Bienvenidos a la inconcebible historia de, con seguridad, uno de los rodajes más caóticos de Hollywood (si no EL rodaje). Y es que no hay nada como juntar en el mismo frasco cientos de kilos de la esencia de los egos del déspota Val Kilmer, el loco Marlon Brando y el en aquel momento advenedizo Richard Stanley, amén del dictador John Frankenheimer o del hombre más pequeño del mundo Nelson de la Rosa (El hombre rata).

Pues sí, hace ya más de un lustro, 2014 para ser exacto, se estrenó el documental Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau (Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau) – en Filmin, una interesantísima y sorprendente propuesta de David Gregory, responsable de más de 200 documentales (entre cortos y largos) y productor de Color Out of Space (el regreso del simpar Stanley tras 15 años de aislamiento y ausencia) sobre el infernal paso del director sudafricano por la infecta La isla del Dr. Moreau (The Island of Dr. Moreau), fiasco monumental de Edward R. Pressman y la New Line Cinema que tras su estreno en 1996, y tras haber costado 40 millones de entonces, acabó hundida en el mayor de los oprovios al recaudar mundialmente unos pírricos 50 kilos, y ya de paso dilapidar la carrera del propio Stanley o Marco Hofschneidey (Europa Europa).

Richard Stanley, un tipo irrepetible
Richard Stanley, un tipo irrepetible

Uno observa ensimismado cómo la ahora peculiar mente de Richard Stanley, seguramente tocó fondo en aquel fatídico 1995 durante el rodaje de La isla del Dr. Moreau, recuerda con prístina lucidez su infernal viaje por un proyecto con una clara esencia personal y un desenlace lisérgico. Stanley era joven (unos 29), autor no novel pero responsable de series B convertidas en films de culto y por lo tanto total inexperto si hablamos de transformar millones de dólares en celuloide de valor. Tras Hardware: Programado para matar (Hardware) y El demonio del desierto (Dust Devil), la verborrea e increíble capacidad de jugar las bazas más impredecibles llevó a Richard Stanley a que la New Line aceptara ponerle delante de una adaptación de la icónica obra de H.G. Wells. Aun viendo como Stanley jugaba su destino a bazas tan ilusorias como el vudú y la más pura de las credulidades, la New Line decidió seguir adelante, movidos seguramente por el ansia generada por nombres tan vibrantes como los de Bruce Willis, James Woods, Marlon Brando, y posteriormente Val Kilmer.

El resto es mejor verlo, Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau no sólo es el periplo de Stanley por el principio del fin de su carrera (gracias a dios ha encontrado nuevamente su hueco y más oportunidades habrá para disfrutar de su cine), es fiesta, alcohol, clima, didyeridúes, depravación, drogas, caos, Brando, despiporre, sexo y muchos miedos al colapso. Una historia impensable en la que un fulano tocó fondo por el monstruo que es Hollywood para acabar viviendo sólo en los pirineos franceses. Ojo, este viaje maldito sin lugar a dudas es reflejo de lo que ha debido ocurrir más recientemente a directores como Josh Trank. Este pasó del cine independiente que fue Chronicle, al mainstream que se suponía Cuatro Fantásticos (Fantastic Four), co-dirigida finalmente por Stephen E. Rivkin, y de ahí al anonimato y a perder oportunidades que nunca más se presentarán.

Cartel de Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley's Island of Dr. Moreau
Cartel de Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau