• Ya es definitivo y el reboot de “Tales from the Crypt” de M. Night Shyamalan queda cancelado
  • Cannonball y Sunspot tienen ya rostro para X-Men: The New Mutants
  • El nuevo trailer de Baby Driver mola como para caerse de culo mil y una veces
  • Adam Wingard, un mítico de la serie B, será el director de Godzilla vs. Kong
  • Sitges 2017: Cartel del festival y primeros anuncios jugosos
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  • Neill Blomkamp presenta el trailer de su proyecto de cortos experimentales en Oats Studios
  • Sony Pictures ficha a Gina Prince-Bythewood para dirigir el spin-off Silver & Black (Silver Sable & Black Cat)
  • Netflix y HBO desembarcan en nuestras teles con trailers de Castlevania y la séptima temporada de Juego de Tronos
Opinión


Pues aquí tenemos el tercer episodio de una trilogía que arrancó en 2011 y que ha ido evolucionando a mejor, tras el arranque de Rupert Wyatt, gracias al trabajo realizado por Matt Reeves en su segunda y tercera parte. La guerra del Planeta de los Simios (War of the Planet of the Apes), cierre mayúsculo, basa su historia en un camino que discurre por dos senderos claramente definidos, el bélico mucho más cercano al subgénero de las grandes evasiones en el que se enfrentan humanos y monos, y el mesiánico, en el que nuestro protagonista César (Andy Serkis) busca la redención en un entorno en el que, cómo líder, es el guía de un nuevo pueblo que pese al paso de los años sigue siendo joven e inexperto.

Nuevamente la incomprensión y el odio exacerbado lleva al ser humano a mostrar su cara más odiosa como ya ha ocurrido a lo largo de la historia (la propia de la saga y la de nuestro mundo real). Además, esta vez la batalla toma un cariz diferente, uno basado en el encabronamiento del Coronel (Woody Harrelson), una suerte de Walter E. Kurtz que, convencido de que la culpa es de los monos, quiere aniquilar a los primates al tiempo que hace lo propio con su propio pueblo. Ya lo descubrimos en la muy notable El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the Planet of the Apes), también de Reeves, la raza humana se extingue sin solución por el virus de los monos y no hay nada que hacer. Por lo tanto, si uno puede ser causa o efecto del virus entonces sobras… esa es la visión del personaje de Harrelson: villano, obsesionado y básicamente trastornado.

Pero este odio reluce en ambos lados. En el humano ya lo he explicado antes, pero en el lado de los simios no se andan con chiquitas. Por César pasan los años y no es en vano. Las tensiones del pasado, Koba siempre estará presente, provocan en el líder dudas, resquemores y, por ende, odio. Su primer encuentro con el Coronel no hace más que disparar el desquicie de nuestro protagonista, y este odio provocará que se desboque más allá de las posibles consecuencias que más adelante dará como resultado. Ahí es donde la humanidad de César está más presente. Sus sentimientos, el sufrimiento al que se ve enfrentado, es propio de los humanos acabar tomando decisiones arriesgadas y alocadas, en muchas ocasiones poco meditadas y que tendrán seguramente efectos nefastos sobre tus iguales.

La guerra del Planeta de los Simios es la historia de dos mundos diferentes, pero en el fondo muy iguales. Tecnológicamente desequilibrados pero, en el fondo, que buscan un objetivo común… la supervivencia. A la ya de por sí gran historia que nos plantean los guionistas Mark Bomback y el propio Reeves, debemos sumar la maestría musical de Michael Giacchino, genio que logra llegar al corazón al tiempo que a la mayor de las emociones. De regalo Reeves dirige una película casi sin diálogo, de miradas, de sensaciones y de decisiones pero, eso sí, no exenta de momentos de acción sin freno (la secuencia de arranque es vertiginosa). En definitiva, vale mucho la pena y creo que es el cierre ideal para un enfoque del inicio que, si regresara, debería viajar en el tiempo mucho más adelante para evolucionar en otro momento relevante del universo del Planeta de los Simios.

El cartel final de La Guerra del Planeta de los Simios, cine con mayúsculas
El cartel final de La Guerra del Planeta de los Simios, cine con mayúsculas

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Del director de Shaun of the Dead, del responsable de Arma fatal (Hot Fuzz), del genio que adaptó Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World), del apocalíptico padre de Bienvenidos al fin del mundo (The World’s End)… estos son los cuatro proyectos que definen la carrera cinematográfica de Edgar Wright, "Spaced" es harina de otro costal, y Baby Driver es la última joya que se ha sacado de las manos.

Baby Driver es cine rodado a ritmo, decenas de secuencias medidas al milímetro para que ese paso, ese movimiento de manos, ese guiño o mueca y es giro de volante, coincidan con un toque musical de la pieza que en ese instante esté definiendo la vida de Baby (Ansel Elgort). Baby Driver es originalidad, una fusión imposible de géneros como el musical roquero y el cine de persecuciones que lleva sembrando las pantallas desde hace ya unas cuantas décadas (aunque de forma bastante esporádica). Baby Driver es a Edward Wright lo que Ronin a John Frankenheimer o lo que Punto límite: cero (Vanishing Point) a Richard C. Sarafian… un punto destacado en sus filmografías. Baby Driver es cine sorprendentemente violento en la que un joven obligado a cumplir un pacto de sangre por un error de adolescencia debe lidiar con tipos ansiosos por apretar el gatillo y que responden a motes tan básicos como Doc (Kevin Spacey), Buddy (Jon Hamm), Darling (Eiza González)o Bats (Jamie Foxx). Baby Driver es velocidad, mucha, rodada con sobresaliente maestría y donde nada se nos puede escapar. Baby Driver es también una curiosa historia romántica, el nacimiento de una odisea de amor donde las miradas, la música y los diálogos breves hacen que más temas por el destino que les espera.

Edgar Wright, después del fiasco Ant-Man, se despeina y ofrece una de sus mejores películas, tan frenéticas como las anteriores aunque en lugar del in crescendo habitual, en Baby Driver ya vas todo el rato por encima de las revoluciones permitidas. Da gusto ver lo bien que se le ha salido al director británico su nueva aventura, y se demuestra que la independencia personal que define su cine es la mejor carta de presentación posible. No hay nada como mantenerse alejado de las grandes corporaciones y los grandes estudios que terminan por obligarte a hacer lo que el mercado les demanda.

Baby Driver es una joya, imparable, que parte a alto nivel y acaba completamente descontrolada en un tercer acto donde el consumo de gasolina deja completamente vacío el depósito del despiporre. Debe verse una y más veces para pillarle los detalles, para fijarse en la imposible coreografía que han parido, y, sobre todo, para disfrutar de una sensación de velocidad auténtica. No puedo contar nada porque debe disfrutarse sin descubrir todos los secretos que oculta, que no son pocos y sorprendentes.

El último póster molón de Baby Driver
El último póster molón de Baby Driver

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Tras un par de días desaparecido, obligaciones varias, es momento de hablar de una diosa recién llegada que dando un golpe en la mesa ha gritado… "he venido para quedarme". Este pasado viernes al fin ha llegado a los cines Wonder Woman, el nuevo episodio en el denominado como DC Extended Universe, y proyecto que define con grandeza el tercer pilar de un futuro conglomerado comiquero que cuanto más crece más mola. Antes fueron Superman en El Hombre de Acero (Man of Steel), luego fue principalmente Batman, aunque no sólo él, en Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice), y ahora son Wonder Woman, Gal Gadot y Patty Jenkins… un tres en una que además de seguir confirmando que aquí hay muchísimo potencial, Warner Bros. / DC Films seguro que siguen llorando de alegría con el éxito cosechado, presenta a un superheroína como debe ser, que no genere dudas sobre su adaptación (no miremos hacia otros lados) y, las cosas claras, superior en casi todos los aspectos a sus equivalentes masculinos. Lo dicho, golpe sobre la mesa y más que merecido aplauso.

Wonder Woman no reinventa un género, ni lo pretende, pero se reafirma que el western del siglo XXI tiene todavía mucho que ofrecer, y que con suerte estaremos aquí los espectadores para disfrutarlo. Una historia muy bien elaborada, de tono narrativo clásico que transita desde el nacimiento de nuestra heroína, su idílico periplo hacia la madurez y la posterior y definitiva pérdida de la inocencia haciendo frente a las situaciones más duras y desagradables… lo dicho, clásico pero ideal. Esta narración transita además entre la mitología y la cruda realidad, una que toma como base el destino de las Amazonas de Temiscira, su obligación para acabar con Ares, Dios de la Guerra, y el cómo cambian las cosas cuando Diana (Gadot) debe salir de su paraíso secreto y llegar a este nuevo mundo reinado por el primer gran horror armamentístico de nuestra historia… la Primera Guerra Mundial. Aquí es donde Wonder Woman triunfa. Abandonando el estilo de los films predecesores de su universo, a los mencionados encuentros con Superman y Batman debemos sumar ese extraño compendio de villanos que es Escuadrón Suicida (Suicide Squad), el film de Patty Jenkins pone el ojo donde, reconozcámoslo, lo puso previamente Marvel con su Capitán América: El Primer Vengador (Captain America: The First Avenger), y da forma a una historia de aventuras, de sentimiento, de primer amor, y de golpe a la patata. Ambos films tienen mucho en común. Si bien sus puntos de partida son completamente diferentes, desde luego defienden los mismos valores y eso es lo que, por descontado, hacen que en este caso de Wonder Woman, la película también crezca en torno a un sentimiento de esperanza y fortaleza frente a un evento salvaje donde la barbarie humana todo lo destruye.

Mismos mimbres, repito que no se pone en duda, pero diferente elaboración. El poso de Wonder Woman es grandioso, es de nacimiento de un personaje que puede dar mucho más de lo que hace años se pensó y descartó (recordemos aquella aventura en la Segunda Guerra Mundial que Joss Whedon quiso rodar en 2005 pero que acabó muriendo en 2007). Segundo, Patty Jenkins deja bastante claro que este no es un mundo de hombres. El poderío visual se transmite en pantalla y es el valor del director que está tras la dirección lo que establece el resultado final. Aquí la Jenkins deja bastante claro que donde hay saber hacer lo mejor es estar callados y mucho ojo a cómo rueda esta señora las escenas de acción.

En definitiva, lo mejor es verlo en pantalla unas cuantas veces si tercia. Disfrutar del buen cine de aventuras, de acción, de golpe de realidad en un universo ficticio y comiquero. Disfrutar también de este diamante llamado Gal Gadot, actriz de rostro angelical pero imparable (por destructiva) defensora de sus ideales. Wonder Woman es la gran joya de Warner Bros. / DC Films y ya pueden ser respetuosos con le personaje… ha nacido una nueva franquicia y ahora sólo queda que sepan manejar el futuro de la misma.

Genial cartel de Wonder Woman
Genial cartel de Wonder Woman

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Y en estas Universal Pictures se sintió desplazada de la moda que agita Hollywood estos años, y por esa razón decidió pergeñar un plan aparentemente genial, uno en el que los grandes monstruos que poblaron la era dorada del cine en blanco y negro eran iconos con legiones de seguidores. De ese plan, y de las mentes preclaras de Alex Kurtzman y Chris Morgan, vaya par, nació Dark Universe, un sello que debuta con el film que nos reúne hoy en esta entretenida pero no amable lectura.

La momia (The Mummy), con Kurtzman a los mandos y debutando en esto de dirigir un proyecto de gran producción (si bien de gestionar estos tinglados controla un rato de su etapa con Roberto Orci), cuenta con un guión que cumple con los cánones que imperan en el cine blockbuster de hoy en día… ha sido escrito por demasiadas manos. Entre los implicados tenemos al multipremiado David Koepp, el ganador de un Oscar Christopher McQuarrie, un tal Dylan Kussman, ideas dadas por el discutido pero muy de moda Jon Spaihts, más aportaciones de, otra vez, Kurtzman y otra tal Jenny Lumet. Lo dicho, demasiados huevos para una misma cesta.

Con todas estas mentes ofreciendo su granito de arena me pregunto que esperaban obtener en el estudio, porque el resultado no deja de ser el mayor refrito que ha parido madre en mucho tiempo. Un refrito donde se asimilan grandes ideas como la absorción de vidas de la mítica Lifeforce: Fuerza vital (Lifeforce) de Tobe Hooper, pero sin Mathilda May, la presencia del amigo muerto viviente que te da consejos como ocurría en Un hombre americano en Londres (An American Werewolf in London) de John Landis, pero sin Griffin Dunne, el arte arquelógico de Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade) de Steven Spielberg, pero sin la química Dr. Jones / Elsa, y hasta los templarios muerto vivientes de La noche del terror ciego, El ataque de los muertos sin ojos, El buque maldito y La noche de las gaviotas, todas ellas del gallego Amando de Ossorio. Se puede asegurar que hay más ideas adoptadas pero habrá que ver alguna vez más este pastiche (si es que se tiene estómago para hacerlo).

Como colofón la idea del millón: nada mejor que depositar todas tus esperanzas sobre los hombros de actores sobradamente conocidos, estrellas (en otro tiempo), que se han labrado una carrera con gran esfuerzo, pero que hoy en día ya no son el imán que fueron, y no se yo si lo volverán a ser. Tom Cruise es el protagonista de La momia y como se supone cuando protagoniza una película, Cruise es el centro de todo y en torno a su persona se gesta la historia. Por lo tanto, sorpresas las justas (por no decir que ninguna). Es innegable que sin ver la película, o viendo el primer avance de hace ya unos meses, se sabe ya por donde van a ir los tiros. Vale, podemos asumirlo, el espectador conoce de la importancia de la presencia de Cruise y admite que no habrá grandes impactos. De ahí pasamos al cine de acción más made in Hollywood posible, muy bien elaborado todo sea dicho, pero que como ya comentaba antes bebe de tantas fuentes que originalidad nula. Terminar de regar la historia con una presencia un tanto anodina, Russel Crowe es un convidado de piedra en la piel de un personaje con cero vitalidad, y termina haciendo un innecesario guiño a las aventuras de Brendan Fraser. ¿En qué estaban pensando?

La momia apunta a primera gran oportunidad perdida, una película de acción más, con algunas secuencias molonas pero deudoras de series B notablemente superiores a esta producción Universal Pictures. La verdad, el enfoque se antoja como nada correcto, igual el bueno pudo haber tratado el producto como algo más del estilo de El hombre lobo (The Wolfman), la de Joe Johnston, pero tratando de ser conscientes de lo que pretendes reinventar. La momia pretende ser el debut de un sello de terror y se queda a medio camino entre la comedia, el cine de aventuras y de acción. Oportunidad perdida, veremos el siguiente episodios.

Uno de los pocos carteles decentes de La Momia
Uno de los pocos carteles decentes de La Momia

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En estas llegó Jordan Peele, actor puro de comedia ácida y crítica, al universo del presupuesto ajustado para el cine de género de terror que propone Jason Blum bajo su enorme sello Blumhouse. En estas el bueno de Peele fusionó en un film de terror como Déjame salir (Get Out) aspectos tan presentes en la sociedad norteamericana actual como ese racismo latente del que somos espectadores en los informativos / telediarios de vez en cuando, o las historias de relaciones personales más transgresoras como la narrada hace ya un montón de años en Adivina quién viene esta noche (Guess Who’s Coming to Dinner).

Con un nuevo presidente en la casa blanca "yo habría votado por tercera vez a Obama", Peele junta en pantalla una suerte de historia (muy) macabra donde se juntan elementos evidentes de odio racial, aquí el inserto de crítica social como ya lograran otros en su tiempo como John Carpenter, como malabarismos grotescos y típicos del horror más contemporáneo como la absorción de la vida, la suplantación de identidad, los mad doctors y la comunidades cultistas. Sí, Déjame salir es un entretenido refrito de ideas clásicas como las propuestas en La semilla del diablo (Rosemary’s Baby) y su secta pro-diablo, los hipnotismos lavados de cerebro de El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate), o las autómatas de "Las poseídas de Stepford", pero al tiempo es una curiosa propuesta de película con aroma clásico y tendiente a la comedia (macabra), hay hasta algún chascarrillo a Los padres de ella (Meet the Parents) como cuando el padre se muestra no conforme con los meses que llevan de relación los protagonistas.

La película es una obra a tres bandas. Por un lado el desencajado actor protagonista. Mola Daniel Kaluuya y su capacidad de sufrimiento. Esos ojos fuera de sus órbitas, ese blanco leche de esos globos oculares que aportan un malsano contraste a su tez negra. Junto a él la niña pija de turno encarnada por Allison Williams. Mujer de múltiples facetas nunca mejor dicho. Para rematar la madre de familia encarnada por Catherine Keener y suerte de Minnie Castevet que te pone los pelos de punta cuando saca provecho de sus "cualidades". El tapete de juego lo completan una caterva de amigos, criados y familiares que ya con verlos parece que están calculando a cuánto el kilo de carne negra y que de manera subrepticia no se esconden a la hora de desvelar qué les mueve, aunque el espectador no se dé cuenta de ellos hasta más avanzada la historia. Geniales sentencias esas de "me encanta tu capacidad de ver las cosas", "lo negro está de moda", o el "qué tal tu juego de golf", todas ellas con elaborado sentido de lo que en realidad estás viendo.

A la película hay que pillarle el punto, no es sencilla y cuesta disfrutarla. La verdad es que Peele te incomoda con su historia (bravo), pero se queda un pelín cojo con el amigo maestro del chascarrillo brother del protagonista Chris (Kaluuya)… cansa LilRel Howery. Además, ese descafeinado final, a medio camino entre lo estándar y lo glorioso, deja un poco cojo el resultado final, que no por ello desmerece. Favorecen la enfermiza historia lo paranoico de muchos de los personajes de apoyo como el hijo, encarnado por ese pálido Caleb Landry Jones, la cocinera o el encargado de los jardines. El mal rollo viene servido con miraditas, risotadas y lágrimas fuera de contexto que no sabes en que narices pueden acabar derivando. La verdad, me has gustado por lo diferente que es y porque no usa el factor sobrenatural que hoy tanto se explota. Es un terror más de andar por casa, presente, perturbador, malsano, supremacista, espeluznante y francamente odioso.

Todo es blanco y negro en Déjame salir
Todo es blanco y negro en Déjame salir

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Pues en esas estamos, la franquicia Alien regresa con buen sabor de boca al cine después del viaje de la Prometheus, uno que muchos desearon no haber visto nunca (yo sin embargo la disfruto una vez al año por lo menos), y ahora nos embarcamos en la Covenant y su periplo espacial colonizador de planetas con ansias de acabar terraformados, perfecta antesala (que no lo es) de lo que ya pudimos ver en otro tiempo…

Al tema. Comprendo las críticas que en su día se hicieron a Prometheus, las admito, pero este universo es tan intenso e inmenso que vaya por donde vaya raro es el proyecto cinematográfico que no acabe por entretenerte o disgustar a partes iguales, ya se sabe que nunca lleve a gusto de todos. Con esta advertencia en mente y como punto de partida, hay que reconocer que Alien: Covenant no es para nada perfecta, pero en el fondo debería dar igual cuando estamos ante un film que logra encauzar muchos de los frentes que se abrieron en el viaje de la doctora Elizabeth Shaw (Noomi Rapace). Es más, merecidamente esta película pasa a ocupar un puesto relevante dentro de una franquicia que ha sido largamente explorada y que, a diferencia de otras segundas partes, vuelve a contar con un Ridley Scott tomando de nuevo las riendas y demostrando la maestría que sigue atesorando como narrador de cine.

Personalmente creo que lo peor que se pueda decir de Alien: Covenant es lo poco sorprendente que resulta. Es difícil hablar sin desvelar, pero llega con decir que en un universo sobreexplotado, aportar novedades es francamente complejo. En cierto modo me gustaron mucho más ciertas revelaciones de su predecesora Prometheus, pero está claro que los guionistas elegidos esta vez, John Logan y Dante Harper, han optado por ir un poco más al grano que en el 2012 se dejó un tanto de lado. No sé si para bien o para mal, pero Alien: Covenant es el salto directo a la marca que mucha gente esperó ver en Prometheus. Si en aquel momento muchos pensaron menuda tomadura de pelo, en esta otros tantos comentarán que no han sabido frenar a tiempo y que la evidencia resulta hasta rocambolesca. Por otro lado, esta vez se juega con un aspecto francamente poderoso de la historia, uno que además funciona y desvela lo monstruoso que puede ser todo más allá de la propia criatura que muchos querían ver… el xenomorfo. Ya se entreveía en Prometheus, y aquí explota de la mejor forma posible. Para ello llega con contar con un doble Michael Fassbender, absoluto protagonista acompañado por un elenco de colonos que levantan un interés proporcional al que duran en pantalla. Fassbender es David y Walter, versión 1.0 y 2.0 de un mismo ser, un sintético obsesivo y uno carente de obsesiones. Seres idénticos que sin embargo no pueden ser más diferentes. Con esto se completa el 95% de la película, el resto es una monster movie francamente bien elaborada y perteneciente a un universo que todos adoramos.

¿En definitiva? Pues que bravo. Entretiene, sirve para resolver entuertos de Prometheus, sirve para que los fans de la criatura se sientan conformes, sirve para establecer lo que ha de pasar en una obligada tercera parte, etc. Sirve para muchas cosas, pero lo más importante es que sirve para seguir disfrutando de una saga pura, un icono del terror y la ciencia ficción que siempre te hará pasar un buen rato. Yo compro y seguiré comprando.

Póster de Alien: Covenant
Póster de Alien: Covenant

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Tras una larga espera Marvel Studios nos presenta Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (Guardians of the Galaxy Vol. 2) y pone de nuevo rumbo a la comedia mainstream más desenfadada como ya hiciera en su primera parte, pero, eso sí, explotando mucho más que su predecesora aspectos emocionales que seguramente tocarán la patata a más de uno. James Gunn sigue haciendo suyo el producto, es evidentemente fresco, aunque esta vez las circunstancias le obliguen a encorsetarse más en el modelo Disney, por lo que Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es un film para todos, grandes y pequeños, y hay que cumplir con su verdadero y único cometido… entretener y hacer disfrutar al público. Lo logra aunque en el fondo sea más plano que la genial primera entrega.

Esta segunda parte deja de lado la grandeza aventurera de la anterior, en aquella además de presentarnos a todo el grupo se vinculaba a los héroes directamente con el hito final que veremos / viviremos en Vengadores: La Guerra del Infinito (Avengers: Infinity War, 2018), y centra su historia 100% en los personajes protagonistas indagando en mayor o menor medida en lo personal de cada uno como es la paternidad de Starlord (Chris Pratt), ya no es sorpresa que Ego (Kurt Russell) es su padre, la relación entre las hermanas Gamora (Zoe Saldana) y Nebula (Karen Gillian), la completa sensación de abandono que sufre Rocket (Bradley Cooper) o la sobreexplotación de lo entrañable que resulta ver todo lo que hace Baby Groot (Vin Diesel)… estaba claro que tenía que ocurrir. Sorprende sin embargo, aunque seguro que más de uno lo entiende como necesario, la completa gimlificación de Drax (Dave Bautista), haciendo de un personaje permanentemente fuera de onda en la primera, de ahí su gracia, un trasunto de bufón que, por momentos, no pega ni con cola y hasta resulta cansino. Eso sí, el film recupera con gran acierto otras presencias que ya nos acompañaron en la anterior historia como Yondu (Michael Rooker), y se vale para argumentar ciertas razones no aclaradas en el pasado que de paso relacionan más íntimamente a nuestros personajes.

Guardianes de la Galaxia Vol. 2 no obstante se mueve dentro de un envoltorio repleto de espectáculo espacial donde destacan las frenéticas persecuciones / batallas espaciales con los Soberanos, o el despiporre visual que es Ego en si. Vale también para disfrutar de las mil referencias a los cómics con la presencia de la raza de los Vigilantes, ese vistazo al verdadero planeta comiquero Ego, o el guiño modo evidencia a la futura presencia de Adam Warlock (entre otras muchas). Además, pone el foco sobre dos personajes que no creo que tengan continuidad pero que están ahí y que resulta simpático ver. Mantis (Pom Klementieff) no es que aporte demasiado creo yo, y Stakar Ogord / Starhawk (Sylvester Stallone) hasta podría formar parte de Guardians of the Galaxy Vol. 3. Desde luego Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es entretenida. Tiene chistes frescos, absurdos y forzados. Juega con las emociones, bravo, y se nos clava en las retinas y en la orejas como ya hizo su anterior parte. Eso sí, no transmite y no llega al fondo como si logró su predecesora.

El cartel de Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es un despiporre de color
El cartel de Guardianes de la Galaxia Vol. 2 es un despiporre de color

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Aunque ya ha pasado una semana desde que vi en cines Ghost in the Shell de Rupert Sanders, aprovecho ahora un pequeño hueco entre tanta noticia y compromiso para hacer un breve recorrido por esta adaptación de la icónica y estupenda obra manga de Masamune Shirow y su excelsa versión anime dirigida por Mamoru Oshii.

Obviamente las pretensiones de Hollywood cuando hablamos de remakes, y más de esta índole, suelen tirar hacia abajo. En este caso no es para menos y pese a todo lo visualmente imponente que resulte el producto final, que lo es, la impersonalidad de un director como Sanders o de guionistas cero relevantes auguraban lo que finalmente ha resultado… no es una castaña pilonga, no, pero tampoco es el Ghost in the Shell que seguramente esperábamos ver (aunque ese modelo iba a ser sumamente complejo de presentar a un público mainstream). Pero ojo, porque adaptar la obra de Shirow y la visión de Oshii no es cosa fácil, de hecho el proyecto lleva dando vueltas casi una década sin que nadie se haya decidido a dar el paso definitivo… hasta ahora. Y no creo que este periplo haya sido por no querer hacerlo, si no porque el cómo ha sido algo francamente complejo de decidir.

Ghost in the Shell versión Rupert Sanders juega con los elementos más simples de la obra original, añadiendo nuevos de posteriores en la franquicia anime, olvidando otros cruciales, pero mostrando en pantalla auténticos planos / cuadros que son fieles reflejos visuales de lo que Oshii creó. Lo que sí queda claro es que todo está simplificado para ser digerido por el público en general, abandonando (aunque esté ahí medio presente) lo más metafísico que rememora a los cánones sobre los que se aposentó la obra maestra Blade Runner: el ser humano, la propia identidad, el sentido de pertenencia y la inteligencia artificial. Aquí todo se soslaya, si, hay detalles de humanidad e identidad, pero en definitiva mucho más cine de acción que una narrativa compleja que te obligue a devanarte los sesos para comprender (como ya ocurriera con el film de Ridley Scott).

El reparto pues correcto, a Scarlett Johansson no es que la vea en el papel, más a Pilou Asbæk o Takeshi Kitano que logran un acondicionamiento mucho más solvente que la megaestrella. Pero bueno, es cine de acción, es cine de Hollywood y muchas veces tampoco se le puede pedir mucho más. Eso sí, visto el resultado que está teniendo en taquilla uno se plantea qué habría pasado si se hubiera pasado por entrar hasta el fondo en las dudas filosóficas del anime. ¿Le hubiera ido igual de mal? Pues puede que sí, pero entonces habría sido eternamente recordada, cosa que ahora no será así.

El cartel más molón hasta la fecha de Ghost in the Shell
El cartel más molón hasta la fecha de Ghost in the Shell

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Este pasado domingo encontré un hueco para echar un vistazo a la prometedora Kong: La Isla Calavera (Kong: Skull Island) del hasta ahora, al menos para mi, desconocido Jordan Vogt-Roberts. La verdad, tras la muy irregular Godzilla de Gareth Edwards estaba reticente a esperar algo realmente sorprendente de un nuevo monstruoso producto de la factoría Warner Bros. El resultado sin embargo toma un rumbo francamente prometedor para una franquicia no correctamente explotada (que no sobradamente explorada).

Kong: La Isla Calavera es verdadero cine de aventuras, de altas esferas donde el ritmo, la acción, y la vistosidad de un espectáculo de efectos visuales nos ponen a los pies de un gigante como nunca antes lo habíamos visto… es grande de narices. Hay que reconocer que el proyecto dista mucho de la solemnidad con la que Edwards trató el film anterior de esta nueva saga, y eso que ambas criaturas, Godzilla y Kong, viven en un universo compartido que dentro de poco poblarán (si esto es posible) juntas. Vogt-Roberts, desconocemos si aleccionado o no, toma su propio rumbo, uno en el que el espectador es el protagonista porque debe salir del cine diciendo a grito pelado "id a ver esta puñetera película". Edwards esto no lo logró, los trailers nos dieron una cosa, la película otra, el producto Vogt-Roberts no engaña a nadie y lo que lleva ofreciendo unos cuantos meses vía trailers es lo que han estrenado en cines, sin tapujos, sin artificio, sin medias tintas… Kong: La Isla Calavera es la versión de King Kong que queríamos ver, una donde el mono no tiene que perder la cabeza por la dama (curioso sinsentido), ni tiene que acabar metido en un barco camino de una feria mundial para ser expuesto como mono de feria… y nunca mejor dicho.

En un tiempo donde el artificio es lo que prima, el enfoque de este Kong es lo que uno espera. Por eso se puede decir que ver a un bicho de semejante tamaño a las primeras de cambio zurrándose contra helicópteros comandados por una suerte de Walter E. Kurtz a la Samuel L. Jackson obsesionado por puro vicio es más que suficiente. De regalo unos anodinos Tom Hiddleston, Brie Larson, John Goodman o Toby Kebbell (este tipo iba para ser alguien en el cine y se está quedando en el mayor ostracismo, aunque aparezca acreditado como el expresivo Kong). Se salva un poquitín John C. Reilly, curioso personaje que funciona tanto como alivio cómico del producto final, como transmisor en nuestra lengua de lo que el rey Kong es en realidad… el mismo rol que el Godzilla de Edwards, un ser de otro tiempo, una especie de dios imparable que habita en este planeta para evitar que criaturas como los MOTU, calamares gigantes, arañas asesinas y lagartijas de dimensión monstruosa aniquilen a la humanidad.

El resto es producto mainstream, y pista. Muy bien rodado eso sí. Atrás quedan el King Kong de Peter Jackson, uno lo ve ahora y se le cae la cara con lo mal que han pasado los pocos años sobre el producto parido por el neozelandés. Un gorila aumentado de tamaño y la misma historia, refrito, del clásico e ingenioso film de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, al que todo sea dicho el de Vogt-Roberts rinde homenaje en su apariencia. Atrás también queda el mono de John Guillermin, que mal lo pasan algunos efectos especiales clásicos de carton piedra aunque estos hubieran sido realizados por Carlo Rambaldi y Rick Baker. No hablemos ya de King Kong 2 (King Kong Lives), de ese mejor pasar página. Como complemento la banda sonora de Henry Jackman, notable trabajo pero me quedo con otras de sus previas composiciones. Ojo, Kong: La Isla Calavera tiene hasta momentos ridículos… pero me valen.

Otro de los carteles molones de Kong: La Isla Calavera
Otro de los carteles molones de Kong: La Isla Calavera

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Ruda, salvaje, violenta, emotiva y redención absoluta de un personaje que nació en cines en el ya lejano año 2000. Esto es Logan, la despedida por todo lo alto de Hugh Jackman de un personaje que le ha visto envejecer pese a correr por sus venas un factor de curación que le debería haber mantenido al frente otros 17 años más. 20th Century Fox ha descubierto de paso el valor de lo realista y fiel a la fuente de la que bebe. Han tenido que pasar 17 años para optar por un viaje truculento al más oscuro lado de Lobezno, uno en el que las garras de adamantium del personaje no quedan impolutas y donde los cuerpos desmembrados de sus rivales acaban tendidos por el suelo que pisa. Puede que un poco excesiva, pero igualmente agradecida, Logan es cruda. No escatima en nada, ni en cabezas cercenadas, ni en miembros amputados, ni en primeros planos de las garras del personaje atravesando torsos o rostros. Ojo, Logan también lo pasa mal y hasta ahora no habíamos conocido el efecto del desgaste y la decadencia del poder mutante.

James Mangold ha hecho un trabajo casi sublime, porque pese a todo hay momentos en los que el film pierde el imparable ritmo con el que arranca. La verdad, poco debe importar, se le concede, y de paso otorga a Jackman el derecho a lucirse como hasta ahora no había hecho en el universo más mainstream que puebla. Pero ojo, porque el actor australiano se apoya en una inesperada compañera como Dafne Keen, una que de paso se integra en la situación propuesta como si hubiera nacido para ello. La duda existe… ¿quién es más violento y salvaje?, ¿Logan o Laura? Pues ahí le andan. Junto a estos dos números uno regresa Patrick Stewart para mostrarnos la fatiga más abrumadora en la piel de un Charles Xavier casi senil, en decadencia e incontrolable. Stephen Merchant como Caliban tampoco decepciona y Boyd Holbrook, nueva estrella en ciernes, da el do de pecho como el también icónico Donald Pierce, líder de los Reavers.

Y poco más se puede decir. Ritmo perfecto pese al bajón intermedio, un momento más personal del personaje que se alarga puede que más de lo necesario, exceso absoluto, efectos especiales prácticos de antaño combinados con visuales, dinamismo, acción a raudales y redención. Como ocurriera con los Batman de Nolan, films más policíacos que de superhéroes encapuchados, Logan se aleja por completo de esta tónica y asemeja mucho más a un western crepuscular y viaje final del héroe que en antaño fue referencia. Id a verla, es una pequeña joya, una que de paso hace ver previas apariciones en solitario del personaje como puro artificio carentes de interés. Si cabe Lobezno: inmortal (The Wolverine) tenía un pase, pero es que otras son intragables. Esta perdurará para siempre.

Cartel IMAX de Logan
Cartel IMAX de Logan

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