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  • Opinión de Escuadrón Suicida
Opinión


Este fin de semana se ha estrenado la segunda vuelta de tuerca al cine del género de terror de Fede Álvarez y Rodo Sayagues tras la sangrienta e hiperbólica Posesión Infernal (Evil Dead). Esta vez, y alejados del slasher al uso, aunque tenemos varios de cánones de esta específica división del horror más clásico, Álvarez, Sayagues y nuevamente la dupla Sam Raimi / Robert Tapert, bajo el sello Ghost House Pictures, visitan otras de las alternativas del terror moderno, el conocido como home invasion (Tú eres el siguiente, Knock Knock, Los extraños, Funny Games, Secuestrados, À l’intérieur,…), y le aportan ese granito de arena que la hace diferente, novedosa y, por lo tanto, más que interesante… el invasor pasa a ser la triste víctima, la que lo va a pasar mal y, muy probablemente, acabe inerte y convertido en un mueble más de la casa en la que se ha colado.

No respires (Don’t Breathe) cuenta la historia de tres jóvenes delincuentes de Detroit que asqueados por la vida que tienen deciden dar el golpe de su vida. Ella (Jane Levy), madre soltera, tiene en meta irse a California y dar una vida más plena y menos repugnante a su hija. Ellos han optado por seguirla, uno por la lógica de ser su pareja (Daniel Zovatto), el otro (Dylan Minette) porque vive los vientos por la primera. La cosa no saldrá como esperan cuando en ese último trabajo con el que pretenden cubrirse de gloria se cuelen en la casa de un ex-militar ciego (Stephen Lang). Estos son los muy sencillos mimbres de la historia de este par de uruguayos que van triunfando por Hollywood. La historia es simple, fácil de digerir y sin complicaciones a la hora de sentar la base sobre la que se extenderá la narración. Y aquí es donde Álvarez y Sayagues suben el listón y demuestran que con poco se puede hacer mucho y notablemente entretenido. Dominan el sonido o la ausencia del mismo, explotan más de lo previsto una ambientación sin pretensiones, logran un manejo de la tensión digno del cine más desesperante que os podáis imaginar. Juntemos esto a un reparto cumplidor, la Levy notable, Zovatto y Minette sin sobresalir cumplen y Lang, Lang… ciego pero no tonto.

La película cuenta además con suficientes detalles mal rollo para quedarse pegado a la butaca. El espectador se pasa un buen rato a oscuras, visualizando lo que no se ve y los terrores que están más cerca de lo que tu intuición de los protagonistas puede ver. Merced a la combinación de la música, el ritmo de la respiración y la enfermiza calma general, un buen rato de la película roza lo más angustioso que os podáis imaginar en años, recuerda a aquellos desesperantes momentos de The Descent de Neil Marshall donde sabías que la cosa estaba jodida y no podías advertir a las protagonistas. Sumemos un par de giros de guión que de dejan con cara WTF, pero WTF, WTF, y el puñetero perro, elemento crucial para lograr esos golpes de efecto que irremediablemente te hacen saltar en la butaca. Merece la pena verla, película de terror atípica y que quedará ahí en el recuerdo del que guste por pasarlo mal en el cine.

Uno de los carteles de No respires
Uno de los carteles de No respires

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El universo Hollywood sigue en sus trece y tras renovar y reinventar la saga Star Trek, merced a J.J. Abrams y una inexplorada línea temporal diferente, tenemos tercer capítulo de la nueva saga pero esta vez con un nuevo recambio… el hombre tras las cámaras.

Star Trek: más allá (Star Trek Beyond) incorpora a un tipo diferente, acostumbrado al ritmo más trepidante y enfrascado en un modelo de cine donde la hiperactividad es su marca de la casa. Justin Lin, he aquí la persona, se teletransporta al mundo Star Trek habiendo labrado su filmografía con films como A todo gas: Tokyo Race (The Fast and the Furious: Tokyo Drift), Fast & Furious: Aún más rápido (Fast & Furious), Fast & Furious 5 (Fast Five) y Fast & Furious 6 (Furious 6). Y sí, este es el estilo al que nos debemos agarrar si miramos más allá de aquellos comienzos en forma de Better Luck Tomorrow. Se trata además de una forma de hacer cine que de manera descarada se ha visto reflejada en la entretenida pero no por ello completa Star Trek: más allá.

Escrita por los inesperados Simon Pegg y Doug Jung, el primero sobrado en estas lides pero el segundo casi debutante, la saga Star Trek va más allá, nunca mejor dicho, recuperando algo que aunque presente no había sido explotado como los fans esperaban. En Star Trek: más allá el apoyo, la amistad, la necesidad de los compañeros de trabajo y la confianza en lo que van a hacer traspasa las fronteras. Esta era la esencia del Star Trek clásico, del grupo que encarnaran William Shatner, Leonard Nimoy, DeForest Kelley, James Doohan, George Takei, Nichelle Nichols y Walter Koenig, de cómo hacían frente a los retos y de cómo los superaban en conjunto. Esta esencia, estas motivaciones, esta camaradería ha sido recuperada por Pegg y Jung y se ve traslada fielmente a la gran pantalla. Así vemos como se profundiza en la relación entre Kirk (Chris Pine) y Bones (Karl Urban), entre el primero y Chekov (Anton Yelchin), entre el segundo y Spock (Zachary Quinto), a tope, entre Uhura (Zoe Saldana) y Sulu (John Cho) o entre Scotty (Pegg) con gran parte de todos ellos y sobre todo con la nueva incorporación, la entretenida y pizpireta Jayla (Sofia Boutella). Todos forman parte del grupo y, como tal, en todo momento se ayudan y la amistad trasciende. Esto es lo mejor del film, sin dudarlo, pero entonces es cuando al cosa se pone en formato diente de sierra y de lo mejor, Star Trek, pasas a lo peor, Krall.

Mágico momento en Star Trek: más allá
Mágico momento en Star Trek: más allá

Nuevamente lo más flojo de la obra que se nos presenta es el villano. En verdad no sé que pasa con el reboot de esta saga pero Nero (Eric Bana), para ser el debut de un universo renovado, casi molaba; Khan (Benedict Cumberbatch) pese a su magnífica presencia, todo lo que hace el actor británico es para flipar, acababa sin esencia; y este Krall, encarnado por un Idris Elba cero aprovechado, termina transformado en un malo de chichinabo. En serio, forzado hasta la extenuación Krall no funciona como debiera, su destino final es ridículo, muy ridículo, si bien la idea que le da forma y razón de ser son francamente originales e interesantes. Además, hay muchas acciones, decisiones y elementos de la historia que no son tenidos en cuenta pero que hacen plantearse en qué narices estaban pensando. En serio… Krall, la Franklin, Krall, la Franklin, Krall, la Franklin. Cuesta encontrar razón para dar sentido al por qué del villano, del momento elegido para tal o cual cosa, o como es posible que no se dé cuenta de las obviedades que pasa por alto. ¿Tan cegado por el odio está que no las ve venir?

Y junto a esto el cine del señor Justin Lin. Al que le guste el modelo cámara inestable disfrutará. Yo hace tiempo que no tengo paciencia ni aguante para este cine, me cansa, me cuesta prestar atención y mantener el foco en el montón del elementos que al mismo tiempo se mueven y que además la cámara tiemble de forma desesperante. Es lo que nos queda, pero prefiero las cosas un poco más pausadas. La película no es que sea despreciable debido a esto, para nada, pero con el villano descafeinado, los muchos jump the shark que se gasta, y el baile de San Vito… pues eso. Leches, que podrían tener algo redondo y digamos que se les ha olvidado como cuadrar las cosas.

Cartel serie limitada de Star Trek: más allá
Cartel serie limitada de Star Trek: más allá

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Pues ha llegado el día, ese en el que uno se sienta en la butaca del cine para verificar si toda esa habladuría, esa destructiva mirada, es realmente lo que merece David Ayer y su vástago Escuadrón Suicida (Suicide Squad).

Antes de nada es importante dejar las cosas claras, y es que la aventura de grupo de supervillanos de DC Films / Warner Bros. tiene fallos, más de los esperados, pero no por ello merece el castigo crítico que le lleva lloviendo desde que el embargo se levantó al otro lado del charco. ¿Es mala Escuadrón Suicida? Pues la respuesta es NO (lo más rotundo que os podáis imaginar). Es dinámica, imparable, muy entretenida y con personajes, secuencias y detalles francamente molones, amén de tratar con respeto a la creación de John Ostrander. Pero ojo, como ocurre con muchas otras aventuras, eso no quita que no la hayan cagado con varios aspectos. Además, se trata de una película que llega con una losa sobre ella muy pesada y, sobre todo, excesivamente egoísta e injusta. El estudio ha depositado toda la confianza en esta película, 175 millones de presupuesto son para quitar el hipo, y más que confianza da la sensación de que estaban seguros de que Escuadrón Suicida iba a ser lo que en ¿taquilla? y recepción (unanimidad) no fue Batman v Superman… alguien debería decirles que salvo Joker ninguno de los otros personajes tienen ni un ápice de la entidad del hijo de Krypton y el detective de Gotham. Al tema…

El Escuadrón Suicida AKA Suicide Squad al completo
El Escuadrón Suicida AKA Suicide Squad al completo

Se pueden citar los problemas en modo recetario arrancando por ese terrible montaje que se han gastado, John Gilroy solo o acompañado, que funciona a golpes y que semeja más ser un caos digno del peor enemigo del producto final. ¿Problemas del guión de Ayer?, ¿las supuestas presiones y los ajustes obligados por Warner para descafeinar el resultado? Quién sabe, pero desde luego por algo por lo que destaca este director es por su capacidad como guionista, su verdadero origen, en cine sucio, corrupto y de personajes al margen de la ley. La película encaja en su estilo, es su tipo de cine, ¿dónde está el fallo entonces?

También podemos hablar largo y tendido de campaña promocional falsa y errónea que han vendido, vibrante eso sí, pero mal guiada y mentirosa. Es fundamental no hacer creer lo que no vas a ofrecer, y en esto Escuadrón Suicida ha cumplido para mal. Joker (Jared Letto) es la justificación de la existencia de Harley Quinn (Margot Robbie), punto y final. Nos lo presentan, tiene varias apariciones donde se enfatiza la química entre los psicóticos personajes, y le preparan para el futuro que ha de venir… fin. Podemos seguir con más cosas, como por ejemplo indicando que si hablas de supervillanos, la moralidad, el buen rollo o eso de que se te haga un nudo en la garganta o sueltes una lagrimilla no lo deberías si quiera contemplar. Si tienes entre manos a un asesino en serie o un monstruo imparable, si venderías a tu madre por un trozo de pan y no dudas en matar mujeres y niños, desde luego no deberías dudar y en eso Escuadrón Suicida falla nuevamente. ¡Es pura contradicción!

Vale, por todo esto y alguna más Escuadrón Suicida la caga, eso no lo pongo en duda, pero también tiene muchos aciertos y estos hacen que la película merezca la pena. Y ojo, porque la guerra de la crítica cinematográfica y el espectador fan no para, pero es que muchas veces los primeros buscan algo que no existe y los segundos no tienen la experiencia fílmica como para saber si tal o cual cosa rompe con los cánones dentro del arte del cine. Pero vamos, uno lo que busca es entretenimiento, pasarlo bien, disfrutar de un par de horas de cine comiquero, acción, comedia, etc., y eso Escuadrón Suicida lo da. El Universo DC en cines está en bragas y ya iba siendo hora de tener la oportunidad de disfrutar de ellos en pantalla grande.

Sobre el mejunje de personajes que circulan destacan Deadshot, demostrado queda que a Will Smith se le puede recuperar, Harley Quinn, una pirada Margot Robbie enamorada del desquiciado pero poco aprovechado Joker, o Amanda Waller (Viola Davis), probablemente el villano real del film y una déspota de no te menees. En segundo plano y desdibujados tenemos a Diablo (Jay Hernandez), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje) o Boomerang (Jai Courtney)… claros segundones de la unidad de choque y aunque con sus momentos álgidos, muy dispares eso sí, no llegan a calar en el espectador. En un nivel más bajo tenemos a Rick Flagg (Joel Kinnaman) y la Encantadora (Cara Delevigne). El primero tiene un pase, la segunda como actriz no me encanta y su personaje no es de los que quedan en la memoria. No hablemos del irrisorio y efímero Slipknot (Adam Beach). Ojo, esto es cine, y es harto complicado, si no imposible, que todo dios tenga el mismo caché, más si observamos las propias billeteras.

Cartel mondo de Escuadrón Suicida... de nuevo desinformando
Cartel mondo de Escuadrón Suicida… de nuevo desinformando

Tras echar este vistazo en global hay que decir que la película funciona bien como una mixtura de referencias o esencias de obras como Doce del patíbulo (Dirty Docen) o 1997, rescate en New York (Escape from New York). Entretiene, visualmente cumple, y aunque se pase su primer acto presentando a los 7 miembros fundamentales, la gran desventaja que tiene frente a otras es que debe unir a un grupo de personajes que pocos conocen y encima que se genere química a velocidad del rayo entre ellos, refleja aspecto comiquero por todos su lados. ¿Atropellada? Sí, pero fiel y divertida. ¿Qué se echa de menos? Pues muchas cosas, algo más de sustancia para llegar a la ansiada R, una película más de David Ayer, violenta y amoral (aunque Viola Davis lo borda en ese aspecto), e igual menos precipitación. Pero no por ello se merece todos los palos que le están dando. La película funciona bien y tiene suficientes cosas buenas como para disfrutarla en pantalla grande. Además, siguiendo con la coherencia las presencias del lado bueno de los héroes, Batman (Ben Affleck) y alguien más, es perfecto para ligar el universo.

No es la repanocha pero lo que he visto me ha gustado.

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Creo que todos estamos de acuerdo si nos preguntamos eso de ¿pero qué coño esperabas de Independence Day: contraataque (Independence Day: Resurgence)? Vale, bajo esa perspectiva tengo que reconocer que no puedo decir mucho, pero como en el fondo no esperaba nada de lo nuevo de Roland Emmerich, ver la infamia que ha perpetrado me parece hasta excesivo. La secuela de la correcta ID4 (vista hoy en día roza lo soporífero) es un cagarro de los gordos. Es absurda, facilona, un cliché extralargo, muy aburrida y con más retornos de los deseados. Porque digo yo, ya si te cargas al Capitán Hiller porque se te baja del barco Will Smith, que bien hizo pese a no estar pasando tampoco su mejor momento profesional, por favor, acaba de paso con otros personajes más prescindibles que este e invéntate algo menos obsoleto.

A Roland Emmerich poco le debe dar la cabeza. Es el rey de la catástrofe, de la destrucción masiva y genio si lo tratamos como "imaginador" de posibles finales definitivos de la vida en el planeta Tierra. Si quieres ver una película donde mueran varios cientos de millones de personas entonces lo mejor es que hables con este director de origen alemán que algo se le ocurrirá, o simplemente echa un vistazo a su filmografía previa que unos cuantos productos de calibre apocalíptico los tiene. Tras unos años de vacas realmente flacas, aunque haciendo memoria creo que nunca ha tenido una fase de gordas salvo por Soldado Universal (Universal Soldier) y Stargate: puerta a las estrellas (Stargate), Emmerich se alía nuevamente con su alma mater Dean Devlin y nos traslada a un futuro insólito, increíble e irrisorio. Para mi que no se lo han ni planteado… en ese batiburrillo de supervivencia que era Independence Day, mucha de su gracia estaba en que había que tirar de ingenio, aunque absurdo, para acabar con los invasores. Teníamos aviones pilotados por borrachos que creían haber sido abducidos e incluso un virus informático mata extraterrestres. Ahora como tenemos su tecnología, de chichinabo visto lo visto, podemos hacerles frente en igualdad de condiciones.

Sumemos a este despropósito dentro del rango de la imaginación el de la elección del reparto. En 1996 estaban Will Smith, Jeff Goldblum, Bill Pullman, Robert Loggia, Randy Quaid, Mary McDonnell, Judd Hirsch y Brent Spiner. Muchos veteranos ya consagrados y algún joven como Smith que comenzaba con esta cinta a ser una estrella de ese mundo que es Hollywood. En 2016 están Liam Hemsworth, Jeff Goldblum, Bill Pullman, Jessie T. Usher, Maika Monroe, William Fichtner, Judd Hirsch y Brent Spiner. Por lo tanto, estás delegando el control de una película en gente, cuatro de los de esa lista se comen el 50% del metraje, que hace 20 años tampoco eran la repanocha… aunque Goldblum siempre ha sido un actor de alto rango y en muchos aspectos inigualable merced a su carisma y presencia. Pero el resto… acaba con Pullman, acaba con Hirsch y acaba con Spiner, no necesitamos recuperarlos y menos hacer uso de los mismos chistes que ya chirriaron de lo lindo hace dos décadas. De los nuevos me vale la Monroe, aunque este es el típico proyecto que acaba con una carrera en la que te has encumbrado gracias a The Guest o It Follows, y Fichtner, un secundario tan de lujo que siempre agrada. Pero claro, para rizar el rizo al aburrimiento lo sazonas con nuevos personajes pánfilos, terroríficos, penosos y patéticos como ese Dikembe Umbutu (Deobia Oparei) que da vergüencilla, o esa periodista encarnada por una buscadora de habichuelas como Charlotte Gainsbourg. En serio, es de traca.

La historia, escrita por la parte vacacional del imaginario de un par de actores secundarios mutados en pseudo-guionistas como Nicolas Wright y James A. Woods, los propios Devlin y Emmerich, o el único genio el grupo James Vanderbilt, le debemos recordar por Zodiac o Basic y olvidar por el resto de su filmografía, es de toma, pan y moja. Dentro del no tiene ni pies ni cabeza que suele ser este tipo de productos, esta en verdad no tiene ni pies ni cabeza… por lo tanto flipémoslo y hasta otra. Es todo tan absurdo que no puedo empezar. No se entiende nada y el truco del almendruco de la esfera echa cables es sin lugar a dudas el detalle que aniquila un producto ya de por si completamente prescindible. ¿Qué nos espera tras Independence Day: contraataque? Pues Emmerich quiere llevarnos al espacio para cargarse definitivamente la marca. Veremos si la taquilla se lo permite.

España entre los objetivos del nuevo Independence Day
España entre los objetivos del nuevo Independence Day

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El mundo del cine y los videojuegos sigue demostrando que es harto complicado de adaptar lo segundo hacia lo primero si ese es el propósito que las grandes compañías tienen en mente. Así como la literatura, si nos centramos en géneros como el terror, la fantasía o la ciencia ficción, o el cómic, tienen un sentido narrativo fácilmente trasladable al cine, en gran parte todos mantienen una estructura similar, los videojuegos siguen dejando claro que no alcanzan con tanta facilidad esa esperada simbiosis transmedia. El episodio demostración de esta semana se llama Warcraft: el origen (Warcraft) de Duncan Jones y pone sobre la mesa que todo el potencial del mundo inventado por Blizzard hace ya un porrón de años se queda a medio camino entre un producto orientado completamente hacia el fandom más ansioso y la fantasía heroica cinematográfica que mejor a funcionado entre el público general cuando nos llegó desde otros medios, léase El Señor de los Anillos, Conan, etc. La gran pregunta que uno se plantea tras ver esta Warcraft: el origen es… ¿lo que he visto me ha llegado?, y más todavía ¿puede este film generar el suficiente interés como para vivir a lo largo de la próxima década de lo que pretende ofrecer?

Pues la verdad, revisada la película apuesto más por el lado negativo de las posibles respuestas que por la sana esperanza de que estemos ante una potente franquicia blockbuster que nos entretenga un verano y el siguiente también. Dejando de lado la presente problemática que supone no tener un conocimiento mínimo del universo que se nos presenta, el fandom gamer sentirá todo lo contrario a este pensamiento, el principal problema que le veo a esta aventura es lo anodino y poco trascendente que les ha quedado el producto final. Entiendo que esto es "el origen", una puesta en marcha, el pasto para futuros verdes prados, pero señores… ¡que estamos ante la guerra entre humanos y orcos, en un mundo de fantasía sin parangón, rico en detalles y posibilidades! Sin embargo nos traen personajes bastante planos con cero derecho a crear empatía y que tratas como auténticos peleles. Porque así están las cosas; presentas multitud de personajes, más o menos acertados, acrecientas el interés por ellos, logras que aumente su carisma a golpe de efectos especial y algo de humanidad, y sin control, o con más prisas de las debidas, les cierras el grifo y a otras cosa mariposa. Esto no ayuda lo más mínimo para atrapar a ese conjunto de espectadores que verdaderamente debían importarte captar… ten en cuenta que al resto ya te los has ganado desde hace una década, por lo tanto no te olvides de ellos pero tampoco concentres todo el esfuerzo en contentarles porque van a estarlo siempre en gran medida.

Con Warcraft: el origen se ve claramente que Duncan Jones conoce lo que quiere contar y, como gamer confeso, sabe de pe a pa lo que el seguidor debe desear ver y, sobre todo, vivir. Pero a estas alturas de la vida y conociendo las exigencias del público esto es definitivamente insuficiente. Más aún, Jones hasta ahora vivía acostumbrado a proyectos de rango claramente menor, muy centrados en contar historias complejas, con giros de esos que hacen pensar y muy cercanas a un único personaje en torno al que giraba toda la acción. Aquí se enfrenta a la grandilocuencia y el artificio más extremo en un mundo repleto de personajes con posible interés y protagonismo compartido, acción global en múltiples frentes y nada intimista. Es curioso que la historia que se cuenta tenga una base interesante y digna de explorar, pero es tan abrupta la narrativa y el transcurso de los acontecimientos que hace pensar que se ha optado por abarcar más de lo que seguramente debían pretender para poner en marcha esta franquicia. Esto se ve enfatizado por esa manía de abrir multitud de arcos y cerrarlos todos de golpe, sin miramientos y delicadeza. Que sí, que bajo la perspectiva de un hardcore gamer del WoW todo esto tiene sentido y está bien narrado, el ritmo aplicado a los acontecimientos es el correcto y o se cuenta ahora o esto puede durar eones. Ya, pero el no fan se ve envuelto en una vorágine de personajes transitorios que aparecen y desaparecen a ritmo endiablado y a golpe de máquina de escribir o pluma de Charles Leavitt y el propio Jones. ¿Hace falta este ritmo? Pues no lo sé, igual si lo viera desde la otra perspectiva la cosa iba a peor, pero desde esta desde luego algo que queda claro es que la figura del héroe, ese icono que suele destacar en el cine de aventuras, aquí se desvanece como un azucarillo en un vaso de agua. Warcraft: el origen se mueve hacia un objetivo arriesgado, el del visto y no visto, uno que en otros sitios funciona de maravilla, véase "Juego de Tronos", pero que aquí suena más a voy a probar la técnica y con suerte no cagarla. En definitiva, se mueve en el filo de la indiferencia respecto a la intrahistorias, y del que el planteamiento de una segunda parte sea algo que te la traiga al pairo porque la falta de continuidad y, ojito, este no es el modelo de negocio deseado creo yo.

En definitiva, Warcraft: el origen se deja ver, Duncan Jones ha hecho un trabajo visualmente "soberbio" aunque extremadamente videojueguil donde se ha ganado, no lo dudo, al fiel seguidor. Eso sí, el resultado es muy hoy sí, pero mañana no, y no extremadamente destacable, lo que a la larga puede provocar que ya nadie se acuerde de lo que ha de llegar. Legendary Pictures, ahora en manos de la china Wanda, confía en esos otros mercados alejados del siempre egocéntrico USA, pero esto no es solución cuando su objetivo principal es hacer un producto factura made in Hollywood. Debería pensar más en el resto de espectadores, en ir un poco menos acelerado y dar más empaque a tanto tránsito de personajes: Lothar (Travis Fimmel) es la aparente figura central, Garona (Paula Patton) más de lo mismo, Medivh (Ben Foster) aplica en el modelo aquí te pillo aquí te mato, Llane Wrynn (Dominic Cooper) sigue a este último, de Durotan (Toby Kebbell) si te he visto no me acuerdo, Orgrim (Robert Kazinsky) si te he visto no me acuerdo redux, y así podría estar hasta el infinito con la ingente cantidad de personajes que tienen cierta dosis de protagonismo, la cifra ronda los 20, pero que no llegan ni por asomo a dar un golpe en la mesa y decir "espectador, yo soy el que centrará tu interés".

Dos mundos y un destino... así es el mundo de Warcraft
Dos mundos y un destino… así es el mundo de Warcraft

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Cuando una película contiene un chascarrillo del calibre de "terceras partes nunca fueron buenas", dicho por Scott Summers (Tye Sheridan) al salir del cine donde acaba de ver El Retorno del Jedi (Return of the Jedi), la cosa no puede ir a peor. Si encima sueltas la frasecita para, de forma traicionera, lanzar la puya contra X-Men: la decisión final (X-Men: The Last Stand), cuando en lugar de ver la paja en el ojo ajeno deberías fijarte en la viga que tiene en el tuyo, pues te encumbras.

Bryan Singer es el responsable, junto al guionista / productor / visionario Simon Kinberg, de que esta X-Men: Apocalipsis (X-Men: Apocalypse) sea una castaña, visible y pasajera pero castaña de cabo a rabo. Uno de los estudios con menos visión de los productos que tiene entre mano es 20th Century Fox, al menos en cuanto a potencial de calidad. Les ha salvado el culo Deadpool porque al fin han caído del guindo y comprendido que hay que liberarse de ataduras. La saga X-Men no ha tenido tanta suerte, lo mismo que otras familias como los 4 Fantásticos. Hace un lustro los mutantes de John Byrne cayeron en manos de Matthew Vuaghn y su fresca visión sobre los primeros pasos de la Patrulla X con X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class). Esa delicia de apuesta cinematográfica, con guiño, comenzó a decaer en X-Men: Días del futuro pasado (X-Men: Days of Future Past) merced a la obsesiva necesidad de dar el protagonismo a alguien que históricamente no debía tenerlo. Aquí hay doble entendimiento… por un lado Bryan Singer, por el otro Hugh Jackman. El guiño dejó de serlo.

X-Men: Apocalipsis quiere rizar el rizo y se mete un batacazo de no te menees. Bryan Singer está caduco, ha perdido el mojo y una de dos, o quiere sentarse en la silla de director porque no tiene nada mejor que hacer o el estudio no encuentra a nadie más para el encargo tras darle matarile a Vaughn, ya pondrá sobre la mesa frescas ideas en otros proyectos que seguirán gustando al respetable. Lo que podría haber sido una gran apuesta comiquera se queda en un simple producto big boss sin ton ni son. El ser En Sabah Nur, Oscar Isaac donde te metes, es probablemente la peor concepción de villano posible. Amén de parecer un cromo, y no dar la talla en ningún aspecto, sólo le mueve un fin… castigar a base de demostraciones ultra poderosas donde el CGI decora unos ricos escenarios, y que bien podían haber usado para mejorar su propia presencia.

¡Ojo!, esto ya lo hacía Magneto en su día en cualquiera de sus versiones en celuloide, el odio por la raza humana. Aquí En Sabah Nur quiere lo mismo, puede que a mayor escala y, sin dudarlo, más rápido y acompañado, por lo que tristemente en esto se nos queda el film. Sabemos lo que va a pasar desde el minuto cero, Apocalipsis odia y su fin llegará a manos de los mutantes en modo totum revolutum. Porque sí, con tristeza hay que decir que nadie toma el mando, tiene tanta presencia Jean Grey (Sophie Turner) como William Stryker (Josh Helman) o Moira Mctaggert (Rose Byrne), no han querido un rostro destacado que afiance el producto y pone el foco en la sensación de creación de un nuevo supergrupo… nacen, o renacen, los mismos: Cíclope, Jean Grey, Tormenta (Alexandra Shipp), Rondador Nocturno (Kodi Smit-McPhee) y para de contar. La película, para cubrirse de más gloria, vuelve a explotar aquello el fandom más agradecido en la anterior película: por un lado la veloz aparición de Mercurio (Evan Peters) y esa cámara ultra rápida / ultra lenta cachondeo padre, la escena es lo mismito, y cómo no ese largo guiño que no puede estar más metido con calzador… no por culpa del personaje, si no por la no necesidad de ir al lago Alkali y tratar, de alguna forma, de vincular universos que fueron separados por completo en la anterior parte de la saga. Ah, y esos cuatro jinetes… madre mía lo que les mueve… ¡la más absoluta nada!, sólo buscan un orgasmo de poder.

En definitiva, entretiene, eso no lo voy a negar porque la previsión era de cielo cubierto y la cosa se ha quedado en nubes con algunos claros, pero al fórmula se agota… no sé si en manos de Bryan Singer o de los responsables del estudio. Se podía haber hecho tanto, se podría haber trabajado sobre el dramatismo de algunos momentos, y en lo que se queda el guión de Kinberg, para mi junto al director el gran culpable, lo que nos ofrecen es un tipo azul con un poder tan imparable que ni él sabe explotarlo… hasta que le explotan.

Cartel final de X-Men: Apocalipsis
Cartel final de X-Men: Apocalipsis

P.D. Ojo, en defensa de Singer hay que decir que gracias a él nacieron los films grupales comiqueros, el género acababa de arrancar su nuevo rumbo gracias al olvidado Stephen Norrington y su Blade diferente a todo lo anteriormente conocido. De su mano también llegó la tremenda X-Men 2 (X2) con una guerra entre bandos mutantes con el valor William Stryker en medio para darle más intensidad. Pero desde ese momento su gen mutante se disipó… y así sigue.

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Hay que rendirse a la evidencia y confirmar que el Capitán América, Chris Evans ahora mismo es insustituible, se ha convertido con diferencia en el personaje más interesante y con más matices del MCU. Con Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War) también se deja claro que los hermanos Anthony Russo y Joe Russo conocen a la perfección la partitura completa para que un proyecto comiquero funcione a las mil maravillas, ya que tras Capitán América: El Soldado de Invierno (Captain America: Winter Soldier), han logrado fabricar un producto que aúna mágicamente todos los elementos que un buen fan desea ver en cines cuando hablamos de aventuras protagonizadas por tipos vestidos con trajes de spandex. Capitán América: Civil War no es un 10, le sobra metraje, pero pese a ello sorprende que los 150 minutos que dura se hagan los suficientemente cómodos como para partir de un estado de calma chicha donde se va elaborando una muy buena historia hasta enfrascarte en una última hora de total desenfreno y hype desmedido, y nada que ver con ciudades voladoras que suben y bajan. ¿Es Capitán América: Civil War el mejor producto Marvel hasta la fecha?, pues se podría decir que sí, ligeramente superior a su predecesora, más entretenida e interesante que la primera parte de Los Vengadores (The Avengers) y sin dudarlo un auténtico film de supergrupo que deja por los suelos ese previo segundo intento anterior que fue la caótica Vengadores: La Era de Ultrón (The Avengers: Age of Ultron).

Capitán América: Civil War logra además el más difícil todavía. Por un lado porque estamos hablando de una continuación directa de los acontecimientos de la historia de Soldado de Invierno, y pese a poner el foco en el destino de Bucky (Sebastian Stan), tiene tiempo para introducir a nuevos iconos de la Casa de las Ideas como Black Panther (Chadwick Boseman), Spider-Man (Tom Holland) y uno más… paso de SPOILERS. Lo segundo porque se aleja del concepto de villano hiperactivo y acierta de pleno usando el mal como mente maestra para manejar los hilos como buen marionetista. Zemo (Daniel Brühl) tiene un plan y las ideas bien claras, no hace falta rodearse de ejércitos o seres imposibles que te ayuden en tu misión, llega con ser el más inteligente de todos, moverte con sigilo e ir a tiro fijo a por lo que quieres provocar. Luego sorprende lo bien que han hilado las cosas, el tiempo dedicado a cada personaje, perfectamente distribuido sin caer en el clásico problema de infrautilización. El que está es porque debe estar, imponente presencia la de Black Panther, y el que sale menos o más es simplemente porque su entidad como personaje así lo requiere, Ojo de Halcón (Jeremy Renner) o War Machine (Don Cheadle) por ejemplo. Todos tienen sus 5 minutos de gloria, pero unos cinco minutos que giran en torno a una gran historia de amistad a dos bandas, la que une a Steve Rogers con Bucky Barnes y la que hermana al Capitán América con Iron Man. Es una Guerra Civil, una batalla fraticida con todo tipo de consecuencias. Una escisión interna, una separación de espíritus afines que, no les queda otra, deberán hacer de tripas corazón cuando llegue el momento de las Guerras del Infinito.

Capitán América: Civil War flota además en un mar de muchas corrientes, la del drama personal que machaca a Tony Stark (Robert Downey Jr.), la de la curiosa relación que se establece entre Visión (Paul Bettany) y la Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen), la de los chascarrillos que se traen entre manos Falcon (Anthony Mackie) y el propio Bucky, la de la alucinante presencia de ese nuevo Spider-Man que en manos de Tom Holland y con el enfoque dado a partir de este film define un futuro muy prometedor, o la de la integración de personajes como Ant-Man (Paul Rudd), un superhéroe aparentemente menor en un mundo de titanes. Ya lo comentaba antes, Black Panther mola y le han dado lo suficiente como para generar interés en lo que nos puede acabar contando, y que hasta servirá para seguir ligando este universo. Para rematar, como no, el Capitán América, siempre fue un personaje que podría pensarse que no se va a comer un colín en este mundo, pero la compañía le ha dado las historias más entretenidas plagadas de villanos megalómanos como Cráneo Rojo, Hydra y ahora Zemo. A mi este tipo de enemigos siempre me han molado, planes con aroma clásico, alejados de la floritura y más cercanos a un buen juego de estrategia.

En fin, Capitán América: Civil War funciona a la perfección, puro entretenimiento y confirmación de que la línea de Steve Rogers es la más entretenida de todas las abiertas hasta el momento por Marvel Studios. Todos al cine a verla que merece mucho la pena y tiene en un aeropuerto una de las mejores escenas de acción de la historia de este tipo de cine.

Póster IMAX de Capitán América: Civil War
Póster IMAX de Capitán América: Civil War

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Hace dos fines de semana llegó a los cines patrios y de forma limitadísima La invitación (The Invitation), un maravilloso thriller salido de las hábiles aunque inesperadas manos de Karyn Kusama. Triunfadora en el pasado Festival de Sitges, la película reúne nuevamente a Kusama con sus colaboradores Matt Manfredi y Phil Hay, con los que trabajó como directora ella y guionistas ellos en ese gran fiasco comiquero que fue Æon Flux. Pero claro, La invitación es a Æon Flux lo que el día a la noche o lo que el vino Don Simón a un Chateau Lafite 1787. Kusama y su equipo nos encierran en un terrorífico juego demencial protagonizado por un grupo de amigos que se reúnen a cenar varios años después de lo que provocó la separación de dos de ellos… la muerte del hijo que tenían en común. ¿Qué lleva a los anfitriones Eden (Tammy Blanchard) y David (Michiel Huisman) a llamar a la puerta de su pasado y reabrir heridas mal cerradas? Esa es la gran intriga, el juego que se traen con sus invitados y del que poco a poco va generándose una gran sospecha siempre bajo la mirada del descreído Will (Logan Marshall-Green), el ex-padre. Este trío calavera, Kusama y compañía, se enfundan en piel hitckcockiana haciendo que La invitación juegue muy pero que muy bien todas sus cartas, de vueltas cual peonza provocando que nada sea lo que parece y, aunque las cosas pinten claras desde un principio (aquí el trabajo de Manfredi y Hay no pretende engañar a nadie), nunca sabrás el momento en el que se destapará la caja de las esencias. Personajes tan desconcertantes como inesperados, el de Pruitt (un siempre agradecido John Carroll Lynch) y Sadie (Lindsay Burdge), hacen que la película te atrape, te tensione y te desespere. En todo momento sabes lo que va a pasar, de hecho a los pocos minutos de comenzar te dejan claro el destino de los comensales, pero tampoco encontraréis la forma de colaros en la fiesta para advertir a los asistentes porque no tienes lo que hay que tener… La invitación.

Fabuloso cartel de La invitación
Fabuloso cartel de La invitación

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Bueno, creo que es necesario pasarse ya por el blog para hablar del estreno de la semana, sin lugar a dudas del mes, y para mí, ya tengo el escudo puesto, del año. Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice) se ha estrenado y no exenta de polémica presento mi carné de persona a la que le ha gustado… y mucho.

La apuesta del universo DC está siendo la de un mundo complicado, un mundo donde el superhéroe es puesto en duda por sus actos. Si ya en El Hombre de Acero (Man of Steel) la cosa terminaba con un dron tratando de controlar al hijo de Jor-El, en esta Batman v Superman el tema viene a afectar no sólo al bendito Clark Kent (Henry Cavill), si no a ese justiciero que se toma, nunca mejor dicho, la justicia por su mano y que no duda en marcar a fuego a aquellos que castiga… como hacían otros viles seres en tiempos pretéritos. Sí, Batman (Ben Affleck) lleva 20 años impartiendo su ley, correcta aunque discutida, y tras la entrada de Superman en su mundo la polémica se cierne ahora sobre este, un ser poderoso, en el que se confía pero que podría cambiar de parecer y, sencillamente, arrasar con el planeta en un abrir y cerrar de ojos. Como muestra de este debate la secuencia inicial que explora otro punto de vista de la destrucción de Metrópolis perpetrada por el General Zod y sus tropas, amén de Superman. Una secuencia violenta, desesperada, vívida y más realista si de lo que hablamos es de edificios cayendo con ciudadanos muriendo en la debacle. Ahí es donde Bruce Wayne se plantea que Superman no es tan conveniente como uno puede pensar. Este punto de vista, oscuro, frío, desasosegador, será del gusto o no del público que promete abarrotar las salas de cine con cada estreno que tengamos, pero es el camino que el estudio propietario de DC, la Warner Bros., ha seleccionado para profundizar en la fórmula que con éxito ha fraguado la otra gran compañía del universo cómic. Arranca poniendo el listón a una altura muy alta y no apta para todos los públicos.

Tras este arranque la cosa se centra de forma esquiva en una singular batalla iniciada en la sombra por el debutante Lex Luthor (hiperactivo Jesse Eisenberg), magnate (des)aprovechado que ve en las dudas de la sociedad, encabezadas por el rico Wayne, la pieza que le faltaba para llevar adelante su gran plan, acabar de un plumazo con esos dos que en estos momentos pueden acabar de tocarle las narices, Superman y Batman, y dar su siguiente paso… ¿Cuál? Dentro de la cabeza de Luthor, o del guión de Chris Terrio y David S. Goyer, quizás esta sea la idea más interesante del film, todo el entresijo de acciones que toma el personaje de Eisenberg tienen un sentido, ¿controlado por?, y más si percibimos que Luthor sabe desde el principio quiénes son en realidad Bruce Wayne y Clark Kent. Sabe de sobra que de forma individual no puede hacer nada contra estos dos titanes, pero como buen Maquiavelo, tiene las armas que le hacen falta para salirse con la suya… llega con formalizar una pelea de gladiadores como él mismo la define, una guerra Batman v Superman.

El resto es historia para ver en cines. La entrada de Diana Prince (Gal Gadot) en escena, personaje formato misterio hasta que se desmelena pero que queda claro que forma parte de algo mucho más grande de lo que podemos esperar, y que se labra con múltiples referencias a lo largo de toda la película. Que sí, que son piezas no al alcance de todos, yo entre ellos, pero que van haciendo masa para construir su propia fase uno del DCCU. Luego tenemos los rápidos vistazos a esos otros miembros del universo que pueblan Superman y Batman que no se ensanchará este agosto, pero que sí lo hará y sin control el año que viene. De regalo varias historias e una, entrada del chisporroteante Doomsday incluida. El film bebe de El regreso del Señor de la Noche, pero bebe de otros relatos de los que mejor es no hablar porque hay que descubrirlos sentados en la butaca. Hay sueños oníricos, visiones, catástrofe, futuro en esencia y un saludo como una casa a ese ser que desde el exterior vendrá a hacer la puñeta.

Por lo tanto, abiertamente discrepo de esa tendencia que está vertiendo todo tipo de descalificativos contra el film de Zack Snyder. Sí, esta versión del film adolece de descontrol en su montaje, sobre todo cuando intenta enlazar todos esos hitos que hilan el plan de Luthor, pero no por ello es un mal film ni nada que se le parezca. Si es curioso el anuncio de esa versión extendida antes del estreno, y da qué pensar que a Warner Bros. se le ha ido la mano con los cortes en la mesa de montaje, pero no por ello es todo tan atropellado como nos hacen pensar. Además, Ben Affleck nos presenta un Batman atormentado, un Bruce Wayne violento, callejero, vengativo y defensor de su propio concepto de justicia. Henry Cavill con su Superman ha madurado. El principiante de El Hombre de Acero está cansado por su necesaria omnipresencia. Es ídolo del pueblo pero ve que no se hace nada para evitar su necesaria intervención… está cansado, se siembran dudas sobre sus acciones desde las altas esferas. Está en entredicho. Luego las otras piezas de la fórmula, Lois Lane (Amy Adams) como guía en la trama de Luthor, Alfred (Jeremy Irons) como Pepito Grillo de Bruce Wayne y otros. En definitiva, me ha molado. No es la octava maravilla del mundo pero tampoco es un gran fiasco como tratan de vendernos. Es una buena película, pieza aprovechada para iniciar algo que hace unos años ni se concebía, disfrutésmola porque bien merece la pena hacerlo.

Uno de los pocos carteles de Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia
Uno de los pocos carteles de Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia

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La verdad, no tengo muy claro como enfocar esta opinión porque pese a que la sensación inicial es de que he visto una película normal, de hecho no es que me sienta embelesado, debo reconocer que me está dejado un regusto fabuloso de auténtico WTF conforme más poso hace y más pienso sobre ella. Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane) de Dan Trachtenberg es rara. Creo que esta es la única acepción que se me ocurre ahora mismo para definir este Mistery Box de la factoría J.J. Abrams donde un titán como John Goodman se planta frente a dos jóvenes, Mary Elizabeth Winstead y John Gallagher Jr., en una situación simplemente grotesca. Calle Cloverfield 10 podría decirse que es la segunda historia de un nuevo paquete de films que se podrían denominar como los "Cuentos para no dormir" de la Bad Robot. Esto no estaba para nada meditado, han pasado ocho largos años, pero tras Monstruoso (Cloverfield), esta nueva referencia al término deja claro que el filón ha sido encontrado. Lo mismo que Blumhouse con sus terrores favoritos, Abrams aprovecha el talento de gente de directores nuevos como Matt Reeves o este Trachtenberg, y guionistas noveles como Drew Goddard (en su momento), Josh Campbell y Matthew Stuecken (apoyados eso sí los dos últimos en el talento de mister Damien Chazelle).

¿Qué es Cloverfield? Desde ya una marca, una nueva franquicia de películas totalmente independientes y sin relación alguna. Lo bueno, que no dejarán de sorprendernos, lo malo, que puedan convertirse en algo demasiado evidente aunque mucho se cuidará J.J. Abrams de que esto no ocurra. ¿Qué es Calle Cloverfield 10? Pues nada más que una dirección postal en algún pueblo de sabe dios donde. El film de Trachtenberg es un producto multigénero donde se combinan ideas tan variopintas como los misterios de Alfred Hitchcock, las truculencias de los serial killers, las literatura de H.G. Wells, la capacidad creativa del mismísimo MacGyver, el ansia de supervivencia de John McClane en Die Hard o de cualquier otro en todo buen survival horror. Esto es Calle Cloverfield 10, la historia de un accidente y el rescate de Michelle (Winstead) por parte de Howard (Goodman), un convencido del Apocalipsis que ha construido un búnker antinuclear y que está convencido de que los coreanos, los rusos y los extraterrestres acabarán por dar por saco a los EE.UU. Vamos, este ha visto muchas más veces de lo recomendable Invasión USA (Invasion U.S.A.), Independence Day, Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen) o Amanecer rojo (Red Dawn). Pero claro, Howard también oculta obsesiones, secretos y el misterio está servido. Un cúmulo de casualidades y de rarezas supinas harán que viajemos entre diversos géneros dentro de un mismo espacio reducido, asfixiante y agobiante. En medio del fregado un tercero en discordia que aporta ese punto de credulidad y que está encarnado por Gallagher Jr. Es una película extrañamente adictiva que al igual que Monstruoso no admite continuación, no tendría ni pizca de sentido.

A esto se reduce Calle Cloverfield 10, una historia contada en poco más de 80 metros cuadrados donde lo metódico es sinónimo de supervivencia y donde cuanto menos te los esperes nada será lo que parece, lo que servirá para ir acrecentando el agobio. Buen ritmo, mejor música del Bear McCreary y apoyo notable en los golpes sonoros que harán brincar en la butaca… yo salté con los sustos dos o tres veces.

Este magnífico cartel de Calle Cloverfield 10
Este magnífico cartel de Calle Cloverfield 10

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