Opinión


Tras más de diez años de silencio, y con un tercer episodio de la saga que había "cerrado" el ciclo con mala nota, Wes Craven y Kevin Williamson, ausente en esa deudora tercera parte, vuelven a la carga cogidos de la mano para explotar con acierto la franquicia que en su día fue el renacimiento de las películas de terror slasher. Puede que muchos vean en Scream 4 (2011) un producto que no aporta, pero nada más lejos de lo que podáis imaginar. Craven y Williamson regresan a la saga que les llevó a lo más alto en la década de los noventa con un producto potente, entretenido, repleto de frescura, que riza el rizo de la paranoia ghostfaceiana, y que sabe reírse tanto de sus predecesoras como del terror que nos ha acompañado en la última década. Como bien reza el lema de esta cuarta parte, nueva década implican nuevas reglas. La buena del dúo, y sobre todo la del señor Williamson, se nota ya desde la secuencia inicial, que todo sea dicho es sencillamente magistral y adaptada a los tiempos que corren en esta era donde las relaciones se miden por el número de amigos que tengas en tus redes sociales favoritas, y hasta lo enrevesado de la neura que justifica el regreso de Ghostface a la vida de los protagonistas de la película… una recuperada Neve Cambpell, un siempre genial David Arquette y una surrealista Courtney Cox, mujer botox casi irreconocible que demuestra que la gente no sabe envejecer en la meca del cine, y eso que tiene unos cuarenta y tantos años.

Póster español de Scream 4 de Wes Craven
Póster español de Scream 4 de Wes Craven

Ha pasado una década desde que Ghostface actuara por última vez. Sidney Prescott (Neve Campbell) ha pasado página a todo lo ocurrido y en su regreso a Woodsboro las cosas no pueden comenzar peor. Con la simple idea de presentar su nueva incursión en esto de la literatura, amén de reencontrarse con los poco viejos amigos que le quedan en el pueblo, la pareja Dewey Riley (David Arquette) y Gale Weathers (Courtney Cox), un viejo compañero de fatigas se autoinvita a la fiesta para volver a destripar, pasar a cuchillo, degollar y apuñalar a todo aquel que se le ponga por delante. Nuevamente el mal fario de la Prescott hace acto de presencia en forma del serial killer Ghostface. Pero ojo, esta vez el objetivo del siempre imaginativo, imprevisible y obsesivo asesino cinematográfico es ir amputando las diferentes ramificaciones que crean el entorno woodsbororiano de la sufrida protagonista… ¿a razón de que vuelve a actuar diez años después Ghostface?

Craven y Williamson actúan descaradamente de dos maneras. La primera seduciendo al fandom de la franquicia original con el retorno de los personajes fijos en el universo Scream y decorando el ya veterano elenco con jóvenes actores que, como ocurriera en otra época, acabarán por hacerse un hueco en el cine de dentro de unos cuantos años. Emma Roberts, Hayden Panettiere, Nico Tortorella, Rory Culkin, Adam Brody o Erik Knudsen, son además el equivalente obligado a Skeet Ulrich, Rose McGowan, Matthew Lillard, Ommar Epps, Timothy Olyphant, Jamie Kennedy o Jerry O’Connell, y, salvo sorpresa, carne de productos medios que irán decorando las pantallas de las salas de cine de hoy en adelante. La segunda forma es recuperando el ritmo del primer film, relanzando el sello pero apoyándose, para no tropezar como en terceras partes, en una historia sólida, entretenida y que al nuevo público, cinco lustros son cinco lustros, enganchará porque hace tiempo que no se ve una película slasher de estudio tan divertida como esta. Además, y como ya ocurriera en la memorable Scream, vigila quien llama (Scream, 1996), Craven y Williamson buscan un buen bastón de apoyo con la presencia de actrices de sobra conocidas en el mundillo que otorgan al respetable una efímera pero divertida aparición, que grande el cameo de Anna Paquin y Kristten Bell. En definitiva, una película que gustará a los fans de la saga y que seguro que a algún neófito en estas artes abre los ojos con ansias de mirar al pasado.

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Tras esperar con muchas ganas lo nuevo de Duncan Jones, este pasado viernes pude acercarme entusiasmado al cine a ver Código fuente (Source Code, 2011), el segundo proyecto cinematográfico de ciencia ficción salido de las manos del director de la fabulosa y melancólica Moon (2009), una de las mejores películas del género de los últimos años. Escrita por Ben Ripley, guionista con un bagaje a sus espaldas hasta ahora poco interesante – Species II (2004) y Species IV: El despertar (Species: The Awakening, 2007) -, Código fuente se presenta como un film destinado a envolvernos en una trama recurrente, cambiante en base a las acciones del protagonista, y que debe sacar todo el jugo posible a un período temporal tan escaso, 8 minutos lo es todo, que sorprende el mucho juego que puede llegar a dar ese pírrico espacio de acción. Apoyándose en términos tan complejos como la mecánica cuántica y los cálculos parabólicos, Código fuente se afianza en el siempre disfrutable universo del cine donde se transita por viajes a otros espacio-tiempo además de sacarle fruto a géneros igualmente geniales como el misterio o el suspense. En pocas palabras, estamos ante una versión más ajustada, por eso de los 8 minutos, de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), aunque con unas implicaciones bastante más complejas que las planteadas en la fabulosa comedia de Harold Ramis.

Póster español de Código fuente
Póster español de Código fuente

El capitán Colter Stevens (Jake Gylleenhaal), piloto de helicópteros en Afganistán, se despierta en un vagón de tren sorprendido y sin saber como ha llegado ahí. Sentado ante una chica llamada Christina Warren (Michelle Monaghan) que le trata como si le conociera de antes, Colter no puede más que alucinar con la situación que está viviendo. No sabe que está pasando, no entiende porqué está en ese tren y se queda conmocionado cuando al mirarse en el espejo descubre que el hombre que se refleja no es él. 8 minutos después de sufrir esta desesperante situación, el vagón en el que viaja explota violentamente. Colter despierta ahora dentro de una especie de cápsula hermética comunicada con el exterior por artefactos electrónicos. Interrogado por la también militar Collen Goodwin (Vera Farmiga) y el doctor Rutledge (Jeffrey Wright), descubrirá que en verdad forma parte de un programa experimental militar llamado "Código fuente" que tiene como objetivo infiltrarse en los últimos 8 minutos de vida de una persona fallecida y tratar de descubrir la razón por la que ha muerto. En este caso su misión es descubrir quién ha provocado el atentado que ha destruido el tren en el que el militar se despertó por primera vez.

Jones vuelve a explorar el género que más le gusta, y mientras sigue trabajando en la futura Mute (¿?), ese homenaje a Blade Runner (1982) que ha prometido a los cuatro vientos, hace prácticas con proyectos como este Código fuente. Porque si, la película es ciertamente interesante. Lo que comienza siendo un viaje de pura investigación se torna en un tortuoso y doloroso intento por descubrir la verdad sobre la existencia del protagonista. La desesperación de Colter Stevens se traslada incluso a sus incursiones en el Código fuente, donde los muy justos 8 minutos le exigen tomar decisiones que acelerarán su establecido final. Porque al final si uno se lo plantea seriamente, la única forma de alcanzar su objetivo es probando diferentes opciones y fallando en casi todas ellas… vamos, como cuando uno desarrolla un programa informático, creas un Código fuente donde la única forma de mejora es mediante ensayos de prueba y error. Eso si, todo lo que se crea con el transcurso de la película, y bajo mi opinión, debería completarse en un momento genial, idílico y básicamente romántico, pero que por alguna extraña razón Jones y Ripley optan por obviar y seguir soltando cuerda para dejar al espectador un poco más perplejo de lo que ya estaba… Porque, ¿qué es en realidad el Código fuente? ¿Una forma de acceder a una consciencia residual de una víctima del atentado durante ocho ajustados minutos? o ¿un método de viajar a un espacio tiempo paralelo al nuestro ocupando la mente de una persona que se verá involucrada en unos acontecimientos que en nuestro momento ya han ocurrido? Todo esto debe analizarse para poder sacar algún tipo de conclusión al respecto. Película enigmática donde las haya, y aunque inferior a la magnífica Moon, debe ser vista en los cines para mayor gloria del género que engloba.

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Es momento de sacar a la luz varias de las opiniones que tengo por ahí pendientes. La verdad es que se me están acumulando este tipo de entradas y cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que, o me las quito de encima o se van a quedar ahí en el olvido más absoluto, como alguna otra con la que ya me ha ocurrido. Para comenzar este trío de merecidos post y no dejarme nada traspapelado arranco con una de las obsesiones que tenía en mente desde su estreno en USA allá por agosto del año pasado y su presentación al gran público en paralelo a la pasada Comic-Con de San Diego, hablo de Piraña 3D (Piranha 3D, 2010) de Alexandre Aja, desorbitado remake del ya clásico film de Joe Dante que en 1978, en mi caso a lo largo de los 80, sacó jugo a lo horrores marinos que unos años antes Steven Spielberg explotara con grandioso éxito. En fin, con cerca de ocho meses de retraso con respecto a su estreno en USA, golpe letal si alguien esperaba que el film lograra hacerse con una cantidad digna de recaudación aunque con la primavera ya se sabe, ha llegado a las pantallas españolas esta delicia gore, oda a las más bajas perversiones del adorador de serie B y una demostración más de que el señor Aja no pierde fuelle pese a haberse acomodado en el siempre controlador y edulcorado cine hollywoodiense. Porque si, dentro de lo malo que pueda tener Piraña 3D, que algo tiene, los frenéticos, acalorados, testosterónicos e hipersangrientos primeros sesenta minutos son una delicia donde hay cabida para las carcajadas más sonoras y los exabruptos más paranoicos. Todo esto se debe a un guión inicialmente fresco, que revitaliza el género y que cuenta con algunos diálogos dignos de ser anotados para el futuro, y un despiporre de cuerpos dorados al sol que, sin lugar a dudas, harán más mella en las mentes de ellos que de ellas.

Cartel español de Piraña 3D
Cartel español de Piraña 3D

Nos vamos al Lago Victoria, sede de una macrofiesta donde las camisetas mojadas, la música chunda chunda, el alcohol, las hormonas y el desenfreno padre son la tónica dominante. Por arte de birlibirloque un terremoto abre una sima y de ella salen un buen puñado de pirañas prehistóricas que por avatares de la vida optarán por dar buena cuenta de bañistas, obsesos, tías buenas y todo aquel que decida meter un pie en el agua que no debe. Una agente de la policía local, dónde estabas escondida Elisabeth Shue, decidirá investigar la situación con su compañero de fatigas, Ving Rhames se convierte en un Ash o un Lionel de la vida, al tiempo que se preocupa por sus hijos y algunos de los personajes más variopintos que pueden ser vistos en una película de hoy en día.

Delirantemente sangrienta y brutal, obra y gracia de los dioses del splatter moderno Gregory Nicotero y Howard Berger de KNB EFX Group, Piraña 3D es la cuarta película estrenada en cines del director francés Alexandre Aja, persona que con Alta tensión (Haute Tension, 2003) provocó más de una indigestión y que con Las colinas tiene ojos (The Hills Have Eyes, 2006) y Reflejos (Mirros, 2008) dio el salto al cine made in USA, ahondando curiosamente en el universo del remake absoluto… todos sus trabajos salvo Alta tensión son refritos de clásicos del terror setentero o de películas del fulgurante horror japonés. Aja es un crack y Dimension Films ha sabido sacar jugo al producto parido por este. Está claro que la época veraniega era la ideal para esta exploitation que, por momentos, casi se podría decir que roza detalles de la vertiente sexploitation. Porque si bien las dosis de casquería son gloriosas, Aja opta por comenzar con una primera parte de mini detalles gore para dar más protagonismo a cientos de cuerpos voluptuosos y calientes en frenético bamboleo, no me quiero imaginar las salas de cine en California por poner un ejemplo, donde destacan Kelly Brook o las actrices porno Ashlynn Brooke, Gianna Michaels o Riley Steele, estas dos últimas nuevas scream queen del género que de paso han gozado de libertad absoluta para mostrar en pantalla los valores que más explotan en el cine que habitualmente protagonizan. Escena onírica a parte, llegados al punto el despiporre se pone en marcha y durante unos 15 minutos Aja se desmelena, el gore se convierte en protagonista y el salvajismo desenfrenado hace acto de presencia, todo regado con tanto humor negro que uno no puede parar de reírse con el destino de personajes como el de Jerry O’Connell o Eli Roth.

Pero claro, todo lo que Aja gestiona con maestría durante más o menos una hora se desinfla sin remedio en unos últimos minutos menos frescos que, pese a todo, no hacen desmerecer para nada un producto global disfrutable de cabo a rabo… igual que lo hace la piraña.

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Pues nada, ya se ha estrenado uno de los films que esperaba con más ilusión, al menos por el singular estilo cinematográfico que es capaz de ofrecer Zack Snyder, y para variar tengo que reconocer que se trata de la primera medio decepción del año, por lo menos en cuanto a ritmo y guión. Aunque no nos engañemos, está claro que cuando algo se vende como Warner Bros. y Legendary Pictures lo han hecho con este film, es de esperar que el poderío total del proyecto sea el que Sucker Punch (2011) ofrece realmente al espectador. Efectos visuales de un nivel creativo espeluznante, demostración de que no hace falta el mal usado 3D para seguir sorprendiendo al público, una banda sonora poderosa repleta de temas clásicos reformados a las tendencias de hoy en día, y una dosis de desbordante imaginación que en estos momentos solamente Zack Snyder, y algunos otros que se cuentan con los dedos de una mano, es capaz de ofrecer en una película. Eso si, pese a todo esto, Sucker Punch adolece de notables carencias y por momentos cuesta seguir prestando atención a tal desbarajuste. Sin embargo debe reconocerse que lo hecho por Snyder es perfecto en su concepción y objetivo… 109 minutos donde cuatro aventuras inimaginables dan forma a un elemento global que, claramente, bebe de muchas de las culturas populares que más fans mueven hoy en día: los videojuegos, los cómics o literatura en sus múltiples vertientes – manga, superhéroes, fantasía, ciencia ficción, etc., el cosplay y los pases de lencería de Victoria’s Secret.

Cartel español de Sucker Punch de Zack Snyder
Cartel español de Sucker Punch de Zack Snyder

Sucker Punch nos cuenta la historia de una joven, más adelante conocida como Baby Doll (Emily Brown), que tras ver como su madre fallece debe hacer frente a las inquietudes más perversas de su padrastro. Un nuevo golpe en la vida de la joven acabarán con esta internada en Lennox House, una institución mental donde se programará su lobotomía. Con solo cinco días por delante, y ayudada por las también internas Rocket (Jena Malone), Blondie (Vanessa Hudgens), Amber (Jamie Chung) y Sweet Pea (Abbie Cornish), Baby Doll planeará su fuga del centro. La joven necesitará de diversos objetos que la ayudarán en su propósito y para conseguir cada uno de ellos "viajará" a diversos mundos imaginarios como una gran guerra donde lucharán soldados zombi, dirigibles y mechas, un universo futuro repleto de robots o una tierra fantástica en la que conviven orcos, caballeros y dragones…

La verdad sea dicha, Sucker Punch tiene mucho encanto. Ya sea por lo que propone, la forma de hacerlo, y los mil y un factores que llenarán al fan que acude al cine a ver la película. Pero todo esto, que demuestra que Zack Snyder ha mamado mucha consola, leído mucho cómic y soñado despierto, no debe ser aplaudido cuando pese a su inmenso esfuerzo el producto se acaba desinflando y perdiendo ritmo a pasos agigantados. Snyder y Steve Shibuya, guionistas, han trasladado a la gran pantalla lo que uno siente cuando disfruta de un videojuego o una aventura de rol… pero se han olvidado de como hilvanar todo el mejunje planeado para que el tedio no haga acto de presencia. Probablemente uno de lo factores que añadirían un toque más inusual y atrayente al film, aligerador de paso de tanta sobrecarga cuasilisérgica, sería poder llegar a disfrutar de parte de los números musicales que se intuyen y que, ojo, son medio homenajeados en parte en los títulos de crédito. Porque una de las verdades de la película es que algunas de las canciones que se escuchan cuentan con las meritorias voces de Emily Brown o las de Oscar Isaac y Carla Gugino. Además, cuando te sirves del exceso como arma sorpresa, toda la parafernalia aventurera sufre irremediablemente de ese efecto de que lo que viste antes estaba mucho mejor. Porque también, el film arranca de manera inmejorable, con un prólogo de más de 10 minutos donde la cámara lenta, Snyder la usa hasta la extenuación en todo el metraje, aporta una intensidad brutal a los acontecimientos que se narran. De ahí transita a esos benditos mundos imaginarios arrancando con el mejor de todos, apabullante la puesta en marcha del plan de Baby Doll en el Japón feudal, seguido por el grandioso viaje a la gran guerra. Pero claro, el impulso pierde fuerza y la resolución de los otros dos "viajes" comienza a cansar. Súmale el tema historia, algunos diálogos son de carcajada, una vinculación con la realidad demasiado forzada y tate… el producto sufre lo que sufre y acaba no convenciendo como debería.

En fin, para gustos colores. La verdad que Sucker Punch es visualmente una sorpresa. Argumentalmente es interesante pero no logra asentar la historia como era de esperar. Esperaba disfrutarlo más de lo que en verdad he hecho.

 NOTA  Recordaros que el próximo día 1 de abril se celebra el Vigésimo Quinto Concurso Uruloki, y que en el se regalará un ejemplar del agotado y muy pero que muy deseado libro "Sucker Punch: The Art of the Film". En el libro podréis disfrutar de más de 250 páginas de fotografías, concept art, maquetas, etc. de la última película del señor Snyder. Una joya para todo fan de la preproducción de las películas hollywoodienses.

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Alguno de vosotros lo fue demandando y creo que ya va siendo hora de ponerse manos a la obra con la opinión sobre esta primera temporada de "The Walking Dead" (2010-¿?), la adaptación de la homónima obra de Robert Kirkman que ha sido comandada con esmero, y regular acierto, por el gran Frank Darabont. Supongo que por la anterior frase comenzaréis a intuir por donde van a ir los tiros en esta opinión y no voy a cortarme a la hora de decir que me siento ligeramente decepcionado por lo que he visto. Desconozco la razón de lo ocurrido, pero supongo que la AMC no se la quiso jugar con una primera temporada de más de seis episodios por si la cosa no cuajaba, y eso pese al hype que se levantó en la red y otros medios por esta llamativa adaptación. Porque ojo, si el plan que hemos visto finalmente en pantalla era el ideado por Darabont desde un principio, la siempre acertada fórmula británica se le ha quedado corta y el desasosiego más las desesperación por ver algo realmente potente han sido la tónica en el cierre de esta primera ronda. Pese a esto no se puede negar que estamos ante un producto diferente, muy arriesgado y perfectamente realizado. Lo medios con los que han contado han sido de primerísimo nivel, lo suyo habrán costado, ya sea por contar con Darabont como cabeza pensante al frente del proyecto, con Gale Anne Hurd como productora o con la KNB EFX Group de Greg Nicotero y Howard Berger como encargados de la realización de unos perfectos efectos especiales.

Alucinante cartel oficial de la serie "The Walking Dead"
Alucinante cartel oficial de la serie "The Walking Dead"

De la historia poco os puedo contar que no sepáis ya. Estamos ante el clásico shock muertos que vuelven a la vida para llevar a la humanidad a un final sangriento y poco apetecible, salvo por los nuevos números uno en la cadena alimenticia del planeta. Rick Grimes es un agente de policía en coma que despierta para encontrarse en un mundo completamente diferente del que se despidió. Los muertos vivientes campan a sus anchas, el solo alucina, y pronto comprenderá que su vida y la de los suyos no volverá nunca a la normalidad. Tras un espectacular comienzo, el primer episodio "Days Gone Bye" fue el mejor debut posible y el segundo "Guts" le anduvo cerca, la prometida separación de la narración original de Kirkman en los cómics comenzó a fraguarse de forma mucho más clara. Si bien se agradece este tipo de acciones, más en un producto en el que si sigues la línea marcada te irías sin problemas a las doce o trece temporadas además de sufrir de unos gastos de producción sencillamente inasumibles, lo que tienes que buscar es abrir historias dentro de la trama central y planear cerrar algunas con sentido para que cuando se termine esta tu primera incursión en "The Walking Dead" sientas eso de "¿Y ahora?, ¿no pueden dejarme así que me va a dar algo?"… vamos, el manido y necesario concepto del cliffhanger. De eso adolece la primera temporada de esta prometedora serie. Si bien lo logran en un par de episodios, los dos primeros te dejan ganas de seguir adelante y algún otro por el medio juega con este factor decisivo para hacer crecer el interés, no son capaces de resolverlo como debería y desvían el foco hacia argumentos menos interesantes y claramente de relleno (eso o está mal narrado). Estos detalles se ven acrecentados en un cierre letal, con un episodio final que transita por la normalidad más absoluta, rozando la mediocridad, y que se completa con una secuencia de despedida en la que te preguntas "¿para que ha servido este episodio?".

El genio Drew Struzan y su propuesta de cartel para "The Walking Dead"
El genio Drew Struzan y su propuesta de cartel para «The Walking Dead»

Del reparto poco se puede decir salvo que está a un gran nivel. Andrew Lincoln es un perfecto Rick Grimes, Steven Yeun como Glenn lo borda, y que más argumentar de los fijos en la vida de Darabont como Laurie Holden como Andrea o Jeffrey DeMunn como Dale. Pero claro, luego incluyes a Sarah Wayne Callies en un rol fundamental y parte del castillo de naipes que han construido para dar forma a la historia se desmorona a cada palabra que suelta… ha sido una mala elección. Menos mal que han sabido sacarse de la manga un personaje como Daryl Dixon, encarnado por Norman Reedus, y otorgar mucha más presencia a Shane Walsh (Jon Bernthal). Hacen falta muchos como ellos para aportar a esta adaptación un punto de locura gamberra en modo superviviente, el primero, y el factor historia de odio permanente que provocará un desenlace ahora mismo inimaginable y apartado del cómic, en manos del segundo.

Pues eso, esperaba más. Los mimbres los tienen, calidad les sobra, pero seis episodios no han sido suficientes como para desarrollar un primera temporada solvente y que se pueda sostener por si sola. Igual merece un revisionado para intentar hilar más profundo, pero en definitiva no logra aportar nada nuevo que la haga especial.

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Alex de la Iglesia es un espécimen único dentro del panorama cinematográfico español. Como tal se siente libre a la hora de hacer películas y es capaz de pergeñar auténticas obras sublimes repletas de grotescos personajes, situaciones surrealistas y experiencias macabras. Como director de orquesta que es se mantiene fiel a su freakshow particular y siempre rueda acompañado de un reparto de figuras únicas, irrepetibles despojos humanos que en manos del director bilbaíno ofrecen sus mejores papeles. Balada triste de trompeta (2010) es la última genialidad del peculiar Alex de la Iglesia, una pieza maestra dentro de su filmografía, con un guión que desborda originalidad, con muchos homenajes al mejor cine, con altas dosis de humor más que negro, se acercan a lo bestial, y con una alucinante fusión de eventos de la España setentera que rozan lo obsceno. Pero hay algo más en esta su última película, hay una historia de amor verdadero aunque imposible y de perdón irracional al avasallador. Salvaje y violenta a todas luces, Alex de la Iglesia vuelve a crear algo diferente e inusual.

Cartel de Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia
Cartel de Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia

Estamos en 1937; mientras se celebra una función de circo para intentar hacer olvidar a niños y mayores eventos más siniestros, la Guerra Civil Española golpea sin descanso al otro lado de la carpa, los milicianos se cuelan para reclutar a cualquier precio a todo aquel que pueda sostener un arma. Obligado y ataviado con su disfraz de trabajo, el payaso tonto, genial Santiago Segura, protagoniza una auténtica carnicería a machetazo limpio entre las filas del bando Nacional. Tras ser detenido por el Coronel Salcedo (Sancho Gracia), es condenado a trabajos forzados en las obras del Valle de los Caídos. Allí recibirá las visitas e su hijo Javier quien tras sufrir el duro destino de su padre, y siguiendo el consejo de este en forma de "nunca serás gracioso. Serás el payaso triste, el que recibe las bofetadas. La felicidad la encontrarás únicamente en la venganza", decidirá seguir los pasos de los infantes de la familia… Año 1973, Javier, Carlos Areces en estado de gracia y dándolo todo, se une a una trouppe de circo encabezada por Sergio (Antonio de la Torre) y la trapecista Natalia (Carolina Bang). Allí arrancará su guerra particular contra el violento Sergio y su lucha por la conquista de Natalia

Pues esto es lo que hay. Una nueva película del poco prolífico Alex de la Iglesia, reflejo absoluto de su mejor cine alejado por completo del intento internacional que fue Los crímenes de Oxford (The Oxford Crimes, 2008) y la tristemente floja sitcom "Plutón B.R.B. Nero" (2008). Más cercano al gamberrismo de sus obras previas, se ve que sabe explotar los valores de lo cañí aunque dolerán a más de uno de los que la vean, por momentos hace recordar – siempre con respeto – a piezas claves de nuestra filmografía como La escopeta nacional (1978) de Luis García Berlanga. Queda claro que no será del gusto de todos, lo absurdo y surrealista de las situaciones que plantea se cobrarán un alto peaje, pero ya ha logrado sacarse de la manga varios nuevas secuencias irrepetibles del cine español más moderno. Carlos Areces y Antonio de la Torre se meriendan el metraje ofreciendo, el primero dominador absoluto, unas interpretaciones desquiciantes adornadas con trajes de clown dignos de película de terror.

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Al fin se ha estrenado una de las secuelas que más expectativas a levantado en los últimos tiempos. Son casi 30 los años que han pasado desde que en 1982 la Disney ofreciera al mundo TRON (1982) de Steven Lisberger. 30 años que han hecho que esta película de culto se ganara con respeto la honra de ser una de las pioneras en el uso de escenas generadas completamente por ordenador y que estas fueran combinadas además con actores reales. Eso si, 30 años que no han pasado como si tal cosa y que han dejado a la ya de por si normalita obra de Lisberger, ciencia ficción original pero entretenida y basta, con un aspecto demasiado retro, inmerecido y a todas vistas superado.

Pero para ello estamos en nuevo siglo, uno en el que la tecnología mejora en el simple intervalo de meses y en donde los efectos especiales están alcanzando cotas probablemente inimaginadas por aquellos que se esforzaron en 1982. TRON: Legacy (2010) de Joseph Kosinski es un proyecto sublime en muchos aspectos, esto no se puede negar, pero demasiado simple y poco original en otros, cosa no mala si uno quiere ser condescendiente con los tiempos que corren. Disney Pictures ha decidido apostar por la grandeza visual, atronadora y brutalmente llamativa, remozando el mundo virtual de TRON hasta un extremo que no dejará indiferente al fan de su predecesora. Además, la ha regado con una banda sonora que desde ya es obligada y que ha sido orquestada por los no menos legendarios Daft Punk. Viendo TRON: Legacy uno no puede más que vibrar y soñar con ese universo imaginario dentro de nuestros ordenadores. Eso si, lo que se cuenta no le sorprenderá tanto como igual pudiera o se debiera esperar. ¿Y el 3D? Bastante transparente como de costumbre.

Uno de los carteles de TRON: Legacy
Uno de los carteles de TRON: Legacy

Han pasado 20 años desde que el presidente de Encom, el mejor desarrollador de videojuegos del mundo, desapareciera. Un día Kevin Flynn, Jeff Bridges en todas sus formas, se despidió de su hijo como de costumbre pero esta vez para no volver. Tras la desaparición de Flynn, Encom sufrió y a punto de quebrar se recuperó bajo el mando de terceros que la llevaron de nuevo a lo más alto. Obsesionado desde aquel día, Sam Flynn (Garret Hedlund) ha vivido aparte de la dirección de Encom no gustoso con el rumbo que ha tomado la empresa. En pleno acto de rebeldía, Sam es un experto en tecnología como lo fuera su padre y aprovecha su capacidad como reto hacia otros, recibe un misterioso mensaje de su desaparecido padre que llega desde la cerrada sala de recreativos que este poseía. Tras encontrar la puerta secreta al mundo inimaginable que creó su padre, acaba atrapado en él. Pronto se dará cuenta de que nada es lo que parece y ayudado por Quorra (Olivia Wilde) deberá reunirse con su padre en una batalla a vida o muerte contra Clu y sus ejércitos.

Como ya he dicho TRON: Legacy es un desafío visual, extremo, colorista, moderno y repleto de imágenes de impacto que disfrutadas como se deben te pueden dejar clavado en la butaca. Pero la verdad es que, salvo por la música y la dinámica que ofrece, se queda en eso. A nivel historia tampoco es que sorprenda con la originalidad de su predecesora y poco ayuda el protagonismo que recae en un bloque de hielo facial que demuestra ser Garret Hedlund…. parece un molde casi tan digital como Clu. Menos mal que tenemos a Olivia Wilde en el fregado, una musa en potencia de una belleza tal que en el compás hiperactivo de TRON: Legacy logra dejar al respetable más enamorado de lo que está viendo. El tercero en discordia, Jeff Bridges hasta en la sopa, se ofrece primero como un uso excesivo de una arriesgada técnica de performance capture que no exenta de grandeza, la recreación del Bridges joven es perfecta aunque tan poco vívida que asemeja por momentos un muñeco de cera, acaba contando con más presencia de la recomendada. Segundo la transformación de Kevin Flynn a una especie de semidios zen y del que se prefiere no justificar ciertas habilidades que ha obtenido porque si. La verdad, mucha de la grandeza que se gana con todas las de la ley por un lado, vivan los efectos especiales, el neón, el vinilo sobre la piel y la música electrónica, la pierde poco a poco por otro.

Por lo tanto 100% recomendable, será disfrutada más por aquellos de imaginación desbordante y conformistas con una historia plana o degustadores de la obra original. TRON: Legacy viene a cubrir una deuda que había contraído con los años TRON y que gracias a la nueva era del cine ha sido pagada con creces.

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No sé cuánto ha pasado, pero haciendo cálculos y teniendo muy en cuenta que soy lento cuando se trata de lectura, creo que un mes y pico por lo menos. Aquel fue el día en el que Marc Pastor (@DoctorMoriarty) me invitó, menuda sorpresa más agradable me llevé, a sumergirme en la lectura de su último libro, "El año de la plaga", una obra de corte fantástico de la cual su autor estaba convencido encajaría como anillo al dedo en mis gustos y aficiones. La verdad, creo que en el mundillo de internet, como en la vida real, llegas a un punto donde reconoces a tus iguales y por ello os confirmo que no se equivocaba…

Recomendada al buen aficionado de misterio y ciencia ficción, lo que uno descubre al iniciar la lectura de "El año de la plaga" es que esta novela supura adoración por los horrores de la ci-fi más invasora, pero trasladada a la Barcelona de hoy en día. Constantes referencias y guiños a grandes clásicos del cine y la literatura como "Soy leyenda" de Richard Matheson o La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956) de Don Siegel, amén de su mejor versión terrorífica como es La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1978) de Phillip Kauffman, hacen que con el paso de las páginas y los capítulos uno se sienta conocedor de los acontecimientos que tienen lugar, la historia en el fondo ya nos la sabemos pero sorprende el peculiar y diferente enfoque que se le da. Ojo, esto, que visto así por encima puede parecer poco original, es sin embargo un gran punto a favor de la narrativa, ya que el lector reconoce las situaciones que se dan, las consecuencias que provocan y el desastroso destino que pueden conllevar. Todo es incluso más entretenido cuando descubres con gusto que Marc vive subyugado por recuerdos y referencias, y que trasladados al escrito hacen que la lectura se transforme en un compendio de marcas generacionales de esas que han perdurado almacenadas en lo más profundo de nuestra mente. De hecho, la forma de enfocar las situaciones por parte del protagonista recuerdan, en cierto modo, a la manera en la que Martin Tupper (Brian Benben) vivía acontecimientos en la divertida serie "Sigue soñando" ("Dream On", 1990-1996).

Misterio, horror, desesperación y muchos eucaliptos, pero muchos muchos. Esto es "El año de la plaga". Por lo tanto, una obra muy recomendable, disfrutable de principio a fin y con montones de referencias a esa cultura pop que hemos mamado desde nuestra infancia.

Portada de El año de la plaga de Marc Pastor
Portada de El año de la plaga de Marc Pastor

Últimamente, a Víctor Negro le duele mucho la cabeza. Su novia le ha dejado y no se ve capaz de superarlo. Es un agosto bochornoso en Barcelona, pero él no tiene vacaciones. Las compañeras de trabajo de este asistente social que se dedica a la atención a la tercera edad están empeñadas en buscarle una nueva compañía femenina, y él las deja hacer con resignación. Todo transcurre lentamente, entre la migraña, el desamor y el calor estival, hasta que una oleada de suicidios de ancianos dispara todas las alarmas. En las casas de los muertos

aparece invariablemente una maceta con una planta de eucalipto despidiendo un olor dulzón, y los familiares parecen demasiado resignados ante una pérdida tan trágica. Las noticias en los medios de comunicación son confusas: un misterioso virus con poder curativo convive con una mutación muy agresiva de la gripe A. La conexión a Internet desaparece, y los teléfonos móviles pierden la cobertura. En la televisión reponen películas antiguas. Todo es demasiado extraño, y Víctor Negro está decidido a averiguar qué pasa

Pues eso, si queréis pasar un buen rato leyendo una novela de ciencia ficción con cultura generacional a raudales pues esta es una compra factible para hacer más amena esta Navidad. Por si os interesa información sobre la obra de Marc Pastor

  • Web oficial del libro: El año de la plaga en RBA
  • Páginas: 384 páginas (14,0 x 21,3 cm RUSTICA)
  • Precio: 19 €
  • Referencia: OAFI449
  • ISBN: 9788498678437
  • Género: Novela de ciencia ficción
  • Sello Editorial / Colección: RBA Libros / Avenue
  • Fecha de publicación: 21/10/2010

 NOTA  Que alguien me explique, Marc esto va por ti, que significa lo de la página 214… ¿me obligas a descubrirlo?

Publicado por Uruloki en
 

Bueno, pues aquí estoy para comentar mis impresiones, a más de uno seguro que no le gustan, sobre el nuevo capítulo en la prolífica saga creada por la multimillonaria J.K. Rowling. Este pasado fin de semana Warner Bros. estrenó mundialmente, movimiento lógico para lograr recaudaciones astronómicas y luchar contra filtraciones no deseadas, la primera parte del último episodio en las aventuras del mago Potter. Con Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte) (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I, 2010) estamos ante el principio del fin y la narración en celuloide del desenlace imaginado por Rowling para el destino del no ya tan joven Harry y sus sufridores compañeros de fatigas. Razones económicas por debajo, que iban a ser si no, son las que han provocado que tengamos que dividir nuestro entusiasmo entre noviembre y julio del año que viene.

Pero la verdad sea dicha, el hecho de que Warner Bros. haya optado por una fórmula principalmente económica, esto es innegable, ha favorecido a que Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte) sea una adaptación fiel, por no decir que la más fiel, de la mitad de una de las obras escritas por la señora Rowling. Porque si, está todo lo que debe estar y la adaptación, salvo algún que otro momento no tan grande como esperaba, tiene todas las referencias y todos lo momentos cruciales que acontecen en el espacio de historia que narra. Pero ojo, si bien este es un gran punto a favor, los entusiasmados lectores agradecemos el buen trabajo del guionista Steve Kloves, tiene otros cuantos en contra provocados por el mismo hecho, y son los que más me ha fastidiado en este caso. Ser fiel es bueno, pero expandir y no saber cortar hay veces que no favorece al resultado final. La verdad es que es complicado. Unas por defecto, Harry Potter y el misterio del príncipe (Harry Potter and the Half-Blood Prince, 2009) sufrió de este problema, y otras por exceso, esta de la que hablamos.

Póster español de Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte)
Póster español de Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte)

El final se acerca, Harry Potter, odioso y forzado Daniel Radcliffe, debe hacer frente esta vez, y sin el cobijo de fastuoso Hogwarts, al envite final del deleznable Lord Voldemort (Ralph Fiennes). Todavía impactado por el desenlace de su anterior aventura, Harry contará con Hermione, Emma Watson mejora, y Ron, Rupert Grint empeora, para cumplir con la última misión programada por Albus Dumbledore, encontrar los Horrorcruxes, objetos mágicos que contienen partes del alma de Voldemort, y destruirlos para lograr debilitar a su gran enemigo. Pero nunca nadie les ha dicho que esta tarea sea sencilla. Faltos de la guía y el abrigo de sus mayores, Dumbledore era demasiado sabio, Harry, Hermione y Ron deberán aventurarse en un viaje complicado, muy arriesgado y que no es más que un salto al vacío al abismo que el manto de maldad de Lord Voldemort cubre.

Veamos, no creo que sea un rarito, pero siempre he concebido el cine, o una película de este medio, como una historia que debe ser vista en su conjunto y contada de principio a fin. El cine se compone de actos y la traslación de papel a celuloide debería ser igual, aunque en este caso nos haya dejado un proyecto inacabado y carente del tan ansiado desenlace. Porque si, a Harry Potter y las reliquias de la muerte (1ª parte) le ocurre lo mismo que, por ejemplo, a Matrix Reloaded (2003) y, si no juegan mejor sus bazas, lo que puede que le ocurra a The Hobbit: Part 1 (2012). Al dividir una obra tan crucial en dos partes da la sensación de que es una historia inacabada, que lo es, y te deja, en mi caso, bastante frío. Sumemos que si en el tiempo de metraje dedicado al film, dos horas y casi media no incomodas pero por momentos bastante insulsas y tediosas, se añaden largos desvíos a narraciones complemento que ganan más protagonismo del que verdaderamente merecen, pues mal vamos. Esto provoca que acciones o desenlaces no vitales para el conjunto final, no con ello quiero decir que no deban incluirse, reciban un protagonismo a mi parecer excesivo, provocando que se transite demasiado por argumentos de segundo orden que sobrecargan las transiciones entre las situaciones más impactantes e importantes… vamos, demasiado plano paisaje ha colado para rellenar el producto. Obviamente no quiero desvelar nada, pero como lector de la obra escrita, hay muchos momentos en el viaje de los tres amigos que se ven un poco peleones.

Quitando estos factores a mi parecer a tener en cuenta de cara al futuro, Harry Potter y las reliquias de la muerte deberá ser vista sin cortes de 6 meses por en medio, hay que reconocer que el director David Yates, quién se lo iba a decir, vuelve a erigirse como artífice de un producto de calidad, muy bien realizado, oscuro como la obra, sombrío, siniestro y no exento de la suficiente maldad como para reconocer que Harry Potter es una saga que ha ganado enteros con el paso del tiempo. La dirección artística y la fotografía, en esta primera parte la carga de efectos digitales es claramente inferior a lo habitual, gratifican al espectador con una demostración de que con millones se pueden hacer auténticas virguerías. Y claro, si luego en julio te imaginas lo que nos queda por contar, pues te alegras lo suficiente como para asumir que, como en la obra, esta primera parte de la historia era más un poco transición de cara a la hiperbólica epopeya final.

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Robert Rodriguez es perro viejo y sabe que existe un amplio público deseoso de ver cine bien realizado y gamberro a más no poder, pero con ese aroma a serie B de los 70 y 80 que con el paso de los años ha sucumbido casi por completo. Sí, ese cine que un numeroso grupo de espectadores devoró en su juventud, y que ahora disfrutan gracias al filón que Rodriguez y compañía han descubierto y explotado. Esta semana se ha estrenado Machete (2010), la película nacida en su día en la mente de Robert Rodriguez como trailer imaginario, aunque con visos de largo, para mostrar en el pase USA de Grindhouse (2007), la arriesgada fusión de las versiones reducidas de Planet Terror (2007) y Death Proof (2007), y que llegó para demostrar que con mucho dinero también se puede hacer cine de serie B en la era de los blockbuster y los tentpole. Pues nada, uniendo fuerzas con Ethan Maniquis, montador de la práctica totalidad de sus películas y ahora convertido a co-director, y adornándose de sus mejores enseñas cinematográficas, ya sean en modo de excesivo exceso, o contando con muchos de sus inseparables como son Danny Trejo, Michelle Rodriguez, Tom Savini, Jeff Fahey o Cheech Marin, Robert Rodriguez concibe una pieza singular, cachonda, incalificable y que aunque adolece en varias fases de ritmo, esto no se puede negar, acaba por hacer las delicias de todos los asistentes a la sala de cine.

Póster español de Machete
Póster español de Machete

Machete (Danny Trejo) es un agente federal mexicano que lucha, a su manera, contra el cártel de Torrez (Steven Seagal). Su última incursión contra la banda de este narcotraficante le llevará a hacer frente al mismísimo líder de la organización y, tras ver como es traicionado por su propio jefe, sufrir en carnes su pesadilla más personal… perder todo lo que poseía. Varios meses después, el aspirante a la reelección y senador John McLaughlin (Robert De Niro), intenta, de la mejor forma posible, convencer a los electores que hay que parar los pies a los espaldas mojadas, los inmigrantes mexicanos que cruzan ilegalmente la frontera con los Estados Unidos de América pensando en que al otro lado tendrán, al menos, la oportunidad de un trabajo y una vida mejor. Pero los métodos de McLaughlin no son bien acogidos, incluso tiene en sus propias filas detractores que contratarán a uno de estos inmigrantes, casualmente Machete, para que acabe con el senador a cambio de 150.000$. Tras sobrevivir a la traición ejecutada por los que creía le contrataban, el plan no era otro que volver a poner al electorado a favor del senador, Machete iniciará una guerra personal contra estos. Una guerra donde aplicará lo que mejor saber hacer: pasar a cuchillo, destripar y amputar a todos aquellos que le tosan. En medio del fregado se cruzará con dos femme fatale a tener en cuenta: Sartana Rivera (Jessica Alba), una agente de inmigración, y Luz (Michelle Rodriguez), algo más que una simple vendedora de tacos…

Póster grindhouse de Machete
Póster grindhouse de Machete

Y es que Machete es sobre todo una demostración de que lo que hace falta en el cine moderno es descaro y mucho entretenimiento. En una mala época para el cine, gastarse tropecientos millones no es indicativo de nada, Rodriguez aplica todo lo que sabe y logra con sus propios medios sacar adelante un oda al cine violento sin concesiones ni plamplinas, el film de 25 millones de presupuesto es 100% Troublemaker Studios. Y es que uni de los valores a destacar del producto final es que se haya logrado suplir con creces el justito aporte interpretativo de Danny Trejo, porque hay que decir que con casi 200 películas a sus espaldas este inconfundible secundario es protagonista por primera vez. ¿Y como lo consigue? Machete tiene un guión simpático, descarado y con mucha crítica a ambos lados de la frontera. A este crucial valor, dosificado con esmero en un metraje por momentos frenético – aunque otros un pelín lento -, suma incorporaciones que harán las delicias de muchos de los presentes. Porque no solo sorprende la presencia de figuras de siempre como Robert De Niro en el proyecto, impensable en su día visto lo muy diferentes que son los mundos que habitan los dos Roberts, si no la posibilidad de albergar en una misma bobina de celuloide a esta figura con los opuestos Steven Seagal, Don Johnson o Lindsay Lohan. Porque se dice pronto… Steven Seagal haciendo de un Torrez catódico, más tieso y menos expresivo que una suela, pero tan hilarante con sus "puñeta" que su imponente presencia – es gigante – mola un huevo. Y que decir de Don Johnson como Von Jackson, esa parte siniestra y corrupta de la antiinmigración… una recuperación a reivindicar. O de Lindsay Lohan, seleccionada para un papel que le viene como anillo al dedo, capaz de dejar claro que su descarriada vida vale para ser plasmada en el cine.

En definitiva, debe verse, y más deberá disfrutarse con el unrated director’s cut prometido por director y protagonista no hace mucho. Eso si, me ha sabido a muy poco el cómico paseíllo de Osiris Amanpour, sencillamente grandioso! Y mucho ojo, habrá que ver como cierra el film en taquilla, a partir de ahora comenzará a ser rentable, pero es la puesta en marcha de un plan que esperemos se haga realidad… Thanksgivin de Eli Roth, Don’t de Edgar Wright y Werewolf Women of the SS de Rob Zombie.

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