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Sitges 2012


Con eso de que este fin de semana se ha estrenado en salas comerciales, toca hablar de otra de las películas que pude ver en el pasado Festival de Sitges. Es el turno por lo tanto de El hombre de las sombras (The Tall Man, 2012), el regreso a la aventura cinematográfica de Pascal Laugier, ese director francés que nos dejó con grandes sensaciones y mucho mal cuerpo tras presentarnos la tremenda Martyrs en el 2008. Acumulando la friolera de cuatro años en silencio, Laugier regresa para ofrecernos una historia bastante clásica, el omnipresente en nuestra niñez mito del hombre del saco, vestida por otro lado de supuesto film de terror con bastante, quizás demasiado, truco. Este discutible doble juego, digamos que no fue muy aplaudido por el fan de ese otro Laugier, no debe ocultar sin embargo una concepción de la leyenda francamente original, con un desarrollo aceptable y un desenlace que te deja, o ese fue mi caso, bastante ojiplático… ¿y defraudado? Porque si, la obra de Laugier, de paso debut en las fértiles tierras de Hollywood, tiene cero de terror, aunque predomine todo el rato ese engaño que hace creer al espectador que si lo es al tiempo que se añaden interesantes complementos a la historia como que el destino de cada uno se rige por el lugar en el que naces, lo imposible de los cambios de rumbo cuando tu entorno no lo favorece o el desarraigo social debido a la pobreza. Laugier, al igual que en Martyrs responsable absoluto de lo que vemos al ser director y guionista, viene a contarnos mucho más que ese terrorífico acoso por parte de un ser nocturno que se dedica a empobrecer si cabe más la tristes vidas de los que padecen en exceso, y se apoya para ello en la notable interpretación de Jessica Biel, en verdad sorprende el trabajo de esta actriz hasta ahora encasillada en papeles más bien complementarios, que contando con ayudas de veteranos como Stephen McHattie o William B. Davis, logra dar empaque a una trama que saca completo jugo de todos los tópicos del thriller de terror más habitual pero que en el fondo no es para nada lo que uno va creando en su cabeza. Merece un visionado, por lo menos para saber si uno debe cagarse en Laugier o agradecerle la osadía que se saca de la manga…

Nos encontramos en el decadente pueblo de Cold Rock. En el una joven enfermera llamada Julia (Jessica Biel), debe hacer frente a esas inclemencias sociales propias de un lugar que se hunde más y más en su propia miseria sin visos de salir de ella. Pero en Cold Rock pasa algo más, los supersticiosos atribuyen esta fatídica racha a las extrañas desapariciones de niños a manos de lo que ellos conocen como El hombre alto, un algo que de cuando en cuando se cuela en el lugar para raptar a uno de los niños que allí mal viven. El tema se pondrá peleón cuando sea Julia la que sufra en sus propias carnes el ataque del Hombre alto y este rapte a su hijo.

Cartel de El hombre de las sombras
Cartel de El hombre de las sombras

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Aprovecho uno de los estrenos de esta semana para recordar otro de los films que me vi en el pasado Festival de Sitges 2012. Se trata de Sin tregua (End of Watch, 2012) de David Ayer, película modo metraje encontrado, aunque en este caso es más bien rodaje cámara en mano, protagonizado por Jake Gyllenhaal y Michael Peña. Ayer, guionista y director al mismo tiempo, es perro viejo cuando hablamos de cine policíaco o más bien de las tripas que lo componen. Tras sus trabajos como guionista en la superlativa Training Day (2001) y las mucho más convencionales Dark Blue (2002) o S.W.A.T.: Los hombres de Harrelson (S.W.A.T., 2003), Ayer vuelve a apostar por el cine de género más personal y de calidad, recuerda la historia a los bajos fondos del obligado film de Antoine Fuqua, centrándose esta vez en las peripecias de dos agentes recién llegados al cuerpo que, inmersos a conciencia en el complicado y crudo quehacer policial de los arrabales de Los Angeles, acaban, puede que de manera poco consciente, metiéndose en un cristo de mil demonios.

Y es que el pertenecer a la generación más impulsiva, esa en donde el respetable está acostumbrado a darlo todo delante de un ordenador o consola matando al ciento y la madre, nubla la vista demasiado convirtiéndote en un ser incapaz de valorar los límites a los que en verdad debes llegar. La película juega con lo convencional del género, matones de medio pelo metidos hasta las cejas en un proyecto personal dignos de las grandes mafias, y aporta una buena dosis de testosterona, sobre todo la que supura el personaje de Gyllenhaal que tiene en el de Peña lo único que le compensa, además de mensaje para un país donde el descontrol armamentístico en las zonas más peligrosas está al orden del día. En definitiva, un producto destacable, una historia bastante completa con un estilo de filmación poco habitual y cercano en idea, y por momentos, a esos docurealities donde policías con cámaras en sus coches patrulla se dedican a dar caza a cuatreros varios. Lo más curioso de Sin tregua es el extraño periplo que ha tenido en el mercado USA, triunfando, 7 millones de coste y 40 de recaudación desapareciendo, y volviendo ahora a las andadas de cara a su posible ¿carrera hacia los Oscar? Nunca se sabe. No creo que sea para tanto pero bien merece un visionado para disfrutar de cine de policías donde la tensión traspasa la pantalla.

Cartel de Sin Tregua... prefiero el título original End of Watch
Cartel de Sin Tregua… prefiero el título original End of Watch

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En un domingo de esos que pintan tranquilito aprovecho un ratillo para seguir con la revisión de películas vistas en el pasado Festival de Sitges 2012, por aquí tenéis todas las comentadas hasta el momento. Es el turno de hablar un poco de The Lords of Salem (2013), la nueva obra de Rob Zombie que, supongo, veremos en cines a lo largo del año que viene… y remarco eso de supongo porque no estoy muy seguro de este hecho. Para sorpresa del respetable el bueno de Zombie da un significativo giro en su modelo cinematográfico cambiando de registro y adentrándose en un estilo de horror mucho más ortodoxo y menos esperable si lo que hacemos es echar la vista atrás tratando de encontrar una razón de este nuevo enfoque. The Lords of Salem es por lo tanto un aplaudible punto de inflexión en la filmografía de Zombie si lo comparamos con sus incursiones previas, La casa de los 1000 cadáveres (The House of 1000 Corpses, 2003) era demasiado grotesca, Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005) una muy particular salvaje road movie, y esos dos films de la franquicia Halloween pues, no se, bastante innecesarios. The Lords of Salem es también un profundo viaje lisérgico dentro del horror más clásico con muchos momentos surrealistas y psicodélicos bastante acordes con el diabólico horror de grandes obras con aquelarre como La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) o Suspiria (1977). The Lords of Salem resulta ser además una especie de ritual satánico cinematográfico, pieza clave la musiquilla que induce el mal que ha de venir, y donde no obligan a contemplar todo el proceso de entrada en los infiernos de su protagonista… la buena de Sheri Moon Zombie.

Y tras sacarle todo lo bueno que puede tener llega lo malo, o al menos la impresión general que da la sensación se queda en la gente que ve el flm. The Lords of Salem es muy irregular. Que el peso de la película caiga sobre los hombros de Sheri Moon me parece lo más arriesgado que se puede hacer, salvo que quieras echar por tierra así de buenas a primeras gran parte del potencial del film. La esposa de Rob no me convence como actriz ni ahora ni antes. Me vale para un papel secundario, una presencia complementaria de un reparto más sólido, pero que todo gire alrededor de ella es un fallo. Menos mal que en papeles secundarios tenemos rostros conocidos, y envejecidos, del universo terror más clásico como Meg Foster, esos ojos son irrepetibles, Dee Wallace o Ken Foree, acompañados por Bruce Davison, personaje singular y protagonista de su propia desventura de investigación brujeril, que por otro lado merecía haber sido mucho más explorada. Luego tanto machaque con la presencia de quintas esencias como las de Michael Berryman o Sid Haig ¿para? 15 segundos y dejad de contar. En fin, The Lords of Salem se diluye cosa fina bajo una trama interesante, no nueva pero si original dado el origen musical del ritual a gran escala que se prepara, pero poco más. Da la sensación de que el brainstorming fue notable en las primeras fases, pero a la hora del desarrollo no supieron evolucionar y ofrecer algo realmente potable.

Uno de los colorista carteles de The Lords of Salem
Uno de los colorista carteles de The Lords of Salem

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Tras la review de Sightseers, es momento de otra recomendación más saluda de esos agotadores diez días en los que visioné unas cuarenta y seis películas… si no me equivoco. Hay que destacar que estamos ante otra de las sorpresas o joyas del Festival de Sitges de este año. Safety No Guaranteed (2012) de Colin Trevorrow es un curioso film independiente de "ciencia ficción", más bien tragicomedia romántica, donde un equipo de periodistas de una revista / periódico reciben el encargo de seguir la pista de un extraño anuncio donde un misterioso tipo solicita compañero para un viaje en el tiempo. Con esta premisa Trevorrow nos atrapa en una aventura donde el Macguffin de un posible viaje temporal da pie a meternos más de lleno en la vidas de los cuatro protagonistas y así descubrir sus esperanzas, miedos, o errores / aciertos del pasado. De paso demuestra como los imposibles sueños de nuestra realidad pueden acabar transformados en auténticas verdades… cosa que mola un montón. Y ojo, porque lo más curioso del tema es que la película tiene un origen verdadero, un anuncio de broma publicado en 1997 en el Backwoods Home Magazine por el periodista John Silveira que, bajo el mismo título que se usa en este film, abogaba por este simpático objetivo…

Wanted: Somebody to go back in time with me. This is not a joke. P.O. Box … You’ll get paid after we get back. Must bring your own weapons. Safety not guaranteed. I have only done this once before.

Volvamos sobre la película. En el lado investigador tenemos a Darius, la über sensual Aubrey Plaza de "Parks and Recreation" (2009-¿?), una joven periodista que ve en esta aventura la oportunidad de salir a flote en un frustrante trabajo, Jeff, Jake Johnson, jefe de Darius y tipo obsesionado por vivir su día a día como mejor le venga a él, y el becario de turno Arnau, Karan Soni, mindundi de tres al cuarto que no se come un colín y que se verá sobrepasado por las propias obsesiones de Jeff. Al otro lado, el punto más ficticio de todo lo que se cuenta, surge Kenneth (Mark Duplass), un tipo intrigante obsesionado con que en menos de lo que esperas va a viajar en el tiempo. Y es que lo chulo de este tipo de historias, lo que hacen que se disfruten más, es ese fondo de ensoñación, de esperanza por cambiar tu rumbo y de que oportunidades que en otro momento dejaste pasar vuelvan ahora a ser posibles, incluyendo, eso si, la fantástica oportunidad de viajar en el tiempo. En fin, una película con detalle de ciencia ficción pero que gustará más por ser una historia de personas en busca de darle una merecida vuelta a sus vidas. Muy pero que muy recomendable.

Un cartel de Safety Not Guaranteed
Un cartel de Safety Not Guaranteed

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Aprovecho este tranquilo fin de semana en cuanto a noticias llegadas de Hollywood, bendito Acción de Gracias, y vuelvo a la carga sobre las películas vistas en la pasada 45ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, que todavía me queda un buen puñado de las que hablar. Es el turno de dos de esos films que me apresuro a recomendar desde ya que tratéis de ver. Se trata de Sightseers (2012) de Ben Wheatley, una comedia negra británica con mucha mala baba y repleta de desquicie serial killer en el entorno de una pareja de enamorados, y Safety No Guaranteed (2012) de Colin Trevorrow, una extraña pero francamente entrañable historia de ciencia ficción del director que ha sonado durante muchas semanas para ser el encargado de llevar adelante Star Wars: Episode VII (2015). Comienzo con la mini review de la primera y luego publico la segunda.

Resulta que Ben Wheatley vuelve a la carga tras la prometedora y extrema Kill List (2011) elaborando una historia con tono "familiar", digamos que todavía en ciernes, que sirve como punto de partida para un guión que evoluciona sin control hasta acabar transformado en un sofisticado y pueblerino despiporre modo killer on the loose donde una pareja decide aplicar su propia ley mientras disfrutan de un entrañable viaje por la campiña británica más hortera y cargante. Sightseers es humor negro del bueno, bastante cafre y no exento de pasotismo moral sobre lo que muestra, aunque el debate está servido cuando lo que se comete es algo que más de uno, y siempre en su sano juicio, ha pensado en algún momento de su vida.

Alice Lowe y Steve Oram, vistos brevemente en el anterior film de Wheatley, encarnan a Tina (WTF Hot Fuzz) y Chris, una pareja no precisamente de jovenzuelos que en modo novietes se montan en una caravana con idea de pasar unas relajantes y merecidas vacaciones para así conocerse mejor. Pero la debilidad mental de Tina, ensombrecida por una posesiva y bastante repugnante madre, acabará sucumbiendo a la extrema forma de ser de Chris, un convencido serial killer que se oculta bajo un aspecto pueblerino de barba pelirroja y al que asquea todo aquello que le saca de quicio. Chris y Tina protagonizan por lo tanto un viaje donde las siniestras acciones del primero moldearán la esponja que tiene por cerebro la segunda, aunque pronto se generarán las dudas sobre en que punto el serial killer por convicción acaba provocando el nacimiento de un verdadero asesino demente que le superará en desquicie. La Lowe está genial, se llevó el premio a mejor actriz en Sitges y cuenta ya con otra oportunidad de premio en los British Independent Film Awards de este año.

Uno de los carteles de SIghtseers
Uno de los carteles de SIghtseers

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Fundido en negro… en ese estado está el futuro del maestro del giallo Dario Argento tras perpetrar la más abominable producción cinematográfica de los últimos años. Con el apoyo, menudos arrestos les han echado, de productores como Enrique Cerezo, Film Export Group y alguna compañía más, entiendo que sabían en lo que se metían, estamos ante un intragable producto de serie Z que por alguna extraña e inmerecida razón, hay manos negras con poder que todo lo consiguen, ha logrado ser estrenada en cines. El film se pudo ver en el Festival de Cannes y más recientemente surcó los cielos de Sitges, donde tuve oportunidad de sufrirla de principio a fin, y ha sido ahora, este pasado viernes 9 de noviembre, cuando Dracula 3D (2012) ha llegado a no se cuantas salas de cine de España. El tema es que la película esta no hay por donde cogerla. Técnicamente es una especie de pastiche hecho con una cámara casera y haciendo uso de los recursos más pírricos imaginados para una producción con algún objetivo mayor que causar vergüenza. Además, ya son ganas de meterse en camisa de once varas y más para tirarse al vacío con uno de los mitos de la literatura contemporánea como es la fantástica novela de Bram Stoker.

Por que encima tenemos a Argento haciendo de guionista, a Stefano Piani haciendo de guionista, a Antonio Tentori haciendo de guionista y, redoble de tambores, al mismísimo Enrique Cerezo haciendo de guionista. Estáis leyendo bien, ENRIQUE CEREZO GUIONISTA. Y ojo, porque esto no es lo peor que le podía ocurrir a la producción. Sumemos que es ponzoña en todos sus aspectos técnicos, ya hablemos de la dirección artística de mercado de barrio, los horribles efectos digitales, transformaciones más baratas que las ya limitadas de la magnífica Hammer o el momento surrealista de la mantis religiosa son un buen par de ejemplos, el descuajaringado montaje que marea casi tanto como el penoso 3D, o el maquillaje, ¿pero existe?, del genio venido a menos Sergio Stivaletti… ¿por qué narices han permitido esto? Y no hablemos del reparto, porque es lo último que quedaba para terminar de hundir en todos los aspectos este despropósito. Básicamente se podría resumir en que tenemos un pack de actores que merecen que les den de comer a parte. Desde Unax Ugalde y Thomas Kretschmann, el primero un Jonathan Harker patético y el segundo un Conde Drácula que se arrastra, o los objetos de nuestros más oscuros deseos Asia Argento y Miriam Giovanelli, que buenas están. Lo de estas dos es de traca, sobre todo la segunda. Sus papeles se reducen a generoros y calenturientos escotazos, ropas mínimas, despelotes casi integrales y muchas ganas de retozar cual golfas infernales… se podría decir que son la versión videocaspa de Monica Belluci, Michaela Bercu y Florina Kendrick. Y no hablemos de Rutger Hauer, un Van Helsing de segunda mano, lo más barato que debía haber en el mercado, que no lo puede hacer peor.

En definitiva, Dracula 3D es horrible. Pero horrible de verdad. Uno puede verla por eso de echarse unas risas, o pasarlo bien disfrutando de los cuerpos de la Argento y Giovanelli, pero Dario en otro tiempo era mucho más que esto, pero mucho, mucho. Por respeto al maestro deberían reestrenar en cines sus grandes obras como director, que son un montón – El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle piume di cristallo, 1970), El gato de nueve colas (Il gatto a nove code, 1971), Cuatro moscas sobre terciopelo gris (4 mosche di velluto grigio, 1971), Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975), Suspiria (1977), Inferno (1980), Tenebre (1982), Phenomena (1985), Ópera (Opera, 1987) o Los ojos del diablo (Due occhi diabolici, 1990) -, o producciones en manos de otros cracksDemons (Dèmoni, 1985), El engendro del diablo (La chiesa, 1989) o La secta (La setta, 1991).

Cartel de esa cosa llamada Dracula 3D
Cartel de esa cosa llamada Dracula 3D

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Sigo aprovechando los estrenos oficiales en cines para recuperar opiniones sobre películas que he podido ver en el pasado Festival de Sitges. Este fin de semana ha llegado a los cines Sinister (2012) de Scott Derrickson, una nueva propuesta de cine de terror al amparo del cada vez más llamativo Jason Blum, tío inteligente que se reinventó con la franquicia Paranormal Activity y que ha sabido mantener el pulso a Hollywood con esa propuesta de hacer cine de género con pírricos presupuestos asegurando, por ahora, una marca de calidad digna de aplauso.

Y es que en Sinister tenemos una buena película de terror, con un planteamiento singular y que, pese a explotar elementos comunes muy trillados del género, mantiene el interés y la tensión aportando suficientes factores positivos como para encumbrar el resultado final a un puesto muy alto si de cine de terror de calidad hablamos para este 2012. La película aprovecha no solo el buen hacer de su director Scott Derrickson, también guionista junto a C. Robert Cargill, ya que cuenta de paso con puntos fuertes como la perturbadora fotografía de Chris Norr o los habituales y meritorios golpes de efecto tanto sonoros, acompañados por la batuta de Christopher Young, como de montaje, el terror vive en gran parte de esta ventaja. Junto a esto tenemos a Ethan Hawke, fantástico como de costumbre y gran especialista en echarse a las espaldas todo el peso interpretativo sufriendo lo indecible gracias a esa aparente fragilidad, que si bien cuenta con reconocibles apoyos como los de Vincent D’Onofrio (irreconocible), Fred Dalton Thompson, James Ransone o la jovencísima Clare Foley, se saca de la manga un personaje de principios discutibles que incapaz de esquivar el tormento que le espera verá con horror como pasa a formar parte de una espiral de la que, como siempre ocurre en estos casos, no debes contar con salir bien parado.

Un escritor llamado Ellison Oswalt (Ethan Hawke), estrella hace unos cuantos años gracias a un best seller que analizaba una serie de crueles asesinatos con consecuencias desagradables, trata de buscar el sustento de su familia y su realización personal con un nuevo proyecto literario. Su cabezonería le llevará a enfrascarse en una nueva investigación periodística para tratar de descubrir la razón del asesinato de una familia al completo en un pequeño pueblo. Son tales las ganas de Ellison por pasar a formar parte de la esencia de lo que estudia, que no dudará en irse a vivir a la casa donde la familia fue asesinada. En plena instalación en su nueva vivienda nuestro escritor se encontrará con una vieja caja repleta de bobinas de super 8 y un reproductor. El visionado de estas películas caseras descubrirá a Ellison el verdadero horror de lo que pretende investigar… y algo más.

Cartel español de Sinister
Cartel español de Sinister

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Otra de las películas que más disfruté en el pasado Festival de Sitges fue el remake de Maniac (1980), el ya cult film gore de William Lustig que protagonizó en su momento un gran Joe Spinell ofreciendo una de las interpretaciones más desagradables, grasientas y enfermizas salidas del celuloide. En esta era de insulsos e innecesarios refritos del pasado, Franck Khalfoun, viejo colaborador de Alexander Aja como actor en la sangrienta y truculenta Alta tensión (Haute Tension, 2003) o como director de Parking 2 (P2, 2007), se hace cargo de un potente remake que de paso sirve como demostración de que el POV shot puede funcionar francamente bien, y con sobresaliente impacto, en una película de estás características… un slasher directo, brutal y que no deja títere con cabeza… o cabellera.

Protagonizado por Elijah Wood, este nuevo Maniac (2012) es tan salvaje, sucio, crudo, incomodo y enfermizo como lo fuera el film de Lustig. Alexander Aja y su inseparable colaborador Grégory Levasseur, trabajan sobre el guión original escrito por C.A. Rosenberg y el propio Spinell, aportando modernidad y su particular estilo a la hora de hacer cine de horror moderno. Además, curiosidades de la vida, Wood sorprende al respetable saliéndose de su habitual registro interpretativo, aunque esto de serial killer, aunque sea comiquero, le viene al pelo, apostando por un estilo aparentemente nada acorde con sus anteriores incursiones en el cine. Sobre el resultado obtenido decir que el remake es fiel al film de Lustig, mismas obsesiones, mismo modus operandi, mismas grotescas vicisitudes personales pero actualizado gracias a los recursos cinematográficos de hoy en día. Lo que resulta más llamativo es el buen juego que da el uso de la cámara subjetiva, estamos ante una apuesta por este sistema del 99%, logrando que uno se sienta parte de la perversas perturbaciones de la mente del personaje de Wood aunque hay un genial homenaje en ese ligero 1% donde nos alejamos del punto de vista del protagonista. Como extra destacar la electrónica música del film, pieza fundamental que añade personalidad al producto final como lo hiciera la BSO de film ochentero compuesta por Jay Chattaway. Sólo eché de menos un cameo homenaje de Caroline Munro o Tom Savini, ya que del pobre Spinell ya solo nos queda echarle de menos.

Cartel de Maniac
Cartel de Maniac

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Este pasado fin de semana se estrenó otro de los films que pude ver en la 45ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya , que digo ver, más bien sufrir. Estoy hablando de Paranormal Activity 4 (2012) de Henry Joost y Ariel Schulman, cuarta entrega de la conocida saga que tanto miedo ha echo pasar a millones de personas a lo largo del último lustro, y que de alguna forma se ha hecho con un importante hueco en el corazoncito de un amplio grupo de seguidores que disfrutan con este modelo de películas. Antes de comentar qué me ha parecido en el fondo esta cuarta parte de la franquicia, tengo que reconocer que no soy seguidor ni siento interés por este impulso al género del horror cámara en mano salido de la mente de Oren Peli y sobreexplotado de forma anual en modo máquina de churros. Diría más, ahora que nos esperan ya confirmadas Paranormal Activity 5 (2013) y el spin-off latino, auténticos sinsentido visto lo visto, confirmo más que esto está acabado y definitivamente hundido, creativamente hablando claro está. Hay que rendirse ante la evidencia ya que a nivel taquilla estamos ante un nuevo monstruo de hacer dinero… con un costo de 5 millones de dólares esto ha recaudado en un fin de semana 55 aunque todos aseguran que apunta a desplome en comparación con las anteriores ideas de la franquicia.

En fin, Paranormal Activity 4 es una engañifa más, un subproducto que le da caña a lo mismo de siempre pero que por primera vez se queda obsoleta en su planteamiento y, diría más, en su intento por causar verdadero pavor. No lo voy a negar, la película tiene un par de sustos que te hacen brincar pero para de contar. Insulsa, aburrida, transitoria, perezosa, repetitiva, más y más y más y más… lo tiene todo para ser olvidada rápidamente y comenzar a marcar la pauta de caída libre en la que puede entrar la saga si no hacen algo para remediarlo, aunque por mi parte como si optan por cerrar el chiringuito mientras apuestan por innovar con alguna idea diferente. Esta cuarta parte pretende sacarse de la manga nuevos orígenes de la cámara para el almacenamiento de las imágenes que nos harán pasar un mal rato… que si el portátil de turno, en este caso un par o tres, que si la XBox todo el día encendida e iluminando toda la habitación por las noches en modo discotequero, etc. El resto el pan nuestro de cada día, un vecino puñetero, espíritus burlones y aquí te pillo aquí te mato. Hora y media de suplicio en la que no merece la pena perder el tiempo.

Una no más Santo Tomás
Una no más Santo Tomás

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Ya iba siendo hora de que llegara a los cines uno de los films de ciencia ficción más esperados del año. Junto a Prometheus (2012) de Ridley Scott, aquí más de uno me tirará los trastos, el retorno al cine con mayúsculas del peculiar Rian Johnson ha sido una de las cosas más fabulosas que nos podían haber pasado este año cinematográficamente hablando. Porque si, estamos posiblemente ante un nuevo clásico, un film de culto que con el paso de los años irá ganando más y más firmeza pero que ya, así de buenas a primeras, ha caído como agua fresca en un universo colapsado por cargantes florituras. Recuerdo el día que vi por primer vez Brick (2005), una auténtica y sorprendente delicia de cine negro en un ambiente escolar que dejaba claro que Johnson apuntaba alto si era capaz de concebir ideas tan impensables, a la par que cotidianas, como esa. Si bien con su segundo film se desinfló un poco el ilusionante globo que había comenzado a volar con su primera aventura, The Brothers Bloom (2008) fue un tropezón, ahora uno vuelve a ganar ilusión y confirma que tenemos un nuevo miembro de esa futura generación de directores que nos auguran mucho entretenimiento en pantalla de aquí a un buen puñado de años vista. Y ojo, porque hablamos de entretenimiento del bueno, del inteligente, del que te hace darle vueltas al coco para comprender, para descubrir los secretos, para darte cuenta de que todo está hilvanado de forma consecuente. Vamos, un trabajo muy elaborado, fantástico, aunque a algunos les parezca diarreico. Nada más lejos, Rian Johnson además es de los que se lo guisan y se lo comen, director y guionista como ya hiciera en Brick y The Brother Bloom, por lo que todavía tiene más mérito haberse sacado de la manga una película tan peculiar como esta que deberías ver si o si. Y claro, si encima vuelve a contar con Joseph Gordon-Levitt, hablemos ya de actor fetiche, sacas de él una mutación, la mejor simbiosis posible con uno de los grandes de las últimas décadas como es Bruce Willis, y de paso lo decoras con valores como la magnífica Emily Blunt, Paul Dano, Noah Segan, Jeff Daniels o Piper Perabo pues eso… por mi que Looper (2012) se eternice.

Póster español de Looper
Póster español de Looper

Estamos en el futuro, Joe (Joseph Gordon-Levitt) es un looper, una especie de asesino del presente que limpia problema del futuro que llegan por arte de magia gracias a máquinas del tiempo que todavía no existen. Junto a sus amigos de oficio todo es fabuloso. Por cada trabajo ganas dinero y esto te permite disfrutar de un ritmo de vida donde las drogas y las mujeres de pago, las caras, son el pan nuestro de cada día. Pero el día que a Joe se le aparece delante él mismo pero con treinta años más a las espaldas, Bruce Willis, todo tomará un rumbo inesperado, un rumbo donde el futuro trata de resolver su pasado al tiempo que este está obligado a evitar que él mismo, aunque con unos años más, tome decisiones que podrían alterar el destino de terceros… y el suyo propio.

Y aquí estamos, ante otra de delicia conceptual muy en la línea de esas dos o tres que hemos podido visionar en los últimos años, donde las acciones presentes, siniestras en todos sus aspectos, tiene su reflejo vengas de donde vengas, más si eres del futuro, y donde los detalles están ahí para ser analizados en profundidad y hacerlos todavía mucho más misteriosos. Esas paradojas temporales que cuesta comprender, que ocultan lo verdaderamente magnífico que es el trabajo de Rian Johnson, y que sirven de pegamento para contarnos no solo una historia, si no posiblemente un par o tres porque de todo hay en Looper. Acompaña a esto con buenos actores, no me cansaré de decir que la transformación de Joseph Gordon-Levitt se pasa de castaño oscuro, buena música, inmejorable montaje, grandes efectos visuales o modernidad controlada para nada disparatada, el futuro no tiene por que ser extremo, y lograrás esto, uno de los mejores films de ciencia ficción de los últimos años, uno de esos que no tiene que desmerecer de otras grandes películas de este siglo como Origen (Inception, 2010), Moon (2009), Código fuente (Source Code, 2011) o Distrito 9 (District 9, 2009), por citar unas cuantas. Y si encima de lograr algo así, le añades estructura mainstream, puramente palomitera, pues entonces aplaudes, porque no se puede haber dado más acertadamente en el centro de la diana.

¿Qué narices haces leyendo esto si no has ido a ver Looper?

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