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Opinión


Aunque ya ha pasado una semana desde que vi en cines Ghost in the Shell de Rupert Sanders, aprovecho ahora un pequeño hueco entre tanta noticia y compromiso para hacer un breve recorrido por esta adaptación de la icónica y estupenda obra manga de Masamune Shirow y su excelsa versión anime dirigida por Mamoru Oshii.

Obviamente las pretensiones de Hollywood cuando hablamos de remakes, y más de esta índole, suelen tirar hacia abajo. En este caso no es para menos y pese a todo lo visualmente imponente que resulte el producto final, que lo es, la impersonalidad de un director como Sanders o de guionistas cero relevantes auguraban lo que finalmente ha resultado… no es una castaña pilonga, no, pero tampoco es el Ghost in the Shell que seguramente esperábamos ver (aunque ese modelo iba a ser sumamente complejo de presentar a un público mainstream). Pero ojo, porque adaptar la obra de Shirow y la visión de Oshii no es cosa fácil, de hecho el proyecto lleva dando vueltas casi una década sin que nadie se haya decidido a dar el paso definitivo… hasta ahora. Y no creo que este periplo haya sido por no querer hacerlo, si no porque el cómo ha sido algo francamente complejo de decidir.

Ghost in the Shell versión Rupert Sanders juega con los elementos más simples de la obra original, añadiendo nuevos de posteriores en la franquicia anime, olvidando otros cruciales, pero mostrando en pantalla auténticos planos / cuadros que son fieles reflejos visuales de lo que Oshii creó. Lo que sí queda claro es que todo está simplificado para ser digerido por el público en general, abandonando (aunque esté ahí medio presente) lo más metafísico que rememora a los cánones sobre los que se aposentó la obra maestra Blade Runner: el ser humano, la propia identidad, el sentido de pertenencia y la inteligencia artificial. Aquí todo se soslaya, si, hay detalles de humanidad e identidad, pero en definitiva mucho más cine de acción que una narrativa compleja que te obligue a devanarte los sesos para comprender (como ya ocurriera con el film de Ridley Scott).

El reparto pues correcto, a Scarlett Johansson no es que la vea en el papel, más a Pilou Asbæk o Takeshi Kitano que logran un acondicionamiento mucho más solvente que la megaestrella. Pero bueno, es cine de acción, es cine de Hollywood y muchas veces tampoco se le puede pedir mucho más. Eso sí, visto el resultado que está teniendo en taquilla uno se plantea qué habría pasado si se hubiera pasado por entrar hasta el fondo en las dudas filosóficas del anime. ¿Le hubiera ido igual de mal? Pues puede que sí, pero entonces habría sido eternamente recordada, cosa que ahora no será así.

El cartel más molón hasta la fecha de Ghost in the Shell
El cartel más molón hasta la fecha de Ghost in the Shell

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Este pasado domingo encontré un hueco para echar un vistazo a la prometedora Kong: La Isla Calavera (Kong: Skull Island) del hasta ahora, al menos para mi, desconocido Jordan Vogt-Roberts. La verdad, tras la muy irregular Godzilla de Gareth Edwards estaba reticente a esperar algo realmente sorprendente de un nuevo monstruoso producto de la factoría Warner Bros. El resultado sin embargo toma un rumbo francamente prometedor para una franquicia no correctamente explotada (que no sobradamente explorada).

Kong: La Isla Calavera es verdadero cine de aventuras, de altas esferas donde el ritmo, la acción, y la vistosidad de un espectáculo de efectos visuales nos ponen a los pies de un gigante como nunca antes lo habíamos visto… es grande de narices. Hay que reconocer que el proyecto dista mucho de la solemnidad con la que Edwards trató el film anterior de esta nueva saga, y eso que ambas criaturas, Godzilla y Kong, viven en un universo compartido que dentro de poco poblarán (si esto es posible) juntas. Vogt-Roberts, desconocemos si aleccionado o no, toma su propio rumbo, uno en el que el espectador es el protagonista porque debe salir del cine diciendo a grito pelado "id a ver esta puñetera película". Edwards esto no lo logró, los trailers nos dieron una cosa, la película otra, el producto Vogt-Roberts no engaña a nadie y lo que lleva ofreciendo unos cuantos meses vía trailers es lo que han estrenado en cines, sin tapujos, sin artificio, sin medias tintas… Kong: La Isla Calavera es la versión de King Kong que queríamos ver, una donde el mono no tiene que perder la cabeza por la dama (curioso sinsentido), ni tiene que acabar metido en un barco camino de una feria mundial para ser expuesto como mono de feria… y nunca mejor dicho.

En un tiempo donde el artificio es lo que prima, el enfoque de este Kong es lo que uno espera. Por eso se puede decir que ver a un bicho de semejante tamaño a las primeras de cambio zurrándose contra helicópteros comandados por una suerte de Walter E. Kurtz a la Samuel L. Jackson obsesionado por puro vicio es más que suficiente. De regalo unos anodinos Tom Hiddleston, Brie Larson, John Goodman o Toby Kebbell (este tipo iba para ser alguien en el cine y se está quedando en el mayor ostracismo, aunque aparezca acreditado como el expresivo Kong). Se salva un poquitín John C. Reilly, curioso personaje que funciona tanto como alivio cómico del producto final, como transmisor en nuestra lengua de lo que el rey Kong es en realidad… el mismo rol que el Godzilla de Edwards, un ser de otro tiempo, una especie de dios imparable que habita en este planeta para evitar que criaturas como los MOTU, calamares gigantes, arañas asesinas y lagartijas de dimensión monstruosa aniquilen a la humanidad.

El resto es producto mainstream, y pista. Muy bien rodado eso sí. Atrás quedan el King Kong de Peter Jackson, uno lo ve ahora y se le cae la cara con lo mal que han pasado los pocos años sobre el producto parido por el neozelandés. Un gorila aumentado de tamaño y la misma historia, refrito, del clásico e ingenioso film de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, al que todo sea dicho el de Vogt-Roberts rinde homenaje en su apariencia. Atrás también queda el mono de John Guillermin, que mal lo pasan algunos efectos especiales clásicos de carton piedra aunque estos hubieran sido realizados por Carlo Rambaldi y Rick Baker. No hablemos ya de King Kong 2 (King Kong Lives), de ese mejor pasar página. Como complemento la banda sonora de Henry Jackman, notable trabajo pero me quedo con otras de sus previas composiciones. Ojo, Kong: La Isla Calavera tiene hasta momentos ridículos… pero me valen.

Otro de los carteles molones de Kong: La Isla Calavera
Otro de los carteles molones de Kong: La Isla Calavera

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Ruda, salvaje, violenta, emotiva y redención absoluta de un personaje que nació en cines en el ya lejano año 2000. Esto es Logan, la despedida por todo lo alto de Hugh Jackman de un personaje que le ha visto envejecer pese a correr por sus venas un factor de curación que le debería haber mantenido al frente otros 17 años más. 20th Century Fox ha descubierto de paso el valor de lo realista y fiel a la fuente de la que bebe. Han tenido que pasar 17 años para optar por un viaje truculento al más oscuro lado de Lobezno, uno en el que las garras de adamantium del personaje no quedan impolutas y donde los cuerpos desmembrados de sus rivales acaban tendidos por el suelo que pisa. Puede que un poco excesiva, pero igualmente agradecida, Logan es cruda. No escatima en nada, ni en cabezas cercenadas, ni en miembros amputados, ni en primeros planos de las garras del personaje atravesando torsos o rostros. Ojo, Logan también lo pasa mal y hasta ahora no habíamos conocido el efecto del desgaste y la decadencia del poder mutante.

James Mangold ha hecho un trabajo casi sublime, porque pese a todo hay momentos en los que el film pierde el imparable ritmo con el que arranca. La verdad, poco debe importar, se le concede, y de paso otorga a Jackman el derecho a lucirse como hasta ahora no había hecho en el universo más mainstream que puebla. Pero ojo, porque el actor australiano se apoya en una inesperada compañera como Dafne Keen, una que de paso se integra en la situación propuesta como si hubiera nacido para ello. La duda existe… ¿quién es más violento y salvaje?, ¿Logan o Laura? Pues ahí le andan. Junto a estos dos números uno regresa Patrick Stewart para mostrarnos la fatiga más abrumadora en la piel de un Charles Xavier casi senil, en decadencia e incontrolable. Stephen Merchant como Caliban tampoco decepciona y Boyd Holbrook, nueva estrella en ciernes, da el do de pecho como el también icónico Donald Pierce, líder de los Reavers.

Y poco más se puede decir. Ritmo perfecto pese al bajón intermedio, un momento más personal del personaje que se alarga puede que más de lo necesario, exceso absoluto, efectos especiales prácticos de antaño combinados con visuales, dinamismo, acción a raudales y redención. Como ocurriera con los Batman de Nolan, films más policíacos que de superhéroes encapuchados, Logan se aleja por completo de esta tónica y asemeja mucho más a un western crepuscular y viaje final del héroe que en antaño fue referencia. Id a verla, es una pequeña joya, una que de paso hace ver previas apariciones en solitario del personaje como puro artificio carentes de interés. Si cabe Lobezno: inmortal (The Wolverine) tenía un pase, pero es que otras son intragables. Esta perdurará para siempre.

Cartel IMAX de Logan
Cartel IMAX de Logan

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No lo puedo negar, soy un gran fan del cine de misterio de M. Night Shyamalan, y salvo esas dos ignominias ajenas a su personal mundo de lo paranormal, lo oscuro y lo terrorífico, adoro todo lo que hace y lo que supone. Shyamalan ha desembarcado este fin de semana con Múltiple (Split), un nuevo viaje a Philadelphia, ciudad que ya visitó con la fantasmagórica El sexto sentido (The Six Senthe) o en la que Elijah Price (Samuel L. Jackson) se cruzó en el camino de David Dunn (Bruce Willis) en El Protegido (Unbreakable). Es esa misma Philadelphia en la que el letal brote de El Incidente (The Happening) comenzó a sesgar vidas y en la que también quedó "atrapada" la ninfa de La Joven del Agua (Lady in the Water). Pero también es la ciudad de la que la extraña sociedad de El Bosque (The Village) vivía separada. Si hasta tenemos referencias en Señales (Signs), uno de los grandes lugares de los que había que alejarse, o La visita (The Visit), donde se rodó todo el film… por lo que por lógica ocurre allí todo lo que Shyamalan nos presentó (o en sus cercanías). Pero no sólo eso, el director va más lejos y Philadelphia es el centro de su universo cinematográfico, su ciudad obsesión, ese lugar donde todo puede ocurrir y hasta se conecta.

Múltiple es un nuevo regreso al cine más Shyamalan. Tras La visita este director sigue explorando ese mundo de rarezas y esta vez es una de calibre mayúsculo. Nuevamente como guionista, es innegable que es un tipo imaginativo y peculiar, descubre una historia retorcida, básicamente conocida pero a la que le da no una, si no 24 vueltas. Tantas como personalidades tiene el impresionante personaje que encarna el cambiante (en todo los sentidos) James McAvoy… superlativo. Junto a este (o estos) tres jóvenes desdichadas encarnadas por la muy potente y de futuro pleno Anya Taylor-Joy, a la que conocimos en el film de terror La bruja (The Witch), Haley Lu Richardson o Jessica Sula. Y eso es Múltiple, un film como lo fueron El Sexto Sentido, El Protegido, El Bosque, El Incidente, La Joven del Agua, Señales o La Visita, un film de pocos personajes, de entrar hasta el fondo de la historia, de meterte en la espiral narrativa que propone y maquina Shyamalan, donde la desesperación de los personajes avanza, donde a cada minuto hay algo nuevo que sopesar, que hacer encajar en lo que se nos va montando en la cabeza… hasta el golpe final, ese instante donde Shyamalan trata de dejarte con el culo torcido, con sensación de mal cuerpo o certeza de que todo podrá ir a mejor.

Su estilo está ahí, su cine calmado, que no abandona nunca el ritmo que propone al principio, y que mantiene sin descanso hasta el final. Múltiple mola, es para ver una y varias veces, la primera para quedarte ojiplático, la segunda para fijarte en los detalles, para darle la vuelta a todo lo que te cuentan y, sobre todo, cómo te lo cuentan, terceras y posteriores para seguir disfrutándola porque hay mucho ahí oculto. Shyamalan es un tipo con mucha personalidad, uno que le propusieron muchas cosas grandes eh Hollywood pero que de sus pequeñas propuestas creó una escuela, odiada por muchos debido a estos cuentos de secretos y misterios con engaño, pero sin artificio alguno que pretenda desviar tu atención. Múltiple es su cine, el que le encaja, alejado del mainstream en el que, tristemente, ha fallado. Id a verla y disfrutad… mola mucho.

Uno de los carteles de Split de M. Night Shyamalan
Uno de los carteles de Split de M. Night Shyamalan

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Esta Navidad que ya se nos ha terminado la he pasado, entre otras muchas cosas, disfrutando como un enano con "Trollhunters", adaptación en formato serie animada de la homónima novela para niños escrita por Guillermo del Toro y Daniel Kraus, e ilustrada por Sean Murray.

Producida por Dreamworks Animation y Cha Cha Chá Films, esta serie que se puede ver en Netflix desde hace unas cuantas semanas cuenta la historia de un chaval de 15 años llamado Jim Lake Jr. (tenéis la oportunidad de escuchar la voz de Anton Yelchin en uno de sus últimos papeles), que sin comerlo ni beberlo se ve envuelto en una aventura increíble al comprobar como colisionan ante sus ojos el pueblo en el que vive, Arcadia, y el fantástico mundo de los trolls. El tema es que Jim se encuentra un extraño artilugio con forma de reloj de bolsillo del tamaño de la palma de una mano que le acabará transformando en el Cazador de Trolls, una figura legendaria que a lo largo de muchos siglos se ha hecho cargo de mantener la distancia entre el mundo en el que vive y el de los trolls, al tiempo que se ha enfrentado al lado más oscuro de estos últimos. Pero Jim no estará solo en esta aventura, además de sus compañeros de instituto Toby (Charlie Saxton) y Claire (Lexi Medrano), crecerá como persona y como Trollhunter gracias a las enseñanzas de dos trolls llamados Blinky (impagable Kelsey Grammer en un personaje tronchante) y AAARRRGGGHHH!!! (Fred Tatasciore).

Pero no sólo eso, con gran soltura y apoyado por un grupo de guionistas y directores que saben muy bien lo que hacen, en el primer rol gente como Kevin y Dan Hageman, responsables de las historias de hits de la animación más simpática con Hotel Transilvania (Hotel Transylvania) o La Lego película (The Lego Movie) en su currículum, o Marc Guggenheim, en el segundo lado el granadino Rodrigo Blaas, Elaine Bogan o él mismo, Del Toro produce una historia perfectamente equilibrada con una hilo que está presente durante toda esta temporada, al tiempo que divide la narración en dos grandes arcos argumentales protagonizados por dos grandes villanos y sus acólitos. Por un lado la historia del Cazador de Trolls vs. Bular (Ron Perlman), y la segunda la de nuestro joven protagonista y Angor Rot (Ike Amadi).

Con "Trollhunters", lo que Guillermo del Toro pone sobre la mesa son esos grandes valores que tanto le identifican, al tiempo que deja nuevamente claro que lo suyo es estrujarse el cerebro y sacarse de la manga un universo completito repleto de magia y fantasía como quien sólo estaba de paso. Si uno echa un ojo a aquel mercado de trolls, duendes y hadas de Hellboy II: El ejército dorado (Hellboy II: The Golden Army), verá que muchos de los detalles que Del Toro trató en aquel momento están ahora reflejados en este nuevo mercado animado. No sólo eso, si no que si uno ha leído Hellboy, y las primeras obras de Mike Mignola y su héroe rojo, reconocerá en "Trollhunters" suculentas dosis del folklore que Mignola cruzaba en la vida de Hellboy. El nivel de la animación y los detalles con que Del Toro y su equipo han decorado todo, hacen de "Trollhunters" una serie que merezca mucho la pena disfrutar. Además, desconozco el presupuesto con el que han contado, pero con ingenio, misterio, suspense y sobre todo calidad, "Trolhunters" se convierte en un must see.

En definitiva, estamos ante una primera temporada compuesta por 26 episodios de unos treinta minutos con un ritmo endiablado, perfecto para pequeños y no tan pequeños, con altas dosis de acción, de espada y brujería, de humor y mucha emotividad. Para ver en familia.

Cartel de "Trollhunters"
Cartel de "Trollhunters"

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Confieso que soy uno de los que disfrutaron como un niño viendo Star Wars: El Despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens). Confieso un año después que soy otra vez uno de los que ha flipado, merced a ese imparable tercer acto, de Rogue One: Una Historia de Star Wars (Rogue One: A Star Wars Story) de Gareth Edwards. Aunque alguno pueda pensar que es cruel decirlo, podríamos asegurar egoístamente que estamos ante la merecida primera precuela, porque podríamos seguir viajando al pasado, del inicio de la trilogía clásica de la saga de George Lucas, aunque haya un par de agradecidas referencias a ese último y medio decente film que fue Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith (Star Wars: Episode III – Revenge of the Sith).

Tras toda la polémica montada con el rodaje de Rogue One: Una Historia de Star Wars, recordemos ese montón de secuencias que tuvieron que volver a rodarse entre junio y julio de este año, o la aparición final de Christopher McQuarrie (nunca llegó a ser oficial y de hecho no sale acreditado) o Tony Gilroy en temas de reescritura de guión e incluso participación en la mismísima producción como director de segunda unidad, la esperanza sobre Rogue One: Una Historia de Star Wars estaba un poco en entredicho. El estreno sin embargo ha confirmado más lo positivo que lo negativo, si bien el film adolece (innegable) de ciertos momentos de falta de ritmo que la hacen peligrar durante sus dos primeros actos.

Rogue One: Una Historia de Star Wars supone de paso una vuelta de tuerca importante dentro del conjunto de historias de la Guerra de las Galaxias más canónica. Se trata de una historia centrada en un hecho que acontece dentro de la línea de la fuerza, pero sin tener en cuenta, o con muy poca relación, a los personajes que definen esta. Rogue One: Una Historia de Star Wars es una versión de Star Wars centrada en esos momentos que siempre llamaron la atención, donde se contara lo que le pasa a tal o cual personaje que si miramos la línea narrativa original acabaría por no tener suficiente importancia dentro del conjunto de cosas a narrar. Sin embargo lo que se descubre es sumamente crucial, como lo puede ser que nos cuente lo que hizo Boba Fett entre los episodios V y VI, o como perdió realmente Lando Calrissian (Billy Dee Williams) el Halcón Milenario.

Rogue One: Una Historia de Star Wars viene a justificar la razón de que la primera Estrella de la Muerte fuera imperfecta (algo que nunca trascendió), ahí estuvieron francamente hábiles John Knoll, un mito dentro del mundo de los efectos visuales, y Gary Whitta. Este detalle, aparentemente baladí si recordamos La Guerra de las Galaxias (Star Wars), permite crear una historia completa, una historia de traición, redención, reencuentro, egocentrismo y amistad. Porque sí, en dos horas y un poco hay tiempo para todo esto, para contarnos la complicada relación familiar de Galen Erso (Mads Mikkelsen) y su hija Jyn (Felicity Jones), de la amistad entre Chirrut Îmwe (Donnie Yen) y Baze Malbus (Wen Jiang), de las meritorias ansias de poder de Orson Krennic (Ben Mendelsohn) o del "ma han abierto los ojos" del piloto imperial Bodhi Rook (Riz Ahmed). Ojo, el film también deja un detalle singular sobre la mesa… en todos lados cuecen habas, y si bien el Imperio instaura un dominio basado en el terror, la Rebelión tampoco se las anda con chiquitas y no duda en asesinar antes de preguntar… pero claro, Rogue One: Una Historia de Star Wars pone el acento sobre un detalle que no siempre fue justificado, todo movimiento político tiene sus claros y oscuros, y la Rebelión no podía librarse.

Por lo tanto, estamos ante una historia muy diferente a lo que hasta ahora habíamos visto, alejada por completo de la senda seguida por J.J. Abrams, una donde las referencias se convertían en calco (algo que dolió a muchos), y más cercana a un constante dramatismo nunca plasmado en esta franquicia. Vale, había detalles, la muerte de Darth Vader en El Retorno del Jedi (Return of the Jedi), la congelación de Han Solo (Harrison Ford) en carbonita en El Imperio Contraataca (The Empire Strikes Back) o la muerte de Obi Wan (Alec Guiness) en La Guerra de las Galaxias. Pero en Rogue One: Una Historia de Star Wars esto se traslada al total del metraje, siendo el sentimiento la base de su narración durante los dos primeros actos que además desemboca en una última fase de armas tomar. Aquí es donde se debe dar gracias a Knoll, Whitta, Weiz, Gilroy y sobre todo Gareth Edwards, un director que dentro de su cine busca siempre el punto te machaco el corazón. Su debut cinematográfico Monsters así lo reflejaba, y si uno indaga en Godzilla nuevamente se dará cuenta de que es omnipresente en toda su historia. Ojo, esto tiene mérito, sobre todo porque es un cambio arriesgado de tono con muchísimas posibilidades y que triunfando, que lo hará, abre si cabe más el impresionante abanico de historias que se pueden llevar a la gran pantalla.

Visualmente la película es una delicia. Los medios de hoy en día sirven para aplicar continuidad en todos los aspectos, y uno que era fundamental era en lo que se conoce como la dirección artística. Rogue One: Una Historia de Star Wars es excelsa en ese aspecto, eso estaba claro tras ver lo bien que habían hecho las cosas Abrams y su equipo el año pasado. Pero no sólo eso, Rogue One: Una Historia de Star Wars juega con una baza que para algunos chirriará y para otros será la confirmación de que esto es el camino que se debe seguir. Los cameos introducidos en Rogue One: Una Historia de Star Wars son cruciales, por un lado para aplicar linealidad a una historia de forma casi milimétrica, por otra para poder indicar que hoy en día todo es posible. La mirada al pasado es total y, sorprendentemente, más importante de lo que personalmente esperaba. Si bien la presencia de Darth Vader era conocida, otras caras que surgen de la sombra son sorpresa, si bien la historia que se nos cuenta las hacía casi necesarias (una de ellas sí, la otra es un gran guiño).

En fin, Rogue One: Una Historia de Star Wars es una delicia, soy persona de buen conformar, pero no se puede negar que su tercer acto es el perfecto modelo para contar el dramatismo de una misión suicida como plantearse robar los planos de la Estrella de la Muerte. Hay intrahistorias que aportan poco interés, lo de Saw Guerrera (Forest Whitaker) está bastante metido con calzador, pero el conjunto al final es francamente recomendable y desde luego muy pero que muy disfrutable.

Cartel de Rogue One: Una Historia de Star Wars
Cartel de Rogue One: Una Historia de Star Wars

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Se pone en marcha nuevamente la factoría de magos más poderosa del cine. Con Harry Potter extinto en presencia, y aunque por ahí ronda la posibilidad de ver adaptada la obra "Harry Potter and the Cursed Child", su esencia prevalece de nuevo con el estreno en cines de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them) de, destinos parejos, David Yates. En esta ocasión ha sido la propia J.K. Rowling la encargada de adaptar a guión cinematográfico su obra y la cosa no se le da del todo mal. En Animales fantásticos y dónde encontrarlos se sienta de paso la base para una nueva y extensa franquicia, una que gira en torno a Newt Scamander (Eddie Redmayne) y, gran villano a la palestra, Gellert Grindelwald (Johnny Depp), ese mago oscuro que quiso ser más que Lord Voldemort antes de Lord Voldemort. A ambos personajes ya los conocimos en la anterior saga mágica. Al primero como autor del libro de estudio "Animales fantásticos y dónde encontrarlos" que se usaba en Hogwarts, al segundo con la cara de Jamie Campbell Bower, joven, y Michael Byrne, viejo, en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Harry Potter and the Deathly Hallows).

Y en estas estamos. Newt, un mago con cara de despistado y un pelín retraído, llega al New York de principios del siglo XX cargado con una maleta repleta de imposibles criaturas de las que pueblan el bestiario del universo Harry Potter. Paralela a su llegada se producen una serie de extraños sucesos / crímenes y el aparente responsable de los mismos es una siniestra y oscura presencia, una criatura / virus que infecta a sus huéspedes y que es conocida como Obscurus. En su visita a la gran manzana Newt se encontrará con una serie de singulares personajes; el nomag (prefiero muggle) Kowalski (Dan Folger), perfecto alivio cómico de una historia con momentos seriamente tétricos y siniestros, o las hermanas Goldstein, la tremendamente sosa Tina (Katherine Waterston) y la más simpática y dicharachera Queenie (Alison Sudol). Pero ojo, si bien uno podía pensar que todo se quedaba ahí que va, la Rowling tiene tiempo para presentar dos frentes más de acción, uno más impoluto y ministerial, en el que se nos presentan una serie de personajes de índole mágica como son el muy interesante Percival Graves (Collin Farrell) o Seraphina Picquery (Carmen Ejogo), y otro más humano y alarmista encabezado por una familia algo desquiciada… Credence Barebone (Ezra Miller), su hermana Modesty (Faith Wood-Blagrove) o la paranoica y reiniciadora de los juicios de Salem Mary Lou (Samantha Morton).

Como podréis observar tenemos el ciento y la madre de personajes, muchos, y a la par un buen número de tramas que transcurren a lo largo de un dinámico y no tan extenso metraje. Yates, director, conoce además a la perfección lo que tiene que hacer y logra que funcione bien el producto, si bien hay algo que no funciona y es la total carencia de química entre Tina y Newt. El resto de la historia transita entre la comedia (hay tiempo para las carcajadas), la magia visual y algo similar al terror nigromántico que ya conocimos en los últimos films de la saga Harry Potter. Ojo, no es tan elevado en tono, aquello era constante, pero por momentos se le acerca. Bien rodada y desde luego que puerta abierta para seguir produciendo conjuros de año en año. Eso sí, no esperéis algo tan icónico como la larga batalla entre Harry Potter y Lord Voldemort, Newt no parece pensado para este calibre de batallas emocionales, pero no por eso deja de ser entretenida y esperanzadora.

Uno de los carteles de Animales fantásticos y dónde encontrarlos
Uno de los carteles de Animales fantásticos y dónde encontrarlos

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El pasado viernes, recién salido de ver La llegada (Arrival) de Denis Villeneuve, no pude más que pensar en voz alta en el medio que mejor sirve para ello en estos momentos…

Antes de comenzar a hablar de La llegada lo primero que os voy a recomendar, y casi debería ser lo único, es que vayáis al cine a verla. No os la perdáis, ya que es una gran oportunidad de ver un producto de ciencia ficción, muy íntimo, de grandísima calidad. El canadiense Villeneuve es además uno de los mejores cineastas del momento, y así lo atesora gracias a esta y sus otras obras más conocidas… la retorcida Incendies, la destructiva Prisioneros (Prisoners), la surrealista Enemy o la corrupta Sicario.

La llegada, adaptación del relato corto "La historia de tu vida" de Ted Chiang, y parte de un recopilatorio que responde al mismo título, nos presenta la repentina visita / invasión de un grupo de naves extraterrestres a diferentes partes del planeta. Cada gobierno afectado, tratando de gestionar el acontecimiento de la mejor forma posible, toma sus propias decisiones si bien a nosotros se nos cuenta lo que acontece en el lado de los EEUU y por lo tanto poniendo el foco en el encuentro de la doctora Louise Banks (Amy Adams) y el matemático Ian Donnelly (Jeremy Renner) con los tripulantes, a los que definen como heptápodos, de la "cápsula" que se encuentra en Montana. La película nos cuenta ese conjunto global de acontecimientos haciendo hincapié en que no sólo se evoluciona desde el lado USA, aunque se centre ahí, poniendo sobre la mesa la importancia del trabajo en equipo ante fines de índole común. En fin, el tema es que la doctora en cuestión, lingüista de profesión, recibe el encargo, aquí entra en escena el Coronel Weber (Forest Whitaker), de entablar contacto con los visitantes al tiempo que se ve atormentada por recuerdos sobre su hija fallecida. Con este punto de partida uno comienza a vivir La llegada, un acercamiento esencialmente científico a la ciencia ficción alienígena donde se plantea el mayor problema que nos encontraríamos en esta situación… establecer comunicación.

La llegada es por lo tanto un film de aprendizaje y comunicación, un viaje vital por establecer contacto en el que la doctora Banks se embarca para acabar completamente inmersa. Es tal su ansia por romper esa barrera que no duda en exponerse ante los visitantes, en agotarse y verse superada por la situación que supone tener que resolver un dilema de índole mundial donde se trata de dar respuesta a la gran duda que a todos corroe… saber cuál es el objetivo de la visita de estos alienígenas a la Tierra. La llegada es también una historia altamente emocional y muy personal, egoísta y altruista según el punto de vista que acabe por calarte. Un viaje por el tortuoso sendero de las tribulaciones que acosan a Banks de principio a fin. Conoceremos su historia, los acontecimientos más relevantes de su vida, todo ello gracias al trabajo de adaptación de Eric Heisserer, guionista que ha sabido sacar un jugo increíble al elaborado estilo narrativo de la obra de Chiang, más reveladora merced a esos tiempos verbales con que está escrita, y de su montador Joe Walker, no es sencillo mostrar tanto y descubrir tan poco.

La llegada es en definitiva una de las mejores películas del año, con una Amy Adams excelente en un papel crudo, reflexivo sobre su propia existencia, acompañada por un reparto que cumple sin, sin embargo, destacar tanto como lo hace ella. Villeneuve vuelve a rodar una historia que te envuelve de principio a fin, que te mantiene fijo, pendiente de los acontecimientos y que con maestría te golpea en lo más profundo para conmoverte y plantear aspectos duros de imaginar. De regalo la cantarina y a la vez alienígena composición de Jóhann Jóhannsson, donde combina la música con el propio lenguaje de los visitantes. Vamos, que sólo me queda volver a decir algo que ya os dije al principio… id a verla.

Amy Adams AKA Louise Banks en La llegada
Amy Adams AKA Louise Banks en La llegada

Ah, y como despedida la pregunta que ahora todo el mundo se hace. ¿Qué nos deparará Blade Runner 2049 (2017) con Villeneuve a los mandos? Pues es otra buena incógnita, pero desde luego se trata de una que todos tenemos ganas de que se nos responda… casi lo mismo que los protagonistas de la propia La llegada. Faltan tan poco para descubrirlo que te entusiasmas con sólo pensarlo.

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Pues nada, regresa el MCU a los cines de nuestra ciudad y es el turno del debut de un nuevo personaje, una renovación en toda regla para redefinir la Fase 4 en la que nos encontramos inmersos. Doctor Strange de Scott Derrickson abre además, y por completo, una puerta hasta ahora no muy explorada del mundo mágico de Marvel. Retazos tuvimos en Thor y Thor: el mundo oscuro, pero nada que ver con esta inmersión a pulmón parida por la casa de las ideas. Sin embargo, lo más interesante del producto es que el enfoque dado vuelve a aquellas raíces ahora ya olvidadas de "origen del personaje", pero llevadas a un punto más dramático y en la línea que plasmó con acierto el primero de los Iron Man. Doctor Strange se centra en los malos momentos, en la etapa más oscura y poco agraciada de un personaje como Stephen Strange. Un hombre brillante, egocéntrico como nadie y con un futuro sin límites. Las cosas cambian repentinamente y es en ese momento en el que la narración explota con minucioso detalle los peores momentos, la autodestrucción a la que se ve avocada Strange y la desesperación que le atormenta.

Pasado este mal trago el producto gira y enfoca la habitual línea de los films del MCU. De paso, y como la magia todo lo permite, se saca de la manga un auténtico exploit de Origen (Inception) para poder mutar sin compasión el mundo en el que viven los protagonistas del film. Ojo, visualmente estamos ante una delicia, un extenuante viaje alucinógeno que, en 3D y sala IMAX, marea como nadie. Cuesta mantener el foco pero eso no quita para que uno se sienta reconfortado cuando lo que busca es originalidad e impronta visual. Esta vez, y merced al mundo que ahora conocemos, las posibilidades son infinitas y Marvel sigue fusionando acción bien rodada, grandes efectos visuales, con el ciento y la madre de chascarrillos cómicos para que el espectador suelte carcajadas.

Guste o no este es el sello en el cine de Marvel y no van a cambiar. Doctor Strange tiene su dosis de mal rollo, pero termina siendo un producto amable, repleto de acción, de viajes astrales, de lisergia visual y de buenos actores. Benedic Cumberbatch tiene tanto ego como el propio Strange y es el total centro de la historia, le queda el papel como anillo al dedo. Secundado está por un anodino Chiwetel Ejiofor como Mordo, todavía no Barón, que seguro será explotado con mejores resultados en el futuro. Genial Benedict Wong como Wong, ideal compañero y complemento cómico de Cumberbatch, y no menos genial Mads Mikkelsen como Kaecilius, un villano con miras y razones certeras para hacer lo que hace. Tilda Swinton también mola y por ahí aparecen otros complementos que vistos y no vistos.

En definitiva, una perfecta presentación de un personaje con potencial y con posibilidades tan infinitas como la propia imaginación de sus presentes y futuros guionistas. No cuento nada más porque el terreno SPOILER está ya muy cerca, pero si os apetece disfrutar un rato pasaros por el cine. Y ojo, tiene dos escenas extra, y ambas son singularmente importantes (al fin).

Doctor Strange
Doctor Strange

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El punto final y mi despedida de este Sitges 2016 lo ha protagonizado otro clásico como Zombi (Dawn of the Dead) de George A. Romero, han pasado la versión restaurada en 4K del montaje de Dario Argento, al que han acompañado dos films muy diferentes. Por un lado la preciosa The Neon Demon, por el otro la simpática y conspiranoica Operation Avalanche.

The Neon Demon de Nicolas Winding Refn, ausente en el festival a última hora pero con tiempo para un par de saludos digitales al respetable, es el experimento visual más llamativo y colorista de la filmografía del directo danés. Protagonizado por una serie de bellezas de toma pan y moja, Ellen Fanning, Jena Malone, Bella Heathcote y Abbey Lee, The Neon Demon es un film bestialmente visual pero que entre bambalinas y salones de maquillaje cuenta una historia de egos mastodónticos, pérdida de inocencia por la vía macabra y que, si te dejas, te atrapa y embelesa como una sesión de fotografía de David LaChapelle. NWR se regodea con descaro en el artificial cascarón del mundo de la moda, lo insulta, lo deja a la altura del betún, pero aprovecha para mostrarnos con directa sutileza un universo de odiosa rivalidad, donde si hay que pisar que sea con tacón de aguja, y donde el bisturí es el arma usada para los duelos. Muchos dicen que la película está vacía, pero no creo que sea el caso. The Neon Demon es la montaña rusa del personaje encarnado por Ellen Fanning, de su llegada, su fulgurante subida y su, literal, desaparición. Sumad la música de Cliff Martinez, tecnomaestro que no dejará indiferente a nadie, o las apariciones de seres como Keanu Reeves o Christina Hendricks. Bravo.

La otra película, y punto final a mi periplo, ha sido Operation Avalanche, especie de mockumentary found fottage, si esto existe, que nos cuenta desde la perspectiva de un agente de la CIA, director de cine, y de su equipo de rodaje, cómo se filmó el supuesto falso aterrizaje en la Luna del Apollo 11. Sí, Stanley Kubrick sale citado e insertado digitalmente como ya hiciera con sutil maestría Robert Zemeckis en Forrest Gump. El resto de la película es un curioso trabajo, entretenido, repleto de giros, dimes y diretes.

La obsesión por el neón de NWR omnipresente en The Neon Demon
La obsesión por el neón de NWR omnipresente en The Neon Demon

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