Si algo está sabiendo hacer la productora Blumhouse es otorgar una nueva vida al género de terror de presupuesto ajustado. Una nueva vida que servirá, además de para enriquecer al gurú Jason Blum, para que generaciones futuras pueda disfrutar del cine de género como ya se hizo en esa era dorada que fueron los años 70 y 80. Como parte de esta aventura, David Gordon Green y Danny McBride propusieron dar un giro mayúsculo a la sobreexplotada saga de La noche de Halloween (con esta serán once las películas sobre la vida y obra de Michael Myers). Primero pariendo una secuela directa del clásico de 1978 de John Carpenter, una que además sirviera para reiniciar el varias veces manipulado canon, y olvidar por completo todo lo acontecido desde el Halloween 2: Sanguinario (Halloween II) de Rick Rosenthal. Y segundo, volviendo al presente directo, ese en el que tras 40 años de ausencia de Michael (Nick Castle) este sigue encerrado en el manicomio del que nunca debió escapar. Mismo presente que vive Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), pero en su caso 40 años de trauma trasladado de generación en generación y que, de paso, le ha servido para acabar transformada en una suerte de Sarah Connor del género de terror…

Laurie Strode

Con estos mimbres nos plantamos ante La noche de Halloween, año 2018, donde un par de periodistas deciden volver a sondar todo lo que gira en torno a los salvajes crímenes de Haddonfield  de 1978, resultado del asesinato de Judith Myers (Sandy Johnson) 13 años antes cuando un Michael de 6 años (Will Sandin), decidió pasar a cuchillo a su hermana en un acto de pura esquizofrenia. Este par de aventureros (Jefferson Hall y Rhian Rees) despertarán sin querer a una bestia parda que lleva 40 años dormida. Así Michael volverá a realizar el mismo periplo que ya protagonizara en 1978, uno que arrancará con una fuga de un autobús repleto de locos de manicomio, y que volverá a dejar en su camino un body count como los de antaño repleto de vecinos acuchillados, jóvenes clavados en paredes o gente que sin comerlo ni beberlo acaba desnucada o reventada a golpes contra suelos y paredes. Vamos, una noche de Halloween digna de aquel 1978 que tanto nos gusta disfrutar de vez en cuando.

Michael Myers

La noche de Halloween de este 2018 no viene para renovar nada, de hecho podríamos decir que es un facsímil del clásico de Carpenter, con muchos momentos idénticos a los ocurridos hace cuatro décadas. Reconozcámoslo: compromiso y homenaje a partes iguales. Además, como suele ocurrir con el subgénero del slasher hay personajes para todo y decisiones que sirven para que Michael se luzca en eso de dar forma a la muerte que le espera al incauto/a de turno. Está la vecina que cierra la cortina para acabar siendo acuchillada por la espalda, el adolescente que en su intento de fuga acaba como un pincho moruno o la joven que juguetea con su novio en el momento menos indicado. De nuevo, reconozcamos que el trabajo realizado demuestra una comprensión de las claves y pautas del slasher puro. Pero ojo, esta La noche de Halloween sabe que no debe anclarse, y por ello juega sus propias cartas poniendo sobre la mesa varios giros para acabar enfatizando la fortaleza no solo de la batalladora Laurie, si no de toda la familia Strode en su particular guerra contra el hombre del saco. Por lo tanto, fidelidad, respeto al legado y como regalo el maestro Carpenter, acompañado por su hijo Cody y Daniel Davis, al frente de una banda sonora que como un guante se adapta no sólo a la propia saga, que menos, si no al paso de los años. En definitiva, esta La noche de Halloween es una secuela necesaria, un respetuoso homenaje y una propuesta acomodada a los tiempos que corren. Bien merece la pena disfrutarse.

Flipante póster de La noche de Halloween para la Comic-Con 2018
Flipante póster de La noche de Halloween para la Comic-Con 2018