Opinión


Enero del 2017, propios y extraños salíamos del cine con el culo torcido tras ver Múltiple (Split), absolutamente inesperada secuela de esa obra maestra de M. Night Shyamalan nacida en el año 2000 bajo el título de El protegido (Unbreakable). Enero del 2019 nace Glass, el director de origen indio vuelve con idea de cerrar esta ahora trilogía nacida hace ya casi veinte años reuniendo de nuevo en pantalla a los originals David Dunn (Bruce Willis) y Elijah Price (Samuel L. Jackson), así como a la nueva criatura, las mil mentes de Kevin Wendell Crumb (James McAvoy).

De forma poco agradable y sumida en el mayor de los pesimismos, Shyamalan nos presenta Glass, la amarga despedida de estos tres iconos del universo de los superhéroes nunca reconocidos. Dunn, Don Cristal y la Horda ya no necesitan guerrear entre ellos, aunque el film contenga dos secuencias (inicio y fin) dignas de las mejores aventuras dentro del cine comiquero. Esta vez toca bailar con las más fea, la doctora Ellie Staple (enervante Sarah Paulson), mujer al mando de una institución mental en la que lo que se busca es justificar lo anómalo y, si se puede, erradicarlo. Ahí es donde acaban nuestros tres protagonistas, tres seres diferentes, con un destino marcado por la anormalidad y el temor al qué dirán. Dunn, Price y Crumb cuenta eso si con sus particulares apoyos, aquellos que entienden a estos seres anómalos y que, a diferencia de la perversa Staple, comprenden que de alguna forma existe en ellos valores positivos y opciones de redención. Shayamalan explora esta vertiente inesperada y atípica como si fuera lo necesario y obvio, y es que en el fondo tiene más razón que un santo. Lo extraño es temido, el que destaca es apartado, es aquí donde el director indio ya no sólo propone el desenlace de ese plan que siempre ha prometido tener en mente, se lo llevamos pidiendo desde hace más de una década, si no que da reflejo a su propia historia como cineasta. De ser un director aplaudido por todos, a ser odiado por sus propuestas cinematográficas, hasta tener que valerse por si mismo para poder sacar adelante sus últimas aventuras.

Pero ojo, que no todo es grandeza en Glass. De alguna forma parece que Shyamalan se ve igualmente atrapado en su historia, una en la que además los mimbres no acaban por encajar del todo y donde, todo sea dicho, las cosas se acaban precipitando ya no por casualidad, si no por pura necesidad de encontrar la salida a este enrevesado universo comiquero de propia factura (bravo). Se busca la emoción vital de El protegido, pero no se llega a cuajar, se busca la desesperada ansia de sobrevivir de Múltiple, pero nunca está presente. Se queda a medio camino, pero no queda claro si es porque así lo quiere el director o si porque no era su momento. Glass encandila, pero a la vez permanece como what if del que esperaba lo inesperado.

Nuevo cartel de Glass
Nuevo cartel de Glass

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Al fin un rato de tranquilidad entre tanta fiesta navideña para hablar de esta grata sorpresa que es Spider-Man: un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse). Y con ánimo de no perder el impulso comienzo a las bravas, ¿podemos decir que estamos ante una de las mejores películas del año? Pues indudablemente la respuesta es un sí como una casa, sin dudas ni segundas lecturas.

Uno de los factores causa de este calificativo es que Spider-Man: un nuevo universo pone sobre la mesa un nueva forma de adentrarse en el mundo de la animación desde una perspectiva completamente fiel a algo tan básico como es la lectura de un cómic. El film explota en la narrativa de la película un extra hasta ahora no utilizado, uno donde la esencia de la esta actividad es trasladada a pantalla, algo que sin embargo ya había sido utilizado en otros sectores del entretenimiento como el videojuego. Pero en cine de animación mainstream Spider-Man: un nuevo universo se lleva la palma.

Este modelo de adaptación aporta de paso una dinámica muy inmersiva, ya que además de ver, y de dejarte llevar por la película en si, sientes ese lazo que el cómic tiene con su lector. Son varios los elementos que enfatizan esta inmersión, desde la estética viñeta de muchos planos (esa misma que Ang Lee utilizara en la castigada Hulk), pasando por el uso de bocadillos, las tramas de puntos para el color y las sombras, o las onomatopeyas (quién no recuerda el Batman de 1966), y llegando al propio estilo del dibujo de los personajes, con sus trazos, sus líneas para marcar el rostro, un estilo gráfico visto ya en otros sectores como el ya mencionado del videojuego (sin ir más lejos la muy violenta saga Borderland) o el cine (de alguna forma recuerda a la rotoscopia utilizada por Richard Linklater en A Scanner Darkly). Y más, ya que dependiendo de quien seas apareces dibujado de diferente forma, así hay amerimanga, cómic clásico, digital o incluso Looney Tunes.

Te cuento la historia usando viñetas... puro cómic animado
Te cuento la historia usando viñetas… puro cómic animado

El segundo factor es ya a nivel historia, ¿es posible innovar en sobrexplotado universo Spider-Man? Pues teniendo en cuenta los films de Sam Raimi, los de Marc Webb y los actuales de Jon Watts la esperanza era poca, pero zasca, llegan el trío Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, este último guionista junto a Phil Lord, y proponen el más difícil todavía. No contentos con la existencia de un sólo Spider-Man ponen sobre la mesa seis, cada uno de ellos de una realidad diferente… el multiverso es infinito y las posibilidades a partir de ahora son incontables. Así por un lado conocemos al nuevo Spider-Man que oculta el rostro de Miles Morales, personaje creado para la línea "Ultimate Spider-Man", y al tiempo al Peter Parker, guiños y risas a costa del cine de Raimi, Spider-Woman versión Gwen Stacy, Spider-Man Noir, Peni Parker y el traje SP//dr de Tierra-14512 (no conocía esta creación de Gerard Way y Jake Wyatt) y Spider-Ham, el muy breve históricamente hablando Peter Porker. Cada uno con su forma de ser, su forma de actuar y con sus características en su propio universo llevadas a este. Pura genialidad.

Todos los Spider-Man en un mismo universo: Peni Parker, Gwen Stacy, Spider-Ham, Miles Morales, Peter Parker y Spider-Man Noir
Todos los Spider-Man en un mismo universo: Peni Parker, Gwen Stacy, Spider-Ham, Miles Morales, Peter Parker y Spider-Man Noir

Junto a los héroes los obligados villanos con presencias tan notables como las de Doc Ock, Kingpin, el Duende Verde, Escorpión, Lápida… y Merodeador. Todo esto sirve para dar forma a una historia francamente sencilla en la que, en el fondo, se viene a contar el nacimiento de un superhéroe por todos conocido, cómo se adapta a sus nuevos poderes, los primeros golpes que se lleva, la frustración por sentirse un bicho raro de la clase, hacerse adulto cuando todavía eres un adolescente… vamos, el sota, caballo y rey de Spider-Man. Pero lo curioso está en que si contándote lo que te han contado mil veces ya, logras innovar, logras enganchar y logras, sobre todo, dejar atónito tanto a niños como adultos que disfrutan con el cómic como base de su entretenimiento, pues hay que levantarse y aplaudir. Spider-Man: un nuevo universo es una experiencia única de cómic transformado en cine. Obligada.

Cartel de Spider-Man: Un Nuevo Universo
Cartel de Spider-Man: Un Nuevo Universo

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Desde hace ya unos cuantos años, cuando llegan esta fechas, el que escribe echa un vistazo a lo que ha pasado, y unos días después a lo que ha de pasar (cinematográficamente hablando, claro). Las diez del 2018, algo así como un top pero sin orden definido, es una recomendación de films que he podido ver a lo largo de los últimos doce meses. A diferencia de otros años, donde el Festival de Sitges me daba acceso a películas que acababan siendo estrenadas en el año siguiente o puede que nunca, este soy uno más y todo lo que aquí veis ha sido estrenado en cine (en Santiago la sala NUMAX y los Multicines Compostela dan acceso a un montón de películas de distribución pírrica a nivel nacional)… bueno, no todo, dejémoslo en un 99%. Lógicamente echaréis muchas en falta y otras no dudo que no comprenderéis cómo he osado incluirlas, pero para eso están los comentarios, para anotar vuestras preferencias.

Pero lo que sin lugar a dudas me llama la atención es la presencia de Netflix. Echando un vistazo a la lista he colocado 4 de las emitidas en la plataforma en mi top 10 del año… impensable hace un año si quiera, donde la cantidad era CERO. El año que viene Netflix aumentará la producción (hablan de 90 películas propias de hasta 200 millones de presupuesto) y seguramente el número de posibilidades de presencia será mayor. Además, los grandes estudios no apuestan por según que cosas… y esas cosas suelen molar mucho. Vamos con la lista.

En este 2018 hay unas cuantas que quedarán para el recuerdo
En este 2018 hay unas cuantas que quedarán para el recuerdo

Suspiria de Luca Guadagnino. Qué decir, revisión / remake de uno de los iconos del giallo italiano en manos del director de Call Me By Your Name. Film de terror brujeril con mucha chicha dentro, paso a la madurez, violencia extrema, matriarcado, sufrimiento y tortura. Viaje macabro al interior de una escuela de danza donde las cosas no son lo que parecen y donde lo grotesco es la marca de la casa. Cuenta con una banda sonora maravillosa y con una Tilda Swinton que va más allá de lo imaginable.

Vengadores: Infinity War de Anthony y Joe Russo. La epopeya de la década si hablamos del cine comiquero. Producto de diez, infinitamente superior a la sobrevalorada de Black Panther (incomprensible la de halagos que se ha llevado). Épica, trágica y de dimensión galáctica. Demostración de cómo se deben tratar diez años de universo y antesala del gran desenlace que será Vengadores: Endgame.

Hereditary de Ari Aster. Probablemente la película de terror del año. Una viaje a los infiernos de la desesperación en el seno de una familia que tras la madre de la abuela entra en una espiral de destrucción a todos los niveles posibles. Traumática, terrorífica, seno del auténtico horror. Inexplicable por momentos y con alguno de los golpes más destructores de los últimos años. Una joya.

Aniquilación de Alex Garland. Otra delicia llegada a estas tierras de la mano de Netflix. Incansable caleidoscopio de color (aturde), y de ritmo sosegado (por momentos cansino), que hace mella en el espectador de la misma forma que las protagonista se desmoralizan conforme se adentran más y más en ese "Área X". Historia de mutación, de transformación completa y poseedora de una de las secuencias más terroríficas jamás vista.

Revenge de Coralie Fargeat. El hiperviolento y tormentoso survival horror protagonizado por la sufrida Matilda "Rambo" Lutz. Film múltiple donde se plantean conceptos tan repudiables como el aborrecible de la misoginia y la mujer como objeto, tomado desde el punto de vista de una directora, o tan excesivos como el del gore slapstick tratado entre la seriedad y lo muy paródico. Ejemplo de lo que pasa por meter celuloide en un cubo de sangre.

The Night Come For Us de Timo Tjahjanto. Nuevamente Netflix como distribuidora del film de acción del año. El bueno de Tjahjanto junta en pantalla a varios de los miembros de los repartos de The Raid, The Raid: Berandal o Headshot y fragua una imparable coreografía de violencia guerra entre miembros de unas bandas de gángsters. Excesiva, progresiva y perfecta en el uso de la cámara y los planos secuencia para dejar claro que el cine de acción puede dejarte con el culo torcido si el director al mando se lo propone.

ROMA de Alfonso Cuarón. El estreno de finales de año, y la gran apuesta de Netflix para alcanzar la gloria. ROMA es cine sencillo, es familia, es relaciones, es vida y es muerte. Es nuestro día a día. Es como la vida misma. Es triste, amarga y a la vez alegre. Es agradecimiento y cariño. Es personal. Es una grandísima película que te hace pensar, mirar y meditar. Pura generosidad de Cuarón que, nuevamente, confirma que el cine mexicano está en lo más lato.

Misión: Imposible – Fallout de Christopher McQuarrie. Si es que se me ve el plumero, nuevamente una de acción a raudales. Tom Cruise en estado de gracia merced al buen hacer de un director como McQuarrie, que le conoce como si fuese su hijo. Espectacular se mire por donde se mire, Cruise haciendo una maratón frenética frente a la cámara y protagonizando el más difícil todavía. Perfecto ingrediente para asegurarse de que te lo vas a pensar bien.

Un lugar tranquilo de John Krasinski. Otra de las cintas de terror de este 2018 y fabulosa propuesta la de este actor / director y su señora esposa Emily Blunt. Propuesta angustiosa, intensa y el desasosegante. Lo de tranquilo es la antítesis de lo que uno sufre en esta historia abocada al silencio y que debe ofrecer un torbellino de sensaciones merced a los sufridos y atormentados rostros de sus protagonistas.

El hilo invisible de Paul Thomas Anderson. Una de las oscarizadas del año pasado, estrenada aquí en febrero, y seguramente olvidada por muchos. Perturbadora e intensa como pocas historia de amor donde el masoquismo pasado de vueltas alcanza cotas de complicada clasificación. Superlativa Vicky Krieps en ese papel de delicada joven que acaba imponiéndose a su dominador amante. De esas que te asfixian.

Y tras estas diez hay que reconocer que hay más, muchas más, pero es que al final uno se ve obligado a destacar unas sobre otras. Pero claro, luego miras y te encuentras con la superlativa Aquaman de James Wan, la hipnótica Malos tiempos en el Royale de Drew Goddard, ese 1% que no he visto en cines y que se titula Upgrade de Leigh Whannell, el gran documental Desenterrando Sand Hill de Guillermo Oliveira, la odiada por muchos El apóstol de Gareth Evans, las oscarizadas El instante más oscuro de Joe Wright y Tres anuncios a las afueras de Martin McDonagh, esperados regresos como el Halloween de David Gordon Green o The Predator de Shane Black, y Overlord de Julius Aver o Bohemian Rhapsody de Bryan Singer (y sí, no he podido ver todavía Mandy de Panos Cosmatos, y eso que se estrenó en uno de los cines de arriba y todo, ni Spider-Man: un nuevo universo).

En definitiva, hay un montón de cine, un año para el recuerdo este 2018.

 

Y en estas llegó el gallego Guillermo Oliveira y se fijó en un reto sin igual. ¿Quién no ha visto una y mil veces El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo)? La obra maestra de Sergio Leone, y parte crucial de la Trilogía del Dólar, tiene infinitos momentos icónicos, pero sin lugar a dudas el duelo final entre Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach, eterno ante el espectador y una genialidad en la cinematografía, está marcado a fuego en las retina de todos nosotros. En Desenterrando Sad Hill este vigués sigue el periplo a lo largo de dos años de la ahora Asociación Cultural SAD HILL, una grupo de gente de diversas localidades burgalesas que con idea de recuperar los escenarios usados en la provincia de Burgos durante el verano de 1966 para el rodaje de El bueno, el feo y el malo, no sólo han logrado poner a esta en el ojo de medio mundo, si no que han causado un impacto emocional / cultural que ha trascendido más allá de lo que nos podemos imaginar… vamos, toca a tantos como fans tiene este spaghetti western.

En Desenterrando Sad Hill se da a conocer el reto y de paso se hace un recorrido por el rodaje del film de Leone. Pasando por Carazo, donde militares de la época levantaron el fuerte unionista de Betterville. Pasando por el río Arlanza, lugar en el que se hizo la voladura, reconstrucción, y segunda voladura del puente que cruza el Río Grande, lugar de enfrentamiento entre unionistas y confederado.Y así hasta ese cementerio imaginario de Sad Hill, cerca de Santo Domingo de Silos aunque perdido entre este lugar y el pueblo de Contreras. La belleza del documental de Oliveira radica no sólo en el buen trabajo de documentación, apoyado en la investigación previa de la asociación, si no en plasmar el esfuerzo, logro, inmejorable resultado y premio para los artífices del resurgir de un emplazamiento histórico en el cine. El documental cuenta además con colaboraciones impagables como las de Ennio Morricone, Carlo Leva, Eugenio Alabiso, Sergio Salvati o el mismísimo Clint Eastwood, acompañados estos por fans de la obra de Leone como Joe Dante, James Hetfield o Alex de la Iglesia.

Desenterrando Sad Hill es una de esas obras que deben verse si amas el cine. Bien realizada, entretenida y reveladora. Una dedicatoria para los fans del cine y de los más puros soñadores de imposibles. Deliciosa. Y encima está en Netflix.

Uno de los muy molones carteles de Desenterrando Sad Hill
Uno de los muy molones carteles de Desenterrando Sad Hill

Los otros doc molones carteles de Desenterrando Sad HillLos otros doc molones carteles de Desenterrando Sad Hill
Los otros doc molones carteles de Desenterrando Sad Hill

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En un año plagado de cine comiquero de la factoría de la acera de enfrente, DC Films / Warner Bros. han tenido a bien sacar a la palestra uno de esos proyectos prometidos que formaban parte del universo expandido antes de su caída en desgracia… la desgracia que supuso el fiasco taquillero y de recepción sufrido por la injustamente tratada Liga de la Justicia (Justice League). El plan ya de aquella estaba claro, junto a la confirmada Wonder Woman (Gal Gadot), Aquaman (Jason Momoa) era el personaje que más escenas había logrado robar en el film del supergrupo, por encima incluso del rey de la comedia Flash (Ezra Miller). Por lo tanto, suficiente para augurar que en solitario la cosa podría funcionar.

Warner Bros. decidió entonces dejarnos con el culo torcido fichando a lo grande y James Wan fue la inesperada sorpresa de este muy entretenido popurrí de cine de aventuras arqueológicas, cine de acción submarina, comedia de chascarrillo / absurda, historia romántica y, si me apuras, hasta terrorífico viaje al mundo más oscuro y salvaje visto… ¿no os recuerda cierta etapa del viaje de Aquaman y Mera al suplicio de Riddick en Pitch Black o a la batalla contra las criaturas salidas de la brecha en Pacific Rim? Pero no sólo eso, el film funciona además como origen, pero sin profundizar en esta vertiente aunque se sirva del recurso flashback para ir explicando la evolución del héroe hasta acabar convertido en lo que es… un macarra con mucho carisma. En fin, David Leslie Johnson-McGoldrick y Will Beall han decidido montar una a lo grande tocando todos los palos posibles, vinieran o no a cuento, para durante unas extensas casi dos horas y media contarnos la historia de Arthur Curry, hijo de una reina atlante (Nicole Kidman a tope) y un farero (Temuera Morrison), y su obligada intervención para parar a su hermanastro Orm (Patrick Wilson). Enlazando, y en medio del plato combinado cocinado, un villano con mucho futuro como Manta Negra (Yahya Abdul-Mateen II). Superior.

Y en lo dicho es donde Aquaman funciona tan bien de cara al público. Es una puñetera navaja multiusos, un todoterreno o una macedonia donde siempre habrá algo que te guste. Aquaman complace a los deseosos de ver a un pseudo-Indiana Jones perdido por un desierto en busca de tumbas milenarias, hace las delicias de los que quieren ver el cine de acción que tan bien plasmaron Zack Snyder o Patty Jenkins en sus respectivas apuestas dentro del universo DC, vale de escapatoria para echarse unas cuantas risas con las tonterías de patio de colegio que Aquaman y Mera se traen entre manos, y, porqué no, para viajar al mismísimo infierno y el mundo perdido en busca de santo grial del film de Wan… el tridente definitivo. El resultado es un trabajo impecable, y seguramente muestra de que este otro enfoque es lo que se quiere. Como añadido destacar lo visualmente arrollador de los efectos digitales, aunque se parezca demasiado al brillante mundo de Avatar, secundados por diversos planos secuencia imposibles (la persecución por los tejados de ¿Taormina?), o unas coreografías brutales como el momento Atlanna o las diferentes apariciones del destacado Manta Negra. Incluso a nivel musical la cosa destaca, queda muy claro que las canciones están ahí para reírse de las situaciones (y se agradece), y hasta la banda sonora de Rupert Gregson-Williams ofrece momentos bastante interesantes.

Pues lo dicho, Aquaman mola y Arthur Curry es el primero de la clase que se separa de la trascendencia que abanderaron Superman (Henry Cavill) y Batman (Ben Affleck). Además, tenemos guiños comiqueros como el momento Aquaman a lomos del caballito de mar, pena que no fuera una manta, y junto con el gran carisma que derrocha Momoa, tan pronto es ducho en historia como un panoli que no se entera de nada, pues todo funciona. Hay futuro.

El genial cartel de Auqman presentado en la Comic-Con de San Diego 2018
El genial cartel de Aquaman presentado en la Comic-Con de San Diego 2018

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"Berlín 1977", el director de moda italiano Luca Guadagnino nos traslada en este 2018 a un pavoroso universo de brujas, psicoanálisis, sinsentido y truculencia gestado, sin embargo, ese mismo año de hace ya cuatro décadas, un año en el que las mentes del maestro del giallo italiano Dario Argento y su colaboradora Daria Nicolodi, parieron el primer episodio de la denominada como trilogía de "Las tres madres".

De ese germen nace esta nueva Suspiria, un cuento diferente y divergente, con total personalidad y visión propia, maquinada esta vez por David Kajganich, guionista de varios episodios de la igualmente subyugante "The Terror". Aquel horror visual, martilleante y quemado por la intensa fotografía de Luciano Tovoli, amén de repleto de dobles juegos y misterios de Argento, se ve ahora transformado en un trabajo pausado, gris, taciturno, casi cansino, pero sumamente enervante en manos de Guadagnino. El terror de esta nueva Suspiria vive no sólo en el interior de esa escuela de danza de renombre mundial que comandan un grupo de perturbadoras profesoras encabezadas por Madame Blanc, una alucinante y brillante Tilda Swinton, si no en ese convulso Berlín dividido en el que la Baader Meinhof libraba su particular batalla (eso y una extraña mirada al presente de las secuelas de la Segunda Gran Guerra). Ese extraño doble juego, si haces un no muy deseado remake al menos no lo fotocopies, viene a dividir al espectador, divisando este las complicaciones de una época en un entorno sobrenatural sobre el que aparentemente nada de esto debería afectar.

Guadagnino presenta dos historias y nos las cuenta en seis actos y un epílogo. La primera de las historias es la esperada surgida de la obra original, la llegada de la joven bailarina americana Susie Bannion (sobresaliente y esforzada Dakota Johnson) a la escuela comandada por Blanc y su aquelarre de brujas teutonas, por ahí andan Miss Taner (Angela Winkler), Miss Mandel (Jessica Batut), Miss Vendegast (Ingrid Caven), Miss Muller (Reneé Soutendijk) o Miss Griffith (Sylvie Testud)… un elenco de frau con marcados acentos. La segunda de las historias es la gran novedad y lo que hace que todo comience a ser diferente. Es una historia centrada en el psiquiatra Josef Klemperer, ahora toca brillante y alucinante Tilda Swinton, su investigación tras la desaparición de Patricia, efímera Chloë Grace Moretz, y las dudas que le genera sus charlas con una horrorizada Sara (Mia Goth). El film transcurre y se disipa de forma irregular entre estas dos historias, llegando a tener por momentos una importancia mayor la narración sobre Klemperer – saludos al cameo de Jessica Harper -, pero la verdad es que es la historia brujeríl, esa esperada presencia de las referenciadas Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lachrymarum, las que cubren las esperanzas reales. Truculencia, matriarcado, sufrimiento y tortura. Este es el lado más siniestro de esta Suspiria que pasa por hacer coreográfico la perturbadora muerte de una de las bailarinas, y que inyecta en rojo sangre, total homenaje a Tovoli, un explosivo softcore donde lo más inesperado tiene lugar.

En verdad esta Suspiria es muy diferente, arriesgada e innovadora. La propuesta de Guadagnino es desde luego inesperada y como se ha podido comprobar no del agrado de todos aquellos que la han podido ver. Será recordada.

Cartel final de Suspiria
Cartel final de Suspiria

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El entuerto más vicioso y retorcido vuelve a ser marca de la casa en el cine de Drew Goddard, y más concretamente en este viaje a un hotel en completa decadencia, uno que sirve como purgatorio particular, o infierno directo, de una serie de personajes con secretos inconfesables. Ya jugó a este juego en la gloriosa La cabaña del bosque (Cabin in the Woods), así que Goddard opta por volver a inventar sobre unos mimbres similares y se saca de la manga Malos tiempos en El Royale (Bad Times at the El Royale), fabuloso experimento teatrero donde se juntan actores de la talla de Jeff Bridges, Chris Hemsworth, Dakota Johnson, Jon Hamm, la debutante Cynthia Erivo o extraños como Xavier Dolan o Nick Offerman.

Y en estas llegamos a El Royale, hotel variopinto dividido por la frontera entre California y Nevada en el que confluyen cuatro desconocidos que por personales razones deciden alojarse en un lugar en decadencia, olvidado y con más secretos de los que ellos mismos pretenden ocultar. Goddard crea entonces un rompecabezas narrativo bastante memorable, uno donde a los enigmas sobre los personajes debemos sumar los de propio hotel, el botones y los que están por llegar a esta fiesta repleta de misterios y momentos brutales. Uno de los factores que hacen además más imponente el trabajo de Goddard es haber reducido a una serie mínima de escenarios toda la narración del film, siendo más que suficiente visitar el hall de El Royale y un par de habitaciones y pasillos para construir una historia entretenida y que pese a la larga duración del film, logra mantener la atención de forma permanente.

Y la capacidad de Goddard de hacer cine diferente y único sigue tomando forma merced a otra serie de factores que le hacen todavía más merecedor de un largo aplauso. Goddard acompaña ese rompecabezas con un montaje de los que crean escuela, uno donde los personajes protagonizan la historia desde diferentes ángulos, momentos y centro narrativo. Tan pronto Jeff Bridges es el protagonista de la acción, observando lo que pasa, como se transforma en el observado por un tercero pero desde un lugar y momento diferente. Todo esto de regalo armonizado por una música de fondo que de diversas formas está siempre presente, ya sea porque sale de la jukebox del hotel, como de las cuerdas vocales del personaje encarnado por Erivo… y es que en este aspecto destaca una secuencia sobre el resto, magistral. Hay espacio The Righteous Brothers, The Mamas and the Papas, The Box Tops, The Supremes, Frankie Valli o el "Hush" de Deep Purple en otro instante memorable. Y como es de esperar, en una historia de secretos, de lugares siniestros y situaciones retorcidas, tiene que haber violencia, una traída por Goddard de forma impactante, inesperada y tan truculenta como el resto de la narración.

Y si no parece suficiente, Malos tiempo en El Royale va más allá. Dado que la narración tiene lugar en la década de los 70s, haceros una idea. Goddard saca a flote todo lo que tiene que recuperar de esa época en los Estados Unidos. Hay hueco para el racismo, para la atrocidades hechas en la Guerra del Vietnam, para las secuelas que dejó sobre aquellos que regresaron enganchados, para recordar esa floreciente etapa de sectas religiosas donde lo sexual y lisérgico era la base de su credo, e incluso para los oscuros vicios, el espionaje político y, directamente, referenciando a cierto presidente asesinado. En definitiva, Malos tiempo en El Royale es una de esas joyas que hay que recomendar con los ojos cerrados, que merece nuestra paciencia y que una vez vista puede ser degustada sacando punta a todos los detalles que contiene, que son cientos si no miles.

Cartel de Malos tiempos en El Royale
Cartel de Malos tiempos en El Royale

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Este pasado viernes J.J. Abrams y Julius Avery desembarcaron violentamente en nuestros cines con uno de los proyectos presentados en el pasado Festival de Sitges. El film, Overlord, surgió originalmente como posible parte del recientemente fundado Cloverfield Universe, para por méritos propios ganarse el derecho a la independencia más absoluta.

Con Overlord hay que dejarse de monsergas y poner las cosas claras desde el primer momento: estamos ante la mejor adaptación de un videojuego, pero de uno que sin embargo no existe (o casi, dirán unos cuantos). Como primer apunte hay que marcar a cuchillo eso de que Overlord es cine bélico, puro y duro, y si lo que pretendes ver es una monster movie pues estás equivocado, te esperan dos tercios de película donde salvo por que nos lo han dicho erre que erre en los trailers, uno no se huele la tostada. Billy Ray y Mark L. Smith han sabido hacer su trabajo de forma notable, primero porque proponen una de cine de guerra al estilo más clásico. El film juega sus cartas más valiosas en el lado realista de la propuesta, con una puesta en escena primorosa que arranca de la mejor forma posible en los cielos de la Francia ocupada… sobresaliente este inicio, puro deleite sonoro que seguirá teniendo protagonismo a lo largo de todo el metraje. Este intenso momento de suplicio vital sirve para presentar a aquellos que tomarán partida de una de esas misiones desesperadas que se llevaban en la Segunda Guerra Mundial… una con truco, claro está. Por lo tanto, insistir en que dos tercios de cinta son de una de esas pelis del frente aliado, plantando cara a los nazis de rigor, e intentando completar una misión casi suicida al tiempo que te propones ayudar a los eventuales habitantes de un pueblo de la zona que están siendo vapuleados por los invasores. Mola referenciar a El desafío de las águilas (Where Eagles Dare) o Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone) en estos casos.

Pero claro, es entonces cuando Overlord da un giro de 180 grados para convertirse por derecho propio en Wolfenstein 3D, aquel maravilloso juego de ordenador de Apogee que llegó a nuestros hogares hace ya unas cuantas décadas… sí señor, que buenos momentos. El film de Avery, que hay que reconocer que también sufre de sus achaques batalliles, revive cual mutante con una nueva dosis de fórmula milagrosa al más puro estilo Re-Animator. Porque sí, Overlord no es sólo deudora del mentado Wolfestein 3D, es puro H.P. Lovecraft con un mad doctor a lo Herbert West sacándose de la manga una especie de alquitrán salido de subsuelo con propiedades no tanto curativas como reanimadoras. Aquí llega el desmelene más absoluto con esa interesante combinación de misiones como las vistas en los clásicos del cine de guerra / aventuras indicados arriba, mezcladas y agitadas (pero no revueltas) con ese fluido que te devuelve del lugar del que no hay vuelta. Ambos objetivos viven entremezclados y ni se nota. Overlord no se corta y copia / corta / pega de donde mejor se puede hacer y como mejor se debe hacer. Abrams tiene buen ojo y ha sabido ver una idea mascada por todos hasta la saciedad una donde se le da un toque para nada extremo, no estamos ante los zombis nazis de Dead Snow ni ante las grotescas creaciones de Frankenstein’s Army, pero igualmente molón… no en vano esto es más Hollywood recatado

Del reparto pues poco que contar, está bien con Jovan Adepo (Boyce) y Wyatt Russell (Ford), hijo de mítico Kurt Russell y que es sin dudarlo lo mejorcito, tomando las riendas frente a un villano curioso como el encarnado por Pilou Asbæk ("Juego de Tronos" o Ghost in the Shell). También destaca Mathilde Ollivier, nueva joven en apuros de armas tomar… vamos, rostros no top pero ni falta que le hace a esta Overlord. Respira por si misma.

Uno de los molones carteles de Overlord
Uno de los molones carteles de Overlord

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Si algo está sabiendo hacer la productora Blumhouse es otorgar una nueva vida al género de terror de presupuesto ajustado. Una nueva vida que servirá, además de para enriquecer al gurú Jason Blum, para que generaciones futuras pueda disfrutar del cine de género como ya se hizo en esa era dorada que fueron los años 70 y 80. Como parte de esta aventura, David Gordon Green y Danny McBride propusieron dar un giro mayúsculo a la sobreexplotada saga de La noche de Halloween (con esta serán once las películas sobre la vida y obra de Michael Myers). Primero pariendo una secuela directa del clásico de 1978 de John Carpenter, una que además sirviera para reiniciar el varias veces manipulado canon, y olvidar por completo todo lo acontecido desde el Halloween 2: Sanguinario (Halloween II) de Rick Rosenthal. Y segundo, volviendo al presente directo, ese en el que tras 40 años de ausencia de Michael (Nick Castle) este sigue encerrado en el manicomio del que nunca debió escapar. Mismo presente que vive Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), pero en su caso 40 años de trauma trasladado de generación en generación y que, de paso, le ha servido para acabar transformada en una suerte de Sarah Connor del género de terror…

Laurie Strode

Con estos mimbres nos plantamos ante La noche de Halloween, año 2018, donde un par de periodistas deciden volver a sondar todo lo que gira en torno a los salvajes crímenes de Haddonfield  de 1978, resultado del asesinato de Judith Myers (Sandy Johnson) 13 años antes cuando un Michael de 6 años (Will Sandin), decidió pasar a cuchillo a su hermana en un acto de pura esquizofrenia. Este par de aventureros (Jefferson Hall y Rhian Rees) despertarán sin querer a una bestia parda que lleva 40 años dormida. Así Michael volverá a realizar el mismo periplo que ya protagonizara en 1978, uno que arrancará con una fuga de un autobús repleto de locos de manicomio, y que volverá a dejar en su camino un body count como los de antaño repleto de vecinos acuchillados, jóvenes clavados en paredes o gente que sin comerlo ni beberlo acaba desnucada o reventada a golpes contra suelos y paredes. Vamos, una noche de Halloween digna de aquel 1978 que tanto nos gusta disfrutar de vez en cuando.

Michael Myers

La noche de Halloween de este 2018 no viene para renovar nada, de hecho podríamos decir que es un facsímil del clásico de Carpenter, con muchos momentos idénticos a los ocurridos hace cuatro décadas. Reconozcámoslo: compromiso y homenaje a partes iguales. Además, como suele ocurrir con el subgénero del slasher hay personajes para todo y decisiones que sirven para que Michael se luzca en eso de dar forma a la muerte que le espera al incauto/a de turno. Está la vecina que cierra la cortina para acabar siendo acuchillada por la espalda, el adolescente que en su intento de fuga acaba como un pincho moruno o la joven que juguetea con su novio en el momento menos indicado. De nuevo, reconozcamos que el trabajo realizado demuestra una comprensión de las claves y pautas del slasher puro. Pero ojo, esta La noche de Halloween sabe que no debe anclarse, y por ello juega sus propias cartas poniendo sobre la mesa varios giros para acabar enfatizando la fortaleza no solo de la batalladora Laurie, si no de toda la familia Strode en su particular guerra contra el hombre del saco. Por lo tanto, fidelidad, respeto al legado y como regalo el maestro Carpenter, acompañado por su hijo Cody y Daniel Davis, al frente de una banda sonora que como un guante se adapta no sólo a la propia saga, que menos, si no al paso de los años. En definitiva, esta La noche de Halloween es una secuela necesaria, un respetuoso homenaje y una propuesta acomodada a los tiempos que corren. Bien merece la pena disfrutarse.

Flipante póster de La noche de Halloween para la Comic-Con 2018
Flipante póster de La noche de Halloween para la Comic-Con 2018

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Publicado por Uruloki en
 

Tras explotar el cine de acción de artes marciales como nadie, Merantau, The Raid (Serbuan maut) y su secuela The Raid 2 (Serbuan maut 2: Berandal), Gareth Evans vuelve a paladear las mieles del terror con El apóstol (Apostle), recordemos que junto al ahora muy presente Timo Tjahjanto co-dirigió el segmento "Safe Haven" de V/H/S/2. Vamos al tema…

En El apóstol nos trasladamos a los albores victorianos del siglo XX, Evans, además de director es guionista, nos envía de cabeza a una isla perdida en la que confraternizan conceptos tan icónicos del género del horror como la sectas religiosas, las deidades paganas y lo puramente sobrenatural. Nuestro protagonista es Thomas Richardson, siempre genial Dan Stevens en su habitual línea de tormento y éxtasis, hijo pródigo en las últimas, demolido por su pasado, pero que sin dudarlo se meterá de cabeza en la guarida del lobo para llevar a cabo una misión con claros indicios de que no tendrá un retorno sencillo: rescatar a su hermana tras ser secuestrada esta por los líderes de una secta impía y en la que uno no entra como si nada. Este viaje al mismísimo infierno servirá además a Thomas de periplo redentor para seguir dando sentido a su defenestrada existencia.

Evans propone un juego absorbente para el espectador. El director galés nos invita a sumergirnos e indagar en diversos frentes simultáneos. Sobre la mesa tenemos por ejemplo las tribulaciones del protagonista, golpeado por un pasado que iremos conociendo paulatinamente y que darán pleno sentido a su particular batalla personal, y contra la propia secta. En segundo lugar la secta en sí, desde un principio medio desmoronada, con claras diferencias entre sus tres fundadores y donde las decisiones que se van tomando juegan claramente en contra de su propia supervivencia. Pero ojo, hay hueco también para los sobrenatural y pagano, con una isla viviente, tan presa y secuestrada como la hermana de Thomas Richardson, que necesita de su propio sustento para dar sentido a la secta y de paso para ayudar a que el protagonista vaya encontrando de nuevo el camino de fe perdido. Aquí se encuentran los puntos a favor del film, suficientemente grotescos y dispares como para que cuando uno ve la película piense amablemente en esa joya que es El hombre de mimbre (The Wicker Man) de Robin Hardy. De regalo una dosis de brutalidad made in Gareth Evans: extrema, excesiva, sangrienta y con Stevens como gran protagonista… digna de una visita al mismísimo Silent Hill.

Pero como no todo en el monte es orégano, El apóstol también falla. Falla por su larga duración, marca de la casa como también lo es que estemos ante otra batalla de un protagonista solitario contra todos los elementos posibles e imaginables. Falla por lo ligero que resulta en camino del héroe, la vinculación personal de Thomas Richardson con su hermana es equivalente a la que este podría haber tenido con una persona cualquiera con la que hubiera tenido un momento de encuentro y se hubiese sentido obligado a rescatarla. Aquí hay que reconocer que la propuesta de Evans se descalabra… como leitmotiv vale, pero es un leitmotiv excesivamente importante como para dejarlo ahí de lado. Falla también por los líderes sectarios, poco explorados y a los que si bien nos enfrentamos en contadas ocasiones, en cada cara a cara nos encontramos con un giro completo de su forma de ser, Malcolm (Michael Sheen) cambia en exceso. Hay una evolución demasiado abrupta. Falla por culpa de todos esos frentes que abre, que tan interesantes resultan, pero que sin embargo no sabe manejar en su justa medida. El punto sobrenatural es el único que se sostiene de principio a fin, y puede que ese sea el verdadero pilar sobre el que se debe sostener toda la película… aunque curiosamente no lo parezca.

En definitiva, El apóstol de Gareth Evans mola, es un poco lenta pero acaba por fraguar algo ahí que te deja seguir dando vueltas a lo que has visto, ya sea por lo extraño de los acontecimientos como por lo salvaje de su desenlace.

Único cartel de El apóstol de Gareth Evans
Único cartel de El apóstol de Gareth Evans

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