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Opinión


Bueno, tras tres semanas apartado de los cines, lo que tienen las vacaciones y el poco tiempo, he regresado para recuperar el hábito y tras verme Misión Imposible: Nación Secreta (Mission: Impossible – Rogue Nation) hace unos días, a ver si encuentro el momento y hablo de ella, me pasé por el cine para ver Cuatro Fantásticos (Fantastic Four) de Josh Trank, la vapuleada y denostada revisión de las aventuras de la familia más icónica del universo comiquero habido y por haber. La pregunta rápida de la que todo el mundo espera respuesta es… ¿es tan mala como la pintan? Pues siendo sincero la verdad es que no, desde luego no es una buena adaptación, tiene grandes problemas, pero no se merece el castigo y desprecio que se le ha otorgado en la era de internet, medio en el que en cuestión de segundos lo mismo te encumbran como te hunden en el mayor de los oprobios. Entremos en materia…

La casa de las ideas tiene muchas historias que contar, pero cuando las obsesiones y objetivos de los estudios, 20th Century Fox en este caso, se ponen por delante a las verdaderas posibilidades del producto pues salen cosas como esta. Cuatro Fantásticos es un pequeño despropósito, una historia que podría funcionar asumiendo los riesgos deseados, se supone que Josh Trank originalmente quería mostrarnos Latveria, un auténtico Dr. Muerte y al mismísimo Galactus, y no optar por lo rápido, por dar forma a una aventura siguiendo una estructura mejor o peor para acabarla a toda velocidad, en modo "rápido que se nos pasa el turno de cena". Ese es el mayor desastre de Cuatro Fantásticos, no puedes arrancar con normalidad, desarrollar una idea que el fondo hasta es original e interesante y tirarla por la borda en una última parte tan fugaz como horripilante. Desde luego el guión de Simon Kinberg y Jeremy Slater se aleja por completo de lo que se podría esperar pero el trabajo de dirección de Trank, me pregunto cuánto quedará de su espíritu, también se las trae. Es una pena echar la vista atrás y ver todo lo que ha pasado, pero cuando la sangre llega al río y la descalificación hace acto de presencia el resultado de Cuatro Fantásticos se puede antojar hasta lógico y previsible.

Y todos los problemas que se suponen tiene el film se ven reflejados en la concepción y presentación de sus personajes. Vale que Reed Richards se está formando, pero aunque Miles Teller pueda ofrecer mucho más el enfoque dado al líder a tener en cuenta es pobre, se trata de un héroe sin carisma, huidizo, con el que logras empatizar un poco en el tramo medio del film pero que en general es tan anti lo que debería ser que no ves claro el camino elegido por Josh Trank para contar la historia de los Cuatro Fantásticos. Además, la amistad que le une a Ben Grimm, estático Jamie Bell hasta lo cansino, es la cosa peor tratada si lo que se pretende es vincular a estos amigos de la infancia que más bien parecen colegas casuales. La verdad, ¿qué pretendía hacer Trank?, ¿adaptar los Cuatro Fantásticos o inventarlos a la sombra de su primera incursión cinematográfica? (la muy recomendable Chronicle).

Sigamos, por ahí danzando también están Kate Mara y Michael B. Jordan, la primera anodina, el segundo rebelde, como debe ser, pero más individualista y enfadado con el mundo de lo que es en realidad su personaje. Bien Toby Kebbell, pero bien mientras da la cara, mientras es un Victor Von Muerte inteligente, un tipo malencarado, egocéntrico y ansioso por llegar a donde nadie ha llegado. Lo malo es su pintoresca transformación en Muerte, el resultado elegido por Kinberg y Slater da pena. El desastre efectuado, nuevamente, con el mítico personaje da que pensar y confirma que o nadie sabe explotar el potencial como villano que tiene el Dr. Doom, o, como Hulk, no vale para plantarle delante de la pantalla… cosa que dudo. Dr. Doom es espectacular, es uno de los mejores villanos del universo Marvel, un ser con un carisma y poder que, por dios, debe ofrecer mejor resultado de lo que hasta ahora hemos visto.

El definitiva estamos ante un producto transitorio, con un arranque curioso pero poco más, que deriva sin embargo en un más que interesante tramo intermedio donde se genera entre los personajes la mayor química posible. La fase de creación e investigación es perfecta, el viaje al denominado Planeta Zero, esa suerte de nueva Zona Negativa que provoca la mutación de los aventureros, hasta mola. El riesgo tomado, la inconsciencia y no temor al riesgo real, un viaje que deriva en el nacimiento de un grupo de héroes que funcionan por separado y que, castañazo en toda regla, con calzador acaban trabajando juntos en una hora de las tortas desabrida, breve, incoherente y muy triste. ¿Qué coño ha pasado? Pues no tengo ni idea, lo que queda claro es que se ha perdido una nueva oportunidad, el enfoque pese a las críticas era el correcto, el resultado vale mucho la pena en su tramo inicial e intermedio pero es tirado por la borda en una tercera fase, o acto. En fin, lo dicho, no es buena, eso está claro, pero desde luego no es mala y menos merecedora del castigo a la que se ha visto sometida. Cuatro Fantásticos debe considerarse como una película fallida y nuevamente deudora de la realidad que prometía.

Cartel castellano de Cuatro Fantásticos
Cartel castellano de Cuatro Fantásticos

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Y con Ant-Man son ya unos cuantos. Marvel Studios vuelve a presentarnos a un nuevo personaje de su vasta librería de carismáticos héroes y letales villanos, uno que además promete dar mucho juego visto lo visto en esta incursión tras las cámaras del inesperado director Peyton Reed. Esta vez el turno es el de un miembro "menor" de Los Vengadores que al igual que otros ha tenido varias encarnaciones a lo largo del tiempo. Lo que por otro lado demuestra el estudio con esta introducción es que no siempre es necesario extenuar al espectador con artificio de escándalo o con mil personajes en pantalla que son difíciles de seguir. Ant-Man es pequeña en pretensiones pero gigante en logros, un film que aúna lo personal de la vida del Dr. Hank Pym (Michael Douglas) y Scott Lang (Paul Rudd), con la habitual descarga de acción en la que, nuevamente, juntan el aspecto más físico de los personajes con el apoyo de los efectos visuales modernos que tantas piruetas permiten hacer. Ant-Man juega además con soltura con la comedia y los chascarrillos, obra del trío calavera Michael Peña, David Dastmachian y T.I., lo que añade como ya ocurriera con Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014) una dosis de frescura muy agradable.

Como era de esperar el MCU sigue cohesionado y Marvel Studios aprovecha un buen rato para recordárnoslo. Nada mejor que arrancar el proyecto con una ración de flashbacks donde conocemos los orígenes reales de Ant-Man, de su encarnación Hank Pym y de cómo S.H.I.E.L.D., breve paseo de Peggy Carter (Hayley Atwell) y Howard Stark (John Slattery), trató de sacar provecho de las investigaciones del doctor y su señora esposa Janet Van Dyne… curioso es que nunca le veamos el rostro. Por ello aunque la película trata de poner el foco principalmente en la vida de Scott Lang, la historia no escatima en darle toda la importancia que merece el pasado de Hank Pym, héroe que a la par que otros históricos como el Capitán América han luchado contra los villanos hace un buen puñado de años. Y de ahí saltamos a lo que todos ya sabíamos: Ant-Man es un film de robo, de uno a gran escala en pos de cumplir con lo habitual responsabilidad que recae sobre los hombros de los héroes de Marvel… salvar al mundo de amenazas que no logramos ni imaginar. Esta es la historia parida por Edgar Wright y Joe Cornish, y escrita en definitiva por estos dos aunque matizada por Adam McKay y el propio Paul Rudd.

La gran ventaja de Ant-Man, inversamente proporcional a su tamaño, es lo cercano del personaje. Recuerdo ahora lo bien que lleva el paso del tiempo películas como Capitán América: El primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2011) o su reciente secuela. Sus héroes son creíbles, humanos con características especiales sin egos que todo lo absorben. Ant-Man usa un traje para ofrecernos las secuencias de lucha más inesperadas y molonas de lo que lleva de historia el MCU. No tienen por qué ser mil secuencias, que va, llega con un par para dejarnos ojipláticos y concienciados de lo divertido que puede ser ver a Ant-Man miniaturizarse y agrandarse para zurrar al que se le ponga delante… sea quien sea. Además, mucha atención, Ant-Man es un director de orquesta, uno que se apoya en su ejército de hormigas que tienen tanto o más protagonismo que el propio personaje, y eso mola porque quita peso a la responsabilidad del héroe por estar presente en todo momento.

En definitiva, Marvel sigue haciendo su trabajo de forma muy especial con una Fase II compensada a la que habrá que echar un vistazo un día de estos al ser este el cierre de la misma. Ant-Man es una de las grandes de esta fase, no voy a decir que del nivel de Guardianes de la Galaxia ya que el carisma que tiene Chris Pratt no lo logra ni de broma Paul Rudd, pero se le acerca con mucho merecimiento. Por lo tanto, adelante con su visionado, más de uno se llevará una grata sorpresa por todo lo que puede ofrecer algo tan pequeño como el Hombre Hormiga.

Ah, del reparto… Paul Rudd correcto, Michael Douglas correcto, Evangeline Lilly pues normalita, Corey Stoll como ese minúsculo villano Yellowjacket pues endiosado y paranoico total, cosa de su Darren Cross y del odio que profesa hacia su mentor Hank Pym. Lo más llamativo la presencia de Michael Peña merced a un personaje que aporta tanta frescura al producto que deseas que te suelte sus impagables speechs modo "la prima de la novia del amigo del hermano de mi tío me ha dicho que el abuelo del vecino de tu colega de trabajo… blablabla". En definitiva, film totalmente compensado que aúna comedia, acción y mucha personalidad. La pregunta es obvia: What if Edgar Wright? Nunca lo sabremos pero podemos intuirlo.

El cartel IMAX de Ant-Man es bastante molón
El cartel IMAX de Ant-Man es bastante molón

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"El parque está abierto" y desde ya estamos todos invitados a pasar por la sala de cine y viajar, en parte, a otro tiempo, uno en el que quedamos perplejos disfrutando de un imposible titulado Parque Jurásico (Jurassic Park, 1994). Arranca junio y con ello la temporada de estrenos veraniegos, el primer plato que nos sirven desde el otro lado del charco es Jurassic World (2015), el esperado retorno al mundo creado por Michael Crichton que fue traducido en magia cinematográfica por Steven Spielberg, John Williams y un shock tecnológico en forma de combinación mágica de animatronics y efectos visuales CGI de mírame y no me toques creados por maestros de la talla de Stan Winston, se te echa de menos, Dennis Muren, Phil Tippett o Michael Lantieri. Jurassic World es una película fiel, una secuela como se espera, francamente superior a aquella olvidable Parque Jurásico III (Jurassic Park III, 2001) y mas aventurera y agradecida que la correcta pero transitoria El mundo perdido (The Lost World: Jurassic Park, 1997). También deja claro que es difícil sorprender y que es complejo dejar perplejo, este es el cuarto intento, así que nada mejor que orientar el producto al nuevo público objetivo que debe hacerse amiga de una saga que merecía ser rescatada por todo lo que puede ofrecer si hablamos de entretenimiento en butaca. Hagamos todo mucho más grande pero seamos fieles a los que hace 20 años fliparon en las salas.

Jurassic World ofrece todo lo que se puede esperar de ella, ya sea bueno o malo, y entre ello hay un repaso al pasado con referencias obligadas y agradecidas a aquel intento de parque que John Hammond (Richard Attenborough) trató de montar aunque con resultados un pelín funestos. A parte de que todo se ha puesto en marcha y por lo tanto no es un "mirad lo que puede ser" si no que es un "disfrutad de lo que es", uno se lo pasa bien viendo de nuevo la entrada al parque, simpática evolución del coche eléctrico al tren eléctrico, el guiño de Mr. ADN, el dilofosaurio en modo proyección 3D, la visita al edificio central del parque original, etc. Sumado a esto pues los mismos elementos que dieron forma a los films de Steven Spielberg, que no se olvide nadie que fueron dos. El héroe es en este caso perfecto, Chris Pratt y su Owen fusionan todo lo que eran por separado Alan Grant (Sam Neill) e Ian Malcolm (Jeff Goldblum), amor por los dinosaurios, galantería / machismo y liderazgo (o nuevamente machismo de caracter alfa). Genial, aplausos… pero empieza la cosa a no convencer del todo. La protagonista femenina, alejada por completo de las previas encarnadas por Laura Dern y Julianne Moore, es curiosa en muchos aspectos, y más porque no se quita los tacones ni para correr delante de un Tyrannosaurus Rex, que se supone se la merendaría a 40km por hora. Que sí, que Bryce Dallas Howard es un encanto de mujer y una belleza que quita el hipo, pero su personaje es relamido, estirado y crédulo, amén de facilón. Luego tenemos a los niños de rigor, nuevamente tan protagonistas, si no más, que los odiosos Tim y Lex ya que prefiero olvidar a los de las dos anteriores secuelas. No sé por qué los niños son así, igual es parte de la cláusula que reza "secuela aprobada", pero sobrevivir en un mundo como el que plantea Jurassic World donde palman hasta militares de operaciones especiales sólo está al alcance de los más molones, ¡aupa Owen!, o los niños. Hay villano de rigor, ese Hoskins encarnado por Vincent D’Onofrio vuelve a ser reflejo de ideas pasadas, lo mismo que el personaje que encarna Irrfan Khan. Vamos, que Jurassic World es un más que sentido homenaje… creo que decir que es un rip-off sería pasarse.

¿Pero hay diferencias? Claro que sí, como as meigas, hailas! Por lo pronto hay un dinosaurio mucho más grande. Ese Indominus rex creado en el laboratorio, criatura ad-hoc para mejorar el rendimiento de una atracción que se ve mueve millones. Un dinosaurio extremo, cercano al concepto del serial killer de peli de terror ya que mata por placer. Y a partir de ahí la fórmula que se sabe funciona, descontrol, la naturaleza abriéndose paso, muchos dinosaurios, la idea de los velocirraptores "domados" y como decía Ian Malcolm "uh, ah, esto es el principio… pero luego vienen las carreras y también los gritos". Jurassic World es eso, descontrol, dinosaurios a cascoporro y puede que una importante carencia de nuevas ideas. Pero bueno, el cine es entretenimiento y si funciona pues nada, alegría de la vida y todos tan contentos. La película va adelante, con sus obligados altibajos, algunas cosas que sobran, otras que vuelven a beber del pasado molando, y, eso sí, una sobrecarga de CGI que, en mi caso, desilusiona un poco / bastante. Este mismo fin de semana han puesto en la tele los films previos y mira que quedaban de maravilla los dinos en formato físico para primeros planos, etc.

Uno de los valores a tener en cuenta de este Jurassic World
Uno de los valores a tener en cuenta de este Jurassic World

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"¿Queréis salir de aquí? Hablad conmigo", esto era lo que Max (Mel Gibson) prometía a un grupo de supervivientes del páramo en la obra de culto Mad Max 2: El Guerrero de la Carretera (Mad Max 2: The Road Warrior, 1981). "¿Queréis verdadero cine de acción? Hablad conmigo", esto fue lo que George Miller nos prometió cuando se anunció este nuevo Mad Max: Furia en la Carretera (Mad Max: Fury Road, 2015) hace ya un buen puñado de tiempo. Sangre, sudor y lágrimas, una producción complicada, elaborada hasta el más mínimo detalle, cuidada y deseosa de traer al nuevo siglo un modelo de cine que ya habíamos olvidado. George Miller ha trabajado duro y una vez vista Mad Max: Furia en la Carretera no se puede decir más que este australiano es un artesano, un verdadero maestro, un genio convencido de que la fórmula sigue funcionando y un señor capaz de meternos en vena dos horas de acción sin pausa, de auténtico frenesí, de atronador espectáculo, de referencias e iconos, de paranoia, de situaciones impactantes, imparables e impagables, de locura enfermiza deudora del mismísimo Lord Humungus (Kjell Nilsson) y de conocimiento absoluto de conceptos como el del ritmo en el cine (ya sea pasado, actual o futuro). Mad Max: Furia en la Carretera es una odisea digna de verse una y mil veces, y que pese a tener defectos, que los tiene, supura cine espectáculo por todos sus putos costados, desprende aroma a queroseno y a desierto infinito.

George Miller se lo ha currado, ha vuelto a pensar en aquello de que el cine de acción es como una obra de ballet y cada movimiento debe ser pensado hasta el extremo. Todos los detalles, todos los cuidados, todos los pasos siguientes a dar deben ser meditados, coreografiados y cumplidos a raja tabla para lograr lo que ahora se ve en cines… Mad Max: Furia en la Carretera! Otra gran detalle, que puede ser visto de diferente forma, es la presencia de Tom Hardy en el film. Miller ha optado por dar un giro a la escena y si Max en el pasado era el protagonista de sus historias, el eje sobre el que todo giraba, aquí pasa a un segundo plano, crucial igualmente, dejando el papel principal y la responsabilidad de las cosas en manos de Furiosa, una superlativa Charlize Theron que se come la pantalla de forma escandalosa. Por lo tanto, ¿Mad Max? Pues sí, Mad Max como tuerca, como engranaje, como biela necesaria para que todo esto funcione y como eslabón crucial para que la historia se desarrolle y llegue al término que debe llegar. Eso sí, a Hardy le falta, pero mucho, para llegar al carisma que Mel Gibson, actor con mayúsculas, le daba al icónico personaje. Mad Max transmitía pero aquí acompaña… y no es lo mismo.

Miller por otro lado vuelve de paso a explorar una mitología de mutaciones, de tumores, de seres sin humanidad y con la cabeza perforada de mil formas. En primera fila la figura de Immortan Joe, regresa Hugh Keays-Byrne en un papel que le viene al pelo donde nuevamente sus ojos, otrota a lomos de una motocicleta, transmiten la villanía, el odio, la obsesión y el amor que siente por los diversos personajes que se cruzan en su camino. Es grotesco y es perfecto, criatura digna de villanos previos en este mismo universo (y con una caterva de familiares que ya ha pasado a engrosar la lista de monstruos del páramo). Conocemos a Nux, curioso elemento ya clásico en el cine de Miller / Max encarnado por Nicholas Hoult que pone sobre la mesa el "todo esto podría tener solución". Acompañado por las novias de Immortan Joe y una familia de nómadas futuristas volveremos a recuperar la esencia tanto de Mad Max: El Guerrero de la Carretera como de Mad Max: Más allá de la Cúpula del Trueno (Mad Max Beyond Thunderdome, 1985), con Miller apoyándose por completo en estos dos films y rescatando muchos de sus elementos para dar forma a esta nueva obra que, eso sí, no sabemos en que momento del tiempo se debería colocar o, incluso, si pertenece a ese mismo ciclo.

Para completar el producto una producción mágica, saturada de colores anaranjados desérticos y azules nocturnos, con una fotografía de John Seale fabulosa, una diseño de producción de Collin Gibson apabullante, o un vestuario bestial de Jenny Beavan. Todo enormemente magnificado por un equipo de especialistas de escándalo, pirotecnia para el espectáculo y coches, motos, camiones… coches, motos y camiones que explotan, que se deshacen en secuencias de infarto, de destrucción masiva y perfecto descontrol, está todo tan hecho al milímetro que da gusto haber esperado lo que hemos tenido que esperar. Sumemos la música de Junkie XL que te hace vibrar junto al sonido de los motores durante todo el puñetero metraje y ya está. Cine de acción revival, un retorno tan mítico como el que nos diera en su día Sylvester Stallone y su John Rambo (Rambo, 2008)… cine de acción con mayúsculas en un mundillo donde estas cosas parecían haberse olvidado.

Uno de los muchos apoteósicos carteles de Mad Max: Furia en la Carretera
Uno de los muchos apoteósicos carteles de Mad Max: Furia en la Carretera

 

Y resulta que con estas nos encontramos casi con el cierre de la tan cacareada Fase II del conocido como Marvel Cinematic Universe o MCU. Pronto llegará ese episodio aparentemente inconexo, Ant-Man (2015), pero con Vengadores: La Era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron, 2015) se sigue completando un interesante ciclo que llegará a su fin en el episodio doble que será Avengers: Infinity War (2018-2019)… ¿no os parece de todas formas un poco tardío? En fin, este nuevo capítulo en la vida cinematográfica de uno de los supergrupos más icónicos del espectro comiquero es además la despedida de Joss Whedon del conglomerado que nació no sé si con estas intenciones en 2008. Despedida todo sea dicho un pelín extraña, no se sabe si por cansancio o por diferencias con aquellos que tiene por encima (y que imponen como seguramente han impuesto en esta). Pero bueno, centrémonos en el film que es a lo que hemos venido. Vengadores: La Era de Ultrón es, de nuevo y por lo tanto sin sorpresa, lo que pretende ser, un paso más dentro del concepto este del blockbuster palomitero y mainstream, producto con el claro objetivo de entretener, que lo logra con creces, hacer cientos de millones en taquilla, esto no se duda, pero con varios puntos en los que flaquea respecto a su predecesora, imponente ejemplo de debut en un mundo en el que hasta ese instante no se había logrado nada mínimamente parecido.

El tema es que esta Vengadores: La Era de Ultrón se me antoja excesivamente estruendosa. Así como Los Vengadores (Marvel’s Avengers, 2012) te iba introduciendo en una historia que acababa derivando en una catarsis épica de proporciones bíblicas, y donde todos los personajes daban algo más que el do de pecho compartiendo de paso el protagonismo, ahora el despiporre arranca en el mismísimo minuto cero, la escena de introducción parece una extensión terráquea del final de la otra película, para por impulsos no terminar hasta el instante final del metraje. El vertiginoso conjunto de acontecimientos son agotadores y no hay descanso en el cual meditar sobre las tribulaciones que pueblan la cabeza de nuestros héroes y heroínas. Sí, hay instantes en el trabajo de Whedon que pretende llamar la atención sobre Tony Stark (Robert Downey Jr.) y sus apocalípticas visiones, algo parecido le ocurre a Thor (Chris Hemsworth) con su descontrol en Asgard, pero por otro lado viajas a los pasados, inexistente el del Capitán América (Chris Evans), o extremo el de la Viuda Negra (Scarlett Johansson). Para mí no es suficiente y el guión de Whedon parece apostar, no sé sin con descaro o por pura obligación contractual, por explotar más y más el ruido y la acción en lugar de contarnos un poco más sobre los miedos, que los tienen, de nuestros héroes. Que sí, que tenemos la sorpresa de la vida más privada y personal de Ojo de Halcón (Jeremy Renner), humano entre monstruos, o la forzada hasta el extremo "relación" entre Bruce Banner / Hulk (Mark Ruffalo) y la Romanoff, pero que queréis que os diga, parecen simples momentos de relax entre un caos de proporciones indescriptibles.

Eso sí, en medio momentos de andar por casa, la fiesta en la mansión Vengadores, chistes y chascarrillos por todas partes (algo así como fuera de tono cuando lo que pretendes es mostrar el lado más sombrío de unos héroes que ven como acontecimientos pasados puede acabar por superarlos si no toman drásticas decisiones), etc. Muy interesante la presencia de los hermanos Maximoff, explotada con eficiencia Wanda (Elizabeth Olsen) pero no tanto Pietro (Aaron Taylor-Johnson), llamativa la puesta en marcha de La Visión (Paul Bettany) y, no me olvido, Ultrón (James Spader). Aunque ojo, Ultrón desaprovechado, Ultrón como que descafeinado, Ultrón villano del momento que sirve de transición entre lo que hemos visto y lo que veremos. Por lo tanto, muy buena la idea de ahondar en la imperfección, los errores y temores, pero puede que insuficiente merced a un villano que es el gran reclamo en una cinta de acción sin parangón… y que se queda un poco en eso.

El resto pues un poco más de colapso, demasiadas presencias de rostros conocidos, todos deben tener su frase, venga o no a cuento, y un claro bajón respecto al impulso que había tomado la franquicia con las muy superiores Iron Man 3 (2013), Capitán América: El Soldado de Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014) o Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014). En fin, merece mucho la pena verla, pero en mi caso Vengadores: La Era de Ultrón me ha dejado con cierto sabor amargo y con la sensación de que he disfrutado de algo un pelín transitorio que con menos ganas de abarcarlo todo podía haber sido muy superior.

Cartel español de Vengadores: La Era de Ultrón
Cartel español de Vengadores: La Era de Ultrón

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Pues resulta que Chappie (2015) es el tercer viaje social en un universo de realismo y ciencia ficción para el sudafricano Neill Blomkamp. Un viaje en el que, no sé si bueno o malo, vuelven a explotarse todos los factores que con total agrado definieron y nos sorprendieron en aquella magnífica incursión cinematográfica, y opera prima, titulada Distrito 9 (District 9, 2010).

Aunque sufrió un temeroso bajón y notable traspiés unos años más tarde con Elysium (2013), Blomkamp vuelve a invitarnos a su tierra natal, a un Johannesburgo socialmente roto, con claras diferencias donde conviven ricos muy ricos y pobres olvidados. Esta vez el punto de partida es el nacimiento de un cambio radical a nivel seguridad poblacional. Los habituales agentes que velan por que todo cumpla con la rectitud establecida, sea como fuere, han sido sustituidos por una avanzada forma robótica denominada "Scouts" salidos de un jugoso acuerdo con una empresa privada, dirigida por la siempre interesante Sigourney Weaver. En esta distopia que se nos plantea uno de estos "Scouts" acaba como el rosario de la aurora tras una operación y no le queda otro destino que el desguace y reciclaje. Pero hay algo más, una de las mentes detrás de estos nuevos policías, encarnado por Dev Patel, decide ir un paso más allá y tras trabajar como un condenado desarrolla un nuevo software que servirá de germen para el nacimiento de Chappie (Sharlto Copley), un bebé, un niño y una esponja de IA ansiosa por aprender, comprender y socializar.

Esto sin lugar a dudas es lo mejor de la película. Pese a tener que interactuar con personajes hiperactivos y que, de forma innegable, no es que transmitan demasiado, la historia de Chappie llega a aportarte sentimiento, en mi caso lo hizo, y resulta entrañable ver la forma en el que nuestro inesperado protagonista se ve expuesto a un entorno no perfecto (violencia, desprecio, engaño, cariño, odio o venganza). Chappie crece condicionado por dos importantes factores, primero el de su creador Deon Wilson (Patel) que trata de inculcarle valores positivos, segundo el de los Die Antwoord AKA los infumables Ninja y Yo-Landi Visser, amén de Amerika (Jose Pablo Cantillo). El interés por enseñar de Wilson, que trata a Chappie como lo que es, un recién nacido, choca de frete con el ansia de aprovecharse de la inocencia del nuevo robot que profesa, sobre todo, el descerebrado de Ninja. En frente de estos, y como pie para recalcar lo del odio y frustración digno del mullet que se gasta uno más de los personajes protagonistas, otra historia de guerra interina entre Wilson y Vincent Moore (Hugh Jackman). Esta es la parte de la película que menos encaja… esta y el último tercio donde pasamos de una "comedia" entrañable a un desbarajuste de acción que deriva en el tercer acto similar al de historias previas que se sacan de la manga Blomkamp y su señora esposa, la co-guionista Terri Tatchell.

¿Entonces en qué quedamos? Pues siendo sincero Chappie se puede disfrutar. Te ríes, te emocionas, y puedes disfrutar de un nuevo derroche visual hiperrealista pergeñado por la mente de Blomkamp. Vives el robot, disfrutas con su crecimiento, cómo se mueve, cómo interactúa con los otros personajes, etc. Luego está la fase solución fácil, que es donde se pierde el tono al que te han ido acostumbrando durante cerca de hora y media de película. Otra cosa a no destacar es la presencia de los Die Antwoord, que ni van ni vienen, él por exceso y mala interpretación, sobreactúa cosa fina, ella por lo chuchurría que parece ser… es como si le faltara sangre, y nuevamente carencia de capacidad actoral. Me intriga la versión original por eso de escuchar a Copley dando vida a Chappie y su evolución mental. Muy grandes los momentos del robot robando coches y la inocencia que desprende cuando se da cuenta de los engaños a los que ha sido sometido por parte de todos aquellos que dicen quererle. Muy curiosa y para nada tan mala como la están pintando al otro lado del charco.

Uno de los carteles de Chappie
Uno de los carteles de Chappie

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Uno se pone a reflexionar tras disfrutar de Ex Machina (2015) y comienza la proclama… señoras y señores, estamos ante el debut tras las cámaras de un guionista potente como Alex Garland, uno del que han salido historias como las de 28 días después… (28 Days Later, 2002), Sunshine (2007), Nunca me abandones (Never Let Me Go, 2010) o Dredd (2012).

Con Ex Machina el señor Garland se inventa una historia de cero y se merienda el Deus que haría todo bastante más obvio para ir girando con el espectador merced a una narración envolvente, repleta de engaño y falsedad, de dobles y triples juegos, de duda y clarividencia. Acompañado por un reparto corto en número pero sobrado en calidad Garland nos cuenta la historia de Caleb (Domhnall Gleeson) y Nathan (Oscar Isaac), empleado y dueño, "compañeros" obligados a ser "amigos" ante la presencia de Ava (Alicia Vikander), el último juguete de Nathan y puede que la gran sorpresa tecnológica si en el mundo real viviéramos.

Ex Machina es de principio a fin una delicia, te atrapa, te ves inmerso en un debate moral, en un test de Turin de ida y vuelta y en unos personajes que te generan dudas de todo tipo. ¿Quién maneja la situación?, ¿quién lleva realmente el control? El espectador lo desconoce y pese a que el excelso trabajo de Garland al guión y a las cámaras te van guiando por una historia con todo el sentido del mundo uno no puede acabar más sorprendido a cada minuto que pasa de metraje.

Pues eso, Ex Machina es una de las joyas de la ciencia ficción del 2015 y si me apuráis de unos cuantos años hasta este día en el que vivimos. Inteligente y entretenida, perfecta en lo que plantea y en cómo lo explora hasta el climax múltiple de los últimos muchos minutos de desenlace. De regalo os dejo con el nuevo cartel del film para el marcado USA.

Último cartel de Ex Machina
Último cartel de Ex Machina

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El trío calavera que forman Matthew Vaughn, Jane Goldman y Mark Millar son los encargados de ponernos muy pero que muy contentos con Kingsman: Servicio Secreto (Kingsman: The Secret Service, 2014), adaptación y ejemplo del modelo creativo que define el enfant terrible Millar, y uno donde prima lo gamberro, auténtico, imaginativo y, amén, violento. Vaughn, aunque parco en trabajos si tenemos en cuenta la de años que lleva metido en el ajo, vuelve a dar el todo por el todo con una obra cinematográfica divertida, macarra, educada, hiperactiva y generosamente sangrienta. Ya en el pasado lo hizo de vicio, Kick-Ass: listo para machacar (Kick-Ass, 2010) le permitió probar lo que era unirse a estos dos colaboradores, X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011) o Stardust (2007) le sirvieron para trabajar con la Goldman y ponernos sobre la pista de grandes aventuras y mejores ideas… son lo mejor de lo mejor.

Kingsman, entrada por parte de Vaughn en un género que no había tocado hasta el momento, es por lo pronto una película que bebe de los iconos que hemos degustado a lo largo de muchísimos años si nos paramos a pensar en esa imagen del grupo de caballeros británicos que sin despeinarse y con formas depuradas son capaces de salvar el mundo, encabezados todo sea dicho por una impoluto y perfecto Colin Firth en el papel de Harry Hart, nombre el clave Galahad… sí, uno de los caballeros de la mesa cuadrada redonda del rey Arthur (Michael Caine), Merlín (Mark Strong) o Lancelot (Jack Davenport) también aparecen por la película. Estos caballeros son una suerte de agentes doble cero modernos a la par que clásicos donde prima la etiqueta en forma de planchados trajes a medida, y donde hay cabida para los cachivaches más inusuales, fantástico el zapato cuchillo a lo Rosa Klebb (Lotte Lenya), el paraguas de mil usos o la simple referencia al zapatófono de turno… algo muy pero que muy Maxwell Smart (Don Adams).

Pero Kingsman tiene mucho más ya que cuenta con su villano de postín, un magnate de internet que responde al nombre de Richmond Valentine, a esta versión de Samuel L. Jackson hay que escucharla en versión original, que siempre va acompañado por la frenética y escandalosa bailarina argelina Sofia Boutella… no me lo podéis negar pero esa Gazelle está al nivel henchman de Tiburón (Richard Kiel) o Oddjob (Harold Sakata)! Valentine es además un arma de doble filo, parece tonto pero en el fondo de esa tontería hay una mente perversa, excéntrica y sin un ápice de moralidad… de hecho mete miedo cuando le da congoja descubrir los efectos de su plan. Pero lo mejor de todo es que si bien este señor es el gran malo, es la realidad de nuestros días la que le permite hacer su trabajo. Que sí, que su plan es de los de uno entre un millón, es tan James Bond que se te hincha el pecho de sólo pensarlo, pero Millar, y por lo tanto Goldman y Vaughn, se ríen de los dirigentes de hoy en día, de las puñeteras corruptelas que protagonizan y del por qué no mirar para otro lado si de regalo voy a tener un suculento maletón repleto de billetes. Kingsman es por lo tanto un elemento crítico y por ello se disfruta mucho más.

Y paralelo a todo esto, a ese espíritu de las historias de espías de James Bond, F de Flint o el dúo dinámico John Steed y Emma Peel, se nos cuenta una segunda historia, una en la que el rebotado social Gary ‘Eggsy’ Unwin (Taron Egerton) es la baza elegida por Harry Hart para aprovechar la carencia de la pata de la mesa que son los agentes de Kingsman y cubrir así una vieja deuda que adquirió en su pasado. Egerton apunta muy alto, cubre con creces su papeleta de chico de barrio que apunta a nuevo agente Kingsman, apoyado por la planta y presencia de ese galán que es Firth. En definitiva, una película 100%, y me quedo corto, recomendable. De esas con las que te lo pasas teta, te ríes, lo flipas y te cubres de gloria como antaño lo hacías viendo las rocambolescas misiones de tus agentes secretos favoritos.

Mención especial al plano final de Hanna Alström como la Princesa Tilde… gamberrismo calenturiento!

Kingsman: Servicio Secreto
Kingsman: Servicio Secreto

Publicado por Uruloki en
 

Después de quedarme sin verla la semana pasada por culpa de un fallo con la cabina del cine, este pasado sábado, y pese a las advertencias, me fui a ver El destino de Júpiter (Jupiter Ascending, 2015), lo nuevo de los dispares Hermanos Wachowski, seres capaces de las más impresionantes peripecias, véase la trilogía Matrix o la reciente y sobrecogedora El atlas de las nubes (Cloud Atlas, 2012), o de los productos más catastróficos… sí, hablo de Speed Racer (2008). Dado que los hermanos Andy y Lana son gente de extremos, ¿en que lado debemos poner a El destino de Júpiter? Pues que queréis que os diga, ni en el uno ni en el otro, y de hecho ni en el medio. El destino de Júpiter es una rareza de tomo y lomo, un producto errático y atípico, repleto de referencias cansinas a su cine, que tan pronto combina la hiperactividad del mejor modelo de acción, hay alguna escena que quita el hipo y que sigue explorando esa marca por la que nos rendimos ante el arte de los Wachowski, con la pamplina más simple, rocambolesca, absurda y que te rompe el ritmo sin pararse a pensar por qué narices el espectador se merece esto.

El film es difuso, chocante, curioso en sus planteamientos, eso de la inmigrante rusa llamada Júpiter (Mila Kunis) que de pasar la escobillas por inodoros varios repentinamente pasa a estar en el punto de mira de toda la galaxia, la que nos controla y no conocemos, tiene un punto, pero su grotesca familia, su más extraña forma de vivir y un millón de cosas más, Soylent Green implícito, hace que te pierdas… casi tanto como el momento digno de Terry Gilliam en el que Júpiter, Kane (Channing Tatum) y un robot picapleitos se trasladan a "la casa que enloquece" de Las doce pruebas de Astérix (Les douze travaux d’Astérix, 1976). Por lo demás parece que la película no sabe qué hacer consigo misma, ¿va dirigida a un público sesudo por lo trascendental de su historia o es un producto exclusivamente palomitero? Pues en estos momentos sigo sin saberlo. Las piezas no encajan, los personajes no encajan, se supone que Balem Abrasax (Eddie Redmayne) es el villano pero pinta menos que la UGT con Franco, sus hermanos Titus (Douglas Booth) y Kalique (Tuppence Middleton) están pero no se sabe muy bien con qué objetivo. Las pintas de Tatum son dignas de ver, las pintas de la Kunis son mucho más dignas que ver que las de Tatum, y lo de el aparecido Sean Bean no funciona… y no funciona porque no hay épica ni tradición en su personaje!

En definitiva, en El destino de Júpiter los Wachowski pergeñan una space opera con posibles pero que tras construir un universo propio, personal, grandilocuento (y bastante histriónico) palidece y se pierde en un agujero negro de nadería… aunque quién sabe, igual el director’s cut de este film, recordemos que llega con casi un año de retraso, salva los muebles. Os no gustará.

Uno de los carteles de El destino de Júpiter
Uno de los carteles de El destino de Júpiter

 

Estimado Dan Gilroy, ya puede sacar pecho. Al igual que ocurrió ayer con Damien Chazelle y su impresionante Whiplash, lo suyo y su Nightcrawler (2014) es también para dar infinitas gracias.

Resulta que este veterano guionista, su pasado se viste de las muy irregulares Freejack: sin identidad (Freejack, 1992) o El legado de Bourne (The Bourne Legacy, 2012), aunque merece un fuerte aplauso por The Fall: el sueño de Alexandria (The Fall, 2006), ha dado con la tecla al sacarse de la manga la vida y obra de Louis Bloom, una suerte de esquizoide supino armado con una cámara que encarna con desagradable maestría el mago Jake Gyllenhaal. Gilroy nos cuenta una interesante historia, la de un tipo que en su propio mundo vive con esa lacra que confirma que no es capaz de hacer nada con su presente. Un día, y gracias a que se cruza con un "reportero" freelance interpretado por Bill Paxton, acaba por probar suerte en el medio del periodismo mediocre, del de los bajos fondos, la falta de moral y la superficialidad más absoluta, ese en el que explota el morbo más sangrante, literal, de los que podemos imaginar. Ríete tu de Tele 5 y sus milongas. Bloom se adentra a toda velocidad en un mundo siniestro y altamente competitivo movido por el regusto de lo macabro y lo violento, y, como pez en el agua gracias al impulso que le da la periodista encarnada por Rene Russo, va haciendo su agosto en la calientes noche de la ciudad angelina.

Gilroy no inventa nada nuevo, pero se anima a juntar en nuestro tiempo monstruosidades varias como las que ya conocimos viendo films como El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, 1960), El ojo público (The Public Eye, 1992) o Network, un mundo implacable (Network, 1976). Chupando de todas estas películas el director crea a este personaje que responde al nombre de Louis y nos emboba viendo su "arte". Bloom dirige, engaña, maneja, miente, corrompe y no duda en explotar todo aquello que nos puede resultar más deleznable, el último tercio del film es brutal como ya lo fuera el montaje que se sacaba de la manga Leon Bernstein (Joe Pesci) con sus cámaras de fotos. Pero eso que supera con creces el concepto de desagradable es a ojos de Nina Romina (la Russo), producto, calidad y, sobre todo, resultados. No importa la carencia de ética que tenga lo filmado por Bloom, es valor para el canal en el que trabaja la Romina, y por lo tanto hay que comprarlo, porque o ellos u otros, obviando debates internos sobre la moralidad, y emitirlo… aunque siempre apuntando eso de "las escenas que van a ver son violentas, están avisados".

En definitiva, Nightcrawler es otra que debe verse ya no sólo por lo mutante de Gyllenhaal, que mete miedo, si no porque pone sobre la mesa una especie que en realidad puede que ya exista… aunque, crucemos los dedos, no a ese nivel de mediocridad, ¿no?

Cartel de Nightcrawler
Cartel de Nightcrawler

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