Opinión


En este 2018 Marvel Studios ha marcado ya su triple descarga cinematográfica. Todo arrancó con su obra más shakesperiana hasta la fecha con permiso de Thor, la no muy entretenida Black Panther, luego llegó su desbordante apuesta por la épica más trágica, esa joya del género que es Vengadores: Infinity War, y a mediados de año ha cerrado su periplo con Ant-Man y la Avispa (Ant-Man and the Wasp), una comedia de acción bastante simple que casi podría haberse titulado El chip prodigioso (Innerspace) versión 2.0.

Resulta que Peyton Reed regresa tras las cámaras para contar, merced al guión de Chris McKenna, Eric Sommers, Andrew Barrer, Gabriel Ferrari y Paul Rudd (ese Paul Rudd), la misma historia que ya narró en Ant-Man, eso sí, introduciendo un nuevo elemento en la coctelera comiquera que, sin embargo, no tiene lugar hasta que vemos la secuencia mid-credits de esta minúscula obra. Quizás sea este el momento más importante del film, pero para llegar al chocante instante previamente hemos tenido que dar vueltas a cerca de dos horas de metraje en las que Scott Lang (Rudd), Hope Van Dyne (Evangeline Lilly), Hank Pym (Michael Douglas) y Luis (Michael Peña) se embarcan en una aventura completamente previsible adornada con una villana de cero trascendencia.

La cosa se pone en marcha contando de nuevo lo que ya vimos en Ant-Man, Pym y su esposa Janet (Michelle Pfeiffer), generosa muestra de que el software de rejuvenecimiento de Marvel Studios funciona correctamente, evitan una catástrofe mayúscula al derribar un misil nuclear que iba a impactar contra una importante ciudad de los Estados Unidos de America. Por lo tanto, la Avispa original entrando en el reino cuántico y no pudiendo salir de él. Lo mismíto pero ampliado. Conclusión, el espectador ya sabe el rumbo que va a seguir el film, la obsesiva búsqueda de Janet teniendo en cuenta que Scott estuvo en ese micro mundo y logró salir de él. De aquí en adelante sota, caballo y rey. El guión de los arriba nombrados nos muestra señales de originalidad si no más bien de obligada continuidad. Ant-Man y la Avispa se queda por lo tanto en una obra más dentro del MCU, de la nueva fase del sub-estudio Disney o lo que queráis entender como gran plan del CEO Kevin Feige. Tiene lugar justo después de lo acaecido en Europa, los acontecimientos de Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War), y en paralelo a lo que ocurre en New York, Vengadores: Infinity War, si bien en ningún momento el espectador es consciente de esto último… cosa improbable si nos atenemos a un mínimo de lógica consecuente. Con el viaje al reino cuántico como hilo argumental central, la aventura trata de ganar cierta dinámica viéndose adornada por dos villanos intrascendentes y desaprovechados. Por un lado está Sonny Burch, encarnado por Walton Goggins, traficante con vínculos pasados a S.H.I.E.L.D. y por lo tanto H.Y.D.R.A. El personaje de Goggins se queda al nivel de Justin Hammer (Sam Rockwell), curiosamente un villano de segunda en la también tristona Iron Man 2 encarnado por un actor que con seguridad podría ofrecer mucho más. La otra villana es Ghost (Hannah John-Kamen), personaje sin motivación alguna más allá de su propia supervivencia, y que finalmente queda en anécdota de la historia que se nos cuenta tras esas apuestas previas de gran impacto como fueron el amoral Killmonger (Michael B. Jordan) o el genocida Thanos (Josh Brolin)… si es que hasta el Grandmaster (Jeff Goldblum) de Thor: Ragnarok presenta inquietudes más aprovechables que la pobre Ava.

En definitiva, unos geniales efectos visuales (imposible defraudar), comedia como base narrativa (parece que no hay otra posibilidad para el personaje), y chascarillos varios a costa de Luis y sus amigos de faena, o de ese agente del FBI interpretado por Randall Park. Pero la chicha, la razón de ser parte de un todo tan grande, se queda en la idea de que esta película (muy entretenida, eso innegable) no es más que un engranaje en una maquinaria que busca continuidad. Así que, salvo por esa escena mid-credits que otorga al producto una mayor entidad de la que realmente quiere abarcar, Ant-Man y la Avispa es un film de tránsito.

Uno de los carteles de Ant-Man y la Avispa
Uno de los carteles de Ant-Man y la Avispa

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El primer día surgió de la nada un director / guionista debutante llamado Ari Aster, un cineasta con una mirada fresca que aportar al género del terror. El segundo día Aster elaboró un drama retorcido, truculento, asfixiante e indiscutiblemente muy desesperante. El tercer día el bueno de Ari presentó el guión de su opera prima a la gente de A24 y esta fue automáticamente aprobada. El cuarto día este ya director a seguir logró juntar en pantalla a dos veteranos de la talla de Toni Collette y ese desaparecido, e infrautilizado, Gabriel Byrne. El quinto día Ari Aster completó el reparto con la presencia de un par de jóvenes hasta el momento desconocidos por el gran público, el muy sufrido Alex Wolff y la muy sorprendente Milly Shapiro. El sexto día Hereditary se rodó con el objetivo de convertirse en una de las películas referente del terror de este 2018. El séptimo día Ari Aster descansó y observó con detenimiento su obra y la congoja que causaba entre el público.

Pues sí, Hereditary es una singular joya del género de terror de corte posesivo. En la línea de grandes clásicos que todos conocemos, me ahorro títulos para no desvelar secretos de la trama, Ari Aster fragua una historia coral centrada en los cuatro miembros de una familia donde secretos varios ocultan a los miembros una realidad bastante grotesca. Hereditary es la historia de la cabeza de familia Annie (Collette) y su progresiva transformación tras la muerte de su madre. Con la familia como centro narrativo, ese punto de partida (el fallecimiento de la matriarca), sirve de detonante y entrada en una extraña espiral donde los acontecimientos más inesperados se suceden de forma vertiginosa y asfixiante. Traumas por doquier inflaman las relaciones, provocando la ruptura y poniendo en relieve lo frágil que es todo entre los Graham. Charlie (Shapiro) y la dependiente relación que tenía con su abuela, Peter (Wolff) y su singular suplicio / periplo pesadillesco cuasi real, Steve (Byrne) sufriendo por dentro lo indecible y viendo como todo a su alrededor se desploma de forma incontrolada. Pero en el fondo todo es Annie, emocionalmente destruida y brutal protagonista de esta historia paranormal y fantasmagórica. Pero ojo, porque a lo largo de este desesperado drama de destrucción familiar asistiremos también a crueles sesiones de violencia, mucha física, sí, pero muchas más emocional y en ocasiones enfermiza.

Pues eso, que Hereditary vale mucho la pena. Ideal para pasar un mal rato y sentir como la losa de la desesperación hace mella durante sus dos horas de metraje… hasta acabar por destruirlo todo.

Uno de los carteles de Hereditary
Uno de los carteles de Hereditary

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Ya iba siendo hora de echar un vistazo al nuevo episodio de la renovada franquicia jurásica en manos, esta vez, del siempre gratificante Juan Antonio Bayona. El hijo predilecto del nuevo cine mainstream nacido en España (El orfanato, Lo imposible y Un monstruo viene a verme) llega por la puerta grande a un sello gigante, con una historia por detrás de icono cinematográfico que marcó un antes y un después en el uso de los efectos visuales y su combinación con imposibles concepciones prácticas (te echamos de menos Stan Winston). Avalado por El rey Midas, apoyado por Colin Trevorrow, acompañado por sus inseparables de siempre, Eugenio Mira entre ellos, Bayona tiene todo lo que hay que tener para dar un merecido renovador giro a esta franquicia que amasa dinero como quien junta granitos de arroz.

Lo que pasa es que muy a nuestro pesar Jurassic World: el reino caído (Jurassic World: Fallen Kingdom) no deja de ser un nuevo copia pega / refrito de los filmes pasados de Steven Spielberg, un mejunje de ideas ya explotadas que por repetición resultan algo cansinas (y si, pese a lo nuevo que pueda aportar… que haberlo hailo, como as meigas). Bayona logra dar al proyecto un tono diferente, más terrorífico si cabe, ya no tanto por los dinosaurios en sí, si no más bien por ese elenco de personajes encabezados por Toby Jones (Berberian Sound Studio) que conforman un submundo de todopoderosos oligarcas, tiranos, terroristas y dictadores que no dudan en ser parte de un nuevo fructífero negocio… el tráfico de dinosaurios. Pero claro, para alcanzar esta idea final el camino seguido ha sido el mismo que se nos contó en la entretenida Jurassic Park: el mundo perdido (Jurassic World: The Lost World), cazadores de dinosaurios ansiosos de su trofeo incluido. Bayona narra su historia en dos escenarios distintos, el ya clásico Isla lo que sea (Nublar, Sorna…), y una atrevida mansión victoriana decorada con Geraldine Chaplin haciendo el papel en el que lleva encasillada ya unos cuantos años. La propuesta es jugosa, pero se queda en poco al recluir en un entorno minúsculo criaturas de tamaño fantástico. Mucho susto inesperado, ideal para hacernos saltar de la butaca, y una secuencia potente en un cementerio, digo museo, de dinosaurios. Final bañado en un poco de sangre.

El resto es lo que ya vimos en el film del 2015, Chris Pratt haciendo de Indiana Jones (muy divertida la secuencia corriendo al más puro estilo En busca del arca perdida y los obitos), el factor cómico sobre los hombros del informático de turno (Justice Smith), Bryce Dallas Howard tan perfecta como siempre, un pack villano estándar del todo (cazador + empresario) y dinosaurios creados a partir de lo mejor de los existentes. No hay más. Bueno, miento… además de una innecesaria secuencia post-créditos homenaje digamos a por ejemplo El mundo perdido (The Lost World) de Harry O. Hoyt, tenemos ese aserto genético que, de buenas a primeras queda como gran MacGuffin del film de Bayona. Está ahí, muy bien, sorprendente y… ¿y? Vale que entretiene, pero francamente sabe a muy poco.

Cartel molón de Jurassic World: el reino caído
Cartel molón de Jurassic World: el reino caído

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Al fin he podido encontrar un momento para hablar de Han Solo: una historia de Star Wars (Solo: A Star Wars Story), ese viaje al pasado para conocer los orígenes de Han Solo, el contrabandista más icónico de la Guerra de galaxia. Es hora, además, de ir por partes para ver qué ha salido de la factoría Disney / Lucasfilm.

En primer lugar hay que dejar claro que Han Solo es una película francamente entretenida, eso es innegable, pero pese a su entretenimiento adolece de diversas taras que puede que provoquen que no sea todo del agrado del respetable. La primera de todas es tratar de dar respuesta a una arriesgada y desde luego discutible pregunta como ¿cuán necesario es centrarse en un icono de la saga? Hay que reconocer que las comparaciones son odiosas, y el reto al que se han enfrentado a Alden Ehrenreich es desde luego plato de difícil gusto… la sombra de Harrison Ford es extremadamente alargada y demasiado persistente en la mente del fandom. Han Solo además pretende jugar en una liga similar a la de la saga original, por eso de ser Solo su protagonista, abarcando por lo tanto un escenario narrativo mayor que el planteado por Rogue One. Sin embargo el efecto logrado es el contrario, estamos ante una historia menos elaborada que Rogue One y sin lugar a dudas bastante lejos de postularse como una aventura a la altura de los episódicos capítulos nacidos en 1977. Porque sí, de alguna forma Han Solo aparenta ser un primer capítulo, pero sin embargo los films antología nacieron bajo el sello de historias sueltas dentro de un universo conocido. Por lo tanto, ahí donde Rogue One triunfó (el final era un golpe en muchos aspectos), Han Solo ha fallado (uno se queda con cara de ¿y ya está?)…

Han Solo, a diferencia de lo que se podía esperar, sigue con sabiduría las pautas marcadas por el cine más clásico y en modo western del espacio con notables aportes vieja escuela, adentra al espectador en una historia vibrante a la par que pausada. Es de aplaudir que se apueste por este estilo narrativo / visual en esta era de puro frenesí donde va todo pasado de vueltas y a más velocidad de la que el cerebro humano puede procesar. Han Solo llega envuelta por aroma a revolver y pólvora, con forajidos de leyenda como Beckett (Woody Harrelson), Val (Thandie Newton) o Rio (la voz de Jon Favreau), un impagable robo a un tren, el encuentro entre el protagonista y su fiel compañero de fatigas Chewbacca (Joonas Suotamo), ese primer amor llamada Qi’ra (Emilia Clarke) que vuelve de la forma más inesperada posible, viejas partidas de cartas de saloon donde te juegas hasta el caballo, amistades de las que se forjan a golpe de engaño como la de Lando Calrissian (Donald Glover), rebeliones de las clases más castigadas bajo el puño de L3-37 (la voz de Phoebe Waller-Bridge), mineros y minas de Kessel, charlas y confesiones a la luz de una hoguera, duelos de los que marcan una vida y un villano (flojo) que responde al nombre Dryden Vos (Paul Bettany). Ya lo decía Howard en alguna entrevista, Han Solo bebe de muchos lados, pero juega sus cartas al ritmo de Los vividores (McCabe & Mrs. Miller) de Robert Altman.

Pero claro ahí nuevamente Han Solo cumple con eso de una de cal y otra de arena. Estamos ante un film donde se ha optado por lastrar a una gran cantidad de sus personajes de una carencia total de empatía e intrascendencia. Ahí donde Beckett rompe moldes, Woody Harrelson ES el mejor personaje de la película, otros transitan sin mayor interés (y eso duele). No hay emotividad y Han Solo como película CARECE de corazón. No queda claro que ha pasado en Disney / Lucasfilm pero Ron Howard debió dar un giro de 180 grados a lo que Christopher Miller y Phil Lord pretendían contar, aunque eso es algo que quedará oculto para siempre salvo que estos dos decidan ponerse a hablar del enfoque que pretendían dar a este western del espacio. Igual Lord y Miller querían una Sillas de montar calientes (Blazing Saddles) y el estudio esperaba más un Duelo al sol (Duel in the Sun)…

¿Es un error Han Solo? ¡Para nada!, apunta a fiasco económico si miramos los datos de su primer fin de semana, recuerda a que podría acabar siguiendo el mismo rumbo que ya sufrieron joyas como John Carter, pero desde luego no es un error. Es un film Star Wars atípico, no sé si es lo que el fan esperaba, pero es algo que si lo paladeas puedes acabar pillándole el gusto. No obstante le falta punch, le falta asimilar el concepto de verdadero clásico y se queda en el estándar del género del que bebe. Igual debe verse varias veces para encontrar lo que realmente oculta…

Probablemente uno de los carteles más molones de Han Solo: Una Historia de Star Wars
Probablemente uno de los carteles más molones de Han Solo: Una Historia de Star Wars

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Si estás leyendo esto y no has visto Vengadores: Infinity War (Avengers: Infinity War) en el cine ¡DEJA DE LEER YA POR DIOS! Si quieres saber pero SIN SPOILERS, léete la opinión escrita ayer, donde con todo el respeto del mundo hablo de esta gloria de película que completa una década de cine comiquero nunca antes imaginado. En fin, ante la demanda de varios de vosotros, esta es la segunda ¿opinión? que escribo sobre la película pero abierta a SPOILERS totales, sin compasión, destripando muchas de las cosas que oculta el genial film de Anthony y Joe Russo.

Uno de los factores que destacaba como principales en la opinión previa era el hecho de que el notable guión de Christopher Markus y Stephen McFeely fuera capaz de dar respetuoso espacio a la multitud de personajes que aparecen en la historia. En este aspecto es un acierto separar la atención sobre los centros narrativos de la historia, creando a modo "misión" tres arcos diferentes que de forma paralela y simultánea van intercalando su acción. Estos tres arcos a su vez se acaban entremezclando y parte de los miembros que comienzan en uno de esos arcos acaban su aventura en otro.

Así tenemos la aventura espacial donde asistimos a las primeras de cambio a la aniquilación del pueblo asgardiano destacando las muertes de Loki (Tom Hiddleston) y Heimdall (Idris Elba) a manos de un antagonista de la talla de Thanos (Josh Brolin), y donde ponemos cara por primera vez a la Orden Negra en la cual Ebony Maw (Tom Vaughan-Lawlor) se impone como principal miembro. Este arranque sirve para ver como el derrotado Thor (Chris Hemsworth) termina cruzando su camino con los Guardianes de la Galaxia (Chris Pratt, Zoe Saldana, Pom Klementieff, Dave Bautista y las voces de Vin Diesel y Bradley Cooper), que a su vez acabarán dividiéndose para encauzar destinos completamente opuestos.

Loki entrega a Thanos el Tesseracto... la gema del espacio
Loki entrega a Thanos el Tesseracto… la gema del espacio

El segundo arco que se nos plantea es el mixto tierra / espacio protagonizado por Iron Man (Robert Downey Jr.), Spider-Man (Tom Holland) y el Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) principalmente. El punto de partida de esta historia coincide con el final del pueblo asgardiano, con la llegada de Bruce Banner (Mark Ruffalo) a la tierra, el sacrificio de Heimdall para salvar a este, y donde se enfrenta por primera vez a estos héroes con Ebony Maw. La puesta en marcha de este arco sirve además para descubrir las intenciones de Thanos y la necesidad de evitar que las gemas del infinito que están en la Tierra, el Ojo de Agamotto (gema del tiempo) que viste el Doctor Strange, y la gema que de la mente que da la vida a Visión (Paul Bettany). Este arco que arranca en New York, da el salto al espacio separando el grupo en dos, por un lado Strange, Iron Man y Spider-Man viajando al espacio para lo dos últimos tratar de rescatar al primero de las intenciones de Ebony Maw, y Banner cruzando más adelante su destino con el resto de Vengadores en la última defensa de la Tierra. Y ojo, digo Banner y no Hulk porque al gigante verde le vemos el pelo al principio de la película, noqueado rápidamente por Thano, y de ahí en adelante en ningún otro momento hace acto de presencia obligando a Banner a vestir la Hulkbuster para poder ayudar en el intento por acabar con el genocida Thanos. Por lo tanto, ese trailer con la famosa escena

Esta escena que hemos visto mil veces en el trailer... y no sale
Esta escena que hemos visto mil veces en el trailer… y no sale

El tercer arco es 100% terrestre, y aunque Thor, Groot y Rocket acaban finalmente echando un cable, el peso es llevado de manera superlativa por Steve Rogers (Chris Evans), Wanda Maximof (Elisabeth Olsen) y Visión. Este arco se centra en primer lugar en el intento de supervivencia por parte de Visión y Wanda ante Proxima Midnight (Carrie Coon) y Corvus Glaive (Michael James Shaw). El fracaso es evitado gracias a la entrada en escena de Rogers, superior y el personaje que mejor ha evolucionado a lo largo de esta década, junto a Natasha (Scarlett Johnasson) y Falcon (Anthony Mackie). Su historia acaba llevándoles a Wakanda, dando entrada así a Black Panther (Chadwick Boseman) y todos los personajes que conocimos este mismo año en la anterior película Marvel Studios.

Vale, en formato rápido resumen estas son las tres historias que se nos presentan. Sin embargo las historias se dividen y confluyen de igual forma, aportando un dinamismo francamente agotador y donde no hay descanso para el respiro. Salvo un par de momentos en los que Drax hace gracias, y muy agradecidas que son, el sin freno del guión de Markus y McFeely es tan apabullante que no es de extrañar que las reacciones se hagan más que evidentes mientras uno disfruta de la completa aventura. Por ejemplo, la historia del espacio se separa en dos arcos diferentes, uno protagonizado por un Thor desesperado por vengarse de Thanos, desesperación que el personaje deja ver en pantalla más de una vez, y el otro en el que asistimos al fatal destino de los Guardianes de la Galaxia, con la muerte de Gamora a manos de Thanos, primer inesperado golpe, cuando este decide sacrificar los único que realmente le importa ante los ojos del desterrado… ¡Cráneo Rojo! Sí, igual muchos esperaban ver a La Muerte, pero no, Cráneo Rojo (Ross Marquand) hace acto de presencia mística en modo guardián de la gema del alma que quiere el titán. Es en esta historia cuando conocemos las razones del villano Thanos, del porqué de esa ansia genocida, y de cómo una obsesión o creencia, le hace aniquilar mundos enteros con idea de salvaguardar el destino de todos los mundos que se conocen. Esta constante confluencia de arcos llevará al grupo de Iron Man a acabar accidentados en Titán, planeta de origen de Thanos, y en el cual tres de los Guardianes, Star-Lord, Mantis y Drax, harán piña con Spider-Man, Iron Man y el Doctor Strange, además de Nebula (Karel Gillian) en una desesperada y fatal batalla contra el mismísimo Thanos. Ya lo dice Strange, sólo en una de los 14 y pico millones de futuros que ha podido analizar vencen a Thanos… no será el caso.

En el escenario final, el que nos dejará con el culo roto y con ansias del cuarto film que llegará el año que viene, veremos la igualmente desproporcionada batalla entre el grupo que resiste en Wakanda frente a la invasión de las tropas de Thanos. Si bien en un principio todo hace pensar que la cosa tiene solución, Cull Obsidian (Terry Notary), Proxima Midnight y Corvus Glaive mueren, la entrada final del titán, poseedor ya de 5 de las 6 gemas, acaba provocando el terrible final con el que se nos deja, un final necesario pero que de alguna forma hace intuir el destino de los personajes en la cuarta parte de esta serie de películas. Una cuarta parte que seguramente diga qué personajes realmente mueren y cuales vuelven a la vida. Porque sí, el final de Vengadores: Infinity War es tremendo, desapareciendo por desintegración no sólo la mitad del universo, si no una gran cantidad de los personajes que hemos conocido: Spider-Man, Star-Lord, Black Panther, Mantis, Wanda, Soldado de Invierno, Falcon, Drax, M’Baku, Groot, Doctor Strange, Nick Furia y Maria Hill, por lo que todo hace pensar que habrá algún juego viaje al pasado, pensemos en lo que se puede hacer con el Ojo de Agamotto, la gema del tiempo es de las pocas cosas que pueden dar la vuelta a esto. Eso sí, una de la cosas más importantes son los muertos no por el efecto Thanos (Loki, Heimdall, Visión y Gamora), y los que quedan para darle la vuelta al tema (Capitán América, Iron Man, Thor, Black Widow, Hulk, War Machine, Rocket, Nebula, Okoye y M’Baku). No sería de extrañar que de los que quedan más de uno no pueda darle la vuelta a su destino… y sí, de los que han desaparecido, regresarán muchos (por ello comienzan a rodar películas este año o incluso el que viene).

Cartel Real D 3D de Vengadores: Infinity War
Cartel Real D 3D de Vengadores: Infinity War

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Si ayer hablaba de los 15 años del blog, hoy toca hablar de la culminación (primera) tras 10 años de películas de Marvel Studios con el estreno de Vengadores: Infinity War (Avengers: Infinity War).

Una de las cosas que más me llamaban la atención conforme se promocionaba la película era pensar en cómo iban a hacer para condensar protagonismo equivalente al elenco de actores y actrices que pueblan este universo construido sobre un conjunto de personajes excelsior. Toda película se basa en una estructura narrativa y en verdad era francamente complejo imaginar cómo leches los hermanos Russo pensaban dan forma a este reto incomparable. Probablemente lo que mejor defina este imponente despliegue de cine comiquero es lo que Anthony y Joe Russo han hecho a este respecto, que ha sido aunar en dos horas y media de metraje dosis ideales y bien sopesadas de cada uno de los egos que durante estos 10 años han protagonizado mejores y peores películas. Es encomiable el trabajo realizado, y más, es digno de aplauso y loa que todos estén presentes, que todos tengan su momento, que todos protagonicen uno de los muchos arcos que en esta Vengadores: Infinity War se tocan. Todos están, se les reconoce y hay espacio para disfrutar las muy diferentes personalidades que se han construido a lo largo de esta pasada década.

Porque es impresionante que dos horas y media de Vengadores: Infinity War te agoten. Te agoten por lo extenuante que es pasarte sentado en una butaca en constante tensión y éxtasis comiquero mientras en pantalla actores como Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Chris Evans, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch, Tom Holland, Chadwick Boseman, Zoe Saldana, Karen Gillan, Tom Hiddleston, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Josh Brolin o Chris Pratt hacen acto de presencia dando un giro muchas veces inesperado a esos personajes que han encarnado a lo largo de esta era de MCU (y perdón por no citar más porque entonces me quedaría un párrafo de color negro excesivamente aburrido de leer). Te agoten por la intensidad de las cosas que ves, ya sea por el derroche visual parido nuevamente (supremo, variado, múltiple, perfecto), como por la imparable y extenuante dosis de acción al estilo hermanos Russo, directores ideales y conocedores de cómo se hacen las cosas como ningún otro. Cuando veas la película sabrás de lo que hablo, pero Vengadores: Infinity War no tiene freno, no descansa, no hay momentos de alivio, es agotadora para bien. Y finalmente te agoten por lo sentimental, porque hay hueco para el retorno de personajes olvidados, para golpes en lo más profundo del fan, para clavarte una notable dosis de "y ahora qué" que te dejará patidifuso y ansiado por lo que ha de llegar. El guión de Christopher Markus y Stephen McFeely ha sido depurado por completo, elaborado a medida para ofrecer lo que se tenía que ofrecer, una historia sin parangón, de una épica desbordante, y que quedará ahí clavada en nuestras mentes como referencia de cómo se maneja un totum revolutum de esta categoría en cines.

¿Y de la historia que puedo decir? Pues la verdad es que nada si no quiero entrar en el terreno SPOILER. Comentar que sin lugar a dudas la presencia de la Orden Negra, Proxima Midnight (Carrie Coon) y Ebony Maw (Tom Vaughan-Lawlor) sobre todo, es superlativa. Comentar que Thanos (Brolin) ES EL VILLANO. Comentar que, por citar unos cuantos, me quedo sobre todo con Tony Stark (Downey Jr.), Steve Rogers (Evans), Wanda Maximof (Olsen), Stephen Strange (Cumberbatch), Thor (Hemsworth) o Gamora (Zoe Saldana). Comentar que menos mal que hay momentos de alivio cómico protagonizados por quien vosotros ya sabéis porque si no, en otro caso, la experiencia hubiera sido extrema. Comentar que ahora no puedo más que pensar en cómo narices van a resolver este entuerto, porque no veo fácil solución y, menos aún, no dolorosa.

En fin, Vengadores: Infinity War merece la inversión, pegarse a la butaca y disfrutar de cine de acción épico. Es el momento que todos estábamos esperando, ha llegado y no sé a qué estáis esperando para ir a verlo.

Cartel final de Vengadores: Infinity War
Cartel final de Vengadores: Infinity War

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Pues ala, vista Un lugar tranquilo (A Quiet Place) no puedo más que decir que aun ahora la angustia, la intensidad y el desasosiego recorren mi cuerpo.

De vez en cuando el cine de terror logra dar con esa tecla que transforma un espectáculo no mayoritario en un producto mainstream capaz de hacer sombra a los habituales proyectos que recorren las salas de cine. El caso más reciente es Déjame salir (Get Out), gracias al cual Jordan Peele sigue frotándose las manos ante el impactante éxito cosechado por su película. Gente como James Wan lo ha ido logrando de forma habitual hasta acabar convertido en una especie de rey midas del terror… de hecho tiene su propio universo franquicia como si de cine comiquero se tratase. Blumhouse, productora de Jason Blum, le anda a la par. Un estudio que opta por presupuestos bajos, acordes con las necesidades reales de un género donde lo anormal e inconcebible juega con nuestra psique. Si bien no todo lo que toca es oro, raro es el proyecto que no destaque (aunque los hay), pero por lo general si la cosa arranca con la entradilla de Blumhouse entonces puedes mostrarte confiado.

Ahora es el momento de Un lugar tranquilo, obra cumbre de la filmografía de John Krasinski, más actor de comedia y habitual reparto de voz, que arriesga con una historia complicada de contar pero con la que sin embargo ha acertado de pleno en su nuevo salto a la silla de dirección (sus incursiones previas son bastante olvidables todo sea dicho). Porque Krasinski ha decidido echar un órdago múltiple. Primero por el género. El terror no es uno de los medios más sencillos para contar historias íntimas, pero sin embargo Un lugar tranquilo es una que merece ser contada y sobre todo sentida. Una historia de supervivencia absoluta, de desmedida protección, de adoración por la familia y de intenso dolor personal e íntimo.
Segundo por el guion de Bryan Woods y Scott Beck, con apoyo del propio Krasinski. Sí, estamos ante una idea muy compleja de contar, una historia basada en las miradas, los silencios, las sensaciones y que por lo tanto tiene que estar muy bien narrada para que su director pueda sacar todo el potencial que tiene. Woods y Beck, si miráis sus filmografías descubriréis que con Un lugar tranquilo puede que cambie el rumbo de sus carreras, se sacan de la chistera un cuento de terror terrible, en donde el diálogo en voz de los personajes se reduce a unos pírricos minutos, y donde por lo tanto todo se basa en los gestos, acciones, miradas y sensaciones que los actores logren transmitir al espectador.

Aquí está el tercer factor de la grandeza de Un lugar tranquilo. Su reparto. Krasinski como Lee Abbot notable, Emily Blunt (su esposa en la vida real) más que sobresaliente con un papel que te deja angustiado, sobre todo durante el intenso tercer acto del film en donde sufres la torturadora intensidad del dolor que padece Evelyn Abbot. Tercero Millicent Simmonds y Noah Jupe, impagables hijos cinematográficos de los Abbot y piezas clave de esta historia que te mantiene en vilo desde su abrumador principio a su un pelín más convencional final. Y ojo, porque esto es todo (que no es poco). Un lugar tranquilo no se expande más allá de esto y ni falta que le hace. Es una película completa, en la que también destaca la fabulosa, por momentos íntima por momentos acongojante, música de Marco Beltrami. Una banda sonora que explora el desasosiego que sufre esta familia en un entorno adverso, complejo y que no permite expresarte como realmente desearías.

Un lugar tranquilo es de todo menos tranquila. Desesperante, angustiosa, expresiva, un torbellino de sensaciones merced a los sufridos y atormentados rostros de sus protagonistas. En definitiva, un joya de las que merece disfrutarse en total silencio para, si cabe, pasarlo todavía peor.

El primer cartel de A Quien Place mete miedoUno de los carteles de Un lugar tranquilo
Uno de los carteles de Un lugar tranquilo

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Pues nada, Hollywood sigue en sus trece. El rico universo de los videojuegos, uno que tiene su propia aura, continúa en el punto de mira de los grandes estudios y parece que nadie es capaz de lograr el más difícil todavía… hacer una adaptación decente.

Con un historial de intentos a cada cual más estrambótico le ha llegado el turno a "Rampage", el famoso arcade de la compañía Bally Midway. Así nace Proyecto Rampage (Rampage), perdonad por la masiva repetición del vocablo, intento de trasladar a formato cine algo tan simple como un videojuego donde controlas a una de tres criaturas monstruosas descomunales para arrasar ciudades completas mientras te pones morado comiendo a los indefensos ciudadanos. Ojo, las posibilidades eran infinitas, hasta a alguno se le podría haber ocurrido tratar de darle una vuelta al concepto de peli protagonizada por monstruos gigantes e innovar aunque fuera un poquitín, pero el camino elegido por Ryan Engle (Non-Stop), Carlton Cuse ("Perdidos"), Ryan J. Condal (Hércules) y Adam Sztykiel (Black Adam) ha sido sin embargo el más simple de todos. La fórmula escogida funciona, pones a Dwayne Johnson como cuarto monstruo, le das un toque de humor "grosero", unos notables efectos visuales, muertes a cascoporro y tienes la película hecha.

Proyecto Rampage debe verse como lo que es, un producto mainstream de entretenimiento plano. Una historia cero compleja, más simple que el mecanismo de un botijo, y donde un misántropo soldado de las fuerzas especiales que se ha transformado en primatólogo (Johnson) se desvive por un primate blanco que, contaminado por un virus cultivado en una estación espacial, se une a un lobo volador y a un cocodrilo para arrasar al ciudad de Chicago. Por ahí tenemos a Jeffrey Dean Morgan haciendo un papel grotesco, Joe Manganiello en uno completamente infrautilizado y que de ser explotado podría haber aportado un tono bastante molón al film, y mujeres como Malin Akerman o Naomie Harris que están, que no es poco. Y sí, con un argumento tan fabuloso y unos mimbres como los que pone Rampage sobre la mesa, no hay posibilidad de defraudar, pero ojo, debe disfrutarse sin pretender ver aquí una lucha en favor de la protección de los animales, o una crítica a las investigaciones con ADN. Es todo más simple, es una de monstruos que arrasan, matan y hacen cortes de manga… hay un momento para todo.

Nada más, proyecto Dwayne Johnson de gran pureza.

¡En Japón el estreno de Rampaga va a ser digno de la adoración de Gojira!
¡En Japón el estreno de Rampage fue digno de la adoración de Gojira!

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Coincidiendo con el preestreno de Ready Player One llegó a las salas de cine Pacific Rim: insurrección (Pacific Rim: Uprising), secuela del film que hace ya unos años se sacó de la manga el mexicano Guillermo del Toro junto al guionista Travis Beacham. Este vez, y tras la salida de Del Toro por las prisas de Legendary, el proyecto cayó en manos de Steven S. DeKnight, guionista total de la sudorosa y salvaje "Spartacus: Sangre y arena" ("Spartacus: Blood and Sand"), por momentos escritor y productor a tiempo completo de la segunda temporada de "Daredevil" para Netflix. Con esos mimbres DeKnight se vio ante un propuesta desafiante, una que le permitía dar el paso que seguramente estaba deseando… llegar al Hollywood más mainstream y de blockbuster sin tener que tocar otras teclas previamente. El resultado, seguramente no el esperado.

Pacific Rim: insurrección es una película nacida a la sombra de un medio éxito. El film de Guillermo del Toro, que gustó a unos más que a otros, era una apuesta personal de tapatío y una clara muestra de su desmedida adoración a estas grandes criaturas que son los kaiju del país del sol naciente. Del Toro quería hacer lo que no había visto todavía, plasmar ese género en la meca del cine como nunca antes se había hecho. Su deseo por crear a un Godzilla, crear su personal visión de los Alien Baltan, King Joe o Alien Metron de Ultraman, o sacarse de la manga una especie de Mazinger Z, fue lo que llevó a que Pacific Rim fuera una realidad, una que no funcionó en taquilla como en el fondo esperaron, si bien era de suponer que algo así ocurriría por tratarse del nacimiento de una posible franquicia que debía ganar adeptos a toda velocidad.

Y este es el gran problema de Pacific Rim: insurrección. El espíritu que Del Toro transmitió a su producto aquí queda totalmente diluido en manos de un director que, pese a poner la mejor de sus intenciones en su trabajo, no deja de atender a un encargo más. Toda aquella fascinación, aquel milimétrico seguimiento al producto final, la adoración y fe puesta en un proyecto de índole casi personal y con pocas posibilidades de triunfar, en Pacific Rim: insurrección no se refleja. La película de DeKnight sirve de secuela pero sin serla, olvidando por obligación a los personajes que sentaron las bases de lo que ahora pretende contar. Vale que regresan algunos, de forma anecdótica Mako Mori (Rinko Kikuchi), de forma un poco más continuista Burn Gorman como Hermann Gottlieb y Charlie Day como el Newton Geiszler, pero no existe la gracia, no se explota el color, y la razón dada para lo que ocurre es de índole tan peregrina y forzada que mete miedo que se haya permitido trasladar el plan a película. Se notan las prisas para que esta anunciada secuela no pasara a formar parte de los proyectos que pudieron ser y nunca fueron.

Sí, Pacific Rim: insurrección es entretenida y se deja ver, pero si al salir te preguntas las motivaciones de Jake Pentecost (John Boyega), la razón de la importancia de su rival y compañero Nate Lambert (Scott Eastwood), el porqué de la existencia de un personaje tan poco creíble como el de Amari Namani (Cailee Spaeny), o qué ha llevado realmente al villano a hacer lo que hace (e incluso plantearte cómo narices lo hace), obtendrás como respuesta un incómodo silencio. Lo mismo con lo secundarios, ojito a la importancia y presencia que tenía Hannibal Chau (Ron Perlman) en Pacific Rim, ojito a la relación padre / hijo entre Herc (Max Martini) y Chuck Hansen (Robert Kazinsky), ojito a la rivalidad nunca resuelta entre este último y Raleigh Becket (Charlie Hunnam), u ojito a la posible historia personal entre este y la propia Mako. En este aspecto, fundamental para construir una historia, Pacific Rim: insurrección es la más pura nada.

En fin, Pacific Rim: insurrección es anodina pero entretenida, secuela de alguna forma del film de Del Toro pero no queda claro si bien decidida o meditada como necesaria. ¿Hubiera sido mejor esperar? Pues no, sencillamente porque no se habría realizado nunca. A toro pasado es fácil hablar, pero Pacific Rim: insurrección no logrará cuajar por su total carencia de pasión y fe en lo que puede ofrecer. Al final una muy digna película donde grandes robots se meten de leches con imponentes criaturas Kaiju… menos de las esperadas y desde luego no tan impactantes como las de hace unos años.

Cartel de Pacific Rim: insurrección
Cartel de Pacific Rim: insurrección

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Publicado por Uruloki en
 

Era cuestión de tiempo que la obra de Ernets Cline “Ready Player One” fuera una realidad cinematográfica. Era cuestión de tiempo que se pusiera en marcha el viaje virtual por OASIS a la caza del huevo de pascua ocultado por esa especie de ser visionario a la Steve Jobs llamado James Halliday (Mark Rylance). Era cuestión de tiempo que todos aquellos que vivimos la cultura pop de hace 40 años en adelante (madre mía lo rápido que ha pasado el tiempo) nos sentáramos en una butaca de cine para quedarnos con el culo pegado ansiosos por darle a la pausa cada segundo del metraje de esta adaptación. Era cuestión de tiempo que Steven Spielberg volviera a sus orígenes, al cine que más transmite ese espíritu aventurero que durante muchos años fue lo más relevante y significativo de su estilo narrativo cinematográfico. Sí, Ready Player One es lo que esperamos, más allá de que su adaptación sea más o menos fidedigna a la obra de Cline, que por otro lado es guionista y responsable junto a Zak Penn de lo que se cuenta y por lo tanto consciente de las ausencias o cambios.

Ready Player One es puro entretenimiento de principio a fin, uno que por otro lado admite tantas formas de disfrute que todavía se hace más apetecible. Pensemos por ejemplo en el modo habitual que todos practicamos en sala grande, ese en el que te sientas y tratas de meterte en una historia repleta de personajes por los que sentirás o no empatía (hasta el villano encarnado por Ben Mendelsohn mola, ni que se llamara Fratelli… bueno, es Sorrento que le anda a la zaga), y con algo más que directas referencias a films de cabecera o culto que muchos hemos visto. Todo esto favorece el hecho de que nos sintamos como en casa mientras nos bombardean los sentidos. Para este visionado, el recomendado para una primera vez, te quedarás con los elementos más superficiales que aun siendo evidentes son cientos, una retahíla de referencias musicales, cinematográficas o contextuales, que al ser tan continuadas no dejan ni una pizca de tiempo para pararse en el resto que, por proteger nuestra salud mental, deberemos obviar. Spielberg de paso juega ligas mayores, introduciéndonos de cabeza en el cine más clásico y donde predomina una secuencia tan espectacular que, o la ves en cine o la ves en CINE. No queda otra posibilidad.

Tras este primer repaso toca un segundo visionado, uno que sin embargo difícilmente podremos disfrutar en sala grande y que deberemos esperar a  hacerlo en casa. Esto se debe a que Ready Player One es un huevo de pascua en si, de principio a fin, incansable,  extenuante y no apto para todos los públicos… no da puñetero respiro. ¿Y eso? Pues porque esas referencias que antes destacaba, y al igual que en la obra de Cline, van dirigidas a un conjunto de espectadores ya con cierta edad. Por lo tanto, puedes prepararte para el gran día mando en mano y consciente de que te espera por delante una sesión maratoniana en la que más de uno tratará de encontrar el millón de guiños que se ocultan en la obra de Spielberg. Ready Player One es frenética en este aspecto, no deja ni un momento de relax y requerirá de que el deseoso por descubrir  el ciento y la madre de guiños ponga todos sus sentidos a trabajar. No descarto desquicies varios o gente que por desesperación tire la toalla. Pero ojo, estos que nos lo pasaremos teta tendremos ya unos cuantos años.

Y llegamos así a la tercera posible forma de ver el film, una que debe entenderse como dirigida al "otro" público. Porque sí, podemos pensar que Ready Player One es para nosotros (en mi caso nacido en 1977), pero  para nada. Veremos que tal recepción tiene entre ese otro público a la que va dirigida esta producción de Warner Bros., un publico donde no reconocerán ni el 5% de referencias que se vierten en el film, pero donde Spielberg juega una baza mágica… Ready Player One es Los Goonies 2.0 y por lo tanto gustará a una nueva generación que acompañada por sus “mayores” se meterán de lleno en la historia de Wade Watts AKA Parzival (Tye Sheridan), y sus amigos gunters Art3mis (Olivia Cooke) o Hache (Lena Waithe) vs. el IOI de ese Sorrento con cara de ¿Superman villano?. Sí,  Ready Player One en manos de Spielberg es un inconcebible viaje para todos los públicos y seguramente una de las pocas veces donde disfrutarán generaciones distantes, padres e hijos, por igual, y donde los primeros explicarán el porqué de ciertas cosas a los segundos, y donde estos captarán con particular superioridad referencias que los primeros ni verán venir.

En definitiva, Ready Player One es una joya del entretenimiento, un derroche de efectos visuales, y un disfrute para toda la familia. El mejor Steven Spielberg, hacía falta un director como este para llevar a buen puerto una obra que de forma arriesgada juega con las vivencias de una generación pero que sin embargo podría quedar obsoleta para otras muchas.

Uno de los cartel de Ready Player One
Uno de los cartel de Ready Player One

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