Cuando Brian De Palma hizo en 1996 que Tom Cruise acabara con una hélice del rotor de un helicóptero a 2 centímetros de su carótida tumbado sobre el morro del tren de alta velocidad francés nació un mito. Unos años después el mismo Cruise protagonizaba un duelo medieval contra Dougray Scott a lomos de una motocicleta haciendo virguerías varias con una pistola al tempo que marcaba el maestro de las palomas John Woo. Eso sí, la saga evolucionaba, casi de forma paródica, pero nunca bajo una identidad. Tras un parón de 6 años entró J.J. Abrams a meter mano y se trajo la pata de conejo y su caja de MacGuffins, un villano fabuloso con cara de Philip Seymour Hoffman, una historia íntima para su protagonista y una esencia que desde ese 2006 se ha mantenido como buena hoja de ruta de una saga que no deja de sorprender. Misión: Imposible – Fallout (Mission: Impossible – Fallout) además de cumplir con esa marca que tan bien la define, es un brutal frenesí de dos horas y media de duración, dos horas y media en constante aceleración y de aparente cierre, al menos de uno de los arcos que todavía estaban abiertos del ciclo iniciado hace ya más de una década.

Por lo tanto, Misión: Imposible – Fallout es una joya del cine de acción que engancha de principio a fin merced al gran trabajo de Christopher McQuarrie, que regresa del anterior film, y que vuelve a contar otra vez con Rebecca Ferguson o ese villano con cara de Sean Harris… un villano de los que se agradece que perduren. Pero aun así lo más alucinante de todo es asimilar que tras 22 años encarnando al agente Ethan Hunt, Tom Cruise sigue siendo un portento físico, un actor que no sólo trata de hacer de cada nuevo capítulo el más increíble, si no que aprovecha cada misión imposible para dejar claro que él es el único héroe de acción que existe a día de hoy… sí, Cruise es superior a Jackie Chan en ESE aspecto. Uno no sabe de dónde saca tanta debilidad, pero a sus 56 años Cruise corre, se sube a helicópteros que vuelan a toda velocidad, hace saltos en paracaídas, conduce motocicletas, se parte de tortas con todo el que se le ponga delante y se parte piernas saltando de edificio en edificio por Londres. Tom Cruise es un dios y cuesta imaginar cómo hace lo que hace… porque LO HACE.

Y ojo, porque Cruise se apoya en McQuarrie, un director que le conoce, que ya ha hecho con él la magnífica Jack Reacher, que ya ha ofrecido el punto partida a su personal batalla con el anarquista Solomon Lane (Harris), y que ahora le enfrente al martillo pilón Walker (Henry Cavill), ese Clark Kent con bigote y barba de dos días que amartilla sus brazos para partir caras y paredes a partes iguales. Sumad además la hiperrealidad de Misión: Imposible – Fallout, cine de acción puro, para nada cansina, y generosa en cuanto a los excelsos esfuerzos que hace y ofrece. Cruise se desvive por cada cosa que hace, se le nota, y es digno de aplauso. No sé si será la mejor de la saga, pero desde luego es una de las mejores películas de cine de acción que uno puede ver en estos momentos y más echando la vista atrás unos cuantos años. Misión: Imposible – Fallout es genial.

Cartel IMAX de Misión: Imposible - Fallout
Tom Cruise, hasta en los carteles lo da todo… Misión: Imposible – Fallout