Opinión


El terror está de enhorabuena, o eso es lo que se puede asegurar cuando uno se pasa por el cine para disfrutar de esta nueva joya del género que resulta ser Expediente Warren: the conjuring (The Conjuring, 2013). El film de James Wan, maestro del género de este nuevo milenio, además de ser uno de los proyectos más refrescantes que se puede echar el espectador a la vista este verano, pasa por ser una de las mejores películas de terror de los últimos años y sirve como prueba de que no todo está contado, aunque lo parezca, y que para acongojar al patio de butacas llega con dar un par de palmadas en el momento idóneo, acompañadas eso si de un buen equipo de sonido para que te vibre hasta el alma. No hace falta mucha más parafernalia, llega con saber manejar bien lo que tienes entre manos y en eso Wan últimamente no hace más que triunfar. Expendiente Warren: the conjuring se aparta además, algo que por ahora el director mantiene como enseña, del muy manido modelo de metraje encontrado y se centra en explotar un hecho real, esto queda a la credulidad del espectador, vivido y documentado por los investigadores de lo paranormal Ed y Lorraine Warren. Él demonólogo reputado y ella clarividente profesional y medium, durante un buen puñado de años, desde mediados del siglo pasado en adelante, investigaron algunos de los casos paranormales más famosos de los Estados Unidos de América, entre los que se encuentra el famoso y adaptado al cine ad nauseam de la mansión de Amityville.

Wan se sirve en esta ocasión de uno de sus casos menos conocidos de los Warren, según Lorraine mantenido en secreto hasta ahora, para, rodeado de un reparto suculento encabezado por Patrick Wilson y Vera Farmiga como el matrimonio investigador, y Lili Taylor y Ron Livingston como los cabezas de la familia Perron que las pasaron bastante canutas, ofrecer un producto sólido, bien trabajado y deliciosamente rodado. Parece que fue ayer, pero como director Wan tiene un don para el terror que deja claro que conoce los resortes que debe tocar para que este género funcione con éxito como ya demostró en la sorprendente Saw (2004), la menor pero interesante Silencio desde el mal (Dead Silence, 2007) o la renovadora Insidious (2010). Además, el film es un constante desquicie. El suplicio para el espectador arranca en el minuto cero y no cesa hasta los tétricos créditos finales. Uno se mantiene pegado a la butaca porque aun a sabiendas de donde pueden salir los golpes de efecto que le hagan temblar no tiene tiempo para preverlos.

Sumemos como valor nuevamente el clasicismo tanto estético, en esta caso obligado por ocurrir el caso a mediados de los 70, como técnico. Otra vez Wan prefiere no pasarse tres pueblos con la pirotecnia y elabora un conjunto de momentos donde las sombras, la cámara, las voces y los objetos cobran vida propia. Una simple puerta, unas inocentes palmadas o un reloj que se para a las 3:07 de la madrugada son cosas que bien usadas pueden acabar con los nervios del espectador más avezado. Y eso es Expediente Warren: the conjuring, un acierto de 20 millones de dólares con aroma mainstream que ha funcionado genial en taquilla y que servirá para que las investigaciones paranormales de este matrimonio nos sigan metiendo el miedo en el cuerpo probablemente de año en año… ah, y todavía tenemos este año tiempo para ver Insidious: Chapter 2 (2013), otra vez con Wan y Wilson, actorazo, a la cabeza.

Cartel español de Expediente Warren: the conjuring
Cartel español de Expediente Warren: the conjuring

 NOTA  Nuevamente os recomiendo echar un vistazo a The 3:07 AM Project, cuatro cortos de terror nacidos como promoción para esta película que han sido rodados por Jason Eisener, Nacho Vigalondo, Max Landis y Ti West.

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Como parte de esa ola de cine de terror hecho con cuatro duros que acaba siendo, salvo sorpresa mayúscula, un éxito comercial cuando llega a las salas de medio mundo, Blumhouse Productions, la compañía más relevante en este negocio, y Platinum Dunes, unieron fuerzas para poner sobre la mesa una idea fresca, interesante y a priori bastante prometedora. James DeMonaco, director con poco pasado como para valorar su verdadera capacidad, se puso al frente de un proyecto que también salió de su cabeza a la que si debemos sumar su previa experiencia como guionista, la notable Negociador (The Negotiator, 1998), la normalita Asalto al distrito 13 (Assault on Precinct 13, 2005) o la demasiado floja Skinwalkers (2006) salieron de su máquina de escribir. En fin, los ingredientes eran buenos, la ya mencionada idea molaba y un reparto con acertados valores como Ethan Hawke, con la tontería ha coincidido con DeMonaco unas cuantas veces, y Lena Headey hacían pensar en algo notable. Con todo esto la esperanza era que The Purge: la noche de las bestias (The Purge, 2013) fuera un film al menos entretenido y, por supuesto, un éxito económico. Pero la realidad es que la cosa se ha quedado en cumplo con el 50% de estas dos premisas. El éxito comercial es indudable y alucinante, 3 millones de coste y casi 78 recaudados han asegurado ya The Purge 2 (¿?), pero la calidad ha dejado bastante que desear para este primer asalto.

DeMonaco ha tenido una gran idea entre las manos, cruel, extrema y polémica, pero no ha sido quien de explotarla como merecía, ¿era el indicado? Ni la profesionalidad de Hawke y Headey han podido salvar un despropósito que se cae por su propio peso en el momento en el que se plantea el debate humano más arriesgado de todos, ¿qué debes hacer el día de libertad criminal? Todo arranca bien, títulos de crédito que no te dejan indiferente, la presentación de una familia que vive en una sociedad de dudosa moralidad y el arranque de la noche más larga del año. Pero es llegar a ese momento, el auténtico leitmotiv del film, y la película pierde coherencia para transformase en una solución facilona y poco trabajada de una idea que, sin dudarlo, resultaba altamente sugerente. Ese cruel debate que podía suscitar la salvaje premisa se diluye por completo en un mar donde predomina la incredulidad por los acontecimientos que, seamos realistas, no se sostienen ni con el esfuerzo de Hawke. Ciento de preguntas se te plantean y la gran mayoría recaen en las decisiones tomadas por el personaje de Max Burkholder que… vaya por dios. Ah, y para acabar por matar por completo el proyecto, que un film de poco más de 80 minutos acabe resultando muy pesado es para bajar el nivel de The Purge al softcore, tampoco nos pasemos, y aplicar un correctivo a aquellos que dan luz verde a estos guiones. Un poquito de por favor.

Primer cartel de The Purge
Primer cartel de The Purge

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El pasado miércoles llegó a nuestras pantallas Lobezno: inmortal (The Wolverine, 2013), nueva incursión en solitario de uno de los personajes más icónicos dentro de la vasta librería Marvel, o al menos en lo que se refiere a su traslado a la gran pantalla. Tras la muy olvidable X-Men orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine, 2009), agujero negro en lo que a universo mutante global se refiere, la 20th Century Fox decidió poner sobre los hombros de James Mangold, recordemos que segundo plato tras la triste salida de Darren Aronofsky del proyecto – nos quedamos si su visión -, un proyecto que debía renovar las esperanzas sobre el aburrido pasado del personaje en solitario. Además, la apuesta iba más allá de lo habitual ya que la Fox apostó abiertamente, o eso prometían, por adaptar libremente pero en conciencia una de las obras gráficas más representativas de la vida de Logan… el genial cómic "Lobezno: Honor" de Chris Claremont y Frank Miller. El trabajo de de Mark Bomback y Scott Frank es, a riesgo de equivocarme, el más "personal" realizado hasta el momento dentro del universo Marvel cinematográfico. Pero ojo, aquí nada es perfecto y Lobezno comienza a estar muy agotado, tanto en espíritu como en presencia y, peligrosamente, en ideas.

Lobezno: inmortal ofrece una visión, siendo generoso, de lo que se podía contar de "Lobezno: honor" en pantalla grande. Una historia personal, un momento de la vida de Logan que debía ser narrado para mostrar que el duro personaje encarnado por el monumental Hugh Jackman, este tipo está más que cuadrado, también siente. Desde la secuencia de los bosques, hasta el viaje a Japón y su encuentro con Mariko (Tao Okamoto). Esa parte del film mola y no nos queda más que aceptar los "ajustes" realizados porque no toda viñeta puede ser llevada tal cual a bobina. Pero el miedo a ser fiel está patente y este ha llevado a guionistas y productores a ir más allá de lo que en verdad debían. Los detalles de Lobezno: honor están ahí en esencia – Mariko, más o menos Yukio (Rila Fukushima), Shingen (Hiroyuki Sanada), el clan de la Mano – pero el objetivo real de la obra escrita se difumina sin control a cada minuto que pasa en pos de un previsible desaparrame modo final boss que, por otro lado, no tiene ni pies ni cabeza. Reconozco que ver al Silver Samurai era uno de los sueños de todo fan de Marvel, pero no se yo si a ese Silver Samurai en particular. Además, las obsesiones de hoy en día por vincularlo todo llevan a justificar el tormento que sufre Logan con su pasado X-Men. Ojo, Orígenes ya no existe, pero si lo hace el terrible film de Brett Ratner. Por ello, y con ánimos de tocar las narices, la presencia de Jean Grey (Famke Jansen), sale más que la propia Mariko, aburre considerablemente.

En fin, creo que estamos ante otra oportunidad perdida, una en la que la adaptación completa hubiera sido mucho más acertada. Habría molado apostar por la humanidad de Logan, el doble juego de la obra gráfica y la traición de Yukio a la mano porque se enamora del mutante, para acabar enfrentándolo completamente a los tejemanejes nipones donde el honor, el respeto y las traiciones lo dominan todo. Hubiera sido más humano…

Póster español de Lobezno: inmortal
Póster español de Lobezno: inmortal

 NOTA  Ah, y si, hay escena post-créditos que debe ser vista…otro obsesivo vínculo más con los Días Futuros que han de llegar.

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La nueva etapa de la franquicia creada por el mítico Gene Roddenberry en pantalla grande sigue dando grandes alegrías a sus fans / no tan fans, y Star Trek: en la oscuridad (Star Trek Into Darkness, 2013) se ha estrenado en cines para demostrarlo… aunque haya sido con casi dos meses de retraso. Además, J.J. Abrams, ese al que muchos no pueden ni ver delante, se sigue confirmando, si todavía hay alguna duda, como uno de los nuevos reyes Midas de Hollywood si de lo que hablamos es del modelo blockbuster. Y ojo, porque uno de los factores fundamentales para lograr algo como esto es tratar de ser continuista, cosa que Paramount, Skydance y Bad Robot han decidido cumplir a rajatabla. Resulta que todo en la secuela de la revitalizante Star Trek (2009) permanece, desde el equipo tras la idea, los guionistas favoritos del modelo palomita en la última década Roberto Orci y Alex Kurtzman, a los que debemos sumar eso si al "odioso" Damon Lindelof, hasta un imponente y cada vez más consolidado reparto que cuenta con ya estrellas de sobra consolidadas como Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Karl Urban, Simon Pegg, John Cho y Anton Yelchin, a los que esta vez debemos sumar el debut en la saga galáctica de ese imponente actor que es el británico Benedict Cumberbatch, o los igualmente conocidos Peter Weller, grandísimo veterano, Alice Eve o Noel Clarke, breve pero intenso.

Y a sabiendas de lo que uno debe hacer en cines cuando lo que busca es entretener a la masa, Star Trek: en la oscuridad cumple con el manual del producto mainstream. La gran ventaja de esta segunda visita a la galaxia sin fronteras es ese dinámico y divertido guión que se han trabajado Orci, Kurtzman y Lindelof, ideal para echarse muchísimas risas, vibrar durante las más de dos horas de metraje, no hay ni un minuto de descanso, al tiempo que trata de profundizar en temas más personales. Desde la relación entre los personajes principales, núcleo de la aventura de este 2013 es la consolidación de la inquebrantable amistad Kirk / Spock, decisión y visceralidad el primero vs. cabezonería matemática vulcaniana para el segundo, como ya lo fuera en su momento en Star Trek II: La ira de Kahn (Star Trek II: The Wrath of Khan, 1982), y hasta el clásico debate, o no, sobre lo que marca la diferencia entre humanos y otras razas del universo Roddenberry, ya sea para bien o para mal.

Pero todo lo bueno que tiene Star Trek: en la oscuridad, un suspiro en cines que merece muchísimo la pena ver en pantalla grande con atronador sonido, también se lo debemos anotar como malo… o al menos como no del todo acertado. Abrams, Orci, Kurtzman y ahora Lindelof se han acomodado. Pensaba que pese a la obviedad de la presencia de John Harrison la cosa podía evolucionar, pero en ese aspecto Star Trek: en la oscuridad, como apuntaba antes un ejemplo de continuismo, se pasa no ya tres pueblos, si no tres galaxias! El personaje de Benedict Cumberbatch es demasiado previsible en sus actos, aunque mola mil gracias a la rotundidad del actor que lo encarna; pero si el homenaje es claro… puede que lo sea demasiado. Da la sensación de que al tratarse de un universo alternativo al que disfrutamos con William Shatner y Leonard Nimoy, aquí debemos revivir aquellos mismos instantes aunque como si fueran vistos en el reflejo de un espejo. ¿No hay nada más allá para elegir que estas repeticiones? La verdad, elucubré sobre algo más en mi mente cuando vi el fabuloso inicio con el corrupto momento de Noel Clarke acompañado por la melancólica música del una vez inmenso Michael Giacchino, pero no… una breve ilusión. Eso si, si te abstraes de esto la película es una maravillosa delicia desde el minuto uno y hasta la lista de agradecimientos. Vamos, id al cine a verla que bien lo merece.

El cartel que más me ha molado de Star Trek: en la oscuridad
El cartel que más me ha molado de Star Trek: en la oscuridad

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No se puede negar, pero muchos éramos los que deseábamos desde lo más hondo el retorno del gran icono del universo DC a la gran pantalla. Han tenido que pasar siete largo años para que con un equipo creativo por detrás de mírame y no me toques, Warner Bros. haya encontrado el botón que debía pulsar, aunque puede que no haya sido el perfecto, y ofrecer a los espectadores la película que muchos queríamos ver y, más aun, la que la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster en gran parte añoraba. El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013) juega no obstante un juego muy peligroso, una fusión de estilos que van desde el tono más pausado, serio, melancólico, emotivo y profundo, la mano de Christopher Nolan es muy larga, y otro hiperactivo, atronador y destructivo, orientado con descaro a explotar al máximo lo que la tecnología cinematográfica de hoy en día puede ofrecer, en este Zack Snyder es un auténtico maestro. Pero el riesgo adoptado es patente y así se está reflejando, no en taquilla pero si en crítica. Nadar entre dos aguas implica que puede que a la gente no le guste la decisión tomada, se quede con una, prefiera la otra o, en el caso más optimista, acepte las dos por igual. En mi caso no voy a decir que soy negativo ni extremista, pero si que esa versión más positiva de las posibles reacciones se queda un poco en el límite.

El nuevo periplo de Superman en cines ofrece al espectador uno de los arranques, y podría decir que en esto se engloba la primera mitad de película, más fabulosos del cine de cómics. Lo intimista puede gustar o no, pero esa presentación del fin de Krypton, y la dura decisión tomada por Jor-El (Russell Crowe) y de Lana (Ayelet Zurer) con su hijo Kal-El es rompedora. Luego el viaje a las diversas etapas de crecimiento de Clark Kent (Cooper Timberline, Dylan Sprayberry y Henry Cavill), la complicadas decisiones que debe tomar y los duros momentos a los que se debe enfrentar, genial. A partir de ahí, y tras la catarsis que supone conocer su origen, la cosa se desboca. En ese momento, y con la entrada del Zod (Michael Shannon) más enfermizo y diabólico… pues llega el desmadre. En ese instante uno deberá poner a prueba sus todos sus sentidos. La segunda parte de la película es un completo no parar, ambicioso desenfreno donde vemos a ese Superman que siempre imaginamos, luchando de tu a tu a tortazo limpio con sus iguales y donde la obligada destrucción del planeta hace acto de presencia cuando pones frente a frente a semejantes titanes, o nuevos dioses. Vamos, un blockbuster con mayúsculas que sin embargo para los que vivían plácidamente inmersos en esa primera gran parte del film puede resultar demasiado radical.

Pero claro, si riegas todo esto con la siempre acertada dirección de Zack Snyder, rey de la cámara lenta pero que esta vez ha optado por probar el lado opuesto y aplicarnos una dosis en vena de hipervelocidad y zooms que hasta cuesta seguir, un guión robusto escrito aunque no exento de libertades por ese hijo predilecto de DC que es David S. Goyer, y aspectos ténicos que no pasarán ni de broma desapercibidos pues te apuntas un tanto en el pulso con el espectador. Gran fotografía la de Amir Mokri, gran música la de Hans Zimmer regada con unos cuantos temas para el recuerdo aunque otros no tanto, y una cantidad de efectos visuales / sonoros tal que sobrecogen y ensordecen. Y ojo, porque encajar todo esto en un producto que hay momentos en los que podría pasar por una versión no superheroica del hijo de Jor-El pues tiene su miga. Desde luego que no ha sido nada fácil el rumbo tomado.

Y que decir del reparto, pues que muy correcto. Esculpido con cincel tenemos a Henry Cavill, sin lugar a dudas mucho más convincente que su predecesor como Superman, Amy Adams en un rol excesivamente frío pese a todos los Pulitzer que haya podido obtener como Lois Lane y ese Michael Shannon cabreado con el mundo, de frenopático, desbocado y sociópata absoluto. Junto a el compañeros de fatigas como Faora (Antje Traue), otra que mete hostias como panes. Mención especial merecen los padres, ya no solo Russell Crowe que como Jor-El se gana una buena dosis de protagonismo, si no también de Diane Laine, madraza Martha Kent, y sobre todo Kevin Costner, un Jonathan Kent que a la par que padre adoptivo actúa casi de conciencia de su hijo.

En definitiva, un film complicado, bastante discutible y que trata de fusionar con riesgo dos caminos tan diferentes que, se está demostrando, no es del gusto de todo el mundo. A mi me ha convencido, con matices, y como punto de partida para lo que ha de venir me parece un camino acertado aunque no perfecto.

 NOTA  En los comentarios hay  SPOILERS , algunos correctamente anunciados y otros tristemente no, así que lee con cuidado si todavía no has visto la película!

El primer cartel que vimos de El Hombre de Acero
El primer cartel que vimos de El Hombre de Acero

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Complicada de ver y más de asimilar, Stoker (2013) supone el debut, aunque la palabra no es que me parezca la más adecuada, de Park Chan-Wook, o si preferís Chan-Wook Park, en ese mercado que todo lo devora que es Hollywood. No me imagino la posible reacción de la gran mayoría de público mainstream que acude a los cines, pero la toma de contacto del director coreano con el cine rodado en inglés no se separa ni un ápice del modelo cinematográfico que ha explotado durante su carrera; una repleta de extrañas grandes obras como las violentas y vengativas Sympathy for Mr. Vengeance (Boksuneun naui geot, 2002), Old Boy (Oldeuboi, 2003) o Sympathy for Lady Vengeance (Chinjeolhan geumjassi, 2005), el drama de ciencia ficción Soy un cyborg (Ssa-i-bo-geu-ji-man-gwen-chan-a, 2006) o el vampírico film de terror Thirst (Bakjwi, 2009). Por lo tanto, hay que advertir que Stoker no será del gusto de todos, pero si te engancha, en mi caso lo logró desde el minuto uno, te mantendrá en total tensión durante su metraje, pendiente en todo momento de los oscuros secretos y grotescos acontecimientos que protagonizan los miembros de la familia Stoker. Comentaba como factor importante el modelo de cine de Park Chan-Wook, un modelo que destaca por la parsimonia con la que ocurre todo, y porque al no tener espacio para el dinamismo, salvo en momentos de impacto, puede llegar a desesperar pero que, sin embargo, se ve totalmente compensado por contar con historias desgarradoras, tremebundas y que no dejan indiferente a nadie. En esta ocasión mucho más y de la misma calidad que con sus anteriores trabajos.

Stoker, escrita esta vez por el actor transformado en debutante guionista Wentworth Miller, si, el Michael Scofield de "Prison Break" (2005-2009) o si me apuráis el Chris Redfield de la saga Resident Evil, resulta ser uno de los thrillers más siniestros y turbadores que se han podido ver en años. Morboso y calenturiento a partes iguales, hay momentos que causan total estupor, cuenta no solo con un reparto que te deja con los ojos abiertos, lo de Mia Wasikowska es de sobresaliente, alucinante, y más si tenemos en cuenta que tiene al lado compañeros de viaje como el impenetrable y seductor Matthew Goode o la plásticamente artificial Nicole Kidman, si no que añade un aspecto técnico notable donde destacan muchas otras cosas, como la virtuosa fotografía de Chung Chung-hoon. Todo en Stoker sorprende, desde su retorcida historia hasta sus secretos más insondables, y vamos, que lograr lo que logra, y narrarlo como lo narra, es de aplaudir con gran estruendo.

La joven India Stoker (Mia Wasikowska) acaba de cumplir los 18 años y como siniestro regalo recibe la fatal noticia de que su padre, y gran amigo, Richard (Dermot Mulroney) ha fallecido en un trágico accidente. Sin poder asimilarlo y con su inestable madre Evie (Nicole Kidman) como una compañera en este golpe vital se cuela en su vida Charlie (Matthew Goode), hermano de su padre y del que India no sabía nada. Con este yéndose a vivir a la casa de Evie e India, a partir de ese momento se pone en marcha un viaje iniciático, o más bien de conocimiento, que pone en marcha Charlie

Cartel español de Stoker
Cartel español de Stoker

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Desde lo de New York ya nada ha sido igual“. Tomando como punto de partida esta frase, hay que decir que lo premonitorio de la misma aplica ya no sólo a la historia que se plantea en esta película, si no a su concepción completa. Iron Man 3 (2013) es en toda regla un viaje a los infiernos en la suntuosa vida del millonario Tony Stark, nuevamente un superlativo, desquiciado y temeroso Robert Downey Jr., un viaje que gracias a Shane Black toma un rumbo de goce absoluto donde conviven de igual forma la acción, el drama y retazos de la más divertida comedia. Pero Black, en este caso el engranaje que hacia falta para que el nivel de la aventura repuntara, no sólo demuestra que como director de blockbuster es un acierto total, arriesgada apuesta que le ha salido a Marvel Studios de perlas, si no que su rol de guionista junto a Drew Pearce ha significado que las ideas y objetivos que se planteaba creativamente en el escrito contaban también con una visión previa a su traslado a la gran pantalla. Este singular, pero a la postre importante detalle, ha supuesto el mismo efecto que en Los Vengadores (The Avengers, 2012) tuvo Joss Whedon. Shane Black es un maestro del entretenimiento y por lo tanto ha dado a Iron Man la frescura que con Jon Favreau se había perdido por completo en la descafeinada segunda parte de la franquicia. Su complemento Drew Pearce es otro crack que con una carrera mucho menor sabe como sacar jugo al mundillo de los superhéroes más peculiares gracias a la serie “No Heroics” (2008)… y aquí ese sello también esta muy presente. Por lo tanto, otra demostración más que deja claro que con un gran guión, el de Iron Man 3 lo es, tienes medio camino al éxito ya recorrido. Si a esto añades actores y medios propios del modelo Disney / Marvel pues obtienes un producto muy superior a la media y, en este caso, el mejor blockbuster en lo que va de año. Y ojo, porque el dúo Mandarín (Ben Kingsley) y Aldrich Killian (Guy Pearce) es probablemente el complemento perfecto para una historia inesperadamente sorprendente.

Fucking Awesome!
Fucking Awesome!

Tony Stark (Robert Downey Jr.) se encuentra en horas muy bajas. Tras su crítica intervención en los acontecimientos de New York, no todas las semanas salvas el mundo colándote en un agujero de gusano para evitar una invasión alienígena mientras eres apoyado por un dios, un súper soldado y un gigante verde, la catarsis en la vida del millonario le ha llevado a sufrir crisis de todo tipo. Más inseguro y vulnerable que nunca, el pasado que le definió como Iron Man vuelve a azotarle. El Mandarín (Ben Kingsley) hace acto de presencia y desde ese momento la vida de Stark cambiará drásticamente…

Y esto es Iron Man 3, un acierto que amasará millones, el cierre de un arco argumental que nació gloriosamente en el 2008 y, de alguna forma, la visión más cercana a “El demonio en la botella”, visto aquí más como “El demonio en la inseguridad”, que podremos disfrutar en cines. Visualmente impactante pero más alejada de la armadura que en anteriores viajes. Y, esto debe decirse, con el villano más genial que se ha sacado Marvel Studios de la manga en este lustro de éxitos… Ben Kingsley es en un plano paralelo y muy diferente la encarnación de El Mandarín más inimaginable y fabulosa que se podía hacer del icónico personaje.

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Alejado de todo posible convencionalismo aplicado al clásico producto palomitero llegado desde Hollywood, podría decirse que Oblivion (2013) no es este tipo de proyecto aunque da para unas cuantas raciones, aquí tenemos la nueva incursión en la dirección de Joseph Kosinski, director de la irregular pero agradecible Tron Legacy (2010), y uno de esos nuevos talentos que están llamados a acompañarnos con sus trabajos de aquí a las venideras décadas. Junto a él figura el actor por definición, ese modelo perenne llamado Tom Cruise que, como ya dijera tras ver Jack Reacher (2012), se mantiene más fresco que una lechuga y ocupando, merecidamente, ese lugar que con dificultad podría merecer nadie más en HollywoodTom sigue siendo estrella y lo demuestra a cada plano que ofrece. Acompañado por un escueto reparto, Andrea Riseborough y Olga Kurylenko en mayor medida o Morgan Freeman, Nikolaj Coster-Waldau y Melissa Leo en formato casi anecdótico, aunque no por ello menos importante para la historia, Cruise disfruta de un papel echo a medida, o eso se podría llegar a pensar si no fuera porque la idea de Kosinski es originalmente un cómic. Centrándome en el resultado, Oblivion es por lo pronto una apuesta arriesgada, un producto que, debe advertirse, se aleja por completo de esa idea que muchos de nosotros teníamos en mente… no es cine de acción y trasciende más hacia ese rango de films de ciencia ficción con aroma sesudo que pueden gustar más o menos, depende en estos casos de la originalidad e la idea. En esta ocasión sin bien aporta un fondo original y elaborado, por momentos te sientes atraído pero no acaba por enamorar, recupera bastantes ideas de proyectos que han cuajado en la mente del fan por lo que se echa en falta un poco más de arriesgada sorpresa.

El cartel para IMAX de Oblivion de Joseph Kosinski
El cartel para IMAX de Oblivion de Joseph Kosinski

Año 2070 y pico, la Tierra está muerta. tras la venida de los scavengers y la destrucción de la luna, el destino del planeta estaba marcado. Jack (Tom Cruise) y Victoria (Andrea Riseborough) viven en una plataforma, desde allí trabajan como equipo de soporte para drones militares que protegen la recolección de agua marina. Su objetivo, que el viaje a Titán del último grupo de supervivientes del planeta se pueda llevar a cabo. Todo sería placidez, no exenta de algo de tensión, si no fuera porque en el camino de Jack se cruza algo inesperado… algo que hace aflorar cuestiones que ya invadían los sueños del operario.

Y no se debe contar más. Kosinski y Universal Pictures ponen a disposición del espectador un derroche visual donde el artificio no ocupa un protagonismo por otro lado bastante innecesario. Esta vez se puede disfrutar de magistrales escenarios post-apocalípticos, la fotografía es sencillamente sobresaliente, y de algunos de los diseños futuristas más elaborados de las últimas décadas, esa casa en las nubes es una auténtica delicia visual y un desafío arquitectónico como los que se ideaban hace medio siglo. El resto es un imparable viaje por este mundo, más o menos entretenido, acompañados por la no se yo sí muy destacable banda sonora de M83. Salvo el tema final y alguna pieza concreta recuerda demasiado a composiciones relativamente recientes. En fin, se deja ver pero tampoco es para echar cohetes, algunos la agradecerán por alejarse del augurado convencionalismo, otros le achacarán que tras ver el trailer la mentira ha sido demasiado gorda.

Me quedo con el 2009…

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Festival gore y sentido homenaje. Con estas dos sentencias a uno le debería ser suficiente para definir por completo este remake del cult film Posesión infernal (The Evil Dead, 1981) con retazos de Terroríficamente muertos (Evil Dead II, 1987), ambos de Sam Raimi. Con el rey nuevamente supervisando el trabajo, y apoyado en tareas de producción y asesoramiento por las torres Robert G. Tapert y Bruce Campbell, ha nacido en manos del uruguayo Fede Álvarez una nueva joyita que, sin dudarlo, pasará a los anales del cine comercial más bruto por el despliegue, excelso, de maniobras de charcutería extrema… no salpica más porque entonces correríamos el riesgo de morir ahogados entre tanta sangre. Además, estamos en el 2013, y cuando mucha mojigatería cuarta a una gran cantidad de proyectos ya que el objetivo de sus responsables es que se vea distribuida a mansalva en salas de cine comerciales, ¿cobardía?, disfrutar de Posesión Infernal en pantalla grande es una agradable sorpresas y una recomendable experiencia. Esta nueva visión del clásico tiene personalidad propia, vale que se empapa de la idea de la original y le da una ligera vuelta, pero aun así logra mantener como producto buen aroma de independencia que rescata sin embargo muchos, si no todos, de los grandes momentos que Raimi nos ofreció en sus dos primeras obras originales.

Algo que sin embargo debe quedar claro es que el film de Álvarez, escrito por este, su amigo Rodo Sayagues y Diablo Cody, es obra del primero y por lo tanto no ofrece el rítmico desenfreno de planos imposibles y movimientos de cámara grotescos que tanto han identificado la filmografía del Raimi más auténtico. Y eso el lo bueno de esta Posesión Infernal, apuesta por dar su propia versión del clásico, remarcando descaradamente el dramatismo del film de 1981 y dejando de lado, aunque el humor negro siempre se puede paladear, ese otro remake de 1987. De paso moderniza de forma inteligente la razón para pasar un fin de semana a una cabaña apartada de la que no habrá salida, pero explotando la gran roja sobre la que debe seguir navegando la marca…. esa impagable sobrecarga de brutalidad que no se teme ofrecer al espectador, ya sea avezado o neófito, mediante un despliegue sin precedentes en el cine de estudio, FilmDistrict mola, y donde campan a sus anchas hectolitros de sangre, violentas embestidas, amputaciones brutales y secuencias salvajes tan explícitas que, todo sea dicho, es bastante raro que hoy en día sean vistas más allá de los círculos en los que viven enfrascados los festivales de género.

Y no hay más, una breve introducción para que sepamos lo que vamos a ver, probablemente sobre, y de nuevo cinco los amigos que se desplazan – despedazan – a esa característica cabaña del bosque. Esta vez un viaje que en antaño era de placer, hoy se transforma en un duro reencuentro que nace con la idea de desintoxicar a Mia (Jane Levy), hermana de David (Siloh Fernandez), el novio de Natalie (Elizabeth Blackmore), y amiga de Eric (Lou Taylor Pucci) y Olivia (Jessica Lucas). Sabemos lo que nos espera, pero este motivo ayuda a justificar más la incredulidad ante los primeros acontecimientos que tienen lugar, y que ante el ataque de pánico sufrido serían razón suficiente como para darte el piro de buenas a primera. A partir de aquí: baños de sangre, body count controlado, alguna que otra inesperada vuelta de tuerca, una gran dosis de efectos especiales de vieja escuela y una banda sonora, ojito, compuesta por el español Roque Baños, golpes, alarmas y chirríos que no dejan ni un momento de descanso.

Hay que verse toda la película, desde el minuto uno hasta que se termina los créditos… bien lo merece! Ah, y la pregunta de rigor… ¿Qué os ha parecido la película?

Cartel español de Posesión Infernal
Cartel español de Posesión Infernal

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Trato de desperezarme, desde el 3 de marzo con El atlas del las nubes no escribía una opinión, y me pongo de nuevo manos a la obra escribiendo sobre las películas que he podido ver esta Semana Santa en cines. Para comenzar arranco con G.I. Joe: la venganza (G.I. Joe: Retaliation, 2013) de Jon M. Chu, secuela de la bastante floja G.I. Joe (G.I. Joe: The Rise of Cobra, 2009) de Stephen Sommers y confirmado nuevo despiporre visual que, todo sea dicho, extenuará a cualquiera que la vea en 3D más por el casino uso de esta pesada tecnología que en muchas ocasiones, la mayoría, favorece en nada al resultado final. En mi casó sufrí demasiado con las hiperactivas secuencias de acción donde esta moda de vanguardia es caldo de cultivo para acabar mareado. Y para empezar a dar forma a esta opinión debo comenzar planteando una duda… ¿qué narices están haciendo Paramount Pictures y Hasbro si tenemos en cuenta las verdaderas posibilidades cinematográficas de los G.I. Joe? Ojo, que con esto no quiero decir que la franquicia, esa con la que muchos de los presentes disfrutamos jugando tela marinera en nuestra infancia, sea el culmen dentro del estrato del cine de acción, pero vamos, a ver si a la tercera dan con la tecla correcta. Porque mira que con Transformers obtienen buenos resultados, pero G.I. Joe no levanta cabeza.

Por que si, voy a ser muy sincero y duro… me gustó más la peli de Sommers que esta del bueno de Chu. Primero, no entiendo ni percibo la fuerza de Rhett Reese y Paul Wernick al frente del guión. Esa mala baba, esas situaciones cómicas, inteligentes y con chicha que disfrutamos en Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009) aquí tienen presencia cero dejando al final un sabor de boca horrible donde nada de lo que ocurre puede si quiera levantar un poco de interés. Ese es el auténtico trabajo de Reese y Wernick, un libreto plano donde se navega entre la seriedad más absoluta, no veo mal el punto dramático del arranque pero me sobra cuando sirve exclusivamente para el lavado de cara que se ha querido aplicar tras la primera parte, a la comedia más simple y predecible como el momento todo queda en casa de Bruce Willis. Segundo, toca sufrir una elección de actores que no llegan a cuajar una, por otro lado, bastante "correcta" elección de personajes. Vale, está Dwayne Johnson como Roadblock, mola, y vuelves a la carga con los obligados Ray Park como Ojos de Serpiente, Byung-hun Lee como Sombra o el merecidamente remozado, pero pírrico en presencia, Comandante Cobra, encarnado por cualquiera. ¿Y el resto? Pues la verdad, esperaba muchísimo más de Ray Stevenson como Firefly, un mítico, y de Adrianne Palicki como Lady Jaye, otra que también apuntaba alto. Del resto, pues ni chicha ni limoná. Ni Elodie Yung como Jinx, ni D.J. Cotrona como Flint, ni Jonathan Pryce como Zartan, porque no deberían colarnos al genial Arnold Vosloo porque sale su careto 10 segundos. Y claro, esto te da más rabia cuando ves subexplotar a gente como Walton Goggins e incluir en el reparto a paquetes andantes como RZA. Tercero, lo que mola de G.I. Joe y su guerra contra Cobra es las posibilidades de esta segunda a la hora de trazar un plan siniestro, maligno y que debería pasar a los anales de lo estrambótico y disparatado. En ese aspecto el trabajo de Stuart Battie y Sommers para G.I. Joe me pareció mucho más arriesgado y digno, aquellos nanobots que se comían el metal molaban, los supersoldados drogados y mejorados molaban, aquella base submarina y la posterior batalla a lo Star Wars dentro de su tontería era graciosa y grandiosa. Aquí explotan el topicazo y aburre… el momento bandera y pendones sobra por completo.

En fin, poco más de hora y media de cine de acción con alguna que otra secuencia entretenida, los brincos en la nieve por ejemplo, pero que no justifican la inversión que se ha hecho en el producto. 130 millones de coste de producción para un proyecto mainstream nuevamente con trazas de serie B, o serie B sin tapujos, que se queda corto si uno recuerda además a Sienna Miller como la Baronesa, Rachel Nichols como Scarlett, Christopher Eccleston como Destro, Adewale Akinnuoye-Agbaje como Heavy Duty o Joseph Gordon-Levitt como The Doctor. En fin, para pasar el rato vale, pero una pena… otra vez.

Y si, Bruce Willis aburre mucho pese a los chistes de rigor con los que siempre cumple. Cada vez aporta menos a las películas donde participa en modo presto mi cara 10 minutos y cobro mi minuta.

Cartel de G.I. Joe: la venganza... pues se han vengado
Cartel de G.I. Joe: la venganza… pues se han vengado

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