Opinión


Hay veces que es necesario darse un paseo por las salas de cine para ver las engañifas que las grandes productoras de cine perpetran, en este caso Screen Gems, filial de Sony Pictures. Este fin de semana, y tras varios meses de diferencia en comparación con su estreno en USA, ha llegado a nuestras pantallas una atrocidad llamada Legión (Legion, 2010) de Scott Stewart, un notable técnico de efectos especiales con una carrera envidiable a sus espaldas pero que en su debut cinematográfico como director ha parido lo que ha parido… una castaña de dimensiones obscenas, un truño apestoso, un producto tan incoherente y mal realizado que tras verlo te preguntas seriamente cómo diablos se ha podido gastar dinero en su distribución internacional, y puede que en su realización. Y claro, si luego ves que el bueno de Stewart además de dirigir se apunta a la compleja tarea de escribir un guión pues es el acabose.

Póster tableta de Legión con el protagonista dándolo todo
Póster tableta de Legión con el protagonista dándolo todo

El Apocalipsis está al caer. Dios ha perdido la fe en la humanidad y como está cansado de nuestra actitud decide enviar a sus emisarios, los ángeles, a acabar con todos nosotros. Pero si bien él ya no confía en nuestra redención, uno de sus lugartenientes, el Arcángel Miguel (Paul Bettany), sigue teniendo esperanza en los humanos y en la necesidad de que se nos otorge el perdón y una nueva oportunidad. Miguel a.k.a. Michael decide darse el piro y apostar por el equipo perdedor para hacer frente a una guerra entre el cielo y la tierra. A modo ángel caído, nuestro héroe se despoja de sus alas, visita un colmado chino donde hay más armamento que en la academia miliar de West Point y, ni corto ni perezoso, se pone en ruta para encontrar al salvador de nuestro tiempo. En ese mismo momento, en Paradise Falls, simbólico nombre para un bar de carretera en medio de ninguna parte, sobreviven con lo puesto el dueño, su hijo mecánico, el cocinero y una camarera, esta embarazada y futura madre de un vástago que se supone será el nuevo Mesías. Todo comenzará a ponerse grotesco cuando a una ancianita llegada para tomar un buen filete poco hecho le de por probar primero un buen trozo del cuello de uno de los contados clientes del local. Con la repentina llegada de Michael, todos se harán fuertes en el bareto y harán frente a la que se le viene encima… el Apocalipsis según Scott Stewart. De regalo unas de las frases de esta milongada.

– De pequeña le preguntaba a mi madre… ¿por qué Dios había cambiado?, ¿por qué estaba tan enojado con sus hijos? No lo sé, me dijo, mientras me miraba, quizás esté aburrido de tanta gilipollez

– Realmente no me gusta la cerveza. Howard era el cervecero de la familia

– Esta jodienda es un flipe

– Encuentra los profetas y aprende a descifrar las instrucciones

Desde hace ya muchos meses todos teníamos claro que Legión no iba a ser más que una serie B adornada con un reparto bastante sorprendente repleto de rostros con sobrada solera. Junto al mencionado en la sinopsis Bettany, gente como Dennis Quaid – amago de actor en las horas más bajas de su carrera -, Charles S. Dutton – otro conocido que tampoco levanta cabeza -, Kate Walsh, Lucas Black, Adrianne Palicki, Kevin Durand – el villano número uno en el cine moderno -, Tyrese Gibson, – de paso – o Doug Jones – genio de la transformación y un fijo si lo que buscas es dar forma a un monstruo impactante -, hacían pensar que la cosa podía estar medianamente bien y cumplir pese a hacer uso de una formula manida pero que siempre funciona. Lo malo es que cuando una serie B pierde fuelle esto significa que comienza a rozar la peligrosa Z. No digo con esto que Legión sea patética, pero se acerca más a este nivel de calidad que a algo menos doloroso. Realmente cuesta saber donde se han invertido los 26 millones de presupuesto, porque lo que debería ser un film con una trabajada carga de efectos especiales, aunque sean modestos, apuesta más por los diálogos, el 99% sonrojantes, los planos interminables de bombillas y las situaciones más inusuales, todo el mundo fuma en modo malote y el resto no se cansa de decirles que es malo fumar.

Era sabido que Legión sería un film de andar por casa y que como tal bebería de los tópicos del cine… lo malo es que más que beber acaba por emborracharse con ellos. Vamos, que ninguno de los personaje logra romper con el esquema para el que ha sido definido. El fracasado tapado que finalmente se encumbra como gran héroe salvador, los actores negros cuyos destinos estaban escritos en los anales del cine de serie B, y un largo etcétera. Sumemos a esto diálogos que lo único que pretenden es dar a conocer unos personajes que importan bien poco y una sobrecarga de chorradas que dejan lo que realmente debería ofrecer el film en un inmerecido segundo plano. Porque si, Legión prometía acción, prometía enfrentamientos entre humanos y criaturas, prometía de todo… y lo que termina dando es un exceso de charla banal, completamente carente de interés e irrisoria. Pero bueno, no todo es patetismo. También tenemos algo llamativo y loable. El único enfrentamiento real entre ángeles lo protagonizan Bettany y Durand. Un notable combate entre un Michael armado con ametralladoras y escopetas recortadas haciendo frente a un Gabriel armado con sus alas blindadas y cortantes, o una especie de batidora / maza medieval que logra que el respetable muestra un amago de sonrisa y convencimiento de que esto pudo ser mucho mejor. Se supone que esto iba a ser la primera parte de algo más. Por calidad deberían olvidar la posibilidad de una segunda parte, otra cosa es lo que indique el haber recaudado más de 60 millones desde su estreno… si no lo veo no lo creo.

Y aquí no termina esto. Scott Stewart está apunto de completar Priest (2011). Supuesta adaptación del manga de Min-Woo Hyung. No se yo si debemos esperar algo como esto o incluso peor. Crucemos los dedos…

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Si lo que buscas es una análisis pormenorizado de teorías acerca del final de "Perdidos" ("Lost", 2004-2010) pues probablemente este no sea la entrada más interesante para leer. La verdad es que no elucubro, no pretendo justificar y más bien ofrezco lo que he querido entender con esta serie y hacia donde se nos quiso llevar siempre desde un principio.

The End of Lost

La verdad, nunca me he planteado hablar de series, ni salvo esta ocasión creo que lo vuelva a hacer, pero han sido algunos los que me lo han pedido y, tras 5 largos años – por lo menos en mi caso -, el final de una de las series que he seguido con más entusiasmo ha llegado a su fin. Fue en verano del 2005 cuando gracias a TVE descubrí esta sorprendente creación de J.J. Abrams, Jeffrey Lieber y Damon Lindelof. En este tiempo, y tras ponerme al ritmo USA desde el inicio de la segunda temporada, he asistido con extrema dedicación y devoción a la evolución de la historia de un grupo de personas en una isla misteriosa donde los poderes místicos, las guerras tribales, las investigaciones científicas setenteras y los viajes en el tiempo, o a través de universos paralelos, se conjugaban perfectamente para ofrecernos una historia fantástica, llamativa y brutalmente embelesante. ¿Era eso lo que de verdad se pretendía?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

Un millón de macguffins

Pues no, lo realmente bueno de Perdidos / Lost es el arte con el que Abrams, Lieber y Lindelof han vestido un serial de 6 temporadas donde lo que verdaderamente importaban eran los personajes, sus temores, las decisiones que tomaban, sus relaciones personales y la vitalidad con la que se enfrentaban a nuevos y extraños retos. La asimilación de su destino y misión, o los cambios a los que se vieron abocados, era lo realmente importante y sobre lo que todos deberían haber entendido que iba la serie. El resto de cosas que han acontecido a lo largo de 121 episodios son simple y llanamente la base de como conciben el cine sus creadores. Ya lo adelantó en su día J.J. Abrams en una notable charla titulada "Mistery Box" concedida al programa TED, y que recomiendo ojear una y otra vez. Abrams dejó claro ese día que su punto de partida para toda creación cinematográfica era el uso del macguffin, ese concepto narrativo ideado por el genio Alfred Hitchcock y que juega con que toda la narración debe girar entorno a un elemento que el espectador considerará importante pero que para el narrador no lo es en absoluto. Más aún, si bien el término implica la motivación de los personajes y de la narración de la historia que protagoniza, Abrams, Lieber y Lindelof han incitado al público a investigar, a montarse paranoias, a darle vueltas a ideas que, en realidad, carecen por completo de relevancia para el fin que se pretende. ¿A quién le importa el aspecto de Harry en Pero… ¿quién mató a Harry? (The Trouble with Harry, 1955) o cómo es y si está verdaderamente el cadáver en el baúl de La soga (Rope, 1948)? Pues a nadie. Lo más grotesco, por excesivo y sobrecargado – pero léase en sentido positivo -, es que Abrams, Lieber y Lindelof han parido un gran macguffin, o más bien una unión de miles de macguffins. ¿Y todas las preguntas que se dejan en el aire?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

Personas y relación

¿Quién es Jacob?, ¿y el hombre de negro?, ¿y la madre de estos?, ¿para que está ahí la isla?, ¿qué es Dharma y como llegó a está?, ¿desde cuando están ahí los Otros?, ¿por qué rayos Widmore quiere regresar a cualquier precio?, ¿y el oso polar o el caballo?, ¿y la secuencia numérica que tanto nos ha gustado recitar?, ¿y los símbolos egipcios?, ¿y la casa de madera de Christian, el primer templo derruido, la gran estatua, el barco en el que llegó Richard o los poderes de regeneración de las aguas de la morada de los otros Otros?, ¿y los viajes en el tiempo? Pues todo esto no debía interesarte lo más mínimo. Sí para conjeturar, para imaginar, para sacar conclusiones personales y trabajadas, para discutir con los amigos o para alucinar un rato largo. Pero para nada más. Teorías hay decenas, centenas o incluso millares. Muerte, purgatorio, fantasía, destino. Estudios enrevesados, fabulosos en toda su amplitud y que te dejarán con la boca abierta como los que se trabaja con brutal esmero Pedro Jorge Romero son piezas clave para comprender un poco más de los infinitos secretos de la serie. Pero para mi esa no es la intención de Perdidos / Lost, el verdadero leitmotiv no son más que las personas, sus relaciones, sus importantísimos vínculos y el sorprendente destino de redención que les acaba alcanzando a todos ellos. ¿Qué nos queda de este gran grupo?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

Personajes

No lo voy a negar, hacía tiempo que una serie no me emocionaba tanto. Será por el apego hacia los protagonistas, por el tono triste y melancólico de toda la serie o su conflictivo final. Será por llevar tanto tiempo al pie del cañón pendiente de si Jack tendrá el valor suficiente para tomar esa decisión, de si Sawyer acabaría mostrando que no todo es indiferencia y socarronería, de si Kate sería capaz de enfrentarse a sus miedos, de si Desmond seguiría marcando la mayor de las diferencias pese a ser presentado como un personaje secundario, de si Hugo valdría realmente su peso en oro o si Locke acabaría ocupando el puesto que siempre deseó. Pues con el cierre de Perdidos / Lost uno ya comienza a echar de menos a todos sus protagonistas y las tensas o emotivas situaciones que protagonizaron. La realidad es que algunos permanecen en nuevas series, otros darán el salto al cine y muchos desaparecerán tristemente, pero lo que está claro es que la intensidad que les han otorgado a sus papeles los guionistas será difícilmente alcanzable hagan lo que hagan. Todo actor debería tener en su carrera esa oportunidad de destacar. El reparto completo de esta serie ha tenido la ocasión, la ha sabido aprovechar y ha ofrecido lo mejor de si en ella. Porque, para más INRI, esta vez no ha ocurrido como con otras series donde todo se centra en dos, tres o cuatro personajes. No, Perdidos / Lost ha sido una obra coral, donde esos pocos minutos de cualquier personaje se tornaban en vitales para el destino de nuestros protagonistas finales. ¿De verdad se ha terminado la serie?

Imagen promocional de Perdidos / Lost

¿Y ahora qué?

Pues solo nos queda mirar hacia adelante, darnos cuenta que hemos visto una gran producción, de un nivel singular, y que tenemos la ventaja de poder volver al verla porque un segundo, o tercer, visionado nos hará entender cosas que al principio no comprendimos, teorizar complejos argumentos científicos o leer entre líneas para descubrir secretos ocultos. Perdidos / Lost ya es un mito, una obra de culto con cientos de miles de fans, por no decir millones, que será recordada y que podrá ser recuperada para entender mejor lo que se nos ha querido mostrar. La verdad, creo que no vale la pena romperse la cabeza y cabrearse porque no me ha mostrado eso o aquello. El final es el mejor que se le podía poner, de hecho no caben muhcas otras posibilidades que, sin dudarlo, resultarían más disparatadas. Ha sido perfecto, como debe ser un final, suficientemente clarificador y sobresaliente en su adiós.

Imagen promocional de Perdidos / Lost

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Este fin de semana se ha estrenado el nuevo intento de Disney Pictures y Jerry Bruckheimer por crear esa franquicia que pueda hacer compañía, o sombra, a la saga de los Piratas del Caribe recaudando tropecientos millones de dólares en todo el mundo. Basándose en el famosísimo videojuego creado por Jordan Mechner, Prince of Persia: las arenas del tiempo (Prince of Persia: The Sands of Time, 2010) probablemente logre alcanzar ese deseado estatus pero, tristemente, no conseguirá hacerse con este puesto por su demostrada calidad y si más por el bombo que se le ha dado en todas partes. Porque la realidad de Prince of Persia: las arenas del tiempo es la que uno se venía temiendo… película para ver, comentar, echar unas risas y poco más, no levantará pasiones y, esto no se podrá poner en duda, será uno de esos recuerdos que colocaremos en ese hueco de nuestro cerebro dedicado a funcionar como memoria volátil, hoy estará presente y mañana se habrá esfumado. Prince of Persia: las arenas del tiempo es pan para hoy y hambre para mañana, un blockbuster que cumplirá para sus productores pero que no alcanzará ese toque de necesitada calidad que tan poco abunda hoy en Hollywood. En USA se estrena la semana que viene, seguro que recauda una cifra obscena y dentro de un par de años tendremos una trabajada secuela, pero la película de Mike Newell es más de lo mismo…

Póster final de Prince of Persia: las arenas del tiempo
Póster final de Prince of Persia: las arenas del tiempo

La historia arranca presentándonos a un jovencísimo Dastan que en su etapa juvenil vive robando en los barrios pobres de su ciudad natal. Por casualidades de la vida, Dastan será adoptado por el rey Sharaman (Ronald Pickup) y compartirá su vida y educación desde ese momento con sus dos nuevos hermanos, Tus y Garsiv. Han pasado 15 años y un complot de venta de armas a un pueblo enemigo llevará a Tus (Richard Coyle), Garsiv (Toby Kebbell) y Dastan (Jake Gyllenhaal) a invadir la ciudad sagrada de Alamut, todo bajo la atenta mirada y algo más de su tío Nizam (Ben Kingsley). Allí Dastan conocerá a la hermosa princesa Tamina (Gemma Arterton) y se convertirá junto a ella en un prófugo después de acusarle del asesinato de Sharaman. En su escapada descubrirá los poderes de una daga mágica y la oscura y siniestra conspiración que se erige en torno a su familia.

Prince of Persia: las arenas del tiempo es una mixtura de géneros tan habituales como son la comedia, la fantasía o la acción más disparatada y artificiosa. Bruckheimer decide combinar todos estos elementos otra vez y tras varias sacudidas del cóctel el resultado es lo que se puede ver en el cine. Pero ojo, si bien logran adaptar algunas de las cualidades del videojuego que trasladan a la gran pantalla, más de sus versiones modernas que de aquel clásico de MS-DOS que tanto nos entretuvo, la historia ideada por Mechner y guionizada por Boaz Yakin, Doug Miro y Carlo Bernard no llega a cuajar como debería. Los personajes son bastante mediocres, planos y carentes de encanto, desde el increíble Dastan interpretado por Gyllenhaal, tiene el carisma de un corcho, hasta la pareja fotocopia en blanco y negro de Han Solo y Chewbacca que son el Sheik Amar (Alfred Molina) y su inseparable Seso (Steve Toussaint). De todas formas lo que más llama la atención es la opción tomada por Bruckheimer y compañía. La película está repleta de acción, múltiples escenas de parkour – que hacen recordar el videojuego – y altísimas dosis de comedia pro-evasión de impuestos y otras ñoñerías / chascarrillos que sirven de carcajada al público pero que hacen que te ausentes de lo que verdaderamente importa. Para hacer la películas más simpática y amena, la producción juega con esa química de pareja que no para de odiarse pero que sabes que la realidad es otra. Y luego está el toque de fantasía, infrautilizado durante las tres cuartas partes de la película, y con traca final de esas que no sorprenden ya a nadie. Porque sorprende que una inversión más que notable, se habla de 150 millones de dólares, den como resultado unos efectos digitales que no llegan a aportar nada nuevo y que incluso pueden parecer hasta poco resultones.

En definitiva. Se puede ir a ver, pero nada más. Es divertida, no llega a aburrir del todo pero es muy poco sorprendente, cuando la verdad es que este factor deberían haberlo explotado bastante más.

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La esperada segunda parte de la saga comiquera marvelita se estrenó ayer en medio mundo, en USA todavía tienen que esperar hasta el 7 de mayo, y viene a demostrar que vale la pena arriesgar ya que todo se puede adaptar sin miedo. El film nace para remarcar uno de los aspectos más importantes de la vida del Tony Stark impreso en papel… un amago de adaptación de "Iron Man: El demonio en la botella" siguiendo los requerimientos y pautas de moralidad que marcan tanto el Hollywood más comercial como la siempre controvertida MPAA. Iron Man 2 (2010) de Jon Favreau es una reconfortante continuación de las aventuras iniciadas con gran éxito en Iron Man (2008), donde esta vez se enfoca su desarrollo menos en la mejora de las máquinas que fabrica nuestro héroe y más en la evolución del protagonista – su endiosamiento al descubrir al mundo que él es Iron Man, su caída en el mayor de los ridículos, equivalente a su hundimiento en el alcoholismo comiquero, y su vuelta a la normalidad. Eso si, el producto final no se olvida de lo que realmente es y vuelve a hacer una demostración de que la buena acción palomitera es un complemento ideal sacándose de la manga un buen villano, aunque personalmente poco aprovechado, y una cantidad ingente de robots amén de iconos del universo Marvel como son War Machine, Nick Fury o Black Widow. De regalo unos cuantos guiños al futuro cinematográfico que ha de llegar de "la casa de la ideas". Nunca los títulos de crédito aderezados con buena música se disfrutaron tanto… must be seen.

Póster español de Iron Man 2
Póster español de Iron Man 2

Vayamos con lo que se nos cuenta Iron Man 2. Ya han pasado varios meses desde que Tony Stark, Robert Downey Jr. está en su salsa y reincide en una gran caracterización, haya descubierto al mundo que quien se ocultaba bajo la armadura de Iron Man era en realidad él mismo. En este tiempo su popularidad se ha ido acrecentado más y más hasta llegar a un punto de paroxismo mediático que resulta patético. Stark se rebela como mesías de la paz mundial y se ríe de si mismo con las excentricidades propias del personaje que es. Pero a la vez que disfruta de este juego donde se encuentra como pez en el agua, se enfrenta a dos mayúsculos problemas: el gobierno americano quiere hacerse con su creación antes de que esta caiga en manos no deseadas, y esta, poco a poco, le está contaminando y consecuentemente matando. Si no le llegaba ya con esto, Ivan Vanko (Mickey Rourke), el hijo de un viejo colaborador de su padre, decide sacar de un polvoriento cajón estudios y prototipos del pasado y convertirse en Whiplash… un villano cuyo objetivo principal será acabar como sea con Tony Stark.

Como ya comentaba en el primer párrafo, la apuesta de este segundo capítulo son los personajes. Marvel Studios decide tirar la casa por la ventana y no se conforma como en la primera parte con un tête à tête entre héroe y grandioso villano. Esta vez combinan con soltura la inserción de nuevas figuras vitales en el universo que tienen entre manos y el mastodóntico volumen de efectos especiales. La presencia de Natalie Rushman /Natasha Romanoff / Black Widow, escultural Scarlett Johansson aunque interpretativamente aporte poquito, o de War Machine, a Don Cheadle le ocurre más o menos lo mismo que a Terrence Howard y pasa un pelín como si con el no fuera el tema, son un acierto. Lo mismo ocurre con el crecimiento en importancia, necesaria todo sea dicho, de Nick Fury (Samuel L. Jackson) o Happy Hogan, el director Jon Favreau gana muchos enteros con sus múltiples intervenciones. También muy interesante es el juego de tira y afloja que Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) y Tony Stark se traen entre manos, o la presencia de Justin Hammer, un Sam Rockwell que sucumbe subyugado ante la importancia de Ivan Vanko.

Pero no nos llevemos a engaño, pese a no resultar tan sorprendente como su predecesora, vuelvo a repetir que el enfoque en Iron Man 2 es más "personal" que "técnico", asistimos nuevamente a un derroche de artifcio que será del gusto del aficionado más deseoso. Tenemos de todo, Iron Man en estado puro, el nacimiento de War Machine – espectacular -, Whiplash por todas partes y una sobrecarga de acción final que debe durar cerca de 30 minutos donde ILM y Legacy FX, la refundada Stan Winston Studios, lo dan todo y ofrecen un trabajo para quitarse el sombrero. El resto de complementos – música, ambientación, etc. – siguen el mismo esquema que el primer film y cumplen como deben.

En definitiva, muy recomendable. Si te gustó la primera lo más seguro es que te guste esta segunda parte. Ojo, de las más de dos horas de metraje hay que dejar claro que la presencia de Iron Man es significativamente menor, aunque la intensidad de sus acciones no tienen nada que desear a las de la primera parte de la saga.

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Muy a mi pesar, y como lo prometido es deuda, me paso por el blog para hablar del fallido intento por parte de Warner Bros. y Legendary Pictures de resucitar, haciendo acopio de un gran presupuesto y lo último en efectos especiales, las grandes aventuras basadas en los héroes, dioses, titanes y demás criaturas mitológicas de la antigua Grecia. Más triste es si cabe cuando tu proyecto no aporta una nueva historia y decide beber directamente de un clásico de la fantasía como es Furia de Titanes (Clash of the Titans, 1981) de Desmond Davis, película que, todo sea dicho, adolece de muchos defectos pero por lo menos cuenta con un reparto entregado, una historia bien hilvanada y unos efectos especiales creados por la mente del genio Ray Harryhausen y que en la época, y aun ahora, sorprenden.

Esta nueva Furia de Titanes (Clash of the Titans, 2010) vuelve a recrear el enfrentamiento, o desafío, entre humanos y dioses del olimpo. Perseo (Sam Worthington), hijo de Zeus (Liam Nesson) y Danae (Tine Stapelfeldt), es arrojado al mar en un féretro cuando es todavía un bebe por su el engañado marido de esta, Acrisio (Jason Flemyng). Tras ser encontrado por Spyros (Pete Postlethwaite), será cuidado por este pescador y su familia hasta hacerse un mocetón de esos que meten miedo solo de mirarlos. Un día, y mientras maldicen a los dioses por la penosa faena, asisten al espectáculo de como los soldados de Argos derriban una estatua del dios Zeus. Al poco rato aparecen unas harpías que darán cuenta de todos los guerreros y que, tras completar su tarea, se transforman en Hades (Ralph Fiennes), quien no tiene nada mejor que hacer y aniquila a la tranquila familia pesquera de Perseo. Rescatado por un barco de Argos, nuestro protagonista es llevado a palacio y presentado, por curiosidades de la vida y la intervención de Io (Gemma Arterton) y Hades, como un semidios. En ese momento, y deseoso de cobrarse su venganza contra el dios del inframundo, se unirá a un grupo de guerreros de Argos, Draco (Mads Mikkelsen), Ixas (Hans Matheson) o Eusebios (Nicholas Hoult), para intentar encontrar la solución contra el mortífero anuncio de Hades… El Kraken, monstruosa criatura que habita en el inframundo, será liberado y arrasará Argos al menos que se sacrifique a Andromeda (Alexa Davalos), hija del rey.

Cartel de Furia de Titanes en 3-D
Cartel de Furia de Titanes en 3-D

Y en esas estamos. El director francés Louis Leterrier, con cuatro películas a sus espaldas cumple con el doloroso refrán de una de cal y otra de arena, se devana los sesos por dar forma al desastroso e incongruente guión de Travis Beacham, Phil Hay y Matt Manfredi. Porque en estos casos, y por sacarse de la manga un remake, no hay nada como comparar parar sacar los colores. Veamos, Perseo decide ayudar a la ciudad de Argos por simple venganza. Dirigirá a una unidad de soldados para acabar con Kraken porque sabe que eso fastidiará a Hades, asesino de su familia. Emotiva razón. Lo más estrambótico es que quien tiene el poder de liberar al Kraken no es otro más que Zeus, padre de Perseo y personaje que se pasa toda la película ayudando a su hijo… ¿por qué entonces libera al Kraken?, ¿para castigar a Argos? Supongo que habría otras opciones. En el film de 1981 por lo menos quienes ayudaban a Perseo eran otros dioses, y a Zeus le movían desde un principio las razones reales que hacen actuar en este caso a Hades. Más peculiaridades. Si bien en la película origen Calibos era una extensión del constante enfrentamiento entre Zeus y Atenea, ¿qué sentido tiene aquí? Muchos dirán que es el hombre de acción de Hades pero… ¿qué necesidad tiene el dios de contar con Calibos si se pasa todo el rato apareciendo y enfrentándose directamente él a los humanos? Podría seguir, pero entonces acabaría destripando todo.

En fin, sumemos a esto un reparto de nombres conocidos pero que, ensombrecido por las pretensiones del proyecto, acaban diluidos como una cucharada de sal en una botella de agua demasiado grande. Y es que a Sam Worthington le falta mucho para convencer en un papel donde deba mostrar algo de emoción. Al igual que Leterrier su carrera la definen pocas grandes producciones como para elucubrar sobre su futuro, pero son sin embargo suficientes como para saber que su rostro de palo y cara de mueca serán inevitables. Agreguemos a Liam Nesson, desaparecido y reducido a unos escasos minutos, o a Danny Huston… que si, que trabaja Danny Huston, es Poseidón. Probablemente Finnes sea el que más convenza, sobre todo si tenemos en cuenta que el resto de personajes que aparecen acaban por servir como un elemento más atrezzo. ¿Alguien se acuerda de los nombres de los soldados de Argos una vez se presentan?, salvo Draco, el resto son peleles en manos de los guionistas. Algo similar ocurre con Io, Gemma Arterton tiene un algo que mola. En ningún momento se nos explica su presencia, por qué ayuda a Perseo, etc. Y lo del djinn hombre árbol es el no va más… se merece un WTF como una casa. No menos innecesarios son los dos improvisados compañeros de fatigas que se unen sin venir a cuento al periplo de los soldados. A eso le llamo yo amor al arte, y eso que no son de Argos!

La verdad, lo único que se salvan son los efectos. Muy grande el Kraken, aunque poco innovador, la Medusa, fabulosa recreación, Caronte, las harpías, las brujas de Estigia, los escorpiones o incluso Calibos. Peores ideas son el cameo de Bubo, esos toques cómicos sobran, o el regalo de Zeus a Perseo… si, hablo de la "espada". Lo que pudo haber sido y lo que es en realidad.

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El pasado viernes se estrenó otro de tantos proyectos que a medida que vas conociendo su desarrollo te entusiasma gracias al aroma que desprende a épocas del cine más acertadas y trabajadas. El libro de Eli (The Book of Eli, 2010) de los hermanos Albert Hughes y Allen Hughes es una nueva vuelta de tuerca a los siempre atrayentes futuros post-apocalípticos que asolarán nuestro mundo cuando alguien decida pulsar el famoso botoncito rojo. Pero lo que durante muchos meses ha ido creciendo comedidamente en interés, tampoco es que esperara el proyecto como agua de mayo, ha acabado siendo un chasco de muy señor mío que tampoco suponía. Tras nueve años ausentes en las siempre complejas tareas de dirección, la correcta adaptación comiquera Desde el infierno (From Hell, 2001) es su trabajo más cercano en el tiempo, The Hughes Brothers han vuelto a colocarse tras las cámaras para ofrecernos un pastiche que transita entre la violencia más desaforada, y agradecida, el futuro más madmaxiano y los siempre inescrutables caminos del señor.

Póster español de El libro de Eli (The Book of Eli)
Póster español de El libro de Eli (The Book of Eli)

El libro de Eli nos cuenta el periplo de un solitario caminante (Denzel Washington) que, como único destino en mente seguir su ruta hacia el oeste, recorre un desértico páramo post-nuclear al encuentros de diferentes personajes. En su camino Eli demuestra ser un metódico cazador, no está nada mal la escena inicial aunque desubica, y, lo más importante dados los tópicos y clichés que inundan la película, un superviviente nato con una destreza y habilidad inigualable… y por momentos sobrenatural. Pero lo que verdaderamente mueve a este hombre es la protección absoluta de un libro con un poder inigualable para los tiempos que corren, ¿aunque no es un poco presuntuosa tal aseveración? En fin, en modo homenaje a obras veteranas y míticas como son Mad Max, salvajes de la autopista (1979), Mad Max 2, el guerrero de la carretera (1981), Farenheit 451 (1966) o incluso la reciente y difícilmente superable The Road (2009), El libro de Eli nos vuelve a mostrar que tras un invierno nuclear las desoladas carreteras estarán plagadas por depravados asesinos, insospechados caníbales y, lo que es peor, personas un poco más inteligentes que el resto y que lo único que pretenden es asoballar y dominar al más débil. Eli solo quiere una cosa, seguir su camino, pero sorprenderá a propios y extraños no solo por sus acciones, si no por la justificación de las mismas…

Storyboard de El libro de Eli y muestra de la implacable violencia del film
Storyboard de El libro de Eli y muestra de la implacable violencia del film

El problema de El libro de Eli es que lo que parte con una premisa interesante, aunque de sobra conocida y explotada, acaba perdiendo fuelle conforme avanzan los minutos y se resuelven las diferentes situaciones o se descubren todos los secretos, algunos de ellos dignos de las mayores carcajadas. Sin querer entrar en detalles, decir cualquier cosa implica destripar por completo la película y hacerle perder la poca sorpresa que es capaz de ofrecer, en primer lugar uno comienza con mal pie si en la traducción del título del film se oculta un importante detalle de la historia que se nos plantea. Eli debería haber sido traducido por Elias y no por un carente de significado Eli. Segundo, los interminables 118 minutos de metraje deberían haberse recortado a unos suficientes 90 quitando casi media hora de transiciones, cámaras lentas y planos de tono zen que provocan que un desmedido sopor inunde la sala de cine. Poco ayuda también el peculiar guión del debutante Gary Whitta donde el protagonismo se lo lleva un notable Denzel Washington, cosa que me gusta, pero donde hay que dejar claro que también deberían contar Gary Oldman, pasable, Mila Kunis, todavía intento entender el sentido de su personaje, o Ray Stevenson, devaluado de tal manera que más que un apoyo al villano Carnegie resulta ser un problema a eliminar.

Storyboard de El libro de Eli y muestra de la implacable violencia del film
Storyboard de El libro de Eli y muestra de la implacable violencia del film

Pues eso, una película más. Momentos de acción destacables por lo visualmente llamativos que resultan y nada extra que destacar. Sin embargo, alucinante o no, es un film que llama a un segundo visionado para analizar las consecuencias reales que implican el inesperado desenlace.

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Reconozco que tras ver Shutter Island (2010) se me pasó no publicar una opinión sobre la misma. El film de Martin Scorsese pertenece a un género que, la verdad sea dicha, no se acomoda con las habituales charlas que mantenemos en el blog. Shutter Island es fundamentalmente un thriller psicológico pero cuenta con importantes y destacados toques de terror que hacen que el espectador se quede tieso en la butaca esperando que la tensión que se acumula con el paso de los minutos acabe de una vez por encontrar una salida. La película resulta sorprendente tanto en la calidad de su historia, el guión de Laeta Kalogridis basado en el libro de Dennis Lehane es sencillamente superlativo, como en su perfecta factura y en su no menos gran trabajo de actores. El veterano maestro vuelve a ponerse en un lugar avanzado con respecto a sus iguales generacionales, y deja claro que está un paso por delante de todos ellos. Shutter Island debe verse para descubrir una nueva dosis de buen cine de misterio. Cine como el de antaño y con aroma a clásico…

Póster de Shutter Island
Póster de Shutter Island

Estamos en el verano de 1954. Dos agentes judiciales, el al mando Teddy Daniels, fabuloso Leonardo DiCaprio, y Chuck Aule (Mark Ruffalo), son enviados al sanatorio psiquiátrico Ashecliffe sito en la remota Shutter Island, una isla perdida en la bahía de Boston. Su misión es investigar la misteriosa desaparición de Rachel (Emily Mortimer), una peligrosa asesina que, del día a la noche, ha abandonado su celda sin dejar rastro alguno. Su agitada llegada a la isla les llevará a conocer al Dr. Cawley (Ben Kingsley) y al misterioso Dr. Naehring (Max von Sydow). El agente Daniels comenzará a investigar los secretos que oculta el apartado sanatorio y no tardará en sufrir en sus propias carnes el desquicie y la paranoia que flotan en el ambiente del lugar…

Con Shutter Island el espectador descubre como se narra una buena película de misterio, policíaca y, más importante, como todavía existe en el mundo del cine la capacidad de sorprender… aunque con el paso de los minutos las verdaderas opciones de desenlace se queden en un cara o cruz clásico pero no por ello carente de interés. Sacando jugo de elementos tan importantes como una fotografía atronadora, lo que hacen ahora los efectos visuales en este tipo de obras es lograr sentirnos parte del entorno, y una música impecable, me he quedado prendado de la banda sonora, visionando el film uno se ve atrapado en una espiral de acontecimientos donde es complicado discernir qué es realidad y qué imaginación de los personajes. Apoyándose de paso en el pasado de Daniels, que hace comprender las reacciones que tiene y las constantes paranoias que sufre, se ahonda más en la locura traumática y en sus tremendas consecuencias. Scorsese se trabaja además algunas secuencias impresionantes que te dejan con la boca abierta. La llegada a la terrorífica isla es impactante, y todos los momentos en los que se nos cuenta el pasado del personaje protagonista en la Segunda Guerra Mundial merecen la pena… sobre todo uno muy en particular que me ha parecido brutalmente mágico.

En fin, id a verla. No os defraudará y de paso estaréis viendo una de las películas que seguro mojarán en la ceremonia de los Oscar que se celebrará en el 2011.

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Se que llega con un poco de retraso, pero hoy es el día que toca sacarse de la manga la opinión acerca de The Road (2009) de John Hillcoat, la dura adaptación de la singular obra de Cormac McCarthy. Si bien Hillcoat ha sido el artífice de colocar las piezas que conforman las excelentes interpretaciones de Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee o la gris y demoledora fotografía de Javier Aguirresarobe, el encargado de adaptar la peculiar y compleja obra de McCarthy ha sido Joe Penhall. Este ha logrado trasladar con éxito a la gran pantalla los momentos más significativos de la obra escrita pero se ha visto obligado, Hollywood manda se diga lo que se diga, a sustituir muchos de los importantes instantes relación padre / hijo que abundan en la novela por inexistentes momentos donde se da excesivo protagonismo a la también anónima madre del niño, interpretada en este caso por Charlize Theron. Pese a esto, nuevamente una obra de McCarthy vuelve a funcionar notablemente en pantalla grande, No es país para viejos (No Country for Old Men, 2007) es ejemplo de ello, aunque esta vez la crudeza y la desesperanza que transmite hace meditar largo y tendido para analizar lo visto, y compararlo con su fuente.

Cartel de The Road
Cartel de The Road

The Road es la historia de un padre y su hijo. Ambos recorren el desolador páramo en que se ha convertido puede que el mundo entero tras un cataclismo que, en el fondo, poca importancia tiene. En su desesperado viaje por la supervivencia, el padre hará todo lo que esté en su mano por lograr que su hijo llegue a ver el amanecer de un nuevo día. Su viaje por unos desmoronados Estados Unidos tiene como destino, utópico deseo porque el final del camino sea diferente, la costa del sur donde se supone el clima será más cálido y cándido. En su desagradable periplo se cruzarán con diferentes personajes: desde desquiciados y hambrientos supervivientes que han optado por seguir el camino del salvajismo, de la degradación de la raza y de la crueldad más sangrante, hasta el de otros viajeros que, como ellos, deambulan esperando el momento que marcará el final de sus vidas.

La obra de McCarthy es complicada. La emotiva narrativa de la obra trasmite, con palabras, una dura relación padre / hijo y muestra los extremos a los cuales el ser humano podría llegar si se diera el peor de los casos en este mundo que vivimos. John Hillcoat se ha animado a narrar, visualmente hablando, un relato difícil y ha conseguido mostrarnos la soledad, la desesperanza y el dolor con imágenes, silencios y una dirección de actores que da verdadero gusto. Lo que me hace pensar que es, sin dudarlo, la gran olvidada este año en los premios de la academia de Hollywood… pero igual su desmedida tristeza es lo que la ha lastrado hasta ser degradada por completo. En fin, la recomiendo. Tanto como recomiendo la novela.

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Este fin de semana se ha estrenado el primer intento por parte de Universal Pictures de renovar el espíritu de los grandes clásicos del terror de antaño. El debut de este con posibles y atrayente reto ha sido El hombre lobo (The Wolfman, 2010) de Joe Johnston, remake y demostrado homenaje de El hombre lobo (The Wolfman, 1941) de George Waggner. Sin embargo, un errático desarrollo repleto de imprevistos ha provocado que el capítulo piloto de un prometedor renacimiento se haya quedado en agua de borrajas, o por lo menos que no haya logrado su gran objetivo… convencer y dejar un sabor de boca como dios manda. Ni que decir tiene que la película resulta entretenida, pero se notan los flacos favores le han hecho los cambios en su silla de dirección, Mark Romanek abandonó el proyecto por diferencias creativas, en la mesa de montaje, en noviembre del año pasado dos nuevos montadores proporcionaron lo que vemos ahora en la pantalla, o metiendo mano sobre los efectos especiales realizados por uno de los grandes maestros del Hollywood moderno, Universal Pictures insufló 30 millones de dólares y más de un año de retraso para digitalizar y ¿mejorar? el trabajo de Rick Baker porque no les convencía.

Cartel de El hombre lobo / The Wolfman
Cartel de El hombre lobo / The Wolfman

Este nuevo El hombre lobo es una gótica y victoriana revisión del mito del licántropo de la Universal. La película nos cuenta la historia de Lawrence Talbot (Benicio Del Toro), un actor de teatro que acude a ayudar en la búsqueda de su desaparecido hermano en las tierras familiares de Blackmoor, tierras que por cierto abandonó hace mucho tiempo. Su llegada no puede ser más oportuna, el cuerpo de Ben ha sido encontrado el día anterior en una zanja completamente mutilado. Lawrence decidirá entonces permanecer en la casa familiar mientras no se descubra que ha ocurrido y comprobará como la desconfianza del pueblo se cierne sobre él. Acompañado por su desquiciado padre, curioso Anthony Hopkins, y por Gwen Conliffe (Emily Blunt), la prometida del fallecido Ben, Lawrence sufrirá el ataque de una criatura mientras visita un campamento gitano y entrará a formar parte de un reducido club de hombres marcados por una maldición que se manifiesta en las noches de luna llena. En medio del fregado Scotland Yard contará con el detective Abberline (Hugo Weaving), un agente especializado en tortuosos casos policiales, que no dudará en ahondar en el truculento pasado de Talbot.

En fin, El hombre lobo es una superproducción de Hollywood que por arte de birlibirloque, y una muy mala coordinación, se ha quedado en convincente producto de serie B explotando unos actores y unos medios dignos de algo más. Muy agradable, pero con lo tiempos que corren excesivamente arriesgado, es que la película de Johnston no escatime en ofrecer casquería de primer nivel que otorgan al resultado final un muy disfrutable desarrollo. Si bien el guión no llega a ofrecer nada del otro mundo, por momentos resulta confuso y extrañamente cómico, el peor detalle de la película radica en el tambaleante montaje que no es capaz de, durante el primer tercio del film, ofrecer una a derechas. Poco ayuda también que se pusiera en duda la composición de Danny Elfman ya que, escuchando, uno se da cuenta de que la habitual característica del compositor se desvanece ofertando una banda sonora que suena a ya inventada y muy repetitiva. Otro detalle ha tener en cuenta, y que demuestra la poca capacidad de sorpresa que hay en el cine actual, es cómo la película intenta generar terror donde no lo hay. Esta vez el método seleccionado es el del ruido atronador que por puro impacto te hace saltar en la butaca, aunque siempre acompañado por un decorativo pastiche de sangre, pelo y, si hay suerte, casquería.

¿Vale la pena gastarse los cuartos en ver esta película? Pues pese a la poca repercusión que está teniendo, ayer por la noche la sala estaba casi vacía, y si os digo la verdad, si. Ojo, pero no penséis en ver nada del otro mundo, ni una obra maestra, ni una de esas pelis de terror que marcarán la historia. Veréis una serie B de primerísimo nivel repleta de entretenimiento, geniales efectos especiales, algún que otro chascarrillo y una factura técnica superior a la media… eso si, montaje un pelín desastroso y un guión flojo.

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Se que llega con retraso, pero más vale tarde que nunca. El pasado viernes acudí como mandan los cánones y con un nutrido grupo de buenos amigos a un prometedor debut del año 2010 en forma de acción comiquera de corte victoriano y con uno de los personajes literarios más icónicos del final del siglo XIX y principios del XX. Si, estoy hablando de Sherlock Holmes (2009), ese film dirigido por el director británico Guy Ritchie y protagonizado por una cuarteto de figuras que amplían las posibilidades de éxito hasta la seguridad más palpable. Basándose, como se dice en estas tierras "daquela maneira", en la obra de Sir Arthur Conan Doyle, o más bien en sus personajes, y tomando como base una historia comiquera creada por el productor Lionel Wigram, uno asiste a lo que nunca nadie imaginó que pudiera llegar a ser el bueno de Sherlock Holmes, el detective más hiperactivo y dinámico a la orilla del río Támesis.

Póster español de Sherlock Holmes
Póster español de Sherlock Holmes

Todo arranca con una ajetreada operación para desbaratar los siniestros rituales y asesinatos que ejecuta el peligroso Lord Blackwood, un Mark Strong que cada día disfruto más por su notable e imponente presencia. Holmes, vital Robert Downey Jr., y el bueno del doctor Watson, fabuloso Jude Law, asisten como especialistas de choque a las crédulas unidades policiales de Scotland Yard comandadas por el inspector Lestrade (Eddie Marsan). Tras cazar con las manos en la masa a Blackwood, este es enjuiciado y condenado a muerte colgando de una soga atada a su cuello. Una vez el castigo ha sido ejecutado, y con Holmes cayendo en una depresión por inactividad, el sorprendente y misterioso retorno de entre los muertos de Lord Blackwood y la aparición de Irene Adler, ¿pero trabaja Rachel McAdams?, la única mujer que ha logrado engañar a Holmes, llevarán al detallista y siempre atento detective y a su buen amigo a protagonizar una compleja investigación con complot de dimensiones estratosféricas. De nuevo contando con Watson, la pareja se pondrá manos a la obra para desenmarañar el increíble retorno de Blackwood y desbaratar sus planes de dominación.

Contando con un diseño de producción perfecto, unos efectos especiales a la altura y que nos transportan al Londres de finales de siglo XIX, más una música compuesta por Hans Zimmer que decora la producción a golpe de clavicordio, queda claro que Sherlock Holmes es un producto dirigido al público que llena las salas en estas épocas donde lo que vende es lo que vende, y si se hace bien pues vende más. El producto supura acción, diálogos frescos entre un par de actores que demuestran la química clásica de las buddy movies, y suficiente artificio como para entretener a todo el que se siente en la butaca del cine. Sumemos a esto los inconfundibles métodos de Guy Ritchie, los menos esta vez pero presentes y reconocibles cada vez que se presentan ante nuestros ojos. Cámaras lentas narradas, peleas coreografiadas como le gustan al director de británico, etc. Eso si, no todo es bueno y hay que reconocer que los 128 minutos se me antojan un pelín largos. Probablemente con 20 minutillos menos, o con unos puntos de transición mejor hilvanados, tendríamos un film completito.

Como detalle curioso decir que personalmente creo que la presencia, oscura pero presencia al fin y al cabo, de cierto personaje en la trama dejan un poco mal al equipo de guionistas que parecen necesitar meter a todos los personajes clave de la historia de Holmes en el mismo paquete. Hay veces que no mostrar todas las cartas en la misma mano aseguran igualmente el éxito futuro. Esto en Hollywood suele olvidarse de vez en cuando y Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg , los guionistas, demuestran no tener memoria y confianza en su trabajo. Con Blackwood y un detalle final en la sombra hubiera sido suficiente.

Eso si, Warner Bros., Legendary Pictures y Silver Pictures han dado otra vez en el clavo y tienen entre manos un producto para explotar durante los próximos lustros o por lo menos hasta que Robert Downey Jr. y familia se acaben de saltar por todas partes. Hay que ir a verla para disfrutarla. Me ha gustado, entretenido y mejorado un viernes cierre de una semana agotadora de trabajo.

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