• Guardianes de la Galaxia (opinión)
  • El trailer de la comedia de terror Housebound, y que veremos en Sitges 2014
  • Pues se está poniendo muy interesante esto de la versión para televisión de Westworld
  • Warner Bros. hace una marvelada y presenta 9 proyectos DC más para los próximos 5 años
  • El nuevo trailer de The Guest mola un rato largo, pero largo, largo
  • La MTV pone en marcha la serie Scream con director y reparto
  • Pride and Prejudice and Zombies revive una vez más y esta vez con su reparto principal 100% contratado
  • Parece ser que Ghibli echa el cierre aunque por ahora de forma temporal
  • Will Ferrell será Russ Meyer en Russ and Roger Go Beyond
  • Frank Darabont es oficialmente el director de The Huntsman
  • The Expendables 3, seguid confiando en Sly, Gibson y el resto de amigotes de lo 80
  • Dick Smith, se despide uno de los padres del maquillaje
  • Alex Kurtzman toma las riendas de The Mummy y la cosa pinta compacta para el universo de Universal
  • Me ha llamado la atención el trailer de Nightcrawler, tanto como El ojo público en su momento
  • El nuevo trailer de Interstellar y otro viaje más al cine de Christopher Nolan
  • Comic-Con 2014: The Iron Giant y Alfred Hitchcock para comprar
Opinión


Que Luc Besson, padre de Nikita, dura de matar (Nikita, 1990) o León: el profesional (Léon, 1994), regrese al cine de acción con Scarlett Johnasson como protagonista en Lucy (2014) pues es innegable que nos debería llamar la atención. Además, el metraje visto hasta el momento, ese que nos cuelan en trailers y clips promocionales, ha llenado nuestras expectativas de cara a una aventura intensa, llamativa y con una trama no muy original si miramos hacia Sin límites (Limitless, 2011), pero siempre curiosa. Todo muy bonito si no fuera porque la cosa cambia cuando la tostada cae por el lado inadecuado. Seamos serios, o es que me estoy volviendo un inconformista o no le pillo el chiste, pero con sólo ver los 5 minutos iniciales de film uno se pregunta… Besson o nos trata de tontos o se ríe directamente del espectador. Así de claro. ¿En serio es necesario explicarnos lo que estamos viendo con referencias de la "vida cotidiana", aunque esta sea más propia de National Geographic, cada dos por tres?, ¿nos considera tan mendrugos?

En fin, salvando este escollo, uno acaba por acostumbrarse para tratar de justificar el gasto, es inevitable no olvidar que la cosa ha arrancado con pie izquierdo y si bien la premisa de lo que se nos cuenta mola, una droga cuyos efectos secundarios, los provocados por su consumo más que extremo, hacen en el que los toma un efecto totalmente desconocido hasta el momento… el uso de nuestro cerebro hasta niveles invaluables, el desarrollo va un poco caída en picado. Lo dicho, suena a Sin límites pero aquí Lucy aporta su granito de arena, y presenta a una joven con pocas luces que se ve forzada a una situación bastante desagradable: trabajar de mula para distribuir una nueva droga. Pero claro, Besson insiste erre que erre en una premisa que no deja de ser un falso mito y que es eso de que la raza humana usa poco más del 10% de su cerebro. Se repite más que el ajo y apoya todo lo que cuenta en una falsedad, por lo tanto… ¿nuevamente se ríe de nosotros o nos considera nuevamente lo suficientemente idiotas como para colárnosla otra vez?

Si aceptamos barco, no nos queda otra porque en caso contrario lo mejor es darse el piro y siendo realista estamos ante un film de ciencia ficción de igual corte que el que inventa un suero de supersoldado o transforma a un fulano en un gigante verde al exponerlo a radiación gamma, el despiporre de Lucy desencadena una vorágine de situaciones increíbles dentro de su propia concepción. Con un 20% de su cerebro en uso el personaje encarnado por la Johansson es capaz de alterar los impulsos eléctricos de objetos a miles de kilómetros de distancia – Taipei vs. París -, cambiar su apariencia física (al menos el color de su pelo y sin tintes), o leer unas 10.000 páginas de temática cerebral escritas por el científico al que pone voz y rostro Morgan Freeman y entender de qué va el tema. Claro, luego el tránsito del 20 al resto de porcentajes no aportan grandes diferencias, o no las demuestra, salvo por conducir de forma alucinante, juguetear con "conexiones" en el aire o hacer mutar el film en Matrix con Lucy / Neo haciendo de las suyas.

Y la cosa sigue, ya no sabes si en serio o en broma, si es que Lucy es una tipa superinteligente o si va tan puesta de droga que lo que vemos es lo que ella percibe creer. Secuencias de acción sin mucho sentido, ese ataque a la universidad es como poco rocambolesca, una nueva violación de la propiedad de otra película como Akira (1988), o minutos y minutos de Big Bang, paranoia, psicodelia, supernovas, etc. Diálogos de traca, la conversación telefónica en el hospital entre Lucy y su madre se las trae, que Lucy no demuestre en ningún momento la capacidad de hablar coreano desde el momento en el que está poseída por la droga esta, y mil más. Si te la tomas en broma hasta te puedes reír de lo absurda y chorra que es, pero dudo que Besson haya pensado esto de Lucy y su plan era más metafísico de lo que en el fondo percibimos los espectadores.

Respecto al reparto pues Scarlett Johansson bien, muta de crédula metida en un lío de los que meten el miedo en el cuerpo a ser un especimen insensible que por otro lado es perfectamente consciente de su destino y no por ello se amedrenta. El resto pues ni fu ni fa, Morgan Freeman en su línea o Min-sik Choi pues cumpliendo el expediente.

Cartel de Lucy
Cartel de Lucy

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Paramount sigue explotando con éxito los archifamosos y molones juguetes de la factoría Hasbro y Takara Tomy. Han pasado ya unos cuantos años y, si bien las cosas no han cambiado tanto como se esperaba, la fórmula sigue siendo perfectamente válida si ponemos sobre la mesa el dato de que pese a invertir en el producto 210 millones en estos momentos el estudio se ha embolsado la friolera de 1.032 a nivel mundial, aunque el mercado USA estamos ante la peor recaudación de todas las películas hechas hasta el momento. Pero bueno, dejando de lado esta frivolidad, aplica eso de poderoso caballero es don dinero, regresan con mucha fuerza las criaturitas en Transformers: la era de la extinción (Transformers: Age of Extinction, 2014), otra vez con Michael Bay a la cabeza y unos cuantos giros a aplicar a la historia conocida durante, eso si, unos extremadamente largos 165 minutos de película. Que si, que alguno dirá que es una gran pasta y por lo tanto todo vale, pero al igual que otras franquicias que pululan por ahí el dinero no está íntimamente relacionado con la calidad y esta tampoco se libra.

Bay ha renovado no se si con muchas ganas gran parte del equipo y tras cerrar la etapa que protagonizaron con éxito Shia LaBeouf, Megan Fox y otros como John Turturro, Tyrese Gibson o Josh Duhamel, podríamos discutir muchas cosas, ahora es la oportunidad de Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Stanley Tucci o Kelsey Grammer, amén de la aparición del molón Titus Welliver. En fin, ni mejores ni peores, sencillamente diferentes… ¿o puede que demasiado iguales? El tema es que el adorno actoral, como siempre, se ve nuevamente iluminado por todo lo que Michael Bay significa, y esta vez tan recalcado que hasta parezca que lo haga en modo automático. Sus planos a cámara lenta, su uso de colores, brillos y contrastes extremos, sus composiciones al atardecer donde se quema la imagen y sus movimientos rotantes de cámara entorno a un punto fijo mientras todo lo demás se desplaza… ese modelo de cine conocido como Bayhem. Sumadle ahora todo lo más grande y destructivo que os podáis imaginar. Bay además encuentra en Peltz una suerte de nueva Fox, esta se nos queda en 19 cuando la otra tenía sobre 22 si bien en la película rezan que tiene 17 – lo que resulta chocante con lo calenturienta de la muchacha y lo extraña que es la relación que mantiene con su padre -, al tiempo que pone sobre los hombros de su inseparable Wahlberg, padre peliculero de Peltz, el peso del protagonismo humano, con permiso de Tucci, equivalente cómico de Turturro y probablemente lo mejor de la película, o Grammer, villano inusual y bastante poco creíble.

El resto es más de lo mismo, miles de transformers pululan por el planeta mientras una unidad paramilitar les da caza para poder crear otros transformers haciendo uso de un metal salido de los robots y que han bautizado como transformio, olé, al tiempo otros transformers espaciales que hacen tratos con humanos desean cobrarse algún trofeo… Optimus Prime por poner un ejemplo. En medio del fregado odio humano hacia los transformers en general, odio transformer hacia los humanos en general y odio transformers hacia los transformers en general. Un cristo bendito donde para mantener la equivalencia a films previos un reducido grupo de población, 3, acaba transformada, tenía que decirlo, en la unidad salvadora de la humanidad porque, todo sea dicho, les ha pillado de camino y tienen ese sentido de la responsabilidad inculcado. El resto pues la fórmula de siempre: acción a raudales marca de la casa, con más pirotecnia que nunca y unos robots excesivamente humanizados si exceptuamos al mencionado Optimus y al callado Bumblebee. La historia de Ehren Kruger no aporta nada nuevo, ni creo que lo pretenda, ya que estamos ante un producto de estudio que viene a hacer lo que le han mandado… recaudar dinero.

¿Y cuál es el problema a todo lo contado? Pues el exceso, el tratar de hacer un film extremo que dura casi tres horas y del que cuando esperabas extenuado de tanta hiperactividad que la cosa tocaba a su fin, el clímax de la película dura por lo menos una hora y eso es inaguantable, va y regresa con un acto final nuevamente agotador, en China, donde no hay tiempo ni para tomar el aire. Ah, y como lo grande mola pues te sacas de la manga los infrautilizados Dinobots y más epicidad, de esa que hasta te sale por las orejas. Ah, y ojo al dato porque nuestro héroe Cade Yaeger (Wahlberg) es capaz de aguantar el peso de un transformers con sus brazos al tiempo que blande una espada en un combate tras haber caído de mil millones de sitios y tener el cuerpo digo yo que algo machacado.

Michael Bay y su Transformers: la era de la extinción
Michael Bay y su Transformers: la era de la extinción

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Hay veces que uno no puede resistirse a las oportunidades y, aunque me la volveré a ver doblada esta nueva semana, el pasado sábado acudí raudo y veloz a la sala BFI IMAX 3D de Londres, 17,9 libras del ala, para disfrutar en versión original de Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014) de James Gunn en formato king size, todas las dimensiones posibles y con sonido modo potencial sordera. ¿Impresión general? Pues que queréis que os diga, película genial de principio a fin con acción suprema, efectos atronadores, personajes fabulosos, diálogos de comedia macarra y un sin fin más de detalles que hacen de esta apuesta de Marvel Studios el acierto de la temporada y una franquicia más con futuro envidiable para anotar en su agenda.

Guardianes de la Galaxia es un éxito sin contemplaciones, y mucho de ese logro se encuentra en haber apostado por un director sin complejos como James Gunn, a recuperar Slither: la plaga (Slither, 2006), la reciente Super (2010) o su serie "PG Porn" (2008-2009), al que se ha arropado con una promoción perfecta tanto de forma independiente como siendo parte del universo cinematográfico de la compañía comiquera. Obviamente con  control, Gunn ha tenido permiso para momentos, detalles y gestos que demuestran que aun se puede ser un poco gamberro aun estando bajo la atenta mirada de un gran estudio y una no menos importante inversión. El estilo del director está presente y se ve claramente en el manejo y libertad de ese reparto que encabeza un tipo con carisma infinito como Chris Pratt, impagable versión cinematográfica de Peter Quill AKA Star Lord y ejemplo extremo de lo que habría sido un Han Solo pasado de vueltas. Junto a Pratt, da la sensación de que se lo pasa teta encarnando al héroe, tenemos a los impagables Rocket Raccoon (Bradley Cooper) y Groot (Vin Diesel), una suerte de R2D2 y C3PO versión Marvel que se hacen tan necesarios y cruciales en la historia como lo fueron los míticos robots en la saga galáctica. Los terceros en discordia son Drax el destructor, papel en manos de la mole Dave Bautista y un enfoque inesperado del personaje navegando este entre la brutalidad vengativa y el tomarse todo tan al pie de la letra que de tan ridículo que está uno se parte de la risa, y Gamora, perfecta en todos los sentidos Zoe Saldana, mujer de bandera que la pinten como la pinten da gusto verla.

La película sigue además un desarrollo bastante simple presentando el breve origen del protagonista, saltando en el tiempo a su madurez y de ahí, primeros chascarrillos incrustados ya en nuestras retinas y oídos, al momento cumbre en el cual las vidas de Star Lord, Gamora, Rocket, Groot y Drax se cruzan. Todo muy bien enlazado y sin tiempo a un respiro saltamos de una secuencia divertida a una de acción, a otra emotiva, nuevamente acción, más cachondeo padre, etc. Vamos, una montaña rusa de sensaciones que tocan todas las teclas necesarias para que este Guardianes de la Galaxia esté más cerca de los puntos cómicos del Iron Man que encarna Robert Downey Jr. que de la solemnidad del Thor de Chris Hemsworth. Y este es su punto fuerte, o al menos el que Marvel Studios quiere aprovechar en muchos de sus productos. La comedia llama y si es bien manejada, aquí James Gunn sabe del tema un rato largo, se mezcla perfectamente con cualquier otro género base como, en este caso, la ciencia ficción y el mundo comiquero. Lo que quizás llama más la atención es la poca presencia, aparecen pero no hacen grandes alardes salvo en la recta final, de Ronan el Acusador (Lee Pace) o incluso Nebula (Karen Gillian), pero por otro lado hasta queda bien la cosa así. Cuando hay que aparecer lo hacen y van a tiro fijo, sin medias tintas dándolo todo para decorar más el producto final.

Como extra comentar que Guardianes de la Galaxia abre de par en par esa nueva puerta en el basto vasto universo Marvel. Esto ya estaba advertido, pero se ponen sobre la mesa múltiples guiños que vinculan su desarrollo con acontecimientos vistos en otros films de la aventura que nació en el 2008. ¿Pueden cruzarse los destinos de los Guardianes con los Vengadores o por ejemplo el futuro Doctor Strange (2016)? Pues claro que si aunque siendo realista se me haría francamente difícil ver un crossover tan inmenso en cines. Eso si, cameos, encuentros fortuitos o alguna otra cosilla son cosas que quedan patentes ya no sólo con la presencia de Thanos (Josh Brolin), si no con otros elementos que uno puede divisar visitando con cuidado la sala de objetos de El Coleccionista (Benicio del Toro). El colofón a todo lo que vemos lo ponen unos efectos visuales francamente alucinantes, excelente viaje galáctico por varios planetas donde las secuencias de Nowhere y el desenlace son de aúpa, y la banda sonora, repleta de temas icónicos de los 60 y 70. La idea de regar las dos horas de metraje, hay que ver desde el minuto 0 hasta el 122, con temas como el Hooked on a feeling de los HH o el DD de CC es un aire más de frescor que aporta una dinámica inesperada y todavía más reconocible por el espectador.

En definitiva, Guardianes de la Galaxia se pone, aquí no me corto, al frente de los proyectos Marvel Studios en cine. Entretenimiento puro y duro, blockbuster veraniego y pieza a revisar por todo lo que en ella se nos oculta. Ah, hay secuencia final… inesperada.

Cartel IMAX psicotrópico de Guardianes de la Galaxia
Cartel IMAX psicotrópico de Guardianes de la Galaxia

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"Homo homini lupus", lo que significa que el hombre es un lobo para el hombre. No sabría cómo modificar esta locución para adaptarla a El Amanecer del Planeta de los Simios (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), mi latín no es nada bueno, pero este acertado concepto, perfecto si me apuráis, es la base tomada por Mark Bomback, Rick Jaffa y Amanda Silver, para plasmar en cines un magnífico segundo episodio de este renacimiento de la obra literaria creada por Pierre Boulle y adaptada originalmente para el cine por los maestros Michael Wilson y Rod Serling. Entretenimiento absoluto y una excelencia de poco más de dos horas, esto es lo que ha realizado Matt Reeves tras aceptar el reto y tomar las riendas que estuvieron en manos de Rupert Wyatt hace unos años. A modo tragedia griega o shakesperiana, El Amanecer del Planeta de los Simios es en una generosa parte de su metraje un viaje a la formación y evolución de esta nueva sociedad que dirige Caesar (Andy Serkis), al tiempo que divisamos el ocaso en el que la raza humana ha caído de forma inevitable tras el letal golpe recibido por la denominada gripe de los simios.

Han pasado 10 años desde los acontecimientos contados en el film que protagonizaba James Franco y, tras la pertinente introducción que enlaza con los títulos de crédito de El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes, 2011), los simios se han establecido más allá de los bosques de secuoyas de Muir Woods. Vemos cómo cazan, conocemos su organización, descubrimos las bases de su educación, sus reglas y cómo conviven… "simio no mata simio". Secuencias intensas, entrañablemente humanas y que sirven para documentarnos de alguna forma en esta ficción que se podría llegar a catalogar como de valor antropológico. Pero como en toda sociedad (pasada, presente y futura), no habría evolución sin catarsis y desencadenantes, así que un reencuentro con la raza humana, una segunda parte del film donde se nos presenta una nueva relación y un nuevo brote de amistad entre humanos y simios, harán aflorar odios pasados y viejos temores que derivarán en la lógica lucha que tiende a provocar que viejas asperezas, jamás olvidadas, renazcan. De ahí se da el salto a un tercer acto donde no hay descanso, completamente desenfrenado (aquí se pone en marcha el concepto blockbuster mainstream) y en el cual se desmoronan los claros intentos de Caesar por evitar lo inevitable… algo muy humano esto de tener ideales utópicos difícilmente realizables.

Junto a todo lo comentado el despliegue técnico. Nuevamente debemos sumar a las interpretaciones de Andy Serkis o Toby Kebbell, ojito a Koba, el trabajo, sencillamente alucinante, de Weta Digital. Sus efectos visuales, que ganan en intensidad gracias a lo lúgubre y apocalíptico del futuro que muestran merced a una escenografía escalofriante y una fotografía superior (obra de Michael Seresin), son sobrecogedores llegando en muchos momentos a dudar sobre la artificialidad de los personajes CGI… joder con los rostros de los simios y como aguantan los primeros planos. La expresividad, los movimientos, las reacciones, pura simbiosis con el entorno y con los actores reales con los que comparten pantalla como son Jason Clarke, muy notable y el representante más destacado del adiós a la humanidad, Keri Russell, Gary Oldman o Kirk Acevedo. La película, superior a su predecesora, engancha, entretiene con descaro y, esto es un puntazo, emociona. Remata la jugada la banda sonora de un Michael Giacchino, se te encogerá el corazón, que sabe como nadie aportar ese gran impulso en todos los momentos donde la intensidad necesita ser magnificada.

En definitiva, uno de los blockbuster del año y puede que el del 2014. Al menos va más allá que el resto y se mete en detalles poco comunes cuando lo que pretendes es invertir mucha pasta y recaudar más todavía. Mostar la evolución de una nueva sociedad (apuesta personal de Reeves por lo que contó hace unos días), proponernos sus primeros debates morales, las decisiones tomadas (acertadas o equivocadas) y combinar todo junto a sambenito de película de entretenimiento asegurado parece algo francamente complejo en el Hollywood de hoy en día… pero mira, Matt Reeves lo ha hecho, que el resto le imiten a la de ya.

Cartel español de El Amanecer del Planeta de los Simios
Cartel español de El Amanecer del Planeta de los Simios

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Hay que arriesgarse, ser original y jugar por ideas no exploradas, que ofrezcan innovación y que desafíen de tanto en tanto al espectador. Un buen ejemplo de esta apuesta es Open Windows (2014) de Nacho Vigalondo, la notable aunque extenuante, por el esfuerzo de atención que exige, nueva incursión de uno de los destacados directores de esa generación a la que dan forma gente como Eugenio Mira, Juan Antonio Bayona, Jaume Collet-Serra o Jaume Balagueró. Open Windows es además un ejercicio tecnológico encomiable, un thriller acoplado a la generación de internet que redefine el concepto metraje encontrado para apoyarse por completo en los medios disponibles que nos rodean y así guiar al espectador por la aventura que protagonizan Elijah Wood y Sasha Grey.

El poco prolífico director, hacer cine en este país es casi tanta aventura como la que sufren Wood y Grey, vuelve tras la fantástica Los cronocrímenes (2007) y la divertida y marciana Extraterrestre (2011), dejando claro que los retos tecnológicos no le asustan al dedicar incontable tiempo a una fase de post-producción y montaje que ha debido ser harto más compleja que el rodaje en si. El proyecto es digno de ligas mayores y otra vez Vigalondo pone todo su esfuerzo en una titánica tarea a la que decide dar mil y una vueltas para así llamar la atención. En Los cronocrímenes nos desafiaba con la paranoia temporal y las paradojas, en Extraterrestre un macguffin de dimensión inclasificable servía para contar algo completamente diferente, en Open Windows el reto es el montaje, el aroma Alfred Hitchcock / Brian De Palma que ya usara Eugenio Mira en su Grand Piano (2013) está muy presente, u omnipresente, y pone sobre el espectador la obligación de hacer un esfuerzo extra para seguir la trama al viajar una gran parte del metraje por el escritorio de un ordenador y las muchas ventanas abiertas que nos cuentan la historia. Este esfuerzo no obstante puede ser un problema, porque la obligada atención debida al constante cambio de foco de la acción te deja cansado y por momentos te descontrola al obligarte a ordenar y recordar múltiples acciones previas recientes. Pero ojo, ahí radica su originalidad y su encanto, no es algo habitual y estos retos son los que molan.

El resto pues correcto, Elijah Wood es Elijah Wood, un actor reinventado, que ha sabido pasar página de sus viejas aventuras por la Tierra Media y que no para de sorprendernos con el giro que ha dado a su carrera… Maniac (2013), la mencionada Grand Piano, "Wilfred" (2011-¿?), la futura Cooties (2014) y su incursión en la producción con el sello Spectrevision. Sasha Grey sensual, perfecta actriz de producciones del calado de la imaginaria Dark Sky, y que convence como sufrida paciente del extraño villano encarnado por Neil Maskell. Y no hay más, Vigalondo en esto es un fuera de serie, en Los Cronocrímenes la cosa quedaba entre 3 actores, en Extraterrestre eran 3 principales y dos complementarios, en Open Windows la cosa vuelve a 3… todo más teatral y coral… La soga (Rope, 1948), Ventana indiscreta (Rear Window, 1954), etc. Merece mucho la pena verla si lo que buscais es algo completamente diferente.

Elijah Wood, el Nick Chambers de Open Windows
Elijah Wood, el Nick Chambers de Open Windows

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El pasado 25 de junio, el 13 en la plataforma Digital HD, salió a la venta Monuments Men (2013), la última película dirigida por George Clooney donde se cuenta la historia real, aunque el guión esté inspirado en una obra literaria de Robet Edsel, de un peculiar comando que a finales de la Segunda Guerra Mundial se adentró en las líneas enemigas para poder rescatar todas aquellas obras de arte que Hitler había ido recopilado en su proceso de expansión y así devolverlas a sus legítimos propietarios.

Protagonizada por actores míticos y de gran estampa como el propio Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman o Cate Blanchett, aunque también podemos ver al oscarizado Jean Dujardin y a veteranos de rostro conocido como Bob Balaban o Hugh Bonneville, hay que rendirse a la evidencia de que algo falla en el producto final y las piezas no encajan. Es innegable que Monuments Men lo tiene todo, unos mimbres con primeras figuras, una historia diferente, atípica y que puede dar mucho de sí, o una escenografía superior, de vieja escuela y que pone de nuevo el foco sobre esa dura etapa de la historia mundial pero que tanto juego ha dado al mundillo del cine… pero algo falla en el conjunto final.

No sé si será por el errático montaje que descoloca al espectador moviendo personajes sin ton ni son por diferente entornos en los estertores de la gran guerra, o si por el guión, tedioso y poco entretenido merced a una serie de historias que no llegan a embaucarnos, pero es innegable que la desgana del producto final es notable. Ni los actores se ven cómodos, ni su encarnaciones provocan un atisvo de empatía… nada. Ves, te informas del hecho, que es singular y muy llamativo, pero ni los atrevimientos con pintorescos momentos cómicos o la inclusión de pesos pesados de la caricatura como Murray logran levantar este avión que parece que no llegue nunca a despegar.

Al menos sirve para volver a probar Digital HD, una plataforma que apuesta por la clara necesidad de adaptarse a los nuevos medios a precios, si hablamos de estrenos, competitivos.

Cartel español de Monuments Men con todo el reparto
Cartel español de Monuments Men con todo el reparto

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El padre de los X-Men en pantalla grande y el espíritu del que los hizo renacer en el 2011 han unido fuerzas para sacarse de la manga X-Men: Días del Futuro Pasado (X-Men: Days of Future Past, 2014), libre adaptación de uno de los arcos argumentales cumbre de esa era dorada comiquera de la Patrulla X salida de la mente preclara de Chris Claremont (John Byrne a los lápices y Terry Austin entintando). Bryan Singer, el padre, ha retornado y para ello ha tomado la semilla que él mismo plantó, aquella que germinó robusta gracias a actores de la talla de Ian McKellen, Patrick Stewart o Hugh Jackman, aprovechando eso si ese golpe en la mesa que dió hace ya unos años el genio británico Matthew Vaughn, el espíritu creativo, con la maravillosa e inventiva recreación sesentera X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011).

De paso con X-Men: Días del Futuro Pasado uno podría declarar eso de que en casa 20th Century Fox se ha pretendido enlazar esos tres universos que ahora mismo coexistían en la línea temporal mutante. Se ha fusionado aquella etapa nacida con gloria y encanto en el año 2000, perfectamente continuada en el 2003 pero vapuleada con descaro y prisas por el propio estudio y la terrible participación de Brett Ratner en el 2006, más esa en formato spin-off que ha sobreexplotado con cierta desgana, aunque Lobezno: inmortal (The Wolverine, 2013) tiene un pase, la vida y obra de Hugh Jackman, digo Logan, en nuestra historia, terminando con la renacida bajo una estética cinematográfica completamente diferente, más cercana al cine de aventuras, espías y distopia… si, la visión de Vaughn y Jane Goldman.

El trabajo no era sencillo, para nada, y Singer ha cumplido con creces si bien existen indudables matices. Personalmente me hubiera gustado ver de nuevo a Vaughn a los mandos, recordemos que fue él el que se apeó del proyecto dadas las prisas del estudio, ya que creo que Singer ha perdido encanto y el listón que puso X-Men: Primera Generación, a nivel originalidad y "alejamiento" del concepto estricto del cómic, habían establecido una ruta nueva, especial y que separaba por completo lo que estábamos habituados a ver en cines. La nueva vía continua en Días del Futuro Pasado subiéndose Singer al carro de Vaughn y ofreciendo los mejores momentos del film, unos en los que los superheroico, y como ya ocurriera en Primera Generación, no es lo más importante a contar. En esta fase disfrutamos de la aparición en pantalla del irreverente y gamberro Quicksilver (Evan Peters), protagonista del instante cumbre de la película, uno en donde lo cómico inteligente se une a la innovación y muy similar a aquellos momentos en los que James McAvoy y Michael Fassbender iban conociendo a los jóvenes primeros compañeros de fatiga del film del 2011. Pero pasado ese instante Singer vuelve a lo que conoce, lo, no se si es justo decirlo, rutinario y estándar Fox.

La reinvención que Vaughn había hecho de Magneto (Fassbender) y Xavier (McAvoy) se diluye en un mar que es la importancia de Lobezno (Jackman) en la película. Es tan crucial su personaje que los 70s se mueven a su ritmo cuando deberían hacerlo al de esos grandes amigos que a la vez son Némesis. Magneto no es que aporte mucho, incluso hasta diría que prima la desgana siempre que aparece, Xavier vive un drama que le hace ganar enteros donde le acompaña Bestia (Nicholas Hoult), y junto a ellos Mística (Jennifer Lawrence) que se enfrenta sola a un villano que podría haber molado tanto como lo hizo Sebastian Shaw (Kevin Bacon) en Primera Generación. La presencia de Bolivar Trask (Peter Dinklage) es casi anecdótica y la de los primeros Centinelas otro tanto de lo mismo. Personalmente Singer se encasilla y esos años 70s no funcionan como esperaba salvo por instantes que son indudablemente potentes: la llegada de Lobezno, la actuación de Quicksilver y el instante Casa Blanca. Y claro, en paralelo a esta historia tenemos el futuro / línea temporal de compleja concepción. Ahí el director abraza a sus hijos predilectos y hace regresar a Coloso (Daniel Cudmore), el Hombre de Hielo (Shawn Ashmore), Kitty Pride (Ellen Page) o Tormenta (Halle Berry), todos estos dando entrada a nuevos rostros como los de Blink (Bingbing Fan), Bishop (Omar Sy), Mancha Solar (Adan Canto) o Sendero de Guerra (Booboo Stewart). Los mutantes sufren ese futuro dominado por Centinelas supremos, aniquiladores de su especie, y donde viven las versiones míticas de Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen).

Sin lugar a dudas una historia compleja, con gran potencial e interés y que, aunque mole, podría haber dado mucho más de si. Futuro y pasado se cruzan, se redefinen y sientan nuevas bases para lo que será X-Men: Apocalypse (2016). Eso si, me sigo preguntando que habría hecho Matthew Vaughn con esta historia… me lo pregunto y me jode, mucho, quedarme con las ganas de saberlo.

El cartel final español de X-Men: Días del Futuro Pasado
El cartel final español de X-Men: Días del Futuro Pasado

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Nuevamente uno de los hijos pródigos de Hollywood desembarca a lomos de un blockbuster con todas las letras y vuelve para ofrecer un producto notable, divertido y fiel a ese canon que debería regir toda superproducción que se precie hoy en día… entretenimiento. Tom Cruise, amo y señor del tiempo, nos invita dar una y mil vueltas en Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014), adaptación de la obra "All You Need is Kill" de Hiroshi Sakurazaka que ha sido llevada al cine por Doug Liman, director irregular que entró en el cine mainstream con esa joya thriller de acción que es El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), pero que en las altas esferas no ha sabido manejarse como lo hizo en sus tiempos más independientes y cómicos, Swingers (1996) o Viviendo sin límites (Go, 1999) son buenos ejemplos de que cualquier tiempo pasado se podría recordar como mejor. No obstante Liman cuenta con un gran as que sigue funcionando, veremos cómo la respeta la taquilla pero suena que sufrirá una gran injusticia, y que tras más de 40 años entre nosotros, que se dice pronto, es imposible que no caiga en gracia se le mire como se le mire. Cruise lleva reinventándose toda su vida y es ahora con cincuenta y tantos cuando es más estrella de acción que nunca.

Vale que Al filo del mañana no inventa nada, ni lo pretende, y todos veremos en ella mil y una copias de esa obra maestra de la comedia moderna que es Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993), pero da igual. Estamos ante cine de acción del bueno, ciencia ficción incansable y que merced a la omnipresencia de su gran estrella funciona como el espectador merece. Aun así el resultado final no es todo lo que se espera. Se podría decir que los dos primeros tercios de película, la fase de aprendizaje de Cage (Cruise), su encuentro con Rita (Emily Blunt), y el ciento de formas en las que muere, siempre tratando de recordar los pasos seguidos la anterior vez, son lo mejor. El film combina en esos momentos acción mecánica excelsa – los adoradores de las exoarmaduras, del steampunk o los mechas echarán chispas con lo que nos plantean – con golpes de comedia, pero comedia negra que se apoya en algo que no estamos muy acostumbrados a ver… la muerte de Tom Cruise en serie, y no son muertes cualesquiera. Ahí la película crea sus mejores momentos y da pie a contar la obligada vida en bucle de Cage y los múltiples encuentros que tendrá con Rita para conocerla más y mejor, vamos… igualito a Atrapado en el tiempo aunque con matices. Pero como no todo es jauja Liman y sus guionistas Christopher McQuarrie, este cada vez repite más con Cruise y no se puede negar que se le agradece, Jez y John-Henry Butterworth meten la directa, le entra el tembleque a la cámara y pim pam pum, influencias por todas partes. No voy a decir que es caída libre, no lo merece y de hecho creo que el final es notable salvo ese movimiento Hollywood que deja claro que no saben cerrar como deben las historias. Aunque ojo, seguramente el peso de la estrella sea demasiado para apostar por otros riesgos como los tomados por gente como Duncan Jones en la también temporal Código fuente (Source Code, 2011).

Apoyando el plan global tenemos al gran Bill Paxton, otro que ha mejorado con los años y ahora, veterano todo él, se gana papeles de cierta chicha y gracia ya sea en cine como en televisión. El valor femenino lo pone Emily Blunt, belleza que conoce el género y las paradojas temporales gracias a Looper (2012) o Destino oculto (The Adjustment Bureau, 2011), y que aquí acompaña a Cruise, porque es lo que puede hacer bajo el aura que rodea al tío Tom. En definitiva, merece mucho verla en el cine para disfrutar de buen cine de acción, pasarlo bien con el eterno y carismático Tom Cruise, y echarse unas risas con muchos de los cafres momentos que tiene el metraje.

El póster USA del film
El póster USA del film

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Tras mucho tiempo y el año después del estreno del despiporre kaiju gestado por Guillermo del Toro, Legendary y Warner Bros. desembarcan por medio mundo para contarnos el regreso a la gran pantalla del monstruo icono por excelencia, quintaesencia de la destrucción y la era nuclear… sí, estamos hablando del gran Godzilla (2014). Todo respecto es poco, la creación Ishiro Honda se merecía un espacio especial en la era de la revolución digital y gracias a dios nos ha tocado a nosotros poder disfrutar de su resultado en cines. Ojo, teniendo en cuenta los antecedentes del mercado norteamericano para con esta criatura, Roland Emmerich te queremos pero hay veces que bien mereces que te den por saco a ti y al amigo Matthew Broderick, pues cualquier cosa que pudiéramos ver en pantalla grande iba a ser mejor, y este Godzilla lo es. Pero atención, porque estas cosas deben ser tomadas con calma. El día que los estudios decidieron contratar a Gareth Edwards como director a más de uno se le encogió el corazón. No porque Edwards no sea un director prometedor, que lo es y lo seguirá siendo vista Godzilla, si no porque su vena monstruosa, Monster (2010), además de ser un trabajo artístico jugaba un doble juego… el de una monster movie al uso pero que ahondaba más en el sendero del viaje personal, de los temores y terrores, además de las relaciones y el sentimentalismo.

Resulta que Godzilla es eso. ¿Quién tiene el protagonismo? Pues seamos realistas, el protagonismo lo tiene la raza humana, su temor hacia lo desconocido y su incapacidad, técnica, militar y todo lo que os plazca, para hacer frente a toda criatura mutante que levante del suelo pues 30 o más metros. Esta vez el centro de nuestras miradas es el personaje encarnado por Aaron Taylor-Johnson, actor de ritmo irregular que tan pronto mola como en Kick-Ass (2010) como menos mola en Godzilla, rodeado por nombres de empaque como Ken Watanabe, Bryan Cranston o David Strathairn, lo de Juliette Binoche es demasiado efímero como para contarlo y algo similar ocurre con la presencia de la amiga Elizabeth Olsen. De los citados Watanabe es el que más convence, es una especie de Dr. Kyohei Yamane, el del Godzilla original de 1954, que viaja por el mundo siguiendo la pista de un secreto que perdura desde tiempo inmemorial y al que el mundo ha tenido siempre pavor. El resto pues eso, historia de una familia destrozada, rencores padre / hijo, secretos nunca confesados y en definitiva el viaje por medio mundo de nuestro militar Ford Brody, hijo predilecto del pueblo americano, para primero ayudar a su padre y luego salvar a su familia de la que se le viene encima… a, si, se me olvidaba, también asistimos al nacimiento del parásito MUTO al que Godzilla hará frente en el obligado clímax absoluto final que dura unos 25 minutos de película.

Visualmente el film es espectáculo puro, contiene escenografías magistrales, desde la herrumbrosa ciudad nipona del principio, hasta el negro caos post-nuclear en el que se convierte San Francisco. Los efectos perfectos, Godzilla mola, los MUTO también molan y si bien hay mucho secretismo por mostrarnos a las criaturas, en Monster ocurría igual y aquí Edwards ha seguido al dedillo el libro que le definió con la salvedad de que esta vez ha contado con una insultante cantidad de dinero, las hay y en primer plano. Curioso me ha parecido de todas formas el detalle de que se puede decir que salen más los MUTO que el kaiju que da nombre al film aunque cuando este aparece pues las cosas quedan claras. La música una delicia, grande y poderoso se nos muestra Alexander Desplat aunque el momento del "Requiem" de György Ligeti, ya visto en el trailer, es el instante en el que más pegado te quedas a la butaca… escalofríos.

Pues eso, una película entretenida, a la que se le puede criticar el enfoque que se le da durante hora y media, más de uno trinará, pero que en definitiva muestra lo que pretende, las complejidades de hacer frente a lo incontrolable y lo desconocido además de las mil y una vicisitudes que te encontrarías si tu viaje se viera todo el rato condicionado por la presencia de varias criaturas extremadamente destructivas. Godzilla es una monster movie + película de catástrofes + historia de una familia.

Uno de los muchos y molones carteles de Godzilla
Uno de los muchos y molones carteles de Godzilla

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Este fin de semana se estrena, de forma no muy extensa si hablamos de número de copias, Snowpiercer / Rompenieves (2013), el último film de Joon-Ho Bong y adaptación del cómic galo "Le Transperceneige" de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette. Antes de entrar en detalles sobre el film hay que comentar que en otro movimiento digno del mayor de los elogios, La Aventura y Good Films se animan con propuestas diferentes y deseadas por el público más sibarita como ya ocurriera con La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2013) de Drew Goddard o con la también tardía pero muy recomendable Killer Joe (2012) de William Friedkin. Aprovechemos estas oportunidades que serán contadas. En fin, al tema.

Resulta que Joon-Ho Bong vuelve a la carga con su curioso cine como ya ocurriera en la mutante The Host (Gwoemul, 2006) y las killers Crónica de un asesino en serie (Salinui chueok, 2003) y Mother (Madeo, 2009). Esta vez sin embargo explora un llamativo capítulo del infinito mundo del cómic y nos invita a visitar un futuro distópico donde una torre de Babel con forma de tren, no dista demasiado de cómo están las cosas hoy en día en este nuestro planeta, gira y gira en un circuito sin estaciones rodeado por un páramo helado y donde no se espera el clásico aviso de próxima parada. Este nuevo mundo, el otro es tristemente inhabitable, es fiel reflejo de la distribución social del ahora así que, para no andarse con rodeos, los estratos sociales que existen en el globo viven, o lo intentan, entre cuatro paredes de hierro con forma de vagón. Snowpiercer nos abre las puertas del rango más bajo del estrato, el de la sobrepoblación, las miserias, la desesperación y la pobreza, ese que forma un grupo de gente que lleva un par de décadas viviendo y muriendo subyugados por un grupo social superior aunque de vez en cuando intente dar un golpe sobre la mesa y aventurarse con algún movimiento, fallido, de revolución.

Inmersos en un viaje que recuerda en muchos aspectos a aquellas fases del Street of Rage en la que ibas cruzando vagón a vagón superando esbirros y final boss a golpe de tubería y cuchillo, Joon-Ho Bong, o el cómic del que bebe, nos ofrecen interesantes matices de la evolución social que padecerías si tuvieras la suerte de cambiar de estrato. Por ello, acompañamos al grupo de protagonista que encabeza Chris Evans, líder convencido de su cometido, y observas la degradación de los que están más arriba, la falsedad del derroche o lo absurdo de ciertos entornos. El viaje sigue y el esfuerzo que se debe pagar es excesivo. Cada vagón contiene una sorpresa y el cometido solo se puede lograr cuando llegues a la máquina que, como suele ocurrir, es la que domina la dinámica del tren. Pero lo que se podría quedar en una interesante visión / reflejo de nuestro mundo, llevado puede que a cierto extremo aunque no muy distinto de algunas de las cosas que puedes ver día a día en los informativos en televisión, tiene más… mucho más. El problema en este momento sería seguir hablando, porque hablar del film de Joon-Ho Bong y, esto lo desconozco, de la obra gráfica de Lob y Rochette, sería desvelar el secreto, el golpe de efecto que demuestra que también en ese aspecto más crítico del film nos parecemos. Es triste pero es verdad. Snowpiercer entretiene, está muy bien hecha y contiene mensaje, no uno para levantar a las masas para que nos zurremos con los que no vapulean todo el rato, pero si para pensar en lo malsano y poco ético que es el mundo en general con sus dobles juegos, sus pantomimas y sus engaños. Así nos luce, menos mal que de vez en cuando nos dan un golpe de realidad en la cara para recordarnos al ritmo al que se mueve la humanidad… y que igual una decisión no prevista sea la que marque el verdadero principio del cambio. Al cine a verla!

Cartel español de Snowpiercer
Cartel español de Snowpiercer

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