra y a visionar una y mil veces. Un film que no viene a innovar nada si hablamos de cine de acción, pero que vuelve a ofrecer un giro genial a un género que llevamos mamando muchísimos años. Sin pretensiones crean a Daniel, un personaje perfecto encarnado por Dan Stevens, que desprende múltiples esencias como perfecta educación, presencia más que agradable, un saber estar que tiene a todos contentos, o ese carisma que define perfectamente al rey de la fiesta. Todo esto establecería el nivel superlativo de persona ideal que debería pasar a formar parte de tu vida. Pero Wingard y Barret ocultan no un as bajo la manga… medio millón diría yo! Un as de fabulosa molancia, uno de gamberrismo, el especial de dureza, el de chulería macho alfa y los que queráis imaginar. Decoremos la película con un reparto corto pero perfecto con Maika Monroe, superior, Brendan Meyer, Sheila Kelley, Lance Reddick o Leland Orser, y remátalo con una banda sonora electrónica, mucha luz de neón, y de nuevo Dan Stevens, sonriendo todo el rato el muchacho te gana con su cara. Así es The Guest… o THE BEST!

Cartel de The Guest de Adam Wingard
Cartel de The Guest de Adam Wingard

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El mundo de las rarezas insondables tiene en Under the Skin (2014) de Jonathan Galzer un nuevo ejemplo a tomar. No voy a decir que me quedado absorto ante tal magnificencia hecha cine pero tampoco que estamos ante la mayor mierdaca cinematográfica del año. La película en la que Scarlett Johansson se ha aventurado a enseñarnos el parrús pasa por ser una especie de viaje grotesco y gelatinoso protagonizado por una alienígena que se dedica a dar caza a incautos solteros a los que no les intriga que una tía guapa y con un cuerpo harto deseable les invite de buenas a primeras a mojar el churro por que yo lo valgo. Ojo, igual es que exuda algo que acaba atrapando o secando el seso de sus víctimas, pero salvo uno, el resto acaban picando el anzuelo y dándoselas de rey de la noche que se va a tirar a una morena de curvas sinuosas así de buenas a primeras. De ahí saltamos a la duda de la propia protagonista, al cambio de papeles, el ansia de sentir y verse como una presa, hasta un desenlace si cabe más raro que todo lo que hemos visto antes. En fin, curiosa pero poco más, se puede ver por eso de darle un rato al cine arrítmico y, esto el que no lo reconozca es un mentiroso, por ver a la Johansson como dios la trajo al mundo… prueba superada. La banda sonora de Mica Levi te martillea el coco cosa fina.

Cartel de Under The Skin con Scarlett Johansson
Cartel de Under The Skin con Scarlett Johansson

 

Hace ahora un par de semanas pude ir al cine a ver Boyhood (Momentos de una vida) (Boyhood, 2014), la última película del curioso y peculiar Richard Linklater, y de paso una de las más sonadas sorpresas de este año cinematográfico… o eso prometía tras su presentación en Sundance o su pase en la Berlinale. Sentarse en una butaca y ver Boyhood podría, con respeto, extrapolarse a similares experiencias en otros medios como por ejemplo seguir una serie de televisión que al modo “Cuéntame cómo pasó” (2001-¿?) te narre la vida de una unidad familiar durante un buen número de años, centrándose en la normalidad y evitando todo sea dicho las peripecias, los absurdos y las situaciones imposibles, o leerse alguna saga literaria donde el protagonista crezca y madure a lo largo de la narración sin interés por contarte nada en especial, sencillamente cómo pasa el tiempo y cómo cambia o permanece su entorno. El punto diferente, ese que otorga a Linklater el resultar especial, consiste en aglutinar a lo largo de tres horas esa normalidad, la vida de cualquiera de nosotros en pantalla grande con el detalle de que los personajes han ido creciendo, cambiando y evolucionando a lo largo de los 12 años que ha durado esta aventura cinematográfica.

Linklater saca todo el jugo a veteranos como Ethan Hawke o Patricia Arquette, que se adaptan al rol por ser quienes son, y se sirve, muy arriesgada la jugada, de la autenticidad de Ellar Coltrane y su propia hija Lorelei Linklater. El caso del primero es de esos que vale la pena denominar como uno entre un millón ya que Coltrane crece, pasa por diferentes etapas de su vida y se muestra de forma natural ante el reto de haber rodado algo durante el tiempo meditado por Linklater. No hay nada especial en el film. Situaciones tan habituales como vivir en un sitio y un día tus padres encuentran un nuevo destino en otra ciudad y a mover todos los bártulos (ni te lo planteas), ese trabajo de verano con el que te sacas unas perras para algún capricho, salir de noche con tus amigos y tomarte unas copas, esa chica que te gusta, las discusiones en casa, el día que terminas el colegio o el que te vas a la universidad… en fin, una vida normal, sin nada fuera de lo corriente pero que con el personaje encarnado por Coltrane como centro de las miradas se hace especial e incluso natural. El lado opuesto sin embargo es el de la buena de Lorelei. Si bien con el "hijo" Linklater logra explotar un personaje verdadero aunque con poca sangre, no todo el mundo es hiperactivo y una fiesta toda su vida, la "hija" le sale rana, o no. Bueno o malo Lorelei es de una forma en su infancia y de otra en su adolescencia. Parece que de estar encantada pasó a odiar la idea, pero ese punto juega a favor del film dejando claro que los introvertidos también pueden funcionar en un conjunto narrativo como este.

En definitiva, una película diferente, puede que demasiado normal y nada elocuente. Al final es como ver esos álbumes de fotos familiares que están casa de nuestros padres y en donde podemos recordar una buena parte de nuestra vida.

Cartel de Boyhood...
Cartel de Boyhood…

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Que Luc Besson, padre de Nikita, dura de matar (Nikita, 1990) o León: el profesional (Léon, 1994), regrese al cine de acción con Scarlett Johnasson como protagonista en Lucy (2014) pues es innegable que nos debería llamar la atención. Además, el metraje visto hasta el momento, ese que nos cuelan en trailers y clips promocionales, ha llenado nuestras expectativas de cara a una aventura intensa, llamativa y con una trama no muy original si miramos hacia Sin límites (Limitless, 2011), pero siempre curiosa. Todo muy bonito si no fuera porque la cosa cambia cuando la tostada cae por el lado inadecuado. Seamos serios, o es que me estoy volviendo un inconformista o no le pillo el chiste, pero con sólo ver los 5 minutos iniciales de film uno se pregunta… Besson o nos trata de tontos o se ríe directamente del espectador. Así de claro. ¿En serio es necesario explicarnos lo que estamos viendo con referencias de la "vida cotidiana", aunque esta sea más propia de National Geographic, cada dos por tres?, ¿nos considera tan mendrugos?

En fin, salvando este escollo, uno acaba por acostumbrarse para tratar de justificar el gasto, es inevitable no olvidar que la cosa ha arrancado con pie izquierdo y si bien la premisa de lo que se nos cuenta mola, una droga cuyos efectos secundarios, los provocados por su consumo más que extremo, hacen en el que los toma un efecto totalmente desconocido hasta el momento… el uso de nuestro cerebro hasta niveles invaluables, el desarrollo va un poco caída en picado. Lo dicho, suena a Sin límites pero aquí Lucy aporta su granito de arena, y presenta a una joven con pocas luces que se ve forzada a una situación bastante desagradable: trabajar de mula para distribuir una nueva droga. Pero claro, Besson insiste erre que erre en una premisa que no deja de ser un falso mito y que es eso de que la raza humana usa poco más del 10% de su cerebro. Se repite más que el ajo y apoya todo lo que cuenta en una falsedad, por lo tanto… ¿nuevamente se ríe de nosotros o nos considera nuevamente lo suficientemente idiotas como para colárnosla otra vez?

Si aceptamos barco, no nos queda otra porque en caso contrario lo mejor es darse el piro y siendo realista estamos ante un film de ciencia ficción de igual corte que el que inventa un suero de supersoldado o transforma a un fulano en un gigante verde al exponerlo a radiación gamma, el despiporre de Lucy desencadena una vorágine de situaciones increíbles dentro de su propia concepción. Con un 20% de su cerebro en uso el personaje encarnado por la Johansson es capaz de alterar los impulsos eléctricos de objetos a miles de kilómetros de distancia – Taipei vs. París -, cambiar su apariencia física (al menos el color de su pelo y sin tintes), o leer unas 10.000 páginas de temática cerebral escritas por el científico al que pone voz y rostro Morgan Freeman y entender de qué va el tema. Claro, luego el tránsito del 20 al resto de porcentajes no aportan grandes diferencias, o no las demuestra, salvo por conducir de forma alucinante, juguetear con "conexiones" en el aire o hacer mutar el film en Matrix con Lucy / Neo haciendo de las suyas.

Y la cosa sigue, ya no sabes si en serio o en broma, si es que Lucy es una tipa superinteligente o si va tan puesta de droga que lo que vemos es lo que ella percibe creer. Secuencias de acción sin mucho sentido, ese ataque a la universidad es como poco rocambolesca, una nueva violación de la propiedad de otra película como Akira (1988), o minutos y minutos de Big Bang, paranoia, psicodelia, supernovas, etc. Diálogos de traca, la conversación telefónica en el hospital entre Lucy y su madre se las trae, que Lucy no demuestre en ningún momento la capacidad de hablar coreano desde el momento en el que está poseída por la droga esta, y mil más. Si te la tomas en broma hasta te puedes reír de lo absurda y chorra que es, pero dudo que Besson haya pensado esto de Lucy y su plan era más metafísico de lo que en el fondo percibimos los espectadores.

Respecto al reparto pues Scarlett Johansson bien, muta de crédula metida en un lío de los que meten el miedo en el cuerpo a ser un especimen insensible que por otro lado es perfectamente consciente de su destino y no por ello se amedrenta. El resto pues ni fu ni fa, Morgan Freeman en su línea o Min-sik Choi pues cumpliendo el expediente.

Cartel de Lucy
Cartel de Lucy

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Paramount sigue explotando con éxito los archifamosos y molones juguetes de la factoría Hasbro y Takara Tomy. Han pasado ya unos cuantos años y, si bien las cosas no han cambiado tanto como se esperaba, la fórmula sigue siendo perfectamente válida si ponemos sobre la mesa el dato de que pese a invertir en el producto 210 millones en estos momentos el estudio se ha embolsado la friolera de 1.032 a nivel mundial, aunque el mercado USA estamos ante la peor recaudación de todas las películas hechas hasta el momento. Pero bueno, dejando de lado esta frivolidad, aplica eso de poderoso caballero es don dinero, regresan con mucha fuerza las criaturitas en Transformers: la era de la extinción (Transformers: Age of Extinction, 2014), otra vez con Michael Bay a la cabeza y unos cuantos giros a aplicar a la historia conocida durante, eso si, unos extremadamente largos 165 minutos de película. Que si, que alguno dirá que es una gran pasta y por lo tanto todo vale, pero al igual que otras franquicias que pululan por ahí el dinero no está íntimamente relacionado con la calidad y esta tampoco se libra.

Bay ha renovado no se si con muchas ganas gran parte del equipo y tras cerrar la etapa que protagonizaron con éxito Shia LaBeouf, Megan Fox y otros como John Turturro, Tyrese Gibson o Josh Duhamel, podríamos discutir muchas cosas, ahora es la oportunidad de Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Stanley Tucci o Kelsey Grammer, amén de la aparición del molón Titus Welliver. En fin, ni mejores ni peores, sencillamente diferentes… ¿o puede que demasiado iguales? El tema es que el adorno actoral, como siempre, se ve nuevamente iluminado por todo lo que Michael Bay significa, y esta vez tan recalcado que hasta parezca que lo haga en modo automático. Sus planos a cámara lenta, su uso de colores, brillos y contrastes extremos, sus composiciones al atardecer donde se quema la imagen y sus movimientos rotantes de cámara entorno a un punto fijo mientras todo lo demás se desplaza… ese modelo de cine conocido como Bayhem. Sumadle ahora todo lo más grande y destructivo que os podáis imaginar. Bay además encuentra en Peltz una suerte de nueva Fox, esta se nos queda en 19 cuando la otra tenía sobre 22 si bien en la película rezan que tiene 17 – lo que resulta chocante con lo calenturienta de la muchacha y lo extraña que es la relación que mantiene con su padre -, al tiempo que pone sobre los hombros de su inseparable Wahlberg, padre peliculero de Peltz, el peso del protagonismo humano, con permiso de Tucci, equivalente cómico de Turturro y probablemente lo mejor de la película, o Grammer, villano inusual y bastante poco creíble.

El resto es más de lo mismo, miles de transformers pululan por el planeta mientras una unidad paramilitar les da caza para poder crear otros transformers haciendo uso de un metal salido de los robots y que han bautizado como transformio, olé, al tiempo otros transformers espaciales que hacen tratos con humanos desean cobrarse algún trofeo… Optimus Prime por poner un ejemplo. En medio del fregado odio humano hacia los transformers en general, odio transformer hacia los humanos en general y odio transformers hacia los transformers en general. Un cristo bendito donde para mantener la equivalencia a films previos un reducido grupo de población, 3, acaba transformada, tenía que decirlo, en la unidad salvadora de la humanidad porque, todo sea dicho, les ha pillado de camino y tienen ese sentido de la responsabilidad inculcado. El resto pues la fórmula de siempre: acción a raudales marca de la casa, con más pirotecnia que nunca y unos robots excesivamente humanizados si exceptuamos al mencionado Optimus y al callado Bumblebee. La historia de Ehren Kruger no aporta nada nuevo, ni creo que lo pretenda, ya que estamos ante un producto de estudio que viene a hacer lo que le han mandado… recaudar dinero.

¿Y cuál es el problema a todo lo contado? Pues el exceso, el tratar de hacer un film extremo que dura casi tres horas y del que cuando esperabas extenuado de tanta hiperactividad que la cosa tocaba a su fin, el clímax de la película dura por lo menos una hora y eso es inaguantable, va y regresa con un acto final nuevamente agotador, en China, donde no hay tiempo ni para tomar el aire. Ah, y como lo grande mola pues te sacas de la manga los infrautilizados Dinobots y más epicidad, de esa que hasta te sale por las orejas. Ah, y ojo al dato porque nuestro héroe Cade Yaeger (Wahlberg) es capaz de aguantar el peso de un transformers con sus brazos al tiempo que blande una espada en un combate tras haber caído de mil millones de sitios y tener el cuerpo digo yo que algo machacado.

Michael Bay y su Transformers: la era de la extinción
Michael Bay y su Transformers: la era de la extinción

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Hay veces que uno no puede resistirse a las oportunidades y, aunque me la volveré a ver doblada esta nueva semana, el pasado sábado acudí raudo y veloz a la sala BFI IMAX 3D de Londres, 17,9 libras del ala, para disfrutar en versión original de Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014) de James Gunn en formato king size, todas las dimensiones posibles y con sonido modo potencial sordera. ¿Impresión general? Pues que queréis que os diga, película genial de principio a fin con acción suprema, efectos atronadores, personajes fabulosos, diálogos de comedia macarra y un sin fin más de detalles que hacen de esta apuesta de Marvel Studios el acierto de la temporada y una franquicia más con futuro envidiable para anotar en su agenda.

Guardianes de la Galaxia es un éxito sin contemplaciones, y mucho de ese logro se encuentra en haber apostado por un director sin complejos como James Gunn, a recuperar Slither: la plaga (Slither, 2006), la reciente Super (2010) o su serie "PG Porn" (2008-2009), al que se ha arropado con una promoción perfecta tanto de forma independiente como siendo parte del universo cinematográfico de la compañía comiquera. Obviamente con  control, Gunn ha tenido permiso para momentos, detalles y gestos que demuestran que aun se puede ser un poco gamberro aun estando bajo la atenta mirada de un gran estudio y una no menos importante inversión. El estilo del director está presente y se ve claramente en el manejo y libertad de ese reparto que encabeza un tipo con carisma infinito como Chris Pratt, impagable versión cinematográfica de Peter Quill AKA Star Lord y ejemplo extremo de lo que habría sido un Han Solo pasado de vueltas. Junto a Pratt, da la sensación de que se lo pasa teta encarnando al héroe, tenemos a los impagables Rocket Raccoon (Bradley Cooper) y Groot (Vin Diesel), una suerte de R2D2 y C3PO versión Marvel que se hacen tan necesarios y cruciales en la historia como lo fueron los míticos robots en la saga galáctica. Los terceros en discordia son Drax el destructor, papel en manos de la mole Dave Bautista y un enfoque inesperado del personaje navegando este entre la brutalidad vengativa y el tomarse todo tan al pie de la letra que de tan ridículo que está uno se parte de la risa, y Gamora, perfecta en todos los sentidos Zoe Saldana, mujer de bandera que la pinten como la pinten da gusto verla.

La película sigue además un desarrollo bastante simple presentando el breve origen del protagonista, saltando en el tiempo a su madurez y de ahí, primeros chascarrillos incrustados ya en nuestras retinas y oídos, al momento cumbre en el cual las vidas de Star Lord, Gamora, Rocket, Groot y Drax se cruzan. Todo muy bien enlazado y sin tiempo a un respiro saltamos de una secuencia divertida a una de acción, a otra emotiva, nuevamente acción, más cachondeo padre, etc. Vamos, una montaña rusa de sensaciones que tocan todas las teclas necesarias para que este Guardianes de la Galaxia esté más cerca de los puntos cómicos del Iron Man que encarna Robert Downey Jr. que de la solemnidad del Thor de Chris Hemsworth. Y este es su punto fuerte, o al menos el que Marvel Studios quiere aprovechar en muchos de sus productos. La comedia llama y si es bien manejada, aquí James Gunn sabe del tema un rato largo, se mezcla perfectamente con cualquier otro género base como, en este caso, la ciencia ficción y el mundo comiquero. Lo que quizás llama más la atención es la poca presencia, aparecen pero no hacen grandes alardes salvo en la recta final, de Ronan el Acusador (Lee Pace) o incluso Nebula (Karen Gillian), pero por otro lado hasta queda bien la cosa así. Cuando hay que aparecer lo hacen y van a tiro fijo, sin medias tintas dándolo todo para decorar más el producto final.

Como extra comentar que Guardianes de la Galaxia abre de par en par esa nueva puerta en el basto vasto universo Marvel. Esto ya estaba advertido, pero se ponen sobre la mesa múltiples guiños que vinculan su desarrollo con acontecimientos vistos en otros films de la aventura que nació en el 2008. ¿Pueden cruzarse los destinos de los Guardianes con los Vengadores o por ejemplo el futuro Doctor Strange (2016)? Pues claro que si aunque siendo realista se me haría francamente difícil ver un crossover tan inmenso en cines. Eso si, cameos, encuentros fortuitos o alguna otra cosilla son cosas que quedan patentes ya no sólo con la presencia de Thanos (Josh Brolin), si no con otros elementos que uno puede divisar visitando con cuidado la sala de objetos de El Coleccionista (Benicio del Toro). El colofón a todo lo que vemos lo ponen unos efectos visuales francamente alucinantes, excelente viaje galáctico por varios planetas donde las secuencias de Nowhere y el desenlace son de aúpa, y la banda sonora, repleta de temas icónicos de los 60 y 70. La idea de regar las dos horas de metraje, hay que ver desde el minuto 0 hasta el 122, con temas como el Hooked on a feeling de los HH o el DD de CC es un aire más de frescor que aporta una dinámica inesperada y todavía más reconocible por el espectador.

En definitiva, Guardianes de la Galaxia se pone, aquí no me corto, al frente de los proyectos Marvel Studios en cine. Entretenimiento puro y duro, blockbuster veraniego y pieza a revisar por todo lo que en ella se nos oculta. Ah, hay secuencia final… inesperada.

Cartel IMAX psicotrópico de Guardianes de la Galaxia
Cartel IMAX psicotrópico de Guardianes de la Galaxia

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"Homo homini lupus", lo que significa que el hombre es un lobo para el hombre. No sabría cómo modificar esta locución para adaptarla a El Amanecer del Planeta de los Simios (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), mi latín no es nada bueno, pero este acertado concepto, perfecto si me apuráis, es la base tomada por Mark Bomback, Rick Jaffa y Amanda Silver, para plasmar en cines un magnífico segundo episodio de este renacimiento de la obra literaria creada por Pierre Boulle y adaptada originalmente para el cine por los maestros Michael Wilson y Rod Serling. Entretenimiento absoluto y una excelencia de poco más de dos horas, esto es lo que ha realizado Matt Reeves tras aceptar el reto y tomar las riendas que estuvieron en manos de Rupert Wyatt hace unos años. A modo tragedia griega o shakesperiana, El Amanecer del Planeta de los Simios es en una generosa parte de su metraje un viaje a la formación y evolución de esta nueva sociedad que dirige Caesar (Andy Serkis), al tiempo que divisamos el ocaso en el que la raza humana ha caído de forma inevitable tras el letal golpe recibido por la denominada gripe de los simios.

Han pasado 10 años desde los acontecimientos contados en el film que protagonizaba James Franco y, tras la pertinente introducción que enlaza con los títulos de crédito de El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes, 2011), los simios se han establecido más allá de los bosques de secuoyas de Muir Woods. Vemos cómo cazan, conocemos su organización, descubrimos las bases de su educación, sus reglas y cómo conviven… "simio no mata simio". Secuencias intensas, entrañablemente humanas y que sirven para documentarnos de alguna forma en esta ficción que se podría llegar a catalogar como de valor antropológico. Pero como en toda sociedad (pasada, presente y futura), no habría evolución sin catarsis y desencadenantes, así que un reencuentro con la raza humana, una segunda parte del film donde se nos presenta una nueva relación y un nuevo brote de amistad entre humanos y simios, harán aflorar odios pasados y viejos temores que derivarán en la lógica lucha que tiende a provocar que viejas asperezas, jamás olvidadas, renazcan. De ahí se da el salto a un tercer acto donde no hay descanso, completamente desenfrenado (aquí se pone en marcha el concepto blockbuster mainstream) y en el cual se desmoronan los claros intentos de Caesar por evitar lo inevitable… algo muy humano esto de tener ideales utópicos difícilmente realizables.

Junto a todo lo comentado el despliegue técnico. Nuevamente debemos sumar a las interpretaciones de Andy Serkis o Toby Kebbell, ojito a Koba, el trabajo, sencillamente alucinante, de Weta Digital. Sus efectos visuales, que ganan en intensidad gracias a lo lúgubre y apocalíptico del futuro que muestran merced a una escenografía escalofriante y una fotografía superior (obra de Michael Seresin), son sobrecogedores llegando en muchos momentos a dudar sobre la artificialidad de los personajes CGI… joder con los rostros de los simios y como aguantan los primeros planos. La expresividad, los movimientos, las reacciones, pura simbiosis con el entorno y con los actores reales con los que comparten pantalla como son Jason Clarke, muy notable y el representante más destacado del adiós a la humanidad, Keri Russell, Gary Oldman o Kirk Acevedo. La película, superior a su predecesora, engancha, entretiene con descaro y, esto es un puntazo, emociona. Remata la jugada la banda sonora de un Michael Giacchino, se te encogerá el corazón, que sabe como nadie aportar ese gran impulso en todos los momentos donde la intensidad necesita ser magnificada.

En definitiva, uno de los blockbuster del año y puede que el del 2014. Al menos va más allá que el resto y se mete en detalles poco comunes cuando lo que pretendes es invertir mucha pasta y recaudar más todavía. Mostar la evolución de una nueva sociedad (apuesta personal de Reeves por lo que contó hace unos días), proponernos sus primeros debates morales, las decisiones tomadas (acertadas o equivocadas) y combinar todo junto a sambenito de película de entretenimiento asegurado parece algo francamente complejo en el Hollywood de hoy en día… pero mira, Matt Reeves lo ha hecho, que el resto le imiten a la de ya.

Cartel español de El Amanecer del Planeta de los Simios
Cartel español de El Amanecer del Planeta de los Simios

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Hay que arriesgarse, ser original y jugar por ideas no exploradas, que ofrezcan innovación y que desafíen de tanto en tanto al espectador. Un buen ejemplo de esta apuesta es Open Windows (2014) de Nacho Vigalondo, la notable aunque extenuante, por el esfuerzo de atención que exige, nueva incursión de uno de los destacados directores de esa generación a la que dan forma gente como Eugenio Mira, Juan Antonio Bayona, Jaume Collet-Serra o Jaume Balagueró. Open Windows es además un ejercicio tecnológico encomiable, un thriller acoplado a la generación de internet que redefine el concepto metraje encontrado para apoyarse por completo en los medios disponibles que nos rodean y así guiar al espectador por la aventura que protagonizan Elijah Wood y Sasha Grey.

El poco prolífico director, hacer cine en este país es casi tanta aventura como la que sufren Wood y Grey, vuelve tras la fantástica Los cronocrímenes (2007) y la divertida y marciana Extraterrestre (2011), dejando claro que los retos tecnológicos no le asustan al dedicar incontable tiempo a una fase de post-producción y montaje que ha debido ser harto más compleja que el rodaje en si. El proyecto es digno de ligas mayores y otra vez Vigalondo pone todo su esfuerzo en una titánica tarea a la que decide dar mil y una vueltas para así llamar la atención. En Los cronocrímenes nos desafiaba con la paranoia temporal y las paradojas, en Extraterrestre un macguffin de dimensión inclasificable servía para contar algo completamente diferente, en Open Windows el reto es el montaje, el aroma Alfred Hitchcock / Brian De Palma que ya usara Eugenio Mira en su Grand Piano (2013) está muy presente, u omnipresente, y pone sobre el espectador la obligación de hacer un esfuerzo extra para seguir la trama al viajar una gran parte del metraje por el escritorio de un ordenador y las muchas ventanas abiertas que nos cuentan la historia. Este esfuerzo no obstante puede ser un problema, porque la obligada atención debida al constante cambio de foco de la acción te deja cansado y por momentos te descontrola al obligarte a ordenar y recordar múltiples acciones previas recientes. Pero ojo, ahí radica su originalidad y su encanto, no es algo habitual y estos retos son los que molan.

El resto pues correcto, Elijah Wood es Elijah Wood, un actor reinventado, que ha sabido pasar página de sus viejas aventuras por la Tierra Media y que no para de sorprendernos con el giro que ha dado a su carrera… Maniac (2013), la mencionada Grand Piano, "Wilfred" (2011-¿?), la futura Cooties (2014) y su incursión en la producción con el sello Spectrevision. Sasha Grey sensual, perfecta actriz de producciones del calado de la imaginaria Dark Sky, y que convence como sufrida paciente del extraño villano encarnado por Neil Maskell. Y no hay más, Vigalondo en esto es un fuera de serie, en Los Cronocrímenes la cosa quedaba entre 3 actores, en Extraterrestre eran 3 principales y dos complementarios, en Open Windows la cosa vuelve a 3… todo más teatral y coral… La soga (Rope, 1948), Ventana indiscreta (Rear Window, 1954), etc. Merece mucho la pena verla si lo que buscais es algo completamente diferente.

Elijah Wood, el Nick Chambers de Open Windows
Elijah Wood, el Nick Chambers de Open Windows

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El pasado 25 de junio, el 13 en la plataforma Digital HD, salió a la venta Monuments Men (2013), la última película dirigida por George Clooney donde se cuenta la historia real, aunque el guión esté inspirado en una obra literaria de Robet Edsel, de un peculiar comando que a finales de la Segunda Guerra Mundial se adentró en las líneas enemigas para poder rescatar todas aquellas obras de arte que Hitler había ido recopilado en su proceso de expansión y así devolverlas a sus legítimos propietarios.

Protagonizada por actores míticos y de gran estampa como el propio Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman o Cate Blanchett, aunque también podemos ver al oscarizado Jean Dujardin y a veteranos de rostro conocido como Bob Balaban o Hugh Bonneville, hay que rendirse a la evidencia de que algo falla en el producto final y las piezas no encajan. Es innegable que Monuments Men lo tiene todo, unos mimbres con primeras figuras, una historia diferente, atípica y que puede dar mucho de sí, o una escenografía superior, de vieja escuela y que pone de nuevo el foco sobre esa dura etapa de la historia mundial pero que tanto juego ha dado al mundillo del cine… pero algo falla en el conjunto final.

No sé si será por el errático montaje que descoloca al espectador moviendo personajes sin ton ni son por diferente entornos en los estertores de la gran guerra, o si por el guión, tedioso y poco entretenido merced a una serie de historias que no llegan a embaucarnos, pero es innegable que la desgana del producto final es notable. Ni los actores se ven cómodos, ni su encarnaciones provocan un atisvo de empatía… nada. Ves, te informas del hecho, que es singular y muy llamativo, pero ni los atrevimientos con pintorescos momentos cómicos o la inclusión de pesos pesados de la caricatura como Murray logran levantar este avión que parece que no llegue nunca a despegar.

Al menos sirve para volver a probar Digital HD, una plataforma que apuesta por la clara necesidad de adaptarse a los nuevos medios a precios, si hablamos de estrenos, competitivos.

Cartel español de Monuments Men con todo el reparto
Cartel español de Monuments Men con todo el reparto

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El padre de los X-Men en pantalla grande y el espíritu del que los hizo renacer en el 2011 han unido fuerzas para sacarse de la manga X-Men: Días del Futuro Pasado (X-Men: Days of Future Past, 2014), libre adaptación de uno de los arcos argumentales cumbre de esa era dorada comiquera de la Patrulla X salida de la mente preclara de Chris Claremont (John Byrne a los lápices y Terry Austin entintando). Bryan Singer, el padre, ha retornado y para ello ha tomado la semilla que él mismo plantó, aquella que germinó robusta gracias a actores de la talla de Ian McKellen, Patrick Stewart o Hugh Jackman, aprovechando eso si ese golpe en la mesa que dió hace ya unos años el genio británico Matthew Vaughn, el espíritu creativo, con la maravillosa e inventiva recreación sesentera X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011).

De paso con X-Men: Días del Futuro Pasado uno podría declarar eso de que en casa 20th Century Fox se ha pretendido enlazar esos tres universos que ahora mismo coexistían en la línea temporal mutante. Se ha fusionado aquella etapa nacida con gloria y encanto en el año 2000, perfectamente continuada en el 2003 pero vapuleada con descaro y prisas por el propio estudio y la terrible participación de Brett Ratner en el 2006, más esa en formato spin-off que ha sobreexplotado con cierta desgana, aunque Lobezno: inmortal (The Wolverine, 2013) tiene un pase, la vida y obra de Hugh Jackman, digo Logan, en nuestra historia, terminando con la renacida bajo una estética cinematográfica completamente diferente, más cercana al cine de aventuras, espías y distopia… si, la visión de Vaughn y Jane Goldman.

El trabajo no era sencillo, para nada, y Singer ha cumplido con creces si bien existen indudables matices. Personalmente me hubiera gustado ver de nuevo a Vaughn a los mandos, recordemos que fue él el que se apeó del proyecto dadas las prisas del estudio, ya que creo que Singer ha perdido encanto y el listón que puso X-Men: Primera Generación, a nivel originalidad y "alejamiento" del concepto estricto del cómic, habían establecido una ruta nueva, especial y que separaba por completo lo que estábamos habituados a ver en cines. La nueva vía continua en Días del Futuro Pasado subiéndose Singer al carro de Vaughn y ofreciendo los mejores momentos del film, unos en los que los superheroico, y como ya ocurriera en Primera Generación, no es lo más importante a contar. En esta fase disfrutamos de la aparición en pantalla del irreverente y gamberro Quicksilver (Evan Peters), protagonista del instante cumbre de la película, uno en donde lo cómico inteligente se une a la innovación y muy similar a aquellos momentos en los que James McAvoy y Michael Fassbender iban conociendo a los jóvenes primeros compañeros de fatiga del film del 2011. Pero pasado ese instante Singer vuelve a lo que conoce, lo, no se si es justo decirlo, rutinario y estándar Fox.

La reinvención que Vaughn había hecho de Magneto (Fassbender) y Xavier (McAvoy) se diluye en un mar que es la importancia de Lobezno (Jackman) en la película. Es tan crucial su personaje que los 70s se mueven a su ritmo cuando deberían hacerlo al de esos grandes amigos que a la vez son Némesis. Magneto no es que aporte mucho, incluso hasta diría que prima la desgana siempre que aparece, Xavier vive un drama que le hace ganar enteros donde le acompaña Bestia (Nicholas Hoult), y junto a ellos Mística (Jennifer Lawrence) que se enfrenta sola a un villano que podría haber molado tanto como lo hizo Sebastian Shaw (Kevin Bacon) en Primera Generación. La presencia de Bolivar Trask (Peter Dinklage) es casi anecdótica y la de los primeros Centinelas otro tanto de lo mismo. Personalmente Singer se encasilla y esos años 70s no funcionan como esperaba salvo por instantes que son indudablemente potentes: la llegada de Lobezno, la actuación de Quicksilver y el instante Casa Blanca. Y claro, en paralelo a esta historia tenemos el futuro / línea temporal de compleja concepción. Ahí el director abraza a sus hijos predilectos y hace regresar a Coloso (Daniel Cudmore), el Hombre de Hielo (Shawn Ashmore), Kitty Pride (Ellen Page) o Tormenta (Halle Berry), todos estos dando entrada a nuevos rostros como los de Blink (Bingbing Fan), Bishop (Omar Sy), Mancha Solar (Adan Canto) o Sendero de Guerra (Booboo Stewart). Los mutantes sufren ese futuro dominado por Centinelas supremos, aniquiladores de su especie, y donde viven las versiones míticas de Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen).

Sin lugar a dudas una historia compleja, con gran potencial e interés y que, aunque mole, podría haber dado mucho más de si. Futuro y pasado se cruzan, se redefinen y sientan nuevas bases para lo que será X-Men: Apocalypse (2016). Eso si, me sigo preguntando que habría hecho Matthew Vaughn con esta historia… me lo pregunto y me jode, mucho, quedarme con las ganas de saberlo.

El cartel final español de X-Men: Días del Futuro Pasado
El cartel final español de X-Men: Días del Futuro Pasado

Publicado por Uruloki en

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