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  • El primer trailer de Ouija no es que te deje con el culo torcido precisamente
  • Los Power Rangers pescan guionistas con aroma a X-Men: Primera Generación
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  • Atención a este curioso trailer de la chorrada titulada Suburban Gothic
  • El nuevo trailer de Big Hero 6 augura una comedia Pixar con aroma Marvel (compro)
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  • El trailer de la octava temporada de "Doctor Who" ya está aquí y la cosa pinta agitada
  • The Amazing Spider-Man 3 se queda sin unos de sus guionistas (Roberto Orci) y surgen las dudas sobre el futuro de la serie
  • Guillermo del Toro visita Reedit y habla de Hellboy 3, The Haunted Mansion, Junji Ito, el anime y otras cosas
  • El nuevo spot de Teenage Mutant Ninja Turtles está repleto de nuevo metraje
Opinión


"Homo homini lupus", lo que significa que el hombre es un lobo para el hombre. No sabría cómo modificar esta locución para adaptarla a El Amanecer del Planeta de los Simios (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), mi latín no es nada bueno, pero este acertado concepto, perfecto si me apuráis, es la base tomada por Mark Bomback, Rick Jaffa y Amanda Silver, para plasmar en cines un magnífico segundo episodio de este renacimiento de la obra literaria creada por Pierre Boulle y adaptada originalmente para el cine por los maestros Michael Wilson y Rod Serling. Entretenimiento absoluto y una excelencia de poco más de dos horas, esto es lo que ha realizado Matt Reeves tras aceptar el reto y tomar las riendas que estuvieron en manos de Rupert Wyatt hace unos años. A modo tragedia griega o shakesperiana, El Amanecer del Planeta de los Simios es en una generosa parte de su metraje un viaje a la formación y evolución de esta nueva sociedad que dirige Caesar (Andy Serkis), al tiempo que divisamos el ocaso en el que la raza humana ha caído de forma inevitable tras el letal golpe recibido por la denominada gripe de los simios.

Han pasado 10 años desde los acontecimientos contados en el film que protagonizaba James Franco y, tras la pertinente introducción que enlaza con los títulos de crédito de El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes, 2011), los simios se han establecido más allá de los bosques de secuoyas de Muir Woods. Vemos cómo cazan, conocemos su organización, descubrimos las bases de su educación, sus reglas y cómo conviven… "simio no mata simio". Secuencias intensas, entrañablemente humanas y que sirven para documentarnos de alguna forma en esta ficción que se podría llegar a catalogar como de valor antropológico. Pero como en toda sociedad (pasada, presente y futura), no habría evolución sin catarsis y desencadenantes, así que un reencuentro con la raza humana, una segunda parte del film donde se nos presenta una nueva relación y un nuevo brote de amistad entre humanos y simios, harán aflorar odios pasados y viejos temores que derivarán en la lógica lucha que tiende a provocar que viejas asperezas, jamás olvidadas, renazcan. De ahí se da el salto a un tercer acto donde no hay descanso, completamente desenfrenado (aquí se pone en marcha el concepto blockbuster mainstream) y en el cual se desmoronan los claros intentos de Caesar por evitar lo inevitable… algo muy humano esto de tener ideales utópicos difícilmente realizables.

Junto a todo lo comentado el despliegue técnico. Nuevamente debemos sumar a las interpretaciones de Andy Serkis o Toby Kebbell, ojito a Koba, el trabajo, sencillamente alucinante, de Weta Digital. Sus efectos visuales, que ganan en intensidad gracias a lo lúgubre y apocalíptico del futuro que muestran merced a una escenografía escalofriante y una fotografía superior (obra de Michael Seresin), son sobrecogedores llegando en muchos momentos a dudar sobre la artificialidad de los personajes CGI… joder con los rostros de los simios y como aguantan los primeros planos. La expresividad, los movimientos, las reacciones, pura simbiosis con el entorno y con los actores reales con los que comparten pantalla como son Jason Clarke, muy notable y el representante más destacado del adiós a la humanidad, Keri Russell, Gary Oldman o Kirk Acevedo. La película, superior a su predecesora, engancha, entretiene con descaro y, esto es un puntazo, emociona. Remata la jugada la banda sonora de un Michael Giacchino, se te encogerá el corazón, que sabe como nadie aportar ese gran impulso en todos los momentos donde la intensidad necesita ser magnificada.

En definitiva, uno de los blockbuster del año y puede que el del 2014. Al menos va más allá que el resto y se mete en detalles poco comunes cuando lo que pretendes es invertir mucha pasta y recaudar más todavía. Mostar la evolución de una nueva sociedad (apuesta personal de Reeves por lo que contó hace unos días), proponernos sus primeros debates morales, las decisiones tomadas (acertadas o equivocadas) y combinar todo junto a sambenito de película de entretenimiento asegurado parece algo francamente complejo en el Hollywood de hoy en día… pero mira, Matt Reeves lo ha hecho, que el resto le imiten a la de ya.

Cartel español de El Amanecer del Planeta de los Simios
Cartel español de El Amanecer del Planeta de los Simios

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Hay que arriesgarse, ser original y jugar por ideas no exploradas, que ofrezcan innovación y que desafíen de tanto en tanto al espectador. Un buen ejemplo de esta apuesta es Open Windows (2014) de Nacho Vigalondo, la notable aunque extenuante, por el esfuerzo de atención que exige, nueva incursión de uno de los destacados directores de esa generación a la que dan forma gente como Eugenio Mira, Juan Antonio Bayona, Jaume Collet-Serra o Jaume Balagueró. Open Windows es además un ejercicio tecnológico encomiable, un thriller acoplado a la generación de internet que redefine el concepto metraje encontrado para apoyarse por completo en los medios disponibles que nos rodean y así guiar al espectador por la aventura que protagonizan Elijah Wood y Sasha Grey.

El poco prolífico director, hacer cine en este país es casi tanta aventura como la que sufren Wood y Grey, vuelve tras la fantástica Los cronocrímenes (2007) y la divertida y marciana Extraterrestre (2011), dejando claro que los retos tecnológicos no le asustan al dedicar incontable tiempo a una fase de post-producción y montaje que ha debido ser harto más compleja que el rodaje en si. El proyecto es digno de ligas mayores y otra vez Vigalondo pone todo su esfuerzo en una titánica tarea a la que decide dar mil y una vueltas para así llamar la atención. En Los cronocrímenes nos desafiaba con la paranoia temporal y las paradojas, en Extraterrestre un macguffin de dimensión inclasificable servía para contar algo completamente diferente, en Open Windows el reto es el montaje, el aroma Alfred Hitchcock / Brian De Palma que ya usara Eugenio Mira en su Grand Piano (2013) está muy presente, u omnipresente, y pone sobre el espectador la obligación de hacer un esfuerzo extra para seguir la trama al viajar una gran parte del metraje por el escritorio de un ordenador y las muchas ventanas abiertas que nos cuentan la historia. Este esfuerzo no obstante puede ser un problema, porque la obligada atención debida al constante cambio de foco de la acción te deja cansado y por momentos te descontrola al obligarte a ordenar y recordar múltiples acciones previas recientes. Pero ojo, ahí radica su originalidad y su encanto, no es algo habitual y estos retos son los que molan.

El resto pues correcto, Elijah Wood es Elijah Wood, un actor reinventado, que ha sabido pasar página de sus viejas aventuras por la Tierra Media y que no para de sorprendernos con el giro que ha dado a su carrera… Maniac (2013), la mencionada Grand Piano, "Wilfred" (2011-¿?), la futura Cooties (2014) y su incursión en la producción con el sello Spectrevision. Sasha Grey sensual, perfecta actriz de producciones del calado de la imaginaria Dark Sky, y que convence como sufrida paciente del extraño villano encarnado por Neil Maskell. Y no hay más, Vigalondo en esto es un fuera de serie, en Los Cronocrímenes la cosa quedaba entre 3 actores, en Extraterrestre eran 3 principales y dos complementarios, en Open Windows la cosa vuelve a 3… todo más teatral y coral… La soga (Rope, 1948), Ventana indiscreta (Rear Window, 1954), etc. Merece mucho la pena verla si lo que buscais es algo completamente diferente.

Elijah Wood, el Nick Chambers de Open Windows
Elijah Wood, el Nick Chambers de Open Windows

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El pasado 25 de junio, el 13 en la plataforma Digital HD, salió a la venta Monuments Men (2013), la última película dirigida por George Clooney donde se cuenta la historia real, aunque el guión esté inspirado en una obra literaria de Robet Edsel, de un peculiar comando que a finales de la Segunda Guerra Mundial se adentró en las líneas enemigas para poder rescatar todas aquellas obras de arte que Hitler había ido recopilado en su proceso de expansión y así devolverlas a sus legítimos propietarios.

Protagonizada por actores míticos y de gran estampa como el propio Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman o Cate Blanchett, aunque también podemos ver al oscarizado Jean Dujardin y a veteranos de rostro conocido como Bob Balaban o Hugh Bonneville, hay que rendirse a la evidencia de que algo falla en el producto final y las piezas no encajan. Es innegable que Monuments Men lo tiene todo, unos mimbres con primeras figuras, una historia diferente, atípica y que puede dar mucho de sí, o una escenografía superior, de vieja escuela y que pone de nuevo el foco sobre esa dura etapa de la historia mundial pero que tanto juego ha dado al mundillo del cine… pero algo falla en el conjunto final.

No sé si será por el errático montaje que descoloca al espectador moviendo personajes sin ton ni son por diferente entornos en los estertores de la gran guerra, o si por el guión, tedioso y poco entretenido merced a una serie de historias que no llegan a embaucarnos, pero es innegable que la desgana del producto final es notable. Ni los actores se ven cómodos, ni su encarnaciones provocan un atisvo de empatía… nada. Ves, te informas del hecho, que es singular y muy llamativo, pero ni los atrevimientos con pintorescos momentos cómicos o la inclusión de pesos pesados de la caricatura como Murray logran levantar este avión que parece que no llegue nunca a despegar.

Al menos sirve para volver a probar Digital HD, una plataforma que apuesta por la clara necesidad de adaptarse a los nuevos medios a precios, si hablamos de estrenos, competitivos.

Cartel español de Monuments Men con todo el reparto
Cartel español de Monuments Men con todo el reparto

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El padre de los X-Men en pantalla grande y el espíritu del que los hizo renacer en el 2011 han unido fuerzas para sacarse de la manga X-Men: Días del Futuro Pasado (X-Men: Days of Future Past, 2014), libre adaptación de uno de los arcos argumentales cumbre de esa era dorada comiquera de la Patrulla X salida de la mente preclara de Chris Claremont (John Byrne a los lápices y Terry Austin entintando). Bryan Singer, el padre, ha retornado y para ello ha tomado la semilla que él mismo plantó, aquella que germinó robusta gracias a actores de la talla de Ian McKellen, Patrick Stewart o Hugh Jackman, aprovechando eso si ese golpe en la mesa que dió hace ya unos años el genio británico Matthew Vaughn, el espíritu creativo, con la maravillosa e inventiva recreación sesentera X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011).

De paso con X-Men: Días del Futuro Pasado uno podría declarar eso de que en casa 20th Century Fox se ha pretendido enlazar esos tres universos que ahora mismo coexistían en la línea temporal mutante. Se ha fusionado aquella etapa nacida con gloria y encanto en el año 2000, perfectamente continuada en el 2003 pero vapuleada con descaro y prisas por el propio estudio y la terrible participación de Brett Ratner en el 2006, más esa en formato spin-off que ha sobreexplotado con cierta desgana, aunque Lobezno: inmortal (The Wolverine, 2013) tiene un pase, la vida y obra de Hugh Jackman, digo Logan, en nuestra historia, terminando con la renacida bajo una estética cinematográfica completamente diferente, más cercana al cine de aventuras, espías y distopia… si, la visión de Vaughn y Jane Goldman.

El trabajo no era sencillo, para nada, y Singer ha cumplido con creces si bien existen indudables matices. Personalmente me hubiera gustado ver de nuevo a Vaughn a los mandos, recordemos que fue él el que se apeó del proyecto dadas las prisas del estudio, ya que creo que Singer ha perdido encanto y el listón que puso X-Men: Primera Generación, a nivel originalidad y "alejamiento" del concepto estricto del cómic, habían establecido una ruta nueva, especial y que separaba por completo lo que estábamos habituados a ver en cines. La nueva vía continua en Días del Futuro Pasado subiéndose Singer al carro de Vaughn y ofreciendo los mejores momentos del film, unos en los que los superheroico, y como ya ocurriera en Primera Generación, no es lo más importante a contar. En esta fase disfrutamos de la aparición en pantalla del irreverente y gamberro Quicksilver (Evan Peters), protagonista del instante cumbre de la película, uno en donde lo cómico inteligente se une a la innovación y muy similar a aquellos momentos en los que James McAvoy y Michael Fassbender iban conociendo a los jóvenes primeros compañeros de fatiga del film del 2011. Pero pasado ese instante Singer vuelve a lo que conoce, lo, no se si es justo decirlo, rutinario y estándar Fox.

La reinvención que Vaughn había hecho de Magneto (Fassbender) y Xavier (McAvoy) se diluye en un mar que es la importancia de Lobezno (Jackman) en la película. Es tan crucial su personaje que los 70s se mueven a su ritmo cuando deberían hacerlo al de esos grandes amigos que a la vez son Némesis. Magneto no es que aporte mucho, incluso hasta diría que prima la desgana siempre que aparece, Xavier vive un drama que le hace ganar enteros donde le acompaña Bestia (Nicholas Hoult), y junto a ellos Mística (Jennifer Lawrence) que se enfrenta sola a un villano que podría haber molado tanto como lo hizo Sebastian Shaw (Kevin Bacon) en Primera Generación. La presencia de Bolivar Trask (Peter Dinklage) es casi anecdótica y la de los primeros Centinelas otro tanto de lo mismo. Personalmente Singer se encasilla y esos años 70s no funcionan como esperaba salvo por instantes que son indudablemente potentes: la llegada de Lobezno, la actuación de Quicksilver y el instante Casa Blanca. Y claro, en paralelo a esta historia tenemos el futuro / línea temporal de compleja concepción. Ahí el director abraza a sus hijos predilectos y hace regresar a Coloso (Daniel Cudmore), el Hombre de Hielo (Shawn Ashmore), Kitty Pride (Ellen Page) o Tormenta (Halle Berry), todos estos dando entrada a nuevos rostros como los de Blink (Bingbing Fan), Bishop (Omar Sy), Mancha Solar (Adan Canto) o Sendero de Guerra (Booboo Stewart). Los mutantes sufren ese futuro dominado por Centinelas supremos, aniquiladores de su especie, y donde viven las versiones míticas de Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen).

Sin lugar a dudas una historia compleja, con gran potencial e interés y que, aunque mole, podría haber dado mucho más de si. Futuro y pasado se cruzan, se redefinen y sientan nuevas bases para lo que será X-Men: Apocalypse (2016). Eso si, me sigo preguntando que habría hecho Matthew Vaughn con esta historia… me lo pregunto y me jode, mucho, quedarme con las ganas de saberlo.

El cartel final español de X-Men: Días del Futuro Pasado
El cartel final español de X-Men: Días del Futuro Pasado

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Nuevamente uno de los hijos pródigos de Hollywood desembarca a lomos de un blockbuster con todas las letras y vuelve para ofrecer un producto notable, divertido y fiel a ese canon que debería regir toda superproducción que se precie hoy en día… entretenimiento. Tom Cruise, amo y señor del tiempo, nos invita dar una y mil vueltas en Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014), adaptación de la obra "All You Need is Kill" de Hiroshi Sakurazaka que ha sido llevada al cine por Doug Liman, director irregular que entró en el cine mainstream con esa joya thriller de acción que es El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), pero que en las altas esferas no ha sabido manejarse como lo hizo en sus tiempos más independientes y cómicos, Swingers (1996) o Viviendo sin límites (Go, 1999) son buenos ejemplos de que cualquier tiempo pasado se podría recordar como mejor. No obstante Liman cuenta con un gran as que sigue funcionando, veremos cómo la respeta la taquilla pero suena que sufrirá una gran injusticia, y que tras más de 40 años entre nosotros, que se dice pronto, es imposible que no caiga en gracia se le mire como se le mire. Cruise lleva reinventándose toda su vida y es ahora con cincuenta y tantos cuando es más estrella de acción que nunca.

Vale que Al filo del mañana no inventa nada, ni lo pretende, y todos veremos en ella mil y una copias de esa obra maestra de la comedia moderna que es Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), pero da igual. Estamos ante cine de acción del bueno, ciencia ficción incansable y que merced a la omnipresencia de su gran estrella funciona como el espectador merece. Aun así el resultado final no es todo lo que se espera. Se podría decir que los dos primeros tercios de película, la fase de aprendizaje de Cage (Cruise), su encuentro con Rita (Emily Blunt), y el ciento de formas en las que muere, siempre tratando de recordar los pasos seguidos la anterior vez, son lo mejor. El film combina en esos momentos acción mecánica excelsa – los adoradores de las exoarmaduras, del steampunk o los mechas echarán chispas con lo que nos plantean – con golpes de comedia, pero comedia negra que se apoya en algo que no estamos muy acostumbrados a ver… la muerte de Tom Cruise en serie, y no son muertes cualesquiera. Ahí la película crea sus mejores momentos y da pie a contar la obligada vida en bucle de Cage y los múltiples encuentros que tendrá con Rita para conocerla más y mejor, vamos… igualito a Atrapado en el tiempo aunque con matices. Pero como no todo es jauja Liman y sus guionistas Christopher McQuarrie, este cada vez repite más con Cruise y no se puede negar que se le agradece, Jez y John-Henry Butterworth meten la directa, le entra el tembleque a la cámara y pim pam pum, influencias por todas partes. No voy a decir que es caída libre, no lo merece y de hecho creo que el final es notable salvo ese movimiento Hollywood que deja claro que no saben cerrar como deben las historias. Aunque ojo, seguramente el peso de la estrella sea demasiado para apostar por otros riesgos como los tomados por gente como Duncan Jones en la también temporal Código fuente (Source Code, 2011).

Apoyando el plan global tenemos al gran Bill Paxton, otro que ha mejorado con los años y ahora, veterano todo él, se gana papeles de cierta chicha y gracia ya sea en cine como en televisión. El valor femenino lo pone Emily Blunt, belleza que conoce el género y las paradojas temporales gracias a Looper (2012) o Destino oculto (The Adjustment Bureau, 2011), y que aquí acompaña a Cruise, porque es lo que puede hacer bajo el aura que rodea al tío Tom. En definitiva, merece mucho verla en el cine para disfrutar de buen cine de acción, pasarlo bien con el eterno y carismático Tom Cruise, y echarse unas risas con muchos de los cafres momentos que tiene el metraje.

El póster USA del film
El póster USA del film

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Tras mucho tiempo y el año después del estreno del despiporre kaiju gestado por Guillermo del Toro, Legendary y Warner Bros. desembarcan por medio mundo para contarnos el regreso a la gran pantalla del monstruo icono por excelencia, quintaesencia de la destrucción y la era nuclear… sí, estamos hablando del gran Godzilla (2014). Todo respecto es poco, la creación Ishiro Honda se merecía un espacio especial en la era de la revolución digital y gracias a dios nos ha tocado a nosotros poder disfrutar de su resultado en cines. Ojo, teniendo en cuenta los antecedentes del mercado norteamericano para con esta criatura, Roland Emmerich te queremos pero hay veces que bien mereces que te den por saco a ti y al amigo Matthew Broderick, pues cualquier cosa que pudiéramos ver en pantalla grande iba a ser mejor, y este Godzilla lo es. Pero atención, porque estas cosas deben ser tomadas con calma. El día que los estudios decidieron contratar a Gareth Edwards como director a más de uno se le encogió el corazón. No porque Edwards no sea un director prometedor, que lo es y lo seguirá siendo vista Godzilla, si no porque su vena monstruosa, Monster (2010), además de ser un trabajo artístico jugaba un doble juego… el de una monster movie al uso pero que ahondaba más en el sendero del viaje personal, de los temores y terrores, además de las relaciones y el sentimentalismo.

Resulta que Godzilla es eso. ¿Quién tiene el protagonismo? Pues seamos realistas, el protagonismo lo tiene la raza humana, su temor hacia lo desconocido y su incapacidad, técnica, militar y todo lo que os plazca, para hacer frente a toda criatura mutante que levante del suelo pues 30 o más metros. Esta vez el centro de nuestras miradas es el personaje encarnado por Aaron Taylor-Johnson, actor de ritmo irregular que tan pronto mola como en Kick-Ass (2010) como menos mola en Godzilla, rodeado por nombres de empaque como Ken Watanabe, Bryan Cranston o David Strathairn, lo de Juliette Binoche es demasiado efímero como para contarlo y algo similar ocurre con la presencia de la amiga Elizabeth Olsen. De los citados Watanabe es el que más convence, es una especie de Dr. Kyohei Yamane, el del Godzilla original de 1954, que viaja por el mundo siguiendo la pista de un secreto que perdura desde tiempo inmemorial y al que el mundo ha tenido siempre pavor. El resto pues eso, historia de una familia destrozada, rencores padre / hijo, secretos nunca confesados y en definitiva el viaje por medio mundo de nuestro militar Ford Brody, hijo predilecto del pueblo americano, para primero ayudar a su padre y luego salvar a su familia de la que se le viene encima… a, si, se me olvidaba, también asistimos al nacimiento del parásito MUTO al que Godzilla hará frente en el obligado clímax absoluto final que dura unos 25 minutos de película.

Visualmente el film es espectáculo puro, contiene escenografías magistrales, desde la herrumbrosa ciudad nipona del principio, hasta el negro caos post-nuclear en el que se convierte San Francisco. Los efectos perfectos, Godzilla mola, los MUTO también molan y si bien hay mucho secretismo por mostrarnos a las criaturas, en Monster ocurría igual y aquí Edwards ha seguido al dedillo el libro que le definió con la salvedad de que esta vez ha contado con una insultante cantidad de dinero, las hay y en primer plano. Curioso me ha parecido de todas formas el detalle de que se puede decir que salen más los MUTO que el kaiju que da nombre al film aunque cuando este aparece pues las cosas quedan claras. La música una delicia, grande y poderoso se nos muestra Alexander Desplat aunque el momento del "Requiem" de György Ligeti, ya visto en el trailer, es el instante en el que más pegado te quedas a la butaca… escalofríos.

Pues eso, una película entretenida, a la que se le puede criticar el enfoque que se le da durante hora y media, más de uno trinará, pero que en definitiva muestra lo que pretende, las complejidades de hacer frente a lo incontrolable y lo desconocido además de las mil y una vicisitudes que te encontrarías si tu viaje se viera todo el rato condicionado por la presencia de varias criaturas extremadamente destructivas. Godzilla es una monster movie + película de catástrofes + historia de una familia.

Uno de los muchos y molones carteles de Godzilla
Uno de los muchos y molones carteles de Godzilla

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Este fin de semana se estrena, de forma no muy extensa si hablamos de número de copias, Snowpiercer / Rompenieves (2013), el último film de Joon-Ho Bong y adaptación del cómic galo "Le Transperceneige" de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette. Antes de entrar en detalles sobre el film hay que comentar que en otro movimiento digno del mayor de los elogios, La Aventura y Good Films se animan con propuestas diferentes y deseadas por el público más sibarita como ya ocurriera con La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2013) de Drew Goddard o con la también tardía pero muy recomendable Killer Joe (2012) de William Friedkin. Aprovechemos estas oportunidades que serán contadas. En fin, al tema.

Resulta que Joon-Ho Bong vuelve a la carga con su curioso cine como ya ocurriera en la mutante The Host (Gwoemul, 2006) y las killers Crónica de un asesino en serie (Salinui chueok, 2003) y Mother (Madeo, 2009). Esta vez sin embargo explora un llamativo capítulo del infinito mundo del cómic y nos invita a visitar un futuro distópico donde una torre de Babel con forma de tren, no dista demasiado de cómo están las cosas hoy en día en este nuestro planeta, gira y gira en un circuito sin estaciones rodeado por un páramo helado y donde no se espera el clásico aviso de próxima parada. Este nuevo mundo, el otro es tristemente inhabitable, es fiel reflejo de la distribución social del ahora así que, para no andarse con rodeos, los estratos sociales que existen en el globo viven, o lo intentan, entre cuatro paredes de hierro con forma de vagón. Snowpiercer nos abre las puertas del rango más bajo del estrato, el de la sobrepoblación, las miserias, la desesperación y la pobreza, ese que forma un grupo de gente que lleva un par de décadas viviendo y muriendo subyugados por un grupo social superior aunque de vez en cuando intente dar un golpe sobre la mesa y aventurarse con algún movimiento, fallido, de revolución.

Inmersos en un viaje que recuerda en muchos aspectos a aquellas fases del Street of Rage en la que ibas cruzando vagón a vagón superando esbirros y final boss a golpe de tubería y cuchillo, Joon-Ho Bong, o el cómic del que bebe, nos ofrecen interesantes matices de la evolución social que padecerías si tuvieras la suerte de cambiar de estrato. Por ello, acompañamos al grupo de protagonista que encabeza Chris Evans, líder convencido de su cometido, y observas la degradación de los que están más arriba, la falsedad del derroche o lo absurdo de ciertos entornos. El viaje sigue y el esfuerzo que se debe pagar es excesivo. Cada vagón contiene una sorpresa y el cometido solo se puede lograr cuando llegues a la máquina que, como suele ocurrir, es la que domina la dinámica del tren. Pero lo que se podría quedar en una interesante visión / reflejo de nuestro mundo, llevado puede que a cierto extremo aunque no muy distinto de algunas de las cosas que puedes ver día a día en los informativos en televisión, tiene más… mucho más. El problema en este momento sería seguir hablando, porque hablar del film de Joon-Ho Bong y, esto lo desconozco, de la obra gráfica de Lob y Rochette, sería desvelar el secreto, el golpe de efecto que demuestra que también en ese aspecto más crítico del film nos parecemos. Es triste pero es verdad. Snowpiercer entretiene, está muy bien hecha y contiene mensaje, no uno para levantar a las masas para que nos zurremos con los que no vapulean todo el rato, pero si para pensar en lo malsano y poco ético que es el mundo en general con sus dobles juegos, sus pantomimas y sus engaños. Así nos luce, menos mal que de vez en cuando nos dan un golpe de realidad en la cara para recordarnos al ritmo al que se mueve la humanidad… y que igual una decisión no prevista sea la que marque el verdadero principio del cambio. Al cine a verla!

Cartel español de Snowpiercer
Cartel español de Snowpiercer

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Todavía tengo guardadas varias mini reviews del pasado Festival de Sitges 2013, y conforme las películas llegan a los cines, o según me dé el aire, pues opto por sacarlas a la luz. Dado que el fin de semana viene ligerito, aprovecho la jornada para hablar de El viento se levanta (Kaze tachinu / The Wind Rises, 2013) de Hayao Miyazaki y los Estudios Ghibli. El supuesto último film de este maestro de la animación, muchos han sido los tildados con este adjetivo y al final siempre encuentra razones para ofrecernos un capítulo más en su impresionante carrera, es algo completamente diferente a todo lo que ha realizado hasta el momento. Alejado del enfoque más "familiar" con el que han llegado todas sus anteriores producciones – Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988), Nicky, la aprendiz de bruja (Majo no takkyûbin, 1989), El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001) o Ponyo en el acantilado (Gake no ue no Ponyo, 2008) por poner un ejemplo -, El viento se levanta es un nuevo homenaje a una de sus pasiones, la aviación, y un film vital sobre las personas, sus ilusiones, los retos y en el fondo, una parte importante y singular de la historia de Japón.

Contar la vida de Jiro Horikoshi, el diseñador del conocido Zero, el avión que trajo de cabeza a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, ha levantado ciertas ampollas en según que partes del mundo por ese tratamiento político / pacifista de algo que en el fondo, seamos realistas, no lo acabó siendo. Pero la realidad es otra, aquí se cuenta la vida de Horikoshi, desde su infancia cuando en sueños hablaba con el diseñador aeronáutico italiano Giovanni Battista Caproni, de su apuesta vital por este estudio, de los malos momentos tras el terremoto de Kanto, la Gran Depresión que sufrió el país, su vida y relaciones personales, y la definitiva entrada del país en esa segunda gran guerra. Este aspecto realista, estamos ante una película de animación que podría ser perfectamente narrada en acción real, aleja la obra de un buen grupo de público, los peques, y seguramente de algunos fans del Miyazaki que no verán en El viento se levanta esa continua fantasía que pueblan todas sus obras.

Pero todo esto debería dar igual. Estamos en definitiva ante una nueva obra maestra visual, impecable, detallista, elaboradísima y magnífica en infinitos aspectos. Agotadoramente técnica, debe serlo, pero no exenta de vitalidad y humanidad como es obligado en la obra de este director. Hay espacio para todo, para conocer en detalle la evolución de la aeronáutica en Japón siempre en manos de Jiro Horikoshi, pero también para conocer sus relaciones familiares, complejas y tristes, y de amistad. Y a la habitual y excelsa técnica de la animación del Estudio Ghibli debemos sumar nuevamente el trabajo de Joe Hisaishi que pone como es menester la música al film, y algo más. Ese algo más está muy presente en los oníricos encuentros entre Jiro y Caproni, pero también en los momentos de caos del terremoto de Kanto o siempre que se enciende un motor de avión. El uso de voces, sonidos guturales, soplidos, etc. para dar vida a todos los efectos sonoros es algo tan inesperado como fabuloso y merecedor de sus disfrute.

En fin, si podéis verla hacedlo, vale la pena pese a la triste distribución que ha tenido, y que por otro lado es algo de agradecer a la gente de Vértigo si tenemos en cuenta las pocas oportunidades que tenemos de ver la obra de Miyazaki en pantalla grande. Y ojo, que somos afortunados si nos comparamos con el mundo en general.

Uno de los carteles de El viento se levanta
Uno de los carteles de El viento se levanta

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Hace un par de años más de uno se tiró de los pelos con el prematuro reboot de Spider-Man en pantalla grande. Se cumplía un lustro de aquella desganada despedida de Sam Raimi de una de las franquicias comiqueras del nuevo siglo, una que llevaba entre nosotros desde el ya lejano 2002 y que nos había presentado una versión del personaje curiosa, mutante lanzarredes, pero que arrancó con buen pie y en donde destacó notablemente aquel segundo episodio donde conocimos al fabuloso villano Doctor Octopus (Alfred Molina). En fin, este relanzamiento le daba la vuelta a la tortilla y vía Marc Webb, nadie se podía creer su fichaje, optaba por enfocar un nuevo camino, menos conocido para el fandom en general, en donde los traumas del joven Peter Parker (Andrew Gardfield), ya fueran en el entorno familiar o escolar, colapsaban bastante, o demasiado, la pantalla. Han pasado dos años y los mimbres construidos en el 2012 se afianzan y amplían en este 2014 con The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro, pero lo hacen tristemente en formato batiburrillo, tratando de acrecentar los malos momentos del personaje, menudo drama de vida, sacándose de la manga una triada de villanos que ni tienen carisma, ni empaque, ni, esto debe ser dicho, mucho sentido. ¿Qué narices han pergeñado esta vez Alex Kurtzman, Roberto Orci y Jeff Pinkner? Pues un cacao bastante gordo.

En primer lugar un drama de nivel supremo, en esto aplaudo eso de clavar ese gran puñal con forma de uno de los peores momentos, si no el peor, en la vida Peter Parker. Aunque tras la extenuante promoción no creo que nadie se sorprenda, contar ese instante de la historia de Spider-Man es cruel, y más para un film que llega con el objetivo de alcanzar a cuanto más público mejor (hacen falta muchos millones). Al comentado drama debemos sumar algunos detalles que cuestan digerir.

Para comenzar nada mejor que presentarte a un nuevo personaje crucial en la vida de Spider-Man, un amigo de toda la vida que es colado sin embargo mágicamente cuando nunca se le había ni mencionado. La llegada de Harry Osborn (Dane DeHaan), forzada nivel sin vaselina, sirve exclusivamente a Sony para establecer los pilares de su nuevo plan, ese en el que pretende explorar, explotar y secar el universo de Spider-Man. La entrada de Osborn solo tiene ese objetivo y el de cumplir con fidelidad, no 100% pero cercana, con la polémica y dolorosa viñeta. Le sigue el villano principal, WTF, del film. Electro, un Max Dillon con cero amigos obsesionado hasta niveles paranoicos con Spider-Man y que funciona exclusivamente por odio. Ninguneado por todo el mundo, Spider-Man no va a ser menos, quiere sangre, venganza y provocar el caos en la ciudad. Jamie Foxx aparece, frikea un poco y sucumbe al drama de vida de Peter Parker, a las dificultades de su relación con Gwen Stecy (Emma Stone), al ahora corto, ahora seguimos, ahora te susurro al oído, ahora te suelto un arrumaco, ahora me haces tilín, ahora no te soporto, etc. A ver… ¿en qué momento han olvidado que este era el villano principal? Despiporre de 15 minutos al final y si te he visto no me acuerdo. Injusto.

Pero esto no termina aquí, ojalá fuera así. La presencia de Paul Giamatti como Rhino es anecdótica, y mejor que se quede en eso y si de paso lo olvidan para el futuro pues contentos. Si bien el origen de Electro está ciertamente elaborado, hay construcción, lo del Duende Verde y Rhino es para mear y no echar gota. Vale que hay que meterlos, aunque sea con calzador, pero por ejemplo la transformación de Dane DeHann es tan a velocidad absurda que ese "hola y ahora te odio" en cosa de 2 minutos es de lo más inconcebible que podían haber inventado. En el fondo la base del film, lo que lo mueve, y esto ya es para gustos, es la mencionada relación de Peter y Gwen, los temores del primero tras las palabras del Capitán Stacy (Denis Leary) en sus últimos instantes de vida, las dudas de la segunda sobre su relación con Spider-Man y la sensación que tiene de eterna protección pese al extremo poder y maldad de los villanos que pueblan New York. Esto son las tres cuartas partes del metraje, con permiso del trauma padres que te abandonan. El resto pues guerra, efectos visuales a cascoporro, el trepamuros brincando, haciendo florituras chistosas de corte un pelín infantil y fin… nada más.

Se veía venir, si vas a verla sin convencimiento pues le sacas algo, el drama mola, en el fondo es lo mejor dada la crudeza de la historia, pero nada más. El futuro pinta raro, o mucho cambia la cosa o esto acabará peor que con el traspiés de Raimi. The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro es una secuela, pasable, con dosis de film de transición a algo que Sony está convencida que será muy grande… o eso pretenden hacernos creer.

Uno de los carteles de The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro
Uno de los carteles de The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro

 NOTA  El título original del film es The Amazing Spider-Man 2. El hecho de obviar a Electro del título es significativo. Si bien se gana la gran mayoría de carteles, muy por encima del Duende Verde y Rhino, no incide en eso de Electro, Electro y Electro.

Publicado por Uruloki en
 

El pizpireto cine de Wes Anderson no suele dejar indiferente. Por lo general es un cine muy de extremos: o lo disfrutas y comprendes con sus rarezas y peculiares personajes o, en caso contrario, aborreces con descaro esa forma tan incalificable de contar historias aparentemente carentes de sentido y que superan con olgura el límite del histrionismo que puede asumir el ser humano. El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014) es sin embargo su film más asimilable, dinámico, divertido y entrañable, aunque sin embargo no alejado del modelo narrativo y visual con el que muchos disfrutamos en Los Tenenbaums (The Royal Tenenbaums, 2001) o Life Aquatic (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004). Es además una nueva oportunidad para disfrutar de los múltiples homenajes de Anderson al cine de los grandes, desde el misterio de la Cortina rasgada (Torn Curtain, 1966) de Alfred Hitchcock, maravillosa copia de la secuencia en el museo entre Paul Newman y aquel agente de rostro curtido y moto molona que respondía al nombre de Gromek (Wolfgang Kieling), o la comedia extrema de Roman Polanski en El baile de los vampiros (Dance of the Vampires, 1967), pero sin dejar de lado ese arte de la combinación en la que este director se siente tan cómodo y donde tienen cabida formas de comedia cercanas al slapstick o el uso del arte del stop-motion y la animación modo Monty Python.

Además, será por el carisma de Anderson, pero nuevamente una de sus películas vuelve a ser un escaparate de actores que si nos paramos a echar cuentas pocas producciones podrían llegar a reunir si no fuera desembolsando ingentes cantidades de dinero. Destacan sobre manera un supremo Ralph Fiennes, estamos en abril y además de darle ya todos los premios por adelantando deberían hacerle un monumento, encarnando al extremadamente culto, educado y correcto M. Gustave, aunque todos esos maravillosos instantes en pantalla ganan mayor presencia con sus incalificables y aberrantes salidas de tono, y sin dudarlo Tony Revolori, Zero, botones del Gran Hotel Budapest que se gana su presencia de la mejor forma posible y que no es otra que poniéndose al nivel de su compañero de fatigas M. Gustave. Esta buddy movie se completa con un reparto coral donde el espectador disfrutará descubriendo a Edward Norton, al veteranísimo F. Murray Abraham, Jude Law, Willem Dafoe, Adrien Brody, Jeff Goldblum, Tilda Swinton, Tom Wilkinson, Harvey Keitel, Saoirse Ronan, Bill Murray, Léa Seydoux o Mathieu Almaric… ¿Me dejo a alguien?

Y más cosas, a una cuidadísima forma de hacer cine, Wes Anderson es hombre de creatividad desbordante y la técnica le acompaña, hay que añadir un guión como la copa de un pino, frenético, divertido, entrañable o melancólico, pero que no impide que sueltes más una carcajada. Todo esto regado con un trabajo musical de Alexander Desplat que vuelve a demostrar que estamos ante uno de los más grandes del momento y que es poco el reconociendo que se le da.

En definitiva, una joya, en estos momentos el mejor film del año y ya tienen que venir cosas buenas de aquí a diciembre para que haya algo de competitividad en este 2014. Si no la has visto… ¿A qué cojones estás esperando? ¡No me jodas y vete al cine!

Cartel del film

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