Como venía anunciando ayer no todo en este 2012 ha sido una delicia cinematográfica. Hemos tenido algunos proyectos que o bien han resultado ser un completo desastre, la calidad ofrecida no ha sido la esperada y el castigo que han sufrido ha sido morrocotudo, o por otro lado se han acabado convirtiendo en una decepción tras las ilusiones puestas sobre lo que se nos venía anunciando. La lista de películas, como suele ocurrir en estos casos, está mayormente formada por pretendidos blockbusters made in USA que han venido a cubrir ese cupo anual de proyectos que cuestan una millonada pero cuya realidad es más cercana a esas otras aventuras donde la carencia de ideas se llevan la palma. Además, son los que nos venden con más ganas y por los que pretenden recaudar más. Comencemos pues por el recordatorio a esas películas que han acabado por sucumbir al triste puesto de horror cinematográfico del año.

Uruloki

  • Ira de Titanes (Wrath of the Titans, 2012) de Jonathan Liebesman. Más de lo mismo y sin cambiar el rumbo iniciado hace unos años por Louis Leterrier. El retorno a las aventuras de Perseo contra los dioses del Olimpo auguraba algo de mejora en modo autocrítica tras lo que se vio en el 2010. Warner Bros. cumplió con otro efectivo derroche de efectos visuales de primer nivel aunque hilvanó todo con un guión horrible y unas ganas interpretativas inferiores a cero. Sam Worthington sigue sin convencerme, la inexpresiva cara que tiene es equiparable a la de Ben Affleck, pero este por lo menos se aventura en proyectos sobresalientes como The Town (2010) o Argo (2012), donde de paso demuestra que como director es un maestro. En fin, el resto del reparto pues ni chicha ni limoná. La mitad de ellos obligados por los acuerdos firmados en el pasado, menudas ganas, y los otros pues recambios poco resultones. Olvidable.
  • Battleship (2012) de Peter Berg. De lo peor del año. Un auténtico despropósito de difícil comprensión. Película repleta de topicazos y segundo gran batacazo de Taylor Kitsch como protagonista de una película este año, aunque John Carter (2012) no se mereció para nada lo que le ocurrió. Efectos visuales poco innovadores, demasiadas semejanzas se detectaron con el mundo de los videojuegos, y varias historias de tono familiar o superación que acabaron resultando totalmente autoparódicas. Tedio supremo con un final Imserso que sonroja.
  • Ghost Rider: espíritu de venganza (Ghost Rider: Spirit of Vengeance, 2011) de Mark Neveldine y Brian Taylor. De esto poco se puede decir. Valor e inconsciencia es lo que demuestra uno cuando convence a un amigo para ir al cine a ver esto. Neveldine y Taylor llevan al Motorista Fantasma a un estado churrigueresco, si encima sumamos el declive interpretativo de Nicolas Cage pues da como resultado lo que se estrenó en salas. Y la cosa al menos prometía por el salvaje aspecto que se ofrecía en los primeros engañosos avances, pero al final se descubrió la verdad… la muerte de la franquicia. Veremos si regresa cual ave fénix o si prefieren pasar página.
  • Desafío total (Total Recall, 2012) de Len Wiseman. Otra de las atrocidades llegadas desde el Hollywood de la carencia de ideas. Un innecesario remake que dio un resultado por otro lado esperado. Si encima uno opta por refinar hasta lo cansino la otra adaptación al cine de esta obra de Phillip K. Dick, pues el riesgo tomado hacía presagiar lo que luego ocurrió. Apostaron por rojo y salió negro. El modo falso ahorro que ofrecen en muchos casos los efectos visuales acaban por convertir muchos proyectos cinematográficos en copias de copias de copias de ideas pasadas. Este Desafío total es un caso digno de estudio.
  • Abraham Lincoln: cazador de vampiros (Abraham Lincoln: Vampire Hunter, 2012) de Timur Bekmamvetov. Estamos ante otra de las mediocridades del año. Tras pensarlo detenidamente no tengo muy claro que las novelas de Seth Grahame-Smith sean del agrado del cine. Primero fue la cancelación, o muerte, de la adaptación de "Orgullo y prejuicio y zombies" y después esto. Insulsa, pobre, aburrida y excesivamente dramática cuando lo que pretendes es contar algo irreverente a la historia de los USA. Al menos tomárselo con humor, pero aquí no con esas. Y encima otro proyecto más que demuestra que el 3D es en el 90% de los casos algo prescindible. Cansado que se queda uno de tanta bala hacia el espectador y chorradas como esa.
  • Drácula 3D (2012) de Dario Argento. De la mediocridad del punto anterior a la abominación de este. No se me ocurre que más contar tras su revisión en Sitges. Pobre en todos los aspectos y un paso muy atrás para un director como Argento, un maestro del horror creador de un estilo inigualable que por alguna razón ha decidido arrastrarse y lastrar su imponente legado. Indigno hasta para ser considerado como telefilm… y en 3D.
  • Paranormal Activity 4 (2012) de Henry Joost y Ariel Schulman. Nueva pamplina de una saga agotada que sin embargo es un éxito revienta taquillas. No aporta nada de nada aunque tiene un par de sustos que te hacen brincar. Para pasar página y seguir viendo como la saga sigue más que viva. Tendremos de esto mientras sigan gastando 5 y recaudando 140, y lo mejor del tema es que con cada una nacen nuevas generaciones de aficionados.
  • Aftershock (2013) de Nicolás López. Esta vale la pena calificarla como subproducto. Aunque todavía no se ha estrenado la paranoia que rodea a Eli Roth seguro que hace que recaude unos cuantos millones en los USA, si bien será devorada por la crítica cuando la pongan a caer de un burro. 40 minutos de promoción absurda del Chile más pijo y otros 40 de sobrecargada hecatombe. Como parodia vale, pero parodiar algo no parodiable es un error de bulto.

Y con esto cierro el cupo de los auténticos horrores de este 2012, aunque seguro que tenéis alguna más en la agenda que merece estar aquí pero que, por otro lado, me he librado de ver… por ahora. Sin querer entrar en más detalles este año también ha ofrecido algunas decepciones de las que esperaba más. The Lords of Salem (2013) de Rob Zombie, Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012) de Tim Burton, The Amazing Spider-Man (2012) de Mark Webb o El Legado de Bourne (The Bourne Legacy, 2012) de Tony Gilroy son algunas de ellas. Uno que pone demasiadas esperanzas en el posible resultado final y luego te quedas con la ganas de haber descubierto algo diferente. Y no digo nada de The Weight (2012) de Kyu-hwan Jeon porque no la va a ver ni el tato. Horroroso drama familiar sobre un tipo que trabaja en una morgue al tiempo que comparte una grotesca relación con su hermano transexual o los propios cadáveres a los que cuida previos a su entierro o cremación. Casi me quedo en el sitio viéndola.

 NOTA  Ah, y FELIZ AÑO A TODOS/AS!

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