Seguimos sin estrenos en sala de cine, y a falta de estos uno tiene que echar mano de otros medios como en este caso, la todo poderosa Netflix. Como ya estaréis todos al tanto, se ha estrenado este pasado viernes La viega guardia (The Old Guard), irregular adaptación de la homónima obra comiquera de Greg Rucka, aquí también guionista, y Leandro Fernández.

El tema está así, Gina Prince-Bythewood, una directora que tampoco es que haya realizado nada loable salvo Beyond the Lights, donde estuvo acompañada por una potente Gugu Mbatha-Raw, se pone manos a la obra navegando entre dos aguas que de vez en cuando son grandes compañeras… ¿pero es este el caso? Por un lado tenemos acción a raudales, protagonizada por una serie de humanos inmortales que han vivido ocultos pero apoyando denodadamente siempre a causas que lo merecen. Por el otro, lo íntimo, personal y existencial, lo traumático y sufrido que es ser un inmortal, un ser que ha vivido cientos de años, viendo morir a sus amigos, a sus seres queridos, etc. A lo largo de unos demasiado extensos 125 minutos, disfrutamos de la gran Charlize Theron, poderosa siempre, entregada a su causa, sufridora número uno y mujer con tantas tablas que su presencia supura frialdad absoluta. Ella es el centro de la historia y sobre sus hombros se apoya la historia de Rucka y la dirección de Prince-Bythewood.

La vieja guardia como decía sigue el curso de dos ríos, y si bien en el de la acción va sobrado y es suficientemente disfrutable, el otro íntimo es un poco abrupto y no tan atrayente. Si quieres conocer el sufrimiento de un inmortal, pues échale un vistazo a Los Inmortales (Highlander) de Russel Mulcahy, film que si sabe explorar el lado más triste y agónico de ser inmortal. La vieja guardia ahonda mucho en los aspectos más íntimos de la vida eterna de todos los miembros de la unidad de choque, y ahí es donde se pierde. Tratan de que empatices con todos, pero al final no logras sentirte afectado por el sufrimiento que han padecido. Así conocemos los traumas de Booker (Matthias Schoenaerts), el verdadero amor / amistad que profesan la pareja Nicky (Luca Marinelli) y Joe (Marwan Kenzari). Lo que le espera a Nile (KiKi Layne), y, a toda velocidad, el por qué Andy (Theron) es tan fría en su forma de ser. La idea está, no se duda sobre ello, y en parte logra cuajar algo, pero es todo tan hiperactivo y descompensado que ni fu ni fa. Por ahí un desaprovechado Chiwetel Ejiofor, se supone que rascará más en la secuela cuando esta llegue, y un genial Harry Melling como el gran villano Merrick, un lobo con piel de cordero que busca el bien común pero a un precio digno del más macarra Torquemada.

En definitiva, pese a los saltos de fe (y no ya por la propia inmortalidad), los vacíos de un guión extenso y no bien aprovechado, La vieja guardia entretiene, se deja ver y sirve como film presentación para lo que Netflix está realmente buscando… un producto creciente. En este aspecto canta tanto que bien vale valorar si el resultado final hubiera sido otro si la intención no hubiera sido crear una franquicia. En ese aspecto es un poco producto falso.

El póster de La Vieja Guardia con Charlize Theron como centro de nuestra atención
El póster de La Vieja Guardia con Charlize Theron como centro de nuestra atención