Hora de hablar de uno de los grandes chascos del festival, aunque hay que reconocer que tampoco es que esperara mucho de el. Como puesta en marcha de una colaboración que se alargará con la futura The Green Inferno (¿2013?), en esta un grupo de gente lo pasará putas en el Amazonas, Eli Roth y el chileno Nicolás López desembarcaron en la 45ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya con una película de corte odioso. ¿Por qué digo tal? Pues por diversas razones que vengo aquí a enumerar. Primero por el conjunto de personajes protagonistas que presenta, cero es la empatía que se puede sentir por ninguno de ellos aunque está bastante claro que se busca este objetivo para que así no nos duela su truculento destino. Dan asquito en todos los aspectos de su superficial personalidad. Segundo, porque un film de 90 minutos pelados obliga a meterse durante los 40 primeros en una inexplicable presentación de un grupo social de un país que supura superficialidad y que deja con cara de estupefacción a aquel que se la pueda ver. Tercero, y esto tengo la sensación que se pasa de castaño oscuro, por dar cierto tono cómico irónico a un tema peliagudo como fue el terremoto de Chile del 2010, donde fallecieron más de 500 personas. Cuarto, y dejo de comentar los problemas de Aftershock, por preferir seguir el camino de lo increíble, actitudes y acciones carentes de sentido lógico aunque estés en una situación de tensión y estrés total, o lo puramente absurdo. Ojo, que seguramente todo esto está buscado con ganas y concienzuda decisión, pero aun así el producto final acaba resultando completamente fallido. Hay que vérsela con mucho sentido del humor, del ridículo y sin otra aspiración que no sea descubrir el lado pijo rico de Chile y las posibles macabras consecuencias de un terremoto.

Promo de Aftershock
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